Historia al azar: Insomnio
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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 16: El boggart
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(V) Capítulo 16: El boggart

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


Se vio a sí misma.

Sus ojos marrones. Su pelo rojizo encrespado. Su uniforme de Gryffindor. Pero ese fuego en la mirada. Furia. Ira. Destrucción. Muerte.

Lo entendió en cuanto se vio a sí misma.

Lily Luna Potter sabía cuál iba a ser su boggart.

Riddikulus! -Lanzó contra la figura que imitaba su persona.

Se transformó a sí misma en Lily Luna Potter vestida de princesa. Y se rio de ella misma. El resto de la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras siguió riéndose. Ya lo estaba haciendo cuando vieron al boggart tomar la forma de Lily. Lo hizo más fuerte cuando la propia muchacha decidió convertir a esa criatura en una Lily Luna ridícula. En el mejor sentido de aquel contrahechizo.

La preocupada mirada de Teddy Lupin no pasó inadvertida.

Se retiró al final de la clase y esperó a que acabara.

Había escuchado los susurros de los compañeros de Slytherin y de Gryffindor decir  que ellos también tendrían a Lily Luna Potter. Más nadie más lo tuvo. Y, sinceramente, Lily había cruzado los dedos para que así fuera.

Al contrario de lo que el resto pensaba, Lily no se tenía miedo a sí misma por desatar un día toda la furia que acumulaba. Por haber detenido con un Avada Kedavra a su prima Molly el año anterior. Sino porque Frank McOrez le había amenazado con que el Ojo tenía planes de ocupar su cuerpo con el alma de un sociópata asesino que acabaría con su familia. Y, después de ver que Molly había asesinado a varios alumnos de Hufflepuff y a Madame Pomfrey, esa amenaza fue real para Lily Luna Potter. Y la temía.

Si era completamente honesta con ella misma. Había asegurado a toda su familia y a sus amigos que ella estaba bien. Mentalmente. Que lanzar un Avada Kedavra no le había supuesto nada. Que era lo que debía hacer en ese momento para salvar a Lys. Y era cierto. Era lo que debía hacer. Pero, ¿estaba bien? ¿Estaba bien cuando lanzar un Avada Kedavra a su familia era su boggart? No. Y ella lo sabía. No estaba bien, pues había hecho aquello que más temía sin que un asesino la poseyera.

Estaba fingiendo. Desde que aquello ocurrió, Lily Luna Potter fingía. Todos tenían mucho de qué preocuparse. Ella les dio un discurso sobre cómo en el futuro tendrían que decidir entre matar o morir. Y cómo ella, simplemente, había tenido que hacerlo antes de tiempo. No era tan simple. No era tan malditamente simple. Había matado a su familia.

¿Cómo hacía para fingir? Se engañaba a sí misma. Sabía que sus hermanos, sus padres y sus amigos también lo hacían. Todos estaban sangrando por dentro de algún modo. Su padre se sentía culpable por no haber defendido más a su madre y, para colmo, había perdido poder en el Departamento en beneficio de Whitehall -quien había conseguido trasladar allí su expediente y ser acogido por algunos del Departamento que dudaban de la fiabilidad de su padre. Su madre estaba en Azkaban y la estaba consumiendo por dentro. Su hermano Albus estaba entrenando a basiliscos y haciendo todo lo posible por salvar a Alice de Whitehall. A su hermano James le habían puesto una responsabilidad demasiado grande sobre sus hombros mientras aún sufría por la muerte de su mejor amiga y no le habían dado tiempo para llorarla como merecía. Lyslander quería hacer más de lo que podía, se sentía una carga para sus amigos e inútil por no poder ayudar más. Y todos lo ocultaban.

Lily Luna Potter también. Había tenido aquel verano para comenzar a fingir que estaba bien. Y Remus la había ayudado a practicar. Se habían visto unas cuantas veces, pero era suficiente como para haber podido masterizar su pretendida felicidad. Ya que debía ocultarle el mundo mágico, también podía ocultarle que la oscuridad que sentía por dentro. Recordó al joven. Siempre había tenido ese aire misterioso, cínico y sagaz que le atraía sin quererlo. Y, si con nueve años le parecía así, con trece quería evitar pensar en que todo ese aura de misterio y sarcasmo no era lo que necesitaba en ese momento. Y lo había buscado todos aquellos días en verano. Una distracción. Aquello era Remus cuando quería escapar de la oscuridad que sentía que estaba nublando el resto del mundo.

