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La Tercera Generación de Hogwarts » (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
[ Más información ]

(VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


El aire frío de la mañana rasgó su piel como un cuchillo. Sus músculos se sacudieron con cada zancada que daba. Aún tenía el pelo húmedo. Las gotas de agua se confundían con las de sudor. Sentía sus mejillas rojas por el esfuerzo. Su respiración entrecortada. 

Escaneó con la mirada la colina que estaba peinando. Se detuvo. Cogió oxígeno. Enfocó sus pupilas hacia la figura que llevaba persiguiendo todo aquel rato. Su rapidez le superaba. Se había sorprendido de su energía. Cogió fuerza para volver a seguir sus pasos. Conforme se fue acercando, escuchó sus jadeos. Sonrió con suficiencia. Si se cansaba por exceder sus fuerzas, podría alcanzarla. Podría sacar su varita y detenerla. Más decidió jugar limpio aquella vez. 

No obstante, ella seguía siendo más rápida que él. Se mordió el labio por dentro, mientras intentó acelerar su ritmo. La vio mirar hacia atrás. Sus ojos se encontraron. Ella se regodeó. No la iba a alcanzar. Ambos eran conscientes de ello. Siguió intentándolo. Las hojas de los árboles quebrándose en sus pies desnudos. La luz del día haciendo mella en su piel. Tuvo que controlar su respiración en un par de ocasiones para no detenerse y que la ventaja se disparara para ella.

El majestuoso edificio se alzó sobre él. Salió de la linde del bosque. Ella alcanzó la escalinata. La vio sentarse y estirar sus brazos en señal de victoria. Todos los músculos de él se relajaron cuando, finalmente, la alcanzó. 

Se lanzó a sus brazos y la envolvió. Sus delgadas manos en seguida lucharon por zafarse de su cuerpo lleno de sudor que emitía todo el calor absorbido del sol y el ejercicio de su rutina matutina. 

-¡ALBUS! -Chilló Alice. -¡Estás sudado! ¡Déjame!

Albus Severus Potter se apartó unos centímetros de ella. La aprisionó con sus dos brazos a sendos lados de su menudo cuerpo. Ella arqueó una ceja ante su negativa a su orden. Albus sonrió burlonamente. 

-¿Dónde está mi premio de consolación?

La escuchó reírse y la acompañó. Sus músculos estaban destrozados. Habían estado una hora corriendo descalzos. Haciendo deporte para mantenerse entrenados cuando pudieran volver a la civilización. Albus se había unido a la rutina del Ojo de entrenamientos para sus soldados que habían enseñado a Alice Longbotton. 

Después de unos meses en Azkaban, la muchacha no quería pasar tiempo dentro de un edificio. Incluso si era el palacio más gigantesco que había visto nunca. Y había estado previamente en la Mansión Malfoy. Así, Alice le había propuesto a Albus que hicieran juntos el entrenamiento en el que había estado inmersa más de un año. Por mucho que quisiera guardar su orgullo, Albus debía admitir que el Ojo estaba poniendo en forma a sus soldados. ¿Su primo Louis estaba haciendo aquello? No pudo moverse los primeros días de lo agarrotados que tenía los músculos. Y no solo de correr descalzos por los alrededores de Skye. Sino de recibir palizas de Alice. El combate muggle que a su madre le encantaba presenciar. Su madre también había participado en sus pasatiempos. Les enseñaba algún que otro conjuro. Admiraba abiertamente lo mucho que había cambiado la niña torpe que había sido. Albus estaba orgulloso de ella. Mientras no le pusieran en una escoba, Alice Longbotton podría defenderse a sí misma sin problemas. Albus tenía claro que la utilizaría de escudo. Algo que no diría en voz alta, pero que inevitablemente pensaba cuando le tiraba al suelo incluso si Albus trataba de evitar las llaves sobre él. 

-En tus sueños, Severus -Se burló ella.

Albus le guiñó el ojo. 

-Todas las noches -Susurró en su oído. 

