Historia al azar: Los Gemelos Potter
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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
[ Más información ]

(V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


Comenzó a tararear Thunderstruck de AC/DC en su cabeza. Dio pequeños golpecitos en el suelo con su pie al ritmo de la canción. Una de las cosas que Remus Lupin había descubierto en el pasado era que le encantaba el rock. El viejo. Debería agradecer al Señor Goshawk por la introducción. Una lástima que lo hubiera tenido que matar. Y una desgracia que el Ojo no viera como una motivación positiva su adicción a ese tipo de música.

En su mente solo había lugar para tararearla mientras el mago que había a su derecha parecía querer asesinarle con la mirada. Intuía que estaba leyéndole la mente. Y estaba asistiendo a un concierto. Sonrió para sí.

Oh, claro, porque tener una audiencia con el Señor era el mayor evento de su vida. Sorpresa: No. Aquel Inmortal estaba tremendamente sobrevalorado. Y Remus Lupin ahogaba un grito de frustración, pues sabía que muchos lo opinaban. El joven no era particularmente inclinado a lamerle el culo a nadie. Y menos aún a él. Sobre todo cuando había conocido un poder ultieriormente superior.

Quizás se había equivocado al mostrar indiferencia hacia el Señor. Porque el Señor había comenzado a sospechar de él. ¿Sospechar de qué? Si no tenía nada de qué  sospechar. ¿Por qué maldito motivo? Había demostrado su fidelidad, ¿no? Les había nutrido de información sobre el futuro. Les había ido dando pequeños trozos sobre qué era lo que debían hacer para asegurarse de la victoria. Pero lo había hecho de forma lenta: no quería que se agotaran las razonas por las que mantenían vivo al hijo de Ted Lupin y Victoire Weasley que venía del futuro. No había ninguna prueba en su presente que justificara por qué Remus Lupin traicionaría a toda su familia. Porque, bueno lo había ocultado... No tenían por qué saber que en su presente había cosas que habían cambiado, ¿no? En su línea temporal, él fue secuestrado por Graham McOrez hacía años. Pero... Podría volver a ser secuestrado. Él mismo se encargaría de... Convercerse a sí mismo.

Se había planteado en numerosas ocasiones por qué habían cambiado los eventos. ¿Por qué su tía Dominique Weasley no había muerto? ¿Cómo era que su padre había sobrevivido al ataque del Palacio de Hielo? ¿Y cómo había logrado su madre mantenerle aún con él? Supuso que tal vez el hecho de que él volviera al pasado habría hecho cambiar algunos aspectos de su línea temporal. De nuevo, el Ojo no tenía por qué saberlo. Porque entonces sí que tendrían motivos para matarle.

Asintió a lo que fuera que el Señor estuviera diciendo. ¿A quién diablos le importaba lo que el Señor opinaba sobre su propia teoría de los múltiples universos? Vio por el rabillo del ojo cómo Graham McOrez absorvía las palabras del Señor. Remus arrugó la nariz. Lameculos.

-... Lo que no entiendo, señor Lupin -Se dirigió directamente a él. Parpadeó. -Es por qué motivo le mandaríamos a usted al pasado si ya conseguimos nuestro propósito.

Remus Lupin tuvo que obligarse a hablar. Definitivamente el Señor no confiaba en él.

-Es evidente, ¿no? -Le desafió. Podía sentir a McOrez apretar su varita. -Lo conseguisteis gracias a mí... La profecía habla de cómo yo seré la Guía.

El Señor asintió. Su sospecha seguía presente, por supuesto.

-También se refiere a unas luces que pueden guiar a nuestra derrota... Dígame, ¿qué piensa hacer con esas luces?

Remus suspiró aliviado. Algo de lo que se sentía orgullo al fin. Sonrió.

-Destruirlas -Contestó. -Ya les dije que maté a mi madre en el futuro -Se hizo una pausa. Bueno. Ambos ya sabían que no era ninguna bruja cualquiera. Sino la última Guardiana de la Magia. -No dudaré en matarla de nuevo aquí si usted me lo ordena -Concedió. Supuso que el Señor necesitaba aquello. No era como si no fuera verdad.

-¿Y la otra Luz? ¿Sabe a quién se refiere?

Se rascó la barbilla. Pero soltó una breve carcajada. Que hizo saltar a McOrez.

-¿Qué más da? En cuanto descubra quién es, acabaré también con ella -Le sonrió. Y si ellos lo sabían ya, así le ahorraban un problema.

De nuevo, otro silencio.

-¿Quién te mandó aquí? -Preguntó finalmente.

Finalmente la pregunta del millón. Todos habían dado por hecho que el Ojo era el que había mandado a un viajero del futuro para ponerles el camino hacia la Victoria. Él sonrió. Intentó no tensarse. Había momentos en los que debía regalarles el oído.

-Morgana me mandó para asegurarse de que todo iba bien -Respondió. Sintió al Señor deleitarse con aquella información. -Tal y como dice la profecía -Añadió.

-¿Cómo es ella? -Le preguntó.

Vio el brillo de adoración en sus ojos.

Remus sonrió con orgullo. Algo que ese Inmortal no había podido ver y él sí.