La clase se dio por finalizada.

Lily Luna suspiró aliviada. Teddy le dio una mirada de advertencia. Como si tuvieran una charla pendiente. Se imaginó que iba a ser así. ¿Cómo salía de aquella situación? ¿Qué era mejor? ¿Decir que tenía miedo de lo que se podía convertir? ¿O decir aquello y justificarlo con pruebas reales? ¿Qué ella misma había presenciado? Sintió un peso sobre su pecho. Tuvo el flash que ocupaba sus pesadillas en el que una luz verde salía de su varita.

Era cierto que había lanzado maleficios aquel año. Se mentía a sí misma. Y a los demás. Les decía que era para proteger a aquellos que sufrían los siseos y los insultos. Pero era porque cada vez le costaba más controlar su violencia. ¿Por qué? No lo sabía. Era como si la oscuridad que llevaba con ella se estuviera apoderando de su mente. Si cada vez que pensaba en ella, le estuviera dando poder.

Tenía claro que Frank McOrez no sabía qué clase de tortura había conseguido. Sabía que no la había pretendido. Que su único deseo había sido que no muriera para que él pudiera seguir siendo un sociópata asesino sin tener que estar recluido en el cuerpo de Lily Luna y esta le quitara el mérito -el egocentrismo la había salvado aquella vez. Pero aquella noticia la había torturado.

¿Se arrepentía de haber matado a Molly Weasley? No. Porque no la había matado a ella. Porque Molly Weasley ya estaba muerta. Necesitaba creer que para convertirse en aquel monstruo, Molly Wealey había muerto tiempo antes. Eso la había mantenido a flote durante unas semanas. Hasta que Susan Jordan se suicidó. Aquello fue un punto de inflexión en la moral de Lily Luna. Si Lily había podido sobrevivir a sus pensamientos pensando en que no había matado a Molly, el hecho de que Susan Jordan hubiera encontrado la voluntad dentro de aquel monstruo para no matar a Fred y clavarse a sí misma esa daga… Había confirmado a Lily Luna que Molly Weasley se encontraba dentro de aquel monstruo cuando le lanzó el Avada Kedavra.

Antes, Lily Luna decía que no la había matado. Que había matado al monstruo. No obstante, desde que se enteró de aquel detalle. Su mundo cambió. Había acabado con las esperanzas de Molly Weasley. Había sido imprudente. Se había dejado llevar por la oscuridad. Era una asesina.

Tragó saliva.

No se lo dijo a nadie. No le dijo a nadie ese detalle. Sus familiares no hicieron aquel razonamiento. Pero ella sí. Ella sí que lo hizo. Ella sí lo pensó cuando James contó a su padre delante de Albus y ella cómo había muerto Susan Jordan. Y recordó que la sangre dejó de correr por su rostro. Sus hermanos pensaron que fue por visualizar la imagen de un suicidio por amor. Pero fue por saber que era una asesina.

Lily Luna Potter era una asesina.

Adiós a su intento de ser una adolescente normal que le prometía Remus y sus salidas con helados en verano. Juró fingir desde entonces. No quería preocupar a su familia. Todos creían que Lily estaba bien.  O que, al menos, conciliaba sueño. Pero la verdad era que fingía. Y que se distraía fácilmente con un bate de Quidditch. Con Remus en verano. Con Lys en Hogwarts. O protegiendo con su oscuridad a los alumnos que lo necesitaban.

-¿Me estás escuchando? -Lys le sacudió el hombro.

Ella asintió. Pero era mentira. No sabía qué le estaba diciendo su mejor amiga. Así que hizo su mejor intento de expresar interés. No debían malinterpretarla, sentía interés por todo lo que le decía Lys. No obstante, acababa de mostrarle a Teddy que su boggart era ella misma. No sabía cómo solucionar aquel pequeño problema.

