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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
[ Más información ]

(V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


"Confidencial" era una palabra que Timothé Marrs estaba harto de escuchar.

Era consciente de lo afortunado que había sido al haber sido admitido en el Programa Para Jóvenes Inefables. Parecía que sería algo similar a las Pruebas de Auror. Más nada por el estilo. Solo publicaban una convocatoria cada cinco años. Con tres plazas. Junto con Paul Mintumble y Ada Gale, quienes se habían graduado de Hogwarts unos lustros atrás. La definición de "jóvenes" para el Departamento de Misterios era bastante flexible.

No los había llegado a conocer como les habría gustado -Tim siempre había sido de comentar la capacidad de sus superiores y buscar formas para exprimir al máximo su experiencia. Era un Ravenclaw, después de todo. Pero cada uno se convirtió en la Sombra de un Inefable diferente. Y en una Sala diferente. Se prevenía, de tal modo, que alguno de ellos derrmaran los secretos. Aunque habían jurado no hacerlo. Sin Juramento Inquebrantable -lo cual Tim Marrs agradecía.

Mientras que Mintumble había sido escogido para la Cámara del Tiempo y Gale para la Cámara de la Muerte,  Tim Marrs seguía a Saoul Croaker en su rutina diaria en la Cámara del Amor. Se había cuestionado en numerosas ocasiones por qué habían decidido que él estuviera en aquella Cámara. Si alguno de los Inefables intuía su relación con el Temple, deberían haberle trasladado a la Cámara de la Muerte o, con más coherencia, a la Cámara de las Profecías. Aunque no era como si todas las Cámaras no estuvieran conectadas. Como si, en ocasiones, los misterios abordaran varios campos. O como si él mismo no se "despistara" por los pasillos para echarle una ojeada a lo que se cocía en el resto del Departamento. ¿Qué iba a hacer? Era más fiel a Hugo Weasley que al Ministerio. Era más leal a su curiosidad que a su profesionalidad. Era Ravenclaw en toda su esencia.

Y, de todas formas, no era como si los Inefables pasaran su rutina pensando en aquellas extravagantes Cámaras. Por desgracia, no. También hacían papeleo: debían presentar informes, debían redactar proyectos, hacer presupuestos, etc. Y, además, les encargaban proyectos otros profesionales -no solo del Ministerio, como en el caso de Aurores que se topaban con Artes Oscuras o Enigmas que no sabían descrifar; sino también los Rompemaldiciones de Gringgrots. Sería demasiado fácil si solo le pagaran por pensar.

No obstante, había aprendido y absorbido todo lo que los magos conocían sobre el Amor. Patéticamente decepcionante, pues era aquello de lo que menos sabían y lo que más poder parecía albergar. De nuevo, Tim agradecía constantemente haber sido elegido como potencial Inefable en aquella Cámara: no había un mayor reto para un Ravenclaw que aquello que nadie había podido descifrar antes. Pues, ¿qué sabía la comunidad mágica del Amor? Todo estaba envuelto en el hecho de que era la sala del Departamento de Misteiros que se mantenía cerrada en todo momento. La Cámara del Amor  albergaba el objeto más misterioso de todo el Departamento de los Misterios: un extraño obelisco que parecía repeler la fuerza del Amor que sobre él se cernía. Un artilugio que mantenía a Tim Marrs fascinado cada vez que acudía allí. Por sus antiguos grabados. Por su atractivo. Croaker le había advertido de su peligro. No se sabía con certeza qué era aquel objeto, más cuando los magos lo encontraron hacía siglos, avisados por un joven mago que lo había encontrado; el Amor había sido conjurado a su alrededor para retener cualquier peligroso poder que podía emanar de él. Croaker tenía la teoría de que podría ser el Bácula de la Destrucción de Lugh, como correspondía en la mitología celta. Más también podía ser el Levatine de Loki de la mitología nórdica. O cualquier otro invento de un mago oscuro.

Era un Cámara que también contenía esa fuerza tan poderosa y tan temible -como la muerte. Croaker y él siempre permanecían en la Antesala, observando el interior de la verdadera Cámara gracias a un cristal que solo los Inefables conocían. Dentro, le había explicado Croaker, residía una mísera muestra de la fuerza que significaba el Amor.  Era aquella fuerza poderosa que se creaba para repeler la Maldición asesina. Aquella fuerza que permetía hazañas mágicas que parecían imposibles de realizar. Era una emoción profunda. Poderosa. Inefable de apego y afecto por otros seres queridos. Otorgaba la capacidad de hacer grandes cosas. Era -no era una teoría, sino un hecho que asustaba a los Inefables -la rama de la magia más misteirosa y extremadamente difícil de comprender.

