Historia al azar: Amor Eterno(Visiones)
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
[ Más información ]

(V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


Siguieron a sus enemigos. Se dio cuenta, más tarde que el resto, de que no estaban huyendo. De que no desparecían en mitad de Oxford Street hacia sus escondites. Sino que todos iban en una misma dirección. Cuando llegaron a Trafalgar Square, lo comprendió por completo. El Ojo estaba buscando a quienes habían arrebatado la magia a Londres aquella noche. Y no cesarían hasta encontrarlas.

Frank Longbotton tragó saliva con dificultad. Solo podía haber sido Cornelia Brooks. Su sangre hirvió bajo su piel. Tropezó con varios muggles que iban en dirección contraria, definitivamente huyendo. Rostros desconsolados. Ensangrentados. La suciedad de una batalla impregnada en su olor.

Al entrar a contracorriente en aquella estampida, alzó la cabeza por encima de los muggles para encontrar a los que estaban con él. Los que perseguían a aquellos muggles oscuros. Se ajustó la metralleta en su torso. Apresuró su paso. Miró de reojo la metralleta muggle que tenía colgada alrededor de su cuello. La había tomado de una muggle que vestía el uniforme de fuerzas especiales. Había sufrido un Avada Kedavra por la forma en la que estaba tumbado en el suelo. Le dio las gracias mentalmetne mientras sus hombros chocaban con los del resto de muggles. Él, así como todos los habitantes de Londres que acababan de descubrir la magia en la peor de las condiciones, no había sufrido el apagón. Pues, debido al sello que tenía marcado en su piel, no tenía magia. Había experimentado, durante una hora, el desconsuelo y los gritos de los magos y brujas a los que había intentado ayudar en vano. A Bastien Lebouf, quien, pese a su condición, intentaba alzar su varita para protegerles de los magos oscuros que tenían cerca -en las mismas condiciones que ellos. A Rose Weasley y Camrin Trust, quienes se apoyaban la una en la otra intentando trepar por el suelo para alejarse de los encapuchados, con la ayuda de Sebastian McKing, quien desapareció a buscar a su padre en cuanto la magia volvió. En sus brazos, había sostenido a Gwendoline Cross. Era increíble esa mujer. Todos estaban sufriendo y ella, con las mismas condiciones que los demás más heridas profundas que no dejaban de sangrar, se dignó a tener ninguna expresión. Había tenido los ojos cerrados y había contado los minutos que llevaban así. Por supuesto, Frank intentó remediar las heridas de Gwen en vano. Era un inútil para ese tipo de cosas. Y su madre era enfermera maga. O Sanadora, como decían ellos.

Cogió a Gwen del codo y la ayudó a andar, su cojera debía dolerle si era visible incluso para él. Recibió una mirada amenazante y se retiró de él. Como si no necesitara su ayuda. Aunque estuviera cojeando. De verdad, esa chica iba a acabar con él. Soltó una risa tranquila al ver su reacción. Ella frunció el ceño hacia él. Por supuesto, en mitad de una situación así, no era apropiado reírse.

Su temporal buen humor se esfumó en cuanto llegaron a Trafalgar Square.

Ahora entendía por qué había una estampida que huía corriendo desde allí. Las calles que daban al otro lado del río, a la parte de Londres de la que había procedido aquel rayo que inhibió toda la magia, estaban taponadas por el ejército del Ojo. No les dejaban pasar. Dragones. Acromántulas. Dementores. Gigantes. Magos. Incluso un helicóptero que tenía una forma alada y orgánica extraña de la que salían disparos -sinceramente, que el Ojo hubiera encontrado en la armamística muggle una fuente de ideas no les convenía en absoluto.

-Van a encontrarlas -Se lamentó Camrin Trust.

La observó acercarse a ellos. Rose Weasley y Bastien Lebouf tras ella.

-¡Rose! -Escuchó una voz familiar entre la plaza que, poco a poco y debido a la imponente amenaza del ejército del Ojo, se quedaba vacía. Casi vacía. -¡Rose, ven aquí!

