Historia al azar: ¿es amor?
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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 30: Otra ronda más
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
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(V) Capítulo 30: Otra ronda más

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)


¿Cómo había conseguido su padre aguantar un año de Prefecto? ¿Acaso no había muerto de aburrimiento en las rondas? ¿Qué habría hecho en los huecos libres? Dudaba que hubiera adelantado ensayos o que se hubiera puesto a estudiar. Rose Weasley comenzaba a creer que ser Prefecto estaba sobrevalorado. Que quizás era un puesto al que se le daba mucha importancia para que alumnos competitivos como ella lucharan por él.

Al menos, tras aquella última ronda con Scorpius Malfoy, Teddy Lupin les había dejado estudiar en la biblioteca si prometían no quedarse hasta muy tarde. No era que Rose Weasley no tuviera que hacer trabajos de última hora. Pero aquel año quería arrasar en los T.I.M.O.S. ¿Superar a Malfoy con sus notas? También.

El hecho de que estuvieran en términos civiles y socialmente aceptables no significaba que le dejara ganar en su competición privada y académica. "Asegúrate de machacarle en cada exámen, Rosie. Gracias a Dios heredaste el cerebro de tu madre". Aquellas palabras con las que su padre la dejó en el andén hacía cinco años le marcaron. E hizo todo lo psible para hacerle sentir orgulloso. Ya que era más complicado hacerlo con su madre.

En esa última ronda, habían hablado sobre Quidditch, el tema que siempre les uniría. Estrategias de Quidditch. Partidos antiguos. Incluso ambos habían descubierto que apoyaban a las Montrose Magpies. Era el equipo más laureado de la Liga. Rose lo apoyaba -por desgracia para Ronald Weasley- porque Minerva McGonagall también lo hacía y, de pequeña, la directora había sido una de sus grandes ídolos a seguir. Según Scorpius Malfoy, él los apoyaba porque sabía que era un equipo que siempre iba a ganar. Albus Potter tenía razón cuando le decía que su mejor amigo y su prima eran bastante parecidos.

Rose Weasley había evitado sacar a colación el tema de Barbara Coleman. Y no porque no quisiera avergonzar a Malfoy por huir de una cita y ser lo menos caballeroso que había pisado Hogwarts desde su propio padre. Sino porque compartía dormitorio con Barb Coleman. Y, ¡por Godric! Había escuchado cómo había ido aquella cita desde todas las posibles perspectivas. Pero Rose no se escondía -había participado en la conversación cuando por fin Scorpius Malfoy era una persona non grata en su dormitorio.

Se paseó por la biblioteca hasta ver a una melena platina. No sería hipócrita si se sentaba a su lado. Él ya sabía lo que ella pensaba de él -se lo había dicho de todos los colores posibles. No debía confundir aquello con una amistad. Ni con nada más. Solo quería llevarse bien con él. Además, era la condición que su hermano le había puesto para poder echarle un vistazo al libro de las profecías.

A veces se preguntaba por qué no era Slytherin.

-Hola… Scorpius -Era tan extraño volver a usar su nombre.

Lo había utilizado en alguna ocasión cuando Alice y Albus les forzaron a ser amigos. A principios de tercero. Pero, desde que su enemistad se acrecentó, habían vuelto a los apellidos. Desde Navidad, habían decidido volver a llamarse por sus nombres. Y, bueno, habían hecho muy feliz a Albus. Sobre todo cuando el mejor amigo de ambos estaba destrozado por saber que Alice estaba en Azkaban. A Rose no le preocupaba. Neville Longbotton ya le había pedido que indujera al joven Potter a pensar en que acudir al director era una gran ayuda. El director y ella sabían la solución... Solo necesitaban andarse con cuidado para que Albus también lo entendiera.

Scorpius Malfoy respondió con la misma forzada cortesía.

-Hola... Rose.

Y para hacerlo aún más impresionante, Albus no estaba a la vista. Rose sintió que si dejaba de actuar tan bien, podría no volver nunca más. Jugó con el flequillo de su jersey, indecisa. Decidió ser Gryffindor y sentarse a su lado. Porque era el día en el que Scorpius Malfoy tenía el libro de las profecías de Hugo Weasley. Y lo vio por el rabillo del ojo.

