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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 19: Alfa
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Jueves 21 de Enero de 2021, 20:22
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(V) Capítulo 19: Alfa

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones


-Estoy orgullosa de ti.

Él oyó esas palabras como si fuera la última gota de agua de un desierto. Nunca los labios de aquella mujer habían pronunciado tales sonidos. No se giró para confirmar que no había sido su imaginación. Al contrario. Evitó su mirada rasgada. Sintió el peso del mundo caer sobre sus hombros. No era culpa. No era arrepentimiento. Sino responsabilidad. Ya no dependería de ella.

-Sé que te hubiera gustado que fuera de otra forma -Fue lo que dijo.

-¿Qué más da? -Suspiró la voz de la mujer que se encontraba a sus espaldas. Él se mordió la lengua por dentro. La apretó con saña. Como si así pudiera detener las palabras que quería dedicarle. No era el momento. Ni lo sería nunca. Wakanda no aceptaría su disculpa. No era una traición, precisamente, lo que estaba a punto de hacer. No era una rebelión. Era su destino. Siempre lo había sido. El hecho de que decidiera hacerlo entonces, por el motivo por el que lo hizo, no cambiaba nada. Wakanda no aceptaría un perdón que procediera de la magia más pura. No había nada que perdonar. -Ahora, arrodíllate.

La orden entró en su pecho como siempre lo hacían en el resto de licántropos de la manada. Como si le hubiera caído un rayo y le sacudiera todo su cuerpo. Hincó su rodilla en el suelo. Ofreció su rostro a la luz de la Luna que tenía sobre su cabeza.

Sentía los ojos de los presentes sobre su cuerpo desnudo. Lleno de sangre y heridas. De arañazos. De cicatrices. Pese al dolor que sentía, no temblaba. No se sacudía. Aún le escocían las garras de la que había sido su manada sobre su piel abierta. Y él los había vencido a todos ellos. La sangre recorría su torso desnudo hasta gotear en la tierra húmeda de un claro en un bosque escocés. Clavó su mirada en las familiares expresiones que le daban apoyo. Y que tenía en frente de él.

-Estoy preparado -Anunció Alexander Moonlight.

Wakanda se transformó en el lobo pardo que era. Posó sus garras sobre los hombros de Moonlight. Clavándolas en ellos. El joven apretó los dientes y encajó la mandíbula para que no se le escapara un grito de dolor.

Las garras se convirtieron en uñas humanas. El pesado rugido de Wakanda se trasnformó en palabras de una América primigenia. Elaborando un discurso que nunca en la historia se había pronunciado en voz alta. El peso de su pecho comenzó a liberarse conforme Wakanda alcanzaba el extásis en su ritual.

-...Eres un lobo libre -Dijo en su particular inglés rasposo. -Eres un lobo libre de crear tu propia manada.

Moonlight cerró los ojos para acoger toda la magia que se desprendió de aquel ritual. Wakanda sacó sus uñas de su piel. Como un gesto en el que lo liberaba de su dominio. De nuevo, Moonlight no se giró para verla. Barrió su mirada, en cambio, por las tres figuras desnudas que a la luz de la luna se habían arrodillado ante él.

Se incorporó. Sin importar sus heridas. Sin importar su propia sangre y la de su antigua manada sobre su vello. Se convirtió rápidamente en lobo. Con toda su magnitud se acercó a las tres figuras. Respiró profundamente.

Con los ojos apuntando a la Luna, comenzó a decir las palabras en el idioma que había utilizado antes Wakanda. No obstante, su propio discurso no era para liberarse. Sino para convertirse en algo más. Algo que su antigua Alfa le había augurado, en incontrables ocasiones, que debía hacer una vez llegara el momento.

Antes, el mundo solamente conocía a una manada de licántropos. Un solo Alfa.