Croaker decía que había Inefables que hacían trabajo de campo para distinguir los diferentes tipos de Amor en los muggles y en los magos y brujas. Habían decidido apropiarse de las siete tipologías de amor griegas para comprenderlo mejor. Algo que solo un Inefable sabía, por supuesto. Y tenía formas de manifestarse, como mostraban los trabajos de campo.

Era evidente que el primero que a Tim le vino a la cabeza fue el Eros. Más, Tim había aprendido que era una simple expresión de pasión y deseo sexual. Al parecer, el Amor tenía poca fuerza en ese ámbito...  A no ser que se mezclara con Artes Oscuras y objetivos impuros, pues el Amor podría volverse una fuerza que creara un destino fatídico y trágico para compensar su mal uso. La Philia era la fuerza de la amistad, como a Tim le había gustado nombrarla; el amor entre las personas que se consideraban iguales.  Uno tan solo debía echar la vista atrás para ver cómo Harry Potter se había apoyado en sus amigos para vencer a Voldemort. El otro, extrañamente era la Philautia, el amor a uno mismo. Y el Storge, el amor por la familia. Era el más estudiado, honestamente gracias a Lily Potter, la madre de Harry Potter. El Pragma también era estudiado en los matrimonios más duraderos, por ser el "afecto que perduraba en el tiempo". Croaker le había contado como escaseaba últimamente por el hábito de los jóvenes en caer en el Eros. Otro también estudiado era la Manía, el amor obsesivo objetivamente peligroso como el que Bellatrix Lestrange habría sentido por Voldemort y había resultado en Delphini. Definitivamente el más peligroso de todos. Por último, el Ágape. Lo que otras culturas nativoamericanas llamaban el Ajayu. Los Inefables habían descubierto la escasez de este tipo de amor. Era un amor altruista desinteresado e incondicional. Este era el amor verdadero. La fuerza más poderosa venía de él. . Como tomar la misma forma de Patronus o el Patronus que recordara a la otra persona -como había sido el caso de los señores Potter... Y como había sido la comadreja de Susan Jordan. O los fenómenos extraños que ocurrrían entre los licántropos, según los informes de aquellos que colaboraron con Luperca.

En definitiva, el amor tenía un efecto profundo en la magia. Pero aún era un misterio en las verdaderas proporciones y formas en las que lo hacía.

Él había hecho una restrosprectiva en su propia experiencia. Croaker no se sorprendió al saber que solo había conocido, en su propia carne, la Philia. El Stroge, supuso que también. Y, definitivamente, el Eros. No había otra definición para sus encuentros con Monique Jordan desde que esta decidió lanzarse a sus brazos en el último minuto del año anterior. De no haber estado rodeado por teorías sobre el Amor, quizás no se habría parado a pensar en la naturaleza de su extraña relación con la muchacha a la que se sentía atraído desde que la vio por primera vez bajo el Sombrero Seleccionador. Pero era solamente atracción. Monique Jordan era una joven de diecinueve años atractiva. Era amable. Familiar. No era de muchas palabras -lo cual fácilmente compensaba Marrs. Pero tampoco era como si en sus encuentros compartieran muchas palabras. ¿Y de qué iban a hablar? Nunca habían sido amigos. ¿Del trabajo? Él era un Inefable. Y Lucy Weasley le había contado que Monique había comenzado a trabajar con el cuerpo de su propia hermana para investigar una cura para los experimentos de Schneider. ¿Del Temple? Intuía que a Monique no le divertía la idea de sus misiones -después de todo, su hermana murió en una. Tim Marrs prefería la comodidad de quedar con ella en un pub inglés -muggle o mágico, daba igual -, bailar con ella, sentir la envidia en los ojos de los demás y llevarla al apartamento que sus padres ayudaban a pagar en el Londres muggle. Despertar con olor a café para dar un rápido sorbo antes de correr de vuelta al Ministerio.

Apagó la luz de la Cámara del Amor y se dirigió en silencio, siguiendo los pasos de Croaker, hacia su cubículo. Había visto la expresión de Croaker y agradeció que no dijera nada. En ocasiones, prefería que su superior no se entrometiera tanto en su vida personal. Lo cual era difícil cuando a él le encantaba hablar y hablar sobre su vida. Como si comunicarlo solucionara un problema que tuviera. Siempre había sido así. Y Croaker era un buen tipo. Le había invitado en ocasiones al Caldero Chorreante y habían acabado borrachos como cubas sin importarle que fuera un miércoles. Su amigo David Morrit decía que tenía demasiada suerte -era su culpa, pensaba Tim, por haber elegido un trabajo en una parte del Ministerio en la que todos tenían una estaca clavada en el culo.