Ella se rio. Volvió a empujarle. Aquella vez, pillándolo con la guardia baja, lo tambaleó y lo alejó. Albus se incorporó rápidamente. Se quitó el pelo de la frente. Observó a Alice mientras estiraba sus músculos. Incluso tras un mes viviendo todos los días con ella, no se acostumbraba a combatir sus impulsos adolescentes cada vez que la tenía en frente. Su madre hacía un gran trabajo en retener sus pensamientos. Y sus acciones. 

-¿Vas a seguir con el Filtro de muertos en vida? -Preguntó Alice, recogiendo su pelo y mirándole desde unos escalones por encima de él. Poniéndola justo a la altura de sus ojos. Albus arrugó el rostro. -¿Sigues teniendo problemas con el sopóforo?

Puesto que tenían tanto tiempo libre y no sabía cuándo volverían a Hogwarts -Alice seguía siendo una fugada de Azkaban y Albus no quería dejarla sola; habían decidido adelantar materia para su sexto curso. Se sorprendieron el uno al otro. Ya fuera por el Ojo, o por el entrenamiento de los Aurores, Albus y Alice eran alumnos avanzados. Eso sí, solo en las asignaturas que les intersaban. Eso era lo que les diferenciaba de Rose y Scorpius, ¿no? Además, eran Slytherin. Por supuesto que iban a ser excepcionales en las asignaturas que les podían servir. Albus se había convertido en un pequeño experto en Pociones -habían sido trágicamente vitales cuando estuvo con Whitehall para curar sus heridas y llevar a cabo las misiones. También Defensa Contra las Artes Oscuras. Alice, por su cuenta, había seguido con su pasión por Herbología -lo cual a Albus le venía bastante bien para que le ayudara a buscar los ingredientes de sus pociones. Y, como complementario a la segunda asignatura de Albus, Alice parecía saber bastante en ese momento sobre Artes Oscuras.

-En las instrucciones pone claramente que son 12 granos de sopóforo… Pero me parece que necesita algo más -Respondió. -Además, quiero tener acabar antes la poción Wiggenweld… Por si necesitamos el antídoto -Se rio. -¿Podría probarlo con mi madre…? -Alice arqueó una ceja con cierto escepticismo. -Así nos dejaría un tiempo a solas…

-Yo voy a ayudar a Zinnia -Anunció Alice cambiando drásticamente de tema. 

Albus le sonrió sabiendo perfectamente que estaba intentando distraerla. Pues Alice no se sentía nada cómoda sabiendo que Ginny estaba al acecho. Y nadie quería enfurecer a Ginny Potter. 

-No entiendo por qué te has convertido en su favorita -Bufó Albus. 

-Si te interesaran solo un poco las criaturas mágicas…

-Sí, sí -Sacudió su mano para decirle que no tenía importancia para él.

-Tu hermano es un licántropo, Al -Insistió. -No sé por qué estás tan escéptico de Zinnia… ¿Estás celoso?

El joven rodó los ojos. 

-Alice -Advirtió. Suspiró. 

Señaló al Palacio erguido sobre la isla de Skye. Señaló a todo el lugar. Desde las colinas que se perdían ante sus ojos. Hasta el horizonte del mar que se ahogaba en una misteriosa niebla a la que tenían expresamente prohibido aproximarse. Quiso englobar todo con sus brazos. La inmensidad de su extraño hogar. Albus pensaba, en ocasiones, que estaba hecho específicamente para ellos dos. No les dejaban entrar en todas las salas. Pero las que había… Eran salones repletos de cosas destinadas a ellos. Había una pequeña habitación para las pociones de Albus. Un jardín acristalado para las plantas de Alice. La decoración recordaba a la Sala Común de Slytherin pero con detalles muchos más acogedores. Como una chimenea con leña. Un sofá con infinitos cojines. Su madre no había comentado nada al respecto. Albus sabía que tenía sus reparos sobre aquel lugar. Es más, cada habitación en la que estaban… No era cómo si fuera diseñada para ellos. Pero extraño, porque lo sentían cercanos a ellos. 

