Historia al azar: That girl will never be mine
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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
[ Más información ]

(V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)

-¿Puedes apartar la varita de mi cara?

-Oh, sí, perdona...

Albus Severus Potter exhaló aire y se sintió aliviado. Había estado en numerosas situaciones en las que un mago o una bruja le apuntaban con una varita. Pero en ninguna ocasión se había sentido tan intimidado como cuando, al salir por el baño del segundo piso de la Cámara Secreta tras comprobar el estado de sus escamosos amigos, Rose Weasley le apuntó con la varita y la hincó en su frente con saña.

-¿Estás loca? -Exclamó Peter Greenwood, quien había acompañado a Albus junto con Scorpius Malfoy a la entrada de la Cámara de los Secretos. -¿Y si le hubieras lanzado un hechizo...?

-¡Oh, por favor! -Exclamó su prima. -¡No sabía que habiáis ido a la Camara...! ¡Pensaba que podía ser...! ¡No sé! ¡Cómo si no tuviera enemigos que se han escabullido antes por la Cámara de los Secretos...!

Su justificación era impoluta. Albus entrecerró los ojos.

-¿Y qué haces aquí? -Le preguntó escéptico.

Ayudó, una vez que Rose se echó hacia atrás y no era peligro, a Greenwood y a Scorpius a subir a través de la trampilla del lavabo. Los tres se sacudieron el polvo. Greenwood seguía desafiando con la mirada a su prima. Y Scorpius suspiraba como si no estuviera viendo nada nuevo.

-Te recuerdo que este sigue siendo un baño de chicas -La muchacha se cruzó los brazos sobre su pecho. Albus alzó una ceja. Había bastantes más baños a los que su prima podía haber ido aquel día por la noche. Saltándose el toque de queda. Arriesgando una detención de Filch. -Voy al baño -Dijo.

El fantasma de Myrtle la Llorona se apareció detrás de Rose Weasley con una sonrisa lobuna. A Albus se le removió las entrañas. Cada vez que pasaba por allí, esa niña le lanzaba piropos. Que una muerta le dijera todo lo que le gustaría hacerle no era algo que su estómago pudiera soportar en muchas ocasiones.  

-Pero Rose Weasley no quería usar el baño, ¿verdad? -Arrastró las palabras como si escondiera un secreto.

La varita de Rose Weasley apuntó hacia Myrtle la Llorona.

De acuerdo, había algo que había molestado a Rose Weasley. Estaba irritada por lo que fuera. Eso significaba que estaban ante una bomba a punto de estallar. Respiró con calma. Había tratado en muchas ocaciones el temperamento de su prima. Ningún resultado satisfactorio salió de ninguna de las ocasiones mencionadas.

-Hay muchas formas de hacer daño a un fantasma, Myrtle...-La amenazó entre dientes.

El fantasma simplemente se rio. Contempló a los tres jóvenes que la miraban con una gran interrogación. Y volvió a sonreir. Como si la amenaza de su prima le diera exactamene igual.

-Oooooh -Se acercó a Scorpius y este se retiró de ella. -Tan apuesto como su padre... -Suspiró, como si se acabara de enamorar de su amigo. Se giró hacia Albus y le guiñó el ojo. Albus se prometió a sí mismo que había cosas peores que un fantasma intentando ligar con él. -"¡No digas nada Myrtle!" -Fue una imitación perfecta del tono de su prima. Los tres se giraron para ver a Rose Weasley echar humo por la nariz. -Perooo... ¿Como no se lo voy a contar al hijo de Harry Potter...? -Soltó una pequeña carcajada. Los cuatro muchachos estaban en silencio. La expresión del fantasma se endureció. -¿Qué me ofreces a cambio del secreto de Rose Weasley?

Albus tuvo que parpadear varias veces. Como si así le entrara la pregunta de otra forma en los oídos. Eh, no. La había escuchado bien. ¿Myrtle la Llorona haciendo chantaje? A su padre se le había olvidado mencionar aquel pequeño detalle en sus historias.

-¿Per...? ¿Perdón? -Escupió aquello.

-No nos interesan los secretos de Rose Weasley, Myrtle -Dijo con un tono aburrido Scorpius Malfoy.

