Historia al azar: Usted se me llevo la vida
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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 2: De facto
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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(II) Capítulo 2: De facto

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)


Probablemente, aquello era un hito histórico. No había, en ningún libro que hubiese leído, ningún registro de un niño que hubiera recibido una carta de Hogwarts antes de tiempo. Las manos le temblaban. Sintió un sudor frío recorrerle la espina dorsal.

Afortunadamente, se encontraba solo en casa.  Sus padres habían  salido a almorzar con unos antiguos amigos del Departamento de su padre. Su hermana se había quedado unos días en la Madriguera para hacer compañía a su deprimente primo Albus. Después de lo ocurrido hacía solo unos meses, era de esperar que contratasen a una niñera solo para él. No obstante, tras reiterar que aquello se trataría de un grave insulto a su inteligencia, decidieron no llamar a la quinceañera Annette Furman. Hugo Weasley sentía que sus neuronas se suicidaban cada vez que oía su irritante voz.

Se llevó la carta al despacho de su madre. Consideraba que las comunicaciones oficiales debían abrirse en un espacio solemne. Ese momento, ora buenas noticias, ora un desdichado «lo siento», debía conocerse en un sitio donde, por ejemplo, su madre había sabido que iba a ser miembro del Consejo de Ministros de McKing hacía justo unos meses. Quizás simplemente quería absorber todas buenas sensaciones que irradiaron desde entonces.

Despegó la solapa con sumo cuidado. ¿Desde cuándo tenía tan poco pulso? Extrajo la carta poco a poco. Se detuvo a palpar la textura gruesa. Olía a magia, a ceniza y, quizás solo un poco, a té. La desplegó. Las letras de la directora McGonagall, en color negro tizón, rasgaban la textura conglomerada del papiro.

Tragó saliva.

«Estimado Hugo Granger-Weasley:

Es un placer para mí recibir las palabras de un joven tan valeroso como usted, que ha logrado vencer las fuerzas policiales a raya durante un mes, así como las mías propias. Es un honor que se dirija a mí con tan peculiar solicitud.

Su entrada al Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts sería un acontecimiento histórico de gran repercusión. Sin lugar a dudas, dado su talante, sus méritos, su intelecto y su ambición, usted lograría destacar como uno de los mejores pupilos que habría visto esta escuela.

No obstante, me veo en triste situación de deber rechazar su solicitud por orden del Ministerio. Dado que es usted un menor y no puede ser condenado por los hechos mencionados ocurridos en los meses de mayo y junio de 2018, el Ministerio ha considerado oportuno rechazar su solicitud de ingreso adelantado en el Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts.

Siento ser yo, fiel admiradora de su intelecto, la que le comunique esta noticia. Con el objetivo de compensar la sanción impuesta y, tras observar sus calificaciones y méritos muggles, junto con sus méritos a nivel mágico visibles por su hazaña, el cuerpo docente ha decidido que, cuando llegue su momento natural de ingreso en el Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts, se le adelantará un curso.

Espero que nos veamos en un año.

Un cordial saludo,

Directora Minerva McGonagall»

Hugo apretó los puños y refunfuñó. Sabía perfectamente que sector del Ministerio había propuesto aquella decisión.

Su prima Lily le había dicho que no era justo que a él no le hubieran castigado por lo que habían hecho, cuando había sido enteramente idea suya. Se equivocaba. Su castigo se amoldaba a la altura de su particular interés.

Los flashes le llevaban de vuelta al pasado y escocía como una herida abierta que no había sido curada del todo. El humo de la locomotora los separaba. Lanzaban preguntas que contestaba con monosílabos. Parecía que todo iba a cámara lenta. Y daba igual lo que dijera: al final lo tergiversarían para vender más periódicos.

