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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


Toda su vida había escuchado al mundo quejarse de los franceses. Que si eran demasiado snob. Que si eran repelentes. Que si no sabían hablar otro idioma que no fuera el francés. Oh, y París era un desperdicio de ciudad. Todos sus rincones quedaban eclipsados por el balbuceo de unos parisinos riéndose de los turistas.

 

Pero no era así para Victoire Weasley. París era la ciudad de las luces que proclamaban los poetas bohemios. Todo el mundo cuidaba su acento y la mimaban como hija de la excelentísima Fleur Delacour. Era como si, para ella, el París del que había oído hablar perteneciera a un universo paralelo. Incluso el tiempo, un sol cálido que parecía demasiado tímido en Londres, era el protagonista de todos los días de septiembre.

 

Además, había conocido a magos y brujas interesantísimos, con estilo y sin los ropajes extraños que dominaban las calles londinenses. Incluso se preocuparon de aconsejarle en su entrevista sin nada a cambio. ¿Había encontrado Victoire Weasley su lugar en el mundo en la nación más odiada por el resto de terrestres? Probablemente. E incluso tenía sentido, en vista de que, en ocasiones, ella misma se había sentido la Francia entre los de su generación.

 

La Secretaria de un Alto Cargo del Ministerio le dio paso al despacho de un misterioso hombre del que poco había escuchado hablar. Sabía que era de origen nórdico, danés o sueco; y que estaba en Francia por sus lazos políticos con el Primer Ministro, Jean-Luc Bové. Sus recién conocidos parisinos le habían avisado de la arrogancia, del chirriante sonido de su voz y de sus inquisitivos ojos. Todo el mundo le conocía por Loring.

 

Victoire observó, por primera vez, a la alta figura con elegante porte que presidía aquel despacho. Su tía Gabrielle le había dicho que Loring parecía más joven de lo que realmente era. El olor a eucalipto que desprendía le embriagó. Sus ojos azules se posaron en ella mientras arqueaba sus cejas en consonancia con el pico de viuda de color cobre.

 

-Señorita Victoire Weasley Delacour -le extendió la mano, mientras su traje de chaqueta se ajustaba a su cuerpo. De no ser por lo intimidaba que estaba, Victoire lo habría encontrado atractivo. -Me presento, soy Laurent Offrett. -Victoire asintió. Sabía el nombre que utilizaba de manera oficial. Y también sabía que era completamente falso. No sabían nada de Loring, ni cómo había llegado a la cúspide del Ministerio francés en tan poco tiempo. Había sido algo que nunca les había preocupado. Hasta entonces.

 

-Encantada de conocerle, señor Offrett -concedió la joven.

 

¿Por qué el señor Offrett quería conocer a la próxima asistente británica del Primer Ministro Bové? No tenía ni idea. Pero sí que estaba claro que su apellido no ayudaba a que aquel hombre despertara su curiosidad sobre ella.

 

-Créame, señorita Weasley, el placer es todo mío -cogió su mano y la besó.

 

Fue entonces cuando quedó petrificada al contemplar el anillo que portaba aquella elegante figura: la circunferencia de un hipnótico ojo que le quitó el aliento.

 

A ninguno de aquellas dos elegantes figuras les gustaba aquel lugar. La razón no era porque estuviera localizado en un rincón inhóspito del planeta. Ni por las temperaturas bajo cero. Ni siquiera porque estuvieran condenados a habitar aquel lugar porque su grupo de actuación hubiese sido relegado allí. No. Aquellas no eran las razonas, pues ya habían sufrido condiciones peores en otras ocasiones.

 

El motivo era el elegido como cabeza de aquella unidad: Loring. Pese a que estuviera destinado en París durante un tiempo, solía acudir a su Palacio de Hielo casi todos los días para recaudar información de cómo avanzaba el grupo. Ninguno de los hermanos entendía por qué precisamente Loring había sido el recomendado por el Señor para ser el jefe de aquella unidad.

 

Había rumores, por supuesto. El más extendido era el hecho de que Loring no tenía apellido porque era bastardo, un hijo ilegítimo de Zahra McOrez, la mujer de Graham McOrez. Aparentemente, había sido aceptado y puesto en buenas posiciones como compensación por los affairs que había mantenido Graham durante todo su matrimonio. ¿Quién era el padre de Loring entonces? Muchos apuntaban a algún Lestrange, pero nunca se había confirmado nada de ello. Así, el Señor les había concedido el honor de que el más pequeño del Clan McOrez ocupara el Palacio de Hielo instaurado en la gran masa blanca de Groenlandia. Puesto que Graham McOrez había sido seleccionado como el Consejero del Señor, sus decisiones superaban cualquier jerarquía que podría haber situado a la familia Onlamein por encima de un bastardo.