Ron Weasley atrapó a su hija en sus brazos y le besó la coronilla. También observó a Alexander Moonlight y Dominique Weasley plantando cara al ejército en primera fila. Al lado de James Sirius Potter, Fred Weasley, Rick Carter, Tim Marrs, David Morrit, Lucy Weasley, Bea Fenwick, Teddy Lupin, Harry Potter y otros Aurores, Luna y Rolf Scarmander, Wakanda y Tala junto con el resto de su manada, y más rostros que no conocía.

El Temple había acabado reuniéndose allí. Una ironía. Trafalgar Square conmemoraba la victoria británica. En ese momento, estaba presenciando la caída de la capital de su país. Vio a los allí reunidos. Frank supuso que no todo el Temple estaba allí. Que faltaban personas. Y deseó que eso significara que estaban en otro lugar de Londres. Protegiendo a civiles. O ayudando a los enfermos. Porque no vio a su padre.

Sintió una mano en su hombro. Se giró para ver a Scorpius Malfoy. Tenía una herida abierta en la ceja. La camisa hecha girones. El pelo más oscuro por la sangre. Parecía que se había metido de lleno en una batalla contra bestias. Algo que quizás era verdad. ¿Por qué ni su hermana ni las Brooks se habían decidido por él?

-Tu hermana está a salvo -Le anunció. -Albus la ha sacado de Azkaban y están a salvo -Aclaró.

Sintió que volvía a respirar de nuevo, después de toda aquella noche. Por fin una buena noticia. Se giró hacia él. Malfoy miró por encima de su hombro. Se percató de que estaba observando a Trust y a Weasley con su padre.

-Debemos ir a por ellas -Sentenció Gwen.

La voz que utilizó no se correspondía con su delgada figura truncada por las heridas. Malfoy la miró con cierto recelo. Trust simplemente asintió. Lebouf acudió al resto del Temple que se encontraba allí para unirse a sus filas.

Frank Longbotton siguió a Gwendoline Cross en su camino hacia James Sirius Potter. Supuso que, incluso cuando su amistad pendía de un delgado hilo con el hijo del Jefe de Aurores, debía estar presente en aquel intercambio de palabras. Frank intuyó que Gwen quería demostrarles a todos que sería ella la que arriesgaría su vida cruzando a través de ese ejército para salvar a las hermanas Brooks.

El joven Potter no tardó en voltearse hacia ellos. Tenía la mandíbula apretada. Las venas de la sien hinchadas. No le culpaba. Cornelia había desafiado sus órdenes poniéndose en peligro. En demasiado peligro. Pero había salvado a muchas vidas. Suspiró.

-¿No se suponía que tú debías hacerte cargo de su seguridad? -Espetó James Potter hacia Gwen.

-Potter...-Avisó Frank con cautela.

-¿No se suponía que debías asegurarte de que no se marcharan de Hogwarts hoy? -Le devolvió Gwen.

El duelo de miradas atrapó a varios magos de alrededor.

-Esto no nos lleva a ningún lado, James -Dijo con calma Fred Weasley.

-Ya he tenido suficiente -Concluyó Potter.

E hizo amago de cruzar la línea que les separaba del ejército del Ojo. Su padre lo detuvo por la muñeca. Frank sintió cómo todos estaban aguantando la respiración. El Ojo también.

-Hijo -Adviritió Harry Potter.

-¡OH, MIS QUERIDOS POTTER! -Una figura elegante con un traje impecable se atrevió a cruzar la línea desde el otro lado. -¿¡QUÉ TAL ESTÁIS?! ¡MÁS VIVOS QUE VUESTRO MINISTRO, POR LO QUE VEO! -Gritó. -OH, ¿DÓNDE ESTÁ VUESTRA PEQUEÑA LILY LUNA? -Escuchó a James rugir como una bestia por dentro. -¡QUÉ BIEN TENÍAIS ESCONDIDAS A VUESTRAS ARMAS! ¡DICEN QUE ES TU NOVIA A LA QUE ESTAMOS BUSCANDO, POTTER JUNIOR! ¿CÓMO SE SIENTE NO SER EL HÉROE EN ESTA OCASIÓN, POTTER SENIOR?