Pero, en ese instante, Alexander Moonlight estaba creando otra manada. Se había convertido en Alfa. Por primera vez en la historia de la magia, había dos Alfa. Por primera vez en la historia de la magia, había esperanza para aquellos licántropos de Europa que vagaban solitarios y encadenados en una forma que anulaba su humanidad y su moral. Alexander Moonlight se estaba comprometiendo a ayudarles. A crear una manada en Europa. A fundar una Luperca europea a la que aún debía dar un nombre.

Las tres figuras que tenía en frente, se conviertieron en lobos. Cuando los vio llegar, sus ojos se habían empañado. No esperaba tener a miembros en su nueva manada tan temprano. No esperaba que ellos también se liberaran de Wakanda y quisieran someterse a él. Pese a su sopresa, sintió alivio.

Se posó en frente de su mejor amigo. Ted Lupin. Este, obedeciendo a las palabras que seguía evocando, se transformó. Moonlight mordió la palma de su mano, de la cual brotó sangre, y ante un lobo cuya naturaleza le obligaba a devorar a aquel licántropo, Alexander Moonlight puso su mano sobre la boca del lobo, el cual bebió de su sangre. Apartó su mano y se dirigió a James Sirius Potter. Repitió el ritual con él. De manera solemene, manchando los dientes del licántropo de su propia sangre. Y, por último, finalizó la entrada en su propia manada de aquellos miembros con Umi, quien, pese a no compartir la unión de sangre que tenían los tres varones, había decidido unirse a Moonlight. Y era todo un honor para él.

Una vez acabada esa parte del ritual, él mismo se convirtió en licántropo.

La nueva manada aulló a la Luna mientras se acercó a acoger a su Alfa.

Tensó su expresión cuando su tío Charlie les comunicó que aquella llamada no era solo para anunciarles aquella nueva formación del Temple que él mismo lideraba. Ayudar a su primo Fred Weasley no había sido tan solo un incentivo para aquel ritual. También había sido una reunión entre líderes. Una especie de Consejo entre criaturas híbridas guerreras que, pese a ser tradicionalmente independientes, habían aceptado dar sus armas al Temple.

Por esa razón, la sirena que lideraba la comunidad de la Isla de Skye se encontraba allí. Galena, la arpía que había conseguido reunir a su especie, se paseaba por el despacho de Charlie Weasley. Aurel se había posicionado cerca de ella, en calidad de representante de la única comunidad de vampiros que estaba luchando en el bando del Temple. Firenze ocupaba espacio con su figura, inclinando su cabeza hacia Charlie Weasley, tras haber aceptado unirse oficialmente al habérselo pedido su primo James Sirius Potter. Fred Weasley, incluso cuando aún no se hubiera convertido, sería el que uniría a todos los animagos. Alexander Moonlight y Wakanda como Alfas de las manadas de licántropos. Y ella, Dominique Weasley, como la veela guerrera que estaba uniendo en su lucha a su especie.

Y, por supuesto, Charlie Weasley en representación de la comunidad de magos y brujas.

Dominique Weasley había descubierto que la jerarquía del Temple era, más bien, reticular. Su tía Hermione era el centro de todas las decisiones, pero confiaba en que cada comunidad de magos, tomaran sus propias decisiones entre sí. Con el permiso de Weasley-Granger, Charlie Weasley había optado por crear una unidad de criaturas mágicas para dar apoyo. Algo que ya habían hecho en otras ocasiones -en la batalla del Palacio de Hielo cuando Norberta, Aurel y miembros de Luperca acudieron; más de forma más organizada.

-¿Qué Aurores son? -Preguntó Freddie, sacándola de sus pensamientos.

Vio a su tío chasquear la lengua.

-Los ha mandado Whitehall -Suspiró. Firenze hizo resonar su pezuña contra el suelo. En desacuerdo. No ayudarían a Whitehall. No estaban de acuerdo con sus métodos. -Alexis me ha contado que la misión a la que les mandó... No es de una naturaleza por la que haya optado por primera vez.

