Historia al azar: Cuando la luna está alta
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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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(V) Capítulo 17: La promesa de Luperca

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)


Sintió los cuatro pares de ojos sobre ella. Y sonrió con orgullo.

Una ovación por parte de la Sanadora fue suficiente para que las plumas se mecieran con un escalofrío que recorrió todos sus brazos. No estaba acostumbrada a que la vieran en su forma de veela personas que no fueran criaturas mágicas. O criaturas mágicas. Era la primera vez que se convertía delante de meros desconocidos. Aunque no todos eran desconocidos.

Suspiró.

Después de meses esperando aquella llamada, la Sanadora Bell había caído rendida a su sugerencia. Sabría que aquello ocurriría. Recibió una lechuza en Luperca de San Mungo convocándola en el Departamento Forense para aquel día. Le dijo a Wakanda que eran asuntos personales. Si llegaba a decirle que podía encontrarse con Nicholas Woods, podría meterse en un lío. Tenía una orden de alejamiento que hacía complicado aquel encuentro. Estaban yendo en contra de la propia ley por el bien de muchas personas. Para curarlas.

La Sanadora Bell se había puesto sus gafas para observar a la criatura extraordinaria que tenía ante ella. Se alejó cuando se transformó. Vio en sus ojos fascinación no temor. Lo mismo ocurría con Monique Jordan. Nunca había hablado con aquella muchacha. Nunca. La había visto en ocasiones en la Madriguera. Pero nunca había tenido que interaccionar con ella. Y, en cambio, era de las primeras en verla como veela. Antes, incluso, que sus propios padres. Christopher Nott la observaba con precaución. Quizás, de todos ellos, era el que más temor desprendía. No era Gryffindor, después de todo.

Y, en una silla frente a ella, estaba Nicholas Woods. Sus últimos encuentros con él habían sido… Peculiares. En el penúltimo lo había casi incinerado. Y en el último le había dicho que lo había salvado del monstruo que llevaba dentro. Entre uno y otro habían tenido un juicio que derivó en una orden de alejamiento de ella contra él. En el odio de Oliver Woods sobre ella. Y en la noción de que Dominique Weasley estaba bajo la vigilancia del Departamento de Seguridad Mágica por peligrosidad. Literalmente podrían encerrarla en Azkaban si intentaba cualquier otra cosa.

La Sanadora Bell estaba extrayendo sangre de Nick para examinarla. Había extraído cuatro probetas. Nick estaba mareado. La observaba con los ojos entrecerrados.

-Eres… Bonita -Fue lo que dijo.

La risita de la Sanadora Bell no pasó desapercibida por Dominique Weasley.

La joven chasqueó la lengua -lo cual sonó como un silbido en su pico. Justo lo que necesitaba. A su ex drenado de sangre lanzándole cumplidos. Puso sus brazos en jarras. Se enfrentó a Nott y a Jordan. Mientras que Nott se echó hacia atrás, un tanto intimidado; Jordan se quedó impasible ante la criatura que andaba por la morgue como si nada.

-¿Le lanzo fuego a este frasco? ¿Y ya está? -Sujetó con sus garras el frasco en el que había sangre azul con tintes metálicos de su prima Molly.

-Eso fue lo que hiciste con Woods, ¿no? -Inquirió Jordan.

Era más que evidente que quería más información.

-A Woods le quemé el brazo y la cara cuando estaba convertido e intentando asesinarme a mí y a mi hermana… No le saqué sangre y la quemé -Aclaró. Jordan ladeó la cabeza. -Puedo intentarlo.

-¿Pensaste en salvarlo? -Preguntó, de repente, Nott.

Esa cuestión le pillo por sorpresa.

¿Pensaba salvarlo cuando lo quemó? Era evidente que si lo quemó no pensaba salvarlo. Era la primera vez que se convertía. Pensaba en detenerlo. Y cuando aquel fuego se alzó sobre ella saliendo de su interior, simplemente quería… Que se detuviera. Probablemente no salvarlo.

Miró de reojo a Woods. Esperaba la respuesta. Tenía el rostro relajado. Cansado. Había ido allí por ella. Porque ella se lo había pedido. Era una especie de deuda por salvarle de aquel monstruo que lo había poseído. Aunque intuía que también se lo debía por el accidente del kelpie. No iba a sentirse mal. O eso quería creer. Pues cada vez que veía la mitad de su rostro quemado, se retorcía algo por dentro. Y, sí, era culpa.

