Historia al azar: RON & HERMIONE LOVE
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La Tercera Generación de Hogwarts » Con los ojos cerrados
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 27 de Enero de 2021, 11:55
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Con los ojos cerrados

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)

Capítulo 18: Con los ojos cerrados

Entre las personas que más necesitaban desahogarse de la frenética vida de Hogwarts, estaba Dominique Weasley. Sí, la delicada joven que nadie realmente conocía, como pensaba ella. Se había ido al bosque a correr, pese al frío y al barro. Necesitaba desconectar y la naturaleza siempre le daba la bienvenida con los brazos abiertos.

Le daba tiempo a pensar en todo. En su familia, en las pocas amigas que tenía, en su hermana Victoire y su relación con Teddy, en lo solitario que podía ser su hermano Louis. También pensaba en Nick. En lo mucho que le gustaba, pero lo mucho que le estresaba la vida que le estaba ofreciendo. Había aprendido de su hermana Victoire que todos los demás tenían una imagen de la familia Weasley que rara vez se correspondía con la realidad. De hecho, su hermana, la perfecta Victoire Weasley, no era nada aplicada en el estudio. Y ella, la delicada Dominique Weasley, salía a correr al atardecer al Bosque Prohibido.

Suspiró y siguió corriendo. Por suerte, había aprovechado la Navidad para pedir regalos útiles como unos zapatos adecuados para sus momentos de desconexión.

También pensaba en su tío Charlie. Más bien, en lo que su tío Charlie le contaba.

Sabía con certeza que jamás lograría comprender la trascendencia de las decisiones de su tío. Y no entendía por qué le preguntaba a ella por consejo. Según Louis, la única persona con la que se atrevía a hablar de cosas serias, ella le servía como un punto de apoyo.

Entonces pensó en la insistencia de su tío en que, algún día, podría convertirse en veela. Aquello le producía un sentimiento contradictorio. Por un lado, le causaba orgullo. Por otro, miedo. A todo el mundo le parece de belleza incomparable una persona con raíces veela… ¿Pero un veela de verdad? Era un pájaro con pico retorcido y ojos de asesino, según había leído. De hecho, las veelas se solían transformar cuando estaban enfadadas. El hecho de que casi ninguna adoptase la forma original en el día a día la estaba convirtiendo en una especie en peligro de extinción. Aquella quizás era la razón por la que su tío Charlie insistía tanto.

Ensimismada en sus pensamientos, no se había percatado del movimiento que sonaba en el interior del bosque. Solo hizo falta el crujido de una rama para alterarla. Ya había sido advertida por su tío Charlie de que tuviera cuidado en Hogwarts. Si su advertencia no hubiera sido acompañada de rumores entre alumnos, la acogida de aquellos que se quedaban en Hogwarts en Navidad en otras casas y las reiteradas cartas de su madre; no le habría dado importancia.

Se giró lentamente.

Y se sorprendió. Más bien lanzó un grito ahogado, se tambaleó y a punto estuvo de caerse de bruces al suelo. Su cerebro indagó rápidamente en clases de Cuidado de las Criaturas Mágicas para encontrar las palabras de Hagrid que necesitaba en ese momento.

Una manada de centauros.

¿Cómo iba a estar preparada para aquello?

Algo no cuadraba.

No la miraban a ella.

Sino al horizonte. Siguió la mirada de estos y vio, en seguida, hacia donde se dirigía. En la parte: había algo en el bosque y estaba haciendo tambalear todos los árboles. La dirección que lo que fuera que produjera aquello era incierta. Pero algo le decía que sabía de la presencia de ella allí, acompañada por centauros.

Su instinto le apremió a correr en dirección contraria pasando. Cogió mucho aire y cogió carrerilla, tenía que pasar justo por la zona de los centauros, que franqueaban la única vía accesible. Se armó de valor y se acercó corriendo a ellos. Antes de llegar a ellos detuvo su ritmo.

Hizo una reverencia.

Pero los centauros no le estaban haciendo caso.

Uno relinchó y otro gritó.

-Se acerca -dijo la voz de uno.

Todos dieron media vuelta y se dispusieron a correr.

Y Dominique Weasley corrió con ellos.

En ese momento deseó que fueran caballos para poder montarlos.

A lo lejos se oían los árboles retumbar.

Dominique gritó, los centauros corrían demasiado rápido.

-¡Ayudadme, por favor! -suplicó con la voz desgarrada.

En ese momento deseó ser una veela y convertirse en pájaro.

No quería saber qué era lo que estaba pisándole los talones pero lo intuía. Y se estaban interponiendo en su camino, no es que fuera a por ellos.

-¡Sube! -dijo una voz retumbante a su lado. Un centauro, cuyo rostro le era vagamente familiar (seguramente algún periódico le sacaría después de la guerra, como muestra de respeto por estas criaturas que ayudaron en la Batalla), le apremió a que se subiera a su lomo.

Recibió varias miradas de reproche de sus compañeros más adelantados.

A sus lomos, Dominique sintió que aquel momento extraordinario era sagrado. Sabía que no era una acción propia de los centauros.

