Historia al azar: abrazando la eternidad
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La Tercera Generación de Hogwarts » (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
[ Más información ]

(VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)

Teniendo en cuenta las circunstancias bélicas y apocalípticas que rodeaban la situación, Albus Severus Potter estaba pletórico. Se obligaba a recordar que estaba en el centro de una guerra cuyas batallas aún quedaban por librarse. Más, ¿cómo iba a respetar el decoro de los tiempos que corrían cuando todo aparentaba ser tan normal? 

Había vuelto a Hogwarts. Con Alice Longbotton. Todos sus amigos estaban allí. Iba a clases. Entrenaba a Quidditch. Y no tenía ningún tipo de amenaza dentro del colegio. Era un remanso de paz que creía que no iba a volver a saborear. Alice le había advertido que era la calma antes de la tormenta. Albus lo sabía. Pero era tan fácil olvidarlo. 

Alice se había convertido en su ancla al mundo real. Tal vez porque ella no estaba tan cómoda en unos pasillos que la obligaron a esconderse y huir de un Auror corrupto. Lo veía en sus ojos y en su evasión continua. Rose había conseguido distraerla con sus idas y venidas de un lado a otro del castillo -al parecer, la llegada de Alice había servido para que su prima no se saltara tantas comidas en el Gran Salón, según le informó su hermana. Scorpius Malfoy volvía ser el alma inseparable de Albus -siempre que las circunstancias lo permitieran. Era, de un modo más suave, su otra ancla a la realidad. Y tal vez Albus era lo que mantenía a Scorpius con la cabeza en sus hombros y no en las nubes tormentosas. Le había contado que su prima le estaba volviendo loco y que la exasperaba a más no poder -pero nada más, ni siquiera le contó nada a Alice. Por mucho en que Alice insistiera en que debían ayudarles a encontrar un pacto pacífico entre ellos, Albus recordaba que, pese a ser sus mejores amigos, no debían entrometerse. Y Peter Greenwood seguía siendo Greenwood.

Su otro mejor amigo vio la oportunidad estelar de celebrar el retorno de los Slytherin por todo lo alto. Hizo panfletos ocultos para los profesores y pistas para que fueran reveladas por los alumnos más avispados por todo el castillo. Era una especie de búsqueda del tesoro secreta para poder tener una invitación. Nadie le iba a quitar las ganas de Greenwood de hacer una fiesta. Con la sensatez de Scor y Albus, consiguieron que la cabeza no se le fuera del todo. Al empezar, quería hacer un baile de máscaras a lo "película de época" como él decía. "Una oportunidad única en un castillo". Después se le ocurrió la idea de una fiesta de disfraces, pero Scor se negó a que le obligara a vestirse de Luke Skywalker, pese a la gran idea de Greenwood de que él mismo sería Han Solo y Albus iría de la Princesa Leia. Albus agradecía internamente la oposición de su amigo.

Por lo que, aquella noche, Albus optó por unos vaqueros y una camiseta negra de algodón. Esperaba en la Sala Común, observando a las criaturas mágicas del Lago Negro saludarle, mientras Alice acababa de arreglarse. Ethan Binns se despidió de él. Callan Morrit le preguntó que si no iba a acudir al evento de Greenwood. Y Bella Zabini le dijo que le esperaría en la puerta, pues no quería entrar sola allá dónde seguía sin sentirse invitada. 

Alice bajó las escaleras con un vestido de flores y una sudadera gris abierta. Los ojos maquillados. Y una sonrisa tímida que Albus compartió cuando se acercó a él. 

-¿Y si no vamos a la fiesta? -La cogió de las muñecas y comenzó a alejarla de la puerta en dirección al interior de la habitación.

-Al…

-No es como si te perdieras nada, créeme he estado en muchas -Intentó convencerla.

Aunque sería mala idea perdérsela. Desatarían la furia de Peter Greenwood. 

-¿Temes que descubra el Albus Potter intoxicado? -Se burló ella.

-¿Puede? -Suspiró Albus.

