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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 9: Entre libros
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(II) Capítulo 9: Entre libros

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


Las calles aún languidecían entre la neblina londinense. El niño, al contrario que todos los días en los que se montó en el autobús camino a su colegio, cambió de dirección, con el corazón palpitándole a mil por hora. Las farolas de Hampstead dibujaban una avenida de vapor, parpadeando al tiempo que la ciudad se despertaba y se desprendía de su disfraz de acuarela.

Siguió el camino tal y como lo recordaba. La claridad del amanecer se filtraba entre las copas de los árboles y, entre las hojas y la niebla, no los haces de luz no llegaban a rozar el suelo.

Finalmente, Hugo Weasley se detuvo frente a una pequeña puerta de madera de roble que introducía a una destartalada tienda de libros. Parecía como si los propios libros de aquella tienda tuvieran vida y, con su bullicio, desordenaran aquel lugar buscando llamar la atención de un nuevo dueño.

Un hombrecillo con rasgos de ave rapaz y cabellera plateada le abrió la puerta. Su mirada aguileña se posó en Hugo, impenetrable.

-Buenos días, joven. ¿No deberías estar en el colegio? -le preguntó escéptico.

-La señora Breedlove me citó aquí hoy -anunció el joven un tanto nervioso. -Soy Hugo Weasley.

El hombre alzó las cejas, sorprendido, como si esperara que fuera cualquier otra persona menos un niño de diez años, con el pelo caoba y ojos con legañas de haber salido corriendo de su casa para llegar allí.

-Ahora mismo se lo comunico, señor Weasley.

El que seguramente sería el dueño de la tienda, le invitó a pasar con un leve asentimiento. La cálida luz de las diferentes bombillas que habitaban el lugar lo cubrían todo. Una escalinata de hierro negro y madera. Una galería de estanterías poblados de historias inolvidables. Siguió al hombrecillo a través de un pequeño corredor formado por hileras de libros amontonados unos sobre otros. Llegó al mostrador y cruzaron por el trastero hasta otra puerta interior.

Entonces, por primera vez, Hugo Weasley pudo ver la gran sala circular donde una auténtica basílica literaria yacía bajo una pequeña cúpula acuchillada por haces de luz que pendían de la neblina exterior. Era un círculo de estanterías repletas de libros que ascendían desde la base hasta la cúspide. Miró al hombrecillo boquiabierto.

Entonces, avistó a la mujer que se encontraba en el centro, en una de las mesas disponibles. Le sonrió, guiñándole el ojo.

-Hugo, bienvenido a la Colección de Miranda Goshawk -la mujer le pidió con un gesto que se acercara.

Charlotte Breedlove le contemplaba con atención. Y Hugo la contemplaba a ella. Era una mujer imponente. Alta y fornida. Con ojos exageradamente grandes y negros. Y una piel oscura tan tensa que parecía ser más joven de lo que verdaderamente era.

Salpicando de las estanterías de aquella biblioteca, se perfilaban una docena de figuras de mármol. Algunas de ellas se volvieron a saludar y reconoció los rostros de magos y brujas importantes para la historia de la magia. A sus ojos de diez años, aquellos individuos aparecían como una cofradía secreta de almas conspirando a espaldas del mundo. La señora Breedlove se incorporó hacia él y, sosteniéndole la mriada, le habló con una voz solemne.

-Este lugar es un santuario, Hugo. Cada tomo que ves, tiene poder. El poder del mago que lo escribió y de los hechiceros que lo leyeron. Cada vez que uno de estos libros de magia cambia de manos, su poder crece y se hace fuerte -Le explicó. -Miranda Goshawk recopiló todos los libros con el poder de acumular magia y transmitirla. Son muy pocos.

-Algunos son tan viejos como la propia magia -añadió el hombrecillo.

-Nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo existen o quiénes los escribieron -completó la Señora Breedlove. -Estos libros son un misterio. Un mito. Ellos son los que deciden al dueño ante el que se abrirán para aportarle conocimiento y poder… Ahora solo nos tienen a nosotros, Hugo. El señor Goshawk es el heredero de este legado de su tía. ¿Crees que guardarás este secreto?