-¿Quedarás hoy con la jovencita que te mantiene tan distraído? -Se burló Croaker.

No había que ser un Inefable recluido en la Cámara del Amor para adivinar aquel tipo de cosas. Sobre todo, cuando la Cámara del Amor y la fuerza que albergaba inducía normalmente  a los Inefables a indagar en sus propios sentimientos.

-De hecho, sí -Asintió sin sonar como si fuera una sentencia de muerte. -Con ella y con otros antiguos compañeros de Hogwarts -Añadió entre dientes.

No le hacía especial ilusión. Si bien había sido el editor Jefe del Diario del Castillo y el redactor y supervisor de todos los cotilleos de Hogwarts, él nunca había sido el centro de atención. Tan solo su firma. Pero no sus actos. Aquello cambiaría aquella noche. Porque, pese a que todos sabían que entre Monique Jordan y Tim Marrs había algo, dudaba que Fenwick, Rogers o Weasley se quedaran callados y sin ningún comentario ofensivo. No les culpaba. Lo tenía merecido. Solo le preocupaba que a Monique Jordan le molestara demasiado.

-Buena suerte, Romeo -Se despidió Croaker. Y salió del Departamento horas antes de que su turno acabara. Porque podía y porque, en unos meses, sería el Jefe de aquel Departamento si finalmente aceptaba la sexta oferta para su promoción.

Tim Marrs se hundió en su incómoda silla y miró la pequeña montaña de cartas, sobres y paquetes que habían dejado sobre su mesa. El Departamento de Misterios también hacía papeleo... Más... ¿Quién lo hacía? Los internos. Los Inefables querían que se les pagara para pensar y lo hacían. El trabajo sucio se lo dejaban a los jóvenes con ganas de comerse el mundo que se quedaban horas de más por un salario de mierda. David quizás podía tenerle envidia por su relación con su Jefe, pero, al menos, sus Jefes respetaban sus tareas. Al ser el Departamento de Misterios nadie podía inspeccionar sobre si se cumplían las cláusulas de los contratos de los internos. Probablemente en ningún sitio lo harían.

Resopló al coger la montaña de correo. Quizás dejaría para el día siguiente los informes que Croaker le había mandado. Vio por el rabillo del ojo que Gale también había vuelto a su cubículo. Normalmente pasaban ocho horas con sus superiores en las Cámaras y el resto se hundían en el papeleo hasta que lo acabaran. Deseaba que los magos tuvieran las ocho horas máximas de los muggles.

-¿Todo bien hoy, Ada? -Le preguntó Marrs a Ada Gale con una sonrisa.

Porque Ada Gale, pese a sus veinte y seis años, había sido una belleza en Slytherin y lo seguía siendo.Y si tenía que estar con ella el resto de su experiencia laboral, mejor sería que tuviera una relación buena con ella.  Quién sabía cuánto iba a durar lo suyo con Jordan.

-Necesito un trago de whiskey de fuego -Bufó sobre sus papeles. Abrió un cajón de su mesa y sacó una botella. Marrs alzó las cejas. -¿Quieres?

-¿Podemos beber en el trabajo? -Preguntó atónito.

-No es como si pudiéramos contar lo que hacemos fuera del trabajo, ¿no? -Le guiñó el ojo. Le dio un sorbo a la botella. Y se la tendió. -Dime, ¿has descifrado ya el gran misterio del mundo mágico?

Marrs se rio antes de beber una corta bocanada a la botella.

-Tengo una teoría... -Los ojos de Gale brillaron curiosos. Marrs se acercó a ella con su silla con ruedas y la atrajo hacia él. -¿Quieres comprobarla conmigo?

Se dio cuenta de que estaba claramente tratando de ligar con ella. O quizás simplemente reírse de ella. Marrs no habría sabido cuál era su verdadera intención de no ser porque Paul Mintumble apareció en la escena. Ada guardó rápidamente la botella, dándole un último sorbo a escondidas, y lanzó a Marrs de vuelta a su cubículo. Marrs rodó los ojos. Todo lo que le gustaba trabajar con Ada Gale y con Paul Croaker, detestaba hacerlo con Paul Mintumble. ¿Por qué  se creía que estaba legitimado a parecer el dueño del lugar solo porque su antepasada hubiera sido una Inefable imprescindible para el Departamento? Marrs conocía a los Potter y no actuaban así. Bueno, al menos no todos -se había olvidado, por un momento, de la actitud prepotente de James Sirius Potter.

