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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
[ Más información ]

(II) Capítulo 5: Erróneamente perdido

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)


-Les recuerdo que si me llegáis a sorprender con esta poción consideraré vuestra entrada al Club de las Eminencias -anunció con gestos teatrales el profesor Slughorn. -Para aquellos que aún desconozcan este selecto grupo, deberían saber que sólo los alumnos con mayor potencial han logrado tener un asiento en mi mesa. Lily Potter, Hermione Granger, Gwenog Jones e incluso el mismísimo Harry Potter son los nombres que me han acompañado en…

-También Lucius Malfoy, señor -recordó Scorpius Malfoy. No sabía por qué había hecho exactamente. Él era un alumno que no solía causar ese tipo de comentarios. Y menos para desmarcarse con su dichoso apellido.

Como era de esperar, todos los alumnos se giraron hacia él. El rubor subió por sus mejillas a la velocidad de la luz. Quiso que la tierra se lo tragara en ese instante y lo escupiera en otra galaxia. Ni siquiera se atrevía a subir la mirada para encontrarse, muy probablemente, con un profesor mudo por el recuerdo de un antiguo Mortífago.

-Y Tom Riddle, señor, junto con Lestrange, Avery…Lucius Malfoy-levantó la mirada hacia Slughorn. Seguía hablando. ¿Por qué nadie le había detenido? Peter Greenwood le dio una patada por debajo de la mesa. Algunos Hufflepufs, de procedencia muggle, no entendían nada, mientras el resto de su propia Casa apretaba los puños. -Usted solo recuerda los magos que quedan como trofeos en su estantería.

El profesor se llevó la nuca y se la rascó, mientras no dejaba de mostrar una sonrisa congelada que no transmitía seguridad.

-¿A dónde quieres llegar, Malfoy? -le espetó Rose Weasley. No la culpaba, en ese instante estaba siendo el imbécil que quizás todo el mundo quería ver desde hacía un año. Él no era así. Peter le volvió a dar otra patada por debajo de la mesa.

-Lo que quiero decir, profesor Slughorn, es que su Club de Eminencias me parece una soberana estupidez. Vista su experiencia, no es quién para dar etiquetas de excelentes alumnos…

-Queridos alumnos -Slughorn se dirigió al resto de la clase. -Pueden empezar con la poción. -Tardaron en reaccionar, pero poco a poco, se fueron distribuyendo en mesas. Peter sacudió a Scorpius para que dejara de quedarse inmóvil sobre la mesa. -Malfoy, acérquese a mi escritorio mientras sus compañeros preparan la poción.

Su amigo le dirigió una mirada de advertencia. Sí, tenía razón, se la había buscado él solito. Para más inri, esperaba que no hubiese ningún tipo de sanción, puesto que quería presentarse a las pruebas de Quidditch que se celebraban justo después de aquella clase. Se maldijo a sí mismo para sus adentros. Él solía ser el alumno ejemplar. ¿Por qué narices tenía que haber dicho aquello? ¿Sería porque su abuelo, las amenazas de este y la dichosa reputación Malfoy le estaban ahogando justo en aquellos días por el constante recuerdo físico de que su familia había dado de lado a muchas familias poderosas?

-Profesor Slughorn, discúlpeme, no sé qué me ha pasado… -Lo único que no diría era que no pensaba lo que había anunciado al resto de la clase. Claro que lo pensaba. Y también creía firmemente que se trataba de un Club de Influencias para el profesor. Había habido «talentos» en su Club que no se merecían ser tratados como unas Eminencias.

-Scorpius Malfoy…Único heredero de la prestigiosa estirpe de los Malfoy. -Los ojos de Slughorn estaban entornados. Lo examinaba de arriba abajo. Parecía que era la primera vez que se fijaba en él. -Y un Gryffindor. Qué ironía. -Scorpius miró hacia abajo. Había escuchado, levemente, cómo su padre decía que aquel profesor nunca había sido claro con respecto a su opinión sobre Tom Riddle. -No hace falta que usted haga la poción porque sé que la hará bien -se sacudió la camisa, como si tuviera migajas de haber estado comiendo antes galletas. -Me fijé usted en el año pasado, pero introducirlo en mi Club sería caer en el mismo error que caí hace tiempo.

-¿No me aprueba porque soy Malfoy? -Scorpius, atónito, se rio. Parecía que aquel era un problema que le perseguiría de por vida.

-Usted es un alumno excelente… Pero tengo que cuidar la reputación de mi Club, que, como usted ha indicado, debe ser subsanada -el joven no creía que fuera precisamente el Club lo que necesitara una reforma. -Sólo quería ver si la hija de Granger ha heredado su talento. O si se lo ha llevado todo su hermano. ¿Sabe? Quizás al principio le sorprenda, pero ella merece un puesto en mi Club más que usted, incluso si eres, sin lugar a dudas, el más talentoso de todos.

