Historia al azar: -Um amor pra valer
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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 13 de Enero de 2021, 10:53
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(V) Capítulo 35: El tiempo es oro.

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)


Había días que se hacían más llevaderos que otros. En aquel instante, se sentía prisionero. ¿Quién iba a decir que la sabiduría lo encerraría y la ignorancia lo había hecho libre? Probablemente muchos filósofos que ya no podía estudiar. ¿Quién iba a decir que algún día echaría de menos sus tediosas clases sobre teorías de Platón? Sí, sí. El mundo mágico era mucho más interesante. Por supuesto. No cuando uno estaba en mitad de la guerra y no podía hacer desgraciadamente nada para salvar a sus seres queridos.

Oh, cuánto necesitaba que su hermana le diera una colleja.

Pero ya no se quejaba en voz alta. Mantenía todos sus pensamientos para él. Había fortalecido lazos con las hermanas Brooks. Por muy diferentes que fueran las quería a las dos por igual. Quería a Cornelia por ponerle los pies en la tierra y recordarle lo que estaba en juego. Quería a Lola por dejarle soñar

-¡Oh, perdona! -Se disculpó inmediatamente al chocar con un muchacho.

Lo observó mejor. Estaba entrando al despacho del director -su padre. ¿Qué hacía un joven Gryffindor saliendo de allí en mitad de la noche? Se miraron analizándose.

-¡Merlín, Longbotton! -Exclamó James Sirius Potter. -¡Me has asustado!

-¡Eres tú el que no está donde debería estar! -Replicó Frank Longbotton.

Se fulmiraron con la mirada. Suspiraron. No iban a pasar por aquello otra vez. ¿No? Había aceptado a James finalmente. Solo tenía que ceder un poco. Y descubrir que el muchacho no era más que lo que habían hecho de él. Igual que le ocurría a él. Además, Lola le había dicho que Cornelia y Potter habían empezado una especie de relación secreta más oficial. Tampoco había que anunciarlo. Era evidente. James no apartaba la mirada de Cornelia. Y Cornelia se ruborizaba cada vez que alguien lo sacaba en la conversación. Lola lo hacía demasiado a menudo.

-Lo siento, Longbotton... -Suspiró de nuevo el joven Gryffindor. Se rascó la nuca y se despeinó el pelo. Había aprendido que ese era el gesto de Potter para cualquier tipo de situaciones. -Si pudieras no mencionarle esto a tu padre... -Añadió. -Te lo agradecería.

Frank frunció el ceño.

-No iba a hacerlo -Dijo. -Pero el hecho de que quieras ocultárselo me preocupa... ¿Qué te traes entre manos, Potter?

¿Y si estaba poniendo a Cornelia en peligro? Tenía que actuar como hermano mayor. Como debía actuar con Albus Severus Potter -sinceramente, sus padres deberían tener prohibido nombrar a sus hijos. James Sirius Potter debió comprender que Frank iba a hacer todo lo posible por descifrar aquello. Después de todo, ya eran demasiadas cosas la que aquel castillo le intentaba ocultar. Maldito Profesor Lupin y su lealtad a su padre. Juraría que podría haber descubierto qué era el símbolo en su piel de no ser por que su padre era el director.

Para sorpresa de Frank, Potter pareció pensarse en revelar sus intenciones. Es más, lo cogió del brazo y anduvo unos cuantos pasillos arrastrándolo hasta esconderlo detrás de un tapiz. Conjuró uno de esos hechizos que hacía que nadie más te escuchaba. Buena forma de esconderese del Señor Filch. Era peor que una película de medio por la noche. Y Frank no tenía ningún tipo de magia cuando quería escaquearse de él para ir a las cocinas de los elfos.

James Potter murmuró algo para sí mismo. Frank guardó silencio. Si había seguido aquellas medidas, más vale que fuera por algo importante. No le gustaba crearse altas expectativas para que después se le escapara de las manos con tanta facilidad. Y, sí, estaba pensando en Gwen.

-¿Sabes la razón por la que tu magia no se te ha manifestado hasta tan tarde? -Frank alzó las cejas hasta que casi rozaban las esquinas de su frente. Negó rápidamente para no perder ni un momento en aquel hilo de información que le estaba ofreciendo Potter como el regalo más preciado. -Oh -Se lamentó James. -Tenemos más cosas en común de lo que creía, Longbotton -Susurró más para sí mismo que para él. -Tu madre... ¿Sabías que hizo un ritual para que no apareciera tu magia hasta ahora y que te hicieran pasar por un squib?

