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La Tercera Generación de Hogwarts » (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
[ Más información ]

(VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)

Se había convertido en su mejor amigo. Había sido sin querer. Le había cogido cariño involuntariamente. Decían que el roce hacía el cariño y era cierto. Su amistad nacía de la oscuridad, de la soledad y del miedo. Y juntos habían logrado sobrevivir a un posible naufragio.

-Te voy a echar de menos -Susurró en su oído. Se dejó llevar por el extraño calor que le transmitía en el abrazo. Apretó su costado con sus dos brazos. -Si necesitas algo, estaré en la otra punta del mundo -Se rio. Intentó que su voz no sonara seca o triste. 

Monique Jordan se separó del abrazo. Observó a su amigo. Tenía el pelo rizado más largo de lo habitual. Con todo lo que había pasado últimamente, uno no tenía tiempo para el cuidado personal. Incluso se había dejado algo de barba. No le quedaba bien. Aunque le hiciera parecer menos delgado. 

-Creo que allí te necesitarán más que yo - Le contestó Christopher Nott. 

Ladeó la cabeza. Quería decirle que no. Más ambos sabían que era así.

Él se iba a Luperca porque estaría lejos del resto. Más protegido. Menos probabilidades de que Morgana volviera si Chris tenía un pequeño ejército de licántropos custodiándole. Y Monique Jordan no quería que le pasara nada a su amigo.

Por su parte, ella también tenía trabajo que hacer. La Sanadora Katie Bell había sido designada por el Temple para ocuparse de los residentes del castillo Raglan. Y a Monique Jordan, dada su labor previa en el campo y la familiaridad con la investigación, iba a ir a la Granja. A Rumanía. Con todas las personas que no habían encontrado una forma de sanar del líquido azul del doctor Schneider. Alumnos de Hogwarts. Personal del Ministerio. Un total de siete personas cuya naturaleza interior era aún desconocida. Y eso les asustaba a todos. Monique tenía una misión con ellos: o sanarles, o controlarles. Dos cosas que sabían que eran posibles. Dos cosas sumamente complejas. 

Su amigo la estaba mirando con los ojos entornados. A menudo, Monique pensaba que aquel muchacho tenía una percepción sobrenatural de las emociones de los demás. Al estar conectado al alma de los muertos, de algún modo, Monique creía que podía leer el alma de los vivos. No con total claridad. Pero sí recoger expresiones o sensaciones que le ayudaran a entender por qué Monique se había quedado callada. 

-No hace falta que lo digas -Se adelantó ella.

-No son tu responsabilidad -Le recordó, pese a ello. -No pasa nada si no puedes hacer nada -Insistió. 

Esa era la diferencia entre un Slytherin y una Gryffindor. Uno sabía cuando rendirse. La otra no. La otra no es que fuera valiente ni noble con respecto a los demás. Había algo más que se había sumado a la culpa de no haber podido hacer nada por su hermana. Había saboreado algo que nunca había sentido. Reconocimiento. Cuando ayudó en Hogwarts a los pacientes de la Batalla de Londres y demostró tener talento… Fue reconocida por el Ministerio. Le dieron una misión solo para ella. Supuso que aquello era lo que buscaban los Gryffindor. Un poco de gloria. 

Nott lo encontraba peligroso. ¿Por qué? Porque los Gryffindor hacían cosas estúpidas para hacerse los héroes, decía. Mientras que un Slytherin analizaría al detalle la forma más simple, intuitiva y astuta de abordar un problema; un Ravenclaw investigaría la opción más lógica y razonable; y un Hufflepuff conciliaría la mejor opción que ayudara a más personas… Los Gryffindor eran más egoístas e impulsivos. Los Sanadores solían ser Slytherin o Ravenclaw por ese motivo. Algún que otro Hufflepuff. Rara vez Gryffindors. 

-Deberías confiar un poco más en tu única amiga -Se mofó. 

Lo vio rodar los ojos. 

-Si necesitas algo, ven a verme -Le repitió. 