-No dejéis que Tristán os haga perder los estribos -Dijo Gwen para todos los presentes. -Sacará vuestros demonios interiores para que os devoréis a vosotros mismos -Prosiguió. -Baja esa varita, Potter -Se lo dijo a Harry Potter con tanta seguridad que todos se giraron para mirarla.

-Gwen...

-¿Dónde está Sebastian McKing? -Preguntó a todos.

Ninguno respondió.

Frank Longbotton recordó las palabras de McOrez. ¿Habían matado a Richard McKing? Sintió un nudo de molestia en su estómago. ¿Dónde diablos estaba su padre?

-No creo que sea buena idea que vayas a por él...-Dijo suavemente Carter.

-¿Por qué? -Preguntó abruptamente Camrin Trust. Su expresión cambió de serenidad a pánico. -¿Qué le ha pasado a Seb? -Quiso saber. Ella y los que acaban de llegar.

Vio el intercambio entre Carter y Trust. Había oído los rumores de que Trust huía de él después de haberle besado en aquella fiesta, pues él solo la consideraba su amiga. Había visto a Trust luchar. Si tenía el corazón roto, la muchacha sabía cuáles eran las prioridades en una guerra y lo que se esperaba de ella en una batalla. Carter tenía una expresión de tristeza en su mirada.

-Remus Lupin ha matado a Richard McKing -Explicó, en cambio, Scorpius Malfoy. Todos se dirigieron a él. Se ruborizó al tener tanta atención. -Seb trajo a Theia y nos lo contó...

-¿Tu hermana? -Preguntó extrañado Frank. -¿La has conocido?

El muchacho se rascó la nuca. O estaba nervioso o no sabía qué contestar.

-Se marchó al instante a buscar a Lily -Aportó Carter. Señaló hacia la estatua del centro de Trafalgar Square. -Está allí.

Gwen no tardó en emprender su camino hacia Sebastian McKing. Trust y él le siguieron los talones. ¿Utilizaría Gwen a un niño de catorce años que acababa de perder a su padre? Frunció el ceño. Su determinación era clara para Frank, más no quería que fuera cierta.

Había estado tan centrado en la seguridad que Gwen llevaba consigo, en que Trust tenía el ceño fruncido y en que había un demoniaco ejército detrás de ellos, que no se había dado cuenta de que se estaban dirigiendo a los leones. Bien, no los leones que tranquilamente andaban sentandos en la estatua y que tantos turistas se montaban encima de ellos. Bueno, técnicamente sí. Justo esos leones. Solo que habían abandonado sus puestos y estaban custodiando a dos figuras tras sus grandes proporciones.

Los leones no se apartaron cuando Gwendoline se detuvo ante ellos -y pudo ver que le molestó sobremanera. Alzó su varita. Dispuesta a hacerlos añicos. Trust ahogó un grito. Frank cerró los ojos. Suficiente con haber visto destruir su querido Picadilly Circus por aquel día.

-¡No toques a mis leones! -Le ordenó la voz de Hugo Weasley.

Por supuesto que había sido él quien los había encantando. ¿Quién si no iba a hacer tal hazaña digna de la vieja directora en la Batalla de Hogwarts? Aquellos leones eran mucho más impresionantes que cuatro o cinco caballeros de piedra. Eran cuatro leones de bronce que habían sido esculpidos por las corazas de los barcos franceses -sí, los enemigos de Inglaterra, para quien anduviera perdido en Historio Muggle.

-¿Seb? -Llamó en un hilo de voz Trust.

Esas impresionantes criaturas sí que dejaron pasar a Trust. Vaya, solo que había ser una Gryffindor de armas tomar. Curioso, ¿no? Porque eran leones. ¿Qué harían ante un Hufflepuff y una Slytherin?

También los dejaron pasar a ellos. Hugo Weasley los quería demasiado como para dejar que fueran destruidos por Gwen. No le culpaba. Él habría hecho lo mismo. Pero, de nuevo, su mente no era coherente cuando se trataba de Gwen. Se ajustó la metralleta en su pecho al pasar al lado de las estatuas de bronce movientes. No era que le dieran miedo... Respeto.

-No te lo vas a llevar  -Amenazó Hugo Weasley, sosteniendo a un Sebastian McKing con la mirada perdida entre sus brazos. -Se ha acabado por hoy, Cross. No necesitas su ayuda.