No solo el lugar. Sus habitantes. Zinnia. La gente del mar que les observaba dentro del Palacio. Y fuera en la orilla. Las hadas del bosque que se encargaran de que todo estuviera perfecto para ellos en todo momento. Era abrumador. Las hadas eran abrumadoras. Más para Alice que para Albus -desde luego, no les culpaba por mostrar más afecto por Alice, quien siempre conseguía ganarse el corazón de todos sus conocidos. Pero las oía reírse como si fueran… Alguien importante. Como si fueran realeza. O algo similar. 

El muchacho sabía que Alice pudo leer todo lo que estaba pensando. Le habían enseñado Oclumancia… Pero siempre había tenido el talento de leer lo que pensaba su mejor amigo. 

-Estamos a salvo -Suspiró la muchacha.

-¿Cuánto nos va a costar estar aquí a salvo? -Preguntó, su voz un tono más serio. Alice se mordió el labio. -Vamos, Alice, no puedes decir que no crees que esperan algo a cambio… -Esperó en silencio a una respuesta que le tranquilizara por parte de Alice. Sobre todo, cuando Alice pasaba tanto tiempo a solas con la sirena. La Reina de Avalon. -Solo dímelo y nos vamos de aquí.

Aunque irse de aquel lugar, sorprendentemente, no era una idea que le encantara del todo. Incluso cuando todo parecía sospechoso… No podía evitar sentirse como si aquel palacio estuviera destinado a ser su hogar. Era fácil acostumbrarse a él. Era cómodo vivir allí con Alice. Y no le importaría quedarse allí para siempre, si se sinceraba por completo. Tenían habitaciones suficientes como para alojar a invitados. A amigos. Si todo salía bien… Si acababan teniendo una posguerra como sus padres… Podría ir y venir a una futura Oficina de Aurores -a la Academia primero, supuso- sin problemas con un traslador. Como otros Aurores que no vivían en Londres. Y Alice… Intuía que, después de ver la adrenalina en sus ojos y la euforia cuando sabía que era mejor que él en el combate cuerpo a cuerpo, que también se uniría a él. Nunca había imaginado entrar a la Academia de Aurores con Alice Longbotton. Ahora no imaginaba otra cosa. Solo si lograban acabar con aquella guerra. 

-¿Y si este es nuestro hogar, Albus? 

Sintió un calor en su estómago agradable que acogió de buena manera. Acortó la distancia que le separaba de Alice. La besó dulcemente. Se separó y acarició su mejilla rosada por la carrera que habían compartido hacía unos instantes.

-Tu padre me va a odiar por raptarte de su casa -Se mofó el joven.

-Mi padre te adora -Bufó Alice. -Mi madre, en cambio…

-Oh, lo hará… Siempre caigo bien a las madres -Aseguró con una sonrisa de suficiencia. 

-Astoria no cuenta -Replicó.

Aquello le recordó a todos sus amigos. A los que no había visto desde la Batalla de Londres. A Scorpius, Peter y Rose. Esperó que los tres se encontraran bien. Ginny les había contado que Scorpius había lanzado una Maldición Imperdonable a Tristán McOrez acabando con su vida. Por muy orgulloso que pudiera estar por él, Alice le trajo a la realidad, recordando que era justo lo que el Ojo quería de él. Una división en el Temple. Querían a Scorpius Malfoy entre sus filas y no era algo que mantuvieran en secreto. Acabar con McOrez era una señal de que Scorpius podría ser uno de los altos cargos en el Ojo si lo deseaba. Si deseaba ese poder. No pudieron mandarle ninguna carta, más Ginny les aseguraba que se encontraba bien. Que ella supiera, pues Albus intuía que su amigo necesitaba apoyo de sus amigos aquel verano. Tampoco habían podido contactar con Peter. Ginny les había dicho que estaba pasando su verano con Scorpius para distraerle. Aquello tranquilizó tanto a Alice como a Albus. Y no se sorprendieron cuando Ginny les contó que Rose había conseguido un trabajo -remunerado -en el Ministerio, en el que ayudaba a clasificar los casos de ataques de muggles a magos y los muggles que necesitaban ayuda tras la caída de Londres. 

-Ssssh -Le puso el dedo índice en sus labios. 

