Historia al azar: Mi Ángel Guardián
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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 13 de Enero de 2021, 10:53
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(II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)

Aquel iba a ser un gran año. Era su cuarto curso en el Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts y percibía una atmósfera especial. Se sentía embriagado por el éxito y lo había acogido en su fuero interno con ganas. Ya no era el bromista. Tampoco era el enrabietado. Aquel año, James Sirius Potter era el héroe que todos necesitaban.

En aquella mañana de septiembre, un tanto temprano para lo que estaba acostumbrado en verano, James se encontraba así mismo despertándose por el ruido de los ronquidos de su compañero de cuarto Carter Plummer. El joven Potter gruñó, se quitó la almohada que acomodaba su cabeza y se la lanzó para que dejara de roncar. ¿Cómo iba a ser el héroe que necesitaban cuando no le dejaban descansar? Había tolerado sus ronquidos todos aquellos años, pero ya era hora de que tomase la poción adecuada para ello.

-¡¿Qué ocurre?! -gritó Plummer asustado.

El culpable soltó una risa apagada desde su cama. Se incorporó, se desperezó y se dirigió a por su almohada. Le dirigió una mirada de reproche a su compañero de Casa y de cuarto. Carter Plummer, hijo de muggles, se había tirado toda su existencia pasando desapercibido, pero, a la vez, siendo uno de los primeros objetos de bromas de él y Fred Weasley. En sus ojos pudo ver cómo las primeras travesuras aún le hacían temer al joven Potter. Fue Susan Jordan la que les hizo ver el trauma que Plummer estaba pillando por su culpa.

-Estabas roncando y me has despertado, Plummer -le dijo James. -Te he tirado la almohada y ha funcionado, ¿te has dado cuenta? -sonrió, pero Plummer pareció no verle la gracia en su actuación. Bueno, James tampoco consideraba gracioso ser despertado por ronquidos que parecían que le iban a absorber.

-¿James? ¿Qué haces despierto? Son las seis, por las barbas de Merlín…

Fred Weasley también se había despertado y le asesinaba con los ojos entrecerrados.

-No podía dormir con los ronquidos de Plummer -contestó, despreocupado, mientras se quitaba la camiseta del pijama. Dejó la almohada encima de su cama. Plummer les dio la espalda para intentar coger sueño. James abrió su baúl mientras Fred se sentaba sobre su cama y le miraba extrañado. -Voy a salir a correr un poco. Aprovecharé que me he despertado tan temprano para focalizar tanta energía acumulada…

-¿Estás bien? ¡Son las seis, James! Dudo que alguien esté despierto…Además, las pruebas de Quidditch no son hasta la semana que viene…

James se rio. Se puso una sudadera que le despeinó el pelo castaño y miró a su mejor amigo.

-Sé que voy a ser el próximo buscador. No tengo un rival a mi nivel… ¡Ni siquiera el basilisco pudo conmigo!

-Orrgh, de verdad, James…-se quejó Fred. -Estás insoportable.

-¿Por? Simplemente digo la verdad.

-Estás muy pesado con lo del basilisco…

-No pasa nada, amigo, ya llegará tu momento de fama y fortuna -Fred se rio sarcásticamente mientras se llevaba las manos a la cabeza ante el comentario de su amigo.

-Buenas noches, mi héroe -se despidió Fred mientras se ocultaba debajo de las sábanas.

El joven se encogió de hombros. Se cambió los pantalones. Se puso unos zapatos más adecuados para correr por el Bosque Prohibido. Sí, pensaba correr por el Bosque Prohibido. Y no porque era más arriesgado. Sino porque… ¿Quién sabía lo podía encontrarse allí?

Bajó dando brincos a la Sala Común. Por supuesto, había gente que se despertaba a esa diabólica hora. ¿O era gente que no dormía? ¿Sonámbulos? Se percató de que eran alumnas de la edad de su hermano Albus. Habría reconocido vagamente sus nombres si alguien se los hubiera susurrado al oído, pues sabía que se habían convertido en su pequeño grupo de seguidoras. Susan y Rosan no eran particularmente amables con ellas. James Sirius Potter aún no entendía por qué, dada su extrema simpatía hacia él.