Por supuesto, el único de ellos tres lo suficientemente inteligente como para no aumentar la furia de Rose Weasley. Podría llamarlo experiencia... Pero había descubierto recientemente que se trataba de otra cosa completamente diferente.

-Oooohh... ¿Estás seguro? -Insistió Myrtle.

No pasó por alto que Rose enroscó con más fuerza su varita.

-Yo no estoy seguro -Interrumpió Peter Greenwood. -Y te ofrezco lo que quieras, cielo -Le guiñó un ojo al fantasma. Albus rodó los ojos. -¿Qué? ¿No ves esto sospechoso, Al?

Para cualquier ojo de una persona que no conociera el historial de Rose Weasley... Sí. De acuerdo. Era sospechoso.

No obstante, si Rose Weasley estaba haciendo algo a escondidas de los demás... Lo mejor era dejarla sola. ¿Quién sabía lo que podía estar haciendo? La última vez       que la descubrió así, le contó que estaba ayudando al Ministerio de Magia a deshacerse de Edward Whitehall y a vetar su entrada al Castillo. Lo que estuviera haciendo en ese instante... Albus confiaba en Rose. Siempre lo había hecho. Y siempre había tenido buenos resultados, ¿no?

-Bien, bien, joven apuesto... -Myrtle se arrastró en el aire hacia Greenwood.

-Peter, Myrtle -Dijo Greenwood con una sonrisa. -Aunque también me sirve "joven apuesto"...

Oh, por Godric. Estaba claro que Greenwood solo quería tener algo para mofarse de Rose Weasley. Eso o realmente pensaba que Rose estaba actuando peligrosamente sospechosamente.

-No voy a dudar en hechizarte, Greenwood -Amenazó Rose Weasley.

Todo el mundo lo habría visto venir.

-Rose -Le dijo con una tranquilidad que estaba buscando Albus. -Tranquila, no pasa nada...

No supo qué era lo que había dicho mal.

Los ojos de Rose Weasley se llenaron de furia. Ira. Algo que Albus Severus Potter inteligentemente temía.

-¿¡QUE NO PASA NADA?! -Rugió. Alzó su varita, de nuevo, hacia él. Oh perfecto, iba a morir. -¿¡QUE NO PASA NADA?! ¡¿CÓMO TE ATREVES A DECIR ESO?! -Le empujó en el pecho con fuerza sobrenatural para Albus. Sus amigos rápidamente sacaron su varita para proteger a Albus Potter de la furia Weasley. Perfecto. Su fantasma estaría encerrado para siempre con Mrytle. -¿¡Y ALICE?! -Ah, así que era eso. Oh, Merlín. Sálvame. -¿¡EH?! ¿¡POR QUÉ NO ESTÁS HACIENDO NADA?!

-Rose, cuidado con lo que dices...-Le advirtió.

Porque si se le escapaba algo acerca de la situación exacta de Alice Longbotton, no necesitaría un interrogatorio con Whitehall para morir.

Y... Entendía por qué Rose Weasley podía actuar así de enfadada. Era probable le hubiera dicho que Alice -sí, su mejor amiga y la única persona que Rose quería más que a Albus -estaba en peligro mortal tras las barras de Azkaban. Y también era probable que su prima se pensara que estuviera haciendo todo para salvarla. Pero, bueno, se había quedado sin ideas.

-¡¡ERES UN INÚTIL!! -Le gritó. -¡¡SE SUPONÍA QUE LA IBAS A SALVAR!! -Vio por el rabillo del ojo que Greenwood abrió la boca. Pero, oh, Rose Weasley era más rápida. -¡DESMAIUS!

El cuerpo de su amigo salió volando y se estrelló contra uno de los lavabos. Albus gritó.

-¿Estás loca? -Chilló Scorpius Malfoy.

PETRIFICUS TOTALUS! -Lanzó en respuesta hacia el mejor amigo de Albus, que se quedó petrificado al instante.

¡Por las barbas de Merlín!

-¡ROSE! -Le gritó. -¿¡Qué estás haciendo?!