Había cierto picarismo en la mirada que compartieron.

Como si hubiera una alarma cada vez que se acercaban demasiado -muy probablemente les habría hechizado -, Ginny Potter comenzó a bajar las escaleras. En su mano, una carta con el sello del Ministerio.

Su madre no necesitaba preguntarles qué estaban haciendo. O porque tenían los pies llenos de suciedad. Porque estaban sudados. A Ginny las explicaciones les daban igual porque ella se las sabía todas. Albus comenzaba a sospechar que era así por propia experiencia.

-Alice, el Ministerio nos ha citado en septiembre -Anunció. -Van a someter a Whitehall a la Junta de la Ley Mágica por los crímenes contra los prisioneros de guerra… Van a encerrarlo en Azkaban y nuestro nombre se va a limpiar.

Su madre chilló de alegría y abrazó a Alice conmovida por la emoción que la sobrepasó. Albus no pudo evitar esbozar una sonrisa sincera. Su madre ya les había avisado de que Harry Potter y Hermione Weasley estaban haciendo todo lo posible para acabar con la división del Ministerio por culpa de Whitehall justo en aquel instante después de la caída de Londres. Incluiría, por supuesto, liberar del exilio a Ginny Potter y a Alice Longbotton. 

Sonaría estúpido que se preocuparan por asuntos internos, cuando todo a su alrededor se estaba cayendo a pedazos. Más todos coincidían en que tenían que presentar un frente unido sin fisuras. Tener una moral clara. Una ética que no les repercutiera en el futuro. Debían dejar claro cuáles eran sus reglas de juego. Y debían empezar por ellos mismos. 

-¿Podré…? ¿Podré volver a Hogwarts? -Preguntó Alice mientras su madre se separaba poco a poco de ella.

-No creo que el director te ponga ningún obstáculo en volver a casa -Le guiñó el ojo Ginny.

Alice lanzó una bocanada de aire. 

Albus buscó su mano y la apretó. 

Iban a volver a Hogwarts. 

-Albus, tú deberás irte antes para preparar tus cosas…-Comenzó a recordar su madre.

-No, yo me quedo con vosotras.

-No es algo debatible -Insistió su madre.

-Mamá, yo os saqué de Azkaban y soy testigo de lo que ocurrió… Además, trabajé para Whitehall… Estuve aquella noche y creo que mi testimonio será de bastante ayuda… La tía Hermione tendrá que prepararme para el juicio y, honestamente, dudo que pueda hacerlo si me voy a Hogwarts -Argumentó sintiendo la sonrisa de orgullo que se formó en el rostro de Alice. -No es algo debatible, Ginny.

Su madre le fulminó con la mirada.

-Salazar debe estar orgulloso de ti, hijo. 

El resumen del resumen del problema era que las personas -mágicas o muggles -eran un problema.

Lola Brooks así lo pensaba. Todo lo que ocurría y estaba ocurriendo sólo lo confirmaba. Profecías, conjuros y el apocalipsis a parte… ¿Realmente estaba pensando claramente Morgana cuando decidió que 2022 era un buen año para cargarse el planeta? Hubo una pandemia en 2020. ¿Debían darle las gracias por considerar dos años de misericordia? ¿Y Whitehall? ¿Ivonne? ¿El maldito Remus Lupin del futuro? ¿El padre malvado de Gwen? 

Entró en la tienda de campañas que habían habilitado para ellas sacudiendo la cabeza. Tiró su chupa al suelo y comenzó a buscar los cigarrillos que había conseguido que Fred Weasley le trajera a escondidas. Sólo esperaba que Gwen no lo hubiera encontrado. Intuía que los destruiría con su varita como aquella vez en la residencia del señor Crawford. Si Lola tuviera un problema con el tabaco, lo habrían descubierto ya. Pero, ¿un cigarro cuando estaba estresada? Era una medida de seguridad para no perder la cordura.

-Recoge tu ropa, Lola -Dio un brinco. 

Suspiró. Al menos, no la había pillado con las manos en la masa. Daba las gracias a Cornelia por haberle puesto un Encantamiento de ilusión a sus cigarrillos, pero debía decirle que lo mejorara para que ella sí que pudiera verlos. 

