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La Tercera Generación de Hogwarts » Estúpidos e imprudentes
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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Estúpidos e imprudentes

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)

Capítulo 24: Estúpidos e imprudentes

Nunca antes había sentido tanta adrenalina en tan poco tiempo. Su corazón palpitaba a mil por hora. El sudor frío cubría su frente. Sus jadeos, los sollozos y los conjuros se entremezclaban en una neblina de sentimientos que eran difíciles de descifrar.

Particularmente eran las miles de agujas que se clavaron por un instante en su cabeza, en su torso, en sus brazos y en sus piernas.

Y que la dejaron paralizada.

Alice Longbottom jamás había pensado que sentiría tanto dolor.

Tampoco se le había pasado por la cabeza que sería capaz de sostener la espada de Godric Gryffindor. Sobre todo, siendo Slytherin.

-¡Protego! -conjuró Peter Greenwood a su lado, tan desconcertado como ella. Acababa de salvarle de algún maleficio que ni ella conocía. Otro que quizás le habría hecho sentir peor.

Le miró con agradecimiento, dentro de su estado de shock.

Y volvió a la realidad.

Estaban rodeados.

Y los centauros se habían marchado detrás del basilisco.

Un hombre con la cara desfigurada, la mandíbula desencajada, el pelo grasiento y olor a putrefacción había sido el responsable de traer hacia ellos al basilisco. Fue el primero en lanzar un maleficio que rápidamente contestó Scorpius Malfoy. Después, gracias al aviso de James Potter, se prepararon para los tres encapuchados que les esperaban a sus espaldas.  Dos de ellos eran hombres. Sombras idénticas que se movían con gracia alrededor de los jóvenes, lanzándoles hechizos que causaron una hemorragia en el abdomen de Rose Weasley y que abrieron una brecha en la mejilla de Albus Potter. La otra figura encapuchada pertenecía a una mujer. Lo sabía porque había visto su cabello rubio asomar a través de su capa.

Fue entonces cuando Alice le dijo a Albus que se fuera en busca de su hermano, quien había hecho desaparecer al basilisco detrás de él. Y Alice le cubrió las espaldas. Y recibió un Cruciatus de aquella encapuchada.

Sus lágrimas caían sin poder hacer nada para evitarlo.

Peter Greenwood se había posicionado a su lado. Probablemente el joven ni siquiera sabía cuál era el hechizo imperdonable que le habían lanzado a la muchacha. El Gryffindor de cabello dorado la miraba de reojo e intentaba esquivar los hechizos a duras penas.

-¡Expelliermus! -conjuró en vano Peter Greenwood para desarmar a la mujer.

Alice tembló cuando la mujer arremetió con otro conjuro del que nunca había escuchado hablar.

Peter Greenwood salió volando por los aires y estrellándose contra un árbol, cuya copa se sacudió haciendo caer las hojas que acababan de brotar.

La joven Slytherin buscó amparo en el resto de sus amigos.

Rose Weasley sostenía su varita con una mano y se defendía de una de las figuras que jugaba con ella a lanzarle dagas mágicas. Poco a poco, su cuerpo se iba desmoronando y postrándose sobre sí misma. Scorpius Malfoy mantuvo su posición frente a la figura gemela e incluso logró lanzarle algún hechizo certero. Cornelia Brooks desafiaba a base de hechizos de protección los conjuros que lanzaba el hombre de la cara desfigurada.

Alice Longbottom miró de nuevo a la figura femenina que se postraba sobre ella y vio un brillo en los ojos que reconoció de sus peores momentos en la Sala Común.

Atabraquium! -conjuró una voz salvadora detrás de la encapuchada.

Albus Potter salió de entre los árboles seguido de su hermano mayor. Alzaba la varita e iba en busca de confrontar a la figura que había dejado paralizada con el hechizo.

De repente, un encapuchado que se apareció al lado de Alice Longbottom evitó la colisión de la paralizada con Albus al cogerla del brazo y desaparecer en el aire con ella.

Albus y Alice se miraron. Sin respiración.

Alice había dejado de sentir dolor, más los estragos seguían. Probablemente al desparecer aquella mujer, también desaparecía su hechizo de tortura.

-Vamos -dijo Albus para ayudar a que se incorporara.