-Se está dirigiendo al Lago Negro -pudo decir Dominique entre el sonido de los cascos de la manada. -Tenéis que cambiar la dirección…

El centauro a cuyos lomos iba montada se detuvo y cambió la dirección. El resto le imitó y se dirigieron hacia la linde del castillo, donde ningún centauro solía verse jamás, pues para ellos suponía entrar en el mundo humano y, pese a no haber ninguna norma escrita, no les estaba permitido.

-¡Mirad! -exclamó un centauro, apuntando su pezuña hacia el Lago Negro.

Algo. Una criatura colosal se había sumergido en el Lago Negro.

A Dominique se le formó un nudo en la garganta.

 

Parecía una represalia por su comportamiento inmaduro. Era justo añadir que era un castigo para ambos por dejarse llevar por aquel instinto que les obligaba a odiarse. James Sirius Potter y Scorpius Malfoy estaban condenados a llevarse mal. Quitando la rivalidad familiar que les inducía a ello, ambos eran unos arrogantes orgullosos y, sobre todo, cabezones. A los dos les costaba ceder y admitir que la idea del otro valía la pena. Era imposible que de aquella ronda para vigilar los pasillos naciera algo parecido a la tolerancia.

Aun así, llevaban media hora y todavía no había rastro de sangre.

-Tu padre vino a ver a mi padre en Navidad, Potter -le comentó mientras bajaban las escaleras que se dirigían a las mazmorras.

El trato era que Alice Longbottom y Albus Potter los relevarían una vez llegados a la puerta de su Sala Común. Decidieron ir por parejas y sin capa invisible, a inspeccionar cada rincón de Hogwarts en busca de una pista que les indicara dónde se hallaba el basilisco o quien lo había introducido allí. Susan Jordan y Rose Weasley se encargaban de los exteriores y los cuatro restantes del interior.

-Es lo que tiene que hacer para asegurarse de que no vais a resucitar a Voldemort -sentenció James con más malicia de la que pensaba utilizar en sus momentos con Malfoy.

El joven de cabello platino apretó los puños.

-Fue a darle las gracias por todo lo que está haciendo por ayudar al Departamento de Seguridad Mágica -le echó en cara, dejando bien claro su posición. -Y sabes perfectamente lo que mi padre está haciendo… Os estamos salvando con nuestro dinero, Potter. La "Recuperación" no habría sido posible sin el patrimonio de los Malfoy y el de los Nott.

-Me parece una buena condena por los daños que hicisteis.

Ambos se miraron. La tensión se podía cortar con un cuchillo.

-¿Condena? ¿En serio crees…?

-Calla -le interrumpió llevándole las manos a la boca y haciéndole un gesto para que no intentara zafarse. -¿Has escuchado eso? -susurró.

Malfoy negó, visiblemente enfurecido por la repentina acción de su acompañante indeseado. Agudizó el oído porque, al fin y al cabo, estaban en las mazmorras y había un basilisco suelto.

-Parece que alguien está hablando en susurros -dijo Malfoy sorprendido por aquellos extraños sonidos que parecía provenir de la esquina que estaban a punto de torcer.

-Son siseos… Alguien está hablando en Pársel -anunció James.

-¿Cómo sabes que es Pársel? -preguntó Malfoy, escéptico.

-Simplemente lo sé. -Malfoy se adelantó y James lo sujetó del antebrazo. -Por mucho que me encantaría, no deberías ver qué hay detrás de esa esquina.

El aludido asintió.

-Pero sí que deberíamos ver quién es, ¿no te parece?

-Paciencia, Malfoy. Quiero verle, pero también vivir para contarlo. -James había encajado la mandíbula. Sacó de un bolsillo la delicada Capa de la Invisibilidad. -Pégate a la pared y no respires.

James pasó la Capa de la Invisibilidad por encima de sus cabezas. Se acercaron a la pared y pegaron su espalda contra ella. Ninguno tuvo que recordarle al otro que cerrara los ojos. El frío de la pared que daba a la gélidas aguas del lago se les caló en los huesos al instante.

-¿Y si Albus y Alice ven algo? -murmuró preocupado.

-No lo harán -aseguró James.

Sintieron unos ligeros pasos acercarse. Era un humano por lo que no debían temer al abrir los ojos. Malfoy fue más rápido que James.

Vieron a Gwendoline Cross cruzar el pasillo a toda prisa, mientras se ponía a duras penas una capucha que le cubriría el rostro.

-Esto me da mala espina…-comentó Malfoy.

James sumó dos y dos. Se quitó la capa precipitadamente y se lanzó a correr por el pasillo en dirección a la Sala Común de Slytherin. Malfoy le siguió por inercia.

-¡Mi hermano!

Al final del pasillo de las habitaciones masculinas de la Casa de Slytherin había un pequeño ventanal enorme que daba a las turbias aguas del Lago Negro. En invierno, con las pocas horas de luz y las nubes, la oscuridad de aquella masa de agua imponía a todo el que se parara a contemplarlo. Por eso, Albus Potter siempre pasaba por allí rápido. Y eso hizo aquel día, cuando se deslizó escaleras arriba corriendo para encontrarse con Alice y hacer la ronda que les tocaba.

