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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 27 de Enero de 2021, 11:55
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(V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)


Habían visitado el cementerio del valle de Godric. No era el mejor lugar para una cita. Más no eran los mejores en aquellas cosas. Tampoco era necesariamente una cita, pues él era Albus y ella Alice. Y querían visitar la tumba de James y Lily Potter. Porque ellos, de un modo extraño, querían decirles que su amor había merecido la pena. Y que harían todo lo posible por estar a su altura. A Alice siempre le había fascinado la historia de los señores Potter. Y siempre había recalcado la similitud con sus propios abuelos. Recordaban que Neville Longbotton pudo haber  sido Harry Potter. Desde pequeños, Alice le bajaba los humos diciendo que eran iguales. Y, desde pequeños, Albus Severus Potter se negaba. Hasta que tuvo razón. Hasta que ambos en Slytherin no podían negar la evidencia. Eran iguales. Siempre habían pensado igual.

Se habían paseado por el valle de Godric después. Escuchando canciones de Navidad. Viendo las luces. La había besado. La había abrazado. Caminaban enredados como almas que habían pasado milenios juntas.

-...Si hubieras visto su cara -Se reía Alice. -¡No paraba de gritar que me habían lanzado un Imperio! Como si una chica no pudiera vencerle...

-Es Collingwood, probablemente piense que nadie podrá vencenerle -Se rio Albus.

-La clave está en darle en la rodilla... Es su punto débil. Probablemente de una caída en Quidditch que no se curó -Explicó Alice, sonriendo. Apretó el brazo de Albus. -Por si algún día necesitas saberlo... Mi debilidad es la costilla... Madame Pomfrey no debió haberla reparado bien una de las veces que me caí de la escoba.

Albus se deleitó ante su risa cantarina. Entonces, lejos de una pista de Quidditch y de una escoba, podía reírse.

-Si alguna vez quisisera vencerte... Nos veríamos volando -Le guiñó el ojo.

Ella enrojeció y le sacó la lengua. Uno casi creería que no tenían nada de qué preocuparse. Seguramente los transeúntes envidiarían su aparente suerte. Por supuesto, Albus se sentía afortunado de pasar, aunque fuera, unas horas con ella. Más los transeúntes no sabían su historia.

Y fue entonces cuando pensó que era momento para decirle aquello que había estado guardando todo aquel tiempo. Porque había sido egoísta y había esperado hasta el último instante. Se ajustó la corbata del traje de chaqueta que volvía a utilizar para, en poco tiempo, asistir a la Gala de Año Nuevo que Astoria Malfoy celebraba en su Mansión.

-¿Ocurre algo, Al?

Albus cogió su rostro entre las manos. Ambos inhalaron el aire del otro. Y Albus cambió su expresión a un tono más serio. Sabían que quedaban minutos para que el Ojo la reclamara.

-Lo he descubierto -Le reveló. -Sé por qué debía confiar en ti, incluso si no me explicabas por qué... Y agradezco a Salazar que no insistiera más de lo que hice...

-Albus -Le advirtió Alice.

-No me lo ha dicho tu familia... No me lo ha dicho nadie... Lo he descubierto yo -Expresó. ¿Era necesario añadir que Isabella Zabini había jugado un papel esencial en aquello? Había decidido no comentar nada al respecto, para proteger  a la Slytherin. En caso de que los recuerdos de Alice fueran investigados en cuanto llegaran al Ojo y este tuviera un motivo más para negarle la entrada a Zabini. La impotencia barrió la expresión de Alice. -Tú no tienes por qué decirlo... -Suspiró. -Sé que estás bajo un Juramento Inquebrantable...

-Albus -Insistió Alice.

-No, escúchame -Le rogó. -Vamos a romperlo -Le sonrió. Vio los ojos de Alice humedecerse. -Encontraré la forma... Le preguntaré a tu padre... Le dirás al Ojo que vendrás a verme porque así te liberaré...

-No puede romperse -Dijo Alice.

-No, Alice... Me necesitabas a mí para romperlo -Sonrió Albus.

Tal vez no era necesario que Alice supiera que no tenía ni la más remota idea de cómo hacerlo.

