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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 28: 14 de febrero
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(V) Capítulo 28: 14 de febrero

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


El Día de San Valentín era una ocasión que se celebraba el 14 de febrero tanto en el mundo muggle como en el mundo de los magos. Era el día tradicional en el que la gente expresaba su amor por el otro, particularmente el amor romántico, enviando tarjetas de San Valentín, presentando flores u ofreciendo dulces.

-Pérdoname, voy a vomitar -Lola Brooks teatralizó su opinión acerca de aquel día mientras seguía el camino de Hogwarts hacia Hogsmeade con sus nuevos amigos.

Lo peor había sido la decoración que había elegido la Premio Anual y el personal del periódico de Hogwarts en el Gran Hall. Decorado con grandes y espeluznantes flores rosas. El confeti en forma de corazón caía del techo azul pálido. También habían contratado a una docena de enanos con alas doradas y arpas para que parecieran cupidos -la esclavitud de las especies... ¿No estaba eso controlado?  Durante todo el día, los enanos irrumpieron en las clases para entregar las tarjetas de San Valentín. Una absoluta molestia para la mayoría.

Ninguno de sus amigos había recibido una carta -excepto Rose Weasley por parte de admiradores que, según la pelirroja, simplemente querían tener una cita con la hija del Trío de Oro. Lola había cogido del brazo a Rose Weasley. Ella compartía su opinión acerca del exceso de la decoración. Cornelia Brooks y Frank Longbotton iban detrás de ellos hablando sobre trivialidades -rutina desde que su hermana se enteró de la peor noticia del universo. Estaban destinadas a ser las anfitrionas del Retorno de Morgana. James Sirius Potter y Richard Carter también se habían unido a su incursión en el ostentoso mundo de un Hogsmeade en San Valentín. Habían decidido que pese a no tener ninguno una cita, irían todos como amigos a las Tres Escobas.

Refraseando aquello, también significaba que James y Cornelia no querían hacer lo suyo oficial. Lola Brooks quería entenderlos. Sí, sería un marrón que el Ojo supiera que Cornelia era la Portadora. Y, muy probablemente, el Ojo quisiera raptarle e ir a por ella aún con más ansias que como lo habían hecho durante décadas en la persecución de Ivone Donovan. A ella también la querrían tener. Y, si el Ojo ya había intuido que James Potter era quién decía ser... Verlos junto sería una suma de lo más sencilla.

Pero, incluso si no lo habían hecho oficial, era evidente lo que el uno sentía por el otro.

No sabía si había sido el objetivo de James Sirius Potter, pero, cuando nadie creía que les veía, flirteaba con su hermana. Tonteaba con ella como esa arrogancia y superioridad que solo podía detener Cornelia Brooks. Y Cornelia Brooks se pasaba todo el día irritada, frustrada y resoplando. Decía que estaba preocupada por todo lo que habían descubierto -lo cual era cierto. Todo el mundo lo estaba. Nadie hablaría de ello hasta que no fuera necesario. Y no todos los Guardianes lo sabían -solo Hugo Weasley, Scorpius Malfoy, los hermanos Scarmander, James Sirius Potter, Frank Longbotton y ellas. Por ahora. Pero los síntomas que mostraba su hermana eran otra cosa muy diferente.

Tensión sexual no resuelta.

Juraría que los juntaba en un armario de escobas y los encerraba allí hasta que hubieran acabado sin saliva. Y sin otro tipo de cosas. ¿En serio creía que estaban haciendo un buen trabajo ocultando su evidente atracción? Rose Weasley le había dicho a Lola que como no pidiera una cita a Cornelia para San Valentín, irían todos juntos para acompañarles.

Por esa razón, fueron todos juntos.

Sororidad de hermanas.

-¿Cuántas parejas nuevas crees que veremos? -Le preguntó Rose Weasley, entrecerrando los ojos.

¿Esperaba ver alguna pareja nueva? ¡La tenía a ella delante! Y, si Rose Weasley finalmente la aceptaba a ella, ella y Lola podrían ser otra pareja. Sinceramente Lola pensaba que no podía haber mejor pareja que ellas en Hogwarts. El mundo las temería.

-Quizás la gente se piensa que vamos juntos, Rose -Se burló Rick Carter.

La opinión de Lola Brooks sobre el atractivo Richard Carter era la siguiente: mucho músculo en todos sitios menos en el cerebro. Era una especie de oso amoroso leal que cabalgaba junto a sus amigos buscando un poco de amor. Sería el típico muchacho que, en su etapa de encontrar su orientación sexual, Lola habría perseguido solo por su atractivo.

-Más bien pensarán que Longbotton y Brooks están juntos otra vez -Terció Rose Weasley. Lola rodó los ojos. Oh, sí, Hogwarts, ignorando por completo la relación entre James y Lía, seguían pensando que el súper atractivo hijo del director y su hermana seguían juntos debido a los rumores del año anterior. -Sabéis que tengo razón.