De nuevo, no supo qué era lo que había hecho mal. Además de fracasar colosalmente en su misión de salvar a Alice Longbotton. Y, bueno, el hecho de que estuviera en peligro de morir era motivo suficiente para que su sobreprotectora mejor amiga estuviera un poco enfadada con él. Pero su mejor amiga era Rose Weasley. DestrucRose, ¿no?

REDUCTO! -Rose apuntó hacia los pies de Albus Potter.

Albus saltó hacia atrás mientras los azulejos del baño del suelo estallaban en mil pedazos. Algunos de esos pedazos le rasgaron la ropa. Le llenaron de polvo. Y le hicieron heridas superficiales en la piel.

E hizo lo que cualquier Slytherin haría en su situación. Correr.

Se escabulló rápidamente en los baños. Y escuchó a Rose Weasley ir detrás de él a grandes zancadas. Estaba claro que le culpaba por el peligro en el que se encontraba Alice Longbotton. Y que no estuviera actuando... Eso hacía que Rose estuviera enfadada con él.  Conocía a Rose Weasley. Y, definitivamente era la primera vez que lo veía desde que se enteró de que Albus Potter no estaba trabajando para sacar a Alice de Azkaban.

Su reacción fue en la línea de sus actuaciones previas. Como cuando le partió un labio por manchar su libro de Historia de Hogwarts días antes de ir por primera vez al castillo. Como cuando le rompió la nariz a James por perder una de sus piezas del ajedrez mágico. O como cuando le partió la cara a Scorpius por intentar detenerla en su camino a destruir a Gwendoline Cross en el Refugio.

Por esa razón, no le había contado que no sabía cómo poner a salvo a Alice. Su instinto de supervivencia Slytherin quería restrasar su encuentro lo máximo posible. Sí, Rose había cambiado y era más madura. Pero sus instintos asesinos más primitivos volvían en cascada cuando alguien que quería se encontraba en peligro.

-¡Rose, escúchame! -Le rogó Albus. -¡Todavía puedo salvarla!

Bombarda! -Gritó ella.

Uno de los baños de al lado estalló en mil pedazos. Estaba claro que los cuatro iban a acabar en detención con Filch. No solo maldecir a alumnos, sino la destrucción de las instalaciones de su precioso Hogwarts.

Tragó saliva.

-¡Rose!

Rose Weasley abrió la puerta de su baño de una patada.

Albus chilló de forma aguda.

-¡POR TU CULPA...! -Se detuvo antes de decir algo más. Albus alzó una ceja. ¿Qué le estaba ocultando aquella vez su prima? -¡JODER, AL! -Rugió. Le empujó. -¡ALICE NO PUEDE MORIR! -Rugió de nuevo. -¿¡POR QUÉ NO HACES LAS COSAS BIEN DE UNA VEZ?! -Su voz pareció encontrar un deje algo más flojo. ¿Estaba a punto de llorar? -¡Tienes que salvarla...! ¡No...! ¡Yo estoy haciendo todo lo posible para que todo esté bien al final! ¡Pero necesito que la salves ahora!

No sabía lo que escondían sus palabras. Pero, de nuevo, confiaba en Rose Weasley. Además, estaba detrás de la varita. Si no lo hacía, moría.

-La estoy intentando...

-¡¿PIDIÉNDOLE AYUDA A TU PADRE?! -Estaba irritada. Oh, sí, recordó que Harry Potter podría haberle contado todo aquello perfectamente a Hermione Weasley. Gracias, papá. -¿¡ASÍ PIENSAS ARREGLARLO TODO?!

Vio la figura de Scorpius Malfoy detrás de Rose Weasley. Apuntándola en la nuca con su propia varita. Contempló cómo Rose se giró para verle y suspiró irritada.

Oh. Cómo quería a su mejor amigo.

-Dame tu varita -Le ordenó su mejor amigo con calma.

¿Por qué estaba calmado?

Como si aquella bruja no le acabara de petrificar. No con mucha insistencia, pues el hechizo había durado poco. Y sabía que Rose no se había equivocado. No querría hacerle daño, supuso. Más... Greenwood había saltado por los aires.