-El Departamento tiene las manos atadas -Anunció Moonlight. Dominique luchó por mostrar profesionalidad y combatir con el rubor que le subía por el cuello al escuchar su voz. -No es un Auror británico, por mucho que esté intentando parecer que lo sea... Quien se haya unido a su Caza lo hace bajo su propia cuenta y riesgo -Añadió. -Aunque sea la mitad del Departamento de Seguridad Mágica -Se lamentó.

Alguien gruñó. Probablemente Galena.

-¿Qué Aurores son los que tenemos que ayudar? -Repitió su primo Fred, como si aquella desviación de la conversación no le importara en absoluto.

-Tú no vas a venir a ninguna misión hasta que no te transformes en Animago y puedas controlarlo, sobrino -Fue la respuesta de su tío que claramente molestó a su primo.

-Es Lucy, ¿verdad? -Gruñó Fred.

Dominique se quedó boquiabierta. ¿Lucy? ¿Su prima Lucy? Tragó saliva. Había escuchado que Lucy Weasley había ingresado en las pruebas de Auror aquel verano. Una decisión que sorprendió gratamente a Dominique -siempre había visto a Lucy como la hija mimada de Percy Weasley que se reía de todos sus primos y juzgaba a todos de manera superficial. Pero, ¿no era ella la delicada hija mediana de Bill Weasley que debía competir en la sombra de su hermana?

-¿Su sobrina? -Preguntó Zinnia, con un tono de preocupación.

Tío Charlie asintió, sin mostrar más emociones de la que debería estar sintiendo en ese momento. Su prima era ahora responsabilidad de su tío. Saber que se encontraba en algún tipo de peligro -después de que su hermano Percy y el resto de los miembros de su familia hubieran muerto -no debía de ser algo tan llevadero como pretendía mostrar.

-Antes de esta reunión, me ha mandado un Patronus pidiéndome ayuda... No se me ocurre mejor apoyo en la batalla que vosotros, compañeros -Anunció. -Estaba en una misión de Whitehall... A la que nuestro querido Auror no ha asistido...

-No suele asistir a las misiones que pueden ponerle en peligro -Completó Moonlight con desprecio.

Charlie asintió.

-Era un intento de rescate de mi sobrino Louis en una de las mansiones del Ojo en Francia...

-¿¡Louis?! -Alarmada, Dominique se dio cuenta de que eran las primeras palabras que formulaba en toda la reunión. Todos los ojos se posaron sobre ella. Y ella solo quería saber qué sabía su tío sobre su hermano pequeño. De repente, se dio cuenta de lo que significaba aquello. -¿Whitehall quiere rescatar a Louis?

-No -Dijo abruptamente Moonlight. -Whitehall quiere utilizar a Lucy Weasley y a su familia para seguir cazando a los miembros del Ojo... Torturarlos y seguir con su venganza particular...

-¿Y por qué Lucy aceptaría eso? -Inquirió, escéptico, Freddie.

-Porque si acaban encontrando a Louis Weasley en su Caza, tendrá la oportunidad de salvarlo de Whitehall -Aportó Aurel. Dominique se sintió culpable por no haber pensado ella misma aquello. -¿Por qué le ha mandado un Patronus su sobrina?

Contempló cómo su tío se acomodoba su larga melena sobre sus hombros.

-En lugar de miembros del Ojo... Se han encontrado una mansión llena de Inferi -Anunció.

-¿Y a qué estamos esperando?

-Voy a llegar con Norberta... La debilidad de los inferi es el calor y la luz... Por lo que el fuego es un arma bastante adecuada...

-Yo iré contigo -Dijo Dominique. -Yo también tengo fuego.

Sintió a Alexander mirar en su dirección, por primera vez en toda la reunión. Por primera vez desde que se habían estado evitando. Otra vez. Pero, en aquella ocasión, era diferente. Dominique sabía que Moonlight había formado su propia manada en la que ella era bienvenida. Sabía todo lo que había hecho por ella. Y todo aquello le abrumaba. No sabía cómo agradecérselo. O como dirigirse a él. Toda una Gryffindor.