Por desgracia, era muy probable que la fiera y furia de Gryffindor tuviera razón.

-Me encargaré de que no opinen eso -Susurró James al lado de Lola con una sonrisa torcida. Volvió a rodar los ojos.

-¿Y cómo? Si ni siquiera le has pedido una cita para que cambien de opinión -Le espetó. No había ocultado su opinión. Le había dicho a James Potter, en más de una ocasión, que hiciera aquello.

El muchacho sonrió tímidamente.

-¿Quién ha dicho que nunca le he pedido una cita?

Lola se giró bruscamente para encararle. Le dedicaba una de sus sonrisas de superioridad. Ofreciéndole un secreto que su hermana había pasado por alto. ¿Habían tenido una cita y Lola Brooks no lo sabía? ¡Pero qué clase de hermana era Lía! Su pequeño arrebato de decepción, furia y una pizca de felicidad por ellos se disipó en cuanto entraron en las Tres Escobas.

El modo "Reina Cotilla" había sido activado.

Si bien las clases a las que acudía con los Ravenclaw ocupaban parte de su rutina en Hogwarts, al no poder hacer magia habían optado por sustituir lecciones como Encantamientos, Defensa Contra las Artes Oscuras y Adivinación por tiempo libre. Al principio no le improtaba porque tenía todo un castillo que inspeccionar. Y se había ofrecido voluntaria al Señor Flinch para ayudar a mantener a los más traviesos a raya. Solo porque quería saber qué hacían los magos y brujas para recibir una detención. ¡Eran tan creativos!

Pero, desde que se enteró de que su hermana y ella eran las destinadas a facilitar el Retorno de Morgana,... Sentía la necesidad de distraerse al completo. O se enloquecería. Debía tener algo que la distrajera a todas horas. Para no pensar en aquello. Su hermana tenía los exámenes del E.X.T.A.S.I.S. Ella debía buscarse algo diferente.

Así que interrumpió una reunión del Diario del Castillo y se propuso a sí misma como nueva redactora. Para el Calderón del Cotilleo. De ese modo, podía evitar que su hermana y James acabaran allí. Era la Reina Cotilla. Firmaba sus artículos con ese nombre. Solo los hijos de muggles la entendían. Era una redactora anónima que solo conocían Claire Jenkins, Bárbara Coleman y Colin Creevey, el Comité Directivo del Diario. No les había dicho a sus amigos que era ella la que había dado una vuelta a todos los rumores del castillo. Ella tenía tiempo para observar a los demás. Y, definitvamente, nunca se equivocaba con sus predicciones. ¡Quizás era una muggle vidente!

Aquel día estaba de misión. Tenía que vigilar una serie de citas cuyos rumores se habían extendido por todo el castillo. Sus lectores querían saber más sobre a quién llevaría Peter Greenwood a Hogsmeade aquel año. Deseaban confirmar que Felicia Belby y Peter Glyne estaban juntos de verdad. Saber la orientación sexual de Hugo Weasley... Y con qué Scarmander acabaría. Indagar en la extraña relación de Albus Severus Potter e Isabella Zabini. Los rumores entre Camrin Trust y Sebastian McKing. Conocer más sobre la supuesta cita entre Bárbara Coleman y Scorpius Hyperion Malfoy. Leer que Marc McLaggen había engañado a Irina Oppelheim con Sophie Thomas. Y un sinfín de anotaciones más.

Carter, James y Rose fueron a por las cervezas de mantequilla de los demás mientras Lola Brooks se sentaba al lado de Frank Longbotton y barría con su mirada el local con objeto de encontrar material para su artículo. Se guardó varias notas mentales. Sabía que la mayoría de las citas más oficiales estarían en Madame Pudifoot. Más se negaba rotundamente a entrar en aquel antro vomitivo. El color rosa le dañaría la piel. La vista. Y le haría vomitar de verdad.

La cerveza de mantequilla se posó en frente de ella y le dio las gracias rápidamente a James, antes de seguir observando a los clientes. James se sentó en frente de Cornelia, quien estaba en el otro lado de Frank. Carter se sentó al lado de James y Rose acabó en frente de Lola. Al menos, tendría buenas vistas en aquel San Valentín.

Rose Weasley abrió sus ojos como platos al ver lo mismo que estaba contemplando Lola Brooks con suma delicadeza. Apuntó notas mentales de aquello.

-No me puedo creer que hayan hecho eso -Susurró. Intuyó un tono de orgullo en su voz. Lo cual no encajaba con lo que acababa de decir. Tal vez sí. La pelirroja vio la mirada inquisitiva de Lola. -Llevan liándose en armarios de escoba todo el año... ¡Podrían haberme avisado que lo iban a hacer oficial!

-Y yo creía que Camrin me estaba diciendo que no estaba con McKing porque quería mantenerlo en secreto...-Se burló Carter. Suspiró y negó con la cabeza. -Y también creía que McKing sentía algo por Potter...