 

Por esa razón, Octavio y Olivier Onlamein no soportaban estar allí, bajo las órdenes de un monigote mimado que ni siquiera les vencería en un duelo con ventaja. Sabían que no eran solo ellos los que no aguantaban la persona al mando de aquella unidad. Lo habían comentado con la mayor parte de aquellos que, obligatoriamente, debían habitar el Palacio con objeto de protegerlo: Theodore Higgins, el licántropo que en numerosas ocasiones había sido expulsado temporalmente por agresión física, Adolf Oppenheim -conocido como Montdark tras su fatídico destino en una misión -, Alexis Cross y Gwendoline Cross, madre e hija; y un largo etcétera al que le disgustaba Loring.

 

Afortunadamente, las órdenes que Loring dictaminaba no procedían de su propio ingenio. Era Tristán McOrez, el segundo hijo de Graham McOrez, el que se encargaba de liderar al equipo a través de su representante, su hermano bastardo. Por supuesto, a todo el mundo le encantaban las reuniones con McOrez en las que desacreditaba a su hermano y se mofaba de él.

 

Más, en ocasiones, las decisiones que se tomaban eran altamente cuestionables. En concreto, a Octavio y Olivier aún les reconcomía su actuación en el Bosque Prohibido. Reflexionaban sobre ello mientras creaban una poción para arpías para sus futuras misiones.

 

-¿No crees que de haberlos matado nos habríamos ahorrado un centenar de problemas? -decía Octavio -Sigo sin entender que se hayan centrado tanto en esas estúpidas profecías… Matándoles a todos habríamos solucionado todos los futuros problemas.

 

-Te equivocas, hermano -razonaba Olivier. -Se nota que ni siquiera te has leído las profecías… ¡Aún no sabemos quiénes son los protagonistas de ellas! ¿Y si, por error, matamos a alguien que nos vaya a servir?

 

-¿Y qué si lo hacemos? ¿De veras piensas que esos niños nos serán de utilidad? Son críos, Olivier…

 

-¿En serio vas a escudarte en la edad? Te recuerdo que degollaste a Milo Lohse con solo diez años… Y Cross es un prodigio con tan solo quince años.

 

-Bueno, bien podríamos haber eliminado al hijo de Malfoy… Ya sabes que nos ha rechazado y… Estoy seguro de que acabará mal -esbozó una sonrisa sádica.

 

-¿Van a tomar medidas contra Malfoy? -preguntó Olivier, dejando sobre la mesa un frasco con miedo a quebrarlo. -Creía que pertenecer al Ojo no era algo que viniese con castigo en caso de oposición.

 

Octavio le miró con intriga. Pese a ser exactamente iguales, en realidad, eran bastante diferentes. Mientras que él había degollado a su amigo de la Academia con diez años por robarle la varita, su hermano jamás había asesinado a alguien con sus propias manos -siempre utilizaba la distancia que prometía la varita. En el fondo, sabía que su gemelo no estaba hecho para lo que estaba por llegar, pero confiaba en que se adaptaría como todo el mundo debía hacer.

 

-Estamos empezando una guerra, Olivier. ¿No te has dado cuenta? No hay otra opción que no sea la nuestra… Y todo el que se oponga conociendo nuestros loables objetivos solo tiene un destino.

 

-¿La muerte? ¿No te parece demasiado drástico?

 

-Bueno, tú has leído las profecías, ¿no? ¿Qué les depara a los vencidos por los Oscuros del Ojo cuando la Nueva Era comience?

 

Su hermano suspiró.

 

-«La destrucción de su mundo tal y como lo conocen».

 

-Y, claro está, les daremos caza… -Octavio echó un líquido rojo que olía a sangre humana en su caldero. -Ahí es donde entramos nosotros, lo sabes, ¿no? Seremos los jefes de la Unidad de Rastreo -añadió con orgullo.

 

La puerta de la sala de pociones se abrió abruptamente y Adolf Oppelheim apareció, sin esperarse la presencia de los gemelos. Su rostro desfigurado aún les causaba repugnancia. Su petulancia les alejaba de su compañía. Su hosca actitud, en cambio, le hacía ser respetable.

 

-¿Dónde están los multijugos? -preguntó sin mirarles a los ojos.

 

-En el cajón izquierdo de esa estantería -Olivier le señaló el lugar con el dedo índice.

 

Montdark asintió. Sus pasos pesados se acercaron a la estantería y los hermanos miraron cómo aquella enorme figura cogía todos los frascos y los introducía en una bolsa de tela marrón.