-No sé si mi hermano querrá que sigas entrenando con él -Le contestó con sinceridad.

Su mejor amiga bufó. Frustrada.

-¡No puedo contratar a un entrenador!

-No te hace falta, Lys -Le aseguró. La miró de reojo. Ella no parecía convencida. Ahí donde todo el mundo veía a una estrella del Quidditch, ella se veía a sí misma como un lastre para los demás. -Pero puedo preguntárselo si quieres…

-¿Nuestro capitán entrenando a la buscadora del equipo rival? -Inquirió Ellie Coleman. Caminaba con ellas. Había salido de la misma clase de Lily, pero estaba allí porque también era amiga de Lys. No de Lily. No por ahora. Ellie no había comentado nada de su boggart. -¿Crees que al equipo le importará?

Lily se encogió de hombros. Lys era su mejor amiga. ¿Cómo iba a importarle? Haría muchas cosas por su mejor amiga. Como dejar que su capitán entrenara al equipo rival. Como convertirse en una asesina. Sacudió esos pensamientos de su cabeza.

-Mientras no te enseñe los trucos de James Sirius Potter para ganarnos la Copa… -Comentó con una sonrisa de suficiencia.

-Podría preguntárselo a Albus también -Se planteó Lys.

-Yo que tú no lo haría… -Razonó Lily. -Después de tener a James como entrenador… Odiarás a Albus. Es la persona más impaciente del universo y es una serpiente… Por lo que te engañará para ganar la Copa él.

Lys y Ellie la miraron extrañadas. Después, se rieron.

-Tu hermano Albus no parece tan mala persona -Comentó Ellie.

-No digo que sea mala persona… -Rectificó Lily. -Pero en casa siempre intentaba hacer trampas para ganar… Una vez, antes de soltar la Snitch contra James, se la guardó en el bolsillo durante todo el partido hasta que que hizo una pirueta para cogerla… ¡No os fiéis de esa cara de niño bueno!

-¡No te creo! -Se rio Lys.

-Fue después cuando Teddy, James y yo le echamos las culpas a él de la explosión que acabó con los gnomos de la Madriguera…

-Mi hermana me dijo ayer que Albus Potter es mejor de lo que se esperaba -Les dijo, de repente, Ellie.

No pudo evitar resoplar. Ser la menor de los hermanos Potter venía con una cualidad de la que pocos le habían avisado. Sobre todo aquel año. El sector femenino adoraba a sus hermanos. Y ser la hermana pequeña parecía ser, al principio, una estrategia que algunas tenían para ganarse a sus hermanos. Hasta que descubrían que Lily Luna no era la hermana pequeña que les conseguiría ganar el corazón de sus hermanos. Todo lo contrario. Sus hermanos no lo sabían, pero si no recibían muchas invitaciones a Hogsmeade era gracias a las miradas glaciares de Lily Luna. A su sentido sobreprotector de la familia.

Cada vez que oía a risistas y susurros con el nombre de sus hermanos en el baño de las chicas, Lily se aseguraba de recordarles a quien se tenían que enfrentar si se les ocurría hacer algo al respecto. Tenía una reputación. Y podía usarla para lo que quería.

-¿En qué sentido? -Preguntó Lily, curiosa.

-En el sentido de que tu hermano Albus es Slytherin y le pegó un puñetazo en el ojo al amigo de mi hermana… Pero no es tan malo -Dijo.

Lily murmuró un asentimiento.

-Lily, tus hermanos van a tener novias algún día y vas a tener que aceptarlo -Insistió Lyslander.

-No serán unas cabezas huecas como Murphy -Gruñó.

De repente, un cúmulo de alumnos se presentó ante ellas. Escucharon gemidos. Susurros. Y un grito.

-¡Basta! -Gritó la voz de Scorpius Malfoy.

Lily se adentró en el círculo de alumnos.

Peter Glyne estaba encima de Ethan Binns, con el puño a centímetros de su rostro. Un rostro manchado de sangre. Con un labio partido. La mejilla hinchada. Y los nudillos de Glyne enrojecidos. Estaba claro qué era lo que estaba pasando allí.

