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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 31: Acción y reacción
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(V) Capítulo 31: Acción y reacción

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


-Creo que no me he enterado bien...

-Esta es la segunda vez que trato de explicártelo -Respondió Monique Jordan.

-Oh, ¡perdona si soy el único que piensa que esto no va a funcionar!-Estaba exasperado. En cualquier otra circunstancia, podría llegar a extender su comprensión. No en esta.

-También eres el único que ha dejado Hogwarts -Puntualizó Monique con más acidez de la que pretendía emplear aquel día. -Tu opinión, por tanto, está descreditada.

-Te equivocas, Jordan -Espetó el joven, dando un paso hacia adelante para enfrentarse a la aprendiz de Sanadora. Esta rodó los ojos. La Sanadora Bell no habría tenido este problema. Con Chris nunca lo habían tenido. -El señor Scarmander... -Apuntó hacia la rezagada figura que les contemplaba con diversión y que se había alejado junto con el señor Charlie Weasley, mientras los dos jóvenes disputaban la congruencia de aquello. -... Tampoco acabó Hogwarts y es un genio del mundo mágico.

-¡El señor Scarmander ayudó a derrotar al maldito Grindelwald! -Le recordó, dejándose llevar por la frustración de que aquel muchacho insistiera en llevarle la contraria.

Y, para más inri, se cruzó los brazos sobre el pecho como si la estuviera desafiando. Sonrió con una superioridad que llevaba tiempo sin ver en el rostro de Fred Weasley. Había cambiado. No sólo físicamente. No sólo había decidido cortarse el pelo y extinguir sus tirabuzones que habían competido con los de su hermana en otra época. Su rostro era más cuadrado. Unos rasgos más angulosos. Menos Weasley. El fuego negro de su mirada era exactamente el mismo que el de Roxanne Weasley. Aquello era su gran cambio. Quizás poder hablar con su hermana Roxy le había infundado la seguridad en sí mismo que su Susie le había devuelto. Pero no era la misma arrogancia que había demostrado con Susan. Era diferente. Era casi como si le diera igual lo que opinaran, sintieran o pretendieran los demás. Como un guerrero que no tenía nada que perder... Y estuviera dispuesto a darlo todo.

¿Por qué no lo daba todo entonces?

-Esperaré sentado a que salgas de tu estúpido laboratorio y te conviertas en un dragón, entonces -Le retó.

Incluso cuando era evidente que Fred Weasley había adquirido madurez y responsabilidad en su estancia en Rumanía... También se debía recordar que anteriormente no había poseído ninguna noción de responsabilidad. Por lo que no se podía pedir mucho del joven.

-¡¿Es que no pretendes ayudar a los demás que tienen el mismo problema que Susan?! -Le gritó. Monique Jordan nunca gritaba. El joven, que la conocía desde niño, alzó una ceja sorprendido ante el temperamento escondido de Monique Jordan. -¿Convertirte en dragón es todo lo que sabes hacer? ¿Y cómo vas a evitar que niños acaben matando a sus propios amigos...? -Le dio un empujón. Supo que se apoderó de ella. La rabia de haber perdido a su hermana. La impotencia de no haber podido salvarla. Fred Weasley dejó que Monique Jordan escupiera todas aquellas palabras. -¿Cómo? ¿Incinerando a un par de encapuchados...? ¿Presumiendo de tus alas contra los dementores? -Ella no se detuvo. Estaba descubriendo que el dolor se iba cuando se cubría con ira. -¿Eso es lo que haces? ¿Contemplar cómo esos niños van a morir mientras no haces nada? -Seguía sin detenerse. Incluso cuando vio perfectamente que aquellas palabras habían escocido en la herida abierta del joven. Porque disfrutó de la ira. Porque si sentía ira... No sentía tanto dolor. -¡Dímelo, Fred Weasley! ¡Sorpréndeme! Porque nada de lo que has hecho hasta ahora...

La cogió por las muñecas que se impulsaron para golpearle de nuevo. En cuestión de segundos, Monique Jordan volvió a la realidad. Sintió la culpa ceñirse sobre sus  hombros. No tenía derecho a decirle aquello al novio de su hermana. El que no sólo había tenido que soportar la muerte de su propia hermana, sino la de su amor.