Esta lo hizo lentamente, aun sintiendo cómo su cuerpo se retorcía en sus entrañas. Albus la acogió en sus brazos. Peter Greenwood se acercó, cojeando a ellos.

-Braquiam Emendo -conjuró con seguridad Alice Longbottom hacia el tobillo del que le había estado protegiendo. -Esto debería arreglar tu cojera.

-Hay que ayudar a los demás -sentenció Albus, quien había cambiado su semblante a uno de más seriedad.

-¿Y el basilisco? -preguntó Peter jadeando y siguiendo a Albus a apoyar a su prima Rose y a James Potter.

-¡Petrificado! -anunció James, intuyendo que el resto iba a escucharle.

Se hizo un silencio.

-¡¿QUÉ?! -bramó el hombre de la cara desfigurada. -¡¿CÓMO TE ATREVES A PETRIFICAR A MI PEQUEÑA?!

El hombre arremetió un empujón a Cornelia Brooks, quien, sin poder hacer nada frente a la fuerza física, cayó de bruces al suelo. El hombre de pasos de elefante se acercó a James Potter, quien no dudó en desafiarle con la mirada de arrogancia que tanto le caracterizaba.

-¡Montdark! -pareció avisarle el encapuchado que arremetía contra Scorpius Malfoy. El joven Gryffindor alzó la varita hacia su contrigante por si pensaba acercarse a él. -¡Detente! No hagas ninguna estupidez, solo hemos venido a asustarles. No debemos causar ningún daño…

-¡AVADA KEDAVR….!

-¡Expelliermus! -la voz que hizo saltar la varita del mencionado Montdark por los aires venía del cielo. Literalmente.

Roxanne Weasley, subida en una escoba, apuntaba a Montdark con su varita y le miraba con un odio que superaba con creces el que se veía en el dueño del basilisco.

-¡Bombarda! -conjuró otra voz que, también subida en escoba, daba apoyo aéreo al encapuchado que amenazaba a Rose Weasley, destrozando un árbol que se interpuso entre la presa y el depredador.

Otros tres encapuchados se aparecieron al lado de la figura encapuchada que había quedado dividida por el árbol. Era la figura femenina y el que había acudido a salvarla junto con una figura más.

-¡Ya vienen los profesores! -anunció Roxanne Weasley.

Hubo un momento de tensión en el que ninguno hizo nada.

Los tres encapuchados recién aparecidos comenzaron a correr en dirección contraria al castillo, adentrándose aún más en el Bosque Prohibido. Las otras dos figuras gemelas siguieron aquel movimiento.

Montdark se acercó aún más a James Potter. Ambos se sostenían la mirada. James vio unos ojos inyectados de sangre que acudirían a sus peores pesadillas.

-Recuérdeme, James Potter, porque haré que sufras.

Dicho esto, se marchó a pasos agigantados hacia donde se habían marchado sus compañeros.

Poco a poco, fueron despareciendo de su vista

El suspiró de Alice Longbottom pareció transmitir una sensación de paz.

Rose Weasley comenzó a gemir de dolor y Scorpius Malfoy, que, en ese momento, se encontraba cerca de ella, se agachó para asistirla. Contempló cómo su uniforme se había manchado de la sangre que brotaba de su abdomen. Su clavícula también había sido rasgada. Así como su labio inferior.

Scorpius se quitó su sudadera de Quidditch y se la tendió a Rose.

-Toma, aprieta con esto la hemorragia.

La joven asintió y obedeció.

-¡¿Cómo se les ocurre, imprudentes?! -vociferó Minerva McGonagall al llegar al lugar de la pequeña batalla.

Hogsmeade tenía un camino que, a través de una senda que bordeaba el Bosque Prohibido, llegaba a Hogwarts. Era su último tramo del paseo a la victoria. Ya podía saborear el olor a magia. Podía oír los conjuros. Ver a los fantasmas en los pasillos. Oler las pociones recién hechas. Sentir el poder de la magia en sus manos. Hugo Weasley estaba a unos kilómetros de su meta.

Tras haber cruzado las montañas rasgadas de Escocia y sentir el frío viento del Norte, lo habían logrado.

Les quedaban horas para llegar a Hogwarts.