-No -Respondió tajantamente.

Nott se dirigió hacia Woods.

-¿Y tú querías que ella te salvara en ese momento?

Se hizo un silencio.

Dominique no había pensado en la posibilidad de que, cuando Woods estaba convertido en un monstruo, en su interior, estuviera presente. Era decir, que hubiera vivido la quemadura. Que la hubiera visto. Quiso pensar que había estado nublado por esa extraña posesión del doctor Schneider de algún modo. Que no era consciente. Ella también era monstruo. Eso le habían dicho. Moonlight se lo había dicho. Algo -diferente a lo de antes -se retorció en su interior. Y no sabía distinguir si era bueno o malo.

-Sí -Fue la respuesta de Woods. Y no lo decía avergonzado. Sino como una declaración. Dominique trató de ignorar la súplica en la mirada de Woods. -Y sabía que lo haría.

-Creemos que la intención también cuenta… Como en el Encantamiento Patronus… No sabemos de qué sustancia está hecho este componente… Pero sí que puede que haya reaccionado al fuego de una criatura mágica…

-Cuando quemes la sangre de Weasley -Advirtió la Sanadora Bell, interrumpiendo a Nott. -Queremos que quieras salvarla.

-Pero ya está muerta -Puntualizó Dominique.

-Pues imagina que no lo está -Replicó la Sanadora.

-Una especie de salvación para que su alma no sufra… -Apuntó Nott.

Dominique ladeó la cabeza. Miró el frasco. Si aquello era cierto, probablemente no funcionaría. Si aquello era como un Patronus, dudaba que su voluntad fuera suficiente. Pues ella, aún, no podía convocar uno.

-Lo intentaré -Suspiró.

Cogió el frasco entre sus garras. Entrecerró los ojos. Unas pequeñas llamas salieron de sus dedos. Iluminaron su rostro. E hirvieron el frasco en su base. El líquido azul comenzó a temblar. Giró. Se centró unos segundos. El cristal estalló en sus manos y el líquido se esparció por sus garras.

Respiró a través de su pico.

Se transformó rápidamente en ella. Se puso su jersey para que no vieran las cicatrices de su espalda. Y les miró con una disculpa en su rostro.

-Pienso que debemos buscar cuál es el componente de esa sustancia antes de indagar más -Suspiró Jordan.

-¡PERO FUNCIONA! -Exclamó la Sanadora Bell.

Estaba postrada sobre un microscopio muggle. Le hizo a Jordan una señal para que se acercara. Dominique se quedó donde estaba. Aún con la mirada de Woods sobre ella. Jordan también exclamó algo.

-¿Cómo es posible?

-¿Qué ocurre? -Preguntó Woods.

Estaban examinando la sangre de Woods. Y comparándola, supuso Dominique, con la de Molly Weasley. Sanadora y aprendiz se miraron entre sí.

-Nuestro sujeto Woods -Dijo la Sanadora señalando a su ex. -Estuvo bajo la influencia de esta sustancia… -Afirmó. Dominique esperó algo más. -Lo siento, Weasley, había que confirmarlo, no te creíamos del todo… -Se mofó. -Pero… Lo importante es que su sangre está limpia de la sustancia del doctor Schneider… Aun quedan retazos… Pero está limpia… Por tanto, es esa sustancia lo que hace que se transformen… Y si tenéis razón, fue tu fuego lo que hizo que se evaporara.

-Pero no solo debe ser el fuego… Sino algo más, pues el fuego con la sangre del otro sujeto no ha funcionado -Señaló Jordan.

Dominique asintió.

-Sigo pensando que es la intención -Dijo Nott.

-Puede ser… Pero hasta que no sepamos de qué está hecha esta sustancia no entenderemos cómo funciona…

-Puedo hablar con mi tío Charlie -Propuso Dominique Weasley. -Ellos tienes dragones… Puede que su fuego también reaccione y… No sé igual solo funciona con la sangre de los vivos, ¿no? Igual la intención debe venir del anfitrión…-Se rascó la barbilla. -Por ejemplo, Susan Jordan pudo controlar a su huésped… ¿Igual lo que pasó con Nick fue eso? ¿Pudo controlar a su huésped y retirarlo?

Hubo un silencio.