La pregunta quedó en el aire pero entró de lleno en las entrañas de Frank Longbotton como una puñalada. Su símbolo le comenzó a quemar en la espalda. Su cicatriz con las líneas esbozadas por el propio Merlín.

-Algo... Algo de eso he oído -Tartamudeó. -Pero no sé por qué -Se apresuró a decir. -No sé qué motivo tendría mi madre para hacer algo así.

No quería delatar el hecho de que su cicatriz era del mismo patrón que los encontrados por Lyslander Scarmander en el libro de Merlín. ¿Cómo había llegado Hannah Longbotton a aquello? No quiso decir -mintió más bien- ante el hecho de que había sido su madre. No su padre. Su madre. Lo cual le extrañó y era a lo que evitó en ese instante darle vueltas. ¿Qué sentido tenía que los Abbot tuvieran conocimiento de un libro de Merlín? Cornelia le había contado el origen de aquel manuscrito. Antes de llegar a Hugo Weasley, había sido custodiado por un fanático de las Reliquias de la Muerte. Sabía que sus abuelos no estaban interesados en lo más mínimo en aquello. Mucho menos su madre. Quizás su padre había tomado un papel más relevante en la guerra... Pero su madre no podía haber hecho algo así.

-Pues... -James se mordió el labio. Rezó a los dioses muggles para que le contestara. Si él sabía algo y no le ponía en peligro, lo haría. Cornelia le había hablado de la costumbre de James Sirius Potter en confíar en los demás el destino que él había descubierto de ellos. -Tu madre quería proteger a las Brooks... A Lola... Querían hacerte pasar por el squib de la profecía que estaría hilado de algún modo a Cornelia... No sé cómo, ni por qué... Pero lo consiguieron, ¿no? -Inquirió Potter. Frank no podía articular palabra en ese instante. -Quiero decir... Fueron a por ti -Insistió. -No por lo que hizo tu hermana, ni por quién es tu padre... Sino porque creían que tú eras el squib.

Un pensamiento intermitente le vino a la mente. ¿Lo sabía Gwen? Nunca le había dicho nada. Quizás no lo sabía. Pero ella era del Temple. Ella debía saber que no era el squib de la profecía. Ella le puso en peligro. Aunque, en aquel momento, aquel era su trabajo. Y lo salvó, de todos modos, ¿no? ¿Era también su trabajo salvarle? En ocasiones le gustaba pensar que sí... Pero solo le salvó para llevarle a Ivonne. Para que comprobara si era el squib o no.

-El cebo -Aclaró Frank entre dientes.

-Pero no te han podido ocultar durante mucho más tiempo... -Suspiró James. No debía sonar tan irritado, ¿no? Es cierto que ahora Cornelia estaba en más peligro aún... Pero, oye, ya no querían matarle a él. -A través de ti, pretendían encontrar a Cornelia... Porque creían que eras... Bueno malinterpretaron en favor de nosotros las profecías, supongo -No aclaró nada y Frank se sintió confuso. ¿A qué se estaba refiriendo? James interpretó su mirada. -Creían que la conexión entre el squib y Cornelia sería más...

Oh.

-Ya no me persiguen porque vieron que me enamoré de Gwen -Concluyó Frank Longbotton.

Era la primera vez que lo decía en voz alta. James Potter alzó la vista hacia él, o lo poco que pudo ver que hacía bajo la tenue luz que les llegaba a través del tapiz. Ambos lanzaron una bocanada de aire. Significaba que ambos habían sido perseguidos y lo serían por motivos muy similares.

Frank notó la impotencia y la rabia ceñirse en su pecho. Su madre lo había convertido en un cebo. Apretó los puños.

-Intentarían evitar el ritual utilizándote como un instrumento falso -Apoyó Potter.

-¿Cómo sabes todo eso?

-He tenido que saber quién eras para comprender y buscar una solución para Cornelia -Explicó el joven. -No entendía por qué Ivonne te eligió a ti al principio... Pero fue por tu madre... Todo era para despistar a Ivonne Donovan y al Ojo... No somos los primeros en intentar proteger a Cornelia y buscar la forma de que... En caso de que se produzca el ritual... Morgana no la controle del todo.