Aquello fue un bofetón. No, no quería formar parte de su estúpido club. Lo que quería era ser aceptado por la persona que estaba forjando él, no por el prejuicio que de él habían formado los demás.

-Se está equivocando conmigo, profesor -le dijo, quizás se arrepentiría de aquello. -Y algún día verá que tengo razón.

Sin mediar una palabra más con el profesor Slughorn, se dirigió hacia la mesa en la que estaba Peter Greenwood leyendo las etiquetas de los frascos. Tenía una postura y una inseguridad cómica que le hubiera causado una risa sana de no ser por la mirada penetrante que sentía sobre su nuca.

-¿Te quedas sin Quidditch? -le cuestionó, bastante preocupado Peter. El joven de cabello dorado volvió a las instrucciones. -¿Te ha hecho un conjuro para que te quedes mudo?

Se sonrojó ante la ocurrencia. Su ánimo había descendido en empicado. Eso no era un buen augurio para las pruebas.

-No, estoy bien. Podré presentarme…

Una figura se acercó a ellos: Rose Weasley junto con Janet Rossen. Ambos las observaron cómo si se tratara de una bomba que fuese a explotar. Rose había adelgazado aquel año, su amiga también. Lo único diferente era que se había alisado el cabello y sus rasgos eran más visibles. Peter Greenwood las ignoró y siguió ordenando los frascos.

-¿A qué ha venido eso? -le preguntó Weasley, como si quisiera descifrar un libro.

Scorpius, desganado, absolutamente sin ganas de entrar en una pelea sin retorno con la muchacha, se encogió de hombros.

-Los Gryffindor no saben si odiarte o tenerte un poquito más de respeto -le comentó Rossen mientras se acercaba a Scorpius. -Sé que te da absolutamente igual lo que piense, pero, ¿eh? ¿No soy muggle? Soy lo más neutral para opinar y te doy la razón… Ese Club de pacotilla es lo que me faltaba por oír -aquello lo dijo en un susurro, mirando de reojo al profesor.

No debería decir lo que estaba a punto de soltar.

-Pues igual sí que debería importaros… El Club está hecho para los que valen y pueden darle influencia a Slughorn y para aquellos con un apellido que le pague la entrada -Entonces, fijó la mirada en Weasley. -Me acaba de decir que tú perteneces a los segundos. Enhorabuena, Weasley, bienvenida al Club de los «Hijos de».

Peter dejó los frascos y suspiró.

-Scorp, ¿por qué no vas a darte un paseíto? Estás con una intensidad peligrosa hoy…-le sugirió, con calma, intentando no recibir ningún ataque de su amigo. -Olvidaos, chicas, está últimamente muy susceptible…

-No os he dicho absolutamente nada este curso -le recordó con enfado Rose tanto a Peter como a Scorpius. -Me he separado todo lo posible. Incluso estoy perdiendo a mis amigos por vosotros -añadió. Era la primera vez que Rose Weasley parecía vulnerable. -Solo venía a ver si todo estaba bien porque sois los mejores amigos de mis mejores amigos. No he hecho nada para que me trates así.

Dicho esto cogió su bolso y se marchó de clase.

Slughorn fue detrás de ella.

-Te has pasado, Scorpius -arremetió Rossen, mientras volvía a su mesa.

La clase transcurrió sin más sobresaltos. Tan solo explosivos sin mala intención que serpeteaban por el techo del aula. Peter se sumergió en su poción y la hizo entera él, sin el apoyo de Scorpius. ¿Acaso quería entrar en el Club de Eminencias? Podría ocurrir. No obstante, no lo consideraba una estrella. Era cierto que Peter se esforzaba mucho por, de algún modo, destacar en todas las materias. Era muy trabajador. Pero no excelente.

Cuando hubieron salido de clase, Peter soltó una bocanada de aire.

-Me encanta Pociones -Scorpius se rio, puesto que lo había dicho con la más pura sinceridad. -Bueno, ¿me vas a decir ahora qué te pasa?

Scorpius se encogió de hombros.

-Supongo que lo de siempre.

-¿Qué no te aceptan porque eres un Malfoy? -Peter sonrió con franqueza. -No es cierto, eres mi amigo. Yo te he aceptado. Y Albus y Alice.

Se encogió de hombros de nuevo.

-Pero no me van a aceptar en el Quidditch, Peter.

-Oh, ya veo… O sea que es por el Quidditch.