-Ahora que tenemos más confianza, señorita Weasley, puedo decírtelo -Comenzó la Sanadora Bell. -Usted no entiende sobre…

De pronto, la puerta de la morgue se abrió de par en par y un hombre corpulento y muy malhumorado entró con grandes zancadas y dirigiéndose directamente hacia ella. El aire se congeló en la habitación. La tensión subió. Todos quedaron petrificados.

-¡¿SE PUEDE SABER QUÉ DEMONIOS HACES AQUÍ?!

-¡Esto es un lugar confidencial, joven Auror! ¡Márchese ahora mismo hasta que no tenga una orden! -Le espetó la Sanadora Bell a Alexander Moonlight.

Hizo amago de moverle hacia la puerta, como si la delgada figura de la antigua cazadora de Gryffindor pudiera hacer algo con el licántropo.

Moonlight ignoró a la Sanadora. Cogió a Dominique del brazo con tanta fuerza que creyó que iba a romperse y amenazó al resto de profesionales con la mirada. Hasta detenerla en Nicholas Woods.

-Si alguna vez te importó Weasley, deja de meterla en líos -Siseó.

-¡DEJA A MI SUJETO EN MI MORGUE! -Gritó, de nuevo, la Sanadora Bell,

El agarre de Moonlight se apretó sobre su brazo. Llevaba sin verlo desde Rumanía. Y antes de aquello desde aquel día que… Acabó siendo besada por Teddy Lupin. Y besándolo a él. Incluso si se prometieron unas cervezas en Hogsmeade. Nunca llegaron. No dijeron nada de aquello en Rumanía. Pues allí iban en calidad de criaturas mágicas. Ambos sabían lo que eran el uno para el otro.

Dominique lo sabía desde que James Sirius Potter brilló al ser tocado por Cornelia Brooks en Luperca y todos los licántropos dijeron que aquello era el vínculo de los Ajayu. Eso mismo que ella misma había experimentado con Moonlight años atrás en Hogwarts. La noche del asesinato de McGonagall. Eso mismo que experimentaron aquella mañana en su apartamento.

Y no estaba preparada para aceptarlo. Estaba aterrada. Tenía miedo. Tenía miedo de sentirse tan vacía como se sentía Umi. O de estar tan enfadado y tan frustrado como James. Pero, sobre todo, tenía miedo de sentir. No muy Gryffindor por su parte.

-Tu… ¿¡QUÉ?! -Las cejas de Moonlight casi llegaron a su frente. -¿Se puede saber qué haces aquí? ¿Además de hacer sonar la alarma en el Departamento por saltarte la orden de alejamiento y obligarme a saltarme el procedimiento para venir a por ti?

La joven quiso que la tierra se la tragara. Quiso sacudir todo lo que acababa de decir. Olvidar la culpa que estaba comenzando a trepar por su espina dorsal.

Se escucharon voces.

Unos hombres entraron en la morgue. Con más violencia que Moonlight. Con varitas alzadas. Con esposas para criaturas mágicas. Su estómago se encogió.

-¡Sin una orden no pueden entrar aquí! ¡Esto es de acceso restringido! ¡Incluso para Agentes del Ministerio! -Bramó la Sanadora Bell.

Los hombres que vestían ropajes de negro buscaron a Dominique con la mirada. Sabía que la estaban buscando a ella. A la velaa. A la criatura peligrosa que había escapado de su control. La que había roto la promesa de Wakanda de mantenerse alejada. Esta hundió sus hombros. Sabía quiénes eran. Nick se incorporó y se interpuso entre Moonlight y Dominique y aquellos hombres. No serviría de nada, Nick.

Pertenecían al Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. Y eran la pesadilla de cualquier criatura mágica. Además, pertenecían a la División de Bestias. Por poco se desfallece. Aunque Hermione Weasley hubiera trabajado en este Departamento y se hubiera nutrido de avances, desde la Revuelta de los Vampiros y los ataques del Ojo utilizando criaturas mágicas; muchos agentes habían vuelto a los antiguos códigos de conducta. Y, en tanto que el Ministerio no controlaba los Departamentos como si fuera una cabeza sobre los demás de manera omnipresente, muchos agentes se habían convertido en el temor de las criaturas mágicas. Su tío Charlie había creado el Comité Internacional de Criaturas Mágicas para paliar el daño que estaba haciendo.

