Historia al azar: lo que nunca creí
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Jueves 21 de Enero de 2021, 20:22
[ Más información ]

(V) Epílogo: Y te sacarán los ojos

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones


El olor a muerte hinundó las fosas nasales de Zoe McOrez. No era un olor al que no estaba acostumbrada. Pero, ¿en su propia casa? Sintió una desazón en lo más hondo de su estómago. El silencio en su casa nunca había sido una buena señal.

Retiró el caldero del fuego y olió a una poción que podía esperar unos minutos en reposo. La poción matalobos tenía su complejidad, pero ella siempre había sido una experta en el arte de la química mágica. Se limpió las manos en sus pantalones y salió de su habitación.

Había puesto a unos de sus magos encargados de vigilar todos los pasos de Remus Lupin. Intuía que el Señor mandaría asesinarlo en cuanto estrujaran todo su conocimiento. Zoe McOrez no pretendía evitar lo inevitable. Y, mucho menos, contradecir órdenes superiores a ella. Más Lupin la conocía. Sabía cuáles eran sus demonios internos. Sus miedos. Y sus verdades. Y aquello le hacía peligroso. Porque, por más que quisiera matarlo ella misma, vio admiración en los ojos de Remus hacia ella. Admiración pura. Como si ella fuera alguien importante. Admiración sincera. Le había conmovido la primera vez. 

Corrió por sus pasillos siguiendo el hedor a muerte. 

Era una admiración que le hacía recordar a la expresión de su inocente hermano cuando era aún un niño. Antes de que asesinaran despiadadamente su alma mandándole misiones imposibles de las que solo podía salir él vivo. Antes de que sus demonios lo devoraran por dentro y no dejaran ni un rastro de humanidad. Desde que le dijeron que pretendían matarlo para utilizar a Lily Luna Potter como cebo, su hermano había enloquecido. Lo habían criado diciéndole que sería el mago más oscuro de todos los tiempos. El que haría temblar la tierra al poner sus pies sobre el campo de batalla. Y había descubierto que todo era mentira. Que solo querían convertirle en el monstruo que era. 

Desde que Lupin tuvo contacto con él, había empeorado más si era posible. El viajero le aseguraba que su ambición se reduciría a cenizas si seguía creyendo que sería un mago oscuro importante. El que alababan las antiguas profecías. El que pondría la semilla de oscuridad en el mundo. Frank McOrez siempre había pensado que sería él. El Señor, personalmente, le había prometido que sería él. Había pensado que se convertiría en el mago más oscuro si asesinaba a Lily Potter. Más, quizás, aquella era una interpretación errónea. Lupin aseguraba que lo era. ¿Y qué tenía que perder aquel muchacho? Aunque, ¿y si estaba protegiendo a Potter? Fuera como fuere, el mago oscuro del que hablaban las profecías podría ser perfectamente su hermano. Nadie se preocupó en decirle lo contrario. Todo el mundo siempre había pensado en Frank McOrez cuando la leían. 

"La guerrera tratará de limpiar el alma de su hermano. Pero el mago oscuro plantará la semilla de maldad para que jamás se extinga". 

Esa era ella. Tratando de salvar a su hermano. Y aquel era su hermano. Siendo un sociópata sin corazón. Era una de las últimas profecías. De las profecías que, incluso si el Temple vencía en un caso hipotético, se seguiría cumpliendo. La oscuridad ganaba en cualquier futuro.

Por eso corría por su casa.

Zoe McOrez no sabía hasta qué punto podía llegar su hermano para convertirse en aquel mago oscuro. ¿Qué pensaba que debía hacer? Además de asesinar a Lily Potter y que esta le diera ese poder que anhelaba con un beso. Algo que seguía buscando a base de Amortencia y cuerpos acumulados en el sótano. Había avisado de su comportamiento a su tío Tristán, pero, antes de que pudiera remediar aquello, fue asesinado por el estúpido de Malfoy. ¿Pensaba acabar con la estirpe de los McOrez? ¿Ese era el objetivo de Lucius? ¿Por eso se paseaba tanto por la sede del Temple y suplicaba visitar al Señor? Había encontrado un aliado en Loring. Chasqueó la lengua al recordarlo. Zoe McOrez tenía demasiadas cosas de las que preocuparse.

En ese instante, su prioridad era el olor a muerte.

Llegó a la sala en la que su padre solía sentarse para leer. Y lo vio. 

No gritó porque no quería que también la matara a ella.