-Hola, chicas. ¿Qué hacéis tan temprano? -James las sorprendió detrás de la butaca de terciopelo rojo. Ambas se sonrojaron y se miraron entre sí.

El joven sonrió. Vaya, se habían quedado mudas ante su presencia. Debería ir acostumbrándose a aquello.

-Hay personas madrugadoras en el mundo, no sólo cuando tú decides serlo -le contestó la figura femenina que leía sobre el mullido sillón al lado de la apagada chimenea. Por supuesto, Cornelia Brooks era una de esas personas.

-Habíamos decidido ir a dar una vuelta antes de las clases… Porque nos gustaría entrar en el equipo de Quidditch este año…-la muchacha de tez oscura y pelo rizado se sonrojó entonces. -Pero hemos tenido un percance.

James se tensó. Pasó la mano por el hombro de la muchacha de tez rubia que se encogía sobre sí misma.

-¿Qué te pasa? ¿Necesitas algo?

-No, no, no me pasa nada. No es nada…

-Son cosas de chicas, James -le aclaró la otra muchacha mordiéndose el labio.

Entonces, James comprendió que quizás no debería seguir preguntando porque aquella situación era bastante incómoda para él. Supo en ese instante que cualquiera de sus primas le habría pegado un guantazo por lo que estaba a punto de hacer y le dio exactamente igual porque no estaban presentes.

-Bueno, entonces me voy yendo…Se me va a hacer tarde.

Hizo amago de irse y la muchacha de pelo rizado le detuvo cogiéndole del antebrazo.

-¿Te apetece salir algún día conmigo a dar una vuelta?

La forma en la que lo dijo parecía incitar a algo no amistoso. La observó mejor. Era guapa, eso lo sabía. Tanto ella como él. Además, le gustaba el Quidditch. Y era directa. ¿Qué le echaba para atrás, entonces? ¿Qué fuera dos años menor? Ni que fuera él mayor de edad para que fuera pederastia.

-Claro, podemos vernos un día en Hogsmeade.

Aquello le resultó gracioso a su amiga.

-Aún estoy en segundo curso…

-Oh, claro…

-Soy Camrin, por cierto. Camrin Trust.

-Sí, sí, ya lo sabía.

La muchacha entornó los ojos. Indudablemente intuía que la joven conocía su ignorancia. Pero, ¿qué le iba a hacer? Eran desventajas de ser popular.

 -Entonces, podemos vernos un día para robar comida de las cocinas y llevárnosla a la Torre de Astronomía, ¿te parece bien?

-Si no hay ningún basilisco que me lo impida, lo que usted quiera, Camrin Trust -le guiñó el ojo y salió pitando de la Sala Común.

Suspiró aliviado de estar lejos. Nunca, jamás de los jamases, había imaginado que su primera cita sería algo así. Siempre había esperado fuegos artificiales -figurativos o literales. No sentía mariposas en el estómago ni nada por el estilo. Quizás era el precio a pagar para ser un héroe. Al menos, Camrin Trust era una joven decente.

Comenzó a trotar por los pasillos para ir calentando y así no tener agujetas. Sabía que no lo haría pues había estado sin parar todo el verano. Su cuerpo se lo había recompensado con un físico envidiable. No obstante, intuía que aquel año iba a ser más complicado académicamente. Ya le había dicho su padre que no entendía porque había seguido con Adivinación.

Las hojas de un otoño prematuro comenzaron a caer sobre el suelo del Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts, cubriendo los árboles y el castillo de una capa dorada y crujiente. Y a Roxanne Weasley le encantaba hacerlas crujir. En su familia, siempre había sido la niña menos «delicada». Porque aquella era la descripción para todas sus primas. Eso era porque no conocían tan bien a Lucy. Ni habían visto a Rose en Hogwarts.

Por supuesto, el hecho de entrar en el juego de Freddy y James le hacía ganar puntos. Desde luego, los Weasley no estaban acostumbrados a tener mujeres en la casa. Y menos a mujeres que le gustaran las mujeres.

