Historia al azar: secuela venganza
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La Tercera Generación de Hogwarts » Nyneve
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
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Nyneve

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)

Capítulo 22: Nyneve

Hacía ya casi un mes que habían adoptado como sitio de reunión la Sala de los Menesteres. La razón principal era porque, al ser de Casas diferentes, se complicaban sus encuentros. Albus dudaba que alguien de Slytherin le permitiera entrar a su Sala Común todos sus amigos que eran Gryffindor. E ir él y Alice a la Sala Común de Gryffindor tampoco era una idea que resultase cómoda.

Desde que Rose Weasley dio la idea, la Sala de los Menesteres era simplemente el lugar perfecto: tenía todo lo que ellos podían llegar a necesitar. Ese mágico lugar les proveía de todo lo que pudieran necesitar con tan solo pensarlo. Y, además, cuando estaban solo Scorpius, Peter y Albus, podían incluso jugar a Quiddicht.

Albus fue el primero en terminar de comer, pero esperó a que sus dos amigos terminaran y subieron juntos. Cuando llegaron al séptimo piso, Albus caminó tres veces delatne de la pared pensando en aquel lugar donde se juntarían todos sus amigos. Y la puerta se materializó en frente de él. Cuando la abrió, Rose y Alice ya estaban dentro.

La joven pelirroja se encontraba sentada en uno de los sillones junto a la ventana, leyendo El Profeta con gran atención. Alice estaba sentada junto a ella tendida en un mullido sofá, mientras estudiaba alguna asignatura que Albus no quiso ver para no agobiarse.

-¿Han puesto algo más de nuestros hermanos?

Rose le miró.

-Lo de siempre -su rostro estaba endurecido.

Lo de siempre era que no los habían encontrado y culpaban a los héroes de ser malos padres. Los periódicos sensacionalistas tenían esa virtud de enfadar a los protagonistas de las historias que contaban.

Rose y Albus estaban sumamente preocupados por el paradero de sus hermanos. Afortunadamente, sabían que había sido decisión de sus hermanos marcharse por su cuenta a Hogwarts gracias a una carta que Hugo le dejó a su madre. Por tanto, el Departamento de Seguridad Mágica y toda su familia buscaba, sin cesar, la trayectoria que podrían haber seguido.

Sin éxito.

-Mi padre me ha dicho que es probable que hayan usado un hechizo de ocultación -informó Alice.

Los otros dos asintieron, sabiendo de antemano aquel dato.

-En serio, sigo creyendo que vuestros hermanos son superdotados -dijo Peter Greenwood. Rose resopló con resignación. -Vendrá de familia -añadió para no hacer enfadar a la bestia Weasley.

Ya no hacía tanto frío como los primeros días. Alcanzar la frontera con Escocia no había sido nada fácil: la lluvia primaveral era un gran contratiempo. Se refugiaban en la tienda de campañas que tío Charlie le regaló a Hugo un año por Navidad. ¡Y qué maravilla! Lo que aparentaba ser una tienda normal, escondía una gran carpa con provisiones dentro. Según le había contado su tío, era lo que siempre habían utilizado los exploradores magos.

Sólo se habían encontrado animales silvestres. Si eran honestos, ninguno sabía cómo se llamaban la mitad, pero intuían que no les haría ningún daño. Lily propuso cazar a alguno para comerlo, mas la idea fue desechada en el momento en el que se dieron cuenta de que no serían capaces de distinguir una carne bien hecha de carne cruda incomestible. Por su propio bien, se ciñeron a las provisiones que la carpa escondía.

También tenían callos en los pies. No habían contado con eso y Hugo no sabía ningún hechizo para remediarlo. Decidieron explotarse las vejigas que les salían en la planta del pie para andar sin tanta molestia.

Llevaban días sin bañarse. Para empezar, no habían ni encontrado un lugar apropiado para hacerlo: temían que los arroyos o ríos estuvieran poblados de animales que le rasgarían sin dudar la piel. Habían pensado en darse con toallas húmedas, pero ninguno de los dos lo hizo al no querer sentir el frío que se calaba en sus huesos.

Llegar a la frontera era llegar al norte. Y llegar al norte suponía arribar al frío. No estaban preparados para el frío tan tardío. Creían que no necesitarían más refugio que la carpa. No obstante, la carpa sólo ajustaba la temperatura unos grados más arriba o más abajo. Y no había mantas como para detener el aire congelado del norte.

Llevaban todo el día buscando un refugio para la noche.