Trust se abalanzó hacia su amigo en un abrazo. Hugo Weasley aprovechó para interponerse entre su ¿amigo? y Gwen. En ese momento, Frank no sabía decir quién ganaría en un duelo. Gwen no coJeó cuando dio un último paso para cerrar la distancia y encarar a Weasley.

-¿Prefieres adelantar tu muerte, Weasley? -Le desafió. -No le pasará nada. Me llevará ante ellas y se irá.

-No está en condiciones de usar su poder -Insistió Weasley.

Aunque Frank no hubiera interactuado mucho con el joven genio, nunca lo había visto así con nadie. Nunca lo había visto preocuparse tanto por alguien. Tampoco había tenido que un ¿amigo? que sufriera tanto como Sebastian McKing en aquel instante. Más... Hugo Weasley mostraba tantas emociones reprimidas en sus puños que le sobrecogió.

-Lo que Gwen quiere decir... -Comenzó a refrasear Frank. -Es que es nuestra única opción para llegar a Cornelia antes que el Ojo.

-No vuelvas a hablar en mi nombre -Le ladró.

Hugo Weasley se mostró, por primera vez para Frank, vulnerable. ¿Tal vez temía que Seb se pusiera en peligro? ¿Perderlo? Oh, Frank también había estado en su lugar. Pero había algo que Hugo debía aprender...

-¿Por qué no dejamos que lo decida él? -Inquirió Camrin Trust, diciendo los pensamientos de Frank en voz alta.

Un silencio.

Un silencio interrumpido por un grito de guerra. Frank Longbotton se giró para ver cómo James Sirius Potter se transformaba en lobo y arremetía contra las primeras filas de sus enemigos. Todos los demás le siguieron.

La batalla se reuanudó de nuevo. Disparos. Hechizos. Gritos. Esperó que ninguno saliera herido. Fred Weasley se convirtió en dragón y abrió camino a James Sirius Potter con su fuego. Moonlight fue seguido del resto de lobos que se protegían bajo el fuego de la criatura alada que creía que era Weasley que les sobrevolaba. El resto se batió en duelo al instante con magos y criaturas mágicas que buscaban sus muertes.

-Debo ir -Dijo Sebastian McKing, llamando la atención de todos.

Hugo Weasley se giró hacia él. Una interrogación en su rostro. Enroscó su puño en su varita. No había otra opción, Weasley. Trust se separó de su amigo. Se mordió el labio. Hugo Weasley suspiró.

Gwen no esperó un segundo más. Le dio un empujón hacia un lado a Hugo Weasley, quien la fulminó con la mirada y agarró a McKing del antebrazo. Frank se apresuró a coger la muñeca de Gwen antes de que marcharan. No la dejaría sola.

En un segundo, estaban en lo alto del Tate Modern. Frank, el cual pensó que vomitaría como hacía con la Aparición, se encontró extrañamente bien. Se miró las manos. Ni siquiera se habían escindido -y eso que el joven estaba hecho polvo. Debía ser el extraño poder del joven.

-Vete, McKing -Le ordenó Gwen. -No quiero problemas con Weasley si te pasa algo -Aclaró. Le dirigió una mirada furiosa a Frank. -No pienso protegerte a ti, que lo sepas.

Frank no pudo evitar sonreír ante la inesperada preocupación de Gwen por aquel muchacho, pese a su amenaza de dejarlo morir a él.  Pero sabía, en sus ojos lo había visto, que no lo decía en serio. ¡Exacto! Siempre había sabido que Gwen haría cosas así. El muchacho la obedeció. No había cambiado de expresión. Era como si un Dementor le hubiera arrebatado el alma.

Despareció justo cuando comenzaron a escuchar gritos.

Corrieron al otro lado de la torre, bordeando el hueco donde un ascensor que no funcionaba claramente les impedía ir más rápido. Alcanzaron a las hermanas Brooks. Frank entrelazó sus dedos con los de Gwen.

-Me tienes aquí -Le recordó.