-Sé que es una tontería… Pero es que si ahora es el Quidditch, ¿qué pasará con el resto de cosas más importantes? ¿Me rechazarán en los trabajos por ser un Malfoy? ¿Me rechazarán en las Asociaciones y me denegarán la entrada al Ministerio?

Conforme iban andando hacia el Campo de Quidditch, la gente se iba acercando, curiosa por saber cuál iba a ser la sorpresa aquel año. Scorpius estaba frenético. Tenía que ser aceptado por todo su equipo. Intuía que Roxanne estaría a su favor. No obstante, tenía que enfrentarse al hermano de su mejor amigo. Pero, aquella vez, no iba a por su puesto. Estaba nervioso por saber quiénes serían los siete componentes aquel año.

El año pasado había sido James Potter como buscador (y él su suplente), Roxanne Weasley y Fred Weasley como bateadores, Alexandra Knopf como guardiana y Nicholas Wood, Adam Montrose y Raghnaid Shaw como cazadores. Sabía que Adam Montrose ya no estaba en Hogwarts, por lo que, pese a que le encantaría ser buscador, iría a por aquella plaza vacante.

No esperó encontrarse a tanta gente reunida en los vestuarios del equipo Gryffindor, dando sus nombres a Roxanne Weasley, quien llevaba el pelo atado a una cola de caballo y las mejillas rosadas de sudor. Distinguió a Nicholas Wood detrás de ella, con un aire de suficiencia que se frustró al verle aparecer.

-¡Bueno, bueno! ¿Quién tenemos aquí? -sintió un palmazo en las espalda. James Potter le saludaba con una sonrisa lobuna. -¿Piensas repetir este año como suplente?

Susan Jordan también estaba por allí y puso los ojos en blanco. Fred Weasley se acercó a Scorpius.

-Este año la lista de suplentes es…-le dibujó un cero en el aire. -Confiamos cien por cien en el equipo.

Scorpius pasó a través de ellos. No tenía por qué explicarles que no iba a por su puesto. También vio a Raghnaid Shaw. Aquello le puso nervioso. ¿Y si solo era bueno siendo buscador? Había practicado todo el año para aquel momento.

Una muchacha de quinto curso estaba sentada en un mesa apuntando todos los nombres. Eran bastantes.

-¿Nombre y posición a la que aspiras?

-Scorpius Malfoy, cazador.

Sintió otro palmazo en la espalda. Definitivamente aquel no era el día indicado para que la gente la tomara con él.

-Vaya, con que el año pasado fuiste a por la leyenda Potter… Y este año a por la leyenda Woods -Nicholas Wood le apretó la mano sobre su hombro. -Qué sin vergüenzas sois los Malfoy -lo dijo como un proverbio.

-Voy a por la vacante libre.

-Oh, ¿te refieres a Montrose? Ya está cubierta por Rose Weasley antes de que ni siquiera nos muestre sus dotes.

Aquello le hirvió la sangre. Era la segunda vez aquel día que los apellidos le discriminaban. Además, no quería tomarla con Weasley aquel día. Sobre todo después de haberle dicho que entraría al Club de las Eminencias por su apellido.

-Bueno, que gane el mejor entonces.

Nicholas Wood se rio, como si no cupiera lugar a dudas de la decisión final.

-¡Gryffindor, escuchadme! -Roxanne se dirigió a aquella pequeña multitud de esperanzados alumnos, unos más que otros, que con sus escobas se iban dirigiendo al campo de Quidditch. -Siguiendo las nuevas reglas que introdujo McGonagall con la Reconstrucción, todas las vacantes quedan abiertas una vez empieza el año para que todos los alumnos tengan la oportunidad de pertenecer alguna vez al equipo Gryffindor… Veo que este año sois más los aspirantes. Bien. Os llamaremos por vuestros nombres, uno a uno, y nos mostraréis de lo que sois capaces de hacer -Se subió a su escoba y recorrió toda la hilera de alumnos. -Primero los buscadores: ¡James Sirius Potter!

Scorpius se extrañó. ¿Acaso había algún buscador más? El joven Malfoy evitó ver las piruetas de demostración que hizo Potter en el aire para divertir a su público. Tardó, como era de esperar, el tiempo que él consideró necesario para lucirse en coger la snitch de manera heroica junto a una gran evocación. Scorpius puso los ojos en blanco.

-¡Y… aquí está! -al tocar el suelo les dedicó a todos una sonrisa de oreja a oreja. Le dio la snitch a Roxanne. Esta la cogió y le miró con un signo de advertencia.

-Bien, muy bien… Siguiente aspirante a buscador: ¡Nadie! Muy bien, Potter, tienes tu puesto.

El aplauso fue solemne y Potter lo acogió como si hubiese sido galardonado el Premio al Mago del Año.