Frank lanzó una bocanada de aire. Demasiada información.

-¿Por qué me cuentas todo esto, Potter? -Le cuestionó.

-Porque necesito tu ayuda, por supuesto -Le contestó con una sonrisa sincera. -Nadie lo puede saber... Así que evita a Cross por un tiempo -Se carcajeó. ¿Por qué se lo contaría o por que Gwen leía la mente? Frank le fulminó con la mirada. No tenía por qué contarle a James Sirius Potter que, mientras él estaba feliz con Cornelia, él aún no recibía respuesta de Gwen.

-¿Y quién te ha contado todo esto? ¿Mi madre?

James estrujó su rostro.

-No... En realidad... Bueno...

-¿¡Mi madre?!

-Por Merlín, Longbotton... Baja la voz -Le rogó el muchacho. Lo cual no tenía sentido porque había lanzado un conjuro para que eso no fuera un problema. -No -Concluyó. -No ha sido tu madre... Luna Lovegood o Scarmander, como quizás la conoces, fue amiga de la madre de Cornelia... Y hace un tiempo me dio una serie de frascos que guardan la memoria de la única persona que descubrió cómo salvar a Cornelia Brooks -Suspiró.

Frank Longbotton pestañeó varias veces. Había varias cosas que no entendía. ¿Qué pintaba Luna Scarmander con él, con las Brooks y con James Sirius Potter? ¿Cómo que unos frascos que guardaban memorias? Pero. Sobre todo...

-¿Sabes cómo salvar a Cornelia? -Le preguntó incrédulo.

El aludido ladeó la cabeza.

-No exactamente... Sé de una posibilidad que podría funcionar si todo sale mal y Morgana vuelve...

-¿¡Crees que Morgana va a volver?! -Exclamó aún más incrédulo.

Lo contempló negar con la cabeza como si no aceptara el tono de su voz.

-Empiezo a creer que Cornelia tiene razón... Ya sabes... Seguro que te lo ha contado -Frank negó con la cabeza. -Charlotte Breedlove, la guardiana de la Magia, quiere a Cornelia viva... Lo cual es un alivio, ¿no? -Frank asintió con los ojos entrecerrados, esperando un giro de guión. -Cornelia cree que la está protegiendo para cuando llegue el momento... Cree que la está protegiendo de Whitehall y de Ivonne Donovan.

-No del Ojo -Asintió Frank. Parpedeó varias veces. Tenía sentido. Por supuesto que tenía sentido. Si era la única que podía hacer resucitar a Morgana, ¿no sería mejor que los que estuvieran en contra buscaran matarla? No es como si no quisiera matar a todo el que pretendiera aquello. Porque lo haría. -Creía que el Temple estaría de nuestro lado.

James Potter sonrió.

-El Temple, amigo mío... Soy yo -Frank no supo interpretar aquella afirmación y alzó una ceja. -Breedlove nos está ayudando porque ahora a ambos nos conviene proteger a Cornelia de Whitehall y de Donovan -Siguió explicando. -Pero no dudo en que hará todo lo posible porque el ritual se cumpla -Suspiró.

-¿Qué piensa Hugo Weasley? ¿No es la cabeza pensante de todo esto?

Se hizo un silencio. Escucharon a un gato cerca del tapiz. El joven Gryffindor se llevó el dedo índice a los labios. Frank obedeció. La Señora Norris. Por supuesto. Odiaba a ese maldito gato con todas las fuerzas de la naturaleza. Esperaron a que se marchara. Entonces, Potter soltó una relajada carcajada.

-Mi primo Hugo no me diría nada así, si es eso lo que piensa... Sabe lo que estaría dispuesto a hacer por Brooks y dudo que quiera tenerme a mí en su contra -Se rascó la cabeza. -Pero sé lo que piensa... Él está obsesionado con las profecías... La magia original... No sé que significa nada de eso y, honestamente, me da exactamente igual... Quiero proteger a Cornelia.

La forma en la que lo dijo le produjo escalofríos. Nunca había sabido decir si la magia podía percibirse. Hasta unos años atrás. Pero ya había estado en contacto con ella. Había recibido hechizos, ¿no? Pues las palabras de James Sirius Potter fueron como una honda de magia hacia él. Y, sorprendentemente, le infundó de valor.

-¿Quién es quién te ha dicho cómo hacerlo?

