Historia al azar: Voldemort quiere vacaciones
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La Tercera Generación de Hogwarts » (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)

Sus pies pateaban el suelo lo más rápido que podía. La goma de sus zapatillas resonaba por el suelo de mármol. Su corazón palpitaba haciéndole respirar entrecortadamente. Se ayudó de sus brazos para coger velocidad. Patinó con los pies en la esquina. Vio de reojo a los que le estaban siguiendo.

Le habían echado a los perros. 

Se mordió el labio y siguió dirigiéndose hacia la salida de la mansión de los McOrez oculta en los suburbios de las cenizas de Londres. 

Todos sus músculos estaban sacudiéndose por los trotes de su cuerpo. Probablemente nunca había corrido tan rápido. 

Se giró para comprobar que los licántropos le estaban pisando los talones. 

-Mierda -Maldijo Remus Lupin. 

Era algo que iba a pasar tarde o temprano. Y, por mucho que hubiera pensado en que agradecerían sus servicios a Morgana, estaba claro que seguían sin confiar en él. No les culpaba. Todos sabían que había algo que se guardaba para sí. ¡No era un imbécil! ¡Claro que lo hacía! Pero era algo que se tenía reservado para los oídos de Morgana Le Fay. O Cornelia Brooks oscura, como la llamaban algunos. 

Sería peligroso que llegara a oídos del Ojo. Se cegarían con el poder. Y no ejecutarían su misión sin dejarse llevar por sus ambiciones de individualistas. De nuevo, no les culpaba. ¿Quién era él para no impedírselo? Oh, sí. El que sabía cómo acababa todo aquello. 

Abrió de par en par las puertas de la antigua residencia de Cayo McOrez. Supo que estaba en problemas en cuanto se enteró de que su hijo, Frankestein (como le llamarían en el futuro), había decidido que su padre ya había vivido suficiente. Entendía el sentimiento… Pero tal y como lo asesinó no era del gusto de Remus. Dentro de lo que cabía, tenía un estómago sensible. Le gustaban las cosas limpias, metódicas y prácticas. Convertir a su padre en un reposapiés no era higiénico. ¿Nadie iba a quejarse del hedor que había dejado durante meses? 

Siguió corriendo. Escuchó los jadeos de Theodore. Oh, Theodore. Remus pensaba que había hecho un amigo. Pero entre colega o comida, sabía que el licántropo tenía más hambre que ganas de hacer amigos. Volvió a maldecir para sus adentros cuando vio que también habían soltado a algunos vampiros. 

Genial. 

Le habían quitado la varita. Tampoco es que fuera su posesión más valiosa -Ollivander había quedado en el pasado y a él se la regaló su mentora. En el futuro, las varitas se heredaban. Lo cual le cabreaba un poco, pues siempre creía que su varita actuaba en contra suya. Y estaba jodido. No solo no podía hacer magia, sino que no podía Aparecerse sin varita. Mierda. Mierda. Mierda. Iba a morir y todavía había tantas cosas que no había hecho. 

La zarpa de Theodore le rasgó la camiseta de algodón como si estuviera hecha de maldito aire y sus uñas cortaron su piel. Apretó los dientes. Se giró. Vio al enorme monstruo que salivaba ante él. Comenzó a dar pasos hacia atrás. No había nada con lo que darle a ese chucho. Ni un palo de fregona. Mierda. Mierda. 

Así que utilizó sus piernas para seguir corriendo. Se estaba quedando sin respiración. Desde que Graham McOrez dictó su sentencia de muerte hacía unos instantes, no había dejado de correr. Si no le mataban los perros, lo haría un infarto. 

Sintió un tintineo en sus manos. 

Mientras corría, vio que alguien había puesto unas llaves en su mano. Alguien estaba mandándoselas, haciéndolas aparecer allí. Las apretó con fuerza para que no se cayeran al suelo. Miró alrededor pero no vio a nadie. Más supo quién era. Lo que había utilizado esa persona como llavero era un giratiempo. Y las llaves eran… 

Zoe. 

La maldita Zöe Gunilda McOrez le estaba ayudando. 

Arrugó el rostro. 