Si ella no haría nada para protegerle, le daba igual. Sinceramente. Se lo había buscado. Pero él si estaría allí para apoyarla -sinceramente era suficientemente buena con las armas como para pensar que él podía hacer algo como protegerla. Para su sorpresa, Gwen apretó su agarre antes de soltarlo para coger sus dagas y su varita.

-Hola, padre -Saludó Gwendoline Cross a Loring.

Frank Longbotton se estremeció. Vio a Lola Brooks ponerse en frente de Cornelia, la cual parecía haber perdido la conciencia sobre el suelo. Si había intentado lanzar algún hechizo a Lola para que se apartara, debería haber descubierto que Lola era inmune a la magia. Por esa razón, Loring se encontraba ante ellas con una expresión de interés.

-Oh, hija, has llegado -Susurró Loring como si la hubiera estado esperando todo aquel tiempo. La expresión de Gwen fue la misma que la de todos los presentes. Excepto Cornelia, porque estaba inconsciente. -¿Has visto que fascinante es esta criatura? La gente la llama squib porque no tiene magia... Pero sería más apropiado llamarla Powehi... -Recibió silencio. -Oh, ya sabes, niña, como el agujero negro... No es que no tenga magia... Es que la destruye... ¿No es fascinante?

A Frank le gustaría decirle que no de un puñetazo en la cara. Lola Brooks, en cambio, parecía estar horrorizada por aquella apreciación. Había dejado de ser la "nada" para ser uno de los misterios del universo.

-Aléjate de ellas -Amenazó Gwen.

-¿O qué? -Por primera vez, Loring rompió el contacto con Lola para fijarse en Gwendoline Cross. -Oh, veo que has traído a tu novio... -Chasqueó la lengua. -Déjame decirte, Gwendoline... Octavio era mucho mejor partido que esta magia defectuosa con apellido patético.

-¡CRUCIATUS! -Lanzó Gwen.

Loring lo desvió tranquilamente con un hechizo no verbal.

La torre se sacudió. Frank se apresuró para apuntar con su metralleta a Loring. Y disparó. Las balas muggles se encontraron con un escudo mágico. Y rebotaron contra él. Gwen lanzó un hechizo que hizo que se destruyeran en el camino hacia Frank y Lola.  

Entonces, unas garras salieron de la requisa que daba al abismo londinense. Unas zarpas de lobo. Frank sonrió. Habían llegado. El lobo al que conocía por ser James Sirius Potter se adentró a la torre. Así como el resto de la manada de Luperca. Frank no se separó de la espalda de Gwen.

El Ojo también hizo acto de presencia.  De forma mucho más espectacular, tenía que admitir. Nada de trepar el Tate Modern con garras como si fueran lagartijas. Aunque quizás las acromántulas sí que lo estaban haciendo. Aparecieron ante ellos en nubes negras. Y sacaron sus varitas. Frank apuntó con la pistola.

La batalla empezó. No le llegó ningún hechizo. Vio el panel protector que Gwen había lanzado sobre las hermanas Brooks y sobre él. ¿Con que no iba a protegerle a él también? Aprovechó para acercarse a Lola. Tomó sus manos temblorosas.

-Tenéis que salir de aquí -Le rogó. -¿No puedes utilizar tu nuevo poder para aparecerte?

Lola le miró incrédula.

-¡No! ¡Sólo funciona si me lanzan algo y...! ¡Lo reboto! -Sacudió su cabeza. Miró a su hermana. -Toda la magia de hoy... La ha absorbido Cornelia... -Suspiró. Miró a Frank. -¿Crees que sobrevivirá? ¡Era mucha energía!

-Si sobrevive... Será mucho más poderosa que antes...

-¿Y si esto era parte de lo que tenía que hacer para convertirse en...? -No se atrevió a decir el nombre.

-Ha salvado muchas vidas hoy, Lola... Tú también -Optó por decir.

Porque tenía toda la pinta de que, si Cornelia efectivamente había absorbido toda la magia, sería más poderosa que nunca. Y si Morgana se reencarnaba en ella, sería invencible. Estaban jodidos, ¿no?

Sintió, por segunda vez aquel día, una mano sobre sus hombros. Apuntó a quién fuera con la metralleta. Pero era James Sirius Potter. Con la camisa hecha jirones, casi destrozada igual que sus pantalones. Sangre por todos lados. Ojos cansados. Mirando a Cornelia con una mezcla de rabia e impotencia. Pero también preocupación.