James Sirius Potter esbozó una sonrisa de superioridad.

-¿Quién crees que querría proteger a Cornelia tanto como yo para que me haya dejado una memoria?

La primera respuesta que se le vino a la cabeza fue él mismo. Pero sabía que él ni siquiera estaba al tanto de cómo guardar memorias en frascos.

-¿McGregor?

Oh. Vio los celos por primera vez en James Sirius Potter. Su rostro cambió repentinamente y negó como si fuera algo ofensivo.

-¡Merlín, Longbotton! ¿De veras piensas que ese lamelibros hallaría la solución antes que yo? -Preguntó veraderamente ofendido. Aunque, honestamente, si era cierto que lamía libros, no le extrañaría. No era como si aquel Premio Anual pasara mucho tiempo en la biblioteca. -Voy a hacer cómo que no estás dudando de mí... -Bufó. -Bien, te lo diré... -Puso sus dos brazos sobre sus hombros. Le sacaba solo unos centrímetros de altura. No le intimidaba. Solo buscaba su atención. -Adam Brooks.

Tardó tiempo en hacer la conexión. En recordar ese nombre que había oído en contadas ocasiones. Sus pupilas se fueron dilatando conforme comprendió la gravedad y la importancia de todo aquello.

El padre de Cornelia y Lola Brooks. Adam Brooks. El Auror estadounidense que se casó con Penélope Donovan y que ayudó a esconder a sus hijas de Ivonne. Y que murió en un accidente de tráfico cuando Cornelia era una niña.

-¿No está muerto? -Exclamó más que preguntó.

-Por desgracia, sí que lo está...-Se lamentó Potter. -Pero se aseguró de dejarnos lo que había encontrado...

-¿Dejarnos? ¿A ti y a mí?

-Bueno... Si el ritual se liaba de algún modo, el señor Brooks pensaba que acabarías siendo tú el alma gemela de Cornelia... Quizás también lo pensaba Breedlove y Donovan...-Se rascó la rabilla. -Pero,bueno, eso da igual ya...

-¿¡Tú eres el alma gemela de Cornelia?! -De todo lo que le dijo aquel día, aquello era lo que más le sorprendió. Y, a su vez, lo más sencillo de ver. -¿¡Cómo...?!

-Mi naturaleza licántropa me permite distinguir esa clase de cosas...

No iba a engañarse. Sintió envidia.

-Si eres tú el alma gemela, ¿para qué me necesitas a mí?

James Potter soltó una bocanada de aire, exasperado.

-¿Me estás escuchando? El señor Brooks creía que eras tú el alma gemela de Cornelia... Por lo que muchos resultados de sus investigaciones los ocultó para que solamente tú pudieras encontrarlos...

-Y por eso me necesitas.

-Si no quieres ayudarme a mí, piensa que es ayudar a Cornelia... Solo que Cornelia no lo puede saber...

-¿Por qué? ¿No se supone que la estás protegiendo?

-¿Y decirle que su padre también la engañó y que sabía todo esto? -James Potter bufó. -Necesito tiempo para... Quiero comprobar que el señor Brooks tenía razón antes de decirle nada.

-No quieres darle esperanza...-Intuyó Frank. -Es algo extraño... Mi padre dice que la esperanza siempre es fuerte.

-Sí, bueno, quiero asegurarme de que si el señor Brooks se equivocaba no se lance de un precipicio porque no hay forma de evitar su destino -Señaló con cierta impaciencia James Potter.

Frank se quedó atónito ante la lógica de James Sirius Potter.

-Sé que debe ser difícil saber que el padre de Cornelia me eligió a mí para ella -Comenzó en tono de burla Frank. Potter rodó los ojos. -Pero veo por qué el destino, Merlín o quien sea ha decidido elegirte a ti, Potter -Consideró con sinceridad.

Le escuchó reírse con sarcasmo. Salió lentamente del tápiz. Frank Longbotton le siguió. Se miraron. Potter aún con una sonrisa sarcástica. Frank con un ceño fruncido.

-Cuando todo esto acabe y estemos vivos después de la batalla de las profecías, te recordaré justo lo que estás diciendo para que no me prohíbas casarme con ella...

-¿A dónde vas, Potter? -Se dirigía de nuevo al despacho de su padre. No sabía qué hora era. Pero sí que sabía que ser Premio Anual no le permitía aquello.

