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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
[ Más información ]

(V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)

Despegó sus pestañas con cuidado. Su cabeza dio vueltas. Todo a su alrededor debía ser parte del sueño, pues no tenía sentido. Se incorporó poco a poco. Trazó líneas con sus dedos sobre dónde estaba tumbada. Piedra fría. Con musgo. Lanzó un grito ahogado cuando vio que todo su cuerpo estaba cubierto de ramas verdes y flores. Se llevó la mano al rostro. Estaba pintado con barro. Frunció el ceño. ¿Dónde demonios estaba?

Un hormigueo en sus pies le obligó a mirar hacia allá. Unas hadas pequeñas paseaban por sus tobillos una de esas ramas. 

-¡ARRGH! -Las sacudió sin importarle lo que hubiera dicho su padre si la viera.

Olía a nenúfares. A hierba mojada. Vio que estaba en una especie de cueva. Sobre su cabeza, una cristalera que daba paso a una inmensa masa de agua que se posaba sobre ella. Como si estuviera en la Sala Común de Slytherin. Su mandíbula se desencajó. Sirenas. Gente del mar. Cruzando sobre su cabeza. 

Una de las hadas del bosque a las que había tirado al suelo embarrado se aproximó a su hombro. Y se posó allí. Alice Longbotton aguantó la respiración. ¿Estaba en un sueño?

-Señorita Alice, ¡por fin ha despertado! -Exclamó con voz cantarina. -¡Empezamos a pensar que nunca lo haría! -Se rio sobre su barriga e hizo un gesto con la mano para que alguien más en la habitación se acercara a ella.

Entonces, la vio.

Juró que la había visto antes. 

-Oh, querida, ¿te encuentras bien? -Le preguntó la sirena que se movía con una masa de agua encantada a su alrededor. Alice asintió confusa. -Sé que el letargo mágico puede ser agotador -Le sonrió.

Alice Longbotton había conocido antes a gente del mar. No eran las criaturas favoritas en su experiencia. La gente del mar de agua fría, los selkies y los merrows, eran poco agraciados. Chillaban y hacían ruidos que significaba su propia lengua. Pero aquella criatura era una sirena de agua caliente. Las sirenas que los muggles habían imaginado en sus leyendas. Y aquella era tan bella como siempre había imaginado. Su atractivo era exuberante. Su cabello violeta ondeaba como si estuviera bajo el mar. Sus profundos ojos negros estaban clavados en los de ella como si conociera lo más recóndito de su alma. 

-Sí, estoy bien -Musitó, aún absorta en la belleza de la sirena.

-Soy Zinnia -Se presentó, aunque supuso que ya la había conocido antes. -La reina de la colonia de Skye. 

Aquello llamó aún más su atención. La Isla de Skye. Su padre siempre le había contado que allí era donde residía la colonia más importante de gente del agua de Europa. Después de la masacre en Grecia hacía siglos, todos habían huido del Mediterráneo a las costas nórdicas. 

Más no fue aquello lo que le llamó la atención. Sino que la colonia estaba situada en una de los sitios ocultos de manera natural a los ojos de los muggles. Era esa la razón, por la que hacía milenios, la colonia se había asentado allí, huyendo de los muggles. Hadas del bosque, brujas perseguidas y sirenas habían ocupado aquel lugar durante más de un milenio. Ocultadas bajo la niebla que se creaba a su alrededor. 

Los antiguos muggles la habían llamado Avalon. Según las leyendas sobre Merlín y Morgana que tantas veces había leído con Rose, Morgana llevó a Arturo allí para descansara para siempre. Era Avalon donde Morgana, según la leyenda, había llevado al amor de su vida para intentar evitar su muerte. Nadie podía evitar su muerte, sin embargo, ni siquiera las nueve reinas que habitaban entonces la isla. Cada una de una especie. Alice intuyó que había fragmentos de la historia que se habían perdido en el tiempo.

En aquel momento, no obstante, se encontraba frente a la Reina de Avalon. Una sirena. 