-¡Gryffindor! ¡Gryffindor! -aulló abrazando a su primo Weasley entre risas.

-Bien, bien, ahora aspirantes a guardianes… Que deberán parar los Quaffle de los aspirantes a cazadores. Muy bien, en primer lugar…¡Camrin Trust como guardiana! Muy bien, chica, sube al aro -la muchacha lo hizo de manera decidida. La joven estaba en su curso y sabía que era algo como hiperactiva. -¡Beatrice Fenwick al otro aro! -Roxanne miró la lista un tanto preocupada. -¿Alguien ha visto a Alexandra Knopf? -Recibió una negativa por parte del público. -Bien, sencillo: quien pare más Quaffles gana.

-Entendido, ¡capitana! -gritó Trust mientras hacía una pirueta. Desde luego, si cogían a Trust iban a estar entretenidos.

Roxanne sonrió. Sabía que solo por eso le había caído bien.

-Como cazadores que competirán para quedarse…Serán aquellos que más puntos como equipo obtengan en el tiempo en el que evaluamos a los bateadores…¡Nicholas Wood y Raghnaid Shaw con Trust! ¡Rose Weasley y Scorpius Malfoy con Fenwick!

Scorpius buscó a Rose con la mirada. Al no tener éxito, subió hacia el aro de Beatrice Flint. Era una muchacha robusta que, desde luego, parecía no gustarle el hecho de estar en frente de un Malfoy. Sabía que su tío había sido el guardián de los Tornados Tutshill en la década de los noventa. Desde entonces, decían que su sobrina quería recuperar la fama de los Fenwick tras la enfermedad que había impedido que su tío fuese más allá en su carrera. No estaba para nada intimidado. El año pasado había sido peor.

-No me puedo creer que tenga que competir contra ti -comentó Rose Weasley mientras se acercaba a él.

-Bueno, quizás Wood o Raghnaid lo hacen un poco peor hoy… He escuchado que Wood no es el favorito de Weasley…

-¡Qué dices! Es el novio de mi prima Dominique… Esto se queda siempre en familia…

Scorpius le dedicó una sonrisa. Escuchó cómo de bateadores solo estaban los hermanos Weasley. Roxanne dio un silbido.

-¡Qué comiencen las Pruebas de Quidditch!

-Muy bien, tenemos que cooperar, Weasley. Son puntos como equipo -le recordó Scorpius mientras Weasley parecía calmar el dragón que llevaba dentro.

Scorpius notó algo cortando el aire detrás de él. Se giró para poder ver la bludger viniendo hacia él de parte de Fred Weasley. Por supuesto, él era el bateador que iría tras él y no detrás de su prima. Todo eran desventajas. Esquivó la bludger con habilidad, pero solo un momento antes de recibir la quaffle de Rose y pasarla por el aro de Trust.

-No está mal -le dijo Rose.

-Continuemos, tenemos que sumar en equipo.

Rose se rio.

-Según lo que decías antes, a mí me cogerán por mi apellido… ¿Para qué me voy a esforzar? -Scorpius pudo ver cómo su anterior comentario había atravesado de lleno la coraza emocional de Rose Weasley y había hecho brotar sus más profundas inseguridades. No es que ella hubiese sido la mejor persona con él.

Una bludger llegó rugiendo detrás de Rose que estaba distraída paseándose con la quaffle para marcar. O quizás para hacer tiempo y que ninguno de los dos marcara. Fuera lo que fuere, la bludger la iba a destronar de la escoba.

-¡Weasley! -Rose no le hizo caso. -¡Rose! ¡Una bludger!

La joven la esquivó por los pelos y siguió su camino. Estaba haciendo que Scorpius perdiera.

-¡Malfoy! ¿Te has cansado de la quaffle o qué? -le preguntó Trust, deseosa de demostrar sus habilidades.

-¡Por favor, Rose! ¡Ganemos! -Si no le daban el puesto de esa forma, siempre tendría que culpar a Rose.

La joven suspiró.

Entonces comenzó una dinámica que parecía ser milagrosa. Al parecer, Weasley y Malfoy se entendían bastante bien en el Quidditch. Ambos habían practicado mucho y conocían sus movimientos. Eran bastante buenos. Y, por sorprendente que pudiera parecer, tenían las mismas estrategias. En muy poco tiempo consiguieron igualar los puntos de Shaw y Woods.

-¿Has estado viendo la Copa Mundial de Quidditch de 2010?- le preguntó entonces Rose Weasley. -Tienes las mismas estrategias que Moldavia… Solo puede ser así de haber visto…

-¡Sí! Me parece que fue el mejor ejemplo de Cazadores de los Mundiales…

-¡Cuidado Bludger! -le gritó Rose.

