Historia al azar: Recuerdos de Soledad
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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
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(V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)

-Oh, ¡querida! ¡Por fin he conseguido que vengas a mi casa de nuevo! -La cogió de los antebrazos y la apartó de la conversación que acababa de finalizar con el señor Shacklebolt. Ella se dejó arrastrar. No podía hacer otra cosa. Subió la comisura de sus labios hacia arriba. -Desde que mi hijo te trajo llena de sangre aquel día, no quería ni pensar en lo horrible que te tuviste que sentir aquí dentro... En una Mansión tan oscura... Con todo lo que te debieron contar tus padres...-Astoria Malfoy negaba horrorizada. Rose Weasley aún no sabía qué decir. -¡Y cada vez que mi hijo te invitaba siempre tenías algo que hacer! -Le reprochó.

¿Cómo? La señora Malfoy desde luego no sabía que esas "invitaciones" se habían extraviado por el camino. No era como si fuera a aceptarlas, de todos modos.

-Yo...

-¡Pero he cambiado toda esta oscura Mansión para que Theia viva rodeada de luz! ¡Y ahora estamos aquí todos en Navidad! ¿No es fabuloso? -Rose asintió con una nerviosa sonrisa. -Oh, Rose... ¡Eres una jovencita muy valiente! ¡Tu madre me ha estado contando lo que has hecho por mi hijo en Hogwarts...! ¡Muy valiente! -Sintió un pellizco de culpabilidad. Su madre la había obligado a hacerlo en verano. Había habido un poco de chantaje emocional entre medio. Que si debía perdonar a Scorpius Malfoy. Que si debía llevarse bien con él, porque ya sabían cómo era la prensa si se enteraban de que la hija de Hermione Weasley odiaba a los Malfoy...-¿Te importaría ir a buscar a Scorpius y decirle que su madre le espera para dar con ella el discurso del cierre de la Gala?-Sí, señora Malfoy, sí que le importaría. Rose discrepaba, se oponía y lo resentía. - Theia debe ir a dormir... Y mi hijo ha desaparecido en los jardines. Seguro que una joven como tú lo convencerá para que diga unas palabras a nuestros invitados.

-Yo...

-¡Muchas gracias! -Le guiñó el ojo y se marchó entre el resto de invitados.

Arrastraba con ella el impresionante vestido de color verde que llevaba.

¿Qué acababa de ocurri?

-¿Qué ha sido eso? -Le preguntó con una divertida sonrisa Barbara Coleman.

Se encontró a Camrin Trust, a Janet Rossen y a Barbara Coleman expectantes a su reacción.

-Nada -Pero la interrogación quedó ahí. -Debo decirle a Greenwood que vaya a por Malfoy -Suspiró.

Las tres se rieron. Rose no era tan estúpida como para haber visto aquello como una escena cómica para quien no la estuviera sufriendo. Las habilidades de Astoria Malfoy para convencerla eran asombrosas. Esa mujer sería su perdición. No podía permitirse volverse a cruzarse jamás con ella.

-No creo que encuentres a Greenwood -Respondió con una sonrisa enigmática Janet Rossen.

Cómo si no supiera Rose Weasley qué labios podría estar devorando Greenwood en aquel instante. Estuvo a punto de decidir destapar su relación -o lo que fuera -por tal de no ir en busca de Malfoy.

-Pues se lo diré a Carter -Resopló.

-Está en una competición contra Fred y James por ver quién bebe más -Aportó Camrin.

Rose suspiró.

-Pues ya está- Cruzó sus brazos sobre su pecho. -Id vosotras.

-¿Y dónde está la gracia entonces? -Sugirió Barbara.

-Además, está claro que la señora Malfoy quería que fueras tú...-Esta vez fue Janet, la traidora desde ese momento, la que suspiró aquello.

Rose Weasley era conocida como DestructRose. ¿Y pretendían salir vivas tras proponer aquello? Idiotas. Solo se libraban porque eran sus amigas... O eso decían ellas. No lo estaban demostrando en ese momento.

-Bobadas.

-Es evidente -Asintió Coleman. -Es evidente que le encantaría que su hijo estuviera con una Weasley... Sobre todo contigo.

Se desternilló. Realmente las lágrimas salieron de sus ojos porque no podía dejar de reír. Hasta que vio que Barbara Coleman hablaba en serio. Y que Camrin Trust y Janet Rossen parecían apoyarla.