-Extraordinariamente poderosa -Le respondió.

Sintió un peso en su estómago al recordar su rostro. Sus ojos. Y el poder que -de verdad- enamanaba de ella. El Señor pareció ver el respeto que Remus Lupin sentía hacia ella, por lo que asintió. Satisfecho.

-Bien -Dijo simplemente.

E hizo un gesto con la mano para que se largara de ahí. No tuvo que repetirlo.  Se desapareció de allí en un segundo. Y apareció en la Mansión de los Parkinson. Había cosas que debía hacer aquel 27 de diciembre.  Se apresuró por los pasillos hasta ver cómo, efectivamente, Frank McOrez se preparaba para probar -por primera vez- unas de sus pociones de amor. Por mucho que Remus le hubiera insistido en que hacer aquello podría poner en peligro el Alzamiento de Morgana. ¿Prefería realmente tambalear el futuro para fracasar en su intento de ser un mago poderoso? Patético psicópata.

-Lupin -Le saludó con desprecio.

Oh, sí, su apellido no era muy aceptado entre el Ojo. ¿Por qué no había podido volver del futuro un McOrez o un Onlamein?

-McOrez -Le saludó de vuelta. Interrumpiendo su paso. Miró cómo guardaba rápidamente su poción en su abrigo negro. Le miró con diversión. -¿A dónde vas? ¿Te has cansado de las chicas de Beauxbattons?

Le cuestionó inocentemente. Como si no hubiera registrado sus diarios y su despacho en una ausencia para evitar que pusiera en peligro el futuro del Ojo. Había puesto en alerta a Zoe McOrez. Y sabía que tenía una poción -llevaba preparándola más de seis meses- que podría utilizar solo y finalmente aquel día. Tenía tanto ego que ni siquiera se había preocupado en pensar que necesitaría otros seis meses para preparar la siguiente poción si aquella fracasaba por algún motivo. Solo aquel día de Luna Llena en el sexto mes. Eso había escrito en su diario.

Y, bueno, Remus Lupin se había asegurado de que Lily Luna Potter tuviera otros planes aquel día. Aunque antes debía impedir que Frank McOrez le delatara ante ella o siguiera con su objetivo. Probablemente aquello se ganaría una sospecha mayor por parte del Ojo. Por esa razón, le había contado a Zoe McOrez que ella sería la mano derecha del Señor y Morgana. Le había hecho leer su mente para ver sus recuerdos y le había revelado que había sido su mentora. Su maestra. Sentía una especie de respeto hacia ella por esa razón. Solo así podía asegurarse de que se cumpliría ese futuro.

Y el Ojo creería a Zoe McOrez antes que a un sociópata. O así había sido en su futuro y en su pasado.

-A matar a Lilith Potter -Le contestó deliberadamente.

Remus asintió lentamente. No era ninguna sorpresa para él. Le sonrió.

-Verás, Frankenstein -Le dijo en un suspiro. -No creo que vayas a poder...

La alerta en sus ojos le llegó demasiado tarde. Remus le puso rápidamente un trapo en su boca y nariz. Sintió cómo Frank McOrez le intentaba dar un puñetazo, más su puño cayó al aire. Bueno, con la poción de Remus se quedaría dormido unas semanas. Vio que no había nada en el pasillo. No era como si quisiera que alguien le viera cargar con el cuerpo inerte de Frank McOrez, ¿no? No, no lo había matado. Pero le había dado una Poción para dormirle en cantidades que deberían darse a un dragón.

Silvó de nuevo Thunderstruck cuando llevó a McOrez a su sótano de los horrores. Lo posó sobre sus alfombras y cojines. Al rozar las telas, se manchó el jersey de sangre reciente. Rodó los ojos. Se giró para ver que había dos cuerpos desnudos en el suelo alejados de donde se encontraba Frank. Remus había matado a muchas personas, ¿pero cómo lo hacía Frank? Nunca. Nunca mataba por matar. Siempre tenía un objetivo. Como escaparse de Breedlove. Como acabar con la última Guardiana. Y, bueno, podría ser que alguna vez hubiera matado a alguien por no coincidir con su opinión. O porque sus armas fueran más potentes que las suyas. Pero, de nuevo, con un motivo justificado. Frank McOrez era un psicópata desatado. Que también podían decir eso de Remus. Pero él era un psicópata controlado.

Suspiró.  Se acercó a los cuerpos. Comprobó su pulso. Una estaba muerta, pero la otra seguía con un pulso débil. Tenía las manos cerradas sobre su estómago. La herida por la que estaba inconsciente era una daga en el ojo que ni siquiera había considerado quitar. Pero estaba encogida sobre su barriga. Como protegiendo a algo.

Oh.

¿¡Por qué le tocaban a él esas cosas?! Se pasó la mano por el pelo. Decidió que no se haría cargo de aquello. Si avisaba a alguien de que esa muchacha estaba embarazada, probablemente la matarían. Remus Lupin no era un héroe de esos que la cogerían y la sacarían de allí... Porque no era su maldito problema. Quien viniera a recoger el cuarto de Frank y tuviera que deshacerse de los cuerpos serían los que lidiarían con el problema. De todos modos, Frank McOrez nunca tuvo descendencia. Que, al menos, fuera conocida.