-Hola, Mintumble, ¿qué tal tu día? -Preguntó Marrs, volviendo a coger la montaña de cartas y paquetes de agentes externos que deseaban colaborar con el Departamento.

-Espléndido... ¿Y tú, Marrs? ¿Descifrando nuevas pociones de amor? -Marrs le dio una sonrisa radiante y sarcástica en respuesta. Mintumble se dirigió a Ada antes de esconderse en su cubículo para no salir hasta el amanecer para así demostrar que era mejor que el resto. -Ada, querida.

-¿Sí? -Dijo ella, imitando la sonrisa de Marrs.

El sentimiento hacia Mintumble era algo común entre los más jóvenes del Departamento.

-Hueles a alcohol -Indicó. Ada cambió su expresión. -Podrías ser más discreta la próxima vez, no me gustaría tener que informar a los superiores sobre tu fea adicción.

-Cabrón -Musitó en voz baja.

-¿Has dicho algo, cielo? -Preguntó, como si no acabara de llamarla alcohólica.

-No, Paul -Ella volvió a la sonrisa falsa que solo reservaban para Mintumble. -Pasas tanto tiempo al lado de la Muerte que serán fantasmas lo que estás escuchando.

Mintumble arrugó su nariz. No dijo nada antes de hundirse en su cubículo. Marrs decidió que ya era hora de ponerse al día con su labor. Y no solo debía hacerlo en calidad de Inefable -o proyecto de uno. Sino de colaborador secreto del Temple para Hugo Weasley.  Más, en aquella montaña de cartas, no había ninguna del Ravenclaw. Lo cual le decepcionó. Se había encargado de utilizar los recursos que tenía a su disposición para resolver los misterios de aquellos agentes con objeto de ayudar al Temple a descifrar aquellas inscripciones de las que Hugo le había mandado unas fotos y que pertenecían a un libro de Merlín. Gracias a los libros que solo podían encontrarse en el Departamento de los Misterios para los Inefables, habían descubierto que fueron una forma de comunicación entre los seguidores de Grindelwald. Y que este la había aprendido gracias a un antiguo alumno de Durmstrang. Pese a que Hugo Weasley le había preguntado si podía encontrar conexiones con Voldermort, Grindelwald, el Ojo o con el propio Merlín, Marrs no encontró nada más en la biblioteca además de lo referente a Grindelwald. Y quería tener su respuesta para saber qué era lo que aquel muchacho tenía en mente.

Inició su tediosa labor de contestar cartas. Redactar informes. Derivar los nuevos misterios a las diferentes cámaras y los diferentes Inefables, cada uno experto en una materia distinta.

Entre las cartas vio una que le llamó la atención con el sello de Gringgrots. Recibían muchas de aquellas. Porque los Rompemaldiciones y los Inefables eran como hermanos. Unos trabajaban a salvo de la posible maldición y otros eran los valientes que se enfrentaban a ellas. Como Ravenclaw y Gryffindor. Y así era en el caso de aquella carta que iba dirigida a él. A un interno. Frunció el ceño. Lo relajó un instante al ver que se trataba de Rolf Rogers.

Abrió la carta con cuidado, pues parecía contener bastante material -los Rompemaldiciones solían enviar fotos de aquello que habían encontrado como si aquello fuera esencial para los Inefables. Cuando lo que los Inefables necesitaban era, más bien, la historia. ¿Por qué no le habría dado la carta aquella noche? Posó sobre su escritorio las imágenes de lo que parecía un templo griego oculto en las sombras y obsoleto que lideraba el montón de fotografías que Rogers le había mandado.

"Marrs,

Como deberías recordar, estoy en Lesbos con Bill Weasley gracias a Gringrotts y estamos investigando el Oráculo que hay aquí. No te escribiría a ti, si no creyera que necesito tu ayuda. Podría decírtelo en persona, en caso de que Philomena (mi lechuza) llegue antes que yo. Pero supongo que lo que te voy a mandar estará más a salvo dentro del Departamento que en tu apartamento sin protección mágica, ¿no?

Aún no hemos accedido al centro del templo. Te he mandado fotos de la entrada exterior. Y de los pasadizos que hemos podido excavar. Está todo lleno de trampas y de maldiciones sumamente antiguas. Algunas conjuradas por hadas del bosque, no por magos. Es como si fuera algo que debería permanecer encerrado. Pero, bueno, al grano.