-Es peligroso -Se estaba negando a que le ayudara. -Puedo ayudar más si estoy con ellos...

-¿Qué importará eso cuando Whitehall te cace? -Sintió la sangre bombear más rápido.

El Ojo era peligroso, sí. Pero desde que descubrió que los soldados del Ojo debían someterse a un Juramento Inquebrantable para confiar en su cometido, Edward Whitehall le parecía aún más peligroso. En definitiva, Alice Longbotton tenía más posibilidades de morir en manos de un Auror que en manos de sus enemigos.

La muchacha no respondió. Albus sabía que tenía razón.

-No lo hará -Afirmó Alice. -Tu primo Louis me necesita, Al, no puedo dejarle solo.

Aquello quebró la certeza de que aquello no sería tan complicado. ¿Quería Albus salvar también a su primo? Por supuesto que sí. Pero Alice Longbotton era su prioridad y hasta el más necio de los humanos lo entendería.

-Si encuentro la forma de romper ese Juramento... También podremos hacerlo con él -Solo que no estaba tan seguro de eso. -Podremos hacerlo con todos aquellos que no quieren luchar y que se han visto obligados -Concluyó.

Por la expresión de Alice, aquello no podría ocurrir jamás.

-Albus... -Musitó. Desvió la mirada. -Todos quieren luchar.

El joven Potter arrugó su rostro. No sabía si sentía frustración, impotencia o incredulidad.

-¡No creo que todos! ¿Por qué? ¿Por qué luchan con magos oscuros? ¡Tú vives con ellos, Alice! ¡Son todos unos monstruos!

No se preparó para que Alice Longbotton se deshaciera de su abrazo. Y le mirara ofendida. Como si Albus le hubiera dado una bofetada. Albus tenía sus intenciones en un buen futuro. Albus quería la paz. Y lo que había presenciado del Ojo cuando fue secuestrado no tenía ni un ápice de humanidad.

-No deberías decir eso -Le replicó. -Son humanos, Al. Renata, Derrick... Incluso Zoe.

-¿Ahora los llamas por su nombre?

-Que apoyen una causa distinta a la nuestra no significa que sean unos monstruos -Ignoró su pregunta. -No son magos oscuros. Están tan aterrados como nosotros cuando les dicen que tendrán que atacarnos... Sí, probablemente piensan en que quieren poder...Pero mira Whitehall... Es miembro del Temple, ¿no? ¡Y es un mago oscuro! ¡También quiere poder! ¡Y está asesinando a todos nuestros antiguos compañeros de Casa cada vez que les interroga porque deben dar información que les hará morir, Al! ¿Lo sabías? -Albus se echó hacia atrás. Atónito a la rabia de Alice. -Eran inocentes... Sí, los McOrez no son unos santos... Pero el resto... El resto era inocente -Suspiró. -Lo único que hacían era entrenar... Y están asustados porque Whitehall les capture porque saben que es una muerte segura...-Inhaló aire. -Sí, el Ojo también ha asesinado. A Minerva, a Roxanne, a Hagrid... ¡No tiene justificación! ¡Ni el hecho de que quisieran cumplir unas profecías! ¡Pero cometen errores los dos bandos! ¡Hay monstruos en todas partes!

Alice Longbotton se retiró una de las lágrimas. Alzó la mirada para ver a un Albus descompuesto por toda la razón que ella tenía. Y se lanzó a su torso para sollozar en él. Era la primera vez que lloraba desde hacía mucho tiempo, intuyó Albus, pues estaba desconsolada. Albus hizo lo que pudo apretándola contra él.

El joven asimiló lentamente la lección que Alice le acababa de dar. Había creído que no le hacía falta, al pasar tanto tiempo con Zabini. Pero tal vez el hecho de que ella no se sometiera al Juramento Inquebrantable la hacía parecer más humana. Incluso cuando Zabini había dejado claro que lo había hecho por cobardía.

Exhaló aire.

-Tienes razón -Dijo finalmente. -Pero si algún día estás en peligro, iré a por ti y romperé el maldito Juramento -Musitó contra su cabeza. -Y me da igual que no quieras que lo haga.