-¿Vas a estudiar Runas Antiguas? -Le preguntó sin saludo previo ni nada por el estilo.

¿Dónde estaban los modales de los Malfoy? Si Astoria Malfoy se entarara, seguramente le regañaría públicamente y lo avergonzaría hasta el extremo. Se guardó aquello para futura ventaja.

-¿Mmmm?-Dijo ella, inmersa en sus pensamientos sobre humillación del joven. Scorpius Malfoy señaló el libro que sostenía.

-Runas Antiguas... Yo estoy aquí por el Ensayo sobre los Jerogríficos.

Le mostró su libro.  Rose se quedó sin aliento.  Ese ensayo había sido asignado sólo hoy y no debía entregarse hasta dentro de dos semanas.  Había planeado hacerlo el fin de semana para tener tiempo de revisarlo.  Pero, por supuesto, Scorpius Hyperion Malfoy lo estaba haciendo en ese momento, así que no tuvo más remedio que seguir su ejemplo.

-Yo también- Dijo rápidamente.

-¿Quieres que trabajemos juntos?- Scorpius preguntó con dudas.

Los ojos de Rose se abrieron de par en par.

-¿Ahora mismo?

-Lo entiendo si no quieres- Scorpius echó un vistazo a la mesa que Rose estaba a punto de reclamar.- Sólo pensé que ya que ambos estamos aquí... y ninguno de mis amigos está en esta asignatura...

Rose sintió inmediatamente que tenía que corresponder a su gesto de cordialidad.

-Sí, por supuesto.  Es bueno tener un compañero de estudio…

Lo cual era mentira para Rose Weasley, la alumna más independiente de Gryffindor que había argumentado en incontables ocasiones cómo trabajar en equipo era una tortura. Una absoluta tortura. Y allí estaba. Con su archienemigo. Con el muchacho que intentaba superarla en todas las asignaturas -y lo conseguía.

Se sentó y dejó su mochila en el banco de al lado.  Abrió el libro y buscó las anotaciones que había hecho hacía unas horas.  Él se sentó rígidamente, como si no confiara en que ella fuera tan amable.

Rose sacó un rollo de pergamino y buscó en su bolsa una pluma.

-Oh...- Rose murmuró sorprendida. -Mierda. 

-¿Qué?

El joven alzó la cabeza para ver lo que estaba haciendo.

 -He olvidado... mi pluma- Rose dijo estúpidamente. -Lo siento, supongo que estás estudiando…

-Puedes tomar prestado la mía -La costumbre hizo que Rose entrecerrara sus ojos con escepticismo.- Si quieres.

Rose le miró con curiosidad.

-¿Con qué vas a escribir?

Presentó dos plumas y las colocó en medio de la caja.  La irritación se apoderó de Rose, sintiendo que la había superado simplemente por estar preparado.  Pero ella no podía dejar que lo viera.  Parecía que su juego se había transformado y se convirtió en que quien fuera más amable con el otro ganaría.  El que durara más tiempo sin romperse sería el vencedor.

-Gracias- Dijo y tomó una de las plumas.

Se sentaron en silencio durante dos horas, escribiendo.  Rose no creía haber trabajado más duro o escrito más rápido que cuando competía con Scorpius Malfoy.  Echó una breve mirada varias veces y cada vez lo vio garabateando furiosamente en su pergamino y hojeando su libro en busca de referencias.

Finalmente, ambos dejaron sus plumas.

-Vaya...-Murmuró Scorpius.

Rose respiró hondo y estiró los dedos.

-No creo que pueda mover la mano durante una semana -Confesó Rose Weasley en voz baja.

El joven soltó una risa corta.

-Yo tampoco- Concedió el Gryffindor. Rose miró su largo ensayo y se sintió orgullosa. -Tenías razón.

Si Rose hubiera estado bebiendo agua, la habría tirado por toda la mesa.

-¿Podrías repetir eso?- Una pequeña sonrisa sonó en su boca.

 Scorpius hizo un sonido desagradable.