Scorpius la apartó.

-¡Gryffindor!¡Las decisiones han sido tomadas!

Scorpius Malfoy observó a Rose Weasley descender. Fuera cual fuere el resultado, había sido un final entretenido. Nunca había jugado al Quiddtich como jugador con alguien que entendiera tan bien sus movimientos. Qué fastidio que esa persona tuviera que ser Rose Weasley.

-Suerte, Weasley -le dijo, con total sinceridad. Si le daban el puesto, verdaderamente lo merecía. Quizás en Pociones fuera el mejor sin dudas. Sin embargo, en el Quidditch era excelente.

Ella no le contestó. Ni se giró para mirarle. De vuelta al mundo real.

-¡Buscador… James Sirius Potter!

El aplauso de antes se volvió más eufórico, probablemente por la adrenalina y el público que se había agazapado para escuchar aquello.

-Gracias, gracias…

-¡Bateadores… Roxanne Weasley y Frederic Weasley!

-¡Roxanne! Que no me llamo…

-¡Guardiana… Beatrice Fenwick! ¡Lo siento, Trust, inténtalo el año que viene…!

Camrin simplemente asintió y se dirigió a Fenwick para darle la enhorabuena. No obstante, fue recibida con una mirada tosca y un levantamiento de cejas.

-¡Cazadores…! Bueno, esto ha sido una decisión bastante difícil… Espero que nadie se lo tome como algo personal, pero esta tarde hemos presenciado un espectáculo fantástico que me gustaría ofrecer a las gradas este año… Por eso, ¡Raghnaid Shaw sigue siendo mi más fiel aliado!

-Suerte, Malfoy -eso, al menos, es lo que le pareció escuchar por parte de Rose Weasley cuando se giró para mandarle una mirada de preocupación.

-Los siguientes son… ¡Nuevas incorporaciones! ¡Rose Weasley y Scorpius Malfoy!

-¿¡QUÉ?! -Nicholas Woods fue corriendo a arrebatarle el papel en el que Roxanne había escrito sus nombres. Su sorpresa se transformó en enfado. -¿¡QUÉ?!¡QUIÉN TE CREES QUE ERES! -la cogió por el brazo con tanta violencia que Roxanne tuvo que pegarle una patada para alejarle de ella.

-Jo-der -murmuró Camrin Trust a su espalda atónita.

-¡POR ESA MISMA RAZÓN NI SIQUIERA TIENES UNA OPORTUNIDAD, WOODS! -vociferó Roxanne, acariciando su brazo y mirando a todos con un aspecto derrotado.

-Muchas gracias por la oportunidad, Roxanne -alcanzó a decir Scorpius Malfoy.

-Las gracias no me las tienes que dar a mí, vuestra conexión en el Campo nos hará ganar. Eso es lo que siempre busco cuando elijo a mi equipo… -dicho esto, recogió su escoba del suelo e hizo amago de irse.

Nicholas Woods, como una sombra oscura que acechaba con explotar de violencia, la siguió.

Esta vez fue James Potter quien le detuvo.

-¿A dónde crees que vas, Woods?

-A reclamar lo que es mío como tú hiciste el año pasado -le espetó, lanzando una mirada de odio a Malfoy.

Este aún no se había movido del sitio. El resto del recién nombrado equipo tampoco.

-Bueno, Roxanne al final tuvo razón: yo necesitaba un escarmiento y Malfoy es jodidamente bueno en todo lo que hace. ¡Acéptalo! -era la primera vez en su vida que estaba de acuerdo con las palabras sorprendentemente maduras de Potter. -Y ni se te ocurra culpar a Roxanne…

-¡Es porque no le caigo bien! ¡No es justo! ¡No me ha cogido porque le he contado que Knopf estaba ayer liándose con Khanna!

-No sé qué tiene que ver eso con mi hermana pero deberías irte, Woods. El campo ya no es tu terreno de juego -le avisó seriamente Fred Weasley mientras le instaba físicamente a que se marchara.

Camrin Trust también se marchó. Su aspiración fracasada parecía no haberle preocupado, pues iba brincando y sonriendo de oreja a oreja a contarle a sus amigas que había hecho las Pruebas de Quidditch.

Raghnaid Shaw, el mismo que el año pasado no veía con buenos ojos la presencia de Scorpius en el equipo, se fue sin decir nada, junto con Fenwick.

Fue, entonces, cuando Scorpius se decidió a irse, pues solo quedaban los inseparables Fred y James más Rose Weasley. Nada bueno podía salir si estaban los cuatro reunidos a solas. El cielo se fue oscureciendo. Incluso tenía la excusa perfecta.

-Bienvenido al equipo, Malfoy -la voz de James Potter sonó sincera.