Era cierto que Albus siempre acababa un tanto… Perjudicado. Y debía reconocer que le daba vergüenza que Alice lo acabara viendo en aquel estado. Aunque dudaba que aquella noche, teniendo a Alice, estuviera tan pendiente de posar sus labios en un vaso cuando podía posarlos en ella. 

Scorpius tenía razón. Se había convertido en un pudding por culpa de Alice. Un pudding azucarado y empalagoso. No se arrepentía. Ya llegaría el momento de que las cosas se pusieran más serias. 

-Tú no has conocido a la Alice Longbotton en una fiesta.

Albus arqueó una ceja. 

-¿Tenías de eso?

-A veces…-Dudó elaborar la muchacha.- Muy… Sofisticadas… 

No se podía imaginar qué clase de fiestas tenían los miembros del Ojo. Quizás ellos no habrían dudado en hacer un baile de época como había propuesto Greenwood. Sinceramente, no se los imaginaba saltando al ritmo de música electrónica con manchas en sus camisetas por el alcohol derramado. 

-Bueno, lo que sea que haya hecho Greenwood dudo que sea sofisticado en absoluto -Advirtió. 

Cuando volvió a tirar de ella para arrastrarla a su habitación y tener -finalmente después de una semana -un rato a solas con Alice, esta soltó el agarre como si se tratara de una llave de combate y le fulminó con la mirada. 

-Vamos, Al, quiero ver a mis amigos…

Eran los últimos en la Sala Común de Slytherin. Por suerte nadie había visto chasquear la lengua ante la opción de tener que ver a sus mejores amigos. Si Rose llegara a enterarse, estaría metido en un lío. Rose y su madre eran la pesadilla de su relación. 

-De acuerdo, pero… -Avisó con el dedo índice en alto. -Normas…

-¿Normas? -Suspiró extrañada la joven. 

-No puedes acercarte a Lily si ves que está…-Hizo una muy buena representación de su hermana pequeña intoxicada.

Causó una risa estomacal de Alice que le generó una sensación agradable en su pecho. 

-¿Quiero preguntar qué pasó?

-No -Atajó. -Y no bebas de nada que te de Greenwood… O, en su defecto, Lorcan Scarmander.

-¿Lorcan? Entiendo Greenwood… -¿Y quién no?, pensó Albus. -¿Pero Lorcan?

Albus desistió y condujo a Alice fuera de la Sala Común. Lo cual hizo que la joven radiara de felicidad. Sería muy egoísta por su parte si le robaba aquel momento, ¿verdad? Y era egoísta dejándose llevar por sus órdenes porque sólo quería verla feliz. 

Tuvo que obligarse a contestar, pues se había quedado embelesado por la expresión de nerviosismo en el rostro de la muchacha. 

-Greenwood manipula las bebidas como quiere… Y Lorcan le echa cosas que están asquerosas y para nada recomendables.

Ella asintió. Como recibiendo las instrucciones para una misión. 

-¿Algo más?

Tuvo que pensárselo bien. Pero cayó en lo que todas las fiestas en Hogwarts tenían en común. Ocultó una risa, quería permanecer serio ante la inevitable realidad del asunto. 

-Oh, no te asustes por lo que pueda hacer Rose -Advirtió. 

-¡Me había olvidado de que es una leyenda! -Exclamó, probablemente ansiosa por ver a su mejor amiga siendo el espectáculo que la mitad de Hogwarts pagaría por contemplar. 

-Oh, sí… 

Pero, honestamente, ¿qué haría su prima aquel día? 

Alice le leyó el pensamiento. 

-¿Crees que Scor intentará algo…? -Suspiró Alice. 

Albus le alzó una ceja. Indicándole que debía permanecer ajena a lo que fuera que estaba ocurriendo entre sus amigos. Una misión difícil cuando Alice siempre había sido tan perceptiva. Y había confesado que creía firmemente que sus amigos estarían muy felices juntos. El muchacho se había guardado sus evidentes reparos para sí mismos. No es que no pensara que aquello fuera cierto, pero para que fueran muy felices… Debía pasar una eternidad. Por lo menos. 