¿Qué hacía? ¿Se arrollidaba ante ella? ¿Cómo nadie le había avisado antes? 

Por pura intuición, se giró para ver dónde había reposado su "letargo mágico". Hasta aquel momento no se había dado cuenta de que no era una piedra cualquiera. Sino una especie de…

-¿Eso es…? -Señaló a la construcción de piedra.

-El Rey Arturo descansa aquí desde hace mucho tiempo -Respondió Zinnia. Alice Longbotton alzó las cejas y se quedó sin palabras. -Las nueve reinas que estuvieron aquí aquel día… No pudimos hacer nada por salvar la vida del héroe -Se lamentó. Alice estaba en shock. ¿Acababa de decir que ella también estuvo allí? ¿Qué Zinnia era una de las nueve reinas de la leyenda? La miró con admiración. -Crearon este santuario para él y con uno hechizo por el que dieron su vida… Consiguieron el "letargo mágico" con el que cualquier criatura podría recuperarse de cualquier maldición si su corazón era puro -Explicó con orgullo. -Lo hemos usado en ti porque estabas exhausta… Mucho tiempo en Azkaban para poder sobrevivir a una batalla como la de Londres -Le concretó Zinnia.

-¿Y usted…? ¿Cómo es que sigue viva si es una de esas reinas…?

-No, querida -Dijo con una sonrisa Zinnia. -Cuando todas las reinas murieron, cuando Igraine, Elaine, Nymue, Alanis, Maeve, Fiona, Erea y Ula dieron su vida por este mundo mejor… Ula, la reina de las sirenas, me eligió a mí para acompañar a las discípulas de Nymue en sus viajes y ser liderar a la colonia cuando Morgana volviera -No decayó su sonrisa incluso si era la historia más heroica que había escuchado.

-¿Por qué nadie…?

-Es nuestro secreto, Alice -Se adelantó. -Si el Ojo o el Temple supieran que existe una forma de revitalizar las almas… No seguirían su propósito inicial, sino uno más egoísta… 

-¿Y por qué lo ha utilizado conmigo?

Aquello recibió una carcajada cantarina de las hadas que se habían posado sobre sus hombros y de la reina de Avalón. Se sintió estúpida. ¿Tenía Alice el corazón puro? Había una larga lista de personas que encontrarían fácilmente motivos por los que no era cierto. 

-El destino lo quería así -Le dijo enigmáticamente. -Es un secreto que debes conocer y utilizar bien, Alice Longbotton -Le advirtió con solemnidad. -La Guardiana de la Magia te ha elegido a ti para que conozcas el secreto de Avalon. 

-No lo entiendo, yo… No sé por qué yo -No sabía explicar lo confusa que estaba en aquel instante. 

Las hadas volvieron a carcajear. Alice quiso tirarlas al suelo de nuevo, pero intuyó que no sería buena idea si confiaban en ella con algo tan importante. Su cabeza aún daba vueltas. Pero, poco a poco, recordó por qué creía haber visto antes a Zinnia. Se llevó la mano a la boca. Lo había mencionado, ¿no? La Batalla de Londres. Su huida de Azkaban…

-Están aquí también -Completó Zinnia. -Recuerda que este es nuestro secreto, Alice -Incidió la sirena. Alice asintió, un tanto reticente. No quería ocultarle nada más a Albus. -Él lo entenderá -Sinceramente, esa sirena le estaba leyendo la mente con descaro. -No tendrás que ocultárselo siempre -Añadió para su gusto.

Alice asintió. Sintió un peso inevitable sobre sus hombros. Creía que sus tiempos de ocultarle secretos a Albus habían acabado. Cuando Zinnia y las hadas la condujeron hacia unas escaleras de caracol que llevaban hacia plantas altas de aquel palacio celta, sintió nervios acumularse en su interior.