-Me has oído.  Fue una buena idea tener un compañero de estudio.

Rose levantó la ceja.

-Creo que trabajo mejor cuando...

-¿Cuando estás compitiendo contra alguien?- Scorpius le dio una mirada desafiante.  Rose podía decir que él esperaba que ella discutiera con él, pero no era así como ella iba a ganar. 

-Siempre hemos sido rivales… Supongo que alguna ventaja tenía que tener.  

Los ojos de Scorpius se entrecerraron burlonamente.

-¿Por qué crees que somos los mejores de nuestro año?

Se inclinó hacia atrás en su silla y cerró su libro.  Rose no podía negar que querer superarle en todo la hacía trabajar siempre más duro. Desde el primer día. Desde aquellas palabras de su padre. Miró los otros libros que él tenía y sintió que era el momento de hacer lo que había venido a hacer.

-¿Ese es el cuaderno de las profecías? -La muchacha señaló el libro que se asomaba entre los pergaminos del Prefecto.

Antes de que Scorpius lo escondiera para que no pudiera verlo, ella se adelantó a cogerlo. Scorpius bufó, como si hubiera esperado justo aquello. ¿Hugo le habría dicho que tenía permiso para aquello? Realmente no era como si su hermano tuviera que ir dando autorizaciones de nada. Resopló al pensar que se creía que tenía poder sobre los demás.

-¿Me lo robas a mí porque te da miedo pedírselo a tu hermano? -Scorpius sonrió de forma burlona. Porque el imbécil sabía que aquella pregunta era casi cierta. Y que molestaría a Rose. Bueno, al menos significaba que ella había ganado en cuanto a ser educada. ¿Qué podía esperar de un Gryffindor que salía huyendo cuando le besaban? -Es poco probable que entiendas algo sin saber todo lo que hemos descubierto -Explicó con cierto tono de superioridad.

Ella no pudo evitar gruñir.

-¿Me estás desafiando? -Inquirió.

Lo vio rodar los ojos.

-Déjame que te ayude -Dijo, para su sorpresa. Comenzó a sacar pergaminos de su maletín y se los tendió a una Rose que le miraba con precaución. -Son las anotaciones que he ido haciendo de lo que significa cada cosa... Si las lees, podrás ir entendiendo algunas profecías -Aclaró. Rose frunció los labios. -Prometo no pedir nada a cambio -Añadió con una sonrisa radiante que hizo rechinar los dientes de Rose.

Sin pensárselo dos veces, cogió los pergaminoos y los extendió sobre el lado de su mesa.

-¿Por qué quieres ayudarme a entender algo que los demás no me dejan leer? -Le preguntó, porque no era algo habitual. En Malfoy.

-¿Por qué no? -Se encogió de hombros. Pero no respondió a su pregunta. Suspiró. -Nos hemos dado cuenta de que si otras personas lo ven desde otra perspectiva... Podemos avanzar más rápido -Informó como si no tuviera nada que ver con el hecho de que a él no le importara dejarle su parte de la investigación de Hugo Weasley. -¿No te han contado lo de Brooks? -Preguntó aquello como si el hecho de no saberlo hiciera que Rose Weasley estuviera un tanto escéptica ante su ayuda.

-¿Qué es la nieta de Ivonne Donovan? -Dijo frunciendo el ceño.

Scorpius alzó las cejas sorprendido. Rose volvió a gruñir. Ella no sabía algo que Scorpius Malfoy y el grupito de élite de su hermano sí. No había que ser un genio para saber que aquello la molestó. Y su compañero de rondas la conocía demasiado bien como para darse cuenta.

-Albus tampoco lo sabe por ahora... -Le dijo. Como si así fuera menos ofensa para ella. -Es algo que debemos ir revelando poco a poco...-Suspiró. Señaló con su dedo índice sus pergaminos. -Está todo ahí -Concluyó. -Solo... Lee.

-¿Cuándo pensabais contarnos que habéis descubierto algo...?

El muchacho la ignoró.

-Y si se te ocurre algo que no hayamos descubierto, dínoslo -Añadió.