Ella asintió. Habían acordado aquello. O se les había impuesto. 

Cogió su baúl. Y se dirigió hacia el agente del Departamento de Transportes Mágicos. Los miraba aburridos. ¿Cuántas despedidas tendría que ver al día? Por suerte, sus padres habían decidido despedirla en casa. Su madre no quería que fuera a Rumanía. Y Lee Jordan estaba bastante orgulloso de ella como para impedírselo. 

-Buen viaje, señorita Jordan -Dijo el hombre de avanzada edad.

Le dedicó una sonrisa nerviosa. 

Agarró el traslador con su mano libre. Un viaje largo. Con traslador. Una llave. Odiaba aquello. Odiaba Aparecerse. Pero más aún odiaba el traslador. Toda su visión se hizo un borrón. Su estómago dio mil vueltas. Perdió la noción del tiempo en cuestión de segundos. Habría preferido ir en un avión muggle. No el mejor momento para transporte muggle, por desgracia.

El traslador la dejó en un lugar que le robó el aliento por un momento. Hizo un giro de trescientos sesenta grados para absorber todo el aire puro que se podía respirar en lo alto de la cordillera de los Cárparos. Parecía como si estuviera en la cima del mundo. El cielo se extendía ante ella bajo un paisaje de montes escarpados llenos de vegetación verde. Mucho más espectacular que Escocia. Algo que nunca había visto. Sus padres no solían viajar. 

Inhaló el ambiente y se llenó los pulmones de energía. Estaba allí para trabajar, no de vacaciones; tuvo que recordarse. Entornó la mirada para para buscar la Granja. Ya le habían avisado de que no era ninguna construcción. Ningún edificio per se. Sino un conjunto de tiendas de campañas mágicas. Encontró un hilo de humo saliendo del bosque. Y lo siguió.

Oyó el graznido de varios dragones sobre ella. Sonrió. Reconoció a Norberta y a Fred Weasley entre los seis dragones que iban en dirección opuesta. Les siguió con la mirada. Era majestuoso. Verlos en plena naturaleza. Verlos juntos. De diferentes especies. Colores. Tamaños. En aquel cielo abierto europeo. 

Conforme se fue acercando al asentamiento, oyó el ruido del día a día del lugar. Palabras en lenguas vernáculas. Platos. Órdenes. Madera cortándose. Risas. Murmullos.

Charlie Weasley estaba esperándola con una sonrisa y los brazos cruzados sobre su pecho. Aún no se acostumbraba a que el tío más alejado de la familia Weasley fuese el Weasley con el que más se comunicaba. Roxanne no era tan fan de su tío como parecía serlo Lucy Weasley en aquel momento. Y Susan tampoco había tenido mucho contacto con él. Ahora era su superior. 

-Veo que has encontrado el camino -Observó. Cogió el baúl que llevaba tras ella con un hechizo. 

-Era fácil con solo ver el humo de la hoguera -Señaló ella.

-Oh, claro -Sonrió. -Vamos, voy a enseñarte tu tienda… -Encontró dificultad al coger el baúl. -¿Cuánto tiempo piensas quedarte aquí…? 

Se rio. 

-Oh, está lleno de libros y de utensilios de la Sanadora Bell -Respondió mordiéndose el labio. -Espero que sea suficiente…

-Estoy seguro de que sí -Admitió Charlie Weasley. -Ya me han contado lo bien que desenvuelves en casos de extrema necesidad -La alabó. 

-Todos habrían hecho lo mismo en mi lugar -Dijo humildemente. 

-Pero no todos han encontrado la solución, ¿eh? 

-No todos se han beneficiado de ella -Terció. 

Si no se había dado cuenta de que Monique Jordan era una persona exigente consigo misma, debería hacerlo en aquel instante. O, al menos, verlo en su forma de mostrarse ante el resto. Monique Jordan siempre había sido así. Siempre llevaba la ropa impoluta. Se movía con absoluta elegancia. Llevaba el maquillaje perfecto. El pelo alisado y sin que una hebra se fuera de su lado. Todos siempre le habían dicho que Roxanne era el balance perfecto para su frialdad. Nott parecía seguir la estela, siendo el desaliñado desastre que era. 

