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La Tercera Generación de Hogwarts » (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 7 de Febrero de 2021, 18:30
[ Más información ]

(VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)
  245. (VI) Capítulo 14: La familia que no eliges y la que sí (I)
  246. (VI) Capítulo 14: La familia que no eliges y la que sí (II)
  247. (VI) Capítulo 14: La familia que no eliges y la que sí (III)

Lucy Weasley había escuchado que habían cambiado la sede del Temple. No tenía ninguna, realmente, después del incendio del apartamento del señor Crawford. Más, entre la batalla de Londres y la huida de Ivonne, teniendo a Hermione Weasley como la cabeza había sido natural que las reuniones se llevaran en el Ministerio de Magia. Solo que ahora debían reclutar a viejos amigos. Y acomodarlos en algún lado. Se repartían para proteger a los diferentes Instrumentos que custodiaba el Temple.

El lugar más indicado era Raglan. 

Los Aurores en formación, como ella, acudían allí para entrenar con criaturas. Para acostumbrarse a una batalla. Para que no perdieran el rumbo. Para tenerles cerca. 

Aquel día se habían incluido más personas. Gracias a hechizos, habían ampliado habitaciones. El castillo Raglan rebosaba de vida y actividad. 

Lucy agarró por el brazo a un hombre similar a la foto que le había ofrecido su tío Harry cuando le preguntó por él. De zancadas grandes. Ojos menudos. Un cuerpo enorme. Como un gorila. Pero no en estatura. Una expresión sencilla. Tal y como habían avisado sus tíos, no parecía tener mucha inteligencia, incluso cuando su expresión le hiciera decir que parecía estar pensando. 

No supo cómo los Aurores consiguieron que estuviera allí. Había escuchado rumores de que había lanzado la Maldición Cruciatus en su último curso en Hogwarts. Pero que no fue arrestado porque era un alumno y, de oponerse, habría recibido torturas como las de Neville Longbotton. 

No obstante, nadie dudó su sadismo. Ni Draco Malfoy. Quien cortó lazos de amistad con él poco después de la guerra. Su tío Harry le contó que, pese a ello, respetó su muerte como si nunca hubiera dejado de ser su amigo. O como si hubiera sido un verdadero amigo del mago. Cuando Lucy preguntó por qué aquel hombre habría rechazado al Ojo si le prometían riquezas y crueldad, su tío le contestó: "porque nos debe la vida, Lucy". 

-¿Usted es el señor Goyle? -Le preguntó con un tono de profesionalidad.

El hombre suspiró. Como si estuviera cansado de aquello. Incluso si era su primer día. 

Al verlo mejor, observó sus ojeras. Sus arrugas. Su decadencia. Parecía mucho mayor que Harry Potter. Y que su tío Ron. Era como si los años hubieran pasado a través de él como grandes rocas que se estrellaban contra su alma. 

-Ese soy yo.

-Soy Lucy Weasley -Le tendió la mano. 

La apretó cordialmente. Y se sintió examinada. 

-¿De quién eres hija?-Preguntó finalmente. - Hay muchos Weasley. ¿Eres la cría del amigo de Potter?

-No, soy la hija de Percival Weasley -Dijo, orgullosa de sentir el nombre de su padre en sus labios.

No sintió el mismo respeto por parte del mago.

-Oh, ¿el traidor? -Se mofó.

-No…

Tal vez recordó en aquel instante el trágico destino de su padre, pues su expresión cambió a una disculpa. 

-Perdona mis modales, Lucy Weasley -Dijo.-  Hay tantos Weasley que suelo diferenciarlos por cosas muy sencillas que igual no los definen del todo, ¿no? 

-Sí.

Aunque ella, por supuesto, no opinaba aquello. 

Más, si su inteligencia era tan reducida como su reputación aclamaba, no dudaba que tuviera la necesidad de limitar los nombres de las personas a titulares de El Profeta.

-¿Querías algo? Estoy a punto de buscar a un tal Moonlight que va a asignarme algún puesto. ¿Puedes creerte que es un licántropo el que nos está dando órdenes? -Bufó, encontrándose con la desaprobación de la joven. -No tengo nada en contra de los licántropos, pero son muy intimidantes. 

Decidió ignorar el comentario. 

Porque la noticia que iba a darle hacía que le perdonara su actitud.

-¿Su hija se llamaba Sadie, señor Goyle?

Desde que supo que Gregory Goyle era el único Goyle que podía ser padre de la niña que murió en sus brazos, quiso pensar que no era así. ¿Cómo una persona tan bruta había creado aquella criatura tan dulce?

Sus ojos, no obstante, confirmaron la sospecha. 

El brillo traicionó su compostura.

-Si dices que se llamaba, es que está muerta, ¿verdad? -Se retiró una menuda lágrima que comenzaba a nacer en la esquina de sus ojos. 

-Me temo que sí. Siento mucho su pérdida, fue muy valiente…-Dijo con total sinceridad.

