Historia al azar: My Life Would Suck Without You
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La Tercera Generación de Hogwarts » (I) Capítulo 2: La bienvenida
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Jueves 21 de Enero de 2021, 20:22
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(I) Capítulo 2: La bienvenida

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones

Capítulo 2: La bienvenida

La enorme puerta se abrió de inmediato. Un mago alto, de cabello negro y una túnica del color del vino, esperaba allí. Tenía un rostro afable y sonreía a todos sus estudiantes con la seguridad de que aquel día sería el que marcaría sus vidas para siempre.

-Los de primer año, profesor Longbotton -dijo Hagrid.

-Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.

Rose Weasley observó cómo su primo Albus Potter le daba un codazo a Alice Longbotton. Seguramente habría hecho alguna gracia relativa al parentesco entre profesor y alumna: padre e hija. Solo aquellos que realmente conocían la relación lo dirían, ya que la hija no había heredado ninguno de los atributos por los que el noble Neville Longbotton era conocido. Muchos decían que era adoptada.

El padre de su amiga abrió la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grande que hubieran podido meter toda la Madriguera en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas como todas las que iluminaban algunas de las instituciones mágicas. El techo era tan alto que se perdía en la oscuridad. Frente a ellos, una magnífica escalera de mármol conducía a los pisos superiores.

Siguieron a la profesora McGonagall a través de un camino señalado ene l suelo de piedra. Rose podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un gran portón a la derecha, pero Neville Longbotton los llevó a un lado del vestíbulo. Se reunieron allí mirando con nerviosismo a su alrededor.

-Bienvenidos a Hogwarts-anunció el profesor Longbotton-. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco y, antes de que ocupéis vuestros lugares en el Gran Comedor, deberéis ser seleccionados para la Casa a la que estáis destinados.

-¿Crees que me cogerán en Hufflepuff?- preguntó en voz baja Alice Longbotton a Rose Weasley, la cual pareció levemente irritada al tener que desatender las instrucciones del profesor.

-¿Por qué no Gryffindor?- inquirió extrañada.

-Creía que tú eras valiente, Longbotton.- comentó Albus por lo bajini.

-Cállate, serpiente- contestó de mala manera Alice, aludiendo al posible destino del primo de su amiga.

-Te recuerdo que tú también puedes serlo- añadió Albus antes de que Scorpius y Rose le mandasen callar.

-La Selección es una ceremonia muy importante: las Casas en las que seáis elegidos serán vuestra familia en Hogwarts. Tendréis clases con el resto de la casa que os toque, dormiréis en los dormitorios de vuestras casas y pasaréis el tiempo libre en la Sala Común de éstas -Rose sonrió inconscientemente, imaginándose con el uniforme de Gryffindor.- Las cuatro Casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada Casa tiene su propia noble historia y cada uno ha producido notables brujas y magos. Mientras estéis en Hogwarts, vuestros triunfos conseguirán que las Casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la Casa que obtenga más puntos será premiada con la Copa de la Casa, un gran honor. Espero que todos vosotros os convirtáis en el orgullo de la Casa que os toque.

-Seguro que sí-resopló Scorpius.

Rose le miró atentamente. Mientras que ella sabía con certeza que estaba destinada a la Casa de Gryffindor, ¿tendría él la misma seguridad con Slytherin? Era un Malfoy. No podía ir a ninguna otra Casa. ¿Acaso juntarse con ellos le estaba suponiendo ser repudiado por los demás? Definitivamente aquella era la respuesta.

-La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de unos pocos minutos delante del resto de alumnos y profesores. Os sugiero que, mientras esperáis, os arregléis lo mejor posible.

-Lo dice por los pelos que llevas, Weasley -se rio un muchacho detrás de ella, que parecía haberla reconocido por el color distintivo que marcaba a toda su familia.

Se giró rápidamente para propinarle un guantazo, pero su amiga Alice le sujetó fuertemente la muñeca para que se controlara. Había reconocido la voz: Peter Greenwood, el hijo mago de los vecinos de sus abuelos maternos. Durante los últimos tres días, le había resultado una pesadilla, ya que sus padres eran muggles y no tenían constancia del mundo mágico. Por supuesto, Hermione Weasley se había ofrecido voluntaria -o más bien a su hija- para hacer de buena samaritana. Sus buenas intenciones no contaban con que aquel niño de ojos azules fuera un desagradecido que no dejaba de insultar y reírse de todo lo que veía.

El muchacho se acercó al improvisado grupo de cuatro que se habían juntado desde que se montaron en el bote.

-¿Cómo se las arreglan exactamente para seleccionarnos?- preguntó mirando a Neville Longbotton.