Las pruebas de Quidditch de Gryffindor habían dado que hablar. Todo el mundo susurraba detrás de Scorpius Malfoy cada vez que pasaba por los pasillos. Había destronado a Nicholas Woods, hijo de Oliver Woods. Los tiempos estaban cambiando.

No obstante, el revuelo duró poco. Bastó con que Slytherin anunciara sus pruebas días después. Aquel día para Albus Potter había sido horrible. No solo había fracasado como Potter a no poder entrar en el equipo. Sino que le había ganado Frank Badmood, el hermano de su archienemiga. Por supuesto, desde entonces los susurros estaban dirigidos a él. El fracaso le perseguía a la vuelta de cada pasillo. Y, además, tenía a sus propios compañeros de Casa que no dudaban en recordárselo.

Desde entonces, ni Scorpius ni Peter ni Alice le hacían bromas. Habían notado su susceptibilidad y habían decidido pactar una tregua. De hecho, todos parecían alagar día sí y día también los atributos más destacados de Albus. Como si tuvieran miedo de que la depresión se lo llevara.

Tenía que reconocer que adoraba a sus amigos.

Incluso Rose era más cariñosa e incluso le hizo los deberes de Pociones en una ocasión. Hasta su hermano James parecía haber descendido de su nube para preguntarle si necesitaba algo. Bueno, sí que necesitaba algo: no ser un fracaso.

-…¡Es que no entiendo como podéis vivir sin haber visto los Simpson! -se quejó Peter mientras hacía una de sus referencias al mundo muggle que ninguno solía entender. -Ya os digo yo que quien lleva ese programa es mago… ¡Y muy versado en Adivinación!

Scorpius y Alice se desternillaban de la risa.

-¡Un centauro! -dijo Scorpius mientras la risa entre ellos se incrementaba.

A Peter no le pareció mal la idea.

-Yo seré un mago así en el futuro… Ya veréis -entonces se percató de que su amigo Albus no se había unido a las risas. -¿Estás bien, Albus?

Este salió rápidamente de sus depresivos pensamientos y les miró. Tenía toda la suerte del mundo en frente de él. Era cierto que los cuatro eran bastante diferentes entre sí, pero aquel año habían conectado de una manera impredicible. No se imaginaba ni un día sin ellos.

-Sí, sí -acertó a decir.

-¿Quieres intentar vencerme esta vez, Albus? -sugirió Scorpius señalando el tablero de ajedrez mágico que habían cogido y con el que el más pálido de sus amigos les estaba enseñando a jugar.

-Claro, ¡pero yo sé jugar!

-Oh, sí, igual que al Quidditch… -el comentario provino de Renata Driggs, su compañera de Casa, quien justo en ese instante pasaba por allí junto con Frank Badmood. -Es muy probable que Malfoy te gane… Él lo hace siempre.

-¡Quieres dejar en paz a mis amigos, pesada! -Peter se había incorporado sobre la mesa y le desafiaba con la mirada. -Vete a preparar tus cosas de magos oscuros y aléjate de nosotros.

Todos los amigos del muchacho se sorprendieron de su reacción. Driggs y Badmood también.

-Te llamaría algo que está prohibido, Greenwood… Solo diré que eres el único que no encaja en tu grupo de amigos. Deberías limpiarte un poco.

Peter miró a sus amigos sin saber a qué se estaba refiriendo Driggs. Albus suspiró cansado de las personas tradicionales. Alice agarró por la muñeca a Peter para que no volviera a decir nada.

-No os hemos hecho nada, Driggs.

-Oh, pero tu simple presencia es causa de molestia las veinticuatro horas del día, Longbotton.

-Tú tampoco eres mi parte favorita de mi rutina, pero soy lo suficientemente madura como para tolerar.

-Pero, Longbotton, hay formas más divertidas de acabar con las molestias.

Todo el mundo se encogió y sintió un pequeño viaje al pasado cuando el muchacho de cabellos dorados y rizados entró en la Sala de Reuniones del Ministro de Magia de Inglaterra. Saludó casi sin acento francés. Parecía brincar de jovialidad y frescura al andar. Todos se habían informado de la historia del joven, o al menos, lo que habían aprendido de oídas por sus compañeros. Pese a su experiencia, la sonrisa no se le difuminaba.

-Buenos días, Lebouf -saludó Richard McKing. -Pues ya estamos todos. Estos son Hermione Weasley, el antiguo Ministro Shacklebolt, el profesor Neville Longbotton y el auror Edward Whitehall.

El elenco de personajes tan distintos entre sí, pero tan volcados en su vocación que parecían salir del mismo boceto. Bastien Lebouf asintió y se sentó en frente de Whitehall.