Aquel verano Roxanne le había dicho a su madre que tenía «algo» con una amiga. Su madre había entendido que aquel «algo» era amistad. Por las barbas de Merlín: vivían en el siglo veintiuno y aún tenía que gritar que era lesbiana para que la entendiesen. Y es que, si los muggles eran un tanto conservadores con el tema de la homosexualidad… Los magos eran aún peor. Sobre todo las familias tradicionales como la de su padre. «No se lo cuentes a tu padre todavía», le advirtió su madre. Pues, bueno, se lo contaría cuando estuviera casada y decidiendo adoptar a un hijo.

Aquella era una de las razones por la que Roxanne Weasley había comenzado el año irritida. Siempre podía confiar en su prima Lucy, la única que, sabiéndolo incluso antes de decírselo, la amaba hasta el infinito. Y no era la reacción normal. Es que era la única reacción que toleraba Roxanne.

Dejó caer abruptamente sus libros sobre la mesa de la clase. Su compañera, Lucy Weasley, aguantó la risa. Como solía ocurrir en clase de Historia de la Magia, llegó educadamente tarde -justo cuando la clase ya había empezado -para que así la clase se le pasara más corta. Y siempre se sentaba con Lucy en aquella clase. Incluso cuando la compartían con Slytherin y ella podía sentarse con Nott. Pero Nott estaba sentado con Louis en aquella clase. Y, para ser honesta consigo misma, jamás se sentaría con su primo Louis. Preferiría morir antes que sufrir su afrancesada presencia.

-¿Qué te ha pasado hoy, Roxy? Parece que te has peleado con el peine…

-Mira, no estoy para bromas, Lucy -ser borde era parte de su encanto. -Aún no le he dicho a Monique lo de que estoy con Knopf y no sé cuando hacerlo.

-¿Y por eso estás así?

Le recibió una mirada asesina que le causó una sonrisa de empatía. Roxanne suspiró. Obviamente no estaba así por eso. Lo de que su mejor amiga no supiera que estaba saliendo con Alexandra Knopf era un problema añadido. Pero no era el problema.

-Supongo que será que me he levantado con la antena torcida.

Lucy se encogió de hombros.

-Te entiendo -Pero era imposible que la entendiera. Ella tenía un cuento de hadas ante ella. ¡Estaba pillada por Nott! Era como cualquier película muggle de esas que hacían llorar a sus primas. -A mí Nott me dijo el otro día que le da miedo que esté con él por el morbo -susurró.

-Joder -exclamó Roxanne.

-¡Weasley! -le regañó el profesor Binns. Este se levantó y la señaló con el dedo. Lo que faltaba. -¿Se puede saber que ha dicho?

-He dicho «joder» -contestó ella, con desgana. No estaba de humor para lamerle el culo a los profesores.

El centenario profesor Binns se ajustó las gafas. Con toda probabilidad era la primera vez que aquello ocurría en su aula. La clase pareció despertar del sueño en el que le había sumido la parte de la historia que fuera que estuviera explicando en aquel momento.

-Pero… Pero… Señorita Weasley, ¿se puede saber a qué viene ese vocabulario?

Roxanne se lo pensó antes de contestar.

-A que los hombres sois lo peor -sentenció, incorporándose sobre la mesa y retando al profesor con la mirada.

Notó como, evidentemente, Nott se giró hacia Lucy y esta le pegaba una patada por debajo de la mesa. ¿Acababa de causar una posible ruptura? Pues ni lo sabía, porque, aparentemente, ni estaban juntos. En ese momento se alegraba de ser lesbiana. Los hombres siempre complicaban las cosas.

-¡Señorita Weasley! ¡Está usted expulsada de mi clase!

Roxanne cogió su libro, que ni siquiera estaba abierto, y asintió.

-Muchas gracias, no sabe cuánto se lo agradezco…

-Pero, ¡bueno! ¡50 puntos menos para Gryffindor!

La joven se dio la vuelta y se despidió de la clase, que atónita, escuchó su discurso de despedida:

-Recuperaré los puntos en el Quidditch, no os preocupéis, podéis seguir durmiendo.

La Madriguera se había quedado desierta. Las risas de los más jóvenes en el jardín, las peleas entre los primos por decidir quién había ganado el partido de Quidditch, las eternas conversaciones a medianoche y los gritos de guerra cuando la comida estaba lista se habían apagado. Era, quizás, lo más triste de septiembre para aquellos que la habitaban.