La sororidad estaba extinta.

-Puaj -Teatralmente se metió los dedos en la boca como si fuera a vomitar.

-Oh, venga ya, Rose... Los Malfoy necesitan una buena reputación.

Eh, ¿Coleman?

-¿Desde cuándo estamos en el siglo XVIII? -Espetó llena de rabia Rose.

-Bueno, los Malfoy y los Greengrass siempre han sido muy tradicionales -Argumentó Coleman.

Sin palabras. Definitivamente sin palabras.

-Además, Astoria no haría algo así... -Dijo Rose. Esperó que entrara en razón, más jamás había tenido fe en ella. -Solo se piensa que Malfoy y yo somos amigos. Lo cual no somos... Y ella cree que estamos peleados o algo así...

Esa era la teoría de Rose Weasley y lucharía porque fuera cierta hasta el fin de los tiempos. Si no había otra que sostuviera que Astoria Malfoy solo quería hacerla sufrir. Por ejemplo, quizás era aquello.

-¿Qué dices, Rose? -Exclamó sorprendida, Coleman. -Es Slytherin. Claro que haría algo así.

¿Estaba viviendo eso de verdad o era un sueño? Buscó algo de lógica y coherencia en Trust y en Rossen. Habían apartado la mirada ante tal argumento. Menos mal.

-Albus y Alice son Slytherin...-Pero quizás era una perdida de tiempo intentar que sus neuronas se conectaran.- Oh, por favor, Coleman.

La apartó con brusquedad y decidió que prefería enfrentarse a Scorpius Malfoy que a ellas en ese instante. Lo cual decía mucho de hasta donde había llegado su paciencia aquella noche. Porque, sí, a Rose le encantaba sentirse importante. Y tener a decenas de personas que alababan su colaboración... ¡Pero no le dejaban ni un minuto de paz! Era como si, de repente, ella se hubiera convertido en la asistente de su madre. Porque si al principio alababan que hubiera desterrado a Whitehall de Hogwarts... Después le pedían una cita con su madre o con el Primer Ministro. ¿Tenía cara de agenda?

No ayudaba que fuera la única con un vestido rojo. Todos podían localizarla fácilmente. La próxima vez crearía una Capa de la Invisibilidad solo para aquellos momentos.

Astoria Malfoy había dicho que su hijo estaba en los jardines. Estupendo, porque por supuesto que no era consciente de la inmensidad de su jardín. Con su sentido de la orientación, ganarían la guerra antes de encontrar a Malfoy. Lanzó un gruñido de frustración. Cerró sus puños. Y se arrepintió al instante en el que el frío de diciembre -o de enero-azotó su piel desnuda. Su rostro. Sus hombros. Y llevaba sandalias de tacón. Bien podrían haber puesto un hechizo para simular una temperatura agradable también fuera. Porque se había dejado la varita en su bolso. Y su bolso en el ropero.

Una sombra comenzó a venir hacia ella. Y tuvo que reconocer que no gritó por dignidad. Porque no era un humano. Ni una criatura mágica. Tardó unos largos segundos en comprender qué era lo que se estaba acercando a ella. Afortunadamente, había visto una foto de ella en los informes sobre el refuerzo de seguridad en la Mansión Malfoy en verano. Y aquella alargada figura era una estatua en movimiento. Theia Malfoy.

-Eh, ¿hola? -La estatua le sonrió. Y se parecía demasiado a Astoria Malfoy. Pero más joven. -¿Qué quieres? -Le inquirió. Se detuvo a su lado. Y le cogió de la mano. Le hizo un gesto con la cabeza para que la siguiera. -Oh... ¿Me guías? -Preguntó. Era una estatua. ¿Cómo podía saber aquello? La estatua de Theia Malfoy asintió. Le apretó la mano y la arrastró hacia los jardines. -Oh, ¡más despacio! ¡Tú no llevas un vestido y tacones!

Y tampoco podía morirse de frío como ella.

Al parecer, Scorpius Malfoy quería desparecer de la Gala, porque tuvo que andar unos minutos hasta que la estatua le señaló un espacio abierto. La empujó con el hombró y soltó una risita. Rose le gruñó. Theia despareció. No antes de silbar como un cowboy para que Scorpius se diera la vuelta y dejara de contemplar el trozo de mármol negro que se encontraba en el centro.