Soltó una risa sarcástica. Scorpius sacudió su cabeza. Volvió a su ensayo de Defensa Contra las Artes Oscuras -que Rose Weasley ya había hecho. No hacía falta que dijera en voz alta que no comunicaría ningún avance que ella hiciera.

Se sumergió en las profecías y fue viendo las anotaciones aparte de Scorpius Malfoy. Su claridad de redacción y su caligrafía eran impecables. ¡Cómo no! Mientras ella se pasó horas entre profecías, teorías y misterios; Scorpius Malfoy permanecía a su lado estudiando o escribiendo. No le importaba su compañía. Mantenía silencio. Estaba concentrado. Le dolía decirlo pero de todos los compañeros de biblioteca que había tenido -Albus, Janet, Camrin, Barb, Carter, James, Fred, Sue o Alice -, él era el único que no consiguió distraerla en todo el rato. Distraerla conscientemente. Porque, de vez en cuando, veía por el rabillo del ojo cómo se desajustaba la corbata, se pasaba la mano por el pelo, se subía las mangas de la camisa dejando ver sus musculosos brazos de Quidditch... Y quizás -SOLO QUIZÁS- pudo llegar a entender lo que el sector femenino de Hogwarts veía en el supuestamente "apuesto e irresistible" Scorpius Hyperion Malfoy.

Intentó fijar su mirada en las profecías y se obligó a ello en más de una ocasión. Cuando Scorpius se cambió de postura y se estiró sobre la silla soltando un sonido gutural, Rose Weasley se puso el pelo en la cara para ocultar el hecho de que se había sonrojado. Culpó a Scorpius Malfoy de eso. Pero, sobre todo, culpó a Lola Brooks por inducirla a pensar en todas las cosas que podían hacerse si "se desataba un poco".

Mierda. Mierda porque quizás fuera una distracción también para el Quidditch. Porque Lola Brooks no había olvidado mencionar el atractivo de Carter. Los otros dos cazadores iban a ser su muerte en los entrenamientos. Odió que sus genes Weasley pudieran delatarla con el rubor.

Despejó aquellos pensamientos de su mente. Y se centró, finalmente, en las profecías que ocurrían antes del Retorno de Morgana. Frunció el ceño. «Las hermanas de sangre morirán el mismo día para pactar su amistad, a una le romperán el corazón y a la otra le quitarán el alma». Sintió su corazón detenerse por un instante. Había varias anotaciones al lado. Lucy y Molly estaban tachadas. Dominique y Victoire. Fleur y Gabrielle Delacour. Monique Jordan y Susan Jordan también estaban tachadas. Bárbara y Ellie Coleman. Cornelia y Lola Brooks. Rose Weasley supo perfectamente a qué hermanas se estaban refiriendo en aquella profecía.

Solo tuvo que recordar uno de sus últimos días en el tercer curso. En Cabeza de Puerco. Cuando descubrió que, efectivamente, su amiga estaba ayudando al Ojo... Pero por unos motivos que acabó comprendiendo.

"-Bueno, a mi hija le hicieron algo similar.- cogió el frasco de sangre y se lo puso en frente de Rose.- Lo cierto es que lo que le pasa a Alice es un secreto que solo puedes saber si nos demuestras qué harías lo que fuera por tu amiga.

Rose meditó aquello. Su madre jamás se pondría de parte de un traidor, ¿no? Cuando lo hizo, era con Sirius Black porque sabía que en realidad las circunstancias le hacían parecer un traidor.

-Vale, pero antes tenéis que decirme por qué Alice hace eso.

Hermione asintió. Abrió el frasquito y apuntó con la varita hacia él. Le indicó que le diese su mano a Rose. Ésta lo hizo rápidamente y observó cómo, gracias a un conjuro de su madre, la sangre del frasco flotó en el aire.

-Tu sangre será sangre de Alice. Seréis hermanas de sangre.- explicó Hermione, antes de que la sangre del aire traspasase a las venas de la mano de Rose. Aquello no le dolió. Pero sintió un escalofrío.

-Bien, ahora ya estamos a salvo."

