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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(V) Capítulo 36: Cruce de caminos

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


Aún tenía legañas en los ojos. Los músculos agarrotados. No había podido hacer sus diez kilómetros matutinos. Ni siquiera le había dado tiempo a apagar la alarma. El Patronus del Ministro de Magia le despertó mucho antes. Hizo lo que cualquier otro Auror debidamente entrenado, respetuoso con las autoridades y temido por sus colegas de trabajo habría hecho... Le lanzó la almohada para que le dejara dormir.

Alexander Moonlight había perdido su trabajo. Veinticinco años y expulsado del Departamento de Seguridad Mágica. ¿Dónde estaban todos aquellos que le prometían una carrera estelar hacia la cima de la jerarquía? Pues expulsados del Departamento como él. Lo cierto era que... No se quejaba. Tenía una labor importante con la que ocuparse mientras tanto: fundar su manada. Porque no lo había hecho. Tenía a James Sirius Potter, a Edward Teddy Lupin y a Umi (nunca les daba su verdadero nombre). Pero, ¿desde cuándo una manada se formaba por tres licántropos y el Alfa? Exacto. Desde que Alexander Moonlight creó la segunda manada de licántropos de la historia de la magia. Quería salvar a más licántropos de la terrible transformación en Europa. Por ahora, ninguno había acudido a su llamada. El prejuicio de que eran lobos solitarios que debían ser condenados estaba mucho más arraigado en el viejo continente.

Disimuló un bostezo. No demasiado bien, pues Dominique Weasley le dio un pisotón. Soltó una pequeña risa. Oh, Dom. Tenía suerte de ser el Alfa y tenerla a ella como Ajayu. De hecho, era una de las condiciones de los Alfa en Luperca. Solo los licántropos con Ajayu podían ser sumamente poderosos. Tener un Ajayu que, para colmo, era Veela, les proporcionaba la seguridad de que nadie iba a desafiarles. Ningún otro licántropo en contra de las manadas, quería decir.

Acarició el pelo de Dom -había comenzado a llamarla así. La muchacha se giró y lo castró con la mirada. Volvió a soltar una risa. No era como si el resto de presentes no estuvieran al tanto de su relación, ¿no? Barrió la mirada por el despacho de Richard McKing. Había tenido que ser agrandado y adaptado para tener allí a todas aquellas personas. No solo había convocado a los Aurores que eran leales a él. También le había pedido a Hermione Weasley que reuniera a cuantos miembros del Temple pudiera. ¿La razón? No tenía -en ese instante -ni la más remota idea. El Ministro de Magia se encontraba debatiendo algo con Teddy. Y Teddy parecía completamente destrozado. Compartió con él una mirada y se tensó. Teddy no solía ponerse así. Nunca. Nunca. Solo una vez y no quería recordarla, pues fue cuando el Ojo raptó a Victoire.

Observó al resto de presentes. Sintió un cierto escalofrío. Quizás aún no había asimilado la gravedad de la reunión a las seis de la mañana porque no le había dado tiempo a despertarse del todo. Debía de ser algo gordo. Algo que a algunos le daría pesadillas.

El Trío de Oro estaba allí. Estaban atentos, en un segundo plano, a lo que fuera que Richard McKing estaba contándole a Teddy Lupin. Hermione Weasley sujetaba la mano de Ronald Weasley. Harry Potter se mordía el labio con preocupación. Más familiares suyos estaban alrededor del escritorio de McKing. Bill Weasley había llegado desde Grecia con su esposa. George Weasley estaba cruzado de brazos junto a su hermano Charlie Weasley. El gran domador de dragones había arrastrado con él a Fred Weasley, quien susurraba algo a su primo James Sirius Potter. Charlotte Breedlove y Celius O'Smosthery también se encontraban en un segundo plano. Dom y él habían decidio alejarse junto a la cuna de cristal llena de agua en la que reposaba la sirena Zinnia. Aurel también estaba cerca de ellos. Y algunas arpías. Dean Thomas, Gabrielle Thomas, Seamus Finnigan y Katie Bell estaban también allí. Por supuesto, Wakanda y Tala también estaban allí. Evitó hacer contacto con ellas por la incomodidad que le suponía. Gwendoline Cross jugaba con una daga entre sus dedos mientras parecía asesinar con la mirada al hijo de Neville Longbotton, padre e hijo también se encontraban allí. Y Firenze, junto al director. Podía seguir nombrando a personas que se encontraban allí que pertenecían a la Orden del Fénix-como Shacklebolt, Aberforth Dumbledore, Hestia Jones o Dedalus Diggle -; o al Ejército de Dumbledore -Luna Scarmander, Alicia Spinnet (compañera del Departamento además), Ernie MacMillan, Justin Finch-Fletchley, Lee Jordan, Padma Patil, Susan Nott y Terry Boot. Todos habían luchado en la Batalla de Hogwarts. Quien no lo había hecho, ya había mostrado su valía contra el Ojo.