Ambos tragaron saliva. El hombre apartó la mirada. Pestañeó varias veces.

-¿Cómo lo sabes? Ellos se la llevaron. 

Recordó que aquel hombre había negado al Ojo por ellos. ¿Le habían quitado a su hija como castigo? ¿Cuántas familias habrían apoyado al Ojo por semejante amenaza? ¿Habría otras familias como la del señor Goyle?

-Sucumbió al fuego maligno en una misión contra el Ojo de Whitehall -Respondió, intentando no mostrar ninguna emoción en su tono. 

No obstante, emoción era lo único que vio en el rostro descompuesto del señor Goyle.

-Como Crabble…-Su sollozo sonó inaudible, ahogado por los esfuerzos del hombre de esconderlo. - Gracias por decírmelo -Dijo tras un largo suspiro. -Si ves a Moonlight, ¿podrías decirle que necesito un momento a solas?

Ella ladeó la cabeza.

-Me gustaría llevarle a un sitio, señor Goyle -Le sugirió. No muy segura de si estaba haciendo lo correcto. -No dejé que su hija se perdiera en la memoria.

Lo llevó fuera de Raglan. EL hombre aún seguía llorando en silencio la noticia de la pérdida de su hija. Lucy Weasley sintió el llanto nacer de su propio pecho. Ella era una hija que había perdido a un padre. 

Le tendió la mano para Aparecerse. 

-De acuerdo, señorita Lucy Weasley -Dijo el hombre entre sollozos. Se aparecieron lejos de una mansión encinerada que quedaba fuera de su vista. Ante sus ojos, solo verían el santuario lleno de flores que Lucy Weasley había construido para aquel pequeño ángel que murió en sus brazos. -Oh -Pudo decir el hombre.- Es usted una gran bruja. 

Tardó en reaccionar. Porque el derrumbe de un hombre tan corpulento y bruto ante las flores y la delicadeza del lugar la embriagó. Porque así de derrumabada había estado ella bajo el frío mármol de la tumba de su hermana y de sus padres tantas veces a solas que acompañar a alguien en el dolor se sentía una intrusión.

Se aclaró la garganta. 

-Gracias, señor Goyle - Señaló la inscripción que rezaba sobre el santuario. - Espero que no le importe…

El hombre sonrió. O hizo lo que pudo para formar una sonrisa. 

-Aquí Sadie Goyle voló al sol. -Se giró para mirar a Lucy.- Le habría gustado mucho. Me gusta mucho -Asintió varias veces.- Gracias -Tragó saliva y se aclaró la garganta. Tosió para esconder su llanto. -Me quedaré aquí un momento…-Respiró profundamente.- Gracias. Lucy Weasley. Es usted una gran bruja -Rozó dónde había sembrado el cuerpo de la pequeña.- Le agradezco que estuviera con mi hija en su último aliento y que hiciera esto.-Cerró los ojos mientras las lágrimas surcaban sus mejillas.- No sé. No sé cómo agradecérselo.

Lo vio tan vulnerable y desnudo ante ella que se le encogió el corazón. Incluso los más crueles tenían una debilidad que les hacía felices.

-Ya lo está haciendo, no se preocupe -Intentó consolarle.

No supo si llegó a escucharle o no. 

-Déjeme aquí -Pidió.- Váyase dónde la necesitan. Necesito estar aquí.

Se dejó caer en el suelo.

-Por supuesto, señor Goyle -Musitó.

Despareció. Y volvió a Raglan. 

Tenía el corazón sensible. Se retiró lágrimas que no había notado de sus ojos. Se escondió del resto. Y caminó por el laberinto de la ciudad interior. Respiró profundamente. 

Pero solo podía pensar en su padre. 

Una persona se acercó a ella con una sonrisa lobuna. Y, no, ninguno de los licántropos de allí era aquella persona. 

-¡Tío Ron! -Exclamó. Respirando profundamente.- ¿Qué haces aquí?

No le contestó al instante. 

-Por fin te encuentro, Lucy. Vamos, ven. 

La cogió del brazo en un fuerte agarre y la paseó de vuelta a las afueras del castillo. Los Aurores hicieron lo posible por hacerse visibles ante la leyenda que era su tío. Por supuesto, Ronald Weasley no tenía ganas de lidiar con "lameculos".

-¿A dónde?

-Al Ministerio, por supuesto -Dijo rápidamente.

-¿Sucede algo? 

-Sí -Dijo con una sonrisa. -Algo importante para nuestra familia.

Lucy Weasley no estaba acostumbrada a aquel tipo de noticias. Pues no había habido una buena noticia en su familia desde el nacimiento de Remus Lupin. Para que después volviera del futuro amenazándoles a todos, claro.

-¿Qué ha pasado?

-No quiero arruinarlo -Suspiró Ronald.- Ven. 

-¿Qué…? 

