Historia al azar: almanaque magico mundial
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La Tercera Generación de Hogwarts » Epílogo: Resurgir de las cenizas
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 13 de Enero de 2021, 10:53
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Epílogo: Resurgir de las cenizas

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)

Epílogo: Resurgir de las cenizas

Le gustaba leer en voz alta un libro cuyas palabras tenía tatuadas en su mente. El Señor obligaba a leerlo a todo miembro del Clan. Decía que el escritor había sido un discípulo excepcional y que había puesto en papel todo aquello necesario para conseguir el poder que tenían y al que aspiraban.

-El arte de la guerra es una cuestión de vida o muerte, un camino que lleva a la seguridad o a la ruina -las palabras se perdieron en el susurro de Graham McOrez. Su melena blanca estaba recogida detrás de las orejas, acartonadas contra un rostro arrugado y sufrido. Sus ojos pasaron por toda la página. -Toda guerra se basa en el engaño.

Aquel primer capítulo introductorio de la obra de Sun Tzu era su favorito. Además, había decidido releerlo en aquellos instantes al ser un momento indicado. El capítulo se titulaba «Analizando los planes de guerra». Tras tanto tiempo inmerso en el Clan, creía incierta la idea de que algún día llegarían a salir a la luz todas las maniobras que ya estaban puestas en marchas desde hacía siglos para conseguir un objetivo que aún se escapaba de su exactitud.

Dejó el libro, uno de los primeros ejemplares impresos en Inglaterra, sobre el banco de piedra en el que estaba sentado. Miró al claustro gótico en el que se encontraba, dentro de un edificio de origen religioso de características europeas. Dejó salir una bocanada de aire de su boca. Lo habían llamado con urgencia. Había tenido que dejar que el té se enfriase en su apartamento en Bath para utilizar el transportador hacia las zonas más cálidas de Europa. Al Señor le inspiraba la campiña italiana y la había convertido en su hogar durante mucho tiempo. Incluso si sus súbditos preferían las tierras nórdicas y gélidas de Europa, él siempre les haría acudir a él y a su palacete italiano. Aquello era algo honorable a la par que inédito.

Sólo unos pocos, los más sagaces, los más hábiles con las palabras y los más inteligentes, habían sido los elegidos para una audiencia con el Señor. Debían ser sus soldados más fieles. Aquellos que más víctimas podían contar, cuanto más sonaran en los periódicos, más alabanza ganaban. Y, sobre todo, aquellos que hubieran hecho un gran sacrificio. Solían, además, ser los que más años llevasen empuñando su varita. Graham McOrez cumplía todos aquellos requisitos.

Paradójicamente todo aquel que habitaba aquel palacete de origen medieval no era mago ni bruja. El servicio era muggle. El único mago que allí residía era el Señor. Más, no siempre había sido así. De hecho, no hacía ni un año desde que el Señor decretó que los magos que allí vivían se marcharan y no volvieran a pisar el mismo suelo que él. Decían que era porque la magia que desprendían le recordaba a Lance, el que había sido su amante durante tanto tiempo y que falleció a manos de sus enemigos. Aquella había sido una medida drástica del Señor cuyo origen radicaba en su más sentido pesar y dolor por la ausencia de su amor. Aquello también había minado su temperamento, consecuencia directa de aquello era las represalias tomadas contra aquellos niños. No obstante, su desencadenada reacción no había sido tan grave como Graham esperaba, teniendo en cuenta que solo había saldado una vida. Suponía que el Señor quería seguir un plan prudente para que, hiciera lo que hiciera por un arrebato de agonía, las profecías con las que se obsesionaba se cumplieran.

Una mujer vestida en un ábito religioso de color oscuro se acercó a él sin mirarle directamente a la cara. Procedía de la sala a la que Graham esperaba entrar, un tanto impaciente. La mujer se detuvo ante él. Entonces, sabiendo que probablemente aquella monja tuviera un voto exhaustivo de silencio, el hombre se levantó, tomó el libro, lo guardó en el bolsillo de su chaqueta y se dirigió a la sala con la monja pisándole los talones.

Ante él, se encontraba la Sala se encontraba que albergaba algunos de los secretos mejor guardados del mundo mágico. Entre ellos, el Señor.Sus rasgos eran diferentes a los que recordaba de su última audiencia. No sabía si era porque su memoria comenzaba a fallar o por el hecho de que, efectivamente, las cuencas de sus ojos estaban más hundidas, su piel aún más blanquecina y su larga melena había menguado en volumen. Graham entendía perfectamente que podía tratarse de los efectos secundarios de haber perdido al amor de su vida cuando aún le quedaba por vivir. Y, además, sabía que no era ningún capricho de su mentor, como en otras ocasiones había ocurrido, porque él mismo se había asegurado de hacer el encantamiento de Fati Filum Rubrum para concluir que se trataban de almas conectadas.

-Buenos días, Alteza -hizo una breve reverencia con la cabeza, mientras la delgada figura se pasaba por los haces de luz que se infiltraban a través de los ventanales. -He venido en cuanto me avisaron de que me había llamado. ¿Para qué me necesitaba?

Un silencio le recibió. Observó que el Señor estaba contemplando un cuenco de cenizas que tenía encima del escritorio de roble oscuro que presidía aquella sala con determinación. Sabía que el Señor calibraba milimétricamente sus palabras para gastar el menor ápice de respiración en ellos. También sabía que quizás se sentía avergonzado por el arrebato de locura que le ofreció la última vez. Era un tiempo difícil para el Señor. Y aún, si quiera, había comenzado a mover sus piezas más importanes.

-En efecto, McOrez, por eso te he llamado. Voy a empezar a mover piezas y necesito un guardián que las dirija por mí. Serás tú, dados tus méritos y reputación. Pero, a partir de ahora, no escatimes con la varita.

-Muchas gracias, Alteza. No le defraudaré -respondió con una reverencia McOrez.

-Ya sabes qué es lo que quiero. Hazles sangrar hasta que lo tenga en mis manos. Haz la guerra. Desata todos los males, desencadena a las bestias y arrojáles maleficios que les destruyan el alma.

Entonces, una llamarada nació del cuenco de cenizas que el Señor tenía ante él. Este se mostró impasible. Sus ojos reflejaban el fuego del que, poco a poco, aparecía la figura de un fénix de color bermejo, una criatura menuda, apenas sin plumas, que se alzó ante los presentes como el fenómeno natural tan extraordinario que era.

Su canto de recién nacido, como decían las leyendas, infundó valor en el corazón de Graham McOrez para la misión que le habían encomendado.

Recordó las palabras del autor japonés: «Cuando estemos capacitados para atacar, debemos parecer imposibilitados para hacerlo. Cuando estamos usando fuerzas, debemos parecer inactivos. Cuando estamos cerca, debemos parecer lejos. Cuando estamos lejos, debemos hacerle creer que estamos cerca. Muestre seuelos para incitar al enemigo. Finja desorden y… aplástelo».

 



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