Su tío también titubeó.

-De acuerdo -Cedió finalmente. -También podrían venir Moonlight y Aurel... Estáis acostumbrados a este tipo de misiones, ¿no?

Hubo un desacuerdo silenciado por el respeto hacia tío Charlie.

-¿Cuántos Aurores hay? -Preguntó Galena.

-Lucy Weasley, dos compañeros... ¿Wyatt Hearst y Xavier Reyes? -Moonlight asintió como si les conociera. -Y Bastien Lebouf...

-Pero... ¿Lebouf no estaba en contra de todo esto? -Se cuestionó, sorprendido, Aurel.

-Se lo preguntaremos.

La reunión finalizó de manera radical. Unas criaturas mágicas cogieron un traslador. Fred se quedó en el despacho. Y Charlie se dirigió fuera de la tienda de campañas asegurándose de que Aurel, Moonlight y ella le seguían. Norberta acudió a Charlie Weasley. Las cinco criaturas mágicas se cogieron de la mano y desaparecieron.

El caos inundó el pecho de Dominique. Vio un ejército de Inferi  entrar y salir por las ventanas de aquella mansión. Como si el edificio estuviera vomitándoles y estos estuvieran forzando su entrada. Fue el rugido de Moonlight lo que avisó a aquellas criaturas que tenían visita.

Su tío se montó rápidamente sobre Norberta. Ella se transformó casi al instante en su alada forma mágica. Las dos criaturas alzaron el vuelo mientras dejaron al vampiro y al licántropo en tierra firme. Los inferi se acercaron a ellos, más el fuego de la dragona y de la veela los detuvieron.

-¡Yo me encargo de que no entren más inferi! -Bramó Charlie hacia su sobrina. -¡Tú entra con ellos y mantenlos a raya!

La joven asintió. Con sus manos proyectó el fuego hacia la entrada del edificio, haciendo que los inferi de su alrededor se abrasaran y se retiraran. Aurel y Moonlight siguieron la estela despejada. Abrieron la puerta y se protegieron con ella cuando los Inferi salieron de ella rápidamente. Dominique los abrasó.

Todo sucedía, de manerea rápida. Y no quería cuestionarse qué estaba ocurriendo en realidad. El Ojo tenía un Ejército de Inferi. Y parecían inacabables. Siguió proyectando su fuego sobre el suelo para poner a raya a las criaturas y dejando paso al vampiro y al licántropo.

-¡Ayuda!

Se miraron entre sí y no dudaron en acudir a aquella voz que Dominique no reconoció como la de su prima. Oía los pasos de Aurel y Moonlight. Los alaridos de los inferi que eran abrasados. Sobrevoló la distancia entre su posición y la súplica tan rápido como pudo.

Una varita había conjurado un Lumos y los Inferi le acechaban a su alrededor. Un muchacho estaba postrado sobre el suelo con el cuerpo de otro joven con arañazos y sangre por todo el cuerpo.

Mierda. Mierda. Mierda.

Aurel fue el más rápido. Cogió al joven y lo apartó del cuerpo del cadáver.

-¡No! ¡Es mi amigo!

-¡No lo será cuando se convierta en Inferi y te arrastre a ti también! -Le espetó Aurel.

-¡Noooo! -Se lamentó el muchacho.

-¿Dónde están Lebouf y Weasley? -Le interrogó. El joven que no podía ser mucho mayor que Dominique lloraba desconsoladamente. -¡Contestame! -Gruñó Aurel, zarandeándole.

-¡Habían ido al sótano!

Aurel asintió hacia Dominique. Moonlight se transformó en humano. Puso una mano sobre el hombro del joven y lo acogió en un abrazo. No supo qué le susurró a oído. Dominique intuyó que Moonlight también conocía a ese joven Auror. Lo empujó hacia Aurel.