Y todo lo que estaba ocurriendo le vino de lleno a su impotencia. Estaban escapando del Ojo y de Whitehall. Ginny y ella. Albus había decidido acompañarles. Y la Guardiana de la Magia los había llevado a Avalon porque… ¿Alice debía estar allí? Suspiró. Creía que, tras revelarse que Cornelia Brooks era la descendiente y portadora de Morgana, lo único que se complicaría sería protegerla… No que había más secretos. No que la tumba de Arturo estaba justo debajo de sus pies, esperando la oportunidad de refortalecer el alma de los puros de corazón.

Al entrar al Hall, vio a Albus Potter y su madre sentados sobre las grandes escaleras. Aún llevaban la ropa de la batalla. Albus tenía ojeras. Ginny Potter estaba abrazando a su hijo. ¿Cuánto tiempo había estado dormida? 

-Os dejo a solas -Anunció Zinnia. -Si necesitáis cualquier cosa, las hadas me lo comunicarán.

Albus alzó la vista para ver a Alice y una sonrisa radiante le cruzó el rostro. Era contagiosa. Alice sonrió de vuelta. Albus se incorporó. Corrió hacia ella. Y la abrazó. Alice respiró su olor -hedor, porque no sabía cuanto tiempo no se habría duchado -y hundió su rostro en su cuello. Albus la apretó aún más. 

-Alice, cielo, ¿cómo estás? -Le preguntó Ginny Potter con una media sonrisa.

-¡Genial! -Exclamó ella. - Aunque creo que deberíamos quitarnos esta ropa -Dijo Alice, consciente de que había estado con esa ropa durante meses en Azkaban. Así como Ginny Potter. 

Una sonrisa de suficiencia se apareció sobre el rostro de Albus Severus Potter. Alzó una ceja.

-¿Quitarnos la ropa?

-¡ALBUS SEVERUS POTTER! -Le dijo su madre. -¡TIENES DIECISÉIS AÑOS! ¡COMPORTATE DELANTE DE TU MADRE!

-Pero si tú con dieciséis años...

-¡ALBUS SEVERUS! ¡A TU CUARTO! -Su madre se dirigió a Alice. -Me aseguraré de no dejaros a solas...

-Mamá, esto es ridículo. ¡Alice es mi novia! 

-Albus...-Susurró Alice.

-Por Merlín, Albus... Eres peor que tu tío Ron.

Intuyendo que su madre no se andaba con tonterías, el joven agarró por la muñeca a Alice y la hizo correr escaleras arriba hacia los elegantes pasillos. La entró en una habitación que intuyó que debía de ser la suya. Albus cerró la puerta de un sopetón.

-Albus, creo que deberíamos respetar lo que quiera tu madre -Razonó Alice, siendo lo primero que le decía verdaderamente a Albus después de tanto tiempo. 

-Sí, sí....

Los pasos de Ginny Potter resonaron en el pasillo. 

-¡ALBUS SEVERUS POTTER! ¡QUE ESTÉ CIEGA NO SIGNIFICA QUE ESTÉ SORDA NI QUE PUEDA MALDECIR TUS PELOTAS!

-Por Merlín -Suspiró Alice.

-Llevo sin verte mucho tiempo... Si quiero besarte, lo voy a hacer.

Albus le sonrió -esa sonrisa sarcástica que en tantos líos la había metido desde que era una niña y que, incluso cuando a veces le había llegado a molestar, nunca podía resistirse. Sus ojos esmeralda eran tan brillantes como recordaba. Su pelo negro estaba desordenado hacia un lado, como si acabara de despertarse. Estaba incluso más atractivo que cuando la vio en Navidad. Más alto, rasgos más cuadrados y más musculoso. 

Lanzó sus brazos alrededor de ella. Y se besaron. Y nada más importó. Un asteroide podría haber colisionado con el planeta y arrasar con toda la vida, que a Alice no le habría importado. 

Todo estaba mal. Todo estaba condenado a la oscuridad. Al caos. A la destrucción. Morgana volvería y acabaría con todos ellos. ¿Cómo había podido ser tan ingenua hacía ocho meses? ¿Cómo había dejado que sus emociones le hicieran bajar la guardia? ¡Justo cuando más necesitaba estar al tanto de todo!