La joven Potter ya había presenciado pequeños maleficios e insultos por los pasillos, pero nunca había llegado a ese tipo de violencia. La sangre comenzó a hervirle. Sus manos se enroscaron en un puño. Vio que Scorpius les apuntaba con una varita. Barrió su mirada por los alumnos que estaban alrededor. Los reconocía. Eran amigos de Glyne. Y todos miraban a Scorpius por encima del hombro. Incluso cuando Scorpius era, académicamente, superior a ellos por ser Prefecto. Y porque podía llevarlos a detención por estar pegándole a un alumno de Slytherin.

El motivo era evidente, cuando era uno de los antiguos simpatizantes del séquito de los McOrez que sabía que había hecho la vida imposible a Albus los primeros años. Pero Albus también les había avisado de que debían darles una segunda oportunidad.

-¡Un sangre pura defendiendo a los suyos! ¡Cómo no! -Se burló Farben, el mejor amigo de Glyne.

Lyslander apretó el hombro de Lily y le lanzó una mirada de advertencia que claramente decía «No hagas nada de lo que después te arrepientas». ¿Qué había hecho para merecer a esa amiga? Ah, sí. Salvarle la vida. Gran deuda.

Pero Lily ya sabía que el arrepentimiento venía después. Sacó su varita tan rápido como pudo y apuntó a Glyne. Lyslander rodó los ojos. Resopló y la imitó. Y Lily sintió cierto orgullo.

-Lily, Lys, dejad las varitas -Les ordenó Scorpius.

Pero ambas la ignoraron.

-Ellie, avisa a otros Prefectos -Le susurró Lys a su amiga.

Esta asintió con preocupación y se marchó por el pasillo.

Debía reconocer que Ethan Binns había tenido mala suerte. De todos los Prefectos que podían ayudarle a salir de aquella situación, Scorpius Malfoy no era el más indicado. Más las tenía a ellas. A Lyslander Scarmander y a Lily Potter. Glyne, Farben y los demás no harían nada, ¿no?

-Deja a Binns, Glyne -Espetó Lily Luna Potter.

Escuchó el bufido del Gryffindor. Quien no separó ni un centímetro su puño del rostro de Binns. El joven Slytherin respiraba con dificultad. El resto de amigos de Glyne tenían sus varitas contra Scorpius, Lys y ella.

-¿O qué? -Escupió Glyne.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Lily Luna Potter.

-¿Nos matarás, Potter? -Se mofó Farben. -¿Por un sangre pura?

Su sangre le quemaba. La sentía dentro de sus oídos.

Hizo amago de abalanzarse sobre ellos. Lyslander la retuvo por el antebrazo. Scorpius le lanzó una mirada de advertencia que la hizo sentir culpable.

-¡Glyne! -Llamó Bárbara Coleman desde la espalda de Lily. Los miró a todos confundida. Y vio a Binns en el suelo. Tragó saliva. -Sé que es una buena forma de recordarle que hay formas muggles para lidiar con los problemas, Glyne… ¿Pero en serio quieres más detenciones? Te echarán de Hogwarts como sigas así -Bufó. Cruzó sus brazos sobre su pecho. Los miró a todos como si fueran niños chicos.

-Nos ha llamado trogloditas -Dijo Glyne, visiblemente enfurecido. -Nos ha dicho que es una vergüenza que hubiera una guerra para luchar por nosotros y que actuemos ahora así…-Escupió sobre el rostro de Binns.

Y Lily Luna Potter se compadeció de Ethan Binns. Pues encontró en lo que dijo el joven Slytherin solamente verdad. En la otra guerra habían luchado por la tolerancia. Y, ahora, aquellos nacidos de muggles, estaban utilizando la intolerancia como un arma.

Barbara Coleman pasó al lado de Lily y Lyslander sin reparar en ellas. Bajó sus varitas sin temor como si fueran niñas pequeñas en una rabieta. E hizo lo mismo con Scorpius. Cogió la túnica de Glyne y la levantó. Glyne se ruborizó ante la seguridad que Coleman llevaba consigo. Lily Luna estaba sin palabras.