Lily había tenido sus momentos de arrepentimiento. Decía que se había alargado su trayecto y que sus padres estarían muy preocupados. Incluso la había pillado intentando convocar un Patronus con la varita de Hugo. Por suerte, Lily no era tan avanzada como él en la magia.

-Mira, Hugo, parece que viene algo hacia aquí.

El joven entornó los ojos para ver mejor.

Estaban en el camino que conducía a Hogwarts y habían elegido esa tarde de finales de mayo para no pasar mucho frío al lado del lago. Los árboles cada vez eran más altos. Le había prometido a Lily que no cruzarían a través del Bosque Prohibido, aunque, si era honesto consigo mismo, desconocía donde empezaba el Bosque y donde acababan aquellos árboles.

En efecto, un tumulto de una media docena de personas se acercaban apresuradas en su dirección.

Hugo por poco se atraganta con su propia saliva al ver que se trataban de encapuchados.

-¡No digas nada! -le ordenó Hugo.

Los encapuchados se detuvieron a unos metros de ellos, desconcertados por su presencia allí. ¿Serían alumnos? Por la altura y la corpulencia del último miembro del grupo, lo dudaba. A no ser que fueran de último año y que parecieran muy mayores.

-Vámonos -ordenó una voz gutural que salía del más rezagado. Este no llevaba capucha y su rostro sobresaltó a los niños.

El hombre pasó por su lado como si nada, seguido de los demás.

Los niños se quedaron paralizados del miedo.

Una figura alta y esbelta agarró el brazo de Lily.

-¡NO! -sollozó esta.

Otro encapuchado, de menor altura, pegó un empujón al que había hecho el agarre.

-No es el momento -le imperó.

Acto seguido, desaparecieron todos esfumados en el aire.

Lily rompió a llorar.

Hugo la abrazó en seguida.

Habían sido unos estúpidos.

Quizás, después de todo, aquello había sido una mala idea.

Unas figuras se aparecieron ante ellos, rodeándoles.

Hugo se mordió el labio. ¿Era ese su final? Cerró los ojos. Ni siquiera habría conseguido nada en su vida. Quedaban tantas cosas por saber…

-¡Hugo Weasley! -la voz de su padre le sobresaltó. -¡Estás castigado de por vida!

El Departamento de Seguridad Mágica no era, en aquel instante, un sitio acogedor. Habían recibido quejas de padres de alumnos de Hogwarts exigiendo explicaciones sobre el suceso. No paraban de dar declaraciones a la prensa sobre lo controlada que estaba la situación y cómo no había ningún altercado digno de mención. También habían aceptado audiencias con aurores extranjeros para colaborar por la seguridad mágica internacional. Las oficinas estaban desbordadas. Los aurores habían sido mandados a proteger el tren de vuelta de Hogwarts y a asegurarse de que todos los alumnos llevaran a sus casas una carta de apaciguamiento y de garantía de seguridad por con la letra del Director del Departamento.

-Es uno de los peores momentos desde la Restauración, Moonlight -comentó Harry Potter, jefe del Departamento, en el primer día de trabajo de Alexander Moonlight, el primer lincántropo en ser auror. -Pero me alegra saber que hay jóvenes como tú, capaces de desafiar los antiguos estándares y apostar por un mundo mejor.

Alexander puso los ojos en blanco, pero, cuando la mirada de Potter se posó sobre él, asintió con vehemencia. Le habían prometido que Ronald Weasley, el hombre que le instruyó los primeros años en la Academia, estaría allí aquel día. No obstante, se había retirado. En su lugar, tenía el honor de ser guiado por el héroe de Inglaterra: Harry Potter.

Quizás el hecho de que todo el mundo lo hubiera pintado de forma tan legendaria hizo que aquel hombre de estatura baja, sonrisa humilde y gafas empañadas, le decepcionara y no alcanzara la idea de leyenda que tenía en mente. Su mejor amigo, Ted Lupin, hablaba de él como si fuera un padre. Sinceramente, no era para tanto. Él mismo le sacaba dos cabezas y tres cuerpos. ¿Cómo podía ese endeble hombre haber acabado con el Mago Oscuro?

-Oh, Potter, veo que estás enseñándole a Moonlight la oficina…-comentó Alicia Spinnet, la que, según había oído, había sido compañera de Casa de Harry Potter en su estancia escolar. -Shacklebolt te estaba buscando. Puedes llevarte a Moonlight, seguramente será por el tema de Hogwarts.