La oyó reírse. O quizás eran sollozos.

-...Siempre haces lo que te da la gana, Al -Dijo en un hilo de voz. -No sé cómo no lo has hecho aún.

-Porque me dijiste que confiara en ti -Recordó Albus. -Pero mi confianza tiene un límite.

Ella. Era el límite que ponía a todos sus principios.

La ayudó a retirarse las lágrimas y a calmarla. Caminaron hasta el traslador que había utilizado Alice. Albus sentía cómo poco a poco su cuerpo se estaba despidiendo de ella y se sacudía por el temor que sentía a no verla de nuevo. No dijo nada. Porque sabía que Alice estaba pensando lo mismo.

La volvió a besar tiernamente. Repasó con la yema de sus dedos su rostro. Guardándose para él todas las pecas del puente de su nariz. El color de sus ojos. La frondosidad de sus labios.

-Nos volveremos a ver, Al -Le aseguró.

Aunque era una promesa vaga. No era como la última vez. No le citó para ningún otro momento. ¿Le habían prohibido volver a verle? No quiso preguntarle. No quiso indagar en lo que fuera que la había hecho llorar. Pese a que intuía que era el miedo a morir.

-Le diré a Scor, Rose y Greenwood que los echas de menos también -Esbozó una sonrisa.

-Ojalá pudiera ir contigo -Sonrió tristemente y casi se le rompió allí mismo el corazón.

Y, antes de que pudiera retenerla, tocó el traslador y desapareció con él.

Albus suspiró. Se quedó unos minutos recorriendo el valle de Godric en soledad. Repasando sus pensamientos. Calmando la impotencia. Recibió un Patronus de su hermana Lily exigiéndole que se presentara en la Mansión Malfoy. No tenía ganas de ir. Si era sincero, esperaba que el comienzo de aquel año le diera indicios de que todo iba a estar bien. Pero sabía que no. Sabía que los primeros minutos lanzaría una maldición a las malditas profecías, a Ivonne Donovan, a Graham McOrez y a quien fuera que hubiera ideado todo aquello.

Finalmente se Apareció en la Mansión Malfoy. Estaba orgulloso de poder hacerlo. Tras un verano con un Auror de la talla de Edward Whitehall, el Departamento de Transportes Mágicos había aceptado darle una licencia de Aparición a Albus Severus Potter. No era como si su mejor amigo no la hubiera conseguido antes que él.

La Mansión Malfoy estaba irreconocible. En un buen sentido. Astoria Malfoy se había superado a sí misma. Juraría que podía oler a flores frescas incluso cuando estaba todo el exterior cubierto de una impoluta nieve blanca que veía a través de la ventana. Él se había Aparecido directamente en el Hall, pues las barreras reconocían a los invitados y así les ahorraban esperar en la interperie del último día de diciembre.

Mientras que el fondo estaba decorado con muebles blancos y girnaldas de hielo, el resto era un ambiente elegante y navideño. ¿Cómo podían congeniar esos dos atributos? La receta deberían pedírsela a Astoria Malfoy. Comenzó a subir la escalera y se sorprendió al encontrarse a una gran cantidad de caras conocidas. Astoria Malfoy había invitado a numerosos miembros del Temple. A gente de confianza del Ministerio. A familias magas que hacía tiempo que no veía.

Sintió una mano cerrarse sobre su hombro. Se giró para ver la sonrisa de suficiencia de su hermana Lily Luna Potter. También estaba radiante. Su estómago se retorció al darse cuenta de que llevaba un vestido de su madre. Motivo por el cual la hacía parecer mayor, más solo había que fijarse en sus suaves rasgos para comprobar que tan solo era una muchacha de trece años.

-Vamos, Al -Lo empujó hacia una parte de la Sala. -Todos te estamos esperando.

Cuando llegaron, Albus Severus Potter no esperó encontrarse a todos. A toda aquella generación de Guardianes de Hogwarts que una vez prometieron luchar por salvar Hogwarts. Y que ahora debían salvar el mundo mágico. Y el muggle.