-No sé si os podré llevar a todos -Dijo. Se dirigía a Frank.

-Me quedo con Gwen... No te preocupes, James -Le cedió Frank. -Ponlas a salvo. Ponte a salvo.

Esa camaderaría. Frank había echado de menos tener a un amigo. James Sirius Potter podría serlo. Además, tenía que ponerlo a salvo, ¿no? Era una de las claves para poder vencer a Morgana. Le sonrió.

James asintió con la cabeza. Frank observó cómo, con una batalla desatada a su alrededor, James se acercaba cuidadosamente hacia Cornelia. Lola le ayudó a ponerla sobre sus brazos. No era la primera vez que Frank los vio así. Pero sí que era la primera vez que les sonrió al verles así. Se dio cuenta de que quería que estuvieran todos ellos felices. Al final, James Potter acabó siendo un buen partido para Cornelia. ¿Quién lo diría?

Desparecieron.

Se giró con una sonrisa para avisar a Gwen de que ya podían marcharse. Pero todos se habían quedado petrificados ante la Desaparición de aquellas que el Ojo buscaba. Por lo que el Ojo enfureció. Y, oh, Loring lanzó una Maldición Imperdonable sobre Gwen que Frank no conocía. ¿"Imperiotis"? Algo así. Más Gwen, pese a su cojeo, no se cayó al suelo, ni sangró de repente y vomitó sangre, ni -afortunadamente -murió. Sino que sus ojos se nublaron y su cuerpo se tensó. ¿Por qué le dio muy mala espina?

-Ve a por los lobos, hija -Le ordenó su padre.

Y así lo hizo.

Para horror de Frank Longbotton.

Los lobos de Luperca, al principio, trataron de evitarla. Pero, al ver que Gwen no tenía reparo alguno en clavarles dagas en sus lomos, comenzaron a atacarla. La arañaron. La zarandearon. Y ella no dejó de pelear.

Frank tuvo suficiente. Cogió su metralleta y apuntó a Loring.

Loring le observó de reojo.

-¡Déjala! -Le gritó.

El mago oscuro se rio de él.

-Te dije una vez, hija, que escondieras lo que sientes… Deberías haberme escuchado -Se lamentó teatralmente. -Mátalo.

Gwen dejó a los lobos, los cuales volvieron a cargar contra otros magos, quienes también se habían unido a Gwen en el ataque. Frank se apresuró a caminar hacia Gwen. La cogió de los brazos. Fue disparado hacia la pared del ascensor con un hechizo no verbal.

Gwen se lanzó hacia él. Le golpeó en el hombro y le tiró al suelo. Aterrizando sobre él. Su cuerpo se sacudió, como si hubiera sido golpeado por el hechizo, y Frank soltó un grito, luchando por levantarse.

La miró. No había utilizado ningún hechizo al instante para matarle. Loring los contemplaba con curiosidad. Supo que el mago intuía que su hija se estaba resistiendo al Imperio. Incluso si la muchacha aún cogeaba, estaba llena de heridas y debería estar inconsciente de cansancio.

Detuvo el puño de Gwen con su antebrazo.

-Estoy bien, está bien, Gwen -Pero sus ojos no se fijaron en los suyos. Le dio un puñetazo en la nariz. Supo que le rompió el tabique al instante. -Gwen -Repitió. Extendió su mano con la daga hacia el cuello de Frank. -Gwen -Repitiría su nombre hasta que su voz entrara en su alma. Sabía que debía estar funcionando. Tan solo hizo la clavó un poco. Sintió su sangre brotar por su cuello. -Gwen...Gwen, escúchame, por favor...- La muchacha siguió apretando la daga.- No quieres hacer esto... Te necesitamos para ganar... Todos... Serás libre después de esto...-Sintió cómo la daga se apretaba sobre su cuello. Pero intentó resistirse.- Aún tienes un trabajo que hacer... -Le recordó. -Te necesito, Gwen...-Su voz se iba apagando.- Despierta por mí...

La daga se detuvo. Y retrocedió.