No. No. Su madre y Neville Longbotton se habían equivocado. No las salvaron haciendo aquello. Porque Alice estaba en ese instante en más peligro que nunca. Suspiró. Intentó que Scorpius Malfoy no se percatara de que -contra todo pronóstico de Hugo Weasle -había descubierto algo muy importante. Algo que le afectaba directamente a ella. Y a su mejor amiga. Una profecía que aseguraba que una de las dos iba a morir.

Tragó saliva con dificultad.

No. No. No.

No si antes lo solucionaba.

Se incorporó.

-Necesito llevarme esto -Informó, ocultando con dificultad la dureza en su garganta. -No le digas a mi hermano que me lo he llevado porque...

-De acuerdo -Dijo simplemente Scorpius. Él se incorporó con ella. Le interrogó con la mirada. -¿Has acabado ya, no? -Indicó la salida de la biblioteca. Arrugó el rostro. ¿Había estado haciendo tiempo hasta que ella acabara para volver a la Torre de Gryffindor? ¿Se había privado de una hora más de sueño por esa razón? -No estamos en la mejor época para andar sola por el castillo, ¿no?

Esa era su excusa. Porque quería ganar su pequeña competición sobre quién era más cordial con quién. Y se centró en aquello porque pensar que Scorpius Malfoy podía tener un gesto sin motivos ulteriores hacia ella no era lo que necesitaba pensar justo en aquel momento.

-Sé cuidarme sola, Malfoy -Espetó.

Él se rio ante la recuperación de su apellido.

-Créeme, lo sé -Suspiró.

Volvió a arrugar el rostro. ¿Se había golpeado con una Bludger?

Puso los pergaminos de Scorpius Malfoy y el libro sobre su pecho, esperando a que el muchacho recogiera todos sus untensilios. La miraba con una sonrisa de suficiencia. Ella se dio cuenta de que, pese a su irritación, el joven no había hecho realmente nada "malo". Y había prometido ser educada.

-Gracias por dejarme saber que Morgana va a resucitar en Brooks para matarnos a todos -Dijo.

Los ojos grises del joven brillaron con diversión. Oh, sí. ¡Genial! ¡Una bruja oscura los iba a asesinar a todos! ¡Y ella tenía más probabilidades que el resto!

-Nunca pensé que te escucharía darme las gracias.

-No te acostumbres.

-Guardaré este recuerdo en el pensadero cada vez que amenaces con romperme de nuevo la nariz -Se burló.

La facilidad con la que se metía bajo su piel y hacía que su nariz soltara humo era extraordinaria.

-Solo intentaba mejorar la genética estética de los Malfoy -Respondió.

No se esperó que le lanzara una sonrisa torcida y la contemplara con más diversión aún.

-Hoy no parecía molestarte... Mi genética Malfoy -Se metió las manos en los bolsillos aún con esa sonrisa. Rose frunció los labios. -Puedo darte una foto para que me sigas contemplando, Weasley.

El rubor se fusionó con el color de su cabello. Tuvo que darse la vuelta de golpe porque no podía aguantar que Scorpius viera que se había enrojecido. Comenzó a abandonar la biblioteca.

-No te hagas el valiente, Malfoy... O también tendrás que salir huyendo de aquí.

¿Tenía que tener la última palabra? Elemental, querido Malfoy.

Incluso si acababa de darse cuenta de que había insinuado que si seguía hablando así, ella le besaría... ¡LO CUAL NO OCURRIRÍA NUNCA! Solo quería que Scorpius Malfoy enrojeciera aún más que ella. Se giró para verlo andar apresuradamente hacia ella. Y seguía con esa sonrisa torcida. El muy imbécil.

Ojalá no tuviera tantas cosas sobre sus manos. Porque se merecía otro puñetazo para hacerle desparecer esa sonrisa.

-¡Weasley!

-¡Weasley! ¡Una Weasley ha venido a vernos...!

-¡En cuanto salga de aquí...!

-¡Vamos, Weasley, acércate...! ¡No muerdo!

-¡Weasley!

-¡La hija de Percy Weasley!

-¡Weasley! ¿También traicionarás a tu familia como papaíto...?