Y, además, no le gustaba admitir que era un poco incómodo para él. Era su prima. Rose Weasley. ¡Era casi como su hermana! Y Scor era su mejor amigo. ¡El que sabía todos sus secretos con solo verle dos veces a los ojos! Si se aliaban de verdad, aquello podía ser desastroso. No solo porque colisionarían todas las peleas que habían tenido previamente, sino porque serían un dúo invencible. Un dúo terrorífico. Solo había que verlos en el Quidditch. Albus solía llevarle la contraria a los dos, en las ocasiones más arriesgadas. Si los dos se aliaban en su contra, estaría perdido. Muerto. Kaputt. 

-¿Y puedes ver algo en Rose? -Preguntó, refiriéndose a su relación tan íntima con su prima.

Ella se detuvo a pensarlo. 

-¿Odio? 

-Sí, eso también puedo verlo yo -Respiró resignado. 

Llegaron al pasillo donde Bella Zabini reposaba sobre la pared. Les saludó alegremente. No se acostumbraba a saber que Alice y Bella se habían conocido en Hogwarts en sus reuniones secretas. No eran amigas. Era evidente. Pero Alice la abrazó y le habló de lo valiente que había sido Greg Zabini, su hermano, en sus últimos momentos. Desde aquel momento, Bella trataba mejor a Alice que a Albus. Y hablaban en susurros. Quizás sobre los amigos que Bella había dejado atrás. Y Alice encontraba en Bella una ayuda incalculable para su transición al Temple. Albus decidió apartarse de aquella extraña alianza. 

-Creía que no ibais a venir -Les reprochó Bella. 

-No es como si no lo hubiera propuesta -Sonrió Albus. Pero tanto Alice como Bella le fulminaron con la mirada. Bien, a eso se refería Albus. ¡Cómo sería si aquellos fueran Rose y Scor! De nuevo, kaputt. -Bueno, ya estamos aquí…-Agarró la cintura de Alice ante una Bella rodando los ojos por la actitud tan "babosa" de Albus. -¿Me guardas un último baile?

-Oh, le pediré permiso a Bella y a Rose… 

-Sabes cómo herir mis sentimientos, Alice -Hizo un puchero en broma.

Alice le golpeó suavemente el hombro. 

-Eres imbécil.

-Cuidado con tu novia, Potter -Advirtió Bella. -Sabes que te asesinará si le haces daño -Se burló. No obstante, tenía razón. Probablemente. -Veamos que nos ha preparado Gryffindor…

Al abrir las puertas, Albus tuvo que aguantar la respiración. 

Una sala enorme se abría ante ellos. Más grande de lo normal. Con dos plantas. 

La música resonó en todo el castillo. Los alumnos y alumnas de Hogwarts bailando de un lado a otro. Llevando sus bebidas en sus manos. Derramándolas por el suelo de piedra. Gritando. Saltando. Las manos sacudiéndose por encima de sus cabezas. 

Alguien había saltado desde la planta superior y lo estaban llevando sobre la marea de personas mientras la mayoría reía. Papeles de colores brillantes bailaban en el techo, proyectando haces de colores por toda la Sala.  En el fondo, alguien había conjurado una mesa de DJ mágica que era tocada por una de los elfos de las cocinas. A su lado, con los brazos cruzados sobre su pecho, uno de sus mejores amigos sonríe orgulloso y miraba con satisfacción su creación. 

-Bienvenida a una fiesta de Peter Greenwood -Pronunció Albus, encontrando sus palabras.

Había una ley no escrita que había sido vulnerada en varias ocasiones en Hogwarts, según lo que los rumores decían o lo que los propios ojos de Lorcan Scarmander habían visto. Él era un ciudadano que solía seguir esas normas. La razón y la lógica eran creaciones del ser humano para establecer un orden en el caos que era la sociedad. 

Con su tercer whiskey de fuego en la mano, aquellas normas dejaban de tener sentido. Sobre todo, cuando un pensamiento que había castrado en su interior desde aquel verano, se hizo latente justo en aquel instante. 