Ya quedaban pocas personas. Molly Weasley, que internamente prefería hacer todas las camas una y otra vez, insistió en que su hijo Charlie se quedara con ellos hasta su próxima misión. Arthur Weasley, jubilado de su puesto pero incapaz de quedarse quieto, iba y venía todos los días a Londres con la excusa de ver cómo estaba Ginny. Y Teddy Lupin.

Había sido, en realidad, decisión de Hermione Weasley que Teddy se quedara en la Madriguera. Pensándolo bien, era lo más sensato. Su abuela ya estaba demasiado mayor para ocuparse de una persona que tenía que buscar trabajo. Y la Madriguera tenía mejor conexión con los sitios a los que pensaba ir a tocar la puerta. Además, con su jovialidad animaba a Molly, a la cual habían diagnosticado algo hacía unos meses y necesitaba de alguien que le alegrase los días. Por supuesto, sus hijos eran demasiado cobardes como para hablar de ello y se lo dejaron todo al pobre Teddy. Pero este, más maduro que los que se hacían llamar sus tíos, era el cuidador ideal para Molly. Al fin y al cabo, era su familia adoptiva.

Aquella mañana, su sueño fue interrumpido por su padrino, el cual bramó su nombre al entrar al cuarto que el propio Harry Potter ocupaba en su juventud cada vez que había acudido a la Madriguera en busca de refugio.

-¡Ted! -el joven se sobresaltó y brincó sobre la cama. No obstante, incluso cuando sabía que se había despertado, se giró hacia otro lado e hizo como que no le había escuchado.

Harry Potter, algo mosqueado, alzó a Ted con la varita, lo elevó y lo obligó a sentarse, con la fuerza de la magia, sobre la cama. El muchacho le lanzó una mirada de cansancio.

-¿Qué quieres, tío Harry? -le preguntó, algo incómodo. Apreciaba a su tío, pero no sabía qué estaba haciendo allí, obligándole a despertarse de aquella manera.

-¿Por qué estás en pijama aquí cuando deberías estar en Hogwarts? -la expresión de su tío era seria.

-¿Qué dices? Hace años que me gradué…

Harry se le acercó y le interrumpió, cogiéndole del brazo.

-Te pareces mucho a tu padre, pero, en el fondo, tienes el espíritu de tu madre. Es algo que siempre te digo. Siempre que te contaba la historia de los Merodeadores…

-No hace falta que me la cuentes… ¿Qué quieres?

No le gustaba aquella sensación. Ya era la segunda persona de su máxima confianza que le obligaba a pensar en su futuro relacionado con la misma profesión que tenía su padre.

-¿Qué piensas hacer si no aceptas la propuesta de Minerva?

Ted se llevó la mano a los ojos y se los estrujó, como si así se sacase todo aquello de la cabeza. ¿No era demasiado joven como para decidir su futuro? Ojalá lo hubiera sabido antes para sacar mejor nota y entrar en las pruebas de auror.

-Iré a París con Vic.

-¿Y qué vas a hacer allí? ¿Vivir de lo que ella gane? ¿Es eso lo que quieres?

El joven suspiró.

-Claro que no.

-Tu padre habría querido que…

-¡Basta, Harry! -le espetó. -¡Ya no quiero esos consejos! Mi padre y mi madre están muertos, ¿vale? No sabemos lo que habrían querido… ¡A lo mejor les habría dado igual que vagase hasta encontrar lo que verdaderamente me gusta! ¿Qué prisa hay? ¡Maldita sea!