Ser vidente la había ayudado a saber qué estaba ocurriendo con el mundo mágico, el cual había colisionado con el muggle. Aquello era justo lo que no necesitaban. Era poner las condiciones exactas al momento en el que Morgana desató toda su oscuridad. Eran las mismas circunstancias. Un mundo asustado por la magia. Una guerra que, inevitablemente, incluía a los muggles. Dos bandos que luchaban por alcanzar el poder. Por una luz o una oscuridad que, de igual modo, arrastrarían vidas innumerables de muggles. Y otras mil criaturas más. 

La Tercera Guerra de los Mundos la había llamado su padre una vez. La primera Guerra fue hacía milenios y milenios, cuando las civilizaciones se estaban creando. Cuando la magia llegó al mundo. Cuando, por primera vez, un mago oscuro hizo ver la necesidad de poner límites. Y acabaron con él. La Segunda Guerra Mágica era la de Morgana y Merlín, derrotando finalmente a Salazar y su discípula para ocultar el mundo mágico para siempre. O eso creían. Porque, con la Tercera Guerra que se acababa de desatar, todo se decidiría. Eran las profecías que surgieron de la Primera Guerra. Las que unían a todas.  A todos. 

Ivonne Donovan suspiró. Había sido ingenua al pensar que podría acabar con la vida de su nieta y tenía esperanzas de que fuera un último sacrificio. No quería matarla. Ivonne Donovan lloraba por las noches a su hija. Siempre había sido su problema. La maldición de los Donovan. La maldición de los Le Fay. El amor. El inevitable amor por el que siempre sobrevivían. Incluso cuando querían morir. 

Había vuelto a ver a Celius. Se odiaba por seguir amándole. Por seguir queriendo que huyera de ella. Por esa razón, cometió el error de huir de él. De bajar la guardia hacia otros magos que durante años la habían perseguido.

No culpaba a Edward Whitehall por odiarla. Ni por ser un mago ambicioso, vengativo y pasional que la aprisionó en su propia casa. Que la hacía pasar hambre. Que le relataba cómo torturaba a todos aquellos niños del Ojo para acabar con el Ojo. 

Ivonne Donovan había descubierto que no quería matarla. Que su muerte debía ser ante el Ojo. Que quería demostrar que a todo el mundo que era el mago que acabó con Ivonne Donovan. Y, para ello, quería antes ubicar la sede del Ojo y ejecutarla allí. Restregarles que habían sido vencidos por él. 

Solo que se equivocó. Igual que ella. Igual que tantos otros. Mientras que Ivonne se equivocó pensando que podría arrebatarle la vida a Cornelia para salvar al mundo; Edward Whitehall había pensando que acabando con Ivonne vencería su propia guerra. Por varias razones se había equivocado. La primera era que no era Ivonne Donovan la Portadora. Sino Cornelia. Y la segunda era el nombre que utilizaba Whitehall para referirse a ella. 

Mordred. 

-No soy él -Le recordó por centésima vez.

El Auror que había acabado con el Departamento gruñó. Estaba furioso por haber dejado escapar a la alumna que había tenido delante de sus narices en tantas ocasiones. Se sintió engañado por el Temple. Y los odiaba. 

-¡CLARO QUE ERES MORDRED! ¡MI TÍO TE LLAMABA ASÍ!

-Tu tío sabía demasiado para su propio bien -Concedió Ivonne. -Pero nunca se refirió a mí cuando hablaba de Mordred… 

-¿Entonces a quién? -Gruñó Whitehall.

Podría decirle la verdad. Algo que Ivonne Donovan aprendió demasiado joven. Algo que enseñó a los hermanos O'Smosthery. Algo que poca gente llegaría a creer. Pero que era cierto.

-A Mordred, Edward -Dijo Ivonne Donovan. Sentada sobre la celda que el Auror había improvisado para ella, se puso más cómoda. -Déjame salir y te llevaré a él -Le propuso.