Para su sorpresa, Fred Weasley asintió vehementemente. Y observó que la miraba con comprensión. Porque Fred Weasley había estado envuelto en la misma rabia e impotencia que se habían apoderado de ella. La dejó respirar hondo.

-De acuerdo -Dijo simplemente. Su voz no temblaba como lo habría hecho la de Monique, si los papeles se hubieran invertido. -Lo haré.

Soltó las muñecas de Monique Jordan con brusquedad. No le culpaba. Le acababa de gritar todo lo que probablemente no quería escuchar. Y todo lo que el propio muchacho pensaba sobre él mismo. ¿Era la peor persona del mundo? ¿Por qué se comportaba así con la única persona que podría llegar a entenderla? Incluso si él había negado su existencia durante meses.

No tuvo el valor de mirarle a los ojos cuando le quitó el frasco con el líquido azul marino de sus manos. Que, para sorpresa de nadie, estaban temblando.

Se alejó de ella hacia el valle que se extendía ante ellos. Ella se dio la vuelta y entornó la mirada hacia los seguros pasos del joven. Tal vez no se había puesto en su lugar. Le estaba pidiendo más de lo que quería pedirle. Estaba removiendo sus heridas sin piedad. Más ella tenía razón: era una forma de que nadie se sintiera tan destrozados como ellos dos.

-¡Solo si recuerdas lo que sentías por ella podría funcionar! -Exclamó Monique Jordan.

Vio a Fred Weasley darse la vuelta y dedicarle la sonrisa más triste que jamás había visto. Se detuvo en su camino colina abajo. Aún podía decirle que no. Y estaría en todo su derecho. Podía negarse a no recordar nada. Pero su enrabietado discurso la había delatado. Necesitaba que lo hiciera. Necesitaba encontrar la cura para el líquido creado por el doctor Schneider.

-¡No lo olvidaré nunca! -Le contestó en la distancia el joven.

Monique Jordan se sintió estúpida por la lágrima que le recorrió su rostro. Quería llorar en ese instante. Como si aún le quedaran lágrimas. El amor que aquel muchacho sentía por su hermana había sido el amor más puro que había conocido. Inocente. Dulce. Era impresionante cómo Fred Weasley cambiaba por completo cada vez que la veía. Porque Monique Jordan siempre había sabido lo que aquel joven sentía por su hermana. Desde que eran pequeños. Desde antes de que ambos subieran en el bote a Hogwarts. Y le destrozaba por dentro saber que su hermana no pudo vivirlo durante más tiempo. No pudo sentir todo el amor, todo el futuro, toda la felicidad... Que Fred Weasley tenía guardado para solamente ella.

En algunas ocasiones, sintió envidia de su hermana por eso. Ella podía tener al chico que quisiera. Buscaba en ellos esa mirada de Fred Weasley hacia su hermana. La admiración. El respeto. La amistad. El amor más puro. Una vez creyó que encontró aquello que buscaba en Timothé Marrs. Pero la muerte de Roxanne truncó el inicio de lo que podían haber tenido. Su corazón había estado roto mucho tiempo.

Y ahora pretendía engañar a sus sentimientos. Quedar con Marrs se había convertido en una especie de rutina de la que ninguno hablaba. No presumían de ella ante nadie. Sabía que los amigos de Marrs -Morrit y Jenkins -eran conscientes de lo que ocurría. Así como lo sabían Bea y Rolf. Y también Lucy Weasley. La Sanadora Bell y Chris nunca sacaban el tema a colación. Ninguno de ellos vaticinaba un final feliz. Tanto Marrs como ella sabían que no eran lo que habían buscado durante todo aquel tiempo. Más no cambiarían, por ahora, la idea de saber que podían dormir abrazados a otra persona. Buscaban amor huyendo de la soledad. Y ambos habían descubierto que el otro no era la respuesta. Quizás en un mundo sin dolor lo habrían sido. Tal vez si ni Roxanne ni Susie hubieran muerto. Tal vez si Monique Jordan no hubiera descubierto que su mejor amiga estaba enamorada de ella. Quizás si no hubiera visto los horrores de la guerra en una camilla de un hospital. Eran demasiados "quizás" para que lo suyo funcionara. Más, de nuevo, seguía con la rutina de Marrs. Porque la hacía creer que volvía a ser la Monique Jordan de hacía años. Aunque supiera que eso jamás podría sentirlo.