Moonlight sintió un cosquilleó de nervios en su estómago.

-Van a atacar el Londres muggle -Anunció finalmente Richard McKing. Todos dejaron de susurrar y centraron su atención en el Ministro de Magia. Moonlight buscó los dedos de Dom y los entrelazó con ella. -No sabemos cuándo... Pero una persona ha venido del futuro para avisarnos de que será la brecha definitiva del Estatuto Secreto.

Se hizo un silencio ensordecedor.

-¿Quién ha venido del futuro? -Preguntó Neville Longbotton.

Moonlight había deducido que todo lo que Richard McKing le había estado contando a Teddy era ya conocimiento de la familia Weasley y Potter. Por esa razón estaban alrededor de él en ese momento. Harry Potter con una mano en el hombro de su mejor amigo. Intentó mandarle una mirada de ánimo. James Sirius Potter asintió hacia Moonlight.

-Theia Daphne Malfoy -Anunció el Ministro McKing. Todos lanzaron una exclamación. -Podemos confiar en ella -Se adelantó a decir. -Nos ha dicho que debemos retener el ataque... Ya he hablado con el Ministro Muggle... Ha alertado a la población de un posible ataque terrorista... Muchos muggles han decidido abandonar la ciudad... Pero estamos hablando de Londres... Que se vayan unos cuantos es irrevelante... Nosotros vamos a dar nuestro apoyo -Asintió hacia todos y cada uno de ellos. -Cuantos más seamos mejor... Si Theia Malfoy ha venido del futuro a prevenirnos... Es porque es evidente que no estamos preparados.

De nuevo, el silencio se apoderó de la sala. Lo que Moonlight pensó fue que eso no debía ser todo lo que Theia Malfoy le había contado al Ministro McKing. No. Un ataque a Londres no tenía el poder de sacudir a su mejor amigo hasta la médula.

Harry Potter se posicionó al lado de McKing.

-Nos enfrentamos a un ataque digno de la Batalla de Hogwarts, amigos -Confirmó las peores sospechas de Moonlight. Vio asentir a muchos antiguos alumnos de Hogwarts. -Hermione os ha llamado a todos con la moneda... Y solo los que estçais aquí habéis aceptado luchar de nuevo... Gracias... -Se despeinó el pelo. McKing le hizo un gesto para que continuara. -Pero me temo que no será suficiente -Moonlight alzó una ceja. -Necesitamos que se cubra con protección todo Londres... Sobre todo el centro... El Big Ben querrán destruirlo por ser un símbolo... Es un ataque a Inglaterra por no unirnos al Ojo -Dijo con orgullo. -No nos enfrentamos solo a magos y brujas del Ojo que, desde pequeños, son entrenados para ser asesinos... -Escuchó la risa sarcástica de Gwendoline Cross a sus espaldas y luchó por no mirar hacia ella. -...Están mucho mejor preparados que los mortífagos de la Batalla de Hogwarts... Utilizan hechizos nuevos... Utilizan armas de guerra muggle modificadas con magia... Y no sólo me refiero a pistolas... Hablo de aviones de guerra... Tanques... Los hacen invisibles... Los hacen indestructibles con Encantamientos... No nos libraremos de todos los Dementores que mandarán... De vampiros... De acromántulas...-Moonlight repasó el rostro de los presentes. Entrecerraban los ojos. Suspiraban. Se encogían. Pero no debajan de mirar hacia Harry Potter como el líder que era y que necesitaban.- De licántropos... De magos inyectados de dosis de Schneider para ser mucho más fuertes... De un ejército de Inferi...