Se apresuró a cruzar las grandes puertas de la mansión. Fuera de la propiedad de los McOrez, 

Londres estaba desierto. El ataque había supuesto el exilio de los ciudadanos. Solo quedaban un par de magos y brujas en sus residencias. La Resistencia -así empezó todo, ¿no? También había muggles que comenzaron un discurso de odio con los magos y brujas que allí quedaban. Dándoles caza. Por muy fascinante que le pareciera a Remus, no quería que morir de manera tan patética como con una bala muggle. O una inyección. Eso sería humillante. Así que no podía hacer magia. Controlaban todas las cámaras de seguridad. Estaba perseguido por todos sitios. Mierda. Mierda. Para colmo, el Ojo quería contactar con ellos para asegurarse de que esas sucias ratas muggles aniquilaban a tantos magos y brujas como pudieran. Los carroñeros del Ojo eran muggles, ¿quién lo iba a decir?

Se dirigió sin aliento hacia uno de los edificios que quedaban ocultos por el puente que quedaba por encima de ellos. Apretó las llaves en su mano izquierda. Se mordió la lengua mientras pensaba en cómo escapar. ¿Dónde podría haber guardado Zoe su moto? Sabía dónde la escondía en el futuro… Pero, ¿en ese instante? Se pasó la mano por el pelo. 

Piensa, Remus, piensa, joder. 

En el futuro, Zoe McOrez le dejaba utilizar su secreto. Una moto muggle. La guardaba en secreto porque era… Muggle. Ni siquiera la había modificado con magia. Decía que le gustaba la sensación de sentir el suelo temblar bajo sus pies por donde pasaba. Sí, podía ser un poco dramática. 

El hecho de que le diera las llaves… Era una clara confirmación de que Zoe creía en él. Le había contado a Zoe más cosas que al resto. La costumbre, tal vez. La confianza en su mentora. Ella, a cambio, le iba a ayudar a escapar. Si es que lograba encontrar su escondite. 

Se fijó en el artilugio que había enganchado en el llavero. El giratiempo. No uno cualquiera. El giratiempo que le había llevado allí. Tenía que deshacerse de él cuanto antes. No quería que nadie pudiera rastrear cómo había llegado allí. Causaría un malentendido… O peor. Descubrirían la verdad. Zoe sabía la verdad. Si le había devuelto el giratiempo… ¿Significaba que no lo revelaría? ¿Y qué debía importarle a él si lo hacía? Oh, ya…

Detuvo sus talones sobre el suelo. ¡Exacto! 

Volvió a correr. Aquella vez en dirección segura a por la moto de Zoe. Gruñó para sus adentros. No le gustó la conexión que había hecho. Pero sabía que era cierta. Gruñó de nuevo. 

Se distrajo por completo y Theodore le rasgó de nuevo la espalda. 

-¡NOOOO! -Se quejó Remus. Se cayó de bruces al suelo. Mierda. -Mierda…

Su sangre comenzó a brotar de la herida. Miró con desaprobación al licántropo. Este sonrió. Remus rodó los ojos. Se echó hacia atrás. Theodore babeó sobre su rostro. Asqueroso, en serio. Encogió sus rodillas. Se inclinó hacia atrás. Y empujó con sus pies el torso de Theodore hacia atrás. 

No tan rápido, claro. Lo cogió de los tobillos y lo alzó para estrellarlo de nuevo contra el suelo. Una costilla se acababa de romper. La sintió girarse al pulmón. Lo que le faltaba. Respiró profundamente. Su nariz comenzó a sangrar. Mierda. Tenía que llegar a por la moto y salir de allí. 

Igual Zoe sabía que no iba a poder salir de aquella y por eso le estaba ayudando. Como para no tener la muerte del que había dicho ser su discípulo sobre su conciencia. Zoe era así. Ayudaba al resto… Pero lo justo. Era egoísta. Era Zoe. 

-Esto no lo habías visto venir, ¿eh? -Se mofó un vampiro que se alzó sobre él.

Remus se planteó en ese instante si el Ojo planeaba convertirle en vampiro y en licántropo a la vez. Cosas más raras había visto en su corta vida. Y, por favor, quería seguir viendo más. Así que hizo algo que, desgraciadamente, se le daba bastante mal. 

Hechizos no verbales. 

Por esa razón, era excepcional en el combate mano a mano. O con armas. Era un inepto en los hechizos no verbales. Siempre culpaba a su familia, pero no tenía ni idea de cómo eran ellos. Probablemente pésimos. Toda su vida había pensado que su padre era un idiota. Cuando lo conoció hacía unos meses, no pareció ir muy desencaminado. 