Se había dirigido hacia Newt Scarmander y Charlie Weasley, mientras pensaba en todo aquello. Mientras el señor Weasley contemplaba la transformación de Fred en un gran dragón de colores oscuros, el señor Scarmander le dirigió una tímida sonrisa torcida.

-No puedes entender su dolor, señorita Jordan -Le comentó cuando se posicionó a su lado para ver cómo Fred se paseaba por el cielo antes de llevar a cabo su misión. Tenía razón. Siempre presumiría de la criatura mágica que llevaba encerrada. -No hay nada que haga desaparecer la herida que hace una mujer que se sacrifica para salvarte -Añadió.

Monique no le estaba ignorando. Era Newt Scarmander -sería un atentado contra el orden público si lo hicera. Tragó saliva al oír aquellas palabras que describían en forma de leyenda lo que había hecho su hermana.

-¿Y usted sí? -Inquirió.

No supo por qué lo hizo. Estaba nerviosa por ver que su hipótesis funcionaba. No quería entrometerse en los recuerdos de aquel hombre que tenía más años que cualquier mago que hubiera conocido.

-¿Por qué crees que acompaño a ese joven en su camino? -Fue su respuesta. Monique se giró para ver la melancolía en el arrugado rostro. -Se llamaba Leta Lestrange -Dijo. Tuvo que alzar las cejas, pues no solo el nombre de una familia que había sido simpatizante de Lord Voldemort le chocó, sino el hecho de que no estuviera hablando de la mujer con la que se casó. -Fue mi primer amor -Aclaró con una sonrisa. -La prometida de mi hermano -Recordó bajando la mirada. Como avergonzado por tener esos sentimientos hacia quien no debía. Monique arrugó el rostro. -Se sacrificó ante Grindelwald para salvarnos a mi hermano y a mí -Contó. Escuchó, de fondo, al dragón escupir fuego. Su vello se puso de punta. El señor Scarmander negó suavemente con su cabeza. -Uno jamás se recupera de ese dolor.

Ella asintió. ¿Qué podía decir? Aquel anciano le acababa de confesar que tenía el corazón tan roto como Fred Weasley. Era una especie de desaprobación por cómo se había comportado hasta entonces con Fred. Era como un padre o un profesor regañándola. Diciéndole que su herida no tenía la misma desgarradora naturaleza que tenía su compañero.

-Pero su familia...-Comenzó a decir Monique.- ¿Le ayudó a sentir menos dolor?

Estaba tanteando el terreno. Tenía más de ciento veinte años, ¿qué pretendía? ¿Qué le diera un infarto allí mismo por recordar sus viejos demonios? ¡No! Como Sanadora, no podía permitirse aquello.

-Son amores diferentes -Se encogió de hombros. -Que se muera la persona a la que amas... No significa que pierdas tu capacidad de amar -Explicó con una sonrisa. -Las criaturas mágicas... Como los licántropos... Los dragones... La gente del mar... Los magos y brujas... Quien tiene la magia en su interior está unida al resto de seres por lazos de emociones... Y hay uno que nunca se rompe... El del Agapé... O los Ajayu en América...Sentirá un gran dolor si esa persona muere y nunca dejará de amarla... Pero no es el único lazo que uno tiene -Su teoría le sonaba vagamente familiar. Marrs le había relatado algo similar alguna vez. Le había hecho prometer que jamás lo diría en voz alta. Esa era la justificación del joven Inefable para expresarle que no creía que pudiera amarla como ella pretendía. Pero que podrían tener otro tipo de emoción. -La familia, los amigos... El amor hacia una persona... Aunque no sea tan fuerte... Esas emociones hacen que sigamos a flote en las peores tempestades.