-Ted…

-No, Harry… ¡Tú no eres mi padre! Te quiero como si fueses uno y valoro mucho tus consejos… Pero… Pero no es justo que me digas lo que habrían querido ellos porque no lo sabes. No lo sabes. Y tú mejor que nadie deberías entenderlo. -Se hizo un silencio. -Oh, bueno, en realidad no… Porque a ti te lo dijeron todo. Era tu destino… Pero yo no soy «el niño que vivió», yo soy el «huérfano». Voy dando tumbos porque eso es lo que siempre he conocido, ¿vale? Doy tumbos todas las Navidades, de familia en familia que me acoge… ¡Y os quiero a todos! Pero tenéis que dejarme decidir… Y si aún no lo he hecho es porque pienso que ser profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras me va a recordar todos los días a que el mejor ejemplo que tengo es mi padre. Y nunca me va a poder aconsejar sobre cómo hacerlo mejor porque está muerto -Sus lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos como ríos caudalosos que no tenían fin. -¡Y claro que me gustaría ser profesor, Harry! ¡Claro que sí! ¡Hogwarts ha sido el hogar en el que no me he sentido nunca un intruso! ¡Defensa Contra las Artes Oscuras se me daba malditamente bien! Pero no tengo al instructor que quiero… -Sus sollozos le hicieron un nudo en la garganta. Por fin estaba soltando todo aquello que no se había atrevido ni a pensar. -Nunca les he conocido… Pero les echo de menos.

Sus sollozos se convirtieron en un llanto. Buscó los brazos de Harry que tantas veces le habían acompañado cuando se sentía solo. Su pecho se sacudía y no podía parar de visualizar el rostro de Remus Lupin y de Nymphadora Tonks. Sus mejillas sonrojadas, húmedas, se frotaban con la camisa de su padrino. Este apretó el abrazo.

-Te entiendo, Teddy. Yo también echo de menos a mis padres.

Los planes de ir a revisar si habían recibido alguna carta se deshicieron en cuanto al bajar a la Sala Común, Alice Longbottomm sacudió a Albus y le regañó acusándole de haberse retrasado media hora -justo el tiempo que tenían para ir a por sus posibles cartas.

-Oh, genial, pues tú respondes a mi madre por mí.

-Sabes que tu madre me prefiere a mí.

Albus no le contestó, pues muchas veces parecía cierto que Ginny Weasley sentía una especial predilección por la hija de su amigo Neville cada vez que tenían alguna disputa delante de ella. Pensaba, al principio, que se trataba de una forma de quedar bien delante de ella. Pero los padres de Alice no hacían eso con él. Ni su madre hacía eso con ninguno de los amigos de sus hermanos.

El joven Potter se ajustó la corbata cuyas rayas esmeralda y plata le recordaban día sí y día también que debía sentirse orgulloso por su ambición. Aquello seguía sin comprenderlo. Más ambicioso era su hermano James que él. Metió en su bolsillo las cartas que había escrito por la noche, pensando en ir entre clases a la lechucería, si encontraba algo de tiempo.

Al salir de la Sala Común, Alice musitó algo que no alcanzó a entender.

-¿Qué?

-Por Merlín, Albus, deberías ser un poco más discreto cuando se te quiere contar algo…

El muchacho se encogió de hombros. No obstante, se tensó cuando observó que Alice acababa de conjurar un muffliato entre ambos, conforme iban caminando. Con suerte, la magia de Alice había mejorado en verano y funcionaría. ¿Qué era tan importante que estaba tomando esas precauciones?

-Estoy cien por cien segura de que el hermano de Badmood…Frank, ¿no? -esperó a que Albus asintiera. Este aún sentía las sábanas pegadas a cara. -Albus, por favor… ¡Despierta! Es importante, ¿vale? Es …Nivel basilisco, ¿eh? -Entonces sus ojos se abrieron de par en par y su pulso se aceleró. Comenzó a andar más rápido mirando a Alice con impaciencia.

-¿Qué le pasa a Bamood? -preguntó, sonando más temeroso de lo que esperaba.

-Joder, Albus, que no te va a matar… Bueno… En realidad…

-¡Ve al grano, Alice!

-¡Era uno de los encapuchados!

Afortunadamente, tenían el conjuro de Alice y ninguno de los que se cruzaron con ellos camino al desayuno les escuchó.

-¡¿QUÉ?!

Por la expresión facial que puso Alice, justo aquella era la reacción que esperaba por parte de Albus.

-Sí, Albus, uno de los que nos lanzó Maldiciones Imperdonables tenía diez años… ¿Te lo puedes creer? Yo creo que tienen como un campamento militar para magos oscuros o algo… El Clan digo…

-Alice, espera, ¿estás diciendo que Frank Badmood estuvo en Hogwarts y que fue uno de los que nos atacó?