-¡Ew! -Dijo sin ningún tono maduro James Potter.

-Se refiere a Lily, imbécil -Espetó Rose Weasley rodando los ojos.

-Peor aún -Expresó James antes de dar un sorbo a su cerveza. -Mi hermana está fuera de los límites de cualquier espécimen humana -Les amenazó.

-¿Malfoy no entra dentro de la espécimen humana? -Se burló Frank Longbotton.

James pareció pensárselo. Lola había aprendido que el joven y apuesto Scorpius Malfoy siempre invitaba a Lily Luna Potter a todos los bailes. Desde el punto de vista de Lola Brooks, no veía ningún tipo de atracción entre esos Gryffindor. Más bien, se comportaban como si fueran hermanos. Scorpius Malfoy era el mejor amigo de su hermano Albus. Y la trataba igual que el Slytherin. En más de una ocasión, les había visto hacer deberes juntos en la Sala Común sin que las chispas saltaran como lo hacían cuando James y Cornelia estudiaban juntos al lado de Lola.

-Malfoy es un Potter más -Dijo finalmente James.

-¿Desde hace cuánto has visto a Greenwood y McKing juntos, Rose? -Le preguntó Lola.

Rose parecía haberse escapado de la conversación en sus propios pensamientos. Pero sabía que la había escuchado y que estaba formulando una respuesta adecuada en su cabeza. Calculando quizás los meses.

-Creo que la primera vez que los vi fue en septiembre...-Le comentó. -Pero nadie más lo sabe.

-¿Ni siquiera sus amigos? -Preguntó Lía.

-Nope -Se encogió de hombros.

Por lo que llevaban meses en las sombras. ¿Por qué? ¿Por qué se ocultarían? ¿Era Hogwarts tan cerrado de mente como para ocultar una relación homosexual? Recordó la historia que le contó Lía sobre un Weasley y un Slytherin de hacía un par de años. Sin embargo, no creía que fuera por ese motivo. Se guardó la nota mental de interrogar a Greenwood -y aprovechar para proponerle una colaboración en el Diario del Castillo.

-Desde luego, tu hermano tampoco lo sabía -Se rio Lola Brooks.

Lo mejor de ver a Peter Greenwood y Sebastian McKing besándose sin pudor en un rincón alejado en las Tres Escobas, fue ver la reacción del amigo del último. Hugo Weasley parecía no poder apartar la mirada de la pareja. Sentado en frente de los hermanos Scarmander, el muchacho tenía las mejillas encendidas y la nariz arrugada. Y se enrojeció aún más cuando -la niña más dulce que Lola Brooks jamás había conocido -Lyslander Scarmander le limpió la espuma de la cerveza que se había quedado sobre la parte superior de sus labios. Aquello fue de gran interés para Lola Brooks.

El Ravenclaw había pillado  Rose Weasley y a Lola Brooks riéndose de él. Frunció el ceño. Se incorporó de su mesa. Y se aproximó a la mesa de los jóvenes que habían empezado a corear una carcajada en torno al hermano pequeño de Rose.

-¿Sorprendido por las noticias? -Se burló su hermana.

Lola Brooks vio cómo Lyslander y Lorcan Scarmander habían seguido al Ravenclaw. Lorcan pagó las cervezas a Madame Rosmerta. Y Lyslander se acercó a ellos.

-¡Hola! -Todos la saludaron con el mismo entusiasmo que ella desprendía. -¿No es curioso lo mucho que podemos aprender este día?

Se carcajeó. Oh, Lola adoraba a esa muchacha.

-Vaya, Huguito, cualquiera diría que estás celoso -Se burló James.

El aludido rodó los ojos.

-Es simplemente algo que no ha podido predecir -Informó Lorcan, con una sonrisa.

-No es como si fuera algo que debiera ser abordado como un misterio. No es vital para la guerra... -Comenzó a excusarse el muchacho.

-Quizás no eres tan listo como piensas, señor Hugo Weasley -Le interrumpió con una afable sonrisa Lyslander Scarmander.

El muchacho se sonrojó de nuevo. Lola podría estar todo el día siguiendo a esta niña y nunca se cansaría de tener ganas de aplaudir todo lo que decía. Solo por ella no pensaba poner que Hufflepuff apestaba. Bueno, y el Dios del Sexo Masculino -Frank Longbotton -también era Hufflepuff.

-Mentiras -Dijo con una ceja alzada hacia Lyslander. Aún con el rubor que le llegaba hasta el extremo de sus orejas.- Soy un maldito genio. ¿O es que no te has enterado?

Pero Lysander le dio un golpecito en el hombro y se marchó con su hermano fuera de las Tres Escobas. Lola y Rose no pudieron detener su risa. Fue acompañada del resto de sus amigos. Hugo gruñó algo y se marchó tras sus amigos.