Y, obviamente, no iban a acudir a ningún mago que les delataría. Estaban a punto de cumplir con su objetivo y nadie les iba a arrebatar la entrada triunfal a Hogwarts. Serían los primeros niños en ir a Hogwarts sin haber recibido la carta. Los primeros niños en pasar tanto tiempo en el mundo mágico sin hacer sonar el radar del Departamento de Seguridad Mágica. Por esa misma razón, Hugo sabía que iba a tener que dar explicaciones. También sabía que sería, desde entonces, alguien importante para el Departamento. Como aquellos niños que contrataba la CIA en las películas americanas porque eran muy adelantados para su edad.

-¿Y aquello de allí? -Lily Potter señalaba un saliente en una rasgada colina.

Hugo Weasley entornó los ojos. Antes de contestar, sacó su mapa de su abrigo y observó dónde se encontraban para cerciorarse de que pasar la noche en lo que parecía una cueva natural no les atrasaría.

Se encontraban en Carrawburgh, al noreste de Inglaterra, donde podían ver restos del muro de Adriano. También había un adoratorio a alguna diosa cuyo nombre Hugo no apuntó en su mapa, pues seguramente no fuera de importancia. Además, los adoratorios estaban en el mundo muggle y ellos estaban en el mundo mágico, en aquel velo borroso que los muggles nunca serían capaces de descifrar.

-Vamos -se aventuró el joven.

Tuvieron que andar colina arriba, por lo que Lily resopló. Últimamente no hablaba mucho y Hugo intuía que era porque estaba muy cansada. O estaba en paz. A veces, al principio de su viaje, la había visto muy nerviosa, con miedo, incluso. Como si estuviera esperando a que alguien les atrapara.

Las gotas comenzaron a caer sobre la hierba verde indicando que era hora de que aceleraran el ritmo. Lily se detuvo en seco. Miró al cielo y vio una gran masa negra de tormenta.

-Hugo, ¿estás seguro de todo esto?

Él se lo había preguntado a sí mismo varias veces. Sí, tenía nueve años. Y aquello era una maldita locura. Pero quería demostrar su valía. Quería proponer ingresar en Hogwarts el curso siguiente y esa era su manera de ganarse su admisión.

-Vamos, Lily, date prisa o cogerás una gripe.

La muchacha se encogió de hombros y siguió a su primo.

Al llegar al saliente de roca negra, les esperaba una entrada resbaladiza.

-Cuidado -advirtió Lily, al ver cómo el agua entraba en la cueva y convertía a las piedras planas que cubrían el suelo en una trampa para torpes.

Hugo sacó la linterna. El cielo estaba oscuro y muy poca luz entraba por el saliente.

Una vez dentro, siguieron la gruta natural más dentro de la colina. La lluvia era un eco cada vez más lejano.

La luz de la linterna se topó con un muro liso que detenía su camino hacia el interior de la gruta. Hugo acercó la linterna al muro. Había algo en relieve.

-Nyneve -leyó Lily. -¿Qué significa eso?

Hugo sintió un escalofrío.

-No lo sé.

-Qué raro que tú no lo sepas.

-Puede ser cualquier cosa, incluso nada en absoluto.

Lily puso los ojos en blanco y se giró para observar el diminuto espacio que tenían para montar una tienda de campañas en una gruta tan ancha como el cuerpo redondo de su abuela Molly.

-¿No nos moriremos de frío aquí?

-Ya no nos queda otra opción, ¿no oyes cómo diluvia ahí fuera? Sé de un hechizo que agrandaría este lugar, pero creo que no va a funcionar.

-¿No eras súper poderoso? -se mofó su prima.

Hugo la miró con un gesto sombrío.

-Es el lugar, Lily. Creo que este lugar tiene una magia extraña, ¿no lo sientes?

La joven se estremeció. Sí que lo había sentido pero creía que eran imaginaciones suyas

Tenía que reconocer que estaba agobiada.

No sólo por los exámenes finales, aunque esa era la excusa que le había dado a su primo Louis y a Roxanne. Ambos sabían que era mentira, pero lo dejaron estar.

Estaba agobiada porque nunca antes había estado en una relación. ¿Acaso lo estaba?

Desde que llegó a Hogwarts de las vacaciones de Pascua y le contó a Louis que tenía «algo» con Nott, había caído empicado ese «algo».

¿Es que acaso no habían estado a solas paseando por Hogwarts y hablando de su propia filosofía? Sí, claro que sí. Más no se habían vuelto a besar. Y, para colmo, todo el colegio había sucumbido al rumor de que estaban juntos. ¡Pero que es que no lo estaban!