-Pero, Albus, ¿tienes algún problema auditivo? Eso es justo lo que te acabo de decir, sí. Para que luego me ocultes algo a mí. Yo te lo cuento todo.

-O sea, que por eso me lo cuentas…-Alice puso los ojos en blanco. -¿Y cómo lo sabes?

-Pues porque le vi la cara.

-¿Y los demás no? ¿No era también el que estaba atacando a Peter?

-Sí, pero se lo he dicho y me ha dicho que no se fijó en el rostro.

-¡¿Se lo has contado a Peter antes que a mí?! -aquello pareció ofenderle.

Alice se rio.

-Vaya, vaya, alguien está celoso…

-No, Alice, no es eso… Es…

-Sí, sí, mira cómo te has puesto.

-Claro, es que él lo pudo haber visto también -razonó Albus.

-Incluso así, es mi amigo, puedo contarle lo que quiera.

La Mesa Gryffindor les esperaba como todas las mañanas. Decidían ser de los últimos en desayunar para ir directamente a las clases. Aunque Alice se había opuesto a aquella decisión porque le parecía una guarrada no parar a lavarse los dientes -motivo por el cual solía llegar tarde a la primera clase.

Además, así ni Peter ni Scorpius coincidían en el desayuno con Rose Weasley, la cual parecía haber desertado de su compañía. Tanto Alice como Albus tenían que cuadrar su horario para poder quedar con ella, más parecía imposible en la mayoría de las ocasiones. Y, siendo sinceros, Rose estaba casi siempre en la biblioteca y los planes con Peter y Scorpius eran mucho más divertidos.

-¿Te has quedado dormido, Al? -preguntó Peter, mientras les ofrecía un bollo relleno de chocolate.

Alice lo rechazó, pues solamente se alimentaba de fruta, verdura y pescado. Decía que había que reducir el consumo de la carne pero ninguno de sus amigos le prestaba atención. Tampoco cuando decía que un abuso del azúcar les mataría lentamente.

-¿Cómo lo sabes? -respondió Albus, esperando un argumento basado en un razonamiento deductivo.

-Bueno -dijo Scorpius -Tu pelo está hecho un completo desastre. -Su mano pasó inconscientemente por su cabeza. -Solo arréglatelo un poco y ponte bien la corbata, tampoco es tan difícil. Claramente muestra tus intentos de arreglarte de prisa y corriendo.

Peter se rio y le dio un puñetazo cariñoso a Scorpius.

-Y también que Alice me dijo ayer que ibais a ir a por cartas antes del desayuno y no estabais allí… Y, por supuesto, Alice siempre es puntual.

Albus le lanzó una mirada esquiva a Alice y se sentó al lado de Scorpius, dejando el sitio en frente de ellos tres solo para la muchacha.

-Oh, no, Peter… Está celoso de que te cuento a ti las cosas y no a él…-se lamentó teatralmente.

-Es mentira, Peter. Es solo que me ha dicho lo de Badmood y ya sabes…

-Oh, ya…-dijo Scorpius. Fue inevitable que este aguantara la risa.

-¿A ti también?

-¡Es que yo estaba delante!

-¡Alice!

-Es que de verdad… ¡No te centras en lo importante!

Los tres se rieron mientras Albus se comía en silencio su bollo de chocolate y buscaba con la mirada la taza de leche. Le dio un sorbo en silencio ante la divertida mirada de sus amigos.

-Está claro que es importante para él…-murmuró Peter con sorna.

-Déjalo, Peter, está recién levantado -Alice le pasó una manzana a Peter. -Toma, para que entre algo con salubridad en ese contaminado cuerpo.

-¡Nunca!

Scorpius soltó una carcajada.

-Deberías comer sano, ¿eh? -le recomendó Malfoy. -Yo sí la quiero, Alice. -Conforme la cogía, se giraba hacia Albus, quien seguía desayunando en silencio con cara larga. -Mira, Albus -susurró. -Alice, me ha dado una manzana. A mí… ¿Te pone celoso?

Peter escupió el batido de chocolate al reírse y se desternilló junto con Scorpius. Alice se unió a ellos. Finalmente, Albus esbozó una sonrisa.

-Bueno, bueno, dejad la broma ya, ¿va?