-Petrificus Totalus -Siseó Remus hacia el vampiro. El vampiro detuvo su rostro con la boca abierta y desencajada que se dirigía a su yugular. Repugnante. -Confundus

Pero Theodore le había visto venir.

Le cruzó la cara de un zarpazo. 

La inercia que le empujó hacia atrás fue suficiente para que se creara una distancia entre el licántropo y él. Aún con la costilla clavándole en el centro de su torso, sus heridas abiertas y el tabique torcido; Remus corrió de espaldas y volvió a salir de allí. 

Tenía que encontrar el lugar donde le llevó el Giratiempo. Porque estaba cerca. Porque era probable que lo hubiera dejado allí. Vio el edificio abandonado. Aunque tuviera la forma de un gimnasio, aquel edificio era un colegio para muggles. Donde hacía seis años había aterrizado para observar cómo Lily Luna Potter intentaba escapar de allí. 

Respiraba cada vez con más dificultad. No sabía si del cansancio o de la maldita costilla que estaría perforando el tejido pulmonar. Si tuviera una varita podría remediarlo enseguida. Mierda. 

Londres estaba vacío. Gris. Negro. Las cenizas de los diferentes fuegos aún cubrían el cielo. Cubrían como un manto de nieve las calles y los edificios. Como si hubiera nevado en verano. Remus nunca había visto un fenómeno natural parecido que realmente no hubiera sido creado por magia. 

Cuando vio la moto, intentó correr aún más rápido. Fue un error. La costilla se introdujo en su pulmón y chilló de dolor. Se giró para ver que Theodore estaba a unos metros. Cayó de bruces al suelo al despistar sus pasos. Theodore se detuvo unos metros ante él. No lo miraba a él. Sino a la moto. Remus frunció el ceño. Arqueó una ceja. Se incorporó lentamente.

-Eso es de la señorita Zoe… -Musitó Theodore. 

Se quedó paralizado. 

Remus sonrió con suficiencia. Lo que le dejó el tabique desviado, claro. Así que Theodore sentía cariño por su jefa… Debía guardarse aquella información para el futuro. 

Con la mano presionándose en el costado, avanzó hacia la moto. Metio las llaves. Y arrancó. Los vampiros comenzaron a llegar. Oyó las zarpas de otros licántropos sobre el asfalto. Comenzó su huida. Solo necesitaba unos minutos más… 

El familiar temblor sobre su cuerpo resonó por todas las heridas. 

Había hecho aquel camino todos los días durante años… Sintió que el dolor que sentía comenzaba a quitarle el aliento. Su visión se nublaba.

Doblaba esquinas entrecerrando los ojos y asegurándose de dejar atrás a vampiros y licántropos. 

Uno de los licántropos más rápidos se abalanzó sobre él. Giró rápidamente la moto. La soltó a tiempo y saltó sobre el asfalto. La moto asestó contra el cuerpo del licántropo y lo lanzó hacia atrás. Mierda. 

No había tiempo para recuperar la moto. Cruzó la calle. Sintió todo su cuerpo sacudirse al traspasar una barrera mágica. Vio por encima de su hombro que los vampiros y los licántropos se habían detenido. Les enseñó el dedo corazón. Suspiró. Cojeó hacia una de las casas que tenían luz en el interior y que podía verse desde fuera. Por ahora, estaba a salvo. Solo en ese pequeño y corto camino resguardado por una barrera mágica que impedía a los no familiares entrar. Tenía suerte de tener sangre Weasley. 

Siguió avanzando. ¿No le habían escuchado entrar en la barrera? ¿Quizás confiaban en su poder y en que no era nadie maligno? ¡Pero debían saber que él podía presentarse allí! Le enfureció saber que eran incompetentes. Que no estaban a salvo de él. Conforme andaba, la costilla se le clavaba cada vez más en el interior. Sus pulmones debían estar encharcados de una hemorragia interna. Remus estaba viendo su propia herida en su cerebro. Estudiar la Anatomía de los magos era fundamental para sanarse así mismo. Era algo que el Ojo se tomaba muy en serio. Nunca contaban con que podías acudir a alguien para que ayudara con los Encantamientos. Pero sí que contaban con varitas. Que él no tenía. 

Cruzó el pequeño jardín delantero sin preocuparse por que su cuerpo saliera ardiendo al traspasar aquella zona. Nunca lo había hecho. Había visto tantas veces aquella casa…Pero nunca se había acercado. 