La mirada de Hugo se perdió en la inmensidad de aquel lugar. En su luz encantada. Asintió y la señora Breedlove sonrió.

-Sí -musitó en un nervioso hilo de voz.

-¿Y sabes lo mejor? -preguntó la señora Breedlove. Hugo negó en silencio. -Los libros te han elegido a ti. Te han llamado. Por eso viniste un día aquí y no a cualquier otra librería mágica de Londres. Ahora es tu turno de responder la llamada y escoger un libro, el que prefieras. Adoptarlo. Asegurarte de que nunca se pierda y que permanezca contigo hasta tu último aliento que quedará impregnado en su lomo.

Hugo Weasley asintió de nuevo.

Casi media hora estuvo deambulando entre las estanterías de aquella cúpula, ayudado de un encantamiento mágico que le permitía flotar para alcanzar los tomos más alejados. Olía a papel viejo, a polvo y a magia. Dejó que su mano rozase las avenidas de lomos expuestos, tentando su elección. Cazó, entre los títulos desdibujados por el tiempo, palabras en lenguas que reconocía y decenas de otras que era incapaz de catalogar. Recorrió la galería en espiral. Miles de tomos que parecían saber más acerca de él que él de ellos.

Al poco, le asaltó la idea de que tras la cubierta de cada uno de aquellos libros se abría un universo infinito por explorar y de que, más allá de aquella cúpula, el mundo dejaba pasar la vida en tardes de Quidditch y televisiones muggles.

Quizás fue aquel pensamiento, quizás el azar o el destino, pero en aquel instante supo que ya había elegido el libro que iba a adoptar. O quizá debería decir el libro que le iba a adoptar a él. Se asomaba tímidamente en el extremo de una estantería, encuadernado en piel de color dorado y susurrando su título en letras esmeralda que ardían a la luz que destilaba la cúpula desde lo alto. Se acercó hasta él y lo acarició con la yema de sus dedos. Lo leyó en silencio.

-Los hechizos del príncipe de los Encantamientos, de Myrddin Emrys.

Jamás había oído mencionar aquel título o a su autor, pero no le importó. La decisión estaba tomada. Por ambas partes. Tomó el libro con sumo cuidado y lo hojeó, dejando aletear sus páginas. Liberado de su celda en el estante, el libro exhaló una nube de polvo dorado.

Satisfecho con su elección, rehízo sus pasos portando su libro bajo el brazo con una sonrisa impresa en los labios.

-No dudaba ni por un instante que acabarías elegiendo ese libro -le confesó la señora Breedlove, al acercarse a él.

Hugo mostró un gesto contrariado.

-¿Por qué? Hay miles de libros aquí…

-Oh, joven Weasley, ¿no sabes quién es ese autor? -Hugo se encogió de hombros. -Por supuesto, no podrías conocer su nombre en galés. Esto hace tu elección aún más interesante… Hugo Weasley has tenido el honor de ser elegido por el libro del mismísimo Merlín.

Hugo Weasley palideció. Tal vez la atmósfera mágica de aquel lugar había podido con él, pero tenía la seguridad de que aquel libro había estado allí esperándole durante cientos de años.

Los lunes solían ser los días elegidos por ambos para hablar por teléfono. Al fin y al cabo, eran los peores días. Ambos tenían que empezar a trabajar después de un fin de semana dedicado a la cultivación de sus más puros deseos. Por un lado, Ted Lupin acudía a Luperca, aquel santuario de hombres lobo, para desatar su animal. Por otro lado, Victoire Weasley disfrutaba de la vida parisina con sus nuevos amigos del Ministerio. ¿Se veían? Habían decidido limitar la frecuencia a un encuentro mensual, pues temían que de ser rutinario no quisieran separarse.

-…Así que no pasaré toda la Navidad en la Madriguera -El joven le acababa de decir que su abuela se encontraba peor. No sabían muy bien qué era lo que le ocurría, pero Ted Lupin quería pasar el mayor tiempo con ella posible. Sobre todo, en Navidad. Cuando más solos estaban. -Pero iré muchos días te lo prometo.