Los tres asintieron y Alice cogió otra manzana y se la pasó a Albus.

-Prometo que no es por la broma, es por si quieres.

El muchacho negó con la cabeza y siguió mascando el segundo bollo de crema.

-Bueno -Scorpius, sacando su horario, les miró a todos. -Yo tengo Astronomía, Pociones, Defensa Contra las Artes Oscuras, Transfiguración y Encantamientos hoy… En ese orden. ¿Y vosotros?

-Menos mal que te tengo a ti -se alivió Peter, abrazando con efusión a Scorpius.

Albus y Alice se miraron. Habían decidido turnarse los días para aprenderse los horarios pero lo cierto era que ninguno se había parado a hacerlo. Por tanto, ni se habían traído el papel, ni se lo sabían con certeza.

-Puede que Herbología, Pociones, Defensa Contra las Artes Oscuras, Historia de la Magia y Encantamientos.

-¿Te lo acabas de inventar? -le preguntó Alice.

-Bueno, he dicho que es probable.

-Entonces tenemos segunda, tercera y última juntos…¡Y con Weasley las tenemos todas! -dijo Peter, metiéndose una tostada francesa en la boca. Alice alzó la ceja ante el comentario y los malos modales.

-Pues voy a empezar a creer que ese odio que tienes en realidad es porque te gusta, Peter…-comentó Albus, cuidadosamente.

-Venga ya, Albus, ¿esa es tu forma de devolver la broma? Desde luego tu hermano se llevó toda esa parte de la genética…

Hacía mucho tiempo que las relaciones entre los centauros y los humanos tenían una relación complicada. Las criaturas mágicas, cuya cabeza, torso y brazos aparentemente humanos estaban unidos a un cuerpo de caballo, estaban clasificados como bestias por el Ministerio de Magia. Y estaban descontentos por compartir ese estatus con arpías y vampiros.

Dominique Weasley había conocido, tras su inmersión en la manada que habitaba el Bosque Prohibido en el Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts, que, al igual que los seres humanos, podían ser de una variedad inmensa de colores de piel. Otra cosa, quizás aún más interesante, que había descubierto, era que no fue la única alumno que tuvo el honor de montarse a los lomos de un centauro: Harry Potter también lo hizo a los lomos de Firenze.

Firenze, un centauro hermnoso y apuesto, de largo cabello rubio y ojos azules muy claros, parecía ser el más tolerante de todos los centauros de la manada. En sus incursiones en el Bosque Prohibido, en las que ayudó a Bane, el centauro herido por el basilisco que no corrió el mismo destino fatal que Imelda, había sido Firenze el que la había invitado. Pese a que algunos de los centauros, sobre todo Magorian, era el más reacio a su presencia en su lugar sagrado, Ronan y Firenze siempre le hacían sentir acogida. En concreto Ronan, cuyo tono triste y tranquilo reconmovía el interior de Dominique, era el que más apego sentía hacia ella. Después de todo, además de llamarle «potro», había sido él quien le había permitido montar a su espalda.

La joven se sentía sumamente afortunada de haber logrado superar esa barrera de ocultación que tenían con objeto de evitar el contacto con magos y brujas. Así, había descubierto la colonia de veinte centauros que allí vivían. Decían que su presencia humana no les importaba, porque no era «ayuda», sino «compañía». A Dominique se le saltaron las lágrimas cuando Firenze le dijo aquellas palabras.

Además, su percepción en adivinación había mejorado gracias a ellos. Los centauros no usaban varitas, pues estaban versados en ese arte. Sin ir más lejos, Firenze había dado clases de Adivinación en Hogwarts, pero no quería volver puesto que se veía más necesitado en su propia familia. Ahora le daba clases a Dominique.

No obstante, aquellos encuentros eran absolutamente secretos. Cuando le permitían la entrada, Dominique se encontraba una pluma de una flecha debajo de la taza del café de su desayuno. Probablemente algún elfo doméstico la pondría allí avisados por Firenze. Entonces, sabía que ese día lo tenía libre para ir a visitarles. Mas ni siquiera podía decírselo a su tío Charlie. Incluso cuando este había ayudado en las curas de Bane durante el verano.