-Vamos, Glyne, deja que los sangres puras conspiren contra el mundo mágico mientras puedan y deja que te lleve a Enfermería para curar esa mano -Glyne la miraba perplejo. Como si fuera la primera vez que la veía. Lily Luna y Lyslander estaban sin palabras. ¡Coleman era una Guardiana! ¿Cómo podía estar de parte de Glyne? La Gryffindor le lanzó una mirada desafiante a Scorpius. -La próxima vez, haz tu maldito trabajo en otro pasillo, Malfoy.

Dicho esto, cogió a Glyne del codo y se marcharon a la Enfermería. El séquito de Glyne los siguió confundidos. Scorpius tendió una mano a Ethan Binns y este se incorporó a duras penas. Lyslander se acercó rápidamente a él y se ofreció a acompañarle a la Enfermería.

Lily Potter se acercó lentamente a Scorpius. No parecía tan indignado por la traición de Coleman como ella.

-Le diré a James que la eche de la Casa de los Gritos la próxima…

-Esta haciendo lo que Albus le ha pedido -Interrumpió Scorpius. -Y lo ha hecho bastante bien -Suspiró. Guardó su varita y sonrió a Lily. -No se suponía que tú estarías por aquí…

-¿Cómo?

-Es todo idea de Albus… Que Binns le dijera eso a Glyne para provocarle…

-¿Idea de Albus?

-Sí, está sacando su lado Slytherin… Por fin -Añadió con una sonrisa de orgullo.

Lily entrecerró los ojos.

-¿Y Binns sabe algo del Temple?

-No hace falta… Estaba dispuesto a molestar a Glyne -Se encogió de hombros.

-Y tú también -Añadió, no era una pregunta.

-Especialmente yo -Su sonrisa se ensanchó.

-¡Lily! -La llamó una voz que esperaba no escuchar en todo el día.

Teddy Lupin.

Se llevó la mano a la frente. Merlín, estaba perdida.

-Profesor Lupin -Saludó cordialmente Scorpius Malfoy. -Le veo en clase -Se marchó, dejándola a sola con Teddy, el muy traidor.

Teddy corría hacia ella con el mismo gesto preocupado en su rostro que le había dedicado en clase desde que el boggart había tomado la figura de Lily Luna Potter. Era una propuesta a una conversación pendiente. Lily suspiró. Rendida.

-Lily -La llamó. La cogió por el brazo. Miró alrededor. No había nadie en el pasillo. Iba a preguntarle aquello que había evitado todo el verano. Todos aquellos días. -¿Estás bien?

La respuesta era no. No estaba bien. Lily Luna Potter no estaba bien. Fingía bien. Fingía y se lo había llegado a creer. Pero tenía miedo de convertirse en una maga oscura. Creía que lo haría. Acababa de sentir la rabia. La violencia. ¿Cómo controlaba aquello? La había sentido incluso antes de lanzar el Avada Kedavra. ¿Era una maga oscura?

Todo aquello debió de cruzarse por su rostro.

Y Teddy debió entenderlo. Pues la abrazó. La atrapó entre sus brazos. Y fue un abrazo tan cálido y que necesitaba tanto que sollozó. Fue un pequeño y disimulado sollozo. Pero lo suficiente para que sus ojos se empañaran. Y limpiara, por tan solo un instante, las mentiras que se contaba a sí misma. Tenía miedo. Estaba aterrada. No quería convertirse en eso. No quería esa oscuridad que sentía dentro de ella.

-Soy una asesina -Musitó en un hilo de voz.

Sintió a Teddy dándole un beso en su coronilla.

-Tengo una reunión con una persona… Pero vas a venir conmigo… Y quiero que hables con ella -Le susurró. -Tiene que ser un secreto -Añadió.

Ella asintió. Aún sollozando. Pero se dio cuenta de que se Aparecieron. De que la sacó de Hogwarts. Y de que, aún en sus brazos, sus pies aterrizaron sobre un salón que olía a hierbas mágicas y a un cocido casero. Olía a hogar. Casi similar a la Madriguera. Batió sus pestañas para alejar las lágrimas.