Alice estaba de pie, esperándole con desesperación. Sabía que había llegado tarde, pero no se acordó de lo mucho que le molestaba a Alice la tardanza.

-Algún día me saldrá una cana al esperarte.

-Lo sé, Longbotton, perdón por…

Un estallido ensordecedor recorrió toda la instancia y todos los presentes soltaron un grito que salió de su pecho de forma inconsciente.

-¡AAAAAAAAAAAAHRG! -Albus tenía el corazón a mil.

De pronto, un torrente infinito de agua salió de las escaleras de las habitaciones masculinas y comenzó a inundar, poco a poco, la Sala Común de Slytherin.

Todos se quedaron paralizados.

-¡Salid todos de aquí! -gritó alguien que se dirigió corriendo a la puerta.

-¡Llamad a los profesores!

-¿Hay alguien en las habitaciones?

-¡Mis cosas!

¿Habría estallado alguna ventana que daba al Lago Negro?

-¿Queda alguien en las habitaciones? -repitió alguien. Se suponía que no debería haber nadie porque era la hora del almuerzo y todos debían abandonar las habitaciones.

-Richard McKing -anunció Albus Potter. -El hijo del Primer Ministro estaba aún en la habitación. Era el último que quedaba en mi pasillo. -Se llevó las manos a la cabeza.

-¿El hijo de McKing? -gritó alarmado aquel prefecto de Slytherin.

Los pocos que quedaban allí que habían oído la respuesta de Potter guardaron silencio. Aquello solo podía significar una cosa, que quizás solo Albus y Alice podían imaginar. No obstante, los rumores de que había un basilisco o un monstruo suelto comenzaron a resonar en sus mentes.

-Tengo que subir -sentenció mientras echó un vistazo al torrente de agua que hacía inaccesible el paso a sus habitaciones.

Nadie pareció tener la intención de pararle los pies.

-¿Tú estás loco? -excepto Alice.

No le dio tiempo a contestar. Una mezcla entre graznido y siseo se oyó en el pasillo de la residencia masculina. Si algún alumno le quedaba alguna duda de que los rumores acerca de un monstruo en Hogwarts eran ciertos o no, acababa de satisfacerla.

A continuación se oyó un grito de horror.

El silencio en la Sala Común era ensordecedor. Solo se escuchaba el agua subir. Albus temblaba, probablemente de impotencia, pero también de miedo. No dejaba de pensar en que si había ido a por el hijo del Primer Ministro, el segundo sería él, el hijo de Harry Potter.

-¡Albus! -le llamó Scorpius Malfoy, entrando a duras penas con zancadas para que el agua que intentaba escaparse por doquier no le frenara.

Acompañado por James Potter, vieron como Alice, Albus y otros dos alumnos de Slytherin no encontraban palabras para explicarles lo que estaba pasando y acababa de pasar.

-Hay que salir de aquí y sellar la puerta -acertó a decir el prefecto de Slytherin.

-¿Está allí? -preguntó James Potter, señalando al origen del torrente de agua que inundaba por segundos la Sala Común. -¿Qué es eso?

El agua se tiñó de otro color.

Rojo.

-¡Por Merlín! -gritó Scorpius.

-Un basilisco no solo puede matar con la mirada…

-No hace falta que lo aclares -espetó el prefecto hacia Alice.

Se oyó ruido en el pasillo. El torrente de agua aumentó. Se podía oír el palpitar de cada corazón. El ruido se aceraba cada vez más. Y ellos estaban anclados al suelo inundado. Paralizados.

-¡Salid de aquí de inmediato! -gritó el profesor Neville Longbotton al entrar estrepitosamente en la Sala. - ¡Vamos!

No necesitaron más.

Salieron corriendo arrastrando el agua con ellos y, justo cuando salieron, justo después de que Longbotton sellara con magia la puerta, el basilisco arremetió con la puerta con un golpe seco y soltando un chillido agudo.

James había agarrado a su hermano del antebrazo. Albus Potter le miró. Su padre se había enfrentado solo aquel monstruo. Era la primera vez que de verdad valoraron el héroe que había sido. Era la primera vez que realmente valoraron el peligro que corrían si se decidían a hacer lo que se proponían.

-Papá -llamó Alice al profesor Longbotton. Éste se giró. La niña quería anunciarle algo. Algo muy importante. Algo que iba a desencadenar una serie de acontecimientos que jamás imaginarían. -El basilisco ha asesinado al hijo de McKing.

Alice, de entre todos los verbos que podría haber utilizado, eligió "asesinar", sabiendo lo que aquello implicaba. Además, había revelado el secreto. Se trataba de un basilisco. Los otros dos alumnos de Slytherin tendrían que guardarlo. O predicarlo y avisar a todo el mundo.

Richard McKing Junior había muerto. Había sido asesinado por un basilisco. Un basilisco al que se le había ordenado aquello. Entrenado por alguien con aquel propósito.

Y eso solo quería decir que el Clan del Ojo existía y tenía tanto poder como su leyenda decía. 



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