Woods dio un paso hacia adelante.

-Lo puedo explicar… -Comenzó a decir Woods. -Fue un error… No…

-La señorita Weasley sabía las consecuencias de acercarse a usted, señor Woods -Concedió uno de los agentes.

La Sanadora Bells se enfrentó a ese agente.

-Son sujetos de prueba en mi ensayo en San Mungo para salvar vidas y para proteger la comunidad mágica… -Le apuntó con un dedo. Como si estuviera enfrentándose a un oponente en un partido de Quidditch.-Si quiere ganar esta guerra, señor del Ministerio, déjelos en paz.

El hombre apartó a la Sanadora Bell de un empujón. De otro apartó a Woods.

-El Departamento de Seguridad Mágica se ocupará de este caso, Agente Bishop -Dijo Moonlight, con su voz de Auror. Con esa voz que había utilizado en Hogwarts para dirigirse a los alumnos. Con la que utilizaba en Luperca para dirigirse a ella. Con seguridad. Y superioridad.

Más el agente Bishop no parecía convencido.

-Sabe tan bien como yo que ese no es el protocolo, Auror Moonlight -Una sonrisa lobuna apareció sobre el rostro del agente. La joven se estremeció. -No querrá manchar su expediente y que tengamos que ir también a por usted -Dominique sintió a Moonlight tenso bajo su piel.

-Está bien, Moonlight -Susurró Dominique.

Había ido allí sabiendo las consecuencias. Solo quería ayudar. Quería salvar. Ese era su objetivo. Desde que supo que era un arma, quería utilizar sus habilidades para salvar, no para dañar. Costara lo que costase.

-No -Gruñó Moonlight. No sabía qué pasaría por romper la orden de alejamiento. ¿Azkaban? Su tía Ginny estaba allí. No estaría tanto tiempo. Podría superarlo. -Si quieren que le entregue a Dominique Weasley, deberán formalizar la petición por escrito y enviársela a Harry Potter, el Jefe del Departamento. Dominque Weasley está bajo la protección del Departamento ahora mismo -Anunció el Auror.

Dominique sintió la mirada de la Sanadora Bell y de Nick Woods sobre ella. Estaban preocupados. No veía a Moonlight, más intuía que portaba esa mirada de amenaza que más de una vez había presenciado.

-¿Estás seguro de que quieres iniciar una guerra entre Departamentos por una cría? -Se mofó el agente Bishop. Moonlight no dijo nada. Pero su silencio fue suficiente. -Pondré una queja sobre usted, Auror Moonlight… Espero que me pregunten a mí de nuevo cuando tengan que evaluarle como criatura mágica en el Departamento… -Se giró sobre sus talones y se volteó un momento para dirigirle una última mirada a Dominique. -Nos vemos pronto, veela.

Salieron de la morgue. Llevándose con ellos parte de la tensión incesante en el amiente. Pero Moonlight seguía sujetándola del brazo. Al lado de ella. Su respiración tensa. No, estaba claro que sus problemas acababan de empezar.

-Sanadora Bell -La llamó Moonlight. La mujer asintió a su nombre. -Sea lo que sea que tenga aquí y que no quiera que vea el Ojo, le aconsejo que se lo lleve a un lugar seguro… Aún hay miembros en el Ministerio y Whitehall tiene su propio código de conducta… Haga su investigación en otro sitio -Le aconsejó. Cogió del codo a Dominique. Se detuvo a un paso de Woods. -No me hagas arrancarte la cabeza la próxima vez, Woods -El sonido gutural de su garganta retumbó por toda la sala.

Salieron de la morgue y la arrastró por los pasillos de San Mungo como si pesara como una pluma. Sentía su ira. Su rabia. Su enfado. Un fuego que le transmitía. Y que no llegaba a entender del todo. ¿Tan malas eran las consecuencias? De nuevo, podía superar una estancia en Azkaban.

-¿A dónde me llevas?

-Wakanda se habrá enterado y estará muy enfadada contigo -Dijo simplemente.

Enfadado. Como si él estuviera enfadado con ella. ¿Por qué? No lo entendía. ¿Qué tenía que ver Wakanda con aquello? Sí, Wakanda la había ayudado a salir impune de quemar a Woods… Y quizás se había saltado la promesa que le hizo. Pero lo había hecho para ayudar a los demás. Tampoco era tan grave. No había ocurrido nada.