Por suerte, aquella noche no había llevado ninguno de sus mágicos brebajes que no había tenido tiempo para hacer. Era curioso cómo la gente respondía a sus diferentes sabores. Lys los había bautizado "Lorcacktail". No había nadie que no cayera en la curiosidad de probar a qué sabía el zumo de arándanos, con madera de sauce, saliva de licántropo y whiskey de fuego. 

Se tambaleó un momento y recapacitó sobre la idea de sus compañeros de cuarto de empezar la fiesta antes. Algo a lo que Hugo Weasley, su mejor amigo, se había opuesto deliberadamente. Pero, de nuevo, siempre se oponía a cualquier sugerencia de sus amigos. Lorcan sabía que a su amigo le costaba concebir que él tuviera otros amigos. Aunque fueran los Ravenclaw excéntricos con los que compartía habitación. Dudaba que Hugo se hubiera molestado en aprender su nombre. Declan Feldman y Daniel Corner. Lorcan admitía que no eran las mejores personas del mundo, pero tampoco las peores. Aunque debía planteárselo cuando admitieron que habían robado una botella a Greenwood para no quedar como unos pardillos que no sabían beber. Por supuesto, aquello era cierto. Feldman y Corner llegaron intoxicados a la Sala de los Menesteres y se encontraban postrados sobre el suelo mientras hipaban y se reían. 

Lorcan sintió una mano tirar de él y juró que cuando todo su cuerpo se sacudió, la sensación de un terremoto bajo sus pies se apoderó de él. Vio el cabello rojizo de su amiga y clavó en ella su mirada. Lo llevaba a la pista de baile con tanta energía que Lorcan no supo cómo controlarla. 

-¡Vamos, Lorcan! ¡Muévete un poco! -Le instó Lily Potter.

Esta lo cogió de la cintura y lo forzó a moverse. Lorcan apretó bien los dientes para no vomitarle en lo alto. Le sonrió forzosamente. Su amiga se rió de él. Estaba, se daba cuenta, tan embriagada como él por el alcohol. Solo que Lorcan no era tan violento como su amiga. 

El recuerdo de la muchacha envuelta en la toalla, llorando y abrazando a su hermana le sacudió en un momento de lucidez. Desde aquel momento, Lorcan hacía lo imposible por no asegurarse a cada instante de que Lily estaba bien. Porque se lo había prometido a su amiga. Y a su hermana. Pero todo en Lily era una gigantesca alarma de que algo iba mal. Su despreocupada actitud. Su falsa alegría -porque, al contrario que su hermana, Lily no era alegre. Sus ojeras profundas y su ausencia mental en las clases que compartía con él. Y ahora su forma de bailar. 

La observó mirar a las esquinas de la habitación como si estuviera buscando algo. O a alguien. La vio sacudir su cabeza y acercarse más y más a Lorcan. Mover sus caderas contra las suyas. Sin prestarle atención. Lorcan quería pensar que era paranoia suya, pero parecía que quería darle celos a alguien bailando con él. Incluso sin tener todos sus sentidos al cien por cien, Lorcan era mucho más perceptivo de lo que hacía ver. Lo que no lograba entender era qué había desencadenado aquella actitud por parte de su mejor amiga. 

Había escuchado rumores. Por supuesto que los había escuchado. Que a Hugo Weasley no le gustara hacerlo, no significaba que Lorcan no prestaba atención cuando Lyslander hablaba con Ellie Coleman. O cuando Christine Davies anunciaba en voz alta los cotilleos más jugosos de Hogwarts en mitad de la Sala Común de Ravenclaw. Era curioso por naturaleza. Por lo que, cuando Sebastian McKing le preguntó a Hugo Weasley si era cierto que Lily Potter había sido engañada por una amistad con Remus Lupin Jr. del futuro, Lorcan indagó algo más. Su hermana -fuente de toda información emocional de Hogwarts- le confesó que creía que Lily le había llegado a gustar Lupin. Y que, si estaba así, era porque se sentía manipulada. Sentía que había decepcionado a los demás. Más, el día que llegó hecha un destrozo al apartamento de su padre en Oxford, Remus Lupin estaba encerrado en el sótano de los Malfoy. ¿Qué otros secretos guardaba su amiga? ¿Y de verdad había llegado a crear sentimientos por aquel asesino y viajero del tiempo?