-Tu hermano es muy listo...-Murmuró Carter. -Pero le hace falta un par de lecciones en otras áreas del conocimiento.

Todos se rieron ante aquella observación.

-Es exactamente igual que mi padre -Sacudiéndose la cabeza, Rose Weasley le dio otro sorbo a su cerveza. -Vaya, no sabía que Albus iba a seguir con su plan...

Al decir aquello, todos se giraron para ver a Isabella Zabini entrar en las Tres Escobas con Albus Severus Potter. Todo el local se giró para verlos. Ellos parecían ajenos a las miradas. Había una extraña amistad entre ellos. Pero nada más. Quien conociera un poco más a los Potter, lo sabría. Y ella conocía a Albus desde que iba a su casa cuando eran vecinos y ella vivía con Julie Morgan.

Y, por otro lado, Lola Brooks también sabía que Albus Potter no era el tipo de Isabella Zabini.

-Solo lo hace para ayudarla -Comentó Lía, recordándoles a todos la bondad del Slytherin.

Lola, no obstante, intuía que había algo más detrás de todo aquello que a ella se le escapaba. Y supuso que tenía que ver con todo el asunto de Edward Whitehall y la pureza de sangre. Y el Ojo, siempre presente.

-Además, mi hermano está enamorado de Alice -Dijo James, con cierto orgullo.

Frank Longbotton -oh, sí, el hermano de Alice, claro -carraspeó la garganta.

-Más le vale -Susurró Rose Weasley.

-¿Cómo te sientes al respecto, Longbotton? -Preguntó sin tapujos Carter.

El joven ex Hufflepuff lanzó una mirada de advertencia a James Sirius Potter.

-Mis hermanas lo son todo para mí y, si le hacen daño, no dudaré en utilizar armas muggles -Dijo con calma, mientras James tragaba saliva con dificultad.

Rose y Lola se rieron por lo bajo. Podía escuchar a su hermana Lía rodar los ojos desde la otra punta de la mesa. Carter sonrió con suficiencia como si su trabajo allí estuviera hecho.

-Oh, ¡mirad quién acaba de llegar de su cita en Madame Pudifoot! -Se burló Lola Brooks.

-¿De veras Malfoy ha estado en una cita con Coleman? -Preguntó extrañado James Potter.

-¿En serio? -Musitó Rose Weasley alzando la mirada para ver al joven sacudirse la nieve de sus hombros.

Scorpius Malfoy saludó con un asentimiento a la mesa en la que se encontraban. Sin sonreír ni nada. Mientras se quitaba la mancha roja de sus labios con el puño de su jersey verde. Era un movimiento bastante atractivo y Lola se quedó impregnada en lo apuesto que era.

-El carmín en su boca lo delata -Se rio Frank Longbotton.

-Y solo Coleman sería del tipo que marca su propiedad con pintalabios -Apoyó Lola, asintiendo.

Carter negó con la cabeza. A Lola le divertía cómo Carter seleccionaba a sus amigos. Era un joven muy social. Pero había personas con las que no hablaba, pues, simplemente no les caía bien. Era curioso ver cómo su mejor amiga parecía ser Camrin Trust y, la mejor amiga de esta, era Bárbara Coleman -a la que ninguno de aquella mesa solía tratar como una amiga.

-¿Y Trust? Ahora que ya sabemos que no está con McKing -Cuestionó Lola.

-Está en un cita con Luke Thomas -Informó Rose Weasley, su mirada y mente claramente en otro sitio. Lola esbozó una sonrisa de suficiencia ante aquello.

-¿Thomas? Pero si es un imbécil -Interpeló James.

-Se podría decir lo mismo de ti, James -Le espetó su prima. -Será que le van los imbéciles.

Oh, sí. Camrin Trust -la Guardiana del equipo de Quidditch de Gryffindor y la muchacha más amable que Lola había conocido en la Torre de Gryffindor -era la ex de James Sirius Potter. Algo que tenían en común. Y Frank Longbotton le había contado la naturaleza de su ruptura y su relación. No fue la época dorada de Potter, desde luego.

-¡Eh! -Se quejó James. -¡Thomas es peor que yo!

-No es cierto, James -Insistió Rose Weasley. -Solo porque quiera ser Auror y su padre saliera con tu madre en Hogwarts no te da derecho a odiarle sin motivo.

Aquello pareció enmudecer a James. Lola no pudo evitar seguir a Carter riéndose.

-Podría ser peor, Potter -Adviritió, de repente, Frank. -Podría querer salir con tu hermana.

Lola no pudo evitar soltar una carcajada. James soltó algún comentario que solo lo escuchó el otro extremo de la mesa. Cornelia suspiró. Carter siguió riéndose. Frank siguió sonriendo triunfante. Y Lola Brook vio que Rose Weasley bebía en silencio su cerveza de mantequilla. Su humor había cambiado a un modo más silencioso.