Para su sorpresa, Rose exhaló aire y le tendió la varita.

Albus suspiró aliviado. Un día más para vivir.

Y... Se equivocó. El váter que tenía a su espalda estalló en mil pedazos, haciendo que Albus se sobresaltara y piezas de aquel material blanco le hicieran incisiones en su rostro. Se limpió el polvo y el agua que tenía el váter asqueado con la manga de su capa de Slytherin.

Vio que Rose Weasley le miraba con cierta diversión. Scorpius cogió la varita con frustración.

-Oh, no has dicho nada de hechizos no verbales -Musitó ella de manera inocente.

¿Qué demonios? Rose Weasley estaba desatada. Y no era lo que pretendía Lola Brooks cuando le incitaba a que lo hiciera.

-¿Sabes, Weasley? Puedo mandarte a detención -Le recordó su amigo a su prima con una sonrisa de suficiencia.

-¿Y pasar más horas involuntariamente contigo? No, gracias -Bufó ella, saliendo del baño y apartándose del Gryffindor y el Slytherin.

-Creía que te gustaba mi compañía -Le guiñó un ojo.

Rose se dirigió al lavabo y le lanzó un dedo corazón.

Albus se quedó petrificado. Era una referencia al encuentro que habían tenido en la biblioteca y del que Scorpius le había hablado. No mucho, pues Albus se negaba a pensar en situaciones de ese estilo con su prima. La cual era como su hermana. Oh, no. Impensable. Pero sí que Scorpius le había contado que había pillado a Rose mirándole...Como él la miraba a ella en ocasiones. Sinceramente, no quiso más detalles. Albus culpó a las hormonas para no hacerle ilusiones a su amigo, pues era lo más razonable por parte de Rose.

Pero, ¿hacer como si no estuvieran en medio de un caos incomprensible? ¿Cómo tenía la decencia de flirtear con su prima, cuando su mejor amigo había sido perseguido por la furia Weasley, con sangre brotando de sus heridas y su otro amigo inconsciente en el otro extremo del baño? ¿Qué clase de persona era esa?

-Scor... Esto... -Comenzó Albus. Scorpius extendió una mano a su mejor para ayudarle a salir del destrozado baño. Albus salió a duras penas y observó cómo Scorpius no apartaba su mirada de Rose Weasley, quien se apoyó sobre un lavabo para echarse agua en su rostro. -Te acaba de petrificar -Susurró entre dientes. Descubrir que a Scorpius le gustaba su prima solo había hecho que Albus estuviera hipersensible a sus interacciones. ¿Cómo había estado tan ciego? ¿A eso se refería Alice cuando le decía que era emocionalmente estúpido?-¿En serio...?

Pero no le dio tiempo a cuestionar el juicio de su amigo.

-Albus -Llamó Rose. -Por favor, tienes que ir a por Alice -Le dijo. Se giró para encararle a él y a su amigo. -Y tienes que hacerlo ya.

Era una orden de Rose Weasley. Una orden que, por experiencia, solo podía asentir y acatar sin rechistar.

DESMAIUS!

Rose voló por los aires y se vio golpeada contra la pared. Los azulejos cayeron sobre ella. Y sangre comenzó a brotar de su sien. Albus corrió hacia su prima. Scorpius le siguió rápidamente.

-¿Greenwood? -Inquirió Scorpius.

-¡Es un experimento! -Exclamó su amigo.

Albus rodó los ojos. Sujetó la cabeza de Rose. Se había hecho una herida al golpearse. Estaba inconsciente. Bueno, eso era el karma. Contempló que Peter Greenwood se acercó hacia ellos. Alarmado. Con la varita en alto. Y mirando con escepticismo al cuerpo de Rose Weasley.

-Hay que llevarla a Enfermería -Indicó Albus, suspirando con cierta impaciencia. Esa noche solo quería visitar a los basiliscos. -Madame Longbotton debe curar esta herida y... -Se dirigió hacia Greenwood. -No es un experimento... Es Rose enfadada conmigo por no hacer nada más por Alice -Suspiró.

Lo cual poca gente entendería. De acuerdo. Rose Weasley no era la persona más racional del universo cuando se dejaba llevar por sus emociones. Pero no tenía mala intención. De verdad.