-Creo que es una especie de prueba. -mintió descaradamente Rose. -Dicen que es muy dolorosa...

Entonces, sucedió algo que hizo saltar a Peter Greenwood en el aire. Muchos de los que estaban atrás se agitaron y algunos incluso gritaron horrorizados.

-¿Qué cojones...?

Rose Weasley rio con suficiencia mientras una veintena de fantasmas pasaban por las paredes, con sus colores grisáceos brillantes y ligeramente transparentes, se deslizaban por encima de sus cabezas, casi sin percatarse de que estaban allí.

Casi no les dio tiempo de escuchar qué decían.

-Ahora, formad una hilera -ordenó la profesora a los de primer año- y seguidme.

Con  la  extraña  sensación  de  incertidumbre que rara vez sentía, Rose  se  puso  detrás  de  Scorpius,  con  Albus  tras  ella.  Salieron  de  la  habitación, volvieron  a  cruzar  el  vestíbulo,  pasaron  por  unas  puertas  dobles y  entraron  en el Gran Comedor.

Lo que ella siempre había imaginado distaba muy lejos de aquel lugar   tan   extraño   y   espléndido.   Estaba iluminado   por   miles   y   miles   de   velas,   que   flotaban   en   el   aire   sobre   cuatro grandes   mesas,   donde   los   demás   estudiantes   ya   estaban   sentados.   En   las mesas  había  platos,  cubiertos  y  copas  de  oro.  Podía ver numerosas caras conocidas: su prima Victoire en el último año saludando educadamente desde la mesa de los leones, sus primas Molly, en Ravenclaw, y Dominique, en Gryffindor, en quinto; sus primos Roxanne por un lado y Louis y Lucy que cursaban cuarto, y, por último, sus primos James y Fred. Sin contar a Molly, el resto de Weasley pertenecía a la Casa Gryffindor. Como los dos que estaban por llegar.

En  una  tarima,  en  la  cabecera del   comedor,   había   otra   gran   mesa,   donde   se   sentaban   los   profesores.   El profesor Neville   condujo   allí   a   los   alumnos   de   primer   año   y   los   hizo detener  y  formar  una  fila  delante  de  los  otros  alumnos,  con  los  profesores  a  sus  espaldas.   Los   cientos   de   rostros   que los   miraban   parecían   pálidas   linternas bajo  la  luz  brillante  de  las  velas.  Situados  entre  los  estudiantes,  los  fantasmas   tenían  un  neblinoso  brillo  plateado.  Para  evitar  todas  las  miradas,  Rose  levantó   la  vista  y  vio  un  techo  de  terciopelo  negro,  salpicado  de  estrellas. 

-Es  un  hechizo  para  que  parezca  como  el  cielo  de  fuera,  lo  leí  en   la historia de Hogwarts- oyó susurrar a Scorpius.

 Era  difícil  creer  que  allí  hubiera  techo  y  que  el  Gran  Comedor  no  se  abriera   directamente a los cielos.

Rose  bajó   la   vista   rápidamente,   mientras   el profesor Longbotton   ponía  en  silencio  un  taburete  de  cuatro  patas  frente  a  los  de  primer  año.  Encima  del   taburete    puso    un    sombrero    puntiagudo    de    mago.    El    sombrero    estaba  remendado, raído y muy sucio. Le picaba la cabeza solo de pensar si alguna vez en la historia se había lavado. O lo que era peor, si alguien había de aquellos individuos que irían por orden alfabético antes que ella -siendo ella de las últimas por tener su apellido la v doble-, tendría piojos.

Durante   unos pocos  segundos,  se  hizo  un  silencio  completo.  Entonces  el  sombrero  se  movió.   Una  rasgadura  cerca  del  borde  se  abrió,  ancha  como  una  boca,  y  el  sombrero   comenzó a cantar su canción.

Tras presentarse en versos, todo el Comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y se quedó rígido otra vez. El profesor Neville se adelantó con un gran rollo de pergamino.

-Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para que os seleccionen -dijo- ¡Arun, Kala!

Una niña de rasgos hindúes salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.

-¡HUFFLEPUFF!- gritó el sombrero.

-Bennett, Patrick

-¡RAVENCLAW¡- gritó otra vez el sombrero, y Patrick se apresuró a sentarse con una mesa de color azul y bronce que le recibía entre gritos de victoria.

-Coleman, Bárbara.

-¡GRYFFINDOR¡- y Bárbara se sentó al lado de James, en el sitio que este había reservado para su hermano.

-Driggs, Renata.

 

-¡SLYTHERIN¡- la mesa perteneciente a esta Casa estalló en aplausos y recibiendo a Renata.