-¿Tú no tienes novio, Rose? -Preguntó Lola a Rose Weasley.

Está se retiró la abundante melena de sus hombros. Toda la mesa esperó la respuesta. James Potter, cuyo sistema de protección de las mujeres de su familia era fallido a cada decisión que tomaba al respecto, se incorporó sobre la mesa para verla mejor.

-¿Qué? -Parece mortalmente ofendida ante la pregunta de Lola. Ignoró las ansias de conocimiento de sus amigos. -¿Parezco de la clase de chica que tendría un novio? ¿Acaso no me conoces?

Bueno, era cierto que había escuchado las historias que el propio Carter le había contado en alguna ocasión sobre lo impenetrable que era el corazón de Rose Weasley. También había presenciado cómo había rechazado varias proposiciones de citas a Hogsmeade como si fueran pelotas de tenis. Verdaderamente, sintió mucha pena por el muchacho de Ravenclaw -un tal Elias Heisenberg que incluso le había llevado flores.

Lola tenía una teoría al respecto.

-¿Y novia? -Inquirió con una ceja alzada.

James y Carter derramaron su cerveza de mantequilla sobre la mesa.

-¡...Me ha atacado! -Se defendió su mejor amigo.

-Oh, sí, ya veo que ha dejado su marca...-Se burló Albus Severus Potter.

Tras haber recibido una gran sorpresa cuando Peter Greenwood reveló el nombre de su cita... Y Scor le dijo que ahora todo tenía sentido -la cercanía a McKing desde meses y su amistad con él. La siguiente sorpresa llegó de la mano de Scorpius Malfoy. No era que pensaba que su amigo no podía tener citas en San Valentín. ¿Por qué no iba a hacerlo? Él lo habría hecho con Alice si hubiera podido. Quería lo mismo para su mejor amigo. Pero, ¿Bárbara Coleman?

Albus no entendía por qué su amigo había ido con la muchacha que llevaba detrás de él desde que pisó Hogwarts. Lo había escuchado quejarse de ella en varias ocasiones, ¿no? ¿Por qué? Bella Zabini le había dicho que serían las hormonas. Y Albus no podía ocultar su decepción. Intentaba camuflarlo en ese momento con bromas.

-Malfoy, ¿qué esperas que haga en una cita? -Insistió Zabini.

Defendía el hecho de que Barbara Coleman se hubiera sentido legitimada a besarle -"robar su primer beso" -en aquella cita.

-¡No sé! ¿Conocernos? ¡Ni siquiera sé si me gusta! -Se escudó en su cerveza de mantequilla y miró a un punto detrás de Albus.

Scor estaba sentado al lado de Zabini y en frente del joven Slytherin. Resoplaba y había huido de su cita para estar con su mejor amigo. Quien le había prometido estar con Zabini en las Tres Escobas por si su cita salía mal. Por suerte, así fue.

-Si no sabes si te gusta, ¿por qué vas con ella en una cita en San Valentín? -Le cuestionó Zabini.

-No sé... Quería comprobar si...-Se pasó la mano por el pelo y se lo despeinó. Lanzó una bocanada de aire. Albus nunca había visto a su amigo tan...¿Perdido? Miraba a un punto fijo como si tuviera la respuesta. Albus se giró y vio que solo estaba la mesa de Greenwood y McKing en su campo de visión. Y la mesa en la que se encontraba su hermano, su prima Rose y el resto de sus amigos. También McLaggen y Oppelheim. -¿Quería darle una oportunidad?

Aquella respuesta sonó extraña para Albus.

-Ya -Dijo Bella, como si supiera algo que Albus no.

Le sonrió con cierta diversión. Pero Albus se había perdido en el mensaje telepático que su compañera de Casa le estaba tratando de enviar. Imaginó que Bella Zabini se dio cuenta de que Albus no funcionaba tan bien con indirectas. Por lo que rodó los ojos y sacudió la cabeza.

-Entonces...-Preguntó Albus. -¿Vas a quedar con ella otra vez?

-¡No! -Dijo asqueado.

-¿Y por qué no se lo has pedido a quién de verdad querías, Malfoy? -Inquirió Bella Zabini.

Albus arrugó el rostro y miró a Scor con cierta desaprobación. ¿A su mejor amigo le gustaba alguien y él no lo sabía? ¿Se lo habría contado a Greenwood? Cruzó los dedos para que no fuera su hermana, pues no estaba preparado para aquel tipo de revelación.

El muchacho simplemente rodó los ojos y se escondió en su cerveza de mantequilla.

-¿Cómo sabes que le gusta alguien? -Le preguntó Albus a Bella.

No recibió una respuesta.