-¡A guardar la memoria en un frasco como prueba!

Volver a Hogwarts para salvarlo.

Jamás se imaginó que aquel sería su futuro. Hacía un año ni siquiera concebía la necesidad de salvar a los demás que se había apoderado de ella. Monique Jordan no había nacido para ser una heroína. Una salvadora. No. Las circunstancias la habían hecho así. Su hermana era la heroína.

Aquel era su primer día en el improvisado puesto que Madame Longbotton le había permitido tener en el Ala de la Enfermería. No le gustaba que la hubiera llamado "medimagia experimental". Sabía los prejuicios que existían en su contra. Aún más si eran iniciados por la mujer del director. Sin embargo, ella estaba allí para evaluar a los alumnos. Preguntarle síntomas que habían visto tanto en Molly Weasley y Nicholas Woods como en su hermana Susan Jordan. Eran síntomas de secuestro, más bien. Falta de sueño. Rastros de pinchazos en el cuello. Irritibilidad ante el calor. Irritibilidad ante los sonidos fuertes. Desmayos. Pérdida de consciencia. Líquido azul saliendo de su nariz. Dependía del alma encerrada en su interior lo que pudieran hacer de forma inconsciente.

Tras varios días en los que investigó la sangre de Woods y la de su hermana... Junto con la ayuda de Fred Weasley y Christopher Nott -quien, afortunadamente, había logrado ponerse en contacto con Alexandra Knopf... Para saber cómo se sentían cuando estaban totalmente dominados por ellos antes de morir exhaustados. O, como su hermana, morir para salvar a los demás.

Había elaborado una pócima. Utilizó el metal plata de los goblins para que actuara en la sangre como un imán hacia el metal inyectado en los pacientes. Y, además, tenía guardado fuego de Fred Weasley y Dominique Weasley que servía cómo magia creada por híbridos como ellos. Ahora bien, había un elemento esencial que, para cada paciente, era diferente: el amor. Aquello iba  a ser una aventura si encontraba a algún alumno con síntomas... Pues, ¿cómo sabían quién podía darle justo lo que necesitaba si, quizás, aún eran demasiado jóvenes como para ello?

Monique Jordan, pese al desacuerdo con la Sanadora Bell, había optado por llamar a los familiares. Según Tim Marrs, quien Monique creía que no se tomaba muy en serio uno de los pilares de su trabajo -la confidencialidad-, le había explicado que el amor familiar, aunque no tan poderoso, también era amor puro. Le hizo recordar el amor de Lily Evans. Y después le demostró cómo ellos tenían un amor diferente y puramente físico y de atracción... Pero eso era otra historia diferente.

En definitiva, había demostrado lo que Leta Lestrange creía que no podía suceder: el amor podía vencer su creación. Tal vez era lo que ella quería demostrar. Tal vel Leta Lestrange, a la que había comenzado a admirar en secreto, dada la rigurosidad de sus avances, solo se sentía sola y quería encontrar el amor. Quizás solo si el amor podía curarla, moriría o lo encontraría. Un tanto arriesgado. Pero drástico. Leta Lestrange debió haber sido una bruja poderosa. Una bruja que se sentía terriblemente sola. ¿No? Monique Jordan se sentía atraída hacia ella. En el más puro académico de los sentidos. Pero también se sentía identificada con ella. Después de todo, un Inefable le había dicho que lo suyo no era amor puro que pudiera hacer frente a un Avada Kedavra. Pudo sentir el mismo ardor que Leta Lestrange en buscar el amor puro de Lily Evans. El amor puro y no correspondido de Nicholas Woods hacia Dominique Weasley. El amor puro de Fred Weasley hacia su hermana. Y sintió lo mismo que una Slytherin hacía casi un siglo. Envidia.

Leta Lestrange la utilizó para escapar. Monique Jordan la utilizó para salvar su propia conciencia. Cuanto más investigó, más se percató de que podría haberse evitado de haberlo encontrado a tiempo. Era un proceso largo. Eran "durmientes". Podrían tenerlo y, hasta que no eran despertados, no se manifestaba. Por esa razón estaba allí, para salvar a los alumnos que pudiera. Porque, en cada rostro que llegaba a ella a lo largo del día, veía los ojos cansados de Susan Jordan.