La estuvo guiando por mitad de las tiendas de campaña. Eran grandes carpas de color morado y rojo. De tela gruesa. Motivos florales. Como si estuvieran sacadas de un oasis del desierto. En mitad del bosque. Le presentó a magizoologistas de todos los rincones del mundo. Algún que otro Auror que reconoció. Un par de historiadores. Herbólogos. Saludó brevemente a Cornelia y Lola Brooks. Las veelas y los vampiros se habían ido ya. 

-Fred ha salido hace un rato -Comentó. 

-Lo he visto sobrevolar el monte -Dijo simplemente. 

Si Fred Weasley estaba huyendo de ella, de nuevo, no le importaba. Estaba allí por trabajo. No por su hermana. Aunque el trabajo tuviera relación con ella. La última vez que le vio, le había pedido que ayudara a la Slytherin que estaba allí. Salió disparado acusándola de postrar su culpabilidad sobre la muchacha. 

Charlie la guio hacia una tienda de campaña un poco más pequeña. 

-Es para ti sola… -Se aclaró la garganta. -No hay muchas mujeres en la Granja y no sabía si te sentirías cómoda compartiendo la tienda con algunos hombres -Suspiró. -Además, he oído que los Sanadores podéis quedaros hasta altas horas de la madrugada con vuestros experimentos… Nosotros somos más tranquilos y hacemos las cosas sin tanta intensidad -Intentó suavizar.

-Está bien.

Sonrió, aliviada por tener espacio para ella sola. Nunca se le había dado tiempo compartir habitación. En Hogwarts, por suerte, había tenido a Roxanne en su habitación para callar las quejas de Bea Fenwick y Lucy Weasley cuando se quedaba hasta tarde estudiando. 

Charlie dejó el baúl al lado de un colchón sobre el suelo. La miró.

-Ahora, te enseñaré tu lugar de trabajo… -Le indicó que saliera de la tienda. Ella volvió a perseguirle. -Es la zona más alejada… Para que no tengamos problemas en caso de que un paciente… Pueda poner en peligro a las hermanas Brooks -Ladeó la cabeza. Bueno, su sobrina Molly era un buen ejemplo de lo que podía ocurrir. -Hemos puesto un hechizo de protección alrededor. O sea, protección para nosotros… -Suspiró. -Pero, de todos modos, todos podemos entrar sin problemas… Los siete se aburren mucho y han hecho amistad con algunos de la Granja… 

Se trataba, efectivamente, de una tienda de campaña recluida. Incluso los árboles estaban más juntos a su alrededor. Como una especie de prisión orgánica. Frunció el ceño. Había diferentes pequeñas tiendas de campañas. Contó siete. Y una carpa bastante grande. 

-¿Cada paciente tiene una tienda de campaña?

-Sí, y todas tienen protección… Por si un paciente… Pierde el control -Dijo con cuidado de no utilizar ningún lenguaje ofensivo. Su hermana había sido un experimento. Entendía su tacto. -No queríamos que estuvieran por la noche todos en el mismo lugar… Hay un Auror que se queda con ellos de todos modos… Adam Montrose… Era Gryffindor, ¿lo recuerdas? ¿Del año de mi sobrina Victoire? ¿Cazador? -Monique asintió. Claro que lo conocía. Había tenido varias citas con él en Hogsmeade. No sabía que había decidido ser cazador. Aunque tampoco era como si le interesara su vida. -En la carpa grande debes encontrar todo el historial y lo que ha sucedido hasta ahora, que es básicamente nada…Pero están sus dietas… Y, no sé, tú debes entender lo que han ido escribiendo según lo último que le indicastéis…

-Sí -Dijo ella. 

-Bueno, te dejo en tu lugar… -Se aclaró la garganta. -Llámame si necesitas algo… Y, si hay algún problema, díselo a Montrose.