-Nosotros contamos con dragones -Interrumpió Richard McKing. -Contamos con veela... Con licántropos de Luperca y nuestros amigos -El joven Auror apretó los dientes. Tendría que compartir batalla con sus antiguos amigos. No sabía cómo acabaría aquello.-... Con gente del mar, centauros y arpías... Con el Ejército de Dumbledore, la Orden del Fénix y los Aurores que se quieran unir... Todo el Ministerio de Magia está a nuestro favor, execpto Whitehall, quien sabemos que se sumará a la batalla sin pestañear... -Moonlight asintió. Incluso si estaban enfrentados, Whitehall y ellos querían acabar con el Ojo. Y el método en una batalla ya no era importante.

-Llamaré al resto de miembros internacionales del Temple -Anunció Hermione Weasley. -Pero no puedo prometer nada... No sé si vendrán con tan poco espacio de tiempo... -Se lamentó.

-¿Y nosotros? -Preguntó con firmeza James Sirius Potter.

Fue su padre quien suspiró lánguidamente. Estaba volviendo a pasar. Lo que Harry Potter había luchado por evitar. Por lo que tantos de sus seres queridos habían dado la vida. Sus hijos también se convertirían en guerreros. Y sabía con certeza que no podría evitarlo. Moonlight ya había visto lo (imprudentes) valientes que habían sido todos aquellos años atrás.

-Te daremos una lista de aquellos que consideramos que pueden ayudar -Asintió Hermione Weasley.

-Contaremos -Siguió explicando McKing. -Con las fuerzas de protección muggle... Esta tarde tendremos una reunión con ellos para que os conozcan y... Sepan a quien apuntar -Se rascó la barbilla. -Quien sepa utilizar armas muggles, que las lleve consigo... Ahora solo os pido que os preparéis... No sabemos cuándo ocurrirá... Pero debemos estar listos para la batalla en cualquier momento -Concluyó.

Moonlight dejó de escuchar las palabras de agradecimiento del Ministro de Magia. Sabía lo que tenía que hacer para ayudar como mejor podía y era capaz en el ataque en Londres. Sabía que sería más poderoso que los licántropos del Ojo si lo hacía.

-Dom -Le susurró. -Ven conmigo.

La muchacha asintió lentamente. No supo si había podido leerle la mente o no. No importaba. Sabría lo que le diría en cuanto salieran del despacho. Salieron del agobiante clima de tensión. Y inhalaron aire que les faltaba. Dom lo miró. Tenía los ojos brillantes de una persona que estaba dispuesta a luchar.

-Voy a ir a la batalla, Alex -Le desafió. -No pienses que puedes detenerme.

Aquella declaración de intenciones le pilló desprevenido. Soltó una risa. Y sintió cómo su cuerpo se relajaba. Aún tenía que hablar con Teddy -y necesitaba un poco de calma antes de la tormenta. Porque intuía que era un huracán lo que se avecinaba.

-Nunca te pediría que no te unieras a una batalla -Se rio. -¿Por qué haría eso? Eres una veela que puede freír a todos esos malditos magos del Ojo...

Supo que aquello fue como un abrazo a la muchacha en cuanto su comisura de los labios se elevó.

-Entonces... ¿Qué querías? -Alzó una ceja. -He intuido que era algo importante... Lo percibo.

No iba mal encaminada, ¿no?

-Completa el ritual de los Ajayu esta noche conmigo -Cogió sus manos y las llevó a la altura de su pecho. Buscó en sus ojos la respuesta. Y la vio dudar. Sabía de dónde procedían esas dudas. Dom había sabido, en cuanto Potter y Brooks brillaron en Luperca, que ellos dos estaban destinados a luchar juntos. Pero la desesperación de Umi cuando Onawa murió la asustaba. Era lógico. La pérdida de un Ajayu era lo más devastador que podría ocurrirle a una criatura. Decidió insistir. Decidió hacerle ver que no sería aquel su caso. -Seremos más fuertes y más resistentes...

Apartó la mirada. Y sonrió. Con eso Moonlight podía conformarse.

-Esto... ¿Esto es como el matrimonio para los licántropos? -Se mofó. Estaba nerviosa. -¿Qué significa esto para nosotros?

Porque nunca habían dejado claro qué eran y Moonlight le estaba pidiendo que uniera su alma a la de él. Había prometido que nunca se precipitaría como lo hizo Teddy con Victoire. Se había jurado a sí mismo que jamás se ataría hasta los talones por otra persona. Y allí estaba. Ofreciendo su alma.