-Le recuerdo de hace años, Whitehall -comentó con una sonrisa. -No ha cambiado nada. Sigue siendo parte de mi inspiración.

El excéntrico auror estadounidense soltó una carcajada. Se acarició la perilla y le miró con curiosidad.

-Tú eres todo un elemento extraordinario, en cambio.

-Yo solo soy las historias que escucháis -sus palabras gustaron a Hermione Weasley que sonrió a modo de aprobación.

-Compañeros, queda configurado el Comité sobre el Clan del Ojo, altamente confidencial y al que sólo pueden acceder miembros de máxima confianza.

-Somos pocos entonces -dijo con sorna Lebouf.

El Ministro se encogió de hombros.

-Algunos representan entidades y otros ideales. No estamos solo nosotros, si eso es lo que intentas decir -le contestó Shacklebolt.

-No era una queja -le sonrió. -Cuantos menos seamos, mejor.

-Así no se gana una guerra, jovencito -le reprochó Whitehall.

-Oh, Whitehall, el objetivo es no desencadenar una.

-¿Cómo pretendes hacerlo si ni siquiera conocemos a nuestro enemigo? -cuestionó Longbotton, siendo esta su primera intervención.

-Tienes razón, profesor. Pero por eso estamos aquí. Para poner las cartas en común y actuar. Usted mismo representa a una entidad. A Hogwarts. El lugar donde han introducido un basilisco. Donde están los nietos de McOrez. Donde, probablemente, se libre gran parte de las estrategias por parte de esos jóvenes. Aunque no lo queráis vosotros. Usted representa la resistencia más joven que aún no sabe a qué se enfrenta. Soy consciente de que McGonagall ya les ha advertido de que algo oscuro está por llegar. Usted representa a nuestros actores más jóvenes. A los que está observando y entrenando, ¿me equivoco?

McKing parpadeó atónito. ¿Cómo podía saber aquello Lebouf?

-Es inevitable pensar que esa es la estrategia de Minerva, Bastien -cedió Neville. -Es una mujer experimentada. Yo confío en ella.

Nadie dijo nada ante aquella afirmación.

-Y usted, Shacklebolt, usted lleva consigo toda la carga de los valores irrefutables de la Guerra. Usted es la esperanza reencarnada. Su opinión es valiosa en tanto que su experiencia determina su validez. -El Ministro no contestó. Bastien no lo esperaba. Giró su mirada hacia Hermione. -Y usted es la magia poderosa que necesitamos, el talento, la inteligencia y el raciocino. Usted es un factor clave en estos tiempos. Pero, sobre todo, en los que están por llegar. -De pronto, se giró hacia McKing. -Diría lo mismo de usted, solo que es Ministro y tiene más poder político.

-Estoy esperando su valoración sobre mí, jovencito. Parece que que es nuestro profesor.

-Oh, señor Whitehall. Usted ya sabe lo que opino. Eres el historiador, no un auror.

-Vaya, yo creía que era mi varita lo que causaba más interés.

-Al igual que ocurre en mi caso, señor Whitehall, está condenado a vivir rodeado de su historia y a luchar por lo que cree que ha aprendido de ella.

-¿Y usted, Lebouf? -le preguntó, con aire divertido, Neville Longbotton.

-Sí, yo soy historiador… Pero también soy algo más: conocimiento sobre el enemigo. Ya sabéis que no hay nadie fuera del Ojo que lo conozca mejor que yo. Vosotros seréis testigo de mi conocimiento. Los únicos.

-Creía que usted ya lo había dicho todo.

-Oh, señor Longbotton, ¿por qué cree que sigo vivo entonces?

-¿Por qué sigue vivo?

-Bueno, McKing decía que debíamos ser de su máxima confianza. Yo le he advertido que soy un poco complicado. Que veréis cosas de mí que no os gustarán conforme vayamos avanzando… Porque sigo dentro del Clan del Ojo.

Una de las cosas que más le gustaba a Rose Weasley era escribir cartas a sus padres desde Hogwarts. Solía alabar los avances en la tecnología muggle cuando estaba en su casa. No obstante, siempre había disfrutado escribiendo cartas. Había logrado una caligrafía elegante, circular y alargada. Siempre escribía sobre papel reciclado porque creía resucitar las palabras del papiro al convocarlas. Además, escribiendo con su puño y letra era como más desnuda y vulnerable se sentía. Ahí se veían todos sus errores, todos sus tachones, todas sus frases tachadas porque no se acomodaban a su discurso…Era como quitarle su velo de perfección y ver el borrador en sucio que realmente era. Y le gustaba así.