-Llévalo a San Mungo -Le ordenó. -Nosotros buscaremos al resto.

El vampiro dudó mirando a Dominique de reojo. Aunque estuviera ocupada lanzando fuego hacia los Inferi que comenzaron a trepar por el pecho, asintió hacia ellos.

-¡Cuídala! -Dijo Aurel antes de desaparecer con el Auror.

Moonlight mandó su Patronus, un león, hacia Lucy Weasley. La luz del Patronus hizo retroceder aún más que el fuego a los Inferi. Moonlight se convirtió, de nuevo, en un licántropo que clavó sus pupilas en ella. No hacía falta que prometiera que iba a encargarse de su protección. Ni de que ella se encargaría de la de él. Ambas criaturas asintieron. Siguieron al Patronus. El cual desviaba a los Inferi de su camino. Dominique seguía apartándolos con el fuego.

-¡Tío Charlie!

Lucy Weasley y Bastien Lebouf aparecieron de uno de los pasillos de aquella maldita mansión. Se echaron hacia atrás al ver la escena de un licántropo apartando con sus garras a inferi y de una velaa sobrevolando su cabeza apartando al resto con su fuego. Probablemente una escena extraordinaria, si no fuera porque estaban a punto de morir todos.

-¡Expecto Patronum! -Gritó Lebouf. Un labrador salió de su varita. La luz echó hacia atrás a todos los Inferi.

Dominique aprovechó para descender. Transformarse. Abrazar a su prima y asegurarse de que no tenía ningún rasguño. Su prima estaba aún atónita por la escena que acababa de presenciar. Oh, claro, era la primera vez que la veía en forma de veela.

-¡Vámonos!

-¡No! -Gritó Lucy. -¡Tenemos que encontrar la sala de los Registros!

Moonlight gruñó. Dominique vio por el rabillo de su ojo cómo los Inferi volvían a ellos.

-Es en esta mansión dónde tenían guardados los magos que eran fieles al Ojo... Las familias que pueden estar acogiendo a Louis Weasley... -Explicó Lebouf.

Dominique vio el rostro de súplica de su prima Lucy. Y ella quería salvar a su hermano tanto como Lucy.

-Encontraremos otra solución -Sentenció Moonlight.

-Si han llenado esta Mansión de Inferi es porque quieren protegerlos, Moonlight, podéis ayudarnos...

-¡Hearts ha muerto! -Vociferó a Lebouf y a Lucy. Dominique se estremeció ante el tono elevado de Moonlight. -¡Vámonos!

No esperó a que Lebouf y Lucy se lo pensaran dos veces. Cogió a Lucy Weasley del brazo. Y Dominique cogió a Lebouf. Asintieron entre ellos dos. Y salieron de aquella mansión llena de muerte.

-¡Dominique! -Se quejó su prima Lucy en cuanto llegaron al Departamento de Seguridad Mágica. -¡Estábamos cerca de salvarle!

-¿Sacrificandote a ti y al resto? -Le devolvió la joven Weasley. -¿Crees que eso es lo que Louis querría? -Dominique suspiró. -Nadie obligó a Louis a infiltrarse, Lucy... Debemos asegurarnos de que, cuando lo salvemos, nadie más se pone en peligro.

Se dio cuenta de que sus palabras hicieron daño a su prima. Era cierto que nadie le había obligado a meterse en la boca del lobo. Pero sí que una de las razones por las que lo había hecho era por alejarse de Lucy Weasley. Oh, sí, otra de las razones por las que Dominique no era tan seguidora de su prima Lucy era por cómo siempre había tratado a su hermano pequeño. Cómo lo había alejado de ella.

Su prima no dijo nada. Lebouf la empujó hacia uno de las salas habilitadas por el Departamento para ser una pequeña Enfermería. Sí, quizás deberían vigilar las heridas que podían tener de los Inferi.

Al verla marchar, Dominique suspiró.