-¿Weasley? -Extrañado, tuvo que acercarse a ella. Como si no supiera quién era. -¿Qué haces aquí?

-He decidido que quería congelarme de frío, ¿tú que crees?

Resopló. Básicamente para quitarle importancia al hecho de que era cierto que estaba comenzando a sentir la hipotermia sacudir su cuerpo. Y no por el hecho de que hubiera encontrado a Scorpius Malfoy en lo que parecía su escondite.

-¿No estuviste en clase cuando dieron el hechizo para entrar en calor? -Se burló el muy imbécil.

Decidió ignorar su comentario. Y seguir siendo la "jovencita valiente" que Astoria Malfoy creía que era.

-Tu madre me ha pedido que venga a por ti...-Oh, la expresión en el rostro de Malfoy cayó al suelo. -Tienes un discurso que dar o algo así.

-¿Mi madre te lo ha pedido a ti?

Fue el tono que empleó lo que la ofendió. Porque ella también tenía esa pregunta.

-¿Sabes, Malfoy? -Le apuntó con su dedo inquisidor.- Tu madre piensa que soy una jovencita valiente y encantadora. Así que es evidente que piensa que soy tu mejor influencia.

Puso los brazos en jarras. Para darle seguridad. Más tener los brazos separados de su cuerpo era aterradoramente algo helador.

-Claro que piensa eso -Bufó. Bueno, al menos él también tenía dudas al respecto. Desde luego si Astoria Malfoy pensaba aquello no era gracias a él. -Ahora iré.

El joven se dio la vuelta. Para seguir contemplando aquel estúpido trozo de mármol. Y la ignoró. O sea, ella salía a la interperie. Con riesgo a una maldita hipotermia. Clavaba y destrozaba sus zapatos en la nieva -si Lucy se enteraba de lo que había hecho con su regalo, no viviría para contarlo. Y el muy desagradecido ni mostraba amabilidad. Debería tener una cámara para demostrar que Scorpius Malfoy era un arrogante imbécil con complejo de superioridad.

Además, era la primera vez que tenían una conversación relativamente larga desde la noche en la que se disculpó por haber sido una completa estúpida y arrogante con él. ¿Por qué? Rose Weasley no tenía ni idea. Después de lo que había hecho por él. Sinceramente no lo entendía. Lo cual podría ignorar. Pero le frustraba que, en el momento en el que ella demostró que no era una bruja cualquiera, tuviera que ser precisamente él el que pusiera el foco sobre ella. Porque no podría ser otra maldita persona.

-Malfoy -Le llamó.

-¿Qué? -Y sonó cansado. Como si su voz fuera una molestia.

Rose se aclaró la garganta y -gracias, Astoria Malfoy -comenzó a rasparle por el frío que hacía fuera.

-¿Por qué no me has perdonado?

La pregunta era sencilla, ¿verdad?

-¿Disculpa?

Pues no era nada sencilla para el señor Malfoy.

-Te pedí perdón... Por no ser justa contigo todo este tiempo... -Dolía decir aquello. Sintió como si estuviera tirando su dignidad por el retrete. -¿Por qué no me dijiste nada desde entonces?

-Oh, porque sé que no lo decías de verdad -Dijo como si no le supusiera un problema admitir aquello.

Eso mantuvo callada a Rose unos segundos. Asimilando su respuesta.

-¿Entonces crees que era mentira? -Inquirió.- ¿Por qué haría eso?

-Porque tu madre te lo pidió-Silencio. Maldito hijo de Malfoy. -Rose Weasley jamás haría algo así... Sobre todo, así, de repente... Sin que yo hubiera hecho nada que te hiciera sentir culpable por todo lo que me has dicho a lo largo de tu vida.

-Bueno, eso es porque no me conoces tan bien.

El maldito Malfoy. Pero, ¿cómo se había dado cuenta?

-No te hagas la ingenua -Le dijo con una sonrisa de suficiencia. Girándose finalmente para encararla. Rose abrió la boca para decir algo. Más la cerró. - Albus me dijo que había alguien del Ministerio protegiéndonos de Whitehall -Por supuesto que había hecho ella. Se lo había pedido ella. - Solo podías ser tú. Mandada por Hermione Wesley. Justo cuando me perdonas y me dices que tenga cuidado... -Scorpius frunció el ceño. Rose ladeó la cabeza. -Dime, ¿lo habrías hecho si tu madre no te lo hubiera pedido?