Sobre la butaca de su padre, estaba sentado Frank McOrez. Tenía la varita sobre su mano, llena de sangre que chorreaba sobre su atuendo blanco. Sus pies reposaban sobre el cuerpo sin vida de Cayo McOrez, como si fuera un reposapies. Zoe McOrez había visto escenas tétricas y vomitivas, pero aquella, quizás por su cercanía emocional, se llevó el premio. Su hermano había clavado su varita sobre las cuencas de los ojos de su padre. Para sacarlos de estas y sostenerlas en su mano. Un símbolo de que Frank no dudaría en acabar con el Ojo si algo se imponía en su camino. El cuerpo de su padre estaba inerte. Quizás un Avada Kedavra había acabado con él. De su hermano. Quien había retorcido su cuerpo de una manera desarticulada para posar con más comodidad sus pies. La cabeza de su padre miraba hacia el frente, la sangre brotando de sus cuencas vacías. Los codos y las rodillas estrellados de forma antinatural contra el suelo. Lo había desnudado. Y tenía su piel pálida y fúnebre reslatando sobre la moqueta roja. 

Intentó que su repugnación y horror. Su desesperación. Su tristeza. Su ira. No se reflejara en su rostro.

-¿Qué le has hecho a padre? -Preguntó en tono calmado.

-Quería que matara a Lily Luna Potter bajo sus propios términos -Su hermano chasqueó la lengua. Movió sus botas sobre el cuerpo sin vida de su padre y sonrió orgulloso. -Desde ahora en adelante, el que manda soy yo -Anunció. Ni siquiera se dignó a mirarla. -Solo queda el abuelo y nosotros dos, Zoe -Recordó. -Y sabes tan bien como yo que Graham no durará mucho más -Le ofeció una sonrisa macabra. 

Zoe tragó saliva. Saber que los últimos McOrez que quedaban eran su hermano y su abuelo no era un consuelo. Todo lo contrario: era peligroso para todos. Para el Ojo. Tristán podría haber sido un despiadado asesino, pero actuaba con lógica y raciocinio. Y Cayo, su padre, había sido el que ponía los pies en la tierra a todos sus familiares. Era la templanza en una crueldad desatada. Su abuelo y su hermano eran los impredicibles. Cuyos impulsos no atendían a ninguna coherencia.

Los McOrez podrían extinguirse si al Señor no le convenía tanto albeldrío.

-¿Y qué vas a hacer con Potter?

Una de las cosas que preocupaban a Zoe McOrez era un enfrentamiento entre Lupin y su hermano. Porque Graham McOrez y el Ojo, por entonces, protegerían a Lupin y su conocimiento. Y, además, porque Lupin era más poderoso que su hermano. Lo había visto entrenar. No dudaba que había sido ella quien le había enseñado a aquel muchacho a luchar. Tenía la misma fortaleza, templanza y sagacidad que ella veía necesarios en la batalla. Y lo desempeñaba de manera sublime. No era incontrolable y desatado como su hermano. No se dejaba llevar por su ambición. Lupin podría cebarle con palabras. Manipularle. Y hacerle cometer un error letal. Porque ella se lo habría enseñado. Había creado, en un futuro, a un asesino perfecto para su hermano. Porque cada vez que ella luchaba, cada vez que entranaba aquellas últimas veces, se preparaba también para un posible enfrentamiento contra Frank McOrez.

Si alguna vez su hermano sentía que ella era una amenaza, no dudaría en matarla. Esa admiración hacia a ella que una vez sintió, había desaparecido por completo. La trataba como si fuera una súbidta más. Había tratado de experimentar con ella como con el resto de chicas con Amortencia. Decía que quería probar si una mujer tan resistente como ella, podría caer también en ese hechizo. Había jugado con ella. Porque ella quería ser resistente. Porque no había manera de que cayera en un hechizo de amor contra su propio hermano, cuando ni siquiera se sentía atraída por los hombres. Y, en cambio, cayó. Intuía que los jóvenes del Ojo habrían visto algo. 

La había manipulado. Igual que habría manipulado a su padre antes de matarle. Tragó saliva. No era un santo, pero era su padre. 

-Cumpliré mi profecía, hermanita -Sentenció Frank McOrez. -El poder del amor… Es muy poderoso. Solo tengo que enamorar a Lily Potter… Y después matarla. Ya está.

No. No estaba. Remus Lupin lo había explicado varias veces. Lily Luna Potter no era la muchacha de aquella profecía por un sinfín de razones. Incluso cuando Lupin pudiera estar protegiéndola por cualquier motivo -pues aún no se explicaba por qué motivo Lupin la besó en la Caída de Londres. 

-Tú también debes enamorarte de ella, según la profecía -Recordó, intentando evitar el cadáver de su padre.

-Lo haré -Dijo encogiéndose de hombros. 

Su hermano no lo conseguiría. Era incapaz de amar. El amor era un poder que no podía fingirse. No era como lanzar un Patronus. El amor era una fuerza que nacía de la pureza, no de una pócima oscura. Se volvería demente -aún más- si no lo conseguía. 

No quiso mostrar un atisbo de duda.

Por lo que decidió marcharse de allí. 

Ni siquiera avisaría a su abuelo de que su nieto había matado a su primogénito. De que Lucius Malfoy estaba más cerca de cumplir con su objetivo de lo que creían. De que Loring ya no tenía hermanastros que le frenaran en su búsqueda de poder. De que Frank McOrez iba a entorpecer los planes del Ojo. De que los McOrez podían desaparecer.