Hemos encontrado inscripciones en los últimos pasadizos. Están en las últimas fotos. Hemos traído a varios expertos en Runas Antiguas. Y nada. Ninguno sabe lo que es. El señor Weasley cree que entenderlas nos ayudará a entrar en el centro. Y, Marrs, cada vez que nos acercamos la magia se vuelve más poderosa. Hay formas en las vasijas que me persiguen durante noches. ¿Quién demonios habitaba aquel templo? Bueno, te lo mando todo a ti, porque Bill ha pensado que quizás haría falta que un Inefable le echara un ojo. Ya sabes, un cerebro de vez en cuando nos viene bien.

Pero te lo mando a ti, principalmente por lo que hablamos en la Mansión Malfoy. ¿Y si el Oráculo tiene algo que ver con las profecías de ahora? Fue Breedlove la que nos mandó aquí. Lucy me ha dicho que el Ministerio está corrompiéndose -no me especificó por qué, pero en la Gala de Año Nuevo, Nott me contó que un tal Whitehall estaba metiéndole caña (¿?).

Échale un vistazo y me cuentas. No en persona. Sé que eres un Inefable y no puedes hacer eso. ¿O sí? ¿Esto vulnera tu juramento? ¿Puedes tú cumplir algo como no ir contando nada por ahí?

Cuidado con Monique. Aún tengo el bate de Quidditch.

Rogers."

Lo primero que hizo fue respirar profundamente. Su conversación más larga con Rogers había sido por carta. El Premio Anual de su promoción cumplía con las expectativas de lo que había sido. Fijó su vista en la amenaza a batearle el culo si hacía daño a Monique Jordan. Creía firmemente que el Clan Weasley también se le echaría encima por asociación. Maldita sea, con lo fácil que habría sido evitarla después de Navidad.  Pero era un hombre joven con necesidades.

Cogió las fotografías y las examinó detenidamente.  Las primeras retrataban la puerta del templo. Los pasillos. En una salía Rogers -lleno de polvo y barro- señalando una vasija. Acercó la fotografía a su rostro. No se veía nada. En las siguientes, eran fotos de utensilios, objetos, vasijas y de las ilustraciones de estas.  

Entendía por qué Rogers no asimilaba del todo bien aquellas ilustraciones. Era porque enseñaban decapitaciones. Muertes. Con magia. Una masacre maga a muggles. La madre de Rogers era muggle. Entendía por qué para él era más complicado.

Se le atascó la respiración y tuvo que toser para recomponerse.

En una de las ilustraciones, aparecía lo que se suponía que debía sere una figura humana con una capa apuntando con un palo hacia dos humanos -un hombre y una mujer -que corrían del poder que parecía transmitir el palo. Más Marrs había pasado demasiado tiempo con aquel "palo" como para no distinguir su particular forma. El básculo de la Cámara del Amor. Apartó aquella fotografía y la dejó reposar sobre su escritorio. La observó. ¿Podría sacar aquella información de allí? Solo los Inefables sabían de la existencia del básculo. Y, quizás, solo era una casualidad. ¿Pero demasiada extraña, no? ¿Cómo había acabado un artilugio mágico que supuestamente pertenecía a la cultura eslava o céltica en un grabado de un templo griego? Las fechas no coincidían. Era imposible. Suspiró. Era todo hipótesis. Quizás casualidad. Pero el instinto de Marrs le decía justo lo contrario. ¿Podía decírselo a Rogers? ¿Debía decírselo a Croaker? Decidió guardar esas fotos en el bolsillo interior de su chaqueta y llevárselo a su casa.

Las siguientes fotos no fueron mejores. Las incripciones que Rogers le había mandado no eran otras que las que Grindelwald había utilizado. Y que las que Merlín tenía escritas en su libro. Las mismas por las que le había preguntado Hugo Weasley. Exhaló aire. Dudó que aquello fuera una coincidencia. Definitivamente, no podía decirle nada a Croaker. Tal y como Rogers había sido avisado, él mismo desconfiaba del Departamento de Misterios.

Se rascó la barbilla. También guardó aquellas fotografías con él. Y su chaqueta comenzó a quemarle. Recordó que para ponerse en contacto con miembros del Temple, Hugo Weasley les había pedido que utilizaran a Camrin Trust de intermediaria. Sacó un trozo de pergamino y una pluma. Y comenzó a redactarla. Le pidió a Trust una cita con Charlotte Breedlove. Debía saltarse a Hugo Weasley aquella vez. Era ella la que había mandado a Rogers allí. Ella sabía algo. Estaba seguro.

Miró el reloj. Su turno había acabado hacía una media hora. Aunque no era la primera vez que se quedaba hasta tarde. No obstante, aquel día le daría dolor de cabeza gracias al maldito Rogers. Dejó las cosas esparcidas por su escritorio. Apagó la luz de su lámpara. Se puso su abrigo. Vio que Ada se había marchado ya. No le habría dicho nada al verle ensimismado en su labor. Nunca se interrumpían entre sí. Razón por la cual, no se despidió de Mintumble.