-Ted… -La voz inconfundible de su prima Vic. Lily se separó de Teddy. Con el puño se quitó las lágrimas. Vio a su prima. Lo primero que distinguió fue el laberinto de cicatrices que surcaban su rostro. Su pelo rojizo en un moño. Su delantal. -¿Lily? ¿Qué haces aquí? -Se dirigió a Teddy. -¿Qué haces trayendo a Lily aquí?

De repente, una figura femenina se apareció detrás de su prima Vic. Casi se atraganta con su saliva al verla. Gwendoline Cross. La asesina de McGonagall. La había visto en una foto de El Profeta cuando aquello ocurrió. Pues nunca la había visto en persona. Aquella era la primera vez que veía a aquella muchacha. Soltó un pequeño chillido. Su prima, como si temiera a que fuera a hacer algo, alzó una mano hacia Lily.

-Gwen era una espía del Temple en el Ojo, Lily -Explicó pausadamente Teddy. Lily respiró profundamente. Observó a Gwendoline Cross. La foto robada de Gwendoline Cross de El Profeta no le hacía justicia. Tenía unas cejas oscuras pronunciadas. Un pelo rubio largo. Una expresión seria. Era bella, pero peculiar. No era bonita como su prima Vic. Sino extraña. Más su mirada penetraba en su pupila como si quisiera destriparla por dentro. -Sé que has oído cosas de ella que… No son fáciles de escuchar -Lily recordó que era una asesina del Ojo desde joven. Asesina. Como Lily. -Pero está de nuestro lado. Está aquí para protegernos. Es una gran bruja.

-¿A qué has venido Ted? -Interrumpió, de pronto, su prima Vic.

Una sensación de incomodidad se acopló en el estómago de Lily al percatarse de que era la primera vez que veía juntos a Ted y a Vic desde la boda de su tío Charlie. E, incluso entonces, no habían estado juntos precisamente. Lily había escuchado por Hugo y por Albus que habían cortados. Que se turnaban la crianza de Remus. Y que no se llevaban especialmente bien.

Se preguntó, también, qué hacía Teddy allí.

La había llevado a ver a una asesina. ¿También pensaba Teddy que ella era una asesina? Frunció el ceño y evitó echarse a llorar.

-Vengo a solicitar la ayuda de Gwendoline Cross -Anunció Teddy. La asesina rodó los ojos. Como si aquello le aburriera. -Dos peticiones -Aclaró. Carraspeó su garganta. -En primer lugar, me gustaría que vinieras conmigo a Hogwarts para ayudar a Albus Severus Potter a domesticar a los basiliscos que allí se encuentran, dada tu experiencia con esas criaturas mágicas.

Se hizo un silencio. Vic suspiró. Sacudió la cabeza y les abandonó, dirigiéndose hacia la cocina. Como si no quisiera estar presente allí. Lily quiso ir con ella. Tampoco quería estar prsente allí. Pero no la había invitado.

-No es posible -Bufó Cross.

Teddy ladeó el rostro.

-¿No es posible que los domestiques o no es posible…?

-¿Cuántas veces tengo que decirle al director que no pienso ir a Hogwarts? -Siseó, y dio un paso amenazante hacia Teddy mientras Lily se movía hacia atrás.

Más Teddy permaneció impasible.

-Ya no hay miembros del Ojo que puedan suponerte una amenaza en Hogwarts -Pero la joven resopló y rodó los ojos como si aquello no fuera del todo cierto y Lily frunció el ceño. Aunque, estaba claro, que Cross no necesitaba a miembros del Ojo para sentirse amenazada en Hogwarts. Los dos bandos la odiaban. Había asesinado a McGonagall. -Frank…

-No voy a ir -Insistió ella e hizo un gesto para que dejara de insistir. Ya lo había decidido. Pero Lily Potter se había quedado pensando en lo que Teddy iba a decirle. «Frank». Sus pupilas se dilataron. ¿Sería Frank Longbotton? ¿Por eso Brooks se hizo pasar por su novia unos meses? ¿Por qué Longbotton estaba quedando con Cross? ¡Oh, Merlín! Si era así, ¿qué habría pasado para que no quisiera verle? -Pero no se lo digas a él -Pidió, con un tono de amenaza más áspero. -Yo hablaré con él… Algún día.