-¡Pero me ha lanzado un hechizo! -Se quejó Greenwood.

Bueno, a veces tenía malas intenciones.

Scorpius le dio una palmada en el hombro. Como si le entendiera a la perfección.

-Bienvenido a mi mundo -Dijo en voz baja.

Albus ocultó una leve risa. La camufló aclarándose la garganta. Acarició la frente de su prima. Y vio cómo la herida no paraba de sangrar. Se mordió el labio. Hizo amago de cogerla en brazos, pero la mano de Scorpius la detuvo.

-Déjame que la lleve -Pidió el joven.

No se lo impidió. La montó sobre su hombro casi como si el peso de Rose fuese el mismo que el de una pluma. Sus brazos extendidos a lo largo de la espalda de Scorpius. El joven sopló para quitarse un pelo de la cara.

Era extraño. Pero Scorpius era el único que parecía aceptar la furia de Rose. E incluso llegar a descifrarla. Que el tío Ron no lo escuchase... Pero, si uno se detenía a analizarlos, se complementaban demasiado bien. Oh, tío Ronald iba a acabar con su mejor amigo si llegaba a saber algo de eso.

-Esto va a acabar complicándote la vida -Dijo simplemente Albus.

-Eso mismo me dijo mi padre una vez -Le susurró, para que solo él pudiera escucharlo. Albus no indagó en por qué Draco Malfoy le habría dicho algo parecido. -Vamos, Al, tienes que ir a por Alice y... Greenwood, ve corriendo al dormitorio... No querrás que alguien compruebe tu varita y sepa que le has lanzado un Desmaius a la hija de Hermione y Ron Weasley, ¿no?

Albus se sorprendió ante la capacidad de Scorpius Malfoy de controlar los daños hechos por Rose Weasley. Pero, de nuevo, era pura experiencia.

¿Cómo podía gustarle su prima?

-¿Cómo...? ¿Cómo pretendes que vaya a por Alice?

Su mejor amigo le miró como si fuera obvio.

-No creo que nuestro querido director te ponga ninguna pega en intentar ir a Azkaban para rescatar a su hija -Le recordó.

Albus asintió. Se incoroporó del suelo. Greenwood comenzó a salir del baño. No había rastro de Myrtle. Vio que Scorpius no quería hablar de nada más que no fuera rescatar a Alice. Asintió de nuevo. Esta vez para él.

-¿Qué le dirás a Madame Longbotton? -Preguntó Albus.

No sabía si era buena idea que un Malfoy se presentara en Enfermería en mitad de la noche con el cuerpo inconsciente de Rose Weasley. O sí que sabía que era mala idea. Por suerte, Ronald Weasley no era el Sanador de Hogwarts.

-No es la primera vez que acabamos en Enfermería por habernos peleado, ¿no?

-No quiero que te metas en problemas por culpa de Rose -Insistió Albus.

Más ya estaba metido en problemas por ella, ¿no?

-Al -Le dijo, en voz baja de nuevo. Asegurándose de que Greenwood no estaba presente. -Tú quieres asegurarte de que Alice está bien -Albus asintió. -Sabemos que solo lo puedes hacer tú -Volvió a asentir. -Así que ve a por ella -Le ordenó. Como lo había hecho Rose. Oh, ya, porque Scorpius también era amigo de Alice. Y era su forma de estar preocupado por ella. Por esa razón, Scorpius era su mejor amigo. -Y yo me aseguraré de que le suministran una Poción Calmante a Rose -Añadió.

-¿Te arriesgas a que desate su furia contra ti?

Ajustó el cuerpo de Rose sobre su hombro.

-Sobreviviré.

El joven Potter entrecerró los ojos. No estaba convencido del todo. Pero la sonrisa de sinceridad de Scorpius le infundó el valor que no tenía para enfrentarse a Edward Whitehall. Rose y Scorpius habían coincidido en que tenía que ir a por ella. Si los astros se habían alineado para que estuvieran de acuerdo en algo, solo significaba una cosa.

Lo haría.