-Espero no necesitar su ayuda -Dijo con una sonrisa. 

-Vamos a llevar a las hermanas Brooks a Inglaterra más tarde… Si no me encuentras, puedes hablar con Fred -Le sugirió. 

-Claro, no te preocupes -Dijo, sin incidir en el hecho de que probablemente aquello no ocurriría. 

-Bien… -Charlie Weasley se dio la vuelta. -¡Adiós y gracias!

Contempló su corpulenta y relativamente baja figura marcharse de vuelta al corazón del campamento. Una parte de ella aliviada de que las hermanas Brooks no estuvieran allí una vez que comenzara a investigar una forma de curar a sus pacientes. No quería ponerlas en peligro. Otra parte de ella, nerviosa por enfrentarse sola a aquella enorme capa. 

Un cartel que rezaba "Enfermería" le hizo sonreír. Vio varias camas, una docena contó. Al final, una mesa de metal. Una estantería vacía. Un lavabo. Hierbas. Pociones. Las examinó. También se percató de que le habían dejado los expedientes de los pacientes sobre una de las camas. Vio los nombres. Se detuvo en el de Claire Jenkins. Había sido la primera en descubrir que era una paciente. La que se había negado a decirle a sus mejores amigos que estaba en Rumanía. Y la nieta de los duques que habían regalado el castillo de Raglan a Alexander Moonlight. 

Suspiró. No quería reconocerlo. Pero ella era la primera persona a la que quería ayudar. No tenía nada en común con su hermana. Era solo un año menor que ella -como su hermana. Pero los rumores que siempre había escuchado de ella… Solo le alegraba saber que no escuchaba lo mismo de Susan. Sus mejores amigos eran David Morrit y Tim Marrs. Aunque parecieran unos muchachos responsables… Monique Jordan recordaba la reputación del trío. Después de todo, eran los fundadores del Diario del Castillo. Tenían cierto poder sobre la narrativa de lo que ocurría en el castillo. Y, aunque las mazmorras quedaban muy lejos de la Torre de Gryffindor, los cotilleos también llegaban allí. Marrs, pese a no ser especialmente atractivo, tenía una forma de captar a jóvenes bajo sus palabras. Ella era una de esas chicas, ¿no? Habían quedado durante el año anterior. Y entendía perfectamente la reputación de Marrs. Con los Slytherin, Monique tenía información de primer grado gracias a Chris, quien compartía habitación con Morrit. Se podía decir que tenía una vida personal ajetreada. ¿Los rumores de que Morrit y Jenkins tenían algo? Definitivamente cierto. Solo que, en palabras de Chris, "tenían algo con todos los miembros de la Casa". Chris decía que la llamaban la "princesa de Slytherin". Lo cierto era que Monique siempre había creído que era sangre pura: su elegante ropa, sus aires de superioridad, su relación con el resto de la Casa… No fue la única que se sorprendió sobremanera cuando James Sirius Potter reunió al trío y también los nombró Guardianes de Hogwarts. Conocerlos a través de aquellas reuniones y conocer su reputación era como dos mundos que parecían no colisionar. Con ellos eran simpáticos, agradables y acogedores. Tenían que adaptarse a la plebe, supuso.

Decidió ir a ver a Jenkins. Iba a pasar bastante tiempo con ella. Aunque tuviera ciertos prejuicios sobre ella, era su paciente y necesitaba entenderla para saber cómo ayudarla a controlar a la cigarra que llevaba dentro. Sabía que les habían liberado de sus cadenas cuando decidieron darles un poco más de libertad.

Buscó su cabaña. Rodó los ojos. Además de ser de color verde esmeralda, tenía hebras plateadas. Y definitivamente una calidad de tela superior a la del resto. Sacó su varita. Que la hubieran liberado de sus cadenas no significaba que no fuera peligrosa. Lo era aún más. Cada día que pasaba. 

Entró en la pequeña y lujosa carpa. Soltó un chillido y se tapó los ojos.