 

El lobo de color negro, tan negro como la medianoche, se transformó fugazmente en un joven alto, corpulento y lleno de tatuajes que buscó una manta para cubrir su cuerpo desnudo. Su metamorfosis había sido elegante, parecía una ilustración darwinista de la evolución de las especies y eso lo había admirado su compañero que, tras su desastrosa transformación, se había sentado en un tronco de madera cubierto con una manta.

 

-No sé cómo no te dejan hacerlo en el Departamento -se sinceró Ted Lupin. -En serio, ¡sería todo mucho más fácil!

 

Alexander Moonlight se encogió de hombros y se acercó a su mejor amigo.

 

-Ya sabes cómo son los magos, Ted… Si tienes una ventaja sobre ellos, se sienten intimidados y te intentan encerrar en Azkaban -Ted, que creía que lo decía en broma, se rio. -Es verdad, Ted… No sabes la de malentendidos a los que me tengo que enfrentar día sí y día también por el miedo que le tienen a las criaturas mágicas que son medianamente civilizadas según sus criterios.

 

-¿A qué te refieres? -cuestionó Ted, alejado de todo el entramado político que se cocía en aquel momento en el Ministerio y, por desgracia, en el mundo.

 

Moonlight suspiró. Miró a su mejor amigo con cierta envidia. Probablemente Ted pensaba que ser auror era la caña y que sería como las películas mugggles de espías. Pero no era así. Además de incontables horas de oficina en las que le obligaban a redactar los informes del resto, Moonlight había descubierto todos los prejuicios que imperaban en el mundo de la Seguridad Mágica.

 

-¿Te acuerdas que el año pasado hubo jaleo con la revuelta de los vampiros? -Ted asintió, aunque desconocía los detalles del asunto. -Bueno pues resulta que, desde entonces, los vampiros son criaturas mágicas con un grado de peligrosidad más alto. O sea, por algo que hicieron unos tontos, pagan todos… Y mira que odio profundamente a los vampiros y detesto las reuniones con Aurel… Pero no deja de ser injusto.

 

Ted Lupin asintió. No sabía qué contestarle a su amigo, puesto que desconocía el mundo en el que su amigo estaba inmerso. Y Alexander lo sabía por lo que tampoco quería una respuesta. Le bastaba con saber que contaba con su amigo para lo que sea.

 

-Aún queda mucho para que el resto del mundo nos acepte a todos, Moonie -concluyó, no solo hablando de los vampiros, sino de ellos mismos.

 

-Desde luego…-Moonlight suspiró. -Pero bueno, a ti Vic ya te ha aceptado por completo, ¿no? ¿Ya está formalizada la relación? ¿Te han aceptado los Weasley franceses?

 

El aludido rio con nerviosismo.

 

-Sí, sí… Claro que me han aceptado. Y, claro, Vic sí… -Ted suspiró. -Pero me preocupa que ninguno tengamos claro que queremos, ¿sabes?

 

-Bueno, ¿no se había largado ella a París?

 

-Sí… Y, bueno, nos vemos menos por eso… Pero, ¿y yo qué hago?

 

Se formó un silencio de reflexión para ambos. Moonlight no sabía que decirle porque siempre le había insistido en que hiciera las pruebas de auror y, ahora que había visto dónde se metía, no se lo recomendaba en absoluto. Por tanto, se había quedado sin recomendaciones. No obstante, sabía que Ted siempre había querido ser como sus padres. Si no era como su madre, ¿optaría por el camino paterno?

 

-¿Y lo que te sugirió McGonagall?

 

-¿Dar clases en Hogwarts?

 

-Sí, tío, piénsalo… Vacaciones pagadas, un buen salario… Y encima vives en el mejor sitio del mundo. Es una pasada.

 

-La última vez no me decías eso.

 

-La última vez quería que fueses auror conmigo y… Ahora no creo que sea lo mejor para ti.

 

-Además, que con mis notas no podría…

 

-Bueno, sí, eso también.

 

-No sé, Alex, creo que Minerva espera que sea como mi padre y… Eso es una gran carga. No sé… No sé si sería lo mejor para mí, teniendo siempre la presión de que soy el legado del mejor profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras…

 

-¡Para! Pero bueno, los alumnos de ahora no conocían a tu padre… ¡Qué más da! Serás mil veces mejor que McMillan… Eso seguro. Y, entre los requisitos, no entra ser «buen profesor», porque te recuerdo las experiencias en el tema que tiene Hogwarts…

 

-Bueno, bueno, no me agobies… Ya lo decidiré.