Richard McKing había desarrollado un odio fundamentado hacia los periodistas. Quizás solo a los de El Profeta, puesto que eran los que más le atacaban en su esfera personal. ¿No entendían que sólo quería despedirse de su hijo? El andén 9 ¾ era un sitio público y el Hogwarts Express era el único modo de ir al Colegio de Magia y Hechicería, por lo que no se trataba de una forma de aprovechar el evento para hacer un meeting político. Era simplemente un padre que acompañaba a su hijo pequeño en su primer año en Hogwarts. Y que, para colmo, le hacía recordar que justo un año atrás había hecho lo mismo con su difunto hijo. ¿La gente no tenía ni una pizca de empatía?

Suspiró aliviado de que Greta, su ex mujer, no hubiese ido con ellos. Después de la depresión que la había mantenido alejada de todos y que les había conducido al divorcio tras la muerte de su hijo, no necesitaba la presión de los medios de comunicación. Apretó el brazo de su hijo Sebastian, cuyos ojos se posaron, temerosos, sobre su padre. Aunque él tuviera la custodia entera de Sebastian, sentía como si lo hubiera perdido en el trayecto.

Los rumores de que el Ministro de Magia fuera a dimitir eran falsos. Él no lo había dicho nunca en voz alta. Y, sin embargo, lo pensaba todos los días al volver a casa y ver que no conocía para nada a su hijo y que, de seguir así, lo perdería como a Rick.

Lanzó una bocanada de aire.

-¿Sabes a qué casa quieres ir, Sebastian?

-Papá, mis amigos me llaman Seb… -recalcó el muchacho, como si fuera algo que le hubiera repetido cientos de veces. El padre se disculpó con la mirada y siguieron avanzando. Richard buscaba a su fiel compañera Hermione Granger, con la esperanza de que los hijos de esta cuidaran de su hijo en el trayecto. Sebastian no era como Rick. Richard Jr. había sido seleccionado para Slytherin porque era ambicioso, codicioso y siempre quería salirse con la suya. Sebastian era todo lo contrario. Sebastian era más bien como su abuela Candace. -No sé, papá… Pero no sé si quiero ser Slytherin.

Richard se mordió el labio. Era consciente de que su hijo tenía un temor infundado por lo que podía suceder en Hogwarts. De hecho, su padre le ofreció la posibilidad de no ir, de seguir una educación muggle en su lugar. Sabía que no conducía a ningún lugar, pero, al menos, quería intentar mantener a su hijo menor alejado.

-No pasa nada, la Casa da igual... La Casa nunca va a determinar quién eres. Son solo prejuicios que se han ido formando por las personas que han ido saliendo de una u otra.

-Mamá dice que tú habrías sido Hufflepuff… Eso es bueno, ¿no?

El hombre rio. Greta decía aquello porque ella misma odiaba ser Hufflepuff. Siempre decía que era la casa de los que trabajaban mucho pero no conseguían ningún mérito. Para ella ser Hufflepuff era un insulto.

-Claro que es bueno… ¡Tu madre fue Hufflepuff!

El gesto de su hijo se torció. Su madre no estaba en el mejor momento.

-Tampoco sé si quiero ser Hufflepuff… Pero es que Rick decía que los Gryffindor eran unos creídos y los Ravenclaw unos repelentes. No hay ninguna Casa buena, papá -concluyó sabiamente su hijo.

-Entonces, puedes crear tu una Casa… ¿Hacemos una cosa? En cuanto te asignen una Casa y te cuenten su historia, me lo mandas en una carta… Pero también me dices qué te gustaría mejorar de tu Casa. Entonces… ¡Haces todo lo posible para mejorarla! ¿De acuerdo? Tiene que ser una promesa que vayas a cumplir… No te puedes quejar y después no hacer nada, así es como funcionan los malos políticos y tú…

-Yo soy el hijo del mejor político del mundo, papá -completó Sebastian con una sonrisa.