- No te mentiré -La obligó a que le mirara a los ojos.- No vamos a sentarnos juntos en el atardecer y tener todo arreglado durante la noche...- Intentó suavizar aquello con una sonrisa. -Ser Ajayu conmigo implica sudar sangre e ir de cabeza al frente de la batalla -Su expresión se tornó más seria.-Será así... Lo sé, y creo que tú también -Ella asintió mordiéndose el labio.- Pero estoy dispuesto a trabajar en ello, si tú lo estás -Exhaló una bocanada de aire. Moonlight nunca se había sentido tan desnudo como en aquel momento. -Te quiero...-Y lo dijo. Allí. En mitad de un pasillo del Ministerio justo antes de anunciar una batalla. Justo después de pedirle que fuera su Ajayu.- Quiero decir te quiero que con cada célula de mi cuerpo, cada respiración que tomo...-Su pecho se hinchó de valor. Y vio el brillo de felicidad en los ojos azules de Dom.- Creo que nos merecemos esta oportunidad. Creo que podrías ser el gran amor de mi vida y quiero combatir las Artes Oscuras contigo. A mi lado y en mi mente.

Ups, le habían pillado.

Remus Lupin creía que se había librado de ellos. Eran como un grano en el culo. La Resistencia, por supuesto. ¿No les había dejado en el futuro? ¿Por qué le habían perseguido? Quizás porque era el favorito de Morgana y tendía a chafarles todos sus planes de sobrevivir. Oh, sí. Se había labrado una gran reputación con tan solo doce años, la edad a la que había viajado en el tiempo.

Escupió sangre alzó su varita hacia la que decían que era la nueva promesa de la Resistencia. Y, ¿quién si no? No era como si aquellos magos y brujas hubieran tenido tiempo de reproducirse en paz. Porque la guerra había acabado... Y todos aquellos que habían seguido a los Potter, a los Weasley... A los estúpidamente llamados Guardianes de Hogwarts... Habían sido aplastados como cucarachas. La guerra ya solo existía para ellos.

-Pensé que nunca volvería a verte, preciosa -Se mofó Remus Lupin.

Theia Daphne Malfoy le clavó una daga mágica en el antebrazo y la dejó allí mientras le lanzó un conjuro que le hizo chocar su espalda contra el muro de la iglesia muggle.

-Mataste a mi novia, sucia rata traidora -Siseó Malfoy, mientras se acercaba a él con la varita en alto. ¿No pensabas verme? ¡Serás lo último que veas!

Muy dramática, ¿no? ¿Había viajado en el tiempo solo para decirle aquello? Se encontraba decepcionado, sinceramente. Sonrió. Con el labio roto. Se quitó la daga del antebrazo y la empuñó. Gracias, Theia... Nunca juegues con alguien que es superior. Nunca le dejes un arma en el brazo al enemigo o lo utilizará. Porque era evidente que Remus Lupin podría luchar con una herida en el brazo.

-¿Sabías que tu novia no existe aquí? -Se rio. Por supuesto que lo sabía. Su familia y sus seres queridos había sido lo primero que Malfoy comprobaría. Había cosas que habían cambiado. Esbozó una sonrisa de superioridad. -Tita Delacour sufrió un aborto…

-Tú deberías haber sido el aborto -Le escupió.

-Creo que mis padres siempre pensaron lo mismo -Consideró Remus. Se puso en pie. La joven llevaba unas esposas mágicas en sus manos. Alzó una ceja. Intrigado.- ¿Qué pretendes hacer? ¿Llevarme ante tus queridos amigos?

-Arrancarte la cabeza y jugar con ella al Quidditch -Fue su delicada respuesta.

Las chicas del Ojo jamás habrían dicho algo así. Pero estaba claro dónde había sido criada. Y por quién.

-Quién diría que Lily Luna Potter fue tu mentora… -Se lamentó con cierta teatralidad.

-¿Por qué aún no los has matado aquí? -Preguntó con un tono desesperado.- ¿A qué estás esperando?

-Oh, estoy comprándome tiempo…-Se encogió de hombros. Supuso que Malfoy no sería capaz de matarle. Y le habían enseñado a soportar cualquier tipo de torturas.- Sabes tan bien como yo que el Ojo se deshará de mí en cuanto les cuente todo lo que sé. Creen que iré corriendo a mi familia a ayudarles a ellos también.

Honestamente, el Ojo era demasiado desagradecido para el gusto de Remus.