-No pasa nada, Teddy -le despreocupó Victoire. -Yo puedo ir contigo algunos días… Este año la Madriguera tampoco va a ser muy entretenida. Mi hermana se va a Bulgaria con mi tío Charlie, ¿te lo puedes creer? Con todo lo que está pasando por ahí…

El joven rio al otro lado de la línea. Victoire frunció los labios. A ella no le hacía gracia. No entendía cómo sus padres habían permitido aquello. ¿Es que no habían escuchado nada sobre la revuelta de vampiros?

-Pero, Victoire, si va con Charlie no le pasará nada…

-Oh, ya lo sé… ¡Pero es que no entiendo cómo a Dominique le puede gustar eso! Son unas criaturas muy peligrosas… ¡Y más ahora!

Se hizo un silencio al otro lado de la línea.

-Yo también soy una criatura peligrosa, ¿recuerdas? -Victoire enmudeció. -Además, ¿qué más da lo que haga Dominique? Probablemente se haya querido ir para escapar del imbécil de Woods…

-¿¡Qué dices?! -Exclamó la joven, alterada por el trato de su novio hacia el novio de su hermana. -Pero si Woods es un encanto… Nunca entenderé por qué te cae tan mal, Teddy.

El joven soltó una carcajada. Murmuró algo. Victoire refunfuñó.

-Si estuvieses en Hogwarts lo sabrías… No le han dado un puesto en el Quidditch y está que trina… A tu prima Rose le está calentando la cabeza todos los días.

-Seguro que eres un exagerado, Teddy -Le dijo con total seguridad Victoire. Recordó que Nicholas Woods era todo un caballero. Muchas veces deseaba que Teddy se comportara un poco más como él cuando estaba con ella.

-Me tengo que ir, Vic -se apresuró a decir Ted Lupin. -Los alumnos están comenzando a llegar a clase y tengo que parecer profesional. ¡Adiós!

Victoire Weasley se quedó anonada cuando su novio colgó el teléfono de sopetón. Ni siquiera le había dado tiempo para despedirse. Por esas cosas odiaba la relación a distancia. Sabía que no diría nada porque significaba que era una inmadura que no podía estar sin él. Pero es que, en realidad, era una inmadura que no podía estar sin él.

La puerta de su pequeño despachó se abrió, dejando ver una fina línea del exterior por el que se asomaba tímidamente su tía Gabrielle Delacour. Victoire cambió su semblante sombrío hacia uno más amable cuando la vio. Su tía era verdaderamente preciosa. Era joven. Con sus treinta dos años había logado cautivar a todo el Departamento Francés con sus habilidades de auror. No tenía pareja, o al menos eso era lo que pensaba Victoire. Se había pasado todos aquellos meses haciendo de París el hogar de Vic. Y por eso estaba eternamente agradecida.

-¿Me traerías un café de la cafetería de la esquina, Vic? Intuyo que no estás muy ocupado y necesito urgentemente un café que no sepa a agua…

-¡Claro! -Ella sonrió, realmente agradecida por hacerle un recado a su tía con excusa para salir a tomar el aire.

Su tía se marchó tras guiñarle el ojo.

Victoire cogió su abrigo. Se puso un gorro de lana. Y los guantes. París era frío y gélido en invierno, sí. Pero no era Londres y estaba feliz de que los rayos de sol aún perduraran.

Salió del su pequeño cubículo y se adentró por los pasillos del Departamento. Los empleados la saludaban y le hacían gestos de ánimo. Literalmente estaba flotando de felicidad. Los parisinos eran muy agradables. Y trabajadores. No paraban nunca de trabajar.

Al salir del Departamente que, para más valoración, tenía un valor arquitectónico y artístico muy superior al londinense; atisbó la pequeña cafetería a la que acudía todos los días para cogerle un café a su tía Gabrielle. Le encantaba. Olía a pan recién horneado. A chocolate caliente. A hierbas mágicas. Y el olor a café recién molido era su llamada.

En cuanto entró, un muchacho se tropezó con ella y llenó toda su blusa de capuccino. Victoire soltó un gritito de irritación.

-¡Oye! -le gritó. Su tía Vic le decía que por ese tipo de cosas la gente sabía que no era francesa. -¡Mira por dónde vas!