Sobre la cama, dos cuerpos desnudos estaban haciendo cosas que Monique Jordan no tenía por qué ver. 

-¡JODER! -Gritó la voz de Adam Montrose.

Monique siguió tapándose sus ojos con las manos y salió de la carpa rápidamente. 

-¿Pero quién se ha creído que es entrando sin avisar? -Escuchó a Claire Jenkins.

Aquello enervó a Monique Jordan. ¿Cómo que quién era? ¡Era la Sanadora! ¡Y ella no debía estar haciendo nada con nadie! ¡Y si despertaba así a su cigarra! Soltó aire furiosamente por la nariz. Y decidió interrumpirles.

Se aclaró la garganta. Claire Jenkins se había tapado con la sábana. Montrose se estaba abrochando los pantalones. Mientras que Montrose parecía bastante avergonzado -lo cual debía estarlo, pues era Auror y Jenkins era su trabajo; Jenkins la fulminaba con la mirada. Aquello era nuevo. Antes había sido simpática.

-Esto no puede volver a ocurrir -Les amenazó. 

Montrose comenzó a abrocharse la camisa negra. Jenkins puso los ojos en blanco. Salió de la cama y la enfrentó con su cuerpo desnudo. Monique fijó su mirada en los ojos.

-Me he recluido en el lugar más alejado del mundo…-Dijo Jenkins. -Sigo tus estúpidas instrucciones…. ¿Y ahora no puedo divertirme? -Inquirió. -¿No te das cuenta de que no funciona nada conmigo? -Estaba frustrada. Monique suspiró. Se imaginó que la impotencia consumiría a alguno de sus pacientes. No esperaba que fuera tan rápido. Pero eran demasiado jóvenes como para tener una clara sentencia de muerte sobre su cabeza. Jenkins le apuntó con el dedo. -¡Y no me digas que llame a Morrit! 

-Montrose, márchese, por favor -Pidió al Auror. Este no tardó en salir disparado de allí. Lo vio por el rabillo del ojo. Mejillas enrojecidas y mordiéndose el labio. Monique suspiró y se enfrentó a la figura desnuda de Claire Jenkins. -Vístete -Le ordenó. Su paciente no se inmutó. -Jenkins, he venido a ayudarte… No lo hagas más difícil… ¿Por qué estás así?

Ella parpadeó varias veces.

Como si no pudiera entender cómo Monique Jordan le estuviera haciendo esa pregunta. 

-¡Me prometiste que me ibas a salvar y aún sigo aquí! -Se quejó.

-Queremos controlar a la cigarra… No es algo que pueda hacerse de un día para otro -Señaló. 

-Londres está muriéndose y yo estoy aquí encerrada… ¿Crees que me gusta estar de brazos cruzados? -Espetó. -Quiero ayudar, Jordan, pero tu incompetencia no me deja hacerlo. 

Monique ocultó una risa de incredulidad. O sea que aquella era la "princesa Slytherin". La nieta de los duques de Beaufort. Debía decir que no le extrañaba que se comportara así si no conseguía algo. 

-Algún día tenías que esforzarte un poco más por conseguir lo que quieres -Espetó de vuelta. 

Entornó su mirada hacia ella. 

-Tú no sabes nada de mí -Le escupió en el suelo. 

De nuevo, Monique alzó las cejas, atónita ante aquella faceta de Claire Jenkins.

-Y tú no sabes nada de la magia que tienes dentro -Puntualizó Monique. -Empezaremos mañana -Indicó. -Ven con algo de ropa y deja de hacer tonterías con Montrose… Eso no es ayudar -Añadió con gravedad en su voz.

-¿Mis abuelos te han pagado o algo para que me ayudes? -Preguntó, de repente. 

Monique, quien estaba apunto de marcharse de allí, arrugó la frente y la miró. De nuevo, sorprendida. Aquella muchacha iba a sacarla de juicio. Pero no todos los pacientes iban a ser fáciles.

-No, ¿por qué preguntas eso? 