A duras penas y simulando que estaba perfectamente bien de salud, se recostó ante la puerta. Se sentó en el pequeño escalón. Y alzó la mano gimiendo de dolor para tocar el timbre. 

Cuando la joven pelirroja le abrió, se lo encontró cubierto de la sangre que brotaba de su nariz y de los zarpazos de Theodore. No podía ver bien. Estaba mareado. No podía respirar bien. Le había atacado un licántropo. Su metabolismo que, gracias a que su padre era licántropo y que su madre era la hija de Bill Weasley -que había sido atacado por el mismo que convirtió a su abuelo paterno -le hacían ser un poco más inmune a aquello. Además, también corría por su sangre las habilidades metamorfomagas y las de los veela. Remus Lupin podía hacer frente a las criaturas mágicas sin temor de que la magia interactuara nocivamente en él. Además, le hacían muy poderoso. Quizás por aquella razón había sido el favorito de Morgana desde pequeño.

Se incorporó. Buscó los ojos de la muchacha. Abiertos de par en par. Pero no distinguía los contornos. No veía bien. Mierda, ¿iba a desmayarse?

-... No sabía a dónde ir -Colapsó sobre los brazos de Lily Luna Potter.

Tosió sangre. Sobre la espalda de la muchacha que se había quedado paralizada con el cuerpo de un joven ensangrentado en sus brazos. No podía esperar otro tipo de reencuentro por su parte. Se sorprendió que hubiera tardado más de tres segundos en matarle allí mismo. 

-¿Lily? -Preguntó una voz a sus espaldas.

Estupendo.

-Señor Potter… -Dijo Remus intentando mantener sus ojos abiertos.

-¿Lily? -Insistió el padre de la muchacha. Sacó la varita y apuntó a la frente de Remus Lupin. Él alzó la mirada. Vio el reconocimiento en los ojos de Harry Potter. -Lily aléjate de él.

Oh, pues sí que lo había reconocido.

La muchacha comenzó a respirar entrecortadamente. ¿Estaba entrando en un ataque de pánico? Bueno, teniendo en cuenta que estaba ensangrentado y que probablemente había descubierto que su querido amigo no solo era asesino, sino el asesino del Ministro de Magia…

Cayó de bruces al suelo cuando Lily Luna se apartó de él como si le quemara. Todos sus huesos se sacudieron. La jodida costilla se clavó aún más. Gruñó. La sangre brotaba de su boca. Y la de su nariz había comenzado a secarse. 

Vio una varita balancearse sobre él. 

Sintió un escalofrío.

Confirmó que la dueña era Lily Luna Potter. La dueña de la varita de Frank McOrez. Veinticuatro centímetros. Pelo de cola de thestral. Madera de roble. Inflexible. Era la varita que Remus Lupin había heredado. 

Pasó un momento que perfectamente podrían haber sido siglos en los que se quedó contemplando a la varita con la que Lily Luna le apuntaba. Y, entonces, incluso cuando escuchó a Harry Potter y otras voces detrás de ellos; solo pudo oír a Lily Luna.

-Sectumsempra -Siseó.

Abrió los ojos como platos. Lanzó un grito de dolor. Que tan solo duró unos instantes suficientes como para saber que su muerte estaba bastante cerca. Dio un puñetazo al suelo. Toda su sangre manchaba la moqueta de la casa de los Potter.  

Separaron a Lily Luna de él. Lo cogieron por los costados con suavidad. No podía ver. Su visión estaba oscura. Tal vez se había desmayado de dolor. Pero oía las voces. Oía a Harry Potter gritando. A Lily Luna respondiendo con temperamento. Distinguió, solo entonces, las otras dos voces que más cerca estaban de él. 

-¿Qué vamos a hacer, Vic? 

Maldijo en su interior.

-¿Cómo que qué vamos a hacer? -Espetó Victoire Weasley. Su madre. -Vamos a ayudarle, Teddy, es nuestro hijo. 

Mierda. 

Lo habían tumbado en un sofá. Todo su cuerpo dolía. Ni siquiera era capaz de respirar con normalidad. Su cuerpo comenzó a dar sacudidas. Probablemente intentando agarrarse a la vida. Sabía que el Sectumsempra había empeorado su condición ya precaria. Y sabía, también, que Lily Luna había sido consciente de ello cuando lo lanzó. 