Lucy le echaba las culpas constantemente a Nott: era un cobarde, un soso que no se atrevía a dar un paso adelante.

-¿Te acompaño a Adivinación? -le preguntó Nott, quien se había sentado a su lado en la clase que compartían en Pociones.

Louis la miró expectante. Como esperando a que dijese que sí y fueran de la mano por el pasillo… Pero es que eso nunca ocurría. Louis le había dicho que quizás eran cosas de Lucy.

-Esto… Sí -acertó a decir Lucy, notando la presión de la mirada de Chris sobre ella.

A veces le costaba devolverle la mirada. Cada vez que observaba esos ojos verdes, se perdía en ellos. Se sentía muy boba. Y eso la alteraba. Su prima Roxanne le había dicho que estaba enamorada, algo que ella negaba con rotundidad. ¿Cómo iba a estar enamorada de alguien con el que solo había compartido dos besos? Qué complicado era el amor a esa edad.

Louis fue con ellos, porque eran un trío y no iban a dejar al joven solo. Sobre todo, si ellos ni siquiera parecían estar juntos.

-¡Se me ha olvidado el libro de Adivinación en el dormitorio! -exclamó Louis mientras sonreía como si fuese lo mejor del día. -¡Os veo allí!

Por supuesto, era una encerrona. Maldito Louis.

-Qué raro -susurró Nott. Miró a Lucy con rubor en las mejillas. -Juraría que se lo había visto en la cartera.

Lucy le sonrió de vuelta.

-Ya se dará cuenta -dijo rápidamente.

Avanzaron por el pasillo a una distancia prudente el uno del otro. Y ninguno dijo ni una sola palabra en un tiempo que pareció eterno.

-Me han preguntado varios de Slytherin si estábamos juntos, Lucy -las palabras de Nott sonaron más a una acusación que a una afirmación. -¿Tú has dicho algo?

Lucy sintió el rubor subirle por las mejillas hasta las orejas. ¿Acaso no podía decir nada? Bueno, tampoco había dicho que fueran «nada». Maldita sea, ¿es que él no quería verse relacionado con ella?

-Ya sabes cómo son mis primos… -En realidad, probablemente Nott no sabía cómo eran sus primos. - Lo cierto es que quería preguntarte algo sobre eso…-Al parecer, estaba sacando su valentía de la vergüenza. Qué irónico. -Tú… Tú me has besado dos veces. Y quedamos a solas. Y…

-¿Y? -Nott soltó una risa y una sonrisa lobuna apareció en su rostro. A Lucy se le encogió el estómago. -¿Podemos seguir haciéndolo? -Lucy se ruborizó. -Me refiero a quedar a solas. Me gusta tu compañía, Weasley, eso lo sabes ya. Pero creo que lo que van diciendo por ahí… Es demasiado precipitado. No me malinterpretes, no quiero decir que no quiera estar contigo… Es solo que… Imagina cómo reaccionarían nuestras familias. Además, no nos conocemos «tan» bien. Quiero seguir conociéndote. Hasta hace nada tan sólo éramos compañeros de biblioteca.

-Claro, seguimos siendo amigos, Nott. Ningún problema -dijo rápidamente Lucy. Abruptamente. Estaba dolida, no se esperaba un rechazo tan indirecto. Maldita sea, ¿por qué en su cabeza iban las cosas tan deprisa?

Nott se detuvo y agarró el brazo de Lucy. La apartó a un lado del pasillo y la obligó a mirarla a los ojos. Las manos de la joven estaban temblando. Su corazón palpitaba a mil por hora. Y su estómago estaba tan cerrado que creía que jamás volvería a comer.

-Me gustas, Lucy Weasley. Me gustas mucho. Pero, aunque creas que salir conmigo puede ser fácil, no lo es. Venimos de mundos diferentes. Y los prejuicios de las guerras aún no se han calmado. Es mejor si vamos despacio.

Nunca antes había escuchado a Nott hablar así. Estaba serio. Y decía cosas razonables. Sí, sabía que él tenía razón. Que sus padres aún no sabían ni que era su amigo. Que le acechaban miradas de reprimenda por parte de sus compañeras de Casa. ¿Pero qué más daba?

Quizás Lucy aún no comprendía lo que suponía desafiar las leyes de la sociedad mágica.

Y, de pronto, Christopher Nott le robó un delicado beso.



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