-No le digas nada a Marrs ni a Morrit, por favor -Le rogó Claire Jenkins, la Premio Anual de Slytherin de aquel año y amiga de los mencionados nuevos amigos de Monique Jordan. -Sé que ves a Marrs casi todas las semanas... Y sé que Marrs sabe decir si algo va mal... Y no quiero preocuparles... Simplemente... Probablemente sea simple cansancio por los E.X.T.A.S.I.S y por las patrullas nocturnas que tengo que hacer por Potter...

No dijo nada. Era la última de aquel día. Le había mandado una nota para encontrarse con ella pasado el toque de queda. No quería levantar sospechas. Sabía que si Coleman o McGregor la veían se lo acabarían contando en carta a sus amigos. A Monique Jordan le irritó aquello. Precisamente ese tipo de acciones eran las que favorecían que no pudiera ser curada.

Le pasó el metal de goblin por la piel.

Y se erizó. Las venas se dilataron. Las pupilas de Claire Jenkins también. La miró. La joven estaba asustada. La examinó mejor. No conocía tanto a Claire Jenkins. Marrs hablaba mucho de ella. Incluso le había inducido a pensar que, en sexto año, habían salido a algunas citas mientras Morrit salía con una Hufflepuff. Pero sí que recordaba que era una muchacha con muchas curvas y mofletes. Ninguno de esos rasgos era notable en aquel momento. Tenía ojeras. Le tembló todo el cuerpo. Y, de su nariz, brotó un líquido azul que Monique Jordan conocía muy bien.

La joven rompió a llorar y se lanzó a los brazos de Monique.

-Tranquila -Susurró en su pelo. -Tranquila, Claire...-Le acarició la espalda. Lloraba desconsoladamente. Le había confirmado un temor que, desde el momento en el que entró, Monique Jordan había sospechado. -Tranquila, no te pasará nada... Hemos descubierto cómo curarte...

-¡Pero no me quiere nadie! -Sollozó. -¡Mi padre y mi madre son muggles asustados por mis poderes! ¡No lo harán! ¡No querrán colaborar si saben que soy un monstruo!

-No eres un monstruo, Claire...

-Sí que lo soy -Sollozó. -Vi... Vi a Molly Weasley en su primer ataque... Sé -Hipó. -Sé que soy un monstruo...

-Tus amigos también te pueden salvar -La cogió de los hombros y se separó de ella. Vio sus ojos enrojecidos y húmedos. Sus mejillas salpicadas de lágrimas. Estaba destrozada. Pero estaría a salvo. Monique Jordan haría todo lo que pueda para salvarla. -No dejaré que pase te pase nada, Claire -Le juró.

No asintió. Sino que la miró horrorizada.

-¿A quién crees que debo llamar? -Le preguntó, como si fuera una niña pequeña perdida.

-Piensa... -Monique suspiró. -Piensa en lo que hizo mi hermana, Claire -Eran unas palabras duras. Pero debía decirlas. Debía asegurarse que aquella muchacha se curaba. Porque solo así se curaría ella misma. -¿Por quién harías eso tú?

Claire volvió a sollozar.

-No quiero... No creo que ame a nadie como tu hermana... No con esa fuerza... No...

-Yo lo habría hecho por mi hermana, Claire -Le dijo. -El amor no solo es el de almas gemelas... La familia... De sangre... La amistad, esa familia que no tienes por qué elegir... Ese amor es tan poderoso como el de almas gemelas si es igual de puro...

-Puede... ¿Puede ser un amigo? -Preguntó extrañada.

-Yo habría dado mi vida por mi mejor amiga -Le aseguró. Por supuesto que lo habría hecho. Si solo Roxanne no se hubiera adelantado al resto. -No lo habría dudado ni un instante... Es mi mejor amiga. Lo sigue siendo... -Y seguía hablando con ella. La echaba tanto de menos que se le hacía imposible pasar una semana sin ir a verla. -Habla con ellos. Deja que se preocupen por ti... Es la única forma de salvarse.

Lo primero que hizo Richard McKing al entrar en su despacho fue sacar su varita y apuntar con ella a la intrusa que estaba sentada en su butaca. Con unas botas llenas de barro sobre su mesa. Manchando, pues, todos sus informes.