No solo estaba un elegante Scorpius Hyperion Malfoy y un desaliñado Peter Greenwood que corrieron a abrazar a Albus; un atractivo James Sirius Potter que pasó su brazo por el hombro de una tímida Cornelia Brooks; una despampanante Lola Brooks que se reía con la sagaz mirada de Rose Weasley y la eterna carcajada de Rick Carter; una sonrisa burlona de Sebastian McKing quien sostenía la copa de una alegre Lyslander Scarmander mientras arreglaba el desastre que Hugo Weasley tenía por nudo de cobarta; un avergonzado Lorcan Scarmander que asentía al entusiasmo de Ellie Coleman y Janet Rossen; una fascinada mirada de Camrin Trust que alababa el decorado de la habitación junto con Bárbara Coleman; unos gemelos McGregor que conversaban con la intrigada Claire Jenkins.

Sino que también estaban los demás. Una barba de tres días de Frank Longbotton que se rascaba mientras se reía al lado de Lola. El zumbido del desatado pelo de Fred Weasley mientras ladeaba su cabeza al comprender lo que podía ocurrir entre su mejor amigo y Brooks. La ternura de Rolf Rogers mientras abrazaba a Monique Jordan y a Beatrice Fenwick con un abrazo navideño, mientras un reservado Christopher Nott escondía su mirada en un vaso. El tema de conversación de Tim Marrs que mantenía intrigados a los gemelos McGregor, a Jenkins y a un renovado cabello largo de David Morrit. Una risa destartalada de Alexander Moonlight, mientras daba palmadas en el hombro de Teddy Lupin. Unas hermanas Weasley-Delacour que jugaban con un Remus ajeno a lo que le rodeaba. La mirada de comprensión que le lanzaba su prima Lucy Weasley y que le invitaba a unirse a ellos.

-¿Te ha comido la lengua el gato? -Comentó burlonamente Greenwood.

-¿El gato Alice? -Respondió con una sonrisa Scor.

La Navidad era para estar en familia. ¿Y qué ocurría si toda su familia había sido asesinada? ¿Qué no debía celebrarse la Navidad? Era un poco tarde, pues estaba en la celebración del año. En la increíblemente acogedora Mansión Malfoy. Hacía cuatro años, no había dudado en alabar aquel decorado. A preguntar cómo había conseguido las peonias esculpidas en hielo. Qué hechizo había utilizado para encantar el ambiente para que oliera a lo que cada uno creía que olía la Navidad. O asegurarse de que era la mejor vestida. Buscar un escote que desencajara mandíbulas. Esperar a la media noche para besar al joven más apuesto de la habitación y presumir después de ello.

¿Cómo era que nadie le dio una patada en la boca cuando se comportaba así?

Lucy Wesley odiaba a su alter ego del pasado. Cada día más. Por tomar decisiones estúpidas que la habían alejado de absolutamente todos aquellos que podían quererla. Y los únicos que la habían querido estaban muertos. Su madre. Su padre. Su hermana. Su prima Roxanne. Solo quería pensar que Louis seguía vivo para darse a sí misma un motivo por el que luchar. Porque todos sus primos la aborrecían. Era difícil pensar que una persona podía cambiar tan radicalmente. Dominique Weasley se lo había dejado claro cuando le dijo que había que respetar una serie de normas en la convivencia bajo el techo de Charlie Weasley. Victoire la había saludado como si fuera inferior a ella como siempre solía hacer. Fred casi la había ignorado... De no ser porque alguien le había contado que había estado ingresada en San Mungo. James estaba demasiado ocupado como para fijarse en que tenía una prima más. Definitivamente a Lily la perdió el día que le dijo que no era nada femenina y que parecía una delicuente con un chándal usado y jugando con una tabla con ruedas muggle; eso creía hasta que la saludó y le preguntó por las Pruebas de Auror. Dudaba que Hugo Weasley hubiera asimilado su presencia allí -pero evidentemente nada pasaba por alto de aquel niño-genio, ya que le cuestionó acerca de lo que pudo haber visto en el sótano de la Mansión repleta de Inferi.