-¿Qué has hecho? -Cuestionó muy irritada. Bueno, era lógico. A la Resistencia nunca le había gustado perder. O saber que iban a perder.- ¿Cómo has podido? -Su pálido rostro se arrugó. Él simplemente se encogió de hombros.- ¡El futuro no puede ser peor de lo que es! -Depende de para quién. A Morgana le gustaba bastante su presente.- ¿¡Pretendes acabar con todos antes de que lo hagan los tuyos?! ¿Antes de hacerlo ?

Se volvió a encoger de hombros. ¿Cuántos años tenía Theia? ¿En qué mundo vivía?

-Oh, conoces las profecías, Malfoy…-Dijo tranquilamente. Se podían resolver las cosas sin alzar la voz. Susurrar un Avada Kedavra, por ejemplo.- Soy el que guiará a nuestro futuro… No puedo dejar que siga habiendo cambios.

Frunció sus labios, exagerando su disgusto. Había demasiados cambios. Demasiadas variables que podían alterar el futuro en aquella realidad. Porque de eso se trataba, ¿no? Desde que llegó... Se había convertido en otra realidad paralela. O algo así. El Ojo nunca había sentido atracción por esas partes de la ciencia muggle. No como él. Que aquellos días estaba buscando respuestas en científicos muggles expertos en aquel campo. Más para él mismo que para el Ojo. Una decisión estúpida, porque fue así como lo encontró Theia Malfoy.

-El Ojo tiene miedo de que el futuro cambie, ¿es eso? -Silencio. ¿Para qué negar lo evidente?-Ha habido demasiadas cosas diferentes… He oído que tu padre sigue vivo. ¿Lo has visto? ¿O estás pensando en cómo matarlo?

-Le he hecho una visita -Chasqueó la lengua.

-Lily tenía esperanza contigo, Lupin…-Lo dijo con tristeza y rabia a la vez. Remus rodó los ojos.- Pero yo no soy Potter. Yo te voy a devolver a donde perteneces…

-¿A los pies de Morgana? -Se rio. -Volverá… Lo sabes tan bien como yo… Tus amigos no podrán hacer nada… Es inevitable.

-Las cosas son diferentes ahora.

-Ah, ¿sí?

-Ahora estoy yo aquí, Lupin… No voy a dejar que tú lo estropees todo.

Y luego decían que el megalómano era él.

-Tarde… Por suerte Lily Luna Potter no es tan resistente al Veritaserum cuando está muy cansada… -Vio la rabia cruzar la cara de Theia. ¿Cuánto tiempo llevaría Theia Malfoy en aque presente? Decidió disipar su incertidumbre crispándola. -No tan resistente como lo fue… ¿Cómo se llamaba? ¿Daniella Thomas?

-¡No pongas su nombre en tu sucia boca! -Se abalanzó hacia él.

La evitó suavemente.

-Siento interrumpir nuestra reunión tan bruscamente, pero estoy seguro de que el Ojo me va a necesitar hoy para planificar sus próximos eventos… Ya sabes lo que ocurrirá este mes…

No fue una sorpresa para Theia Malfoy. Por supuesto que no. Aquel era el comienzo del fin para los suyos.

-Están avisados…-Replicó la muchacha.

-¿Y qué más da? Por mucho que les hayas contado… No estarán preparados.

-¡Traidor! -Optó por insultarle cuando sabía que tenía razón. Típico de la Resistencia.

Honestamente, había esperado mucho más de una bruja criada por Lily Luna Potter. La líder de la Resistencia le había decepcionado. Decidió ocultar en su cabeza lo relacionado con Lily Luna. Pues sabía que Theia era Legimens.

-Diría que no salgas cuando escuches gritos en las calles por tu propio bien… Pero, en realidad, estoy deseando ver cómo Theia Malfoy viene del futuro solo para morir la noche de la caída de Londres.

Lucy Weasley sintió la mano de Sebastian McKing separarse de ella.

Su tío Charlie le había pedido que se separara de Edward Whitehall tras el aviso de una nueva batalla. No quería que su sobrina se viera arrastrada por la violencia del Auror, supuso. A saber qué haría Whitehall en mitad de la batalla. Pero había algo que debía hacer antes.

-Puedes irte, McKing -Le rogó.

