Historia al azar: sobre el septimo libro
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La Tercera Generación de Hogwarts » (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 7 de Febrero de 2021, 18:30
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(VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)
  245. (VI) Capítulo 14: La familia que no eliges y la que sí (I)
  246. (VI) Capítulo 14: La familia que no eliges y la que sí (II)
  247. (VI) Capítulo 14: La familia que no eliges y la que sí (III)

Había escuchado que parecía querer huir del mundo real adoptando la mayor parte del tiempo la forma de un dragón. Y no se equivocaban. Fred Weasley había encontrado en un cuerpo lleno de escamas la calma que, durante años, había buscado en nudillos enrojecidos y cejas partidas. 

No sólo era su cambio en la anatomía lo que le hacía respirar sin un peso sobre su pecho. También la compañía. Los dragones eran criaturas sabias y, pese a no tener una forma tan evidente de comunicarse con ellos como el lenguaje humano, podía ver en sus ojos rasgados los consejos que nadie le había dado. El calor que no sabía que necesitaba. Ayudaba, además, el entorno idílico y salvaje en el que se encontraba. Entendía a la perfección cómo aquellas criaturas eran felices en la Granja. 

Solo había una desventaja. Un precio que pagar por no acompañar a su mejor amigo en el liderazgo de un ejército en formación. Un simple gesto de buena voluntad que le quemaba por dentro debido a lo que significaba.

Fred Weasley debía estar feliz por los hallazgos de Monique Jordan. Quería estarlo. Más, cada vez que lo recordaba, una parte de su interior se hacía pequeña. Cada vez que intentaba hacer una nueva vida después de lo mucho que había sufrido, se veía prisionero de recuerdos del pasado. Por supuesto que Fred quería que todas las víctimas de las atrocidades de Schneider se salvaran de aquella pesadilla. De la que pesadilla que aún le perseguía. De la mirada de comprensión de Sue cuando se dio cuenta de lo que era y de lo que debía hacer. 

Su escamoso cuerpo se estremeció. Sus ojos cerrados. Intentó retomar el hilo de sus pensamientos y no acudir a aquel momento que tantas veces revivía su mente para atormentarle. 

Fred Weasley quería que todas las víctimas se salvaran. Aún no las había visto. No desde el día que salió disparado de la Enfermería de la Granja cuando Monique Jordan le instó a ayudarla. De nuevo, Fred Weasley quería ayudar. Y daba igual quién fuera la víctima y la predisposición que tuviera a erradicar aquel parásito o lo que fuera que la haría sufrir. Quería ayudar.

Quizás era egoísta. Sabía que era algo egoísta pensar en lo que era inevitable. Que Sue podría haberse salvado. Que Sue podría estar allí. Que podrían estar los dos ayudando a James como se suponía que debía pasar. No lo admitiría nunca en voz alta. Envidiaba a aquellos pacientes de Monique que sabían que había una posibilidad de salvarse si rozaban el fuego mágico y lo mezclaban con amor. 

Él podría haberla salvado. Él era ahora el instrumento para salvar a los demás. Y a la única persona que quería salvar, jamás podría hacerlo. E, incluso, si su amor era defectuoso o no suficiente (lo cual dudaba por completo que hubiera sido el caso si tuviera a Sue de nuevo en sus brazos), Monique seguía buscando una solución. Una alternativa a las almas que no eran amadas. Controlar ese parásito y vencerle. Porque, tal y como decía Monique, "era lo que Susan había hecho". 

Nunca lo diría en voz alta, pero saber que Sue había tenido la fortaleza de superar lo que fuera que la poseía y que lo hubiera utilizado para morir, hacía injusto para Fred que el resto pudiera servirse fácilmente de aquello. 

Y lo que más odiaba, era la actitud de Monique Jordan hacia su hermana pequeña. "Si nos hubiera dicho que se encontraba mal, la habríamos curado en cuestión de días". ¿¡Cómo iba Sue a saber aquello?! ¿Por qué la culpaba? ¿Qué clase de persona haría eso? Monique había intentado que Fred se diera cuenta de que Sue había cometido un error y lo había pagado con su vida. Y Fred lo sabía. Más, de nuevo, no lo diría en voz alta. Jamás diría en voz alta nada que desprestigiara el recuerdo que tenía de Sue en…

Echó humo por la nariz y rugió internamente. Todo su cuerpo tembló. Sacudió su cola. Su torso. De un lado a otro, moviendo las enormes costillas que atrapaban su interior en la calidad forma de dragón. Había notado un peso sobre sus escamas y le había interrumpido sus pensamientos. Se sacudió con violencia para quitárselo de encima.

-¡Auch…! -Una voz femenina le despertó por completo. 

Su cuerpo de dragón se apartó rápidamente, con cuidado de no aplastar a la intrusa. Acercó su rostro escamoso a la muchacha y rugió desde lo más profundo de su ser lo molesto que estaba. 