-Claro, Spinnet -cedió Harry alegremente.

Moonlight sonrió. Justo lo que quería: una reunión.

El joven se había apuntado por la adrenalina. Secretamente se había alegrado de que las cosas no estuvieran tan calmadas y le delegasen a un despacho todo el tiempo. Aunque sabía que su primer año consistiría justo en eso.

Ambos se dirigieron al despacho de Harry Potter.

Había escuchado que el antiguo Ministro, pese a estar retirado y jubilado, seguía siendo el Jefe de aquel lugar. Aquello le hacía pensar que la autoridad de Potter era ficticia. Igual que su puesto allí. Era cierto que había sido un héroe. Que ninguno habría estado allí de ser por él. Pero también era cierto que le regalaron el puesto de auror y eso a Moonlight, personalmente, le molestaba.

-Vaya, nuestra cantera viene con ganas -fue la bienvenida de Shacklebolt.

-No es muy hablador, pero le aseguro que sus pruebas fueron excepcionales… El tribunal dijo que no había visto algo así desde…

-¡Nunca! -interrumpió Shacklebolt. -Nunca hemos tenido el honor de tener a un licántropo entre los nuestros, seamos sinceros… ¡Solo nos trae ventajas!

Moonlight sonrió con ganas. Por fin un hombre que le caía bien en aquella burocracia.

-No lo dude, señor Shacklebolt -dijo Harry Potter rápidamente. -¿Me ha llamado por el tema del basilisco? No se preocupe, Moonlight está al tanto de todo.

El hombre asintió y se acomodó en la silla de escritorio de Harry Potter como recordando lo que él mismo había sentido allí hacía mucho tiempo.

-El basilisco no es un problema… Sus hijos se encargaron de eso -Potter carraspeó. Moonlight recordó cómo su mejor amigo hablaba de los hijos de Potter, como unos adolescentes descerebrados que no paraban de pelearse entre sí. Cuando se enteró de que habían paralizado a un basilisco y habían hecho frente a los culpables (aunque sus compañeros no salieron tan bien parados), no pudo más que aplaudir. -Tampoco tiene que ver con su sobrino Weasley vulnerando toda la red de rastreo de nuestro Departamento… Aunque de eso nos ocuparemos en otro momento, pues es un jovencito que ha propuesta a McGonagall algo sin precedentes. ¿Sabía usted que quería ingresar el año que viene en Hogwarts? -Harry Potter sonrió. Moonlight dudaba que su Jefe supiera algo así. No parecía el tipo de padre o tío que se preocupara por sonsacar los secretos de sus hijos o sobrinos. -El tema es… el Clan del Ojo. ¿Han oído hablar de él, no?

-Entonces, ¿es definitivo? ¿Fueron ellos? -soltó Moonlight.

-Me temo que nuestros peores rumores son ciertos…

-¿Y cómo lo ha sabido? ¿No cree, de veras, que puedan ser neomortífagos? -preguntó escéptico Harry Potter.

Shacklebolt negó con la cabeza. Se le apareció el inicio de una sonrisa en la comisura de sus labios.

-Quizás haya neomortífagos, Harry, pero usted mismo se encargó de desarticular toda su red… Probablemente aún haya partidarios de esa ideología… Pero no se atreverían a poner en peligro su posición -Harry emitió un leve gruñido que sorprendió a Moonlight. El duende feliz que parecía ocupar su cuerpo había dado paso a un perro salchicha enrabietado. -Lo sabemos porque ha llegado una carta firmada por el Clan del Ojo asumiendo la responsabilidad de la entrada al basilisco en Hogwarts.

-¿Cómo es posible? ¿A quién le ha llegado eso?

-A usted, por supuesto. Llegó a su puerta esta mañana y Ginevra nos la ha entregado temiendo que se perdiera el rastro.

-¿Han podido localizarlo?

-Era de esperar que no lo podríamos hacer… -Shacklebolt suspiró. -Siento decirte esto, sobre todo, teniendo en cuenta que han sido tus hijos los que en más peligro han estado…Y sabiendo lo que ha ocurrido con el hijo mayor del Ministro… Pero se acercan tiempos oscuros, Harry.



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