Se Aparecieron. Le pilló por sorpresa y tuvo que concentrarse en no desmembrarse ni nada. 

Si Lucy Weasley hubiera tenido un poco más de tiempo para pensar en la situación, quizás le habría preguntado a qué Minsiteiro. El suyo estaba en ruinas, ¿no?

Se aparecieron ante la National Gallery de Londres. Vio de reojo que los leones de la Trafalgar Square yacían sobre la escalinata, en lugar de su sitio original. Como si guardaran la Galería de Arte y no el monolito central. Obra de Hugo Weasley en la Batalla de Londres, supuso. 

Entró en la National Gallery. Ron la guió por los pasillos. Salas. Una Galería que había estado repleta de muggles persiguiendo a pintores en un día normal. Desierto de arte y vida en un Londres desierto. La condujo a una de las salas que el Ministerio había utilizado para dar charlas. Sobre todo entre magos y muggles. Era el lugar de unión de ellos. 

No aquel día.

Bajó la mirada tras observar la cúpula para toparse con caras familiares del Departamento. Y a toda la familia que podía estar allí un jueves por la tarde. La miraron con expectación. En la renacentista sala habían colocado un escenario.

Su tío Harry Potter le saludó desde allí. Y le hizo con un gesto que se acercara. Las pocas personas que estaban allí. La animaron a subir. ¿Qué estaba ocurriendo? Frunció el ceño cuando su tío Harry la ayudó a subir. Y miró a todas. 

Entonces vio a su tío tendiéndole una placa de Auror y su corazón se aceleró. Ronald Weasley le dio unas palmadas en su hombro.

-Lucy Weasley -La llamó Harry Potter. Su voz retumbó como eco en la sala.- En nombre del Departamento de Seguridad Mágica y de la Oficina de Aurores, te otorgo el honor de ser un Agente del orden mágico. Tu deber será proteger a los magos, brujas, muggles y criaturas mágicas de los crímenes, de las injusticias y de las Artes Oscuras -Le puso la placa en la estúpida rebeca de cashemere que había decidio ponerse aquel día. -Desde ahora en adelante, te nombro Auror.

Un aplauso rugió en la sala. 

-Debes jurar tu cargo -Susurró su tío Ron en su oído con una risista.

Ella hizo aplomo del momento. 

Cerró los ojos. Y se dirigió a los futuros compañeros de trabajo. Pero, sobre todo, a su familia. Porque era lo que a ella no le hacía feliz, sino fuerte. Porque por ella estaba allí. Y juraría en su nombre. Porque su nombre no era nada sin ellos.

-Yo, Lucy Weasley, hija de Percival y Audrey Weasley. Hermana de Molly Weasley. Prima de Roxanne Weasley. Sobrina de Fred Weasley. Juro proteger a magos, brujas, muggles y criaturas mágicas. Juro luchar por acabar con los crímenes y con las Artes Oscuras. Y juro hacer justicia. Desde ahora en adelante, seré Auror.

-¡Bravo, Lucy! -Escuchó a su tío Bill.

-Enhorabuena, cielo -Dijo su abuela Molly.

-¡Estoy muy orgulloso de ti! -Rugió su tío Charlie, quien fue corriendo a abrazarla sobre el estrado.

-¡Eh, deja un poco de sobrina para mí…! -Se quejó entre risas su tío George.

-¡Las mujeres Weasley no dejan de sorprender…! -Acompañó su tía Angelina. 

-Tus padres estarían muy orgullosos de ti, cariño -Prometió su tía Ginny.

-He de recordar que has superado a mi padre en las pruebas de Auror -Dijo su primo James.

-¡Felicidadez, nueva Augog! -Gritó su tía Fleur.

-¡He tenido que guardarlo en secreto todo este tiempo! ¡Ni te imaginas…! -Exclamó su prima Dominique.

-¡Lucy Weasley! ¡La Weasley del año! -Rugió su abuelo Arthur.

-¿Qué me dices de unas cervezas de mantequilla en el piso del tío Charlie? -Le codeó su primo Fred.

-Oh, ¡sí! Solo Weasley celebrando ser Weasley -Se rio su prima Victoire.

-¿Me dejáis un momento con la Auror Weasley? -Pidió su tía Hermione. La Ministro de Magia. Todos asintieron con una sonrisa. Pocas veces habría pasado aquello en su familia.- Gracias -Les dijo, más sorprendida que Lucy por el comportamiento educado de su familia política. -Enhorabuena, sobrina -Le dijo en un abrazo.- Estamos todos muy orgullosos de ti -La mujer cogió sus dos manos y la obligó a mirarla al rostro. -Solo quiero que sepas que te escuché. Mi puerta siempre está abierta para ti. Para cualquier sugerencia para mejorar la estructura del mundo mágico. Confío en que vengas pronto y me presentes tus ideas. Por la justicia, Lucy.

-Tía Hermione…

Sus lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

-Por ahora disfruta…Te lo has ganado. 



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