El joven contempló con temor la verja ante la cual la había dejado. Lucy imaginó que el muchacho no podía tener buenos recuerdos de aquel lugar. No le preguntó por su experiencia allí. Pero era el hogar de los saltadores. Oh, era mucho más que eso. Lanzó un Patronus a Whitehall. Maldijo para sus adentros al hacerlo.

Los Aurores se presentaron allí casi al instante.

-Bien hecho, Weasley -La congratuló Whitehall.

La apartó. Ayudó a los Aurores a destruir las defensas de aquella mansión. Según Sebastian McKing, había acudido allí para ser un saltador. Aquella era la residencia del doctor Schneider. O lo había sido hacía unos años. Había dos posibilidades, en aquel momento, de lo que podía ser aquel lugar. Por un lado, el hogar de los durmientes. Por otro lado, uno de los refugios de los jóvenes miembros del Ojo. Bingo. Por eso Lucy Weasley se encontraba allí. Porque si había una remota posibilidad de que Louis Weasley estuviera allí... Ella debía salvarle de Whitehall.

Era la única mansión que habían conseguido obtener de las interrogaciones. Cuando Greg Zabini se quebró. No habían conseguido despertar a Hunter Avery aún. Ann Avery estaba pidiendo y suplicando por algún medimago. Un Sanador. Si supiera que no tenían ni derecho a ser los Aurores que debían custodiar Azkaban.

-¡Incendio! -Vociferó uno de los Aurores hacia el edificio.

Se acercaron como depredadores. Quemaron los jardines. Eran treinta Aurores y ella. Sacados de la Academia. Incluso antiguos alumnos de Hogwarts y de Ilvermony que estaban de acuerdo con la estrategia de Whitehall.

-¡LAS ÓRDENES SON ACABAR CON TODO LO QUE SE MUEVA EN ESTA MANSIÓN! -Rugió Whitehall.

Le siguió un grito de guerra. Y eso fue lo que hicieron. Lucy Weasley se quedó atrás, mientras veía a mujeres, hombres, niños, ancianos salir del edificio en llamas. Los mataban sin piedad. Unos sacaban garras de sus uñas. Otros muerden a los Aurores. Lucy no tardó en confirmar que se trataba del hogar de los durmientos. Atravesó la puerta principal en llamas en busca de su primo. Debía asegurarse de que no era tan estúpido como para esconderse en una ratonera de experimentos de Schneider. Se protegió del fuego con un hechizo. Se deshizo con Desmaius de los experimentos de Schneider que trepaban por el suelo para asesinarla. O pedirle ayuda. Fuera como fuere, eran criaturas inocentes que ya tenían su destino sellado. Si fuera en la batalla o en aquel incendio, dependería de su instinto de supervivencia.

Olía a carne quemada y era un olor espantoso. Se tapó la boca y la nariz con un pañuelo que recogía su trenza. Como si fuera una mascarilla. Alzó su varita y continuó. Entonces, vio dos cabelleras largas y de color platino. Corrió tan rápido como pudo hacia ellas.

-¡ESPERAD! -Les gritó a los señores Malfoy. -¡Esperad! ¡Soy una Weasley!

Uno de ellos cometió un error. Miró hacia atrás. Y no se sujetó al Traslador que Lucius Malfoy se llevó consigo. Lucius Malfoy había desaparecido dejando en aquella mansión en llamas  Narcissa Malfoy. Vio que no estaba sola. Llevaba a una criatura menuda entre sus piernas. Una niña con ojos de gato y pezuñas. Lucy dilató sus pupilas atónita ante aquel fenómeno.

Vio el terror de Narcissa Malfoy cuando se acercó hacia ella.

-No... No le hagas daño -Le rogó la mujer. -Es solo una niña...

¿Desde cuándo Narcissa Malfoy estaba dispuesta a ayudar a una niña? Las miró extrañadas.

-¿Dónde está Louis Weasley? -Le interrogó.

Narcissa Malfoy negó con la cabeza.

-A salvo de esos monstruos -Señaló a los Aurores que se encontraban en la distancia. -¿Y mis nietos?

La mujer agarró con más fuerza a aquella peculiar criatura cuando preguntó por Scorpius y Theia Malfoy. Entonces, comprendió que Narcissa Malfoy quería remediar el daño que estaba causando su marido. Había oído historias de ella. De cómo había salvado a Harry Potter.

-A salvo de su marido -Contestó.

No se sorprendió al ver una sonrisa en su rostro.