-¿Jugamos a eso de dos verdades y una mentira? -Sugirió Bella Zabini, en cambio. ¿Qué pretendía? Albus y su mejor amigo compartieron una mirada de incomprensión.- Empiezo yo: Primero. Potter no se parece físicamente en absoluto a su padre -Los dos amigos se rieron inconclusos.- Segundo. Greenwood va a agotar los recursos de saliva del hijo del Ministro de Magia -Los muchachos volvieron a sonreír.- Tercero -Y se giró a Scor para decirlo. Su amigo apartó la mirada intensa de Bella Zabini.- Llevas todo el rato mirando a Rose Weasley.

Albus Potter escupió la cerveza de mantequilla sobre la mesa y tuvo que toser varias veces para no encharcar sus pulmones de alcohol.  

-Ahora que lo dices, tampoco es para tanto el parecido, ¿eh? -Se burló su amigo, evitando su mirada.

-¿Verdad? -Siguió Bella Zabini. Señaló entre Albus y Scor. -Quiero decir… Potter debería estar feliz porque su mejor amigo por fin no mirara como si quisiera matar a su prima favorita…

No supo cómo reaccionar ante aquello. Así que se quedó mudo. Mirando a su mejor amigo como si fuera un extraño ante sus ojos. ¿Lo sabía Greenwood? ¿Lo sabía Alice? Oh, Merlín. Alice le había dicho que "no creo que el hecho de que sean Prefectos juntos sea un problema... A no ser que acabe siendo un problema para ti". ¿Se refería a lo que ahora creía que se estaba refiriendo? Por Merlín, Alice sabía que él no tendría ni idea de aquello.

-¿La has estado mirando todo el rato? ¿Es cierto? -Interrogó.

-Albus… -Su rostro era como si le estuviera pidiendo disculpas.

-¿Entonces Coleman? -Seguía sin entender aquello.

Bueno, no entendía nada.

-Voy a ir al baño un momento -Dijo Bella Zabini.

Se levantó y los dejó a los dos solos ante aquella situación que ella misma había creado.

 -¿Esto es como cuando Peter hace conjeturas sobre Lily y tú, no?- Silencio. Albus derramó, de nuevo, la cerveza de su boca. Scorpius arrugó la frente con los dedos y se hundió en la silla. -¿Qué? ¡No puedes estar en serio…!

-¡Albus! ¡No! ¡Oh, por favor…! -Bajó el volumen. -No es nada y estaba mirando a la nada, no a ella.

Silencio.

Veía en sus ojos que era mentira. Lo pudo ver. Oh, Merlín, Salazar y Odín.

-¿Desde cuándo…?- Silencio. Ni siquiera podía mirarle a los ojos. -No es solo que te parezca guapa, ¿no? No es como Carter, ¿verdad? -Scor mira hacia otro lado. Albus había necesitado la ayuda de Bella Zabini para descubrir aquello. -No lo entiendo…-Algo hizo click en la cabeza de Albus. Después de todo, Scor era su mejor amigo y lo conocía muy bien. - Pero tiene sentido- Concluyó con cierta rabia.- Siempre has sido tú el que la ayudaba. O ella… En realidad… El Quidditch…

¿Cómo no se había dado cuenta antes? Había sido el único en darse cuenta de que Rose Weasley era la enviada por el Ministerio para proteger a los sangre pura e hijos de antiguos simpatizantes de Lord Voldemort. Albus no supo cómo lo averiguó. ¿Quizás era tan listo como demostraba académicamente? Pero ahora entendía que la justificación era que prestaba más atención de la que Albus creía a su prima favorita.

-Oh, Albus, para, por favor… -Su amigo estaría viendo su cerebro echar humo de tanto pensar.

Scor parecía dolido. ¿Por qué? ¿A caso no la odiaba? ¿No se quejaba siempre de ella? ¿O tal vez...?

-Oh, ¿tanto? -Sus ojos se dilataron más de lo que podían hacerlo físicamente.

 -No.

Albus tuvo que reírse porque ya no sabía si creerle o no. Y porque claramente aquel no podía descifrarlo hasta él -Albus Severus Potter, cuyo a cuyo mejor amigo le gustaba su mejor amiga y prima y él no había sabido verlo.

-Y creía que yo estaba jodido…-Resopló.- ¿Por qué no le dices nada? -Scor se rio sarcásticamente -Ah, claro, tienes que conciliar tu odio y su odio por ti…

Por fortuna, Scor ignoró su comentario.

-No puedes decir nada… Ni a Alice -Le rogó.

 -Amigo, intuyo que si esto te lleva pasando un tiempo, Alice ya lo sabe…-De hecho, Albus creía que Alice Longbotton estaría, en ese instante, descojonándose porque Albus no lo hubiera sabido antes. Pero, ¿qué sabía Alice exactamente? También era la mejor amiga de Rose Weasley.- ¿Crees que Rose…?

No le dio tiempo a finalizar la pregunta.

-No -Dijo tajantemente.

-Oh… ¿Seguro? Suenas demasiado convencido.