¿Sinceramente? No. Él tenía razón. Solo si sentía culpable por su comportamiento. Era demasiado orgullosa como para hacer aquello por cuenta propia. Podía decirle que tuviera cuidado. Avisarle del peligro. Recordarle que la lucha era más importante que su rivalidad. Como había hecho en el tren. Pero no rebajarse tanto. Porque era estúpidamente orgullosa.

Aquello no tenía por qué decirlo en voz alta.

-Nunca lo sabrás -Dijo simplemente.

-No hace falta que te perdone, Rose -Dijo, aclarándose la garganta, como si su nombre salir de su boca fuera veneno.

-Oh, claro, tú eres superior a todo eso.

Scorpius se pasó la mano por el pelo. Despeinándolo. Como si hubiera querido coger las manos y llevarlas a su cuello para ahorcarla y matarla... Bueno quizás no.Pero sí que tenía algo de esa rabia que veía en sus ojos cada vez que hablaban. O discutían, pues "hablar" era algo que no sabían hacer.

-¿Ves? -Le cuestionó. Se dio cuenta de que, mientras que ella estaba más calmada. Porque había empezado a dejar de sentir su dedo meñique. Él estaba ciertamente dispuesto a un enfrentamiento. Tensó su mano entre ellos dos. - Ese es tu problema. No me escuchas -¿Perdona, Señor Malfoy? -Nunca lo has hecho. Pones en mí palabras y actitudes que jamás he tenido... -Rose quiso decir algo. Y Scorpius alzó una ceja. Como si le estuviera diciendo que acababa de hacer eso. Acababa de mutar lo que fuera que hubiera dicho. Y lo había transformado. -Me antagonizas sin que yo haya hecho nada -Era suficiente con que fuera él, ¿no? -Lo único que tengo malo es un apellido horrible.

Rose reprimió una sonrisa. Porque, pese a que Scorpius era un imbécil arrogante, era divertido ver cómo le irritaba. Cómo le irritaba por una simple estupidez, si uno pensaba en la ley de la relatividad. Con todo lo malo que estaba pasando a su alrededor. El estado en el que estaba en ese momento. Tenía sus mejillas encedidas. El pelo hecho una maraña como la de Albus. Y los ojos recriminándole que le divirtiera aquello. Tosió para disimularlo.

-Y un nombre espantoso -Añadió Rose intentando sonar seria.

Él la ignoró por completo.

-No estoy diciendo nada que tú no hayas dicho antes -Suspiró. Oh, es que, ¿por qué tenía razón? Su dignidad estaba en Plutón por lo menos. Ella era la que se había confesado ante él. - ¿O te arrepientes de haberlo confesado? -Debía plantearse si Scorpius podía leerle la mente. - ¿Cómo era...? Ah, sí, que yo no tengo la culpa.

Bien, bien. No su mejor momento. Intuía que en algún momento lo sacaría en su contra. Suspiró. Volvió a toser para disimular una sonrisa. Porque Rose había hablado de Inferi. De dementores. De muertos. De personas en peligro. Del Ojo. De que le impactaba aún ver a Gwendoline Cross porque no había dejado de tener pesadillas sobre aquel momento en el que intentó ahogarla. Sus peleas con Scorpius Malfoy podían esperar a que no hubiera asuntos más importantes por los que enfurecerse y apretar los puños.

-¿Y si...? ¿Lo dejamos así? -Sugirió.

Era una propuesta que el joven no se esperaba en absoluto. Cambió varias veces de expresión. Como planteándose si la había escuchado bien. No podía ser alcohol aquella vez. Porque delante de sus padres era una hija ejemplar. No como... Su hermano.

-¿Así cómo?

Ella frunció los labios.

-Lo que te dije...- Hizo un gesto con la mano para restarle importancia.- Sabías que era verdad en cuanto te lo dije -Los grises ojos del muchacho brillaron. - Y es cierto que no quería decirlo y que mi madre insistió en que lo hiciera...-Su voz relató aquello como cosas que pertenecían a la teoría principal que iba a caer en un examen.- Pero era para que Whitehall y Glyne... Y el resto... No viera en mí un motivo por el que odiarte a ti y a tu familia... Así que, bueno, ¿podría decirse que lo hice para protegerte?  -Concluyó con una forzada sonrisa.