-Oh, entonces quieres ayudarme por tu hermana -Se lamentó teatralmente. -Es solo que como te has ido todo el verano fuera de la Granja… Pensé que habías pensado que éramos causas perdidas -Explicó simplemente.

La antigua Gryffindor entendió entonces que aquella muchacha se había sentido abandonada por la Sanadora que le había prometido sanarla. Entendía su furia. Su impotencia. Y, sobre todo, su recelo hacia ella. 

Se aclaró la garganta. 

-No voy a descansar hasta que puedas controlar el alma…

-Sí, sí -Sacudió su mano como quitándole importancia. Suspiró lánguidamente. Se aclaró la garganta. Se miró su propio cuerpo desnudo. Arqueó su espalda para ponerse más recta. -Siento el arrebato, Sanadora Jordan -Dijo con un tono suave. -No volverá a pasar -La miraba a los ojos fijamente. -Espero que entiendas mi impulso hacia necesidades básicas… Teniendo en cuenta que usted era igual que yo en Hogwarts -De nuevo, encontró cierto desafío en su mirada. Aquello pretendía ser un insulto. Pero Monique ya se había conciliado con cómo era antes de la muerte de Roxanne. -Quisiera recordarle, antes de entrar dentro de mi alma… Que no soy Susan Jordan -Declaró. -Soy Claire Jenkins Somerset… Y no le va a gustar lo que tengo dentro de mí. 

La Sanadora decidió ignorar la superioridad en su voz. Aquello encajaba más con la reputación que había labrado en Hogwarts. La de una completa Slytherin. Monique decidió ignorar aquello. ¿Es que no quería sanarse? 

-¿Algo más, señorita Jenkins? -Le preguntó con un tono de irritación que no pudo evitar.

-De hecho, sí -Dijo ella, con la barbilla alzada. -¿Podría darme una lista de las víctimas de Whitehall? 

La pilló desprevenida. Frunció el ceño. 

-¿De los alumnos del Ojo? 

-¿Hay otras víctimas del Ojo? 

-¿Para qué quieres eso? -La sospecha era palpable. 

-Fueron mis compañeros de Casa durante seis años -Contestó como si fuera una obviedad. -Quiero saber qué ha sido de ellos.

-Esos alumnos de Hogwarts te pusieron en la situación en la que estás ahora… ¡Te hicieron esto! -No ocultó la rabia que creció dentro de ella.

-Ellos no tenían por qué saber nada -Dijo tranquilamente.

-¡Sí! -Insistió. -Gregory Zabini reveló dónde ocultaban a los… A las personas como tú…

-¿Greg?

-Sí, Zabini -Repitió frustrada Monique. -Y probablemente él sabía lo que te estaban haciendo -Dijo. -No puedo creer que quieras saber algo de ellos cuando lo que te han hecho es imperdonable…

-¿Cómo sabes eso? -Dijo ella, ignorándola. -¿Cómo sabes que fue Greg?

Monique Jordan guardó silencio. Porque se dio cuenta de que no confiaba del todo en ella. Porque le resultaba sospechoso. Aunque era imposible que ella tuviera que ver algo con aquellos miembros del Ojo. No por ser Slytherin debía serlo. Nott era Slytherin. Pero la forma en la que quería arrancarle aquella información no le acabó de convencer. Por lo que decidió ocultar el hecho de que Lucy Weasley estuvo presente en su interrogación.

-Porque fue una de las víctimas. 

La vio palidecer. 

Algo que no tenía sentido. Ese muchacho la había convertido en aquello. ¿Por qué no se alegraba? ¿Qué retorcida mente tenían los Slytherin?

Claire Jenkins volvió a arquear la espalda. Alzó aún más la barbilla.

-Es mi hora de mi exfoliación -Anunció. -Si no le importa, puede marcharse. 

Monique parpadeó. ¿Quién se creía que era esa muchacha?

-Nos vemos mañana -Dijo entre dientes.

-Si no me convierto en un monstruo antes -La escuchó susurrar al marcharse. 




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