Un añadido inspirador era la chimenea de su Sala Común y el frío que comenzaba a azotar a finales de octubre los muros del castillo. Suspiró en voz alta. No tenía ni idea de cómo iba a decirle a su padre que estaba en el equipo de Quidditch como cazadora… Como Scorpius Malfoy. Intuía que ningún primo le había dado la noticia. Lo agradecía. Todos conocían a Ronald Weasley. Ella misma habría reaccionado de forma negativa de haber sido su hermano Hugo.

Hasta ese momento había escrito sobre su rutina, sobre las extrañas visitas a Hagrid de aquel año en el que les despachaba sin tomar té, del distanciamiento con Albus y Alice, pero a cambio su solidificación de amistad con Janet. Tampoco se había dejado atrás sus logros académicos. Y su rechazo a entrar al Club de las Eminencias porque no quería pertenecer a un club elitista que promovía la competitividad. Ni tampoco soportaba haber entrado por su apellido. Se lo debía a Malfoy, por muy poco que le gustase aquella reflexión. Más eso no se lo dijo a sus padres.

Sabía que sus tres páginas las leería su madre como si se tratara de una novela. Sabía que le contaría los datos más importantes a su padre. Y, posteriormente, se la ofrecería a Hugo. Su hermano probablemente habría entrado en el Club de las Eminencias con cuatro años por mérito propio. Aquello no le molestaba. Valoraba el talento de su hermano. Pero no concebía que su madre le exigiera tanto a ella para compensar. Sabía que Hugo era el hijo favorito de su madre. Lo había sabido desde hacía tiempo. Y eso le dolía porque admiraba a su madre y quería que ella pudiera admirarla a ella algún día.

-Pero, vaya, ¿qué tenemos aquí? -escuchó una voz que, con total seguridad, se dirigía a ella. -¡La cazadora de Gryffindor que le han dado el puesto por ser la prima de la capitana!

Nicholas Woods era insoportable.

Venía solo de fuera. Con ropa deportiva. Desde que Roxanne lo echó del equipo, su actitud hacia ella era intolerante. Sinceramente creía que iba a dirigir su odio a Scorpius, pero cuando comprendió que quizás Scorpius era bueno, se dio cuenta de que la otra candidata podría haber sido ilegítima de acuerdo con su propio criterio de Inexistente Instituto de Datos de Woods.

-Eres un hipócrita, ¿sabes? -le espetó en respuesta Rose. -Tú mismo fuiste elegido por tu padre la primera vez que entraste. Mi prima Molly siempre nos lo cuenta…«El hijo de Woods»… Ni siquiera sabían tu nombre.

Woods se giró hacia ella.

Rose pudo oír el rugido interior que sobresalía del pecho. Encogió los pies y se mordió el labio. Quizás debería haberse quedado callada.

-No juegues con fuego, Weasley… -Notó cómo se acercaba a ella con la mano en alto. Amenazante.

-¡Eh! ¿Qué ibas a hacer? -Peter Greenwood le gritó y se acercó a Rose, casi corriendo. -Vamos, Rose, llevo esperándote una hora.

La incorporó del sofá con ímpetu. Ella, descalza y confundida, se dejó arrastrar fuera de la Sala Común, con el bolígrafo y las páginas de su carta en la mano. Greenwood la llevaba fuera con decisión.

-¿Qué…Qué… haces? -entonces, volvió en sí. -¿Qué te pasa?

Peter la miró, ofendido.

-¡Te he sacado de ahí! Woods está como una cabra y no quería que estuvieses a sola… Además, parecía como si te hubiese querido hacer daño…

-Sé cuidarme solita -su determinación le abrumó incluso a ella. Más bien, su falta de modales. -Gracias, Perry. Es solo que…

-No pasa nada, Weasley, estoy más que acostumbrado a ti -el joven se encogió de hombros. -Vamos a salir a dar un paseo cerca del lago, ¿te quieres venir? Malfoy no viene porque está en la biblioteca y Alice creo que está con su padre. Somos solo Albus y yo.

Rose se miró las manos y los pies.

-Lo siento, tengo que acabar estas cartas y ponerme unos zapatos para ir a enviarlas… Yo… Otro día quizás…

Peter le sonrió. Como si hubiera adivinado su respuesta.

-Claro, no solo no te juntas con nosotros por Scorpius… Todavía te duele que sea el vecino muggle insufrible, ¿eh?

Rose se sonrojó. La imagen que estaba dando no se correspondía del todo con su personalidad normal.

-Bueno, has crecido un poco, supongo que eso disimula lo insufrible.

Entonces, el muchacho se rio.

-Si necesitas algo, me tienes como compañero de Casa, ¿vale?

No sabía que responderle. Solo se le ocurría algo de lo que después se arrepentiría.



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