 

-Te recuerdo que el curso escolar acaba de empezar… Deberías tomar una decisión rápido y te lo digo como tu mejor amigo, ¿eh?

 

Una de las cosas más esperadas al empezar el curso escolar eran los nuevos cotilleos. Y los antiguos. Muchos alumnos, que no mantenían el contacto durante el verano, esperaban ver en los pasillos su nueva fuente de inspiración para las conversaciones entre sus amigos.

 

Lucy Weasley sabía que ella estaba en el punto de mira aquel año. A finales de junio se había extendido el rumor de que ella y su amigo de la biblioteca, Christopher Nott, habían compartido algún que otro momento íntimo. Y así había sido. Pero, ¿estaban juntos como le había preguntado mil veces su primo Louis? Eso esperaba descubrir aquel día en el que la joven hija de Percival Weasley había quedado con Nott para hablar sobre su «lo que fuere».

 

Obviamente estaba nerviosa. Afortunadamente, no tenía que pensar en qué ropa ponerse porque tenía el uniforme… Por lo que toda su atención derivó en el pelo. Y, para evitar cualquier desajuste, decidió atárselo en una cola de caballo. Normalmente no se preocupaba tanto por su aspecto físico. Pero, quizás, era mejor centrar su atención en eso en lugar de los motivos por los que Nott solo le había mandado cuatro cartas en todo el verano y había rechazado su propuesta de verse en persona antes del comienzo del curso.

 

Tenía quince años y todo el derecho a estar nerviosa por algo tan absurdo. Sobre todo, teniendo en cuenta el contexto político y familiar que les envolvía.

 

Cuando avistó a Nott en la Torre de Astronomía, su corazón comenzó a latir a mil por segundo. ¿Había crecido o era su imaginación? Definitivamente no había pasado el verano en la costa, pues seguía igual de pálido que siempre. Se giró hacia ella, con su pelo negro azabache -que se estaba dejando largo -y sus ojos verdes que, normalmente, no le producían tantos retortijones en la barriga como aquel día.

 

-Hola, Weasley -y así fue cómo descubrió que no sabía modular una palabra sin miedo a tartamudear. -¿Cómo estás?

 

Ella entró en el mirador despacio. Como si fuese a quemarle con la cercanía a él. ¿Estaba siendo exagerada y su yo del futuro se reiría de ella? Evidentemente. Miró a su alrededor. Porque -¿quién sabe?- podía haber alguien y sentirse cohibida. Claramente estaban solos.

 

-Hola, Nott -¡Bien! Había conseguido decir su nombre sin echarse a llorar. ¿Cuál era su premio? Porque temía que si le abrazaba se derretiría como la Bruja de OZ. Cogió fuerzas e hizo todo lo posible para acelerar su despegue o accidente de aterrizaje. -Vayamos al grano, ¿no? ¿Tú qué es lo que quieres? Porque llevamos una semana en el castillo y hasta ahora no te has dignado a quedar conmigo…

 

-Lucy… -le interrumpió Nott con su calmada voz. -Creía que había sido claro en las cartas… ¿Qué quiero? No lo sé -Lucy se atragantó con su orgullo, porque creía saber la respuesta a esa pregunta. -Es todo muy complicado… Y, no sé, quiero que vayamos despacio para evitar caer en la tentación de que solo nos gustemos por el morbo de quienes somos.

 

Eso fue una bofetada gratuita. ¿Pero que se creía? ¿Qué estaban en una comedia romántica? Pues probablemente. Pero a ella no le gustaba Nott solo por su apellido y creía que eso era evidente.

 

-¿¡Pero cómo te atreves?! Que estoy contigo por el morbo…

 

-Esa es la cosa, Lucy… No estamos juntos, ¿vale? He tenido que negar ese rumor durante toda esta semana.

 

-¿Entonces no somos nada?

 

Lucy estaba roja como un tomate y Nott tenía ojos cansados.

 

-Simplemente… Vayamos despacio. Ni siquiera te conozco del todo… Me gustaría conocerte, Lucy, claro que sí -Nott se acercó a ella.- Y claro que me gustaría repetir los momentos que vivimos hace unos meses. No lo dudes, Weasley… Solo te pido que no te precipites.

 

La joven se alejó.

 

-Pero… Pero… No soy ninguna histérica, ¿vale? ¿Qué vayamos despacio? Me parece bien… ¡Pero no me trates como a una histérica!

 

-No he dicho que seas una histérica, Weasley.

 

Nott soltó una leve carcajada. La acercó a él y le dio un abrazo. ¿Qué Lucy se estaba derritiendo y pensando en una posible boda? Bueno, eso nunca lo revelaría.



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