Tal y como le había adelantado Scorpius Malfoy, Neville Longbotton no puso ningún impedimento en dejar marchar a Albus Severus Potter hacia el Departamento de Seguridad Mágica a esas horas de la noche. Le recordó que confiaba en él. Intuyó que quería decirle algo más. Le dijo que si quería llevarse algo para sentirse más seguro. Como la espada de Godric Gryffindor. Más Albus tocó el traslador antes de que pudiera emitir una respuesta.

Caminó por el Departamento de Seguridad Mágica hacia el despacho de Edward Whitehall. Se lo encontró con sus botas llenas de barro sobre la mesa. Y leyendo un informe. Le miró por encima del papel.

-¿Qué te trae por aquí, Potter? -Le dijo con cierto aburrimiento.

Había perdonado que no hiciera más por su parte en Navidad, cuando su prima Rose le desvaneció de Hogwarts. Cuando los alumnos del castillo que le eran fieles cesaron sus ataques hacia los protegidos por el Ministerio de Magia. Lo había perdonado.

Y a la vez no lo había hecho. Pues, desde entonces, solo le preguntaba si sabía algo de Alice Longbotton. No le informaba de absolutamente nada. Como había hecho antes. Albus comenzaba a recurrir a Zabini y a las cartas de Alice sin decirle nada a Whitehall. Ni siquiera supo nada acerca de su cita con ella en Navidad. Aunque, evidentemente, Whitehall los había estado vigilando.

-Tienes a Alice -Contestó simplemente.

Era una declaración de intenciones. Edward Whitehall soltó una relajada carcajada. Le hizo hervir la sangre.

-¿Te refieres a la cría que se encontraba huyendo en una mansión en la que también estaban los señores Malfoy? -Albus no reaccionó. No le importaba lo que hubiera hecho Alice. Solo que estuviera a salvo. Y no estaba a salvo en Azkaban. -¿La que se niega a hablar...? -Albus siguió sin responder. -Es muy interesante esa muchacha, Potter... Más de lo que tú te imaginas... -Suspiró. -Su amiguito del Ojo está muy empeñado en protegerla... Me pregunto por qué será.

-Déjame verla -Ordenó el joven.

Edward Whitehall alzó una ceja. Quitó los pies de la mesa. Y se incorporó.

-Me temo que eso no va a ocurrir -Se burló el Auror. -Las condiciones han cambiado, Potter... Ahora tu novia me interesa a -Concluyó con una sonrisa lobuna.

Se estremeció. Un escalofrío recorrió su espina dorsal.

No preguntó por qué. No quería saberlo. Solo quería sacar de allí a Alice.

Su sangre comenzó a bombear sus oídos.

-Bien -Dijo simplemente Albus.

Dio un portazo al marcharse del despacho. Y siguió el camino que otras veces había recorrido hacia el portal que llevaba a los Aurores a Azkaban. Apartó a los trabajadores del Departamento. Escuchó las botas de Whitehall detrás de él. Más no le importó. Si el Auror no le iba a llevar, él iría allí.

Tenía otras opciones.

Llegó al empleado que custodiaba el traslador.

-Soy Albus Potter y vengo a ver a mi madre -Anunció el joven.

El empleado, quien debía conocer a Albus por otras visitas, arrugó la frente.

-No... No tiene prevista ninguna visita -Indicó.

-Soy su hijo -Respondió con cierta impaciencia.

-No... Me temo que no funciona así -Se lamentó el hombre. Quizás preocupado por decepcionar al hijo del Jefe del Departamento. -Oh, señor Whitehall, buenas noches...

DESMAIUS! -Conjuró el Auror hacia el empleado, quien cayó de bruces al suelo.

Albus rugió en su interior. No. No. No. Whitehall no podía detenerle.

-¡No tienes derecho...!

Un Auror diferente ocupó el puesto del empleado. Sacó su varita y apuntó a Potter. No recordó su nombre. Más sabía que era un Auror que les había acompañado a él y a Lucy Weasley en algunas de sus misiones aquel verano.

-Tú, niñato, es el que no tiene derecho a saltarse la ley -Le espetó el Auror.

Se giró para ver a Whitehall con una sonrisa de suficiencia en su rostro.