En la Academia de Aurores podrían haber avisado a Lucy Weasley de aquello. Era evidente que el resto de los Aurores que estaban entrenando como ella no sufrirían aquella tortura. Más su cabello pelirrojo y sus distinguidos rasgos la habían delatado. El rumor de que una Weasley había tenido que hacer una ronda de entrenamiento en Azkaban había cundido como la pólvora.

-¡Tu padre trabajó para mí...!

No bajó la cabeza ni un instante. No se dejaría llevar por los sentimientos que podían acomodarse fácilmente sobre su pecho y no dejarla respirar.

-¡Tu padre debería estar aquí con nosotros...!

Una cosa que sí que le habían aconsejado fue no pasearse por la zona de los mortífagos prisioneros de la Segunda Guerra Mágica. Pero debía hacerlo si quería llegar a su objetivo de aquel día. Un objetivo que nadie del Departamento de Seguridad Mágica podía saber. Que solo le había revelado por encima a Xavier Reyes, su compañero de la academia. Un antiguo Hufflepuff que había perdido a su mejor amigo en su última misión.

-¡Percy Weasley fue un gran mortífago...!

No había dudas. Habría sido mucho menos difícil visitar el área en el que estaba prisionera su tía Ginny. Pero tenía una responsabilidad que no podía negar. Ellos confiaban en ella. Por fin confiaban en ella.

-¡Tú deberías haber nacido en Azkaban...!

Fue Marrs quien le explicó todo lo que estaba destinado a ocurrir en una carta. Y quien le pidió que tuviera cuidado si creía que podía hacerlo. Ir allí era mucho menos peligroso que trabajar para Edward Whitehall.

Reyes abrió la celda. Los otros Aurores habían confiado en ellos. Les habían avisado que hablarían con aquella presa. Por motivos diferentes a los reales. Lucy Weasley entró y cerró la celda tras ella. Se quedó en la zona en la que -aún dentro de la celda -aquella joven esquelética no pudiera aproximarse a la Auror.

-Muffliato -Conjuró Reyes.

-Hola, Imogen -Saludó Lucy Weasley. -¿O debería llamarla Delphini? -La muchacha se encogió sobre sí misma encima de aquella aparantemente incómoda cama. -¿Qué prefiere?

Parecía como si llevara mucho tiempo sin hablar.

-Imo... Imogen... -Su voz rasposa sonó temblando. -Siempre he sido Imogen.

Lucy Weasley entrecerró los ojos.

-¿Desde cuándo sabes que eres la hija de Lord Voldemort? -Comenzó el interrogatorio de forma ofensiva. Cuanto antes acabara con aquello, antes salía de aquel sitio.

-No sé cuánto tiempo llevo aquí -Respondió a duras penas. -No... No lo sabía... Lo dije... Lo dije... Creía que era la hija de mis padres... La hermana de Tiffany... -Sollozó.

-Rodolphus Lestrange la escondió en aquel pueblo muggle de Normandía... Donde el Ojo masacró a todos sus habitantes para encontrarla a usted -Recordó Lucy Weasley. Era lo que había escrito Alexander Moonlight en su último informe. El cual había conseguido gracias a su prima Dominique Weasley. Uno de los motivos por los que la convivencia no iba tan mal en los últimos días. -Y erigió su Palacio de Hielo allí... Porque fue donde la sangre de Morgana y Salazar Slytherin nació. La sangre del Sacrificio...

-¡No sé nada de eso! -Exclamó la muchacha entre sollozos. -¡Mataron a mi familia! ¡Mataron a Olivier! ¡Me encerraron en un hospital...! ¡Me secuestraron...! ¡Y ahora me han metido en la cárcel! ¡Pero yo no he hecho nada!

Espetó aquellas palabras con rabia. Todo lo que decía coincidía con lo que había ocurrido. Pero nadie se fiaba de ella. ¿Quién iba a confiar en la hija de Lord Voldemort y Bellatrix Lestrange? ¡Podía estar mintiéndoles a todos! ¡No había lugar para dudas!