Lo segundo que hizo el Ministro de Magia al entrar en su despacho fue cerrar la puerta y conjurar un Silencio. Examinó mejor a la muchacha. Sólo había una persona que conocía la contraseña de aquel lugar. Él mismo. Hermione Weasley. Y su hijo. No obstante, había algo en aquella muchacha que le resultaba altamente familiar. Urgentemente familiar. Era como una pieza de un puzzle que parecía que no encajaba pero sabía que no pertenecía a ningún otro.

Le delató el color del pelo. Platino. Platino como el que tenían los miembros de una sola familia en toda Inglaterra. Los Malfoy. Aquella muchacha de menuda estatura, labios frondosos y ojos azules tenía la confianza digna de la que podía -y estaba totalmente seguro-de que era su familia. Le miraba con una ceja alzada. Recordó, instantáneamente, el informe de Hugo Weasley sobre el árbol genealógico de los Malfoy que le había pasado Hermione Weasley. Había dos Theia. Hugo Weasley creía que era un desarrollo extraño del árbol y creía que daría con el origen del problema en un encantamiento mal elaborado. Más, al parecer de Richard McKing, el árbol genealógico actuaba a la perfección.

-Charlotte Breedlove me ha dado su contraseña -Explicó. -Hugo Weasley ya les ha contado a todos que hay dos Theia Daphne Malfoy en este presente... Así que podemos ahorrarnos las introducciones...

-¿En este presente?-Interrumpió el Primer Ministro.

-¿Y cuál si no? -Inquirió la joven. Parecía ser incluso mayor que su hijo Sebastian. Y, sin embargo, hacía unas semanas, la había visto con tan solo unos años. -Vengo del futuro, es evidente por mi ropa, ¿no cree? ¿Quién si no iba a llevar un uniforme militar que se hace invisible antes de que siquiera se desate la gran batalla?

Richard McKing tuvo que acercarse a una butaca que tenía para invitados para no caerse.

-¿Qué...? ¿Qué...? -Tartamudeó.

La jovens soltó una carcajada.

-Debe hacer todo lo posible por evitar el atentado en Londres... Y antes de que me pregunte... Es en toda la ciudad... El Londres muggle, por supuesto.

-El Londres muggle -Repitió estúpidamente.

-El Estatuto está en peligro, señor Ministro -Le confirmó con una sonrisa. -Debe ponerse en contacto con el Primer Ministro Muggle y decirle que ha recibido una amenaza porque... Si no le avisa con tiempo... Creerá que es usted el que ha desatado el atentado...-Bufó con sorna. -Lo hizo bien una vez... Ahora necesito que lo haga aún mejor -Le guiñó el ojo y desapareció en el aire.

Le dejó un papel encima de su escritorio.

Lo cogió. Le dio la vuelta. Había algo escrito en él.

"No sé si me tendrá vigilada o no. Remus Lupin vino del futuro hace cinco años y Charlotte Breedlove lo ocultó. Ahora ha escapado y es probable que le acabe asesinando. No se acerce al Big Ben en la noche del ataque a Londres... Yo me encargaré de proteger a Seb. Confíe en mí. Y si no, recuerda que solo Seb sabe que está enamorado de Hermione Weasley. Y fue él quien me lo ha dicho para hacerle confiar en mí. Un abrazo, Theia Daphne Malfoy".

-Reducto -El papel se chamuscó.

Exhaló profundamente aire.

Saber que uno había muerto en el futuro era incentivo suficiente como para poner en marcha un plan de contención. De defensa. Theia Daphne Malfoy sabía que estaba enamorado de Hermione Weasley. Si, en algún momento, su hijo se sentía desesperado por hacerle saber que una persona venía del futuro en busca de su ayuda... Sería algo característico de él decir algo así.

Debía poner al tanto de todo a Hermione Weasley. ¿Cómo decirle que confiara en la mensajera sin mencionar por qué confiaba en ella?

Recordó que Charlotte Breedlove había estado deteniendo a Remus Lupin un tiempo. Lo cual le irritó. ¿Cómo no se lo había dicho? Suspiró. La cabeza comenzó a dolerle. Sacó un cigarrillo. Lo encendió. Le dio una calada. Tenían unos largos días por delante. U horas. No le había dicho cuándo era el atentado. Al Londres muggle. Para revelar mundialmente el secreto del Estatuto. Porque cada vez era más imposible retener el secreto con los avances tecnológicos muggles que grababan y enviaban todo por todo el mundo. ¿Cómo podrían encargarse de todos los muggles de Londres?



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