-Solo he ayudado a…

Moonlight clavó sus uñas sobre ella.

-¡Has roto una promesa a Wakanda, Weasley! -Le espetó. -Wakanda dio su palabra de que no eras una criatura peligrosa y de que no te acercarías a Woods… ¡Y tú has roto la promesa! ¡Y Wakanda ha roto su promesa ante el Ministerio! ¿Sabes lo que eso significa para Luperca? ¡Llevamos siglos intentando que nos acepten! ¡Y tú ni siquiera eres un licántropo!¿Sabes lo que significa para nosotros?

Su furia le hacía sacudir todo su cuerpo.

-He sido la única en sanar a uno de los experimentos de Schneider… ¡Tú los has visto! ¡Viste a Woods! ¡Pueden ser cualquiera! ¡Y yo tengo la solución!

-¡Y tenías que hacerlo a las espaldas de todos!

-¡Wakanda no me dejaría por vuestro estúpido orgullo y lo sabes!

-Nuestro estúpido orgullo nos ha hecho dejar de estar discriminados y pudriéndonos en celdas durante milenios, Weasley -Le espetó. -Nuestro estúpido orgullo ha conseguido que tú puedas jugar con tu estúpido fuego…

-¡Bien! ¡Basta! ¡Puedo afrontar las consecuencias! ¡No pensaba huir de ellas!

-¿Pensabas estar encerrada con el resto de criaturas de ese Departamento? -Espetó. -Tu ignorancia me sorprende, Weasley… Te había sobrevalorado.

Algo se rompió dentro de ella.

La había decepcionado. Pero no. Había algo más en los ojos de Moonlight. Seguía habiendo furia. Enfado. Algo que no entendía. La cogió de los hombros. Sin decirle nada, sabía que iba a llevarla a Luperca. Tragó saliva.

Se apareció dentro del despacho de Wakanda. Si Moonlight estaba furioso con ella, no había palabras para describir la ira y el fuego en Wakanda. Para calmarla, Tala estaba a su lado. Con sus dedos entrelazados con los de ella.

Pestañeó. Respiró profundamente. Comenzó a encajar las piezas de lo que estaba ocurriendo. Rescatando aquello que había aprendido sobre Luperca. Y por qué era tan grave el crimen que había cometido: había incumplido una promesa con el líder de la manada. La había desafiado. La había ofendido. A toda la manada. La había puesto en peligro. Y ni siquiera era un licántropo. Ni siquiera lo había hecho por ellos.

Umi siempre le había dicho que Luperca siempre se había mantenido en pie por tener unas leyes tradicionales muy fuertes. Unas leyes que eran de dudosa moralidad en algunos extremos. Pero que mantenían a todos a raya. A todos en secreto. A todos a salvo. A todos con la promesa de ser respetados. Y Dominique, invitada a ese hogar, no lo había respetado. Les había ofendido a todos. Simplemente por querer salvar a los demás. Era un acto inocente. Pero un movimiento que podían utilizar en su contra en el juego político. Había sido estúpida. No había pensado en aquello. No había pensado en lo equivocada que estaba al pensar que ella podía acarrear con las consecuencias. Pues ella no tendría que hacerlo. Las consecuencias caerían sobre Luperca, aquellos que acogieron la culpa. Aquellos que negaron que fuera un monstruo. Los que le prometieron ser su familia.

Wakanda la contemplaba como si la hubiera traicionado. Y Dominique Weasley se sintió como si lo hubiera hecho. Incluso cuando su intención fue pura. No sabía que llegaría tan lejos. No sabía que su error podría hacer tanto daño.

La mujer le dio una orden mental a Moonlight. Pero esté sacudió la cabeza. Seguía sujetándola del brazo. No la había soltado en ningún momento. Wakanda gruñó. Y Moonlight volvió a gruñir. En aquel momento, agradeció que Moonlight la estuviera sujetando. De otro modo, entre los licántropos gruñéndose entre sí, sentía que le temblaban las piernas. Sabía cuál era el objeto de debate. Ella.

-Dominique -La llamó Tala. Su voz más tensa y menos dulce que lo habitual. -Tienes dos opciones - Tragó saliva. O sea que Azkaban estaba más que descartado. Si las leyes que Umi contaba eran ciertas, no iban a ser como las penas que estaba acostumbrada a escuchar en Inglaterra. -Puedes luchar por quedarte en Luperca o aceptar tu exilio.