Lorcan sacudió la cabeza. Error. Pues la sala se sacudió con él. 

Su amiga no se dio cuenta. Pero le cogió el rostro con las manos y lo acercó peligrosamente al de ella. 

El muchacho se apartó rápidamente y balbuceó algo ininteligible. 

-Li-Li-Lily -Advirtió ante la mirada fulminante de su amiga. -¿Qué demonios haces? 

Lo dijo en voz baja. Se aseguró de que nadie había visto que Lily Potter le había intentado besar. O, al menos, eso parecía. La muchacha, sin importarle que los estuvieran viendo, abrazó, de repente a su amigo.

Lorcan se debatió internamente entre dejarse llevar por sus impulsos o ser el amigo que Lily Potter necesitaba en ese instante. Optó sabiamente por lo segundo. Pues, de nuevo, había una ley no escrita que Lorcan quería respetar. No iba a enamorarse de su mejor amiga. No como lo había hecho Hugo y Lyslander. No como lo había hecho Albus Severus Potter. No como lo había hecho Camrin Trust. No como lo había hecho Fred Weasley. No como lo había hecho Lucy Weasley. ¿Qué tenían la mayoría de esas historias en común? El inevitable dolor. Y Lorcan no quería ni sufrir él, ni que lo hiciera ella. 

El muchacho apretó a Lily en sus brazos.

-Gracias -Susurró su amiga. Y Lorcan entendió que no debía haber bebido tanto, sino, más bien, fingido demasiado su estado. Su voz sonaba demasiado clara. -Todo habría sido más fácil si fueras  -Lorcan no supo qué contestar a aquello, así que permaneció callado. -Eso es lo que quería Lyslander -Añadió. -¿Por qué no has sido 

No supo si debía contestar a aquella pregunta. ¿Se la estaba dirigiendo acaso a él? ¿O era una simple queja retórica? Porque, siendo honesto, ninguna de las respuestas que podía darle iban a gustarle. Para empezar, él no quería ser la razón por la que Lily Potter estaba, por primera vez, destrozada por emociones que no sabía controlar. Él no quería nada con Lily Potter, pues Lorcan sabía que no tenía sentido. Incluso si, como decía ella, hubiera sido lo más fácil. No, la estadística apuntaba a todo lo contrario. Y, por otro lado, así como lo establecían las páginas que habían sido arrancadas del cuaderno de las profecías de Hugo Weasley por Rose Weasley aquel verano, Lily Potter tenía un destino que cumplir. Y Lorcan solo podía acompañarla como amigo. Y lo haría. Siempre lo había hecho.

Así que Lorcan optó por decir aquello que creía que tranquilizaría a Lily Potter. Porque para aquello estaban los amigos.

-Porque yo no estoy a tu altura -Contestó en un suspiro en el oído de la muchacha. 

No era la respuesta que esperaba oír y lo vio en sus ojos. Lorcan sonrió simplemente cuando el rostro contrariado de la muchacha se arrugó. Bufó. Y resopló.

-¿Por qué los Scarmander sois así de imposibles? 

-¿Quieres decir amables? -Respondió Lorcan, intentando ocultar el hipo que se estaba apoderando de su caja torácica. 

-Exacto -Asintió. -Imposibles. 

Sin decir nada más, Lily Potter se deshizo de él, de su agarre y de la protección que no sabía que le estaba dando. La vio marchar hacia su hermano Albus y arrastrar a su amigo Scorpius Malfoy hacia la pista de baile recibiendo aplausos de personas a su alrededor. Dinero moviéndose hacia Peter Greenwood y Janet Rossen. ¿Qué apuesta estaba circulando ahora el Gryffindor?

Con el ceño fruncido y los brazos sobre sus caderas, Lorcan Scarmander se quedó anclado en el centro de la pista un tanto desorientado. Quería salir de allí. Pero comenzó a moverse al ritmo de la música. Solo, porque, ¿por qué no?