Scorpius se aclaró la garganta y dijo en voz baja para que lo escuchara Rose Weasley:

-Toda su familia siempre ha sido Slytherin. Todos lo esperaban.

Rose se acordó de que la situación de su primo, él y ella era exactamente la misma. Todos esperaban que los hijos de los héroes fuesen a Gryffindor y que el Malfoy se quedase con su séquito de serpientes.

Giers, Paul fue a Ravenclaw, pero  Greenwood, Peter resultó el primer nuevo Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas. Rose no se podía creer que aquel inconsciente muggle tuviese aquel honor.

-            ¡Longbottom, Alice!- la llamó su padre. Rose le dio un apretón de manos cuando la joven salió de la fila para conocer su destino.

Se hizo un silencio bastante prolongado. Su amiga estaba cerrando los ojos con fuerza y parecía estar a punto de echarse a llorar.

-¡SLYTHERIN!- gritó el Sombrero ante el estupor de todos los presentes.

A Rose no le dio tiempo a estar demasiado tiempo con la boca literalmente abierta porque enseguida llamaron a otro niño al taburete.

-¡Malfoy, Scorpius!

Todos los ojos que se habían abierto como platos en el Gran Comedor y que interrumpieron los aplausos y vítores, se posaron en Malfoy con cierta curiosidad. Rose sabía que después de lo de Alice... ¿Todo podía pasar?

-¡GRYFFINDOR!- dijo el sombrero, ante la expectación de alumnos y profesores. Y probablemente del resto del mundo cuando se enterase de semejante noticia.

Rose se puso nerviosa. Su determinación se había esfumado por completo. Contempló cómo Scorpius no era bien recibido entre sus compañeros de mesa. Se sentó al lado de Peter Greenwood, quien le miró con cierto escepticismo... Incluso si no conocías la historia de la Magia, se podía notar la tensión en el ambiente.

Fue James Sirius Potter el primero en abuchear su presencia. Rose, instintivamente, miró a Albus. Éste estaba dando brincos de lo nervioso que estaba.

Ya mismo era el turno de su primo. McMillan... Nun... Perks....y, finalmente:

-Potter, Albus Severus-

Mientras su primo se adelantaba, los murmullos se extendieron súbitamente como fuegos artificiales y en seguida su nombre fue vitoreado.

-¡Slytherin!

Nadie tuvo tiempo de para la euforia que su presencia había causado. Los aplausos se confundieron al oír aquello y poco a poco cesaron. Se produjo un silencio lo suficientemente incómodo como para que Neville Longbotton tomase la palabra:

-Seguimos con la Selección, alumnos. -pidió.

Rose observó cómo todos sus primos, incluida ella, se habían quedado boquiabiertos. ¿Qué acababa de pasar? Pudo ver cómo Albus se sentó rápidamente al lado de Alice y era mirado inquisitivamente por todos y cada uno de los miembros de la Casa Slytherin.

Rose resopló.

Reagan... Torrance...

-¡Weasley, Rose!

Rose Weasley cruzó los dedos y se enfrentó a su destino.

-¡Dios mío! Os reproducís como las ratas...En Gryffindor, ¿eh?- dijo la vocecita -¿Estás segura? Tienes un gran potencial y hay otras Casas que admirarían ese cerebro tuyo. No hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estás segura, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!

Rose oyó al sombrero gritar la última palabra a todo el Gran Comedor. Se quitó el sombrero y anduvo, algo mareada, hacia la mesa de los leones. Estaba tan aliviada de que la hubiera elegido y que, al menos ella, cumpliera con lo esperado, que casi no se dio cuenta de que recibía los saludos más calurosos hasta el momento.

-Bien hecho, Rose, excelente -dijo pomposamente y con cierta teatralidad James Potter, por encima de Harry.

El profesor Neville enrolló el pergamino y se llevó al Sombrero Seleccionador.

Rose miró hacia la mesa de los Slytherin. Albus le devolvió la mirada con cierta seguridad en sí mismo que sorprendió a Rose tanto como la idéntica mirada que le dirigía Scorpius Malfoy. ¿Y si se habían puesto de acuerdo para cambiarse los papeles?

Una nueva generación que cambiaba todos los esquemas estaba a punto de conocer cuáles serían sus batallas.

Rose Weasley miró su plato de oro vacío.

Acababa de darse cuenta de lo hambrienta que estaba. La mitad del carrito de las golosinas que se había zampado se le antojaba cosa del pasado.

-Antes de que al señor James Sirius Potter se le ocurra arruinar nuestro banquete con algún producto de su tío George... Me gustaría dirigiros unas palabras.

Y así fue como la figura autoritaria de Minerva McGonagall comenzó el discurso que había tomado de los primeros años de Albus Dumbledure.



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