-Pero lo hiciste para protegerte a ti también -Debió haberse temido que Scorpius no alzaría la bandera blanca así sin más. -Sabías que Whitehall era un monstruo y no querías verte asociada con su forma de pensar.

Resopló.

-Por supuesto que no. Pero ya te lo dije, nunca he coincidido con su ideología...

-Vaya forma de demostrarlo -Le interrumpió.

Rose bufó.

-Oh, vamos, sabes que soy imbécil... -Y aquello fue lo que más sorprendería a Scorpius aquella noche, imaginó. Rose Weasley admitiendo que era imbécil. -Solo... Dejémoslo así. No hace falta que me perdones... Es una estúpidez de todos modos.

Miró sus pies. Porque ya ni siquiera encontraba su dignidad en el sistema solar.

-¿No entiendes que no hace falta que te perdone? ¿Por qué? ¿Por una rivalidad que te han inducido?

-Bueno, en el Refugio...

-La pagaste conmigo y punto -Scorpius no iba a calmarse ni un poco, ¿no? - No, no me lo merecía. Y sí, fuiste una imbécil -Ah, qué ganas tendría de usar sus propias palabras para insultar sin necesidad de elaborarlas. - Pero esa es tu horrible forma de lidiar con tus problemas... Insultando y haciendo daño.

Ella seguía mirando al suelo. Le pareció curioso, como diría Luna Scarmander, que no se sintiera en absoluto insultada. No solo porque fuera la verdad -porque la verdad, en ocasiones podía ser un insulto-; sino por el tono que utilizó. Era una mezcla. ¿Decepción, tal vez? Sí, había sido algo así.

Sonrió tímidamente.

-Es algo de genética Weasley -Se excusó en vano.

Aunque era cierto. Por mucho que de pequeña hubiera querido ser igual que su madre, había acabado siendo Ronald Weasley. No eran sus historias favoritas, pero sabía que su padre era temperamental. Orgulloso. Y que abandonó a sus mejores amigos por esos mismos atributos. Ella lo había heredado. El genio de los Weasley. El hacer daño e insultar cuando se sentían heridos. Era un mecanismo de defensa de mierda. Lo sabía. Y luchaba por evitarlo.

-Por suerte, yo tengo genética Greengrass -Se sorprendió al oír a Scorpius decir aquello. Alzó la vista hacia él. Por primera vez en no sabía cuánto tiempo, le sonrió de verdad.Y no cómo hacía en las prácticas de Quidditch cuando hacían una estrategia impresionante. Porque la sonrisa del Quidditch era de compañerismo. Y la sonrisa que le daba en ese instante era una que muy pocas veces había visto. -Ahora, si me lo permites, voy a seguir hablando con mi padre.

Se giró. Supuso que debió marcharse. Pero sus pies se anclaron en el suelo. Y se habían quedado dormidos. Oh, perfecto. Ahora parecería una acosadora. Y si se movía, probablemente se caería, porque no solo tenía tacones, sino que el hormigueo de sus pies era dolorosamente incesante.

-¿Esa es su tumba? -Optó por decir.

Se dio cuenta de lo estúpida que era la pregunta demasiado tarde.

-¿Quieres puntos para Gryffindor por adivinarlo? -Le cuestionó.

-Lo siento. No sabía que estábamos al lado de...

Entonces, como si se hubiera rendido a un momento a solas por su culpa -era así -, resopló. Y se acercó a ella. Vio que el traje que su madre había elegido para él era odiosamente perfecto para Scorpius.

-¿Y qué pasa? -Inquirió.

Sintió sus mejillas enrojecer. ¿Por qué? ¿Por qué su cuerpo le hacía pasar esos momentos? ¿Qué había hecho ella? Merlín debía odiarla.

-Pues que no quiero que vea algo así... -Pero dejó su frase caer como una interrogación. Scorpius frunció el ceño. -Ya sabes, ahora tu padre va a pensar que tenía razón con los Weasley -El joven rodó los ojos. Rose quiso abofetearse. - Lo siento... No quería... Tu padre era un gran mago. Su hijo también, aunque podía mejorar en sus habilidades sociales.

Se hizo un silencio. Se odiaba a sí misma. Mucho. Era una persona sin dignidad. Y estaba comenzando a quedarse sin razones para seguir existencia.