Aquello podría alterar al futuro.

Comprobó la hora. Oh, como siguiera allí iba a llegar tarde. Se llevó la mano a la frente. Y se la manchó de sangre. Mierda.

Se Apareció en un callejón que daba a Oxford Street. Salió a la avenida principal. Las personas comenzaron a mirarle sospechando de la sangre en su frente y en su jersey. Se miró en el reflejo del cristal de una tienda. Debería cambiarse de ropa. Miró a su alrededor. Era hora de buscar un atuendo para ver a Lily Luna Potter.

Lo encontró en un joven que iba con un abrigo camel, una camisa y unos pantalones que parecían de su talla. Sonrió. Le sonrió.

-Imperio -Conjuró hacia él.

Le indicó con un gesto en la mirada que se acercara a la entrada de aquel callejón. Le obedeció. Por supuesto que lo hizo, era un muggle bajo un Imperio. Le ordenó que se quitara la ropa y se la dejara a él. ¿Podía hacerlo sin asesinarle? Sí. Y, de hecho, debía hacerlo -desafortunadamente -pues ocultar un cuerpo de un muggle siempre traía como consecuencia todo lo que había que ocultar al resto del mundo. Además, verían en su ADN que era hijo de Weasley y Lupin... ¿Necesitaba Remus que sus padres supieran que su hijo había regresado para matarles? Aún no. ¿Tenía que acudir al Ojo para que le ayudara a cubrir su paso por el mundo muggle y explicar por qué estaba con Lily Luna? Rotundamente no. Por ahora.

Se acomodó la camisa y el abrigo. Le quitó también los zapatos. Ajustó la ropa con un hechizo para que le quedara como si estuviera hecha a medida para él. Se arregló el cabello. Se limpió la cara con la camiseta interior del hombre. Y destruyó con un Reducto.  Miró al muggle con diversión. Le lanzó un Desmaius y un Obliviate. Buscó una botella de alcohol en uno de los contendores a su espalda. Sacó dos ginebras. Quedaban un resto en cada una. Roció el alcohol sobre el muggle. Y le hizo beber. Era Navidad. Probablemente se había pasado en una cena con la empresa que le habían hecho desaparecer su ropa y quedarse desnudo en un callejón. Y si tenía problemas con su familia -si tenía -no era asunto suyo.

Thunderstruck de nuevo sonó en su cabeza. Bailó disimuladamente hasta llegar a la esquina de Oxford Street con Hyde Park. Y allí, tan roja como una bola de Navidad, la esperaba Lily Luna. Esbozó una sonrisa lobuna al verla. Ella aún no se había percatado de su presencia. Mejor. Así podía observarla. Había cambiado desde la última vez que la vio. Tenía el pelo rojizo más largo y había crecido. Llevaba una bufanda de Gryffindor -que se excusaría diciendo que era el emblema de su colegio privado.

Ella no tardó en verle. Le dedicó una tímida sonrisa. Seguramente habría engañado a su familia. Dudó que le hubieran dejado quedar con un muggle, estando el panorama como estaba. ¿Qué habría dicho? ¿Qué iba a hacer unos recados? ¿La habría ayudado su amiga Scarmander? Le sonrió de vuelta. Aquella Navidad no la estaba pasando en su residencia habitual -había informado el Ojo. Remus sospechaba que era porque estaban ocultando a las hermanas Brooks -más no había dicho nada al Ojo... Porque la información más importante se la reservaría para cuando se encontrara amenazado por el Ojo. No era estúpido. Sabía que se desharían de él en cuanto no les fuera útil.

-Llegas tarde -Le acusó.

Sí, bueno, Remus estaba hablando con un Inmortal sobre el Alzamiento de Morgana y después de eso tuvo que deshacerte de un psicópata que quería matarla sin importar el peligro que suponía para el Ojo. Aquellas cosas requerían tiempo, Lily Luna.

No le ofreció ninguna muestra de afecto. Como un abrazo. O un suave roce en el hombro. Como habían hecho antes. Lo cual agradeció.

-Estaba decidiendo si dejarte plantada o no -Le respondió con una sonrisa de suficiencia.

Ella frunció el ceño. Para quien no lo supiera, Lily Luna había heredado todo el mito sobre la belleza que se había creado sobre Ginny Weasley. Y cuando Remus notó que Lily Luna había cambiado... Quizás también se había fijado en que era mucho más atractiva. Lo cual hacía la tarea de vigilar que Frank McOrez no la liara con el futuro mucho más amena. Gafes del oficio. Además, tendría la oportunidad de intentar descifrar a Lily Luna Potter. Si Remus sabía que Lily Luna Potter seguía estando viva en su futuro no era un simple informe que había leído por encima.

-¿Qué voy a hacer contigo? -Dijo Lily Luna Potter, mientras le dio un puñetazo en el hombro.

Oh, Remus tenía una serie de sugerencias en su cabeza, aunque quizás aquel no era el mejor lugar para llevarlas a cabo.



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