No era la primera vez que se ofrecía a aquello. Era arriesgado. Ningún farol. Pero Edward Whitehall no se fiaba de ella. Hacía bien. No querría decir que sí a aquella propuesta, de saber a lo que se enfrentaba.

-Solo quieres escapar para ir con…

-¿Con quién? -Le desafió. -Intenté matar a mi nieta… El Temple no confiará en mí.

-¿Entonces a dónde irás?

-Al Ojo -Dijo simplemente. -Siempre tendré una casa allí… Incluso si les he traicionado -Añadió amargamente. -Quieren mi sangre, después de todo. Deben respertarme. 

-¿Por qué piensas que te dejaré ir al Ojo? ¡Precisamente al Ojo!

-¿No quieres acabar con él? ¿No quieres ser tú el que ejecute a Mordred? -Le retó. Vio el fuego peligroso de un asesino en frente de ella. -Puedo decirle a Mordred que tú eres el sobrino del mago que escondió la tumba de su madre -Entornó los ojos.

Ivonne Donovan sabía que Edward Whitehall sabía la razón por la que su tío, el Ministro de Magia de Estados Unidos, decidió morir ante Graham McOrez aquel día antes que decirle dónde había ocultado uno de los artilugios que el Ojo necesitaba para llevar a cabo el ritual del Retorno de Morgana. Por la expresión en su rostro, le era indiferente. Se trataba de algo que quizás había leído de sus diarios. No aparecía en las profecías. Pero el fallecido Whitehall sí que lo sabía. Porque el Temple se lo pidió. Porque alguien del Ojo se lo dio para ocultarlo. 

-Estás mintiendo -Dijo el Auror.

Era curioso. Porque Ivonne Donovan siempre había sabido que era Edward Whitehall el que mentía. El que entró a la guerra diciendo que quería vengar a su tío. Pero tenía otro objetivo en la mente. ¿Por qué otra razón habría entrado en la guerra justo cuando el Ojo dio señales de querer combatir? ¿Por qué, sabiendo lo que se avecinaba gracias a su tío, lo único que había hecho era parecer un mago en busca de venganza ciega? ¿Por qué se había adueñado del Departamento de Seguridad Mágica? ¿Por qué quería torturar a los niños del Ojo para que le reveleran secretos? 

Edward Whitehall ya tenía a Ivonne Donovan. ¿Qué era lo que realmente estaba buscando? ¿Qué pretendía hacer con ella? ¿Qué quería a cambio de entregarla al Ojo? Pues intuía que eso era lo que estaba buscando. Preguntaba a los niños por los sitios más guardados del Ojo, creyendo que allí se encontrarían sus mayores secretos. Mantenía su teatro. Su incoherente teatro que había hecho adueñarse de Azkaban para indagar si alguien sabía algo más que se le escapara en los diarios de su tío. Y solo podría hacerlo si no tenía la supervisión de Harry Potter. No lo necesitaba. Quería deshacerse de él. 

Lo que hacía Whitehall no parecía tener sentido. Pero Ivonne Donovan reconocía la verdad en su rostro. Igual que lo hizo con tantas otras personas que prometían ayudarla creyendo que les llevaría a un futuro lleno de gloria. 

Ivonne sonrió con suficiencia. 

-Afortunadamente, no -Sonrió. -Tendrás una sola oportunidad para acabar con Mordred. ¿No es lo que querías hacer para vengar a tu tío? ¿O tu venganza se ha convertido en un puro egoísmo y ansias de gloria? -Vio la llama de ira en el Auror. Ivonne sabía que tenía razón. -Matar a Mordred te dará gloria, Whitehall -Le insistió. -Serás igual que el Rey Arturo… -Ivonne Donovan se incorporó. -Pero… No es eso lo que quieres, ¿verdad? -Ivonne tensó su rostro. -Quieres aún más que gloria. Quieres la eternidad -Sentenció. Suspiró. -Y crees que la obtendrás de Mordred. 



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