Tan solo Rose Weasley y Albus Potter se acercaron a ella genuinamente. Albus la abrazó. Lo cual hizo que casi se le saltaran las lágrimas. Aquel joven era demasiado amable con ella para la tabarra que le había dado de pequeño con hechizos para peinar el cabello. Y Rose Weasley tenía un corazón demasiado grande con aquellas personas a las que quería ayudar. Lo cual hizo que se le encogiera el estómago... Porque claramente ella necesitaba ayuda.

Pensó en acercarse a Nott. Pero, ¿quería causar un escándalo? No más. Así que se insertó en la conversación de Tim Marrs, McGregor 1, McGregor 2, Jenkins y Morrit. Y rodó los ojos al descubrir que, pese a que al principio hablaban de lo que Morrit había estado haciendo en el Ministerio, acabaron hablando de cotilleos. ¿Qué si no en los fundadores del Diario del Castillo? Marrs le acabó confesando a Lucy que esta noche tenía pensado lanzarse a Monique Jordan. Caray, uno se convertía en Inefable y parecía que se le subía el autoestima. Lucy le animó. Realmente quería que Marrs fuera feliz. Porque era el único amigo que tenía en ese momento, ¿no? Si es que él se consideraba su amigo.

Fue entonces cuando su tío Charlie se acercó a ella. Y hablaron sobre lo que estaba haciendo Lucy en sus nuevas asignaciones. Supuso que su tío Charlie había dado una especie de orden para que la alejaran del peligro una temporada. Porque estaba hasta arriba de documentos y de libros que estudiar para unos exámenes que su instructor se había sacado de la manga.

-¿No ha venido Alexis? -Preguntó con curiosidad Lucy.

Su tío siempre había estado solo todas las Navidades. Pero ahora estaba casado, ¿no? Era evidente que tenía una vida muy atareada como para mantener una estabilidad marital tradicional. Lo cual envidió. Solo alguien como Charlie podía estar meses sin ver a su esposa y no parecer una Banshee llorando.

-Pasaré algunos días con ella... Pero sigue infiltrada en el Ojo -Se encogió de hombros. -La Magia Oscura no tiene vacaciones -Se mofó. Vio a alguien detrás de ella e hizo amago de retirarse. -Ten cuidado con Dominique -Fue su frase de despedida.

Genial. Como si Lucy no hubiera visto a su prima en forma de veela y, desde entonces, sabía que si la irritaba podría incinerarla en tres segundos. Además, estaba quedando con Alexander Moonlight. Si se lo proponían, podían matarla y poner al mundo mágico a su favor. Por lo que sí, Charlie, tendría cuidado.

-Hola, Lucy -Era una voz que conocía demasiado bien.

Mierda.

-Chris -Rechinó sus dientes en una forzada sonrisa. Muy atractivo, Lucy.

-Supongo que no quieres estar mucho tiempo a mi lado... -Lucy alzó una ceja. Vaya, un Nott directo. Pues sí que era una nueva vida para quien perdía todos sus recuerdos. -Pero sé lo que hice... Y quería disculparme.

Ella parpadeó. Luchó contra la necesidad de asegurarse de que aquello era real. Ems, ¿Nott disculpándose? Wow. Simplemente increíble. Tenía que decir algo y cerrar la boca que parecía que se había dejado llevar por la gravedad.

-Bueno... -Comenzó. -No creo que ya tenga sentido que te disculpes... -Se rascó la nuca y se dio cuenta de que acababa de estropear un poco su recogido. La preocupación ocupó el rostro de Nott. -Quiero decir... Los dos hemos hecho cosas de las que nos arrepentimos... Yo no fui la mejor persona cuando me enteré... Y... Quizás sea mi culpa que no tuvieras otra oportunidad con...

-¡MIS QUERIDOS INVITADOS! -Un hechizo para ampliar la voz de Astoria Malfoy apagó el resto de conversaciones de la Gala de Navidad. -¡QUEDAN SOLO UNOS MINUTOS PARA EL NUEVO AÑO QUE NOS ESPERA! -Alzó su copa de champán ante sus invitados desde el atrio donde se encontraba. -¡OS DESEO UN PRÓSPERO AÑO NUEVO!

Todos aplaudieron. Lucy dio un largo trago a su whiskey de fuego. Porque una Gala como aquella no iba a pasarse sin altercados a su estabilidad emocional. Y, evidentemente, no se había equivocado.