Miró a Gwen de reojo. Aún no se acostumbraba a que llevara todas sus armas en su cuerpo como si fueran accesorios. Le quedaba bastante sexy. Ella le había dicho que quería utilizar aquello solo para poder mejorar sus ouftits. 

-¿No eras algo así como nuestra criada? -Dijo Lola con un tono burlón. 

Gwendoline Cross las había acompañado a Rumanía como si se tratara de su guardaespaldas. Lola no se quejaba en absoluto de levantarse todos los días sabiendo que había una persona cerca de ella con tres pistolas bajo sus brazos, tres dagas y una varita mágica dispuesta a matar a un ejército por ella. Le fascinaba saber cómo cada arma tenía un objetivo diferente. Algunas ocultas estratégicamente. Lola quería aprender a utilizar aquello. 

-No soy tu criada -Espetó Gwen. Nadie decía que tenía que ser una guardaespaldas agradable. - ¿Por qué? -Preguntó retóricamente. - Porque una criada no podría asesinarte con unos calcetines. Yo sí puedo. 

Por supuesto, estaba recogiendo uno de los calcetines que había dejado por el suelo cuando se cambió de ropa aquella mañana. Le sonrió como si no acabara de recibir una amenaza de muerte. 

Decidió dejarlos sobre su cama. No iba a poder conseguir un cigarrillo y, de veras, lo necesitaba. Charlie Weasley había llegado a anunciarles la nueva estrategia. Y, bueno, que Londres no era la ciudad en la que Lola se había criado. Ya no existía aquel Londres. Lola intentó preguntar por sus amigos. Le dijeron que no podían hacer una búsqueda de todos los muggles. Lola salió disparada de allí antes de que dijeran nada más. Necesitaba un cigarra. Y acceso a Internet. Tenía total seguridad de que sus amigos habrían subido algo a sus redes sociales. Más, ¿en mitad de una montaña en Rumanía? Buena suerte. 

La Granja, lejos de ser la típica granja que una se podía imaginar de Texas con jacuzzi en el baño y caballos en los que montar en rehabilitación; era, más bien, un campamento de Scouts. Las tiendas de campañas eran mágicas. Un poco decepcionantes. Cero decoración. Sí, muy grandes. Pero el color tierra ya no se llevaba. Después de ver Hogwarts, una imaginaba que todo sería espectacular. Pues no. Además, los dragones -era una granja de dragones -dormían no muy lejos de allí… Lo cual hacía que las ya altas temperaturas se incrementaran por las noches de verano. Había secciones separadas por barreras mágicas. Así, por ejemplo, Lía y ella tenían prohibida la entrada a la zona de las víctimas de los experimentos de Schneider. Era una pena porque había escuchado que Claire Jenkins estaba allí. Nunca había hablado con ella, pero cuando Fred -tras insistencia y aburrimiento de Lola por hacer nuevos amigos -le enseñó una foto, Lola se enamoró del porte aristocrático de aquella muchacha. Sinceramente, Lola sentía debilidad por las rubias, aunque su última conquista hubiera sido Isabella Zabini. Dominique Weasley contó una noche que había descubierto que Jenkins pertenecía a una familia de duques. Aquello incrementó el interés de Lola. 

Salió de la tienda de campañas que compartían Gwen, Lía y ella. Estaba cerca de las de las Sanadoras que había en la Granja. Junto con ellas, Fred Weasley y Charlie Weasley, eran los únicos residentes permanentes. Los demás iban y venían. Antes solían recibir más visitas de Dominique Weasley -de nuevo, las rubias eran la perdición de Lola - y Moonlight, pero estaban construyendo un castillo o algo así. También había estado alguna vez Monique Jordan (¿qué les daban a las brujas?). El bicentenario Newt Scarmander. Y otros magos y brujas que pasaban más desapercibidos para Lola. Ella no para ellos. ¿Por sus galas o porque era uno de los instrumentos de la Profecía?