Entreabrió los ojos. Y los cerró de golpe. Victoire Weasley estaba postrada ante él. Con una varita. Murmurando con toda probabilidad encantamientos para sanarle. Mierda. ¿No sabía esa mujer que iba a matarle en un futuro? Volvió a abrir los ojos. Aquella vez asimiló el rostro de Victoire Weasley. Pero no pudo abrir los ojos durante más tiempo. Tan solo vio todas las cicatrices que le cubrían el rostro. 

Alguien lo incorporó sobre el sofá.

-¿Llamo a los Auores? -Preguntó Harry Potter.

-Dejemos esto en familia ahora mismo, tío Harry -Pidió Victoire Weasley.

Tenía más probabilidades de sobrevivir a los Aurores y escapar de ellos que estar prisionero de los brazos de Ted Lupin. Gruñó. Unas manos le obligaron a abrir los ojos. Quería desfallecer. Pero no podía. Había sido entrenado para soportar torturas como aquella. 

Los Encantamientos de detuvieron. Finalmente abrió los ojos. Se giró para ver que los brazos que le sostenían eran los de Harry Potter. Y que, en frente de él, estaban Ted Lupin y Victoire Weasley. Le miraban como si fuera un monstruo. Lo era. Maldita sea, ¿por qué eran tan estúpidos? ¿Por qué no lo habían matado ya? ¿Es que Lily Luna era la única que pensaba en aquella familia? La buscó con la mirada. Estaba flanqueando el costado de Ted Lupin. Algo le decía que Ted Lupin le estaba protegiendo de Lily Luna.

Remus Lupin sonrió con suficiencia. 

Como respuesta inmediata, Ted Lupin le dio un puñetazo en la boca, haciéndose tambalear sobre el cuerpo de Harry Potter.

-¡Teddy! -Chilló Victoire Weasley. -¡Es tu hijo!

Al parecer, no para Ted Lupin. 

-Es un maldito crío que… -Bramó Ted Lupin. 

-Pueda que parezca joven, pero no soy ningún niño -Les espetó a sus padres. 

Tragó saliva. No le gustaba pensar en ellos como en sus padres. No por la evidente diferencia de edad en aquel instante. Era inevitable pensar que él, con diecisiete años, era el hijo de una mujer con veintitrés y un adulto de veinticinco. Era incómodo. Antinatural. Y, sin embargo, la realidad. 

-¿Qué haces aquí, Remus? -Aquella pregunta calmada la hizo Harry Potter en su cuello. 

Victoire Weasley y Ted Lupin alzaron sus varitas hacia él. Miró a Lily Luna. Su mano era detenida por el puño de Ted Lupin. Volvió a sonreír con suficiencia. Escuchó a Ted Lupin rugir por dentro. Oh, sí. Su padre era un licántropo. 

El silencio les invadió. En su huida, no había pensado en qué mentira decirles. No iban a apoyarle, así como así, después de los crímenes que había cometido. Tenían a Theia de testigo… Y no era una persona que pudiera decir cosas en su favor. 

- Ya no puedes ir al comienzo de todo y arreglar lo que has hecho… Pero puedes empezar ahora a cambiar el final de todo esto -Anunció su madre. 

Él no respondió. Sería barajando cómo jugar aquella batalla. Así que, buscó los ojos azules de su madre. Era la segunda vez que los veía en lo que recordaba como su corta vida. Aquella vez, no apagaría su brillo. Porque básicamente no podía.

Exacto. 

-Es una prueba -Dijo finalmente Remus. -Si Victoire Weasley no moría hoy, me lanzaban a los perros… -Mintió. -Porque ya tienen todo lo que querían de mí -Oh, esa parte era verdad. 

No le molestó que ninguno de los tres se preocupara lo más mínimo por el hecho de que era un muerto en vida.  De que, de hecho, estuviera a punto de morir, de no ser por Victoire Weasley sanó solo un poco sus heridas.  

-Espera, Lupin, espera… -Dijo, de repente, Lily Luna. -Estoy intentando que me importe una mierda… -Sus palabras las arrastró con saña. 

Iba a arrepentirse de lo que estaba a punto de decir. Pero, ¿quién sabía si iban a matarle cuando acabara el día?

-¿Por qué me mandarías al pasado entonces? -Acompañó su pregunta a Lily Luna con una sonrisa. 

La muchacha frunció su ceño, asimilando, aún sin comprender del todo, la incógnita que Remus Lupin le planteaba. Sí, aquella era la incógnita que él se recordaba cada vez que veía a aquella muchacha. 