-Me entregaré -Le dijo la mujer. Le tendió a la criatura. -Pero sálvala a ella... No tiene culpa...

-¿Quién es? -Preguntó. Intrigada.

-Cogieron a la hija de Gregory Goyle cuando se negó a unirse al Ojo -Dijo. -Creíamos que la habían matado como hicieron con mi Draco -Lucy pudo ver su desazón en su voz. La mujer besó la coronilla de la criatura. -Pero Sadie es una supervivien...

No le dio tiempo acabar. Alguien conjuró fuego demoniaco por todo el lugar. No era un fuego normal. Las llamas llenaron el lugar. Lucy agarró a Sadie de la muñeca y la zarandeó por los pasillos. Narcissa las siguió con el fuego pisándole los talones.

No obstante, un Auror se encontró con Narcissa.

-¡LA SEÑORA MALFOY!

-¡Livingston, aprésala! ¡Whitehall querrá interrogarla! -Se apresuró a decir Lucy. Empujó a Sadie para que siguiera corriendo y el Auror no la viera. -¡Si la matas, te matará después a ti!

-¡Pero ha dicho que matemos a todos!

-Es evidente que no pensaba encontrarse con Malfoy, ¿no? Piensa en lo que nos puede contar...

El fuego volvió a rugir hacia ellos. Sin más dilación, el Auror, Narcissa Malfoy y ella siguieron corriendo hacia la salida. Otro fuego vino de frente. Un calor descomunal la atrapó. Perseguía a los seres vivos. Estaban atapados. Llameantes serpientes, quimeras y dragones se alzaban y descendían y volvían a alzarse. Se alimentó de las paredes de los cuadros. El Auror desapareció con Narcissa Malfoy en el aire.

Ella buscó a Sadie. La vio justo en mitad de las llamas.

-¡NOOOO! -Se apresuró a ella. Corrió mientras el fuego se apoderaba de su ropa, de su propio cabello rojizo y chamuscaba las puntas. -¡SADIE GOYLE!

La niña se acercó a ella dando tumbos. Conjuró un hechizo para acercarla a ella. Y salió de allí con la niña en brazos. Se quitó las llamas con otro conjuro. El fuego la persiguió. Dispersó las llamas. Por suerte, eso sabía hacerlo. Hizo que el fuego se consumiera así mismo con otro hechizo.

En sus brazos, la niña comenzó a toser y a respirar cada vez más lento. Salió finalmente de la mansión. Huyó de allí, con las puntas de su cabello chamuscadas, con su ropa hecha jirones y corrió con la niña alejándose del fuego que acabaría con todo aquel terreno y con todos los experimentos de Schneider que tenía allí escondidos.

Salió por la verja. Los Aurores comenzaron a desaparecer. Nadie le dijo nada por llevar a una menuda criatura, con la piel quemada, los ojos de gato y pezuñas en lugar de manos en sus brazos. Estaba claro que si Lucy Weasley pretendía salvarla en contra de las órdenes de su superior, no lo acabaría consiguiendo.

Sadie Goyle se estaba muriendo.

-El sol… -Susurró. -Estamos dentro del sol, señorita.

Una lágrima recorrió la mejilla de Lucy Weasley.

-Sí, mi valiente… El Sol nos acompaña esta noche.

-El Sol -Repitió la menuda figura que se apagaba en sus manos, mientras las llamas consumían aquel lugar.

La aspirante a Auror contempló el rostro calmado de la niña. Sus ojos cristalinos y amarillos radiantes estaban fijados en las llamas. Un fuego que se reflejaba en su mirada. Unos ojos que no se volvieron a mover.

Pasó su mano por sus párpados y cerró sus ojos. Monique Jordan quizás la habría salvado. Habría utilizado el amor de un padre que se había quedado sin su pequeña. Se le atragantó el llanto en el pecho.

Ya había tenido suficiente.

Conjuró una flor cuyas ramas cubrieron el cuerpo de Sadie Goyle. Florecieron alrededor de su piel y de su ropa. Dejando solo sus ojos cerrados. Miró a su alrededor. Conjuró los árboles que se encontraban fuera de la propiedad y los juntó para hacerle un pequeño templo de ramas, flores y hojas verdes. Escribió con las ramas una frase para que todos la recordaran. Para decirle a Goyle que podía llorar allí a su hija. Sabía que cuando un ser moría, el ser humano tendía a querer llorar sobre sus cuerpos. Tendía a querer tener un lugar al que acudir para hablarles. Para pedirles consejo. Para contarles qué tal su día. Para decirles lo mucho que les echaba de menos. Aunque ni su padre ni su hermana nunca le contestaran.