Aún estaban esperando la visita de James Sirius Potter. Iba a castrarlo como no se presentara allí. Lía no se había pronunciado al respecto. No hacía falta. Sus pesadillas habían aumentado desde que se fueron de Hogwarts. Ella podía ser todo lo orgullosa que quisiera para evitar decir que con James se rebajaban la intensidad. Pero la que tenía que escuchar los gritos por la noche era ella. 

-Lola -Gwen la detuvo, cogiendo su muñeca. La apartó fuera de la vista de los demás. Habían llegado nuevos visitantes con Charlie y Lola, pese a haber huido, quería conocerlos. -He recibido una carta de Potter -Lo dijo en voz baja. 

Lola ahogó una exclamación. 

-¿Tú? -Arrugó el ceño. -¿Y ha explicado por qué no le ha mandado nada más que una a Lía en todo el verano? 

La asesina puso los ojos en blanco. Lola sonrió internamente. Por mucho que quisiera ocultarlo, sabía que Gwen le había cogido cariño a ella y a Lía. No podía esconderlo. ¿Por qué otra razón la había apartado para decirle algo que podía herir un poco a su hermana? Porque, en el fondo muy fondo, Gwendoline Cross tenía corazón. Y por otras personas que no eran Frank Longbotton -persona que había decidido unir su aventura veraniega a la de James Sirius Potter por razones que las Brooks desconocían. 

-Porque está ocupado -Respondió sin ofrecer más información. 

-Bueno, ¿qué dice Jamesie? 

-Me ha pedido que vaya con él -Anunció Gwen. 

-¿Y quieres mi permiso? -Se extrañó Lola.

-¿Le molestará a tu hermana? ¿Debería decírselo?

Lola alzó las cejas. Parpadeó varias veces.

-Gwennie, Gwennie -Sacudió la cabeza. -Sé que eres nueva en esto de tener amigos…

-Cornelia sueña todos los días con matar a Potter… El Ojo la busca para convertirla en Morgana y… Su relación con Potter es de vital importancia para el equilibrio de la magia -Siseó. -No es por herir sus sentimientos… Sino por empeorar la situación. 

-Lo que tú digas -Suspiró Lola. -Y… ¿No dice nada sobre Lía?

-No -Gwen sacudió la cabeza. 

-¿Piensas que va a querer matarlo por no…?

-¡Oh! ¡Aquí estáis! 

Lola sintió el brazo de su hermana engancharse al suyo. 

-Lía -Le sonrió entre dientes.

-Vamos, hay una persona que quiere hablar con nosotros… Estoy segura de que te va a gustar -Dijo alegremente.

Lola y Gwen compartieron una mirada discreta. Su conversación aún no había acabado. Pero, ¿qué pensaba hacer Gwen? Tenía que contárselo. Si James no había indicado lo contrario, no tendría que suponer un problema, ¿no? En su única carta a Lía, le avisó de que le esperaba un verano ocupado antes de la temporada de Quidditch. Aprovechó para decirles que iba a entrar en un equipo de la Liga inglesa. Dijo que era para ahorrar algo de dinero y poder ir por su cuenta sin depender de sus padres. Para liderar al Temple con sus propias reservas. Incluso con el mundo tambaleándose, el Minsiterio había decidido mantener partidos de Quidditch profesionales para dar apariencia de normalidad. 

Vio de reojo a Cornelia. Volvía a tener ojeras. Los pómulos más marcados. Le hacía los ojos más grandes. Le recordaba a su madre. Después de ver fotos de Adam Brooks, llegó a la conclusión de que ella era mucho más parecida físicamente a su padre tras detenerse en su cabello negro y sus carnosos labios. Su padre había sido bastante atractivo. Lo llevaba en los genes. 

Su hermana la llevó a una de las mesas de madera que habían establecido en un claro en el parque. Una figura estaba sentada allí. Lola entornó la mirada. Casi se quedó sin respiración. Era la joven más guapa que había visto en su vida. Tenía el cabello platino que parecían hebras de plata. Unos labios pintados de nude. Ojos grandes y grises. Vestía una chupa de cuero negra. Y les miraba con cierta superioridad. Tenía porte elegante. Aristocrático. Le recordaba a alguien. 