Hipócritas.

-Es hora de que avises al resto, Bleckman -Imperó el Auror.

-Sí, señor -Asintió otro Auror que iba a su lado.

-¿Qué va a hacer? -Le espetó Albus.

-Lo que tu padre no pudo acabar, Potter... Limpiar el Departamento de corrupción que nos impide atacar de forma eficaz en esta guerra -Anunció Edward Whitehall. Sacó su varita y apuntó a Albus Severus Potter. -Empezando por tu padre.

Exhaló aire. Si conjuraba algún hechizo, entre tantos Aurores en su contra, no saldría ganando.

No había salida. Así que obedeció cuando Whitehall lo agarró por el cuello y apuntó su varita a su sien. Lo arrastró por el pasillo de vuelta al Departamento de Seguridad Mágica.

Albus no estaba preparado para ver lo que se acontencía ante sus ojos.

DESMAIUS!

PROTEGO!

BOMBARDA!

REDUCTO!

EXPELLIERMUS! -Escuchó a su padre entre aquel duelo que había puesto patas arriba el Departamento de Seguridad Mágica.

Era un motín contra la política del Ministerio a la que se había sumado Harry Potter. Eran Aurores lanzado conjuros contra otros Aurores. Unos que creían en que la defensa era la mejor estrategia. Otros que luchaban por destruir al Ojo y no cuestionar sus medidas para alcanzar la victoria. Harry Potter había iniciado aquella chispa cuando interrogó a Lola Brooks. Cuando secuestró al doctor Morgan. Muchos Aurores habían estado de acuerdo con él. Con que la ofensa era la mejor estrategia. Pero, cuando Harry Potter siguió las directrices del Ministerio -de McKing y de Hermione Weasley-, no todos estuvieron contentos con su decisión. Y aquellos más activos en su opinión se unieron a la caza de Edward Whitehall. Un Auror que, ahora se evidenciaba, no se conformó con un movimiento independiente. Sino que pretendía liderar el Departamento.

Los hechizos iban de un lado a otro. Destruyendo paredes. Haciendo volar a Aurores. Era una lucha entre profesionales. Profesionales que habían sido compañeros de trabajo. Una lucha que no podían permitirse. No. Si dividían, no vencerían.

Albus contempló cómo su padre se fijó en su presencia amenazada por el que había orquestado todo aquello. Lo vio gritar de frustración y acercarse a él corriendo. Cuando Harry Potter apuntó con la varita a Edward Whitehall, el resto de Aurores se detuvo.

-Vaya, Potter -Se mofó Whitehall. -Parece que tu familia no deja de hacerse amiguita del Ojo...

-¡Suelta a mi hijo! -Espetó.

No pudo evitar sentir una sensación de que él ya había vivido aquello. Lo vio reflejado en el temor de su padre. Ya lo había perdido una vez. Albus ya había sido una vez rehén. Ya había sido secuestrado. Ya había sido apuntado con una varita para que el resto le obedecieran.

-Lo soltaré... -Asintió el Auror. -Si sales de aquí con todos tus Aurores que entorpecen nuestro trabajo -Le espetó.

Su orden fue coreada por un drámatico número de magos y brujas que sostenían en alto sus varitas. Su padre se tensó.

-No me hará nada, papá -Le tranquilizó Albus. -Sabe que si me toca un pelo, el resto del mundo mágico se pondrá en su contra -Informó con cierta astucia.

-Oh, a ti no te haré nada -Se burló Whitehall. -Pero a tu amiguita le amenazaré con matarte para que me cuente todo lo que esconde...-Dijo entre dientes.

Bueno, Albus era demasiado astuto como para saber que aquello no era un farol.

Se hizo un silencio tenso. Un silencio en el que supo qué iba a pasar. Y se maldijo a sí mismo por saberlo. Porque si aquello ocurría, no sabía cómo podría acudir de nuevo a Azkaban. Porque si les vetaban la entrada a Azkaban, tanto su madre como Alice no tendrían una posibilidad de escapar.

Pero su padre no podía permitirse perder a alguien más.

-De acuerdo -Dijo Harry Potter.



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