Ensimismado en aquella canción cuyo idioma de tintes latinos no entendía, se tropezó torpemente con un grupo de Ravenclaw que conocía bastante bien. Se disculpó con un asentimiento. Y cruzó la mirada con Serena la Rarita. Así la había llamado Hugo Weasley desde que fue con ella en Primero al Baile en el que Minerva McGonagall fue asesinada. Su nombre, en realidad, era Serena Cadwallade. Y Hugo siempre le había avisado de que estaba enamorado -"por algún extraño motivo" - de Lorcan. Aunque Lorcan nunca lo había entendido. No era como si hubiera estado prestando atención. 

Una mano se posó sobre su hombro. Se giró para ver la sonrisa de Hugo Weasley y la sombra de su hermana bailando alrededor. 

-Te estábamos buscando -Anunció Hugo Weasley, mirando por encima del hombro a Serena Cadwallade y sus amigas. -¿Estás bailando con estas? -Preguntó extrañado. 

Lorcan tardó en responder.

-¿Yo? -Inquirió. -No, estaba bailando solo.

Hugo Weasley rodó los ojos y Lyslander Scarmander se rio cantarinamente. Lys sabía que a Lorcan le gustaba hacer aquello. Bailar solo. Como también lo sabía y lo condenaba Hugo. Lorcan sabía que solo era porque Hugo no tenía ritmo. Y él lo había adquirido gracias a la práctica. 

Su mejor amigo le indicó con la cabeza que le siguiera. Probablemente para darle alguna poción que le evitara estar en ese estado. Se dio cuenta entonces de que ninguno de los dos había bebido una sola gota de alcohol en toda la noche. Y que tampoco habían estado especialmente envueltos en su actividad habitual en una fiesta de Greenwood. 

Antes de irse, asintió levemente la cabeza a modo de despedida ante las muchachas que se rieron por la torpeza del joven Ravenclaw. 

-Bo-bonito conjunto-to -Articuló pobremente Cadwallade con una tímida sonrisa.

Lorcan tuvo que mirar sus pintas para recordar qué había elegido ponerse aquel día. Vio la falda por las rodillas que había comprado en Hogsmeade, las botas de montaña y una sudadera azul Ravenclaw. Le devolvió la mirada extrañado. ¿Qué tenía de especial? Se encogió los hombros y siguió a sus amigos.

Escuchó a Hugo reírse.

-Juraría que creía que estabas bailando con la Rarita -Se mofó su amigo.

-¿Y qué si lo estaba haciendo? -Instó Lys. 

-No lo va a dejar en paz, ya verás -Advirtió Hugo. -Cada vez que nos la cruzamos, se le olvida hablar. 

Entonces, Lys fue la que se rió. 

-¡Es tartamuda, idiota!

-¡No! -Respondió Hugo. -Conmigo habla perfectamente. Pero me desespera que sea así cuando ve a Lorcan.

-¿Estás celoso? -Se mofó, de nuevo, su hermana. -¿De que a nadie se le olvide hablar cuando te ve a ti?

-¿Es tartamuda? -Preguntó Lorcan, de repente. Su hermana y su amigo se giraron hacia él con una ceja arqueada. -No me había dado cuenta -Dijo, con intención de defenderse.

-¿En serio? -Dijo, exasperado, Hugo Weasley.

Y Lorcan optó por sonreír a modo de disculpa. Podía ser la persona más analítica del universo, pero había algo que no lograba cuajar del todo sobre su cabeza. El hecho de que hubiera normas sociales incomprensibles. Como el hecho de que la gente viera extraño que llevara falda -y que hubiera recibido alguna detención por ello. O los rumores hirientes que señalaban a Hugo, a Seb y a Lys, como si el hecho de que parecieran estar juntos fuera algo sobrenatural. O que algunas torpezas como la tartamudez, la introversión, la orientación sexual, la licantropía, el exceso o la carencia de sabiduría e intelecto y otras muchas cosas más. 

Él era un ciudadano que solía seguir las normas. Pero sólo las que atendían a la razón y a la lógica. Así se lo había enseñado su madre. 

Se escabulló de Lys y de Hugo y acudió a Feldman y Corner con suministro de agua para que no sufrieran la resaca que estaban destinados a tener.



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