-Pero eso no lo puedes decir en voz alta, Seb -le guiñó el ojo y lo acercó para darle un abrazo. -Bien, mira, ¿ves esos pelirrojos de allí? -le preguntó señalando a Ronald Weasley, Hermione Granger y Rose Weasley. Su hijo asintió. -Esa mujer es amiga mía y te vas a ir con su hija en el tren.

-Pero, papá, yo puedo hacer amigos nuevos.

-¡Richard! -lo llamó Hermione.

Los flashes acudieron a ellos de nuevo. Por supuesto, aquella era la estampa de portada: los hijos de los héroes con el hijo del Ministro de Magia. Era una bonita forma de empezar el curso.

-Hola, Hermione -la abrazó con sinceridad, pues después de aquel verano era de las pocas personas en las que confiaba y podía llamar amigas.

-Hola, McKing -saludó con cierto recelo Ronald.

-Buenos días, Ronald -le concedió una sonrisa y se giró hacia Rose. -¡Qué morena te has puesto en Australia, Rose! -la joven se azoró. -Bueno, este es Seb. Es un poco tímido al principio, pero estoy seguro de que el Sombrero Seleccionador va a asignarle Gryffindor.

-¡Papá! No quiero ser un creído…

-¡Richard! ¿Qué le has ido contando de los Gryffindor? -rio Hermione.

-En realidad, señora Weasley, fue mi hermano -se excusó Sebastian, sonrojándose y escondiéndose tras su padre.

-Bueno, vamos, Seb, ¡hay que coger un compartimento! -Rose lo cogió por el brazo y se lo llevó corriendo sin dejarle tiempo para despedirse de su padre. -¡Adiós, papá y mamá! ¡Decidle a Hugo que lo quiero y que no explote el Ministerio por estar enfadado con mamá!

El alboroto era algo normal en aquel señalado día del calendario. King Cross estaba abarrotado por los niños que, por primera vez, se sumergían en el Mundo Mágico, entre miedo, nervios e ilusión. Lo cierto era que a los hijos de los muggles aún les costaba entrar en la estación y situarse dentro de aquel bullicio.

 

Con tan solo un año de experiencia, Scorpius Malfoy podía distinguir a los niños muggles de primero, de los niños de primero que ya conocían la magia. Era un pasatiempo entretenido que le extraía de su incómoda despedida con sus padres. Los Malfoy no eran cariñosos. Nunca lo habían sido. Y, aquel año, por pura magia, su madre le abrazó como si él fuera el último trozo de pan del universo. Se sonrojó y se aseguró de que ninguno de sus amigos estaba cerca para que pudieran burlarse de él después.

 

-Vamos, Astoria -apresuró Draco Malfoy.

 

-Cariño, haz lo que tengas que hacer si crees que es lo correcto -le susurró su madre al oído. Probablemente se refería a que sus mejores amigos fueran, por un lado, el hijo de Harry Potter y, por otro, el hijo de un muggle. Un cocktail que a su padre, incluso tras haber vetado a su abuelo, le costaba asimilar.

El joven asintió. Sin la bendición de su madre también lo habría hecho.

 

Cuando sus padres se hubieron ido, se despeinó un poco el pelo para no parecer el niño repelente que su padre quería construir y se desajustó un poco la corbata. Scorpius Malfoy era, más bien, un muchacho de doce años despreocupado. Repasó mentalmente la carta de Albus que le convocaba a Peter Greenwood y a él en el penúltimo compartimento para el reencuentro después de vacaciones.

 

Desde que formalmente eran sus amigos, Scorpius sabía que era prácticamente imposible quedar con ellos en ninguna de las vacaciones de Hogwarts. De hecho, para él Hogwarts era estar de vacaciones. En algún momento, Albus le dijo que su padre se había sentido así con sus tíos cuando era joven. Él se había reído por la comparación y ni quería imaginarse lo que pensaría su padre de aquello.