Scor vaciló. Albus, en su lugar, no se habría detenido en mostrar sus sentimientos o hacerlos evidentes. Alice, afortunadamente sabía leerlos muy bien. Pero Rose Weasley era muy distinta a Alice Longbotton. Y su opinión acerca de Scorpius Hyperion Malfoy era comúnmente conocida.

- ¿Sabes cuál es el Patronus de Rose, Al?

¿A qué venía aquella pregunta? Rose Weasley no podía producir Patronus. Todos lo sabían. Bueno, podía convocarlo y le daba vergüenza hacerlo, tal y como le confesó una vez. Más después le declaró que ya no podía convocarlo. ¿Cómo sabía Scorpius aquello?

Albus no lo sabía pero intuía que le iba a explotar la cabeza.

Solo se le vino una posibilidad a la cabeza. La astucia de los Slytherin a veces le sorprendía bajo su propia piel.

- ¿Un dragón?

No podía ser, ¿no?

No obstante, Scor suspiró. Y  asintió. Se mostró derrotado. Vulnerable. Y con cierta rabia en sus ojos. Como si aquello que estaba confesando de forma indirecta no pudiera controlarlo y quisiera que despareciera.

Albus, sorprendiéndose a sí mismo, sonrió. Como si fuera Navidad, tuviera siete años y le hubieran regalado una escoba. JO. JO. JO.

-No dirás nada, ¿verdad? -Le hizo prometer Scor.

Él negó con la cabeza. Justo a tiempo de que Bella Zabini se incorporara de nuevo a ellos. Albus le sonrió agradecido. Scor no estaba tan agradecido. Hablaron durante una media hora hasta que Albus recordó... Que él también tenía una cita -verdadera -aquel día. Se despidió de Scor y de Bella. Se paseó por la mesa de Greenwood para indicarle con los pulgares hacia arriba que apoyaba aquello. Y se despidió colectivamente de la mesa de su hermano, intentando que no se notara que seguía atónito ante la pequeña revelación de Scorpius Malfoy.

Salió de las Tres Escobas y se dispuso a acudir al callejón donde había quedado con Alice Longbotton. Se sentó sobre un contenedor. Y esperó. Esperó pensando en su amigo Scorpius Malfoy. ¡Claro que tenía sentido! ¡Scor siempre había acabado ayudando a Rose en todas sus pequeñas misiones! Utilizó su habilidad de Aparición con ella la primera vez, en lugar de con su mejor amigo -pese a que por, estaba más cerca de ella, y eso era lo que habían dicho. La llevó a la Mansión Malfoy -¡a su casa! -cuando fueron atacados en el Palacio de Hielo la primera vez. Eran los mejores cazadores que Hogwarts había conocido desde generaciones atrás. Todos admiraban su compenetración. Y Scor siempre parecía demasiado herido cuando Rose Weasley le insultaba, le maldecía o le recordaba que no confiaba en él por ser un Malfoy.

Necesitaba hablar con Alice sobre aquello. Seguramente habría más cosas que se le habían escapado. Miró su reloj de la muñeca. Alice llegaba tarde. Aquello le preocupó. De repente, todo su entusiasmo por Scor se esfumó.

¿Le habría pasado algo a Alice? Se habían comunicado por carta. Albus, desde Navidad, no comunicaba nada a Whitehall. Lo cual repercutiría de algún modo. Más quería asegurarse de que a Alice no le pasara nada. Esperó casi una hora en la que los pies se entumecieron del frío.

-Potter.

Una figura se apareció en el otro extremo del callejón. Una figura que no era Alice Longbotton. Albus Severus Potter sintió una presión inhumana sobre el pecho. Se acercó a Renata Driggs violentamente y la cogió de las muñecas.

-¿Qué le habéis hecho? -Rugió.

Renata Driggs negó con la cabeza. Se apartó bruscamente de él y le lanzó una mirada de desaprobación.

-Whitehall se la ha llevado -Informó. -No pudo escapar, Potter. La han capturado.

Albus dio un puñetazo en el muro y se reventó los nudillos. No se quejó del dolor.

-¿Por qué me lo cuentas?

-Porque tú eres el único que puede asegurarse de que está bien -Le recordó.

-¿Qué ganas tú con eso? -Le espetó. No confiaba en Driggs por muchos buenos atributos que tuviera Alice sobre ella.

-Asegurarme de que mi Hunter Avery sigue vivo -Le respondió con firmeza.

Albus Potter asintió. Aceptaba aquello. Y sabía que era cierto, pues recordó que Alice le había contado algo de la relación de Driggs y Avery. Albus había detestado a los dos mientras estaban en Hogwarts. Jamás los habría ayudado voluntariamente. Pero tampoco habría tomado una cerveza de mantequilla con Isabella Zabini, ¿no?

-No sé si Whitehall me dejará entrar en Azkaban -Se lamentó.

-Tienes una madre allí, ¿no? -Le recordó.