Porque... ¿Qué mejor situación que estar en frente de su ex novio justo antes de la medianoche?

Sí, el destino odiaba con mucha fuerza a Lucy Weasley. El karma era bastante sátanico.

El sonido de unas campanadas les envolvió.

Nott frunció los labios y alzó las cejas. Cuando las doce sonaron, Lucy le dio un apretón en el brazo a Chris.

-Ojalá Louis estuviera aquí -Le dijo con una sonrisa. -Contigo.

Lo escuchó respirar profundamente. Y decidió marcharse hacia un lado de la sala en el que no se viera envuelta de parejas besándose. No vio rastro de Albus -quien intuía que estaría solo ese día. Y recordó que los Potter iban a pasar la media noche con Ginny Potter en Azkaban. Ojalá sus padres estuvieran allí.

Lucy se abrazó a sí misma mientras el resto compartía su felicidad.

Vio a familias abrazarse. A Astoria Malfoy envolver en un frondoso abrazo a Scorpius Malfoy quien tenía en brazos a su hermana Theia. A Bill y Fleur Weasley arropar a Victoire. A Teddy Lupin dar un beso en la frente a su hijo. Rodó los ojos cuando vio a Alexander Moonlight buscar a Dominique Weasley -y, como pudo comprobar por la expresión del resto, no era algo que se esperaran. Sobre todo no era algo que Nicholas Woods hubiera previsto -pues se oyó su copa estrellarse contra el suelo. Giró sus ojos para ver a Lola Brooks besar teatralmente a una Cornelia Brooks que se enrojecía hasta la médula. Se carcajeó cuando descubrió a Peter Greenwood y Sebastian McKing besándose intentando -en vano -ocultarse al resto.  Su tío Ronald capturar a sus dos hijos en un abrazo mientras buscaba los labios de su mujer. Los Scarmander hacer una danza extraña que le dio un poco de vergüenza ajena. Y tuvo que soltar una risa al ver, efectivamente, a Monique Jordan acudiendo a Marrs y besándose.

-¿En quién estás pensando, prima?

Se giró para encontrarse a Fred Weasley. Le sorprendió ver que la miraba con curiosidad. Casi soltó algo como "¿en quién piensas tú?". Casi. Hasta que se acordó de Susan Jordan. Fred debió verlo en sus ojos, pues sonrió amargamente y le dio un sorbo a su bebida. Que olía también a whiskey de fuego. De entre todos los primos, ellos dos eran los que más habían perdido. ¿Cómo no había encontrado antes en Fred un alma igual de rota que la de ella? Porque para ella Fred siempre sería el primo que la fastidiaba a rabiar con sus bromas y sus tonterías. No el joven de dieciocho años que tenía bolsas en los ojos y cicatrices y arañazos en su piel.

-En los abuelos -Suspiró. Fred la miró con curiosidad. -¿Por qué no han venido? ¿Crees que es porque esto es la Mansión Malfoy?

Se percató de que su primo no había pensado en aquel pequeño detalle. Era cierto que había muchos invitados. Pero también sabía, gracias a Dominique, que una gran mayoría había rechazado la invitación de Astoria. Por supuesto, todos sus tíos la habían aceptado. Incluso Ronald. Pero había otras familias que no se encontraban allí. Y que ella sabía que habían sido invitadas. Como los señores Thomas. Seamus Finnigan. Las señoras Patil. Los señores Creevey.  Los McLaggen. Antiguos compañeros de Casa de su padre.

No obstante, sí que habían venido los Weasley, los Potter, los Scarmander, la Auror Alicia Spinnet, la Sanadora Bell, los señores Wood, los señores Jordan. El profesor MacMillan. Los señores Finch-Fletchley. Los señores Nott. La profesora Trelawney. Y otros muchos más.

-Igual no les apatecía ir a una Gala -Respondió Fred. -Ya sabes que los abuelos odian las formalidades.

Lucy arrugó la nariz. No estaba convencida del todo.

-¿Y crees que el Ojo decidirá atacar hoy? Están todos sus objetivos reunidos -Señaló.