El joven, ataviado en un abrigo largo de corte masculino, corrió a por servilletas y se las entregó a Victoire. Ella pudo mirarlo mejor y se ruborizó al chocar con sus ojos. Era demasiado apuesto. Tenía los pómulos muy marcados. Los ojos ridículamente azules envueltos en pestañas kilométricas. Y una sonrisa tímida que le quitó la respiración.

-¡Mis disculpas! -Distinguió un acento nórdico, para nada francés.

-No, da igual, no te preocupes -le tranquilizó Vic, tomando las servilletas y mirándole de reojo mientras intentaba quitar la mancha de café. -Tengo más camisas…

El joven se quitó rápidamente su bufanda y se la tendió con una sonrisa humilde.

-Toma, póntela, así no se notará…

Ella la aceptó. No quería decirle que verdaderamente serviría para poco dentro del despacho, donde se derretiría si tenía puesta una bufanda.

-Gracias, pero… ¿Cómo te la devuelvo?

Él se encogió de hombros.

-Me la das otro día… Me llamo Olivier -le tendió la mano y ella la agarró para formalizar la tregua.

La enorme construcción adornaba aquella extensión desolada de nieve blanca. La piedra grisácea que sostenía el hielo de aquel Palacio daba un aspecto inhóspito, tal y como quería su dueño. Ante la puerta principal, donde una escultura de hierro cortaba el paso, dos figuras esperaban a que esta se abriera. Adolf O'Smosthery, al que llamaban Montdark, contemplaba impaciente su reflejo en el hielo del suelo. Su deforme rostro, pocas hebras de cabello que adornaban su demacrado cuero cabelludo escondido en una capucha que hacía de su rostro una sombra. A su lado, Octavio Onlamein fruncía el ceño ante la tardanza.

La puerta se abrió por si sola, algo más tarde, y los dos hombres desaparecieron al entrar.

Volvieron a aparecer en un gran Salón alargado. Octavio había presenciado la tortura de incontables magos, muggles y criaturas por parte del mismo hombre que le acompañaba. También las había inducido él.

La Sala estaba adornaba por cuadros de distintas épocas, todos de estremecedoras guerras mágicas que se movían entre sí, sacudiendo las maldiciones que entre un bando y otro se lanzaban sin piedad. Más al fondo, algo aislado, se encontraba un trono barroco de color dorando con motivos florales, donde sentado Loring, el que se creía dueño y rey de aquel lugar.

Su pico de viuda apuntaba hacia ellos. Observaba con atención un espejo cuyo cristal se ensombreció en cuanto O'Smosthery y Onlamein cogieron asiento en la ovalada mesa, en la otra punta del Salón. El primero se había estremecido al percatarse de la presencia del objeto mágico, el vello de su nuca se erizó y una extraña rabia se apoderó de su mente. Octavio Onlamein, sin embargo, mostró indiferencia hacia el artilugio y centró su atención en el hombre que los había convocado allí.

-Adoro vuestra puntualidad- comentó, mientras sonreía irónicamente al espejo. Sabía, perfectamente, que les había hecho esperar durante una hora fuera para que el frío les calase en los huesos y su gesto se quedara congelado.

-Se aprecia que sean puntuales siempre que sea por quitar vidas - susurró una voz procedente del espejo.

Aquello hizo que un escalofrío recorriera la espalda del joven Onlamein. Loring esbozó una media sonrisa de superioridad, al darse cuenta de que, para Onlamein, el hombre que estaba encerrado en el espejo era un completo misterio para el joven. Dentro del espejo, como el joven pudo comprobar al contemplarlo mejor, se encontraba un muchacho que aparentaba a ser algo más joven que él. El joven del espejo tenía aspecto cansado y triste, más miraba a Octavio de forma burlona. Intuía que aquello se quedaría en una incógnita para él.

-Loring- le llamó O'Smosthery, desviando su mirada del joven condenado a estar allí dentro. -Todos estamos preparados.

Loring asintió.

-Solo falta que demos el Golpe de Estado -dicho esto, crujió sus nudillos. Por primera vez, iba a hacer historia. Su nombre se recordaría. El nombre de un bastardo en las inscripciones de los Ministros de Francia.

No pudo evitar la risa irónica.

 

 



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