Salió del nivel 9 del Ministerio. Salió por la puerta negra que solía desorientar a todo personal no autorizado. Y se montó en el ascensor del Ministerio de Magia. Se detuvo en el quinto piso.

-Quinto Nivel -Anunció la voz del ascensor. -Departamento de Cooperación Mágica Internacional. También el lugar del Cuerpo de Normas Internacionales de Comercio Mágico, la Oficina de la Ley Mágica Internacional y la Confederación Internacional de Magos.

Un hombre entró en el ascensor con Marrs. Las fotografías que se había llevado a su casa comenzaron a pesar sobre su chaqueta. Intentó desviar la mirada, en caso de que pudiera ver que se sentía culpable por algún motivo.

Hasta que vio quien era. Casi se atragantó con su propia saliva.

-¡Señor Potter! -Se encontró diciendo. Sorprendido, al ser la primera vez que lo veía en persona. Todo lo que decían sobre su parecido con su hijo mediano era completamente acertado. El hombre le miró con curiosidad. Marrs se mordió el labio. Seguramente parecería un novato y un seguidor más. -Buenas tardes -Alcanzó a decir con un leve asentimiento que intentó que pareciera profesional.

Aquel hombre -¡Harry Potter! -debía estar acostumbrado a aquellos incómodos encuentros, porque le sonrió afablemente y asintió.

-Buenas tardes.

¿Era un estúpido por pensar que por el hecho de conocer a sus hijos y sobrinos -y conspirar mano a mano con ellos -el gran hérore del mundo mágico iba a reconocerle? Sí, era un estúpido que creía en ello. Tuvo que ocultar su decepción.

-Segundo Nivel -Anunció, de nuevo, la voz del ascensor. -Departamento de Seguridad Mágica. También lugar de: Oficina del Uso Incorrecto de Magia, Servicios Administrativos del Wizengamot y Oficina de los Aurores.

Harry Potter le sonrió al salir del ascensor.

Finalmente, Marrs logró salir del ascensor y salir por una de las salidas del Ministerio. David Morrit, su mejor amigo, le esperaba con desesperación. Por supuesto, en los Servicios de Administración del Wizengamot no cabía lugar para salir casi una hora más tarde de su horario habitual. Desde luego, David no podía quejarse. Pero lo hizo. En todo el camino hacia el Caldero Chorreante.

Al llegar, Marrs no se sintió culpable al suspirar aliviado. Pero lo que le esperaba no era algo mejor. Los Guardianes de Hogwarts que se habían graduado de Hogwarts ya estaban esperándoles en una mesa. Rogers fue el primero en incorporarse para saludar a los "lameculos del Ministerio" como les denominaba. Christopher Nott les dio una palmada en la espalda. Lucy Weasley ni se inmutó y los saludó con un levantamiento de cabeza -porque tanto David como él la habían visto hacía relativamente poco tiempo. Y ese mal humor solo podía significar que Dominique Weasley había traído a Moonlight a su apartamento. Marrs se guardó aquella información para molestarla más adelante. Monique Jordan le sonrió tímidamente y con el rubor en sus mejillas. Estaba claro que Rogers y Lucy ya le habían adelantado lo demente que estaba en decidir quedar con él.

-¿Dónde está nuestra estrella de Quidditch favorita? -Preguntó David a Rogers.

Todos vieron lo incómodo que se sentía Rogers con aquella pregunta. ¿Problemas en el paraíso? El muchacho se encogió de hombros y se volvió a sentar. Fue entonces cuando Marrs vio lo que sus músculos habían crecido y el color aceitunado que su piel había cogido en las excavaciones. Se sentó sobre su silla, donde un bate de Quidditch reposaba. Marrs entrecerró los ojos y apuntó hacia el bate con su dedo índice.

-No me puedo creer que te lo hayas traído de verdad -Le dijo.

Rogers se rio.

-No sabía si te llegaría la carta... -Cogió el bate. -Quería dejar claro que mi amenaza no es ninguna broma.

Hubo un silencio que apagó el buen humor que se había instaurado entre ellos.

-¿Qué amenaza? -Soltó Lucy.

Marrs se giró hacia Lucy y le sonrió.

-Espero que hayas sido tú la que haya amenazado a Monique en caso de que me haga algún tipo de daño... -Lucy resopló. Sintió a Monique tensarse en su asiento. A Rogers soltar una carcajada a la que David se unió.Y a Nott dar un sorbo a su cerveza con diversión. -Es lo que haría una buena amiga, Weasley.