Fred negó.

-No los pillarían con la guardia baja -Comentó. -La Mansión ha reforzado hoy su seguridad y hay muchos magos por los jardines para protegernos... Y criaturas mágicas también -Añadió con un guiño.

Sí, su tío Charlie le había contado que el arrogante de su primo era un maldito dragón en su forma de Animago. Estaba contenta por él. Realmente. Era un subidón de adrenalina para quien estuviera en la mierda. Si solo no lo hubiera contado en miles de ocasiones.

-¿También está Cross? -Tanteó las aguas y la opinión de su primo.

-¿Quién mejor para combatir el Ojo que una asesina que ellos mismos han entrenado? -Suspiró.

¿Desde cuándo su primo Fred se había vuelto tan pensativo?

Permanecieron en silencio un momento en el que Lucy aprovechó para balancearse de un lado a otro con la finalidad de calmar el dolor en sus tobillos por llevar unos tobillos tan altos. Fred seguía con una mirada pensativa.

Ambos se sorprendieron cuando Monique Jordan, después de haber besado a Tim Marrs, acudió a ellos con una tímida sonrisa. Pero con firmeza en sus pasos y en sus gestos.

-Vaya, vaya, Jordan -Se burló Lucy. -¿Vienes a que te demos nosotros otro beso?

La aludida enrojeció.

-Oh, cállate, Weasley -Le dio con la palma de su mano en su brazo. -Era solo una deuda que teníamos pendiente.

Aquello entristeció a Lucy. ¿En serio iba Monique Jordan a besar a Marrs y olvidarse de él después? ¡Eso le rompería el corazón en millones de pedazos! Comprobó que Marrs parecía pletórico cuando se escudó en sus amigos. Volvió su mirada a Monique. Entendía que estuviera sufriendo por la muerte de su hermana, pero eso no era ninguna excusa para ir recolectando amor de los demás. Y no ofrecer nada a cambio.

Monique Jordan le hizo un gesto con la mirada. Y Lucy, entonces, entendió por qué estaba allí. Por poco se le olvidó.

-Oh, mierda -Musitó. Fred se aclaró la garganta con diversión. Por supuesto, la Lucy Weasley de antes nunca decía palabras malsonantes. -Me quito los tacones y vamos -Le aseguró a Monique. -No quiero que se me estropeen cuando tengamos que bajar por el Sauce...

-¿Y prefieres ir descalza?

-¿Sabes cuánto cuestan estos zapatos?

Monique Jordan rodó los ojos.

-¿Vais...? -Escuchó a Fred tragar saliva. -¿Vais a ver a Roxy?

Su primo había dirigido la mirada a Monique Jordan. ¿Cómo sabía lo de su hermana? No había que ser detective para intuir que había sido Monique quien se lo había dicho. Oh, esta mujer.

-Sí -Contestó rápidamente Lucy. No quería que nadie más se enterara. -¿Quieres venir?

Se sujetó a él mientras se quitaba los zapatos. Los adoró cuando los tuvo en sus manos.

-Esto... -Balbuceó. -Aún no la he visitado.

-¿Y a qué has estado esperando? -Le espetó Lucy. -Si mis padres fueran unos fantasmas, me habría mudado a donde quiera que estuvieran malditos....

-¡Lucy! -Le reprochó Monique.

-Solo estoy diciendo... -Comenzó con un tono más calmado. -Que vengas con nosotros y le cuentes a tu hermana que eres un maldito dragón... Estoy segura de que ningún fantasma estará más orgulloso que ella cuando se lo digas...

Hubo un silencio en el que se sintió observada.

-Esto de ser Auror te ha cambiado, Weasley -Susurró Monique.

-Más bien el perder a toda mi familia...-Reflexionó, sintiendo una punzada de dolor en su estómago.- Pero, oye, también motiva saber que os puedo patear el culo y salir ganando.

Otra pausa.

-Y sin romperte una uña -Se mofó Fred.

-Porque las clavas en la carne como cuchillos -Completó Lucy.

Fred y Monique compartieron una mirada.

-Tal vez Roxanne también esté orgullosa de ti, después de todo -Comentó Monique.



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