-Tienes razón -Dijo Moonlight detrás de ella. -Fue él quién decidió irse.

-Fue ella la razón por la que se fue -Resopló Dominique.

-Pero la decisión fue suya y ella no tiene la culpa -Consoló el joven Auror.

Dominique se giró. Le interrogó con la mirada. ¿Estaban hablando de Lucy y Louis? ¿O de ellos dos? ¿De cómo él había dejado Luperca por ella? ¿De cómo él le estaba asegurando que no tenía la culpa -costaba creerlo, verdaderamente - y que la decisión había sido suya? Menudo Gryffindor.

-La decisión más estúpida de Louis -Musitó Dominique, sabiendo perfectamente que Moonlight lo había escuchado.

Él gruñó. Algo cuyo significado había aprendido que se trataba de discrepancia por su parte. La cogió del codó y la dirigió hacia su minúsculo despacho. No dijeron ni una sola palabara en el pequeño recorrido. Vio que los ojos de los Aurores con los que se cruzaron los miraron con cierta diversión en la mirada. Suplicó a Merlín que ninguno de sus familiares se encontrara allí.

Entraron finalmente al despacho y el dueño de este cerró la puerta de un portazo. Ella se quedó allí de pie. Con el corazón palpitando en su pecho.  Soltó su agarre. Se alejó hacia la pared  y vio que Alexander la mirara como si la hubiera visto por primera vez. No había terror que nublara los rasgos Dominique. Sólo el sonido de su corazón lo suficientemente fuerte como para que él lo sintiera. Lo suficientemente fuerte como para abrumar todo menos esos inquisitivos ojos azules. Desde que Moonlight la hubo defendido de Wakanda, evitaban encontrarse. Desde que dejó Luperca por ella. Desde que sabían qué eran. Desde que se besaron.

Era como si se pudieran contagiar una corriente eléctrica.  Como dos imanes atraídos por un campo magnético, se acercaron. Se suponía que tenían que trabajar juntos para Charlie, ¿no? Debían estar acostumbrados a estar juntos. Entonces, Moonlight soltó un suspiro. Dominique alzó la vista. 

-Sé que me has estado evitando...- No podía controlar el aleteo interior. El nudo en la garganta. El violento latido del corazón. Tragó con fuerza mientras su mano se deslizaba rápidamente sobre el brazo de Dominique, enviando impulsos a su columna vertebral. -Tenemos que trabajar juntos, ¿no?

 La adrenalina se disparó. Tanto que casi se olvidó de respirar. Los ojos saltando de sus labios a sus ojos. Su corazón una bomba de relojería. Había sido ingenua. Por Merlín...

-¿Para eso me has traído a tu despacho? -Inquirió.

Y la recibió una sonrisa torcida.

Ella se rindió. De nuevo, acogió la forma en la que se sintió cuando le besó por primera vez -o segunda, si contaba la vez que apenas recordaba. Un fuego dentro de sus huesos. Como si su alma se hubiera convertido en agua. Como si cada parte de ella procediera de una estrella muerta y volviera a la vida de nuevo.

Y luego él le devolvió el beso, con la boca abierta y los labios suaves.

-No se si alguien alguna vez te ha dicho esto -Respiró contra sus dientes. No estaba sonrojado como ella. No desvió la mirada. Al contrario, se encontró a sí misma contemplando el oceáno en los ojos de él. -Pero eres muy atractiva.

Le habían alabado su apariencia antes. Pero nuna -nunca ni una sola vez -con aquel tono en su voz. Y de todas las cosas que él le había dicho, no supo por qué justo aquello la cogió por sorpresa. Con la guardia baja. Tanto que, sin pensarlo, soltó.

-Podría decir lo mismo de ti -Una pausa. El rubor hasta la punta de sus orejas. -En caso de que no lo supieras.

Una sonrisa se cruzó por el rostro de Alexander.

-Oh, créeme. Lo sé.



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