Gwen había estado paralizada en todo momento. Sus ojos pestañearon. La niebla se disipó. Vio cómo su ira particular volvía a ella. Gruñó. Se giró hacia Loring. Cojeó hacia él. Y comenzó a lanzar hechizos a su padre. Al mago que antes se había llamado Octavio. Comenzó, como si estuviera poseída por sus emociones, a batirse en duelo con todo el Ojo que allí se encontraba. Ella sola. Los lobos se convirtieron en humanos. La contemplaron. Recibió todos los hechizos sin estremecerse. Recibió todos a la vez. Y ella seguía empuñando la varita.

La muchacha parecía querer acabar con todos hasta que la mataran.

Los lobos volvieron a atacar tras transformarse. Todos menos uno.

Ted Lupin se acercó a ella. La alejó. Le quitó la varita. La llevó a Frank. Y Gwen cayó inconsciente en sus brazos. Frank se quedó envuelto en un manojo de nervios. ¿Se había muerto de cansancio? La notó respirar. Miró a Lupin.

-Llévanos a Hogwarts -Ordenó.

El profesor asintió. Los cogió. Y sintió todas las náuseas perseguirle. Porque, oh, él también se percató de que Gwen le había pegado una paliza. Aún brotaba sangre de su cuello. Cuando puso los pies sobre una Enfermería llena de personas para arriba y para abajo. Sus piernas flaquearon y cayó de bruces al suelo con Gwendoline Cross encima de él.

Su madre, Hannah Longbotton, corrió hacia la llegada de su hijo. Gritó horrorizada al ver a Gwendoline Cross, sin siquiera ver las heridas en su hijo. E hizo algo que produjo en Frank repulsión hacia su propia madre.

Hannah Longbotton le dio una bofetada a Gwenoline Cross.

-Deberías estar muerta -Le espetó a la inconsciente joven. Frank gruñó. La acercó hacia su torso y la alejó de su madre. -Te ha comido la cabeza -Se lamentó Madame Longbotton. -¿Por qué la has protegido? ¡Ella te puso en peligro...! ¡Es una asesina! ¡Mató a McGonagall! ¡Lo vi con mis propios ojos! ¡Sácala de aquí! ¡Aprovecha que está inconsciente y llévatela! -Frank se quedó atónito ante aquella declaración. -¡Lupin! ¡Saca a esta asesina de aquí!

Pero Ted Lupin ya no estaba allí.

Fue Monique Jordan quien se acercó a los jóvenes que estaban en el suelo. Sin decir nada, ayudó a Frank a incorporarse. Le pidió con gestos que pusiera a Gwen en una camilla vacía. Cerró las cortinas ante la mirada furiosa de Hannah Longbotton. Frank no supo qué decir.

-Gracias -Susurró. -Yo...

-A veces las personas que nos importan cometen crímenes que no llegamos a entender hasta que ya no nos lo pueden explicar -Dijo simpemente la muchacha. Le sonrió con tristeza. ¿Qué entendía ella de todo aquello? ¿Quién había cometido un crimen que fuera de importancia para Monique Jordan? -Roxanne Weasley... Mató a la abuela de Lola Brooks. Supongo que no lo sabías. Nadie lo sabía... A veces... No... Nada de esto se puede justificar... Pero quizás, en una guerra, son actos que puedan perdonarse si eran amenazados... ¿No crees? ¿O es que tú no lo has hecho ya? -Frank asintió, mientras la joven Sanadora buscaba pociones para remediar las heridas de Gwen. Monique Jordan pareció sorprendida de que a Frank no le importara la naturaleza de Gwendoline Cross. -¿Cómo?

No supo por qué sentía interés. ¿Qué supondría aquello para ella?

-Creo... Creo que estoy enamorado de ella.

Metió a Gwen en la cama en silencio. La tapó con la sábana. Y pidió con la mirada a Monique Jordan que la salvara. Que le diera las pociones que necesitara. Pero que la sacara de esa condición.

-Has tenido suerte esta vez, Longbotton.





« (V) Capítulo 40: Amantes de la ira. Comenta este capítulo | Ir arriba (V) Capítulo 42: Furiosamente »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.