-Quiere verte, Cross, necesita al menos una explicación -Decía Ted, como si fuera una súplica. -No sabe nada de ti… Absolutamente nada… Desde el asedio a la sede del Temple.

-Sabe que estoy viva y con eso debería bastarle -Espetó con desdén.

-No insistas, Lupin -Siseó Vic.

Lily dio un respingón. Jamás había escuchado a su prima llamar a Teddy por su apellido.  El profesor parecía estar a punto de decir algo, más pareció pensárselo mejor y cerrar la boca. Suspiró.

-Le diré que Hogwarts sigue siendo peligroso para ti -Pero estaba claro que Teddy estaba en contra de aquello.

-No sé por qué no le decís que no lo quiero ver -Bufó Cross. -No es como si fuera mi novio, no es como si le debiera algo… No es como si no fuera verdad. Si queréis protegerlo, es lo mejor para él. No sé qué es lo que os ha hecho creer el malnacido de Lebouf.

Lily estaba perpleja. Intentaba completar la información. Más le faltaba mucho aún. Teddy suspiró. Miró de reojo a Lily. Como si acabara de acordarse de que estaba allí.

-Lebouf te debe la vida -Dijo Teddy. -Y quiere hacer todo lo posible para compensarlo. Lo sabes. Y también sabes que lo que pasó aquel día no fue tu culpa. No fue tu culpa -Recalcó.

Lily tragó saliva. Claramente sintiendo que no debía estar en aquella conversación. ¿Desde cuándo Teddy Lupin conocía a Gwendoline Cross?

-He dicho que la dejes, Lupin -Repitió con saña Vic. -No necesita lecciones… Tú ya tienes a tus propios alumnos.

Se hizo un silencio tan incómod que Lily se desaflojó la corbata de su uniforme.

-¿Cuál es la segunda petición? -Preguntó con ese aburrimiento en sus palabras Gwendoline Cross.

Se sentó sobre el sofá. Puso los pies en la mesa. Y les miró por encima del hombro. Como si fueran unos mosquitos molestando su día a día. Decir que se sentía intimidada por Gwendoline Cross sería quedarse corta. ¿Supuestamente sentía algo por Frank Longbotton? Lily Luna Potter había hablado en pocas ocasiones con aquel muchacho -pero, ¿con quién hablaba ella? -, pero parecía la clase de muchacho alegre y jovial que simplemente no encajaba con el mundo mágico y lo intentaba pagar con mal humor con su padre y con el resto de profesores. Eso le había dicho Lyslander. Quien sí que había hablado con él. ¿Cómo él podía querer estar con esa asesina?

-Te presento a mi hermana pequeña -Teddy puso sus manos sobre los hombres de Lily. -Lily Luna Potter -Gwendoline Cross la examinó como si fuera una presa. Ya había sentido, en otras ocasiones, aquella mirada sobre ella. Más la de Cross era analítica. No parecía querer asesinarla del todo. -Y necesita tu ayuda -Teddy la empujó hacia Cross. Y se separó de ella. Se retiró hacia la cocina. -Weasley -Llamó a su prima, arrastrando sus palabras con cierto retintín. -Sube arriba conmigo, tenemos que hablar y dejarlas hablar.

Su prima bufó. Dejó lo que estaba haciendo. Y subió las escaleras antes de que Teddy pudiera decirle nada. Teddy suspiró con resignación y la siguió.

Lily se quedó a solas con la asesina. Y no era la única que quedaba en la sala.

-Nunca se irá -Fue lo que dijo Cross. La joven frunció el ceño. -La luz verde y el cuerpo cayendo en el suelo… Nunca se irá. Nunca te abandonará -Le dijo. Lily tragó saliva. Sus ojos azules la habían hechizado. No podía retirarlos. -Sé que tuviste que matar a tu prima para salvar a tu amiga -Volvió a tragar saliva, aunque le quedara muy poca. -Poca gente lo habría hecho.