¿Qué quería de él?

-Para que vieras que tus padres te quieren -Dijo Victoire con seguridad.

Remus tragó saliva. No. No iba a ser eso. La Lily Luna que le colgó el giratiempo en la celda de la que era prisionera y lo activó sin su consentimiento, no se arriesgaría por el simple amor de sus padres. Entornó la mirada hacia el misterio que llevaba persiguiendo todos aquellos años. 

-Y ahora que ya lo has visto, puedes morir tranquilo -Añadió Lily Luna. 

Su voz no tembló. Pero supo decir que estaba incómoda.

Como si le hubiera leído la mente, la joven empujó hacia un lado a Ted Lupin y se abalanzó sobre él. 

-Eh, eh, espera -Siseó Ted Lupin cogiéndola por los hombros a tiempo. 

-¿Teddy? -Estaba incrédula porque aquel hombre la detuviera. Remus debía admitir que él también lo estaba.- ¡Sé que es tu hijo! ¡Pero mató al Ministro! -Algo de lo que Remus se enorgullecía, la verdad. - ¡A Vic en el futuro! -Se mostró indescifrable ante su currículum. No era como si Lily Luna lo supiera entero. Estaba seguro de que, de hacerlo, en vez de un Sectumsempra le habría lanzado un Avada Kedavra.- ¡Y Merlín sabe a quién más!  -Bueno, Morgana lo sabía, no Merlín. -¡Les ha contado todo al Ojo y solo porque ya no lo necesitan… Lo han traido aquí para que lo matemos nosotros! -Rugió. Se sacudió y apuntó su varita hacia él. -Por una sola vez, les doy las gracias por dejarme a mí el trabajo.

Remus tuvo que parpadear para seguir estando consciente. Le volvió a sonreír a duras penas. 

-No vas a matar a Remus -Era la voz de Victoire Weasley.

Para ser la futura Guardiana de la Magia, no pensaba en su propia seguridad. 

-Intenta detenerme, Vic -Espetó Lily Luna. - Puede que seas madre, pero incluso la madre de Voldemort acabaría con él si supiera en lo que se ha convertido.

Remus ocultó una risa. 

-Lily, todo lo que le ha contado al Ojo… Nos lo puede contar a nosotros -Intentó convencer Victoire Weasley.

-¿Y por qué haría algo así? 

Esa es una buena pregunta Lily Luna. ¿Por qué creía Victoire Weasley que haría algo así? Oh, sí. Porque si no lo mostraban como alguien útil, los Aurores y la comunidad mágica iban a Avadakedravearlo. 

Decidió luchar por su propia supervivencia. No era algo nuevo. Es más, era parte de su rutina diaria desde hacía años. Cuatro años encerrado en la cárcel de Breedlove. Un año bajo el dominio del Ojo. Solo le faltaba estar castigado por sus padres. 

-Porque sé que el futuro se puede cambiar… Y ya está cambiando -Les confesó Remus.-Theia no lo sabe… Porque hay muchas cosas que hemos ocultado… El Ojo, quiero decir…

-¿Esperas que te creamos cuando te incluyes? 

Bien visto, Lily Luna, muy bien visto. 

Suspiró. 

Tenía que salir vivo de aquello. 

-El Ojo ha sido mi familia, Lily Luna, y para mí lo será siempre… Os guste o no, son los que me han criado.

Quizás la honestidad podía servir para algo. 

-Nos ayudas y te mataré -Concluyó Lily Luna.

Remus alzó las cejas. Lo que le dejó su dolor muscular. Debía reconocer que aquella clase de determinación era algo que harían a Lily Luna única. Había logrado ser la líder de la Resistencia por su forma clara de decir las cosas. Por su búsqueda por la justicia. El Ojo la odiaba, pero Remus Lupin siempre había valorado su carácter. 

Y el de aquella joven de catorce años también. Sus miradas se encontraron de nuevo. Recordó, de repente, algo que se le había olvidado por completo. Había besado a Lily Luna. Zoe lo había visto. ¿Tenía algo que ver con su decisión de sugerirle que acudiera en su ayuda? Estaba equivocada. Lily Luna quería acabar con él. 

Sintió el giratiempo pesar en el bolsillo de su pantalón. 

-Lily…-Advirtió Ted Lupin. 

-Esa es mi condición para no matarlo ahora, Teddy -Dijo simplemente.