-Me acaba de preguntar por qué aún no te has ido -Fue su comentario.

La desubicó por completo.

-Oh, ¿está aquí de verdad? -Susurró.

Realmente Draco Malfoy podría ser un fantasma y ella no tenía por qué saberlo, ¿no?

Pero su voz en cuatro tonos más bajos fue causa de una triste sonrisa en Scorpius.

-Es lo que habría dicho.

Se había quedado con ella.

-Me habría gustado conocerle -Si seguía metiendo la pata, al menos podía decir algo más reconfortante. Era Rose. Solía hacerlo. Con las personas que le importaban, claro.- Mi padre no siempre ha tenido buenas palabras hacia él...-Mal, Rose, malísima elección de palabras. Scorpius alzó una ceja hacia ella. Se estaría cuestionando si había bebido.- Pero mi madre y tío Harry parecían comprenderle. Tío Harry ha estado luchando porque se le reconozca como un héroe... Pero ya sabes cómo están las cosas.

Scorpius apartó la mirada. Rose se mordió el labio.

-Le era suficiente saber que nosotros lo queríamos. Pese a todo lo que hizo.

-Estaría muy orgulloso de todo lo que está consiguiendo tu madre -Intentó animar aquella conversación.

Sabía, gracias a Alice, que Scorpius nunca hablaba de su padre. Solo con Alice. No lo hacía con sus amigos porque no quería preocuparles. Así que, por Alice, no debía cagarla.

-Creo que no le había entusiasmado la idea de tener a todas esas personas en su casa... Se habría sentido culpable y no lo habría disfrutado... Es mejor así -Suspiró.

Definitivamente Albus Severus Potter no habría manejado muy bien aquella conversación.

-¿Y tú cómo te sientes con la Gala? -Decidió desviar el tema.

-Yo solo quiero que mi madre esté bien...-Buen intento de desviar el tema. - Si esto la hace feliz, adelante... Mientras no sea peligroso, puede hacer con la Mansión Malfoy lo que quiera. Es suya.

Maldita sea.

Scorpius Malfoy era un buen tipo. ¿Por qué no podía ser odioso? ¿Por qué? ¿Por qué? Le sonrió. Porque, ¿qué hacía una cuando su archienemigo -en tregua -le contaba cómo se sentía con respecto a una familia que sufría?

Debía seguir evitando aquello. Buen intento de Gryffindor era ella.

-¿Tienes pensado lo que decir en ese discurso?-Él soltó aire frustrado. - Puedo ayudarte. He repasado discuros de mi madre miles de veces este verano y...

-Va a ser unas simples gracias por venir -Le interrumpió.

No se imaginaba a Scorpius dando un discurso, si era completamente sincera.

-Oh.

Ambos se miraron en silencio por unos segundos.

-Creo que esta es la conversación más civilizada que hemos tenido nunca...-Comentó Scorpius con, otra vez, esa extraña y sincera sonrisa. - Te has ofrecido a ayudarme... ¿Te encuentras bien?

La comisura de su labio se torció por un lado, creando un aire de suficiencia que era más común en él. Porque con la otra sonrisa parecía el Scorpius que le dio la mano para hacerla desaparecer de los magos que acudieron a ellos cuando descubrieron el cadáver de Hagrid. O el Scorpius que la trajo a su casa cuando Gwendoline Cross les atacó en el Palacio de Hielo. A donde estaban en ese instante.

Se aclaró la garganta.

-Creo que se me ha congelado el cerebro.

Scorpius hizo amago de reírse. Más lo confundió con una tos.

-Es probable.

No era probable, Scorpius. Era seguro. Total y completamente. Definitivamente hipotermia.

-¿Puedo decirle unas palabras a Draco Malfoy? -Se encontró preguntando.

El joven abrió la boca para decir algo. Se arrepintió, porque con una sonrisa de superioridad le indicó la estela hacia la tumba de Draco Malfoy.

-Cuidado... Si vuelve de entre los muertos solo para matarte, no me haré responsable. Lo ayudaré -Y le guiñó el ojo.

Okay, ¿por qué su cuerpo volvía a hacer cosas extrañas como sonrojarse? ¡Que se detuviera de una vez! ¡El control lo tenía el cerebro, no su estómago!

-Oh, ni que fueras capaz de vencerme en un duelo...-Bufó con sorna.

Clavó su mirada en ella.

-Siempre tan humilde.