 

Sumido en sus pensamientos, ni se percató de que un joven de primero, por tener la capa que le dan a los de primero que aún no habían sido seleccionados, le cogió del brazo y le saludó.

 

-¡Malfoy! -el joven se quedó ojiplático. -¡Vaya! O sea que es cierto… Lo tenía que ver con mis propios ojos… Primero reniegas de la Casa a la que perteneces y después tu padre expulsa a tu abuelo de tu casa… Vaya panda de sin vergüenzas estáis hechos, ¿eh? Pero admiro tu disposición, ¿eh? Hay que tener mucho valor para hacer algo así…

 

-Frank McOrez… -arrastró el nombre como si se tratase de una maldición. -¿U os seguís llamando Badmood?

 

El muchacho de cabellos dorados y ojos verdes sonrió. No había soltado su agarre y lo apretó con saña.

 

-Ten cuidado este año, Malfoy -Scorpius se retorció, pues no creía que el muchacho fuese a tener tantas fuerzas. -Ya no nos andamos con tonterías.

 

Dicho esto, se marchó por el pasillo sin mirar atrás.

 

-Wow -exclamó una voz conocida a su lado. -¿Quién era ese?

 

Scorpius se dio la vuelta rápidamente y lo abrazó. Peter Greenwood se desestabilizó y soltó una carcajada. Ambos habían crecido y estaban casi a la misma altura el uno del otro, por lo que igual no notaban el cambio.

 

-Ese es un Slytherin idiota que nos va a hacer la vida imposible…

 

-¡Era en el penúltimo vagón! -se quejó un joven que vino corriendo a fundirse en un abrazo con ellos.

 

Los tres jóvenes, Albus Potter, Scorpius Malfoy y Peter Greenwood, se rieron y se soltaron del abrazo.

 

-Madre mía, sois unas peliculeras -comentó Alice Longbottom.

 

Scorpius y Peter corrieron a abrazar a Alice.

 

-¡Sabemos que es envidia, Alice! -se mofó Peter.

 

La muchacha soltó una carcajada y los separó. Los cuatro jóvenes entraron en el compartimento que, sorprendentemente, estaba vacío. Albus ayudó a Alice a subir su baúl y Peter y Scorpius pusieron los suyos debajo de sus asientos.

 

-¿Weasley no viene? -preguntó Scorpius a Alice.

 

-Su madre le ha encargado ser niñera del hijo pequeño del Ministro… Pero aparte no quiere venir si estáis vosotros dos… Ya sabéis como es -comentó Alice.

 

-Vaya, creía que después de combatir juntos a un basilisco nos habríamos unido o algo…-el sarcasmo de Peter transmitió una sonrisa entre todos. Desde luego a ellos les había unido.

-¿Y tu hermano, Albus? ¿Tampoco quiere saber nada? -Scorpius tanteaba el terreno, sabiendo perfectamente cuál iba a ser la respuesta.

-¿James? -Albus suspiró. -Está insoportable… Si antes era inaguantable, ahora más. De verdad, no os lo podéis imaginar. Ojalá alguien le bajara los humos…

 

-¡Puede pasar! -dijo Peter. -Scorpius, te puedes presentar este año a buscador y patear el trasero de James…

 

-¡Ni loco! -exclamó el joven. -Jamás se me ocurriría… Además, he estado practicando para ser cazador… No quiero que James me haga la vida imposible como el año pasado.

 

-¿Y tú, Albus? ¿Te vas a presentar?

 

El joven se encogió de hombros.

 

-Sí, pero habiendo la corrupción que hay en Slytherin a saber…

 

-¡Pero que gallinas sois! Si yo jugase al Quidditch, iría a por todas…-comentó Alice, metiendo cizaña.

 

Albus, Peter y Scorpius se miraron entre sí y se desternillaron.

 

-La condición es que sepas jugar al Quidditch y te recuerdo los quebraderos de cabeza que me diste el año pasado con la clase de vuelos…



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