Remus lanzó una bocanada de aire, en la que tuvo que toser sangre de nuevo.

-¡Lily! ¡No hables de matar como si fuera un juego!

-¡Para tu hijo es un hobby! Además, ¿por qué querrías ayudarnos? ¿No eras tan feliz en el Ojo? ¿Por qué querrías cambiar ese futuro?

Se dio cuenta de que la pregunta iba dirigida a él. Aunque con tanto dolor ni siquiera la había escuchado. 

-Porque… 

-No hace falta que respondas ahora, hijo -Interrumpió Victoire Weasley. 

-Sí, sí hace falta -Intercaló Lily Luna.

Volvió a toser sangre. No estaba intentando dar pena. Se estaba muriendo desangrado allí. De verdad. Decidió jugar con el apoyo de su madre. Estaba claro que Lily Luna no iba a ayudarle. Una pena. Porque a Remus Lupin le atraía demasiado esa muchacha. Quizás era peligroso. Quizás era mejor que lo que le impidiera volver a besarla fueran las ganas que tenía de matarle.

Oh, Morgana. Estaba delirando. 

-Me dijiste que este era el mundo donde mis padres estaban vivos y me querían… -Dijo. Su cuerpo se sacudió. -Quiero verlo. Aunque sea de lejos. Quiero verlo. Sé que no me engañaste. Tú no lo hiciste. Y si, para ello, debo traicionar al Ojo, me da igual… Iban a matarme de todos modos. 

Era una mentira bastante arriesgada, pues su talento para engañar estaba un tanto nublado en aquel instante. Remus intentó que el dolor que sentía con las heridas abiertas se reflejara en su rostro. Quizás así le daría pena. Lily Luna rodó los ojos. Bueno, al menos no era tonta. Remus tenía buen gusto, después de todo. 

Notó que, en silencio, los adultos estaban debatiendo sobre su destino o su sentencia. 

-Estarás encerrado -Dijo Ted Lupin. -En el sótano de los Malfoy.

Otra vez encerrado. Genial. 

-De acuerdo -No supo como pudo hablar cuando sus pulmones se estaban encharcando de nuevo. 

-No saldrás nunca… Y trabajarás con quienes nosotros digamos para que nos cuentes todo y cómo prevenirlo.

Hizo un movimiento con la cabeza para indicarles que les había escuchado.

Se mordió el labio. Clavó, de nuevo, su mirada en Lily Luna. 

-De acuerdo…-Concedió.- Pero solo hablaré con Lily Luna.

Ted Lupin gruñó. Victoire Weasley se estremeció. Y Lily Luna se rio. 

-No -Negó tajantemente Harry Potter. Fue la primera vez que intervino.

Probablemente Lily Luna había contado que Remus la había besado. Y que había sido su amigo. Lo había sido de verdad. Nunca le había mentido. Solo ocultado información. ¿Cómo habría relatado su beso? ¿Se habría sonrojado al confesarlo? ¿O lo habría ocultado? ¿Lo recordaba como él?

Maldita. Pérdida. De. Sangre. 

-Es mi única condición -Recalcó lánguidamente Remus.

-No estás en posición de exigir condiciones -Puntualizó Ted Lupin. 

Entonces, tuvo que reírse. Estúpidos. 

-En realidad, sé cuál es la estrategia que siguieron para ganar la guerra… Está claro que estoy en una posición privilegiada -Intentó sonar superior, pero tenía una costilla clavada en los pulmones, joder. 

-Tenemos a Theia, Lupin, no te necesitamos a ti -Le escupió Lily Luna.

-Theia no estaba en el Ojo -¿No eran conscientes de que Malfoy no era más que la niña protegida de Lily Luna?

-Otro motivo por el que tú deberías morir -Insistió Lily Luna. 

Evitó rodar los ojos. 

Tensó su mandíbula al ver que los ojos de la muchacha estaban brillando. ¿Por qué demonios estaría aguantando las lágrimas? ¿Tanto le había molestado que no le dijera quién era? Si lo hubiera hecho, no habría visto en primera persona lo extraordinario que era. 

Respiró profundamente. Lo intentó, al menos. 

-Vendrás a mí, Lily Luna -No era una amenaza. Más bien, una promesa. -Cuando tengáis las preguntas que solo yo os puedo responder… Y solo te responderé a ti.

No vio ni oyó la respuesta de Lily Luna. Se desmayó del dolor. 



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