Su aspecto, no obstante, apoyaba su historia. Su cabello platino era tan largo como su estatura y se posaba en su cama como una manta. Su rostro era anguloso. Los huesos le sobresalían de la cara. Su pálido cuerpo estaba cubierto con una fina túnica negra. La joven miraba a Lucy Weasley con temor.

-¿Por qué el Ojo te dejó marchar? -Le preguntó.

-¡No lo sé! -Exclamó cansada. -Octavio me hechizó para que dijera la verdad sobre mi identidad...

-¿Por qué haría eso?

-¡Para torturarme! ¡Lo primero que hicisteis al saberlo fue arrojarme aquí como si fuera una criminal! ¡Pero yo no he hecho nada! ¡No podéis juzgarme por lo que hicieron unas personas que ni siquiera conozco...!

-Esas personas son tus padres -Recordó Lucy. -Te despojaron de la magia de una forma cruel tal y como dicen las profecías... Esas personas te hicieron ser el Sacrificio que necesita el Ojo para hacer que Morgana vuelva... ¡Esas personas mataron a mi familia!

No esperó gritar aquello. Tampoco esperó que la presa se mordiera el labio y ocultara su rostro en su pelo mientras temblaba. ¿Qué torturas habría soportado aquella muchacha? ¿Y si tenía razón? ¿Y si decía la verdad y era una simple víctima de todo aquello tras unas barras que no habían pensado ni un instante en su inocencia?

Había sido drogada con Veritaserum y aquello era lo que les había dicho. Pero nadie en el Departamento de Seguridad Mágica confiaba en ella. El Minsitro de Magia había aceptado aquella medida. No tenían más pruebas contra ella que su sangre. Pero era la sangre de Lord Voldemort. Y era el Sacrificio. Los magos y brujas superiores de Lucy Weasley la habían encerrado por miedo. La temían incluso si no había hecho nada. Aquello también había pensado ella sobre Morgana. Quizás aquella era la maldición de su descendencia. ¿Y si Cornelia Brooks solo había tenido suerte por haberse ganado el corazón de su primo? ¿Qué hubiera pasado en caso contrario? ¿Estaría en una celda contigua?

-No he hecho nada... -Susurró. -No he hecho nada... No sé quién soy... No sé por qué estoy aquí...

Su mantra irritó a Lucy Weasley. No porque la molestara. No porque, según el Ministerio, estuviera mintiendo. Sino porque Lucy Weasley había tenido que estudiar en la Academia de Aurores principios que no estaba viendo cómo se cumplían. La presunción de inocencia. No juzgar a una persona por lo que su familia hubiera hecho si esa persona era inocente. Por esa norma, ¿no debían estar allí los Malfoy? Incluso el amigo de su primo Albus debería estar allí si se aplicaba la misma regla que se había aplicado sobre Delphini Riddle.

-Crearé un nuevo sistema de justicia -Le dijo a la joven, quien había optado por taparse los oídos con sus dedos y balancearse de un lado a otro. -No permitiré que esto vuelva a pasar -Suspiró.

Se marchó de la celda. Su primo Hugo -a través de Marrs -le había pedido que investigara más acerca del Sacrificio. Lucy Weasley -tras tener su expediente y una charla con ella -llegó a una conclusión. Si lo que las profecías buscaban era un alma atormentada que hubiera sido despojada de la magia y de todo Amor... No solo había sido el Ojo, sino también el Temple, los que habían contribuido a crear aquella criatura.

Y aquello enfureció a Lucy Weasley. Ambos bandos estaban equivocados. Ambos bandos actuaban mal. Si todo aquello acababa, Lucy Weasley se prometió así misma acabar con aquel tipo de injusticias.

-Te ayudaré -Le sorprendió Reyes, cuando salió de la celda con fuego en la mirada. Lucy Weasley se mordió el labio. Su compañero había debido oir todo aquello. Había conjurado el Muffliato, pero él también estaba dentro. -Hearst murió por el egoísmo de un Auror de nuestro propio bando... Te ayudaré a crear un sistema en el que haya justicia de verdad.

Lucy Weasley asintió.

Para ello, primero debían ganar la guerra. Pues si no la ganaban, el concepto de "justicia" se extinguiría para siempre.



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