-Le dijo la sartén al cazo.

Y rodó los ojos.

-Adelante.

Bien, los pies se habían despertado. Qué oportunos.

Se dirigió hacia la tumba de mármol negro pulido. Hasta su tumba era tan elegante como su persona. Como su mujer y sus hijos. Pregunta rápida: ¿cómo podía un bebé ser elegante? Desde luego, Remus era un desastre a su lado.

Bajó la voz cuando se dirigió hacia la piedra. Porque no podía conjurar un Muffliato.

-Señor Malfoy, hola. Soy Rose Weasley -Supuso que era necesaria una presentación. - Por favor, no me lance demonios ni nada, vengo en son de paz -Lo rogó con todo su corazón. Dos segundos después, no sintió ninguna fuerza infernal poseyéndola. -Solo quería darle las gracias por todo lo que ha hecho por los demás -Suspiró. - Es usted un héroe para mí. Y para muchos más -Miró de reojo a Scorpius. La observaba con detenimiento. -Scorpius, su hijo, me ha dicho que solo le basta con saber que su familia le quiere... Pero yo quiero decirle que sé su secreto -Bajó el volumen aún más. -Y quiero que sepa que lo ha conseguido. Solo pudo haber sido un gran padre y un gran marido porque... Son extraordinarios. No digo que usted no lo fuera. Pero quería que ellos fueran mejores que usted, ¿no? -Tragó saliva. -Su mujer acaba de reunir hoy a los antiguos héroes y a los nuevos en su casa, ¿se lo puede creer? Nadie antes lo había conseguido. Es muy fuerte... Y no se preocupe, su corazón solo le pertenecerá a usted. No sé cómo lo hizo. El que le perdonara. Ambos sabemos que fue todo ella, ¿no? Te prometo que me encargaré de no le pase nada -Se lamió los labios. -Creo que le gusto. Sé que usted discreparía. Pero, ¿qué se le va a hacer? No es como si pudiera usted hacer nada al respecto -Hizo una puasa al comprender su error. - Perdón. No... No quería decir eso -Era más fácil disculparse ante un muerto, descubrió. - Y Scorpius... Bueno... Usted ya sabe que no es mi mejor amigo y supongo que él le habrá contado que soy la peor persona del universo -Y eso era ser amable.- Pero me ha dejado hablar contigo, así que intuyo que no puedo ser tan mala. Él es un gran mago. Hoy se lo he dicho, pero le haré un Obliviate después, ya sabe que es muy arrogante... Probablemene sea su culpa. Pero lo es. Es... -No podía decirle nada malo a su difunto padre, ¿verdad? -Bueno está en Gryffindor, ¿no?

-¿Rose?- Le interrumpió.

Para que se apresurara. Aunque intuyó -porque las palabras de Coleman habían calado -que a Astoria no le importaría en absoluto.

-¡Un momento!  -Pidió. No escuchó respuesta. Bien. -Me tengo que ir, señor Malfoy -Era algo extraño estar haciendo aquello. - Pero quiero que sepa que siempre estará conmigo... Ya sabe mi Patronus, ¿eh? Es nuestro secreto, ¿de acuerdo?

Frunció los labios. Frunció el ceño. La única persona que sabía aquello sería el difunto Draco Malfoy. Tenía sentido, ¿no? Su Patronus era un dragón. Y ahora ambos sabían por qué.

Suspiró.

-Si lo hubiera sabido, no te habría esperado -Escuchó decir a Scorpius.

Volvió a Scorpius. Frunció el ceño.

-¿Y por qué lo has hecho? -Le cuestionó.

Él no dijo nada. Le tendió su brazo. Para ayudarla a caminar por la nieve, supuso. Como un caballero de sangre pura que habían educado bien.

-Vamos -Ordenó con firmeza.

Ella rechinó los dientes cuando comenzó a andar. Los pies le dolían. Era un dolor que nunca antes había experimentado.

-Creo que se me han congelado los dedos de los pies -Susurró.

-Probablemente sea el karma.

Rose gruñó.

-Ojalá una bludger te tire de la escoba cuando volvamos.

Él la miró con una sonrisa de suficiencia.

-Oh, ya sabré a quien culpar.

-Al karma -Musitó.

En lugar de una respuesta avispada, Rose Weasley se sorprendió escuchando una carcajada relajada de Scorpius Malfoy.



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