Inconscientemente, Monique Jordan miró a Fred Weasley. Se preguntó qué emociones le estarían ayudando a salir a flote. Ella tenía a Marrs. A sus padres. A sus amigos. A sus compañeros de trabajo. ¿Quién estaba para apoyar a Fred Weasley además de aquellos dos magos?

No tuvo tiempo de responder a su pregunta. El muchacho en cuestión ya se había vuelto a convertir en humano y avanzaba rápidamente hacia ellos con el frasco en su mano. Un frasco que no se derritiría ni a las temperaturas más altas que conocían. Solo esperó que su contenido hubiera sufrido cambios. Una vez que Fred le posó en sus manos el frasco templado, su corazón se detuvo por un instante.

Ni la Sanadora Bell ni ella misma habían confiado en la absurda teoría que les propuso una vez Dominique Weasley. ¿Cómo iba un líquido creado por una ciencia mágica revertir sus efectos en la sangre con fuego? No tenía ni pies ni cabeza. Y, aún así, era la única teoría que pudieron comprobar. Nicholas Wood se había salvado gracias al fuego de Dominique Weasley. Lo comprobaron. Meses después de que ambos se encontraran en el laboratorio -lo que produjo que tuvieran que seguir investigando a escondidas de San Mungo -, analizaron la sangre de Wood. La sangre de Weasley. Analizaron el fuego de la veela. Y, de forma separada, nada daba resultados. Porque necesitaban aquello de lo que justamente había hablado Newt Scarmander: emoción.

Como había expresado Christopher Nott, había encantamientos que requerían, por parte del mago, algo más que una simple fórmula o unas palabras hondeando su varita. Había conjuros que necesitaban hacerse desde el corazón. La Sanadora Bell los había denominado "hechizos de la magia antigua". El Encantamiento Patronus era el ejemplo que habían considerado para hacer sus teorías. Uno no podía lanzar aquello sin tener en la mente un recuerdo feliz. Nott creía que la cura para aquel líquido azul estaba en pensar en el amor que uno de los dos sujetos sentía por el otro. Y tenía más lógica de la que uno podría creer.

Susan Jordan lo había demostrado. Solo su amor por Fred Weasley hizo que, en un momento crítico en el que iba a asesinarle, el líquido que la dominaba no tuviera más efecto sobre ella. Pero no desapareció de su cuerpo. Porque hacía falta otro elemento. Algo que se les había escapado: uno no solo hacía un Patronus con sus pensamientos, los canalizaba a través de su varita. ¿Dónde entraba ahí el fuego de la veela o el fuego de Fred Weasley? En que, precisamente el fuego de las criaturas mágicas, era la manifestación de su magia. Los magos y las brujas mostraban su magia a través de conjuros, pócimas y varitas. Los centauros manifestaban su magia mediante visiones. Las sirenas mediante su canto. Los basiliscos con la petrificación. Los veela manifestaban su magia a través del fuego, así como sus dragones -elemento que había sido utilizado durante siglos para forjar armas mágicas que respondían de forma diferente a sus dueños.

No era el fuego lo que necesitaban. Sino magia y sentimientos. Como con el Encantamiento Patronus. Mientras que Monique Jordan estaba en Rumanía comprobando que la teoría elaborada era la correcta mediante el fuego (la magia) de Fred Weasley y sus sentimientos por la sangre y el líquido extraido de Susan Jordan; la Sanadora Bell, el doctor Lockhart y Christopher Nott estaban intentando hayar una fórmula para una poción o un Encantamiento que manifestara todo aquello. Una manifestación de la magia que fuera tan difícil de convocar como un Patronus y tan poderosa como un Avada Kedavra que acabara con el alma que se había unido a aquel líquido azul que corría por las venas de no sabían cuántos magos y que les sometía a su voluntad. Era una tarea ardua. Complicada. Y para la que necesitaban saber que estaban en el buen camino.

Si Fred Weasley lograba estimular el líquido extraído de Susan Jordan con su magia y sus sentimientos, significaba que había una cura para todas aquellas personas que sufrían lo mismo que su hermana y que Molly Weasley.

Y lo había conseguido.