El joven asintió, justo cuando Renata Driggs volvió a desaparecer.

Se ajustó la camisa que se había puesto pensando en un San Valentín con Alice. Ya que iba a verla, al menos, podría arreglarse un poco. Ni siquiera se había peinado aquel día -no serviría para nada. Pero sabía que a Alice le gustaba su pelo así. Y le había traído guardada con un Encantamiento para encoger en su túnica, uno de los jerséis de Navidad de su abuela Molly que siempre reservaba para Alice. Y que él le pidió que lo hiciera. Porque quería que, estuviera donde estuviera, Alice se sintiera arropada.

Ahora Alice Longbotton estaba en Azkaban. Y él en un callejón esperándola en vano, con un jersey para arroparla en la distancia. Se sintió horrible. Saber lo que podría estar pasando Alice le hervía la sangre. Todo su cuerpo temblaba  solo de saberlo.

Sabía que no podría Aparecerse directamente en Azkaban.

Pero, incumpliendo reglas básicas de Hogwarts que más tarde caerían sobre él, se Apareció en el Departamento de Seguridad Mágica -pues tenía libre acceso gracias a su padre. Y, quitando a las personas que le impidieron el paso al reconocerlo, se dirigió al despacho de su padre.

Sin aire, con la sangre bombéandole los oídos, irrumpió en el despacho de Harry Potter. El hombre dejó el informe que tenía en las manos. Subió las gafas por el puente de su nariz. Y frunció el ceño ante su hijo -quién debería estar en Hogwarts.

-Alice... Whitehall...-Balbuceó. Aún mareado por la Aparición no tan controlada. -Whitehal se ha llevado a Alice.

Esperó que su padre ese levantara y le llevara a Azkaban para salvar a su novia en aquel instante. Sintió los nervios a flor de piel. Ni siquiera supo cuándo había sacado su varita y la empuñaba con fuerza en la mano cuyos nudillos había reventado contra el muro.

Sin embargo, su padre se incorporó de su butaca. Se acercó a Albus. Lo acogió en un abrazo. Albus intentó zafarse. No. No. NO. ¡Debían ir a Azkaban! Se sacudió. Su padre intentó retenerlo en sus brazos.

-Si la apresado bajo la pretensión de que colaboraba con el Ojo...

-¡NO! ¡NO, NO, NO! -Rugió Albus.

-...No puedo hacer nada, Albus. Tengo las manos atadas.

-¡Eres Harry Potter! -Le acusó. -¡Claro que puedes!

Aquello ofendió a su padre. Lo retiró y le miró a los ojos.

-¿Crees que si pudiera hacer algo dejaría a mamá en Azkaban? -Inquirió. -¿Eso crees?

-¡PERO...! ¡NO! ¡Papá, es diferente!

Era diferente porque Alice podría morir si Whitehall usaba Veritaserum con ella. Y su madre no tenía ningún Juramento Inquebrantable que fuera una amenaza de muerte sobre ella. Se sacudió de nuevo. Violentamente.

-Sé cómo te sientes perfectamente... -Siguió su padre.

-¡NO! ¡ALICE ESTÁ EN PELIGRO ALLÍ! ¡No es como mamá!

Su padre suspiró.

-¿Tienes alguna prueba que pueda liberar a Alice? -Su voz sonó derrotada, como si estuviera hablando de su madre en lugar de Alice. Y se odió un instante por recordarle y echarle en cara todo aquello. No podía controlarse. Nunca lo podía hacer si se trataba de Alice. -Creé un Departamento que no fuera corrupto, Albus... ¿Qué crees que sería si dejo que vayas a por Alice sin ninguna prueba que confirme que no ayudó en ningún momento al Ojo?

Albus quiso gritar que Alice Longbotton estaba bajo un Juramento Inquebrantable. Que ella solo quería proteger a su familia. Como había hecho su madre. Y ambas estaban en Azkaban. Las mujeres más importantes de su vida, sin contar a Lily. Encerradas por Edward Whitehall.

Su impotencia fue mutando a rabia, furia e ira.

¿Cuánto tiempo habría estado Alice bajo las garras de Whitehall? ¡Había ayudado al Auror para que no pasara aquello! Sabía que podría encontrarse en aquella situación, más tenía esperanzas de tener algo de poder sobre el Auror. ¡Qué iluso había sido!

Su padre volvió a abrazarle. Él creía que podía llegar a comprenderle. Pero no era así. Cada día que no buscaba la forma de salvar a Alice, era un día que ella estaba más cerca de su muerte. Cada día que todos aquellos jóvenes estaban encerrados, era un día más en el que luchaban por sobrevivir en Azkaban.

Escuchó algo sobre que todo saldría bien. Y que debía volver al Colegio. Que cogiera un Traslador. Pero Albus asentía sin escuchar. Solo saldría bien si él lo solucionaba. Y debía pedir ayuda. Debía solucionar todo aquello.



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