Porque, después de todo, seguiría protegiendo a su hermano pequeño.

Aceleró sus pasos hacia el jardín. Era la hora en la que su madre solía pasear por las galerías verdes. La encontró descansando los pies en un banco de mármol. No le dijo nada, pero Pansy McOrez-Parkinson vio en los ojos de su hija el miedo, la despeseración y la derrota. Tuvo que verlo. Era su madre. La conocía mejor que nadie. 

-¿Qué ha hecho?

Ella negó con la cabeza.

-Debe marcharse, madre -Le rogó en voz baja.

Su hermano estaría celebrando que había asesinado a su propio padre, pero no tardaría en darse cuenta de que había una cabeza matriarcal sobre la casa a la que debía responder aún.

Le sonrió con tristeza.

-No podrás salvarlo, pequeña -Le acarició la barabilla. Su madre siempre la trataba como si fuera delicada. La había querido como ninguna otra persona en el mundo lo hacía. Solo Frank McOrez sabía aquello. Pero Pansy era su debilidad. Y si su hermano había matado a su padre, debía ponerla a salvo. -Habrá un momento en el que tengas que decidir entre su vida y la tuya -Le advirtió. -Los dos sois mis hijos -Suspiró. -Pero debes ponerte a salvo de él -Le pidió. -Mi niña, sé que serás una gran bruja -Le sonrió. -Siempre lo he sabido.

-Madre, tiene que irse -Insistió Zoe, dejando ver su desesperación en su tono de voz vibrante. -Váyase lejos de aquí y no vuelva hasta que todo esto acabe.

Su madre sacudió la cabeza.

-No puedo hacerte eso, Zoe -Agarró a su hija de las muñecas. -No puedo dejarte sola…

-Madre, siempre he estado sola -Espetó. -Usted solo venía a curar las heridas de los entrenamientos… Nunca las evitó -La culpa cruzó por el rostro de Pansy. -Si quiere protegerme, váyase… ¡Márchese! ¡Frank creerá que me quiere poner en su contra! 

La vio cómo intentaba controlar que sus labios dejaran de temblar. Su madre siempre había sido una cobarde. Siempre había estado detrás de los horrores a los que le sometían su familia. Y nunca lo había evitado. Más siempre intentaba sanarlos. 

-Recuerda cómo te llamas y lucha por ello -Le dijo su madre.

Zoe respiró profundamente. Su nombre, en griego, significaba "vida". 

Su madre le pedía que luchara por su vida.

Una pena que hubiera jurado dar su nombre por la causa. 

-Dale recuerdos al Señor de mi parte, madre -Pidió Zoe McOreZ. -Aún está rehacio a admitir que Lupin anunció que yo sería su mano derecha en el futuro…

-Oh, sabes cómo es Mordred, cariño -Recordó su madre. -Las mujeres oscuras siempre han tendido a traicionarle al final del día.

Zoe McOrez sonrió con suficiencia.

-Eso es porque teme a las mujeres -Concedió. -Por suerte, no tendremos que responder a él cuando su madre regrese.

Zoe sintió la brisa sobre su rostro cuando su madre desapareció. Siguió sonriendo pese a la trágica noticia del asesinato de su padre. Siguió sonriendo porque sabía que todo su sufrimiento llegaría a su fin cuando Morgana regresara. Cuando se arrodillara ante ella y le jurara libertad tal y como soñaba desde que tenía conciencia. Dejaría de acatar órdenes de hombres egocéntricos y megalómanos comos su padre, su hermano, su abuelo o el Señor. 

Con Morgana vencerían. Conocerían la gloria con ella. 



----------


Nota del autor:

¡Y llegamos al fin de la quinta parada en esta historia!

Espero, de todo corazón, que os haya gustando y que mis misterios y aventuras os sigan intrigando. Un gran gracias a mi leal comentarista (hats off) y a aquellos/as que, de vez en cuando, me dejan ver sus palabras.

Ahora a lo que os interesa:

La sexta entrega tardará aún en llegar (¿un mes? o ¿dos?). No obstante, la historia no se queda vacía... Sino que seguiré escribiendo en un spin-off que rellenará misterios que se han ido viendo a lo largo de la saga y que anunciará un par de cosas que tardaréis en saber de no leerlo. Se ambienta hace 20 años o así y la personaje principal es Penélope Brooks... Pero no solo va a ir de ella... Van a salir cosas que quizás no os esperáis y que completan la historia.

Este es el enlace (¡ya hay un capítulo publicado!): https://www.potterfics.com/historias/196150 

¡Nos vemos allí!

Un abrazo muy fuerte

Carax



« (V) Capítulo 45: Impulsos (II) Comenta este capítulo | Ir arriba (VI) Prefacio »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.