-Soy una asesina -Dijo Lily Luna Potter, por segunda vez aquel día.

Cross sonrió con suficiencia. Negó con la cabeza. Cruzó sus brazos sobre su pecho. La miró como si Lily no tuviera ni idea de lo que estaba hablando.

-Respóndeme a esta pregunta, Potter, ¿querías matar a ese monstruo o querías salvar a tu amiga? -Parpadeó. - Déjame que lo refrasee… Si tu amiga no hubiera estado allí, habrías tardado más en hacerlo. Eso no es una pregunta. Es un hecho. Por tanto… ¿Querías matar al monstruo…? Aunque intuyo que piensas que no era un monstruo, sino tu prima, por la culpabilidad que llevas contigo… ¿Querías matar al monstruo? ¿O querías salvar a tu amiga? ¿Cuál era tu móvil?

Lily se aclaró la garganta. Entrecerró los ojos. Cerró sus puños.

-Quería salvar a Lys -Anunció con seguridad. -Y asesiné a Molly para salvarla. Por lo que soy una asesina.

No se esperó la carcajada que recibió por parte de Cross.

-Los asesinos no matan para salvar a sus amigos, Potter -Espetó. -Los asesinos matan porque pueden. Porque quieren. No por necesidad. No para defenderse… Los asesinos matamos porque quitar una vida nos hace sentir poderosos…-Cross se sacó una daga de la bota y paseó sus dedos por la lengua de metal. -¿Qué te hace sentir el recuerdo de ese momento, Potter? ¿Te hace sentir mejor? ¿Sientes la vida de esa criatura en tus manos y la necesidad de estrujar el corazón sabiendo que tienes el poder de que deje de latir? ¿Sientes el poder de tener la vida y la muerte en tus manos?

Hablaba desde la experiencia. Bailaba con aquellas palabras como si las estuviera sacando desde su interior.

Lily palideció.

-Siento… Siento una oscuridad dentro de mí -Alcanzó a decir. Cross alzó la vista hacia ella y la contempló con curiosidad. Invitándola a que siguiera hablando. -Cada vez que veo algo que me irrita… Siento furia… Y violencia dentro de mí. Es como… Algo oscuro.

Cross asintió. Con satisfacción.

-No existen los seres de luz -Le dijo. -Todos somos criaturas de la oscuridad que nos arrastramos por creer que vamos a encontrar algo de luz en nuestro interior. Algunos dejan consumirse por esa oscuridad y sucumben a ella. Otros la controlan. Que no te engañen, Potter, todos estamos podridos por dentro… Quién eres depende de cómo controles tu oscuridad. La luz es un espejismo. Una ilusión… Nos hacen creer que es lo que necesitamos buscar y cuando descubrimos que hemos hayado una luz falsa, la oscuridad se cierra sobre ti… Esa oscuridad que dices que sientes… Debes controlarla. Yo puedo enseñarte -Se ofreció.

-La luz sí existe -Corrigió Lily Luna Potter.

Cross soltó una risa sarcástica y rodó los ojos.

-La luz de la que tú hablas, Potter… Es peligrosa…¿Qué eres sin tu oscuridad? Somos seres oscuros… ¿Qué hacemos si hallamos esa luz, Potter? -Se mofó. -Todos los que la encuentran, mueren. Todos los que se topan con la luz, extinguen la oscuridad… Y como somos seres oscuros… Acaba con nosotros… Nos hace vulnerables.

Lily contempló la sagacidad de Gwendoline Cross. Lo que escondían verdaderamente sus palabras. Se mordió la lengua. Pero ella no solía hacerlo. Ni delante de una asesina. Una asesina que prometía ayudarla a controlar su violencia. Su ser oscuro que pretendía controlarla.

-¿Por eso no quieres ver a Frank Longbotton? -Preguntó.

Cross cesó de pasear sus dedos por la daga.

-No te imaginas lo que he llegado a sobrevivir siendo un ser tan oscuro como tus peores temores, Potter -Sonaba a una amenaza. -Ser vulnerable no va conmigo -Espetó.

Aunque Lily Luna Potter no estuviera de acuerdo con aquello, asintió.



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