-Encantada de conocerte -Se apresuró Lola con una sonrisa radiante. 

-¿Tú eres la Nada? -La miró de arriba abajo.

Fue consciente de que llamaba la atención. Llevaba un conjunto estilo Chanel. Corto. Escotado. Y un maquillaje espectacular en el que había pasado una hora tranquilamente aquella mañana. Podría chocar un poco verla allí en mitad de la naturaleza. Al lado de una hermana que llevaba una camiseta blanca de algodón y unos pantalones cortos vaqueros. 

-Me llamo Lola -Ofreció la joven. - Aunque si quieres llamarme «la Nada» otra vez, te prometo que no importa. 

Le guiñó el ojo. Lía sonrió, cómplice. 

-Ella es Theia Malfoy -La presentó Lía. -Ya sabes… La hermana de Scorpius.

Oh, sí. La que supuestamente había sido entrenada por el Temple en el futuro para asesinar a Remus Lupin o algo así. La miró de arriba abajo. Otra asesina. Sinceramente, huía de la muerte pero es que era muy difícil cuando tenía unos envoltorios tan irresistibles. 

Por supuesto que era la hermana de aquel muchacho tan guapo. 

-¿Y para qué nos necesitas…? -Preguntó seductoramente.

-Oh, vengo a avisaros -Dijo mirándose las uñas. Les miré a través de esas largas pestañas. Quería mantener la distancia con ellas… ¿O era sensación de Lola?

-¿Avisarnos de qué? -Preguntó Cornelia.

Bueno, esta era una de las pesadillas de Lola.

Que alguien volviera del futuro para avisarles.

No sonaba bien. Sonaba a que esta muchacha (d.i.o.s.a) venía del apocalipsis y ellas eran las culpables. Para nada una conversación que pudiera derivar en un vino y bailes en un pub. Lo cual tampoco era posible en la Granja. 

-De James Sirius Potter -Dijo como si ellas debieran saberlo.

Sintió a Cornelia tensarse. Pero Lola solo pudo recordar a Gwen preguntándole si debía decirle a Lía que su novio había requerido la presencia de una asesina a su lado. Y que dicha asesina no sabía si decírselo por si empeoraba la situación o no.

Olía a problemas.

-¿Qué hace Jamesie en el futuro? -Preguntó inocentemente Lola, intentando suavizar la tensión que podía cortarse con una sierra mecánica.

Contempló, mesmerizada, a Theia Malfoy parpadear. Estaba sorprendida de que no lo supieran. Bueno, solo sabían que las visiones de Lía no eran bonitas. 

-¿No os lo han dicho…? Pensé que… -Se aclaró la garganta. -Creía que eras vidente, Morgana… Cornelia -Se rectificó rápidamente. Cornelia no podía estar más tensa. ¿Cómo se le había podido pasar por alto que Cornelia no era Morgana? -Lo siento, estoy… ¿Nerviosa? -Se rio torpemente. Apartó la mirada de ellas. -Es difícil acostumbrarse…

-¿Qué hará James? -Inquirió Cornelia con una seriedad que incluso sorprendió a Lola. 

-Oh, no… Me he explicado mal -Se volvió a corregir la joven. Entornó la mirada. -¿Por qué…? ¿Por qué crees que estoy aquí? -Cornelia imitó la expresión de Theia. Parpadeó y se echó hacia atrás. Lola se mordió el labio. -Cornelia… En mi futuro… -Dijo despacio. -Morgana vuelve…

-Lo sé -Dijo simplemente Cornelia.

-Nos lo dijo el señor Potter -Añadió Lola.

Theia Malfoy negó con la cabeza.

-Los académicos pensaban que Morgana debía volver… Y que sería después cuando ganaríamos la guerra… Pero…

-Perdimos -Dijo Lola tímidamente.

La viajera del tiempo suspiró. 

-El mundo comenzó a destruirse cuando mataste a James Sirius Potter -Sentenció Theia Malfoy. -Me han mandado aquí para protegerle… De ti. 



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