El mundo cayó sobre sus hombros.

Moonlight se inclinó hacia su rostro.

-Lucha -Susurró con voz rasposa.

Ella sacudió la cabeza. Si la lucha era como ella pensaba, jamás sobreviría. Y no quería quitarle un puesto a una persona que de verdad lo mereciera. Además, intuía que las líderes de la manada no la querían ver después de aquella ofensa.

-¿Y nunca volver? -Preguntó, desolada. El exilio, en cambio, era de cobardes. -Pero…

-Solo si Luperca se convierte en un campo de batalla y tú eres llamada a estas filas… -Explicó Tala. Tragó lo poco que le quedaba de la saliva. Rezó porque aquello no pasara. -Has traicionado una promesa a la líder de nuestra manada -Ese era su crimen. Y la serenidad con la que lo dijo supo que era grave. Asintió. No sabía qué hacer. Sintió las lágrimas acudir a sus ojos. No pudo evitar pensar en su tío Charlie. En lo decepcionado que debía estar.- Y el castigo es luchar por quedarte o irte. Si luchas, deberás vencer a nuestro mejor guerrero, Moonlight -Moonlight suavizó su agarre. Como si le invitara a hacerlo. Debía haber perdido la cabeza. - Si te exilias, no pertenecerás a nuestra manada, de ninguna forma, no podrás unirte a ninguno de nosotros, de ninguna forma… Podrás hablar con los que eran tus amigos y tu familia… Pero no recibirás nuestra ayuda en combate -Aclaró.

Otro peso más sobre sus hombros. El agarre de Moonlight más fuerte sobre sus hombros. La política de los licántropos era tradicional. Nunca lo había pensado hasta entonces. Así habían sobrevidido tanto tiempo. Si tenían una amenaza tan fuerte sobre su cabeza, nadie se atrevería a ofender a su líder. Ella no sabía nada acerca de ello. Como si fuera necesario.

-No podrás ser el Ajayu de nadie de nuestra manada -Gruñó Wakanda, mirando a Moonlight. -Y si alguien quiere serlo… Deberá exiliarse también.

Oh, Godric Gryffindor. ¿En qué momento había llegado a ese punto?

-Solo quería ayudar a los demás -Intentó explicarse Dominique. -Lo salvé… Cuando quemé a Nick… Lo salvé… No le hice daño… Lo salvé… Todo fue un error desde el principio.

-Nadie lo entenderá así, cachorro -Dijo Tala, con un tono más suave.  -En la política, lo que cuentan son los hechos tal y como ellos lo vean… Y lo que han visto es a un monstruo que no pueden controlar… Si queremos ser respetados… No podemos tenerte contigo… -Tala suspiró. -No sobrevivirás a un duelo con Moonlight… Así que te aconsejo que te marches -La miró. Con lástima. -No eres un licántropo. No necesitas una manada. Tienes a tu familia… Y tienes a Charlie Weasley. A tu vampiro. Los dragones. Los centauros. Hay más criaturas mágicas dispuestas a acogerte. Nos veremos en el campo de batalla, Dominique Weasley.

Pero no era cierto. No del todo. No necesitaba una manada. Pero le habían prohibido algo que sabían que ella tenía allí. Era algo que los cuatro sabían. Por eso Alexander Moonlight estaba en aquella reunión. Por eso estaba tenso bajo sus brazos. Por eso él fue a por ella. Por eso la trajo. Por eso gruñó. Por eso estaba enfadado. Por eso no había dejado de temblar de furia desde que la vio.

-Vamos, Dominique -Gruñó Moonlight.

-Yo…

Quizás antes de que pudiera empeorar la situación, la volvió a Aparecer. No dejó que se despidiera de Umi. Aquello la devastaría en unos días. Se había quedado sin aquel hogar. Se había quedado sin aquellos licántropos. Sin aquella ayuda en combate. Sin aquella calidez.

Sin la posibilidad de ser Ajayu de Alexander Moonlight.

Se aparecieron en su apartamento. Donde la última vez brillaron por un roce entre ellos dos. La apartó de él. Como si se hubiera estado quemando todo ese tiempo. Lo notó temblar. Su espalda sacudirse. Y ella quiso llorar. Pero no lo hizo. Quiso gritar. Pero no lo hizo.  