La joven se echó hacia atrás y cayó sobre su trasero, palpando el suelo para alejarse horrorizada de la criatura que ante ella se imponía. El dragón sonrió con suficiencia. O eso estaba haciendo Fred Weasley.

En cuestión de segundos, Fred Weasley tomó su forma de humano que le era incómoda y extraña tras estar días y días convertido en dragón. Sacudió sus piernas. Se miró la ropa que había olvidado que llevaba. Un atuendo sencillo de lino negro que había robado de su tío Charlie. Se apartó de su frente el grueso cabello que volvía a crecer sin su permiso, en forma de tirabuzones. Puso sus musculosos brazos en jarras y la miró como si se tratara de un insecto molesto. 

-¿Te has cansado de Montrose y buscas otras experiencias? -Le espetó. -Te has equivocado de criatura. 

La muchacha enrojeció sus pálidas mejillas. Fred observó de reojo, mientras se dirigía hacia el resto de dragones que comenzaban a ser rodeados por Monique Jordan y su pandilla de pacientes; que Claire Jenkins seguía postrada en el suelo. Aún con porte aristocrático y una elegancia que no perdía ni en suelo embarrado, su rostro confuso se convirtió en lo que bien podrían haber sido dagas hacia Fred.

-Jamás llegaría tan bajo -La escuchó sisear.

Fred alzó una ceja. La contempló con cierto escepticismo. Nunca había intercambiado más de dos o tres frases con aquella muchacha. Y, siendo completamente honesto, así podría quedarse. Era Slytherin. Sí, ya no había tantos prejuicios como antes. Pero era Slytherin. Y Fred siempre había detestado la superioridad con la que aquellas personas trataban a los demás. De todas las víctimas de allí, Claire Jenkins era la que menos pena le daba. Sobre todo, sabiendo que ni siquiera había informado a sus mejores amigos de su situación. Slytherin.

-¿Te repugna la zoofilia o la pobreza? - Inquirió. 

Se percató de que, en la distancia, Monique Jordan les miraba preocupaba. Se estaría debatiendo entre si, para su paciente, era más peligroso Fred o los dragones de verdad. Para ser tan lista, le sorprendió que no hubiera tenido antes la respuesta.

-Me repugnas tú -Le escupió. 

Finalmente se levantó del suelo. Se sacudió el barrio del trasero. El cual, descaradamente, Fred Weasley examinó. Si le parecía repugnante, al menos que tuviera motivos. 

-¿Por qué me has molestado?

-Jordan nos ha pedido que entremos en contacto con los dragones -Respondió rápidamente la muchacha. Visiblemente arrepentida de haber acatado la orden. 

-¿Y te ha pedido expresamente que entres en contacto conmigo? -Quiso saber.

-No…

-¿Entonces por qué me has molestado? ¿No me has visto lejos de todos los demás precisamente por ese motivo? -Preguntó, alzando la voz y la barbilla.

-Yo…

-No todos estamos a tu disposición -Le recordó con saña. 

Vio la furia acumularse en el rostro de la muchacha. Tensa y preparada para decir cualquier estupidez arrogante con la que los Slytherin siempre se creían los mejores. 

-No me extraña que nadie haya venido a llevarte de vuelta a casa con esa actitud de niño mimado -Le dijo Claire Jenkins.

Fred apretó la mandíbula y se recordó que si la hería físicamente acabaría en un lío del que ni James podría sacarle aquella vez.

-Eres una hipócrita.

-Me sorprende que sepas lo que eso significa, Weasley. 

-Ser pobre no te hace inculto.

La muchacha imitó su postura. Los brazos en jarra. La barbilla en alto. Y aura de superioridad, que ni el propio Fred Weasley había imaginado que los Slytherin podrían llegar a tener. 

-Pero tú no eres pobre -Dijo con una sonrisa de suficiencia. -Tus padres llevan una de las empresas con más éxito del Londres mágico… ¿O es que llevas tanto tiempo sin verles que se te ha olvidado?

La verdad siempre había escocido a Fred. Y siempre había intentado huir de ella. Más, ¿cómo osaba aquella relamida sangre pura hablarle a él así? De nuevo, tuvo que controlar sus impulsos. 

-Fuera de mi vista antes de que te arrepientas de haber puesto un pie en esta montaña.

Su voz sonó más grave que su habitual fuerza vocal. Retumbó en su pecho. La amenaza fue acompañada de una ligera apertura de los orificios de su nariz. Una vena palpante en su frente. Y sus manos enroscadas en puños.

No fue suficiente para ahuyentar a aquella joven. 

-¿O qué? ¿Piensas incinerarme? -Le irritó.

-No sería el primer accidente -Dijo con acidez.

Escuchó su risa y le hirvió la sangre.