La joven Auror -o proyecto de Auror -se echó hacia atrás en la silla.

-Lo siento,  Marrs, pero Monique es mucho mejor persona que tú.

No le dio tiempo a reírse. Un tumulto de personas apareció fuera del Caldero Chorreante. Todos se giraron al verlo. Flashes. Periodistas. Y una figura que los apartaba con mala gana. Justin Finch-Fletchley, el dueño del Caldero Chorreante, ayudó a su nuevo cliente a deshacerse de los periodistas que la estaban atosigando.

-¡Fenwick! -La llamó Monique Jordan, al reconocerla.

Por supuesto que era ella. Solo Beatrice Fenwick caminaría tranquilamente por el Callejón Diagón sin preocuparse de que los periodistas la acosaran. Era una estrella del Quidditch. La nueva Guardiana de las Arpías. Una belleza con los rasgos asiáticos maternos que había sido la perdición de los seguidores de Quidditch. Incluso Mintumble le había preguntado si la conocía.

Sus amigos la arroparon. Marrs estuvo pendiente de su interacción con Rogers. Más pareció bastante normal. Hasta que Fenwick decidió sentarse al lado de Lucy Weasley, en lugar del sitio reservado para ella al lado de Rogers. Marrs y David compartieron la mirada que tantas veces habían tenido en Hogwarts. La de "material inédito". Echaron de menos al instante poder escribir sobre ello. Lucy Weasley pareció pillar aquel intercambio, porque le dio una patada a través de la mesa.

-¿Qué es de nuestra gran estrella? -Preguntó Marrs, echándose sobre la mesa. -¿Algún escándalo del que deba enterarme?

Fenwick le enseñó el dedo corazón. Tan delicada como siempre.

-El único escándalo del que debes preocuparte es el de tu propio asesinato si me entero de que Monique Jordan está aunque sea un poco molesta contigo, ¿me entiendes? -Le enseñó el puño. Una amenaza más efectiva que el bate de Rogers. -Tengo a un ejército de seguidores y de jugadores de Quidditch que ocultaran tu cuerpo...

-¡Bea! -Le regañó Monique. Dando un puñetazo en la mesa. -Marrs y yo solo estamos pasando el rato y no hay compromiso entre nosotros.

Declaró en aquellas palabras más de lo que él -parte de aquel "nosotros" -sabía. Los demás esperaban su reacción.

-Eh...-Quizás esperaban palabras. -Exacto.

Vio a Nott negar con la cabeza y a Lucy Weasley rodar los ojos. David le dio una palmada en el hombro. Pero Rogers y Fenwick asintieron satisfechos con el hecho de que Monique y él solo... ¿Fueran amigos con derecho? Más bien solo tenían derecho, pues no eran amigos.

-¿Cómo llevas las pruebas de Auror, Lucy? -Preguntó Rogers, bebiendo cerveza.

Ella se llevó las manos a la cabeza.

-¿Escuchaste que Whitehall me mandó a una mansión con Inferi y estuve ingresada en San Mungo? -Le preguntó.

-Trabajo con tu tío Bill,  ¿recuerdas?

-No es todo el rato así -Aseguró ella.

Pero el resto seguía un tanto en shock por aquella revelación.

-¿Estás bien? -Preguntó Monique. -¿Por qué...? ¿Por qué no dijiste nada?

Ella se encogió de hombros.

-Ya tengo a toda mi familia detrás de mí -Dijo como si nada. Pero Marrs podía ver a través de las mentiras de Weasley. Y vio que tanto Monique como Nott también. No dijeron nada. Se sorprendió, en ese instante, de que Nott y ella estuvieran sentados juntos. ¿Por qué Lucy no le había contado que volvía a llevarse bien con Nott? -¿Qué tal tú, Rogers? Solo te vimos en Navidad... Pero no nos contaste nada sobre... ¿Lo que sea que estés haciendo?

-Oh, es confidencial -Soltó Fenwick.

-Oh, Rogers, Rogers -Comentó Marrs. -Lo siento, amigo, pero soy yo el que tiene esa excusa para no decir lo horriblemente aburrido que es mi trabajo.

Si Rogers pudiera coger el bate para asesinarle, lo haría en ese instante. Decidió hacerlo por telepatía. No funcionó.

-Lo típico -Se decidió. -Romper maldiciones y eso.

-¡Haces sonar mi trabajo más divertido, por Salazar, Rogers! -Se mofó David Morrit.

-¿Y tú, Nott? -Preguntó con curiosidad Marrs.