"Aquí Sadie Goyle voló al sol".

Batió sus pestañas. Suspiró. Se Apareció en el Departamento de Seguridad Mágica. No había nadie. Era de noche. Todos se habían marchado. O estaban en Azkaban tras la pista de alguna deducción de sus prisioneros. O estaban celebrando la masacre de aquella mansión.

Sintió la rabia apoderarse de ella. Miró todos los informes de miembros del Ojo. Los nombres de los que habían fallecido a sus manos en Azkaban. De inocentes. Edward Whitehall no tenía nunca suficiente. Aquello se había convertido en su templo. Donde tenía toda la información necesaria para seguir haciendo aquel tipo de barbaries hasta que llegara a Louis Weasley.

Alzó su varita hacia el despacho de Edward Whitehall.

-Mala ignis -Siseó.

Al estar en la Academia de Aurores, no solo le enseñaron cómo deshacerse del fuego maligno. Sino también a producirlo. Sonrió cuando un fuego en forma de león se apoderó del despacho de Edward Whitehall y comenzó a sacudir los escritorios y los despachos que lindaban con él. Era magia oscura. Capaz de buscar y perseguir alimentándose de todo lo que se le pusiera por delante.

Contempló el Departamento de Seguridad Mágica destruirse a sí mismo. Una metáfora de lo que estaba ocurriendo allí. Salió respirando humo del Departamento de Seguridad Mágica. Lo selló. Por suerte, como Edward Whitehall no había querido que nada entrara o saliera por allí; el conjuro ya estaba hecho. El Departamento de Seguridad Mágica se consumiría sin propagar su fuego por el resto del Ministerio.

Sonrió. Esa era su despedida a la Academia de Aurores.

Comenzó a toser. Recordó el rostro de su madre. De su padre. De Molly cuando se convirtió por primera vez en Hogwarts. El rostro de Gregory Zabini sabiendo que iba a morir para proteger a sus amigos. El rostro de todos los niños que habían intentado escapar de las garras de los Aurores. Del fuego. A Sadie Goyle creyéndose que el fuego maligno era el sol que había venido a buscarla.

Deambuló por los pasillos. Se metió en el ascensor. Salió al Atrio. Tropezó y cayó de bruces al suelo. Estaba derrotada. Cansada. Tenía ganas imperiosas de llorar y limpiar todo lo que había ocurrido aquel día.

-¿Lucy?

Sintió unos brazos sobre ella. Olía a cenizas. A sudor. Unas manos apartaron las manos de su rostro. Vio los ojos verdes de Tim Marrs. Con su estúpido uniforme de Inefable. Sentía el llanto salir de ella. Las lágrimas acudir a sus ojos con tanta facilidad como la muerte entraba en su vida.

-Han muerto… -Musitó. -Todos esos niños… -Sintió un trozo de su alma rota y atascada en su garganta. -Todos esos niños eran inocentes…No eran soldados… Tenían dentro a… -Sollozó. -Monstruos… No eran seres humanos… Pero tenían el cuerpo de niños… Y… Como Molly…

Sus hombros comenzaron a sacudirse en el llanto. Marrs la seguía sujetando por los hombros. Observándola como si tratara de descifrarla a ella como cuando tenía uno de sus misterios.

-¿Quieres que te lleve a casa? -Preguntó en voz baja.

Ella  tragó saliva.

-No tengo casa -Y aquello le hizo darse cuenta de que estaba completamente sola en el mundo.

El muchacho no le respondió. Simplemente la cogió por el antebrazo. Y tuvo la sensación de aparecerse. Sintió naúseas. No supo si era por todo lo que había vivido aquel día o por la Aparición desastrosa de Marrs.

Antes de preguntar a dónde diantres la había llevado, sintió un olor familiar. Un sonido cercano. Una calidez que solo sentía cuando estaba a salvo. La misma que cualquier persona sentiría en un hogar. En su hogar. Contempló cómo Marrs se rascaba la nuca. Esperando que Lucy Wealey no le matara en aquel instante.

Pero la había llevado a Hogwarts. Estaban en las puertas del Gran Salón.

Se impulsó hacia su amigo y lo abrazó.



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