-¿Es todo lo que sabes hacer? -Se mofó Claire Jenkins. 

-Será algo que tu sangre pura no podrá sobornar -Le contestó en un gruñido.

Ella chasqueó la lengua y sacudió su cabeza. Le miró como si fuera un niño pequeño que necesitaba una lección. Aquello era algo que particularmente hacía que Fred Weasley quisiera estar convertido en dragón para calcinar allí mismo a aquella muchacha. 

-Sigues equivocándote -Su suspiro dramático le enervó aún más. -Mis padres son muggles.

-¿Qué?

Parecía que había planeado dejarle sin palabras. Engañarle. O manipularle para quedar ella en un escalón superior. Se paseó a su lado. Rodeándole como si fuera una presa.

-Mis padres son muggles… -Repitió. Parecía orgullosa de saber algo más que Fred. -Muggles ricos…. Pero muggles -Aclaró. Fred no supo qué decir. Porque tampoco se lo creía del todo. Esa chica olía a sangre pura. - Estás tan lleno de ti mismo que nunca te has preocupado por mostrar interés hacia el resto de los mortales que no comparten sangre o amistad con tu familia… ¿Y luego los elitistas somos nosotros?

Fred se abalanzó hacia ella -olvidando su decoro, sus obligaciones y el hecho de que estaba allí para ayudar y no para empeorar la situación. Unos delgados brazos interrumpieron su estampida bloqueándole en la espalda. Había debido utilizar un hechizo no verbal, pues no podía mover sus talones del suelo. 

-Fred, deja a mi paciente en paz -Ordenó Monique Jordan. El muchacho gruñó.- No sabemos qué puede desencadenar su cigarra y una pelea con ella no creo que vaya a ayudar ahora mismo en absoluto.

-Es ella la que ha empezado viniendo a molestarme cuando claramente no quería que ninguno de tus experimentos lo hicieran -Se justificó.

Todos los allí presentes sabían que no era una excusa válida para pelearse con un paciente. Lo cierto era que ninguna excusa lo sería.

-No tienes diez años, Frederik -Espetó en un susurro Monique.

Su piel se erizó ante el uso de un apodo que llevaba años y años sin escuchar. 

-¡No me llames así! -Se giró para encarar a Monique. 

-¡Pues no te comportes como cuando tenías once años! -Le exclamó de vuelta. -Si Roxanne te viera ahora mismo no estaría precisamente orgullosa.

Si su sangre pudiera hervir, estaría en ebullición en aquel instante. Intentó controlarse. Algo que le costaba cada vez más desde que era dragón. El dragón podía controlarse mejor que el humano. El humano estaba desatado desde que era un dragón. 

-Sue tampoco estaría orgullosa de ti sabiendo que le culpas a ella por su propia muerte -Dijo con saña. 

-Si nos hubiera avisado…

-¡Deja de decir eso, Monique! ¡Cállate! ¡Por Godric! -Gritó, extendiendo sus brazos al cielo.

No quería volver a escuchar nada así. No quería hipótesis. No quería escuchar lo que Monique Jordan tenía que decir. No quería estar allí. Pero tampoco tenía otro sitio en el que se sintiera mejor. Y eso le destrozaba por dentro. La casa de su hermana le recordaba a Roxanne. Y estar con James le hacía echar de menos a Sue. Alejado de todo aquello, solo tenía su propia mente contra la que luchar. Luchar contra los mejores recuerdos que tenía. Que, a su vez, eran la razón por la que estaba así. 

-Debería volver con los demás -Anunció, de repente, Claire Jenkins.

Por supuesto, Monique Jordan tenía otros planes.

-No. Fred, conviértete en dragón y… 

-No soy tu marioneta -Se negó con rotundidad, haciendo temblar todo su cuerpo. - No voy a hacer algo que me pidas porque simplemente quieras demostrar que eres mejor que los demás…

-Deja de ser un crío y obedece las órdenes de un superior -Le recordó. 

-Sue siempre había tenido razón cuando decía que eras una estirada -Espetó. 

-¿Podemos dejarlo para otro día? No me siento cómoda sabiendo la inestabilidad emocional de este sujeto -Comentó Claire Jenkins. 

Entonces, Fred la observó. No se había percatado de que la Slytherin había estado escuchando la pequeña emocional discusión con Monique Jordan. Sobre su insubordinación. Sobre un pasado que compartían y sus diferentes formas de lidiar con él. Y la muchacha estaba incómoda. Así que Fred sonrió con suficiencia.

-Por supuesto, princesa.

-No -Volvió a insistir Monique Jordan.- Fred -Le instó.- Obedece. 

Descansó sus hombros. Lanzó una bocanada de aire. Era eso o que le echaran de allí, ¿no?

-Solo quiero que sepas, que si tienes alguna quemadura hoy, no habrá sido sin querer.



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