Hubo un silencio en el que vio que Monique Jordan estaba más tensa que antes. Se maldijo para sí. ¿Se le había olvidado que Nott estaba envuelto en lo que fuera que Monique hacía? Evidentemente. No era como si Nott ocupara mucho espacio en su cabeza.

-Lo típico -Dijo tranquilamente. -Analizar cuerpos y eso.

El ambiente descendió en picado.

-Nott, Nott -Le dijo Marrs. Intentando reavivar la llama. -¿Algo más a parte de lo profesional?

Se enrojeció. Y Marrs posó su mirada en Lucy. Ella sacudió la cabeza y rodó los ojos.

-¿Sigo viviendo con mis padres?

Se ganó una carcajada por parte del resto.

-Bueno, bienvenido al club, amigo -David le chocó los cinco.

-Al menos no vives con dos criaturas mágicas que se toman muy en serio la procreación -Suspiró Lucy.

-¿Entonces Moonlight y tu prima van en serio? -Preguntó David Morrit.

-¡Y tan en serio! -Exclamó. -Estoy deseando que se mude con él... -Resopló. -Creo que no lo hace porque apresurar la relación fue lo que destruyó la de su hermana...

-Vaya, Lucy, baja el volumen -Le advirtió David. -Nunca sabes dónde puede estar Skeeter.

-¿Ahora te importa que mi familia aparezca en la portada, Morrit?

Su mejor amigo se rio.

-No era yo quién decidía la portada, ¿no?

-Eh, gracias, amigo -Bufó Marrs.

-¿Poníais a los Weasley en portada? -Preguntó inocentemente Nott.

Y era tan inocente que todos se habrían sentido culpable de haberese reído.

-No es como si no estuvieran acostumbrados -Salvó Fenwick.

-¿Tú lo estás? -Le preguntó Monique a la guardiana de las Arpías.

-Nunca lo estaré -Resopló.

La conversación derivó en sus próximos partidos. La promesa de invitarles a un partido en Pascuas, para que el resto pudiera acudir. También comentaron sobre el resto. Sobre Clarie Jenkins y James Potter siendo Premio Anual. Sobre Albus Potter siendo elegido como futuro Auror. Sobre los nuevos cotilleos que les contaba Coleman. Sobre todo, sobre lo mucho que echaban de menos aquellos días en los que no eran jóvenes adultos probando un bocado amargo de lo que iba a ser su futuro.

Las cervezas se fueron acabando. Monique dio la pista de que esperaría a Marrs en su apartamento, pues quería acompañar a Fenwick al suyo. Probablemente para hablar de lo que fuera que ocurriera con Rogers. Él decidió acompañar a Lucy Weasley al apartamento que compartía con Dominique Weasley.

-¿Has hecho las paces con Nott? -Le acabó preguntando. Ella asintió con una sonrisa de sinceridad. -¿Qué significa eso?

Chasqueó la lengua.

-Si me preguntas que si sigo teniendo sentimientos por él... Incluso después de lo que me hizo... Y olvidarlo... -Miró a Marrs y suspiró. -Una parte de mí siempre le va a querer. Fue mi primer amor.

-¿Pero...?

-Pero ahora estoy centrada en mi carrera profesional y no quiero ningún imbécil con el poder de destruirme más de lo que ya estoy -Resopló. -Si es que es posible.

Él se rió amargamente. Recordando todo lo que sabía sobre el Amor. Si alguna vez Lucy encontraba su Ajayu o su Agape... Acabaría sufriendo aún más. Sabía que no era Nott, pues era algo recíproco, ¿no?

-¿Es lo que habías querido? -Le preguntó. Ella le interrogó. -Ser Auror.

Se rió.

-No -Dijo sin tapujos. Inlcuso avergonzada. -Creía que, de algún modo, acabaría persiguiendo al amor de mi vida…-Volvió a reírse, ante la tristeza de aquella afirmación.- Pero son mis sueños los que tengo que perseguir… Salvar a los que me importan, ¿no? Mis sueños. Mi carrera profesional. Ser Auror -Suspiró.- No es como si un día fueran a levantarse y decirme que ya han dejado de amarme.

Marrs, aquella vez, compartió la amarga sonrisa con ella. Sintió pena con ella. Probablemente ella le odiaría si lo supiera. Pero lo hacía. Lucy Weasley había cambiado. Ya no era la muchacha que estaba más preocupada por peinar su cabello y ligar con imposibles que por ser una buena amiga y hermana. Era una joven vacía que estaba dando todas sus últimas fuerzas por aquella guerra que acababa de comenzar. Pensó en las ilustraciones de las vasijas. Quizás no era una guerra que comenzaba. Sino una que nunca acababa.



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