-Sabías que podías arriesgarlo -La acusó.

Y había resquemor en sus palabras. Ella tenía la culpa.

-No. Creía que tendría problemas con el Ministerio, no con Luperca…-Se excusó.

-Deberías haber luchado -Insistió.

Ella parpadeó. Pero solo veía su espalda. Sus músculos bajo su camiseta de algodón negra. Se sintió aún más culpable al recordar que había salido de su despacho en el Departamento al ver la alarma de una criatura mágica acercándose hacia una anterior víctima. De cómo había arriesgado su puesto como Auror para que detener al Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. De cómo había plantado cara a Wakanda por ella. Incluso si no lo habían dicho en voz alta.

-¿Estás loco?

-Te habría dejado ganar -Le dijo.

-¿No era un combate a muerte? -Inquirió. Algo que había intuido, pero de lo que, de repente, no estaba segura. Aquello era lo típico de las leyes de Luperca. Esa tradición arcaica y sin sentido para Dominique.

-No me habrías matado… No podrías haberlo hecho… -Su voz se quedó atascada en su garganta.

Se dio la vuelta. Dominique contempló su rostro. Tenía más barba que cuando lo vio en Rumanía. Se había dejado el pelo más largo desde que lo vio en Luperca herido. La miraba desolado. Pero, al mismo tiempo, con tanta ira que podría haberla fulminado con aquellos ojos del color del roble.

-Pero Wakanda no querría que hubiera hecho eso -Razonó la joven.- Lo sabes.

No la querían en Luperca. No querían a una joven que podía poner en riesgo la política que habían construido por sus estrategias para salvar el mundo. Luperca tenía su propia agenda. Y Dominique había demostrado ser una criatura independiente que no le importaba saltarse promesas para salvar a los demás. Pero el código de honor de Luperca era esencial para su supervivencia. Dominique no lo habría entendido nunca.

-Podrías haber luchado -Repitió él.

-¡No podría siquiera detener dos zarpazos tuyos!

-¡No me habría movido! ¡Habría dejado que me incineraras! -Bramó, acercándose a ella en dos zancadas.

-¿¡Qué?! ¡Jamás lo haría!

-No habría pasado nada, Dominique, me habrías curado tú después…-Recordó. Ambos suspiraron.- Lo sabes.

No era una pregunta. No era una pregunta en absoluto.

Él estaba tan seguro como ella de que se habían reconocido como Ajayu.

¿Cuándo lo habría sabido él? Oh, Godric. Él lo sabría desde aquella noche en el Bosque Prohibido. Y no había dicho nada. Incluso aquella noche, ella, que estaba con Nick, aún en una relación frustrada. Y él no había dicho nada. ¿O habría sentido algo de antes? ¿Y qué había sido de las garras en su espalda? Palideció. ¿Y si lo sabía desde entonces? Recordó que Moonlight había querido pedirle una cita estando él en Hogwarts. ¿Y si desde que aquel día en la Madriguera Moonlight era consciente de que Dominique era su Ajayu?

Vio los ojos de Moonlight. Siempre atentos a sus movimientos. Siempre observándola. Quizás él siempre lo había sabido. Tragó saliva.

Él acortó la distancia entre ellos dos. Con la violencia y la brusquedad que lo caracterizaba, cogió su rostro entre sus manos. Sus grandes manos.

Y la besó. Con rabia. Como si no temiera romperla. La besó buscando cada recoveco de su ser y llenándola del fuego de Alexander Moonlight.

Respiró contra su boca.

-¿Qué has hecho? -Musitó. -No… No deberías haber hecho eso.

-Debería haberlo hecho mucho antes -Le replicó con un gruñido más lobuno y licántropo que humano.

-No puedes hacerlo -Insistió ella.

« No podrás ser el Ajayu de nadie de nuestra manada». La sentencia de Wakanda retumbando en su cabeza.

-¿Por qué no? ¿Por qué no puedo besar a la chica de la que estoy enamorado?

Ella alzó la vista hacia él. Alzó las cejas.

-Pero Wakanda…

-Yo me encargo de Wakanda -Respondió. Suspiró. Rodeó a Dominique con sus musculosos brazos.

Y, al darle otro beso, incumplieron otra de las tantas reglas y promesas que ambos tenían con Wakanda. Y que seguirían incumpliendo aquel día.



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