Al parecer, Dominique tenía algo especial que solo veían ellos.

-…y espero que me coja en el equipo porque no sé qué haría sin mí. Quitando a Potter, soy yo el que da reputación al equipo de Gryffindor. Voy a ser seleccionado para el equipo nacional. No sé ni cómo me planteo que vaya a sustituirme…¿Me estás escuchando, Dominique? -al escuchar su nombre la joven se sacó de su ensoñación. Miró a su izquierda, hacia su novio, hacia Nicholas Wood, y asintió. Claro que no le interesaba lo más mínimo.

Sonrió.

-No te preocupes, todo saldrá bien -le dijo, aun sabiendo que daba igual lo que ella dijera. ¿Qué era ella para Dominique? Pensó en los libros que a veces leía en verano y en la palabra «florero». ¿Era eso lo que sentía Victoire con Ted Lupin? ¿Su madre con su padre? ¿Podría haber una relación en la que una mujer no se sintiera un mero adorno?

-Por supuesto, no le queda otra. Sabe que ella es capitana porque yo dejo que ella sea capitana… Pero como vuelva a coger a Malfoy… ¿Qué se cree que es? Las cosas están bien como están. Es el camino que hay que seguir y punto.

Ella asintió. ¿Qué ocurriría si le llevaba la contraria a Nicholas? Nunca lo había hecho, pero muchas veces pensaba hacerlo. Las mujeres centauro lo hacían con los hombres. Sabía que su tía Hermione lo hacía constantemente. Oh, un ejemplo de un hombre adorno: su tío Ronald.

-Claro, Nick.

-Porque a mí me cogerán en el equipo y tú pues serás Medimaga...¿no?

Dominique frunció el ceño.

-Nunca he dicho que quiero ser Medimaga.

-Pues te pega. Además, con tus notas serás la mejor de San Mungo…

La joven se despertó por un momento. Aquello rozaba la intolerancia. Él podía hablar durante horas de todo lo que le preocupaba, de sus aspiraciones, de su ambición, de lo disgustado que estaba con su prima Roxanne, de lo guapa que era su hermana, de lo raro que era su hermano, de lo que profusamente odiaba a Ted Lupin… Pero los cinco minutos que ella hablaba de su vocación, ¿pasaban desapercibidos?

-Magizoologista, Nick. Quiero ser magizoologista.

La risa que se le escapó a Nicholas Wood ofendió a Dominique. Parecía que era la primera vez que escuchaba hablar de aquella profesión. No quería parecer indignada. No quería formar un mundo de aquello. Pero era para gritarle que le oyera de una vez.

Quizás, pensaba más de una vez, no se esforzaba porque, en el fondo, no sentía nada por él. Quizás el adorno era él. Y ella solo estaba deambulando. Como si su vida, en ese instante, fuese simplemente un periodo de prueba y no sirviera para nada. Porque, si se sinceraba, no sacaba nada de aquella relación. ¿Qué por qué no lo dejaba? Porque tendría que dar explicaciones a todo el mundo. Prefería mil veces huir de todo el mundo cuando saliese de Hogwarts, huir de su Nicholas, de sus primos, de las expectativas sobre ella, huir corriendo, descalza sobre el bosque, hasta dejar de esconder quien realmente era.

-No lo dirás en serio, ¿no?

-Totalmente en serio -su sonrisa sincera, amable y delicada no reflejaba su fuego interior. Podría ser actriz perfectamente. -Soy medio veela, pero quizás no lo recuerdes. Seré como mi tío Charlie.

-Pero tu tío Charlie… Todo el mundo se reía de él.

Dominique Weasley le miró, sorprendida.

-¿De dónde has sacado esa idea?

-Me lo dijo mi padre.

-Supongo que barajar el futuro político del país a través de las relaciones con las criaturas mágicas puede ser gracioso para las personas que no lo entienden…

-Vaya, cuando hablas así culto, pareces mucho más guapa.

Rodó los ojos y obvió el comentario.

-Cuando hablas así de necio, pareces mucho más tonto, Nick.

Al parecer, él se lo tomó a broma. Le besó los labios. Solo necesitaba ese año y otro más para escapar de él y de todo. Por ahora, tenía su refugio en los centauros.



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