El interior del frasco era diferente. Ya no tenía el oscuro líquido azul. Sino la sangre roja de Susan Jordan... Y una capa de color gris metálico por encima.

-¡Sí! -Exclamó emocionada Monique. Saltó de la emoción. -¡Lo has conseguido! ¡Lo hemos conseguido! ¡Esta es la solución!

Siguió dando saltos.

Fue evidente que para Fred Weasley aquel frasco era un enigma.

-¿Puedes explicarme por qué tienen metal dentro de ellos...?

Monique suspiró. Detuvo su danza de la victoria y lo observó orgullosa.

-No lo sé -Dijo con franqueza. -Pero cuando Wood se recuperó... Estuvo vomitando un líquido gris que... En sus palabras... Sabía a hierro... ¡Así que tiene que ser esto! -Añadió. Se impulsó para darle un abrazo a Fred, quien se quedó impasivo ante la joven que, minutos antes, estaba restregándole que no había hecho nada desde la muerte de su hermana.

El señor Scarmander le quitó con suavidad el frasco de sus manos. Monique Jordan esperó atentamente a su reacción. Y se sorprendió cuando vio un atisbo de reconocimiento en sus pesados ojos marrones.

-Hacía mucho tiempo que no veía estos... Experimentos -Respiró profundamente. El señor Weasley agarró de la cintura al anciano que tenía la piel más pálida.

-¿Sabe lo que es ese metal? -Cuestionó Monique Jordan.

Probablemente no debería insistir, en vistas de la estabilidad del anciano... Pero no podía dejar pasar aquella oportunidad.

-Por supuesto, señorita, ¿no lo reconoce? -Fred negó la cabeza a la vez que Monique. Esperaron a que Newt Scarmander se limpiara una lágrima del rostro. -Es plata de goblines -Respondió.

Monique alzó las cejas y casi se le escapó un grito ahogado.

-¿Qué quiere decir con plata de goblines? -Preguntó Fred Weasley. -¿Cómo van a meter eso en la sangre y que otra persona se apodere de...?

-El metal de los goblins -Explicó, hablando por primera vez, Charlie Weasley. Quizás sustituyendo al anciano que se había quedado mudo. -Es pura plata, forjada y encantada por goblins utilizando su peculiar magia... Lo han hecho durante milenios... Posee propiedades diferentes en cada caso... Es un tipo de magia que los magos y brujas jamás han logrado reproducir.

-Y son capaces de absorver propiedades mágicas... Aquello que les fortalece -Añadió Monique Jordan. -Como cuando la espada de Gryffindor, hecha de ese metal, absorvió el poder del basilisco -Le recordó a Fred. Este asintió, aun sin estar convencido. -Con la sabiduría de los goblins y los conjuros de un mago... Podrían absorver también un alma... -Respiró entrecortadamente. -¿Y cómo se puede eliminar con la magia entonces?

Aunque sabía que se podía eliminar el metal de un cuerpo, como había ocurrido con Nicholas Wood, quería saber por qué. Miró al anciano que parecía tener una respuesta en su mente.

-El amor es la magia más poderosa que existe, jovencita -Dijo en un hilo de voz.

-La única capaz de evitar un Avada Kedavra y... -Recordó Charlie Weasley.

-Sí, sí -Interrumpió bruscamente Fred Weasley. -Pero, ¿cómo sabe eso, señor Scarmander? No es la primera vez que alguien hace uno de estos experimentos, ¿no?

Tanto Charlie Weasley como Monique Jordan lanzaron dagas mentales hacia Fred Weasley por tratar de aquella forma a Newt Scarmander. Y no pareció importarle ni lo más mínimo.

-Debo... Debo asegurarme... De que... -Tartamudeó el señor Scarmander. Les miró con cierta disculpa. -Nos vemos pronto -Dijo finalmente.

Y desapareció en el aire. Llevándose sus respuestas con él.

Nota del Autor:

Simplemente mencionar que:

- La referencia al pasado de Newt Scarmander está basada en las películas de "Animales Fantásticos".

- Las propiedades de la plata de los goblins está también obtenida del universo de Harry Potter.

Os espero en los comentarios.

Un abrazo

C



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