Historia al azar: Vuelve
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La Tercera Generación de Hogwarts » Las desventajas de amar
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Jueves 21 de Enero de 2021, 20:22
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Las desventajas de amar

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones

Capítulo 16: Las desventajas de amar.

Desde que había llegado de Navidad, solía levantarse más temprano de lo habitual para ser de las primeras alumnas en desayunar. No era porque así llegaba antes a clase, pues, de por sí, solía ser la primera. El problema era que desde el incidente en el tren en el que agredió a Malfoy, ya no se sentía tan a gusto allí, teniendo que sentarse cerca de él debido a su relación de amistad con su primo Albus y con su amiga Alice. En el fondo, sabía que todo sería mucho más fácil si dejaba el orgullo, el rencor y el verdadero odio que estaba empezando a nacer hacia esa persona. No obstante, era Rose Weasley.

La única compañera de cuarto y, probablemente, su única verdadera amiga fiel, Janet Rossen, había decidido aprovechar la calidez de la cama un rato más. Por mucho que dijeran sus otras compañeras de cuarto, Janet no se había convertido en su "perrito faldero". Es más, tenía un par de ideas revolucionarias con las que Rose discrepaba a más no poder: era vegetariana.

Al entrar al Gran Salón, se dio cuenta de que solo reconoció el rostro de su prima Molly en la mesa Ravenclaw. Rose le sonrió, pero no se sentó a su lado. Su prima era la "rarita" de todos sus primos. Sabía que tenía algunos amigos de su Casa y poco más. Ni siquiera cruzaba más de dos palabras con su propia hermana. Y a Rose siempre le molestaba que la mirase como si tuviera los mismos conocimientos que un recién nacido.

La mesa Hufflepuff era la que más llena estaba. Desde luego, hacían honor al trabajo duro que supuestamente ejercían día sí y día también. Conocía a un par de muchachos de clases que compartían juntos, pero, al verla, giraron la cabeza hacia otro lado. Su falta de humildad no era bien acogida en ningún sitio, pero aquellos Hufflepuff no podrían pretender que Rose desperdiciara su talento solo por caerle bien a los demás. Su madre, por ejemplo, tampoco hizo muchos amigos el primer año por la misma razón.

Fue cuando llegó a la mesa Gryffindor cuando se percató de que el karma estaba siendo demasiado malo con ella. Allí estaban, los magníficos Perry Greenwood y Scorpius Malfoy.

No la habían visto y, aprovechando que la mitad de la mesa estaba vacía, se sentó casi en el otro extremo pegando a la puerta. Sacó el libro de Pociones y lo puso a un lado. Se sirvió algo de leche y puso en un plato varios bollos rellenos de chocolate. Los huevos revueltos con salchichas podrían esperar para cuando se le abriera por completo el estómago.

El libro de Pociones que tenía ante ella había sido sacado de la Sección Prohibida de la biblioteca. Fue obra de James en una misión suicida hacía una semana. Comenzó a sacar libros que podrían albergar otras formas de matar a un basilisco. Él se los había quedado todos menos ese, dado que era pésimo en Pociones y confiaba plenamente en el intelecto de su prima. Debía reconocer que al principio pensaba que James iba a endiñarle todos los libros a ella.

Como ella le había avisado, dudaba que una poción fuera lo suficientemente poderosa como para arrebatarle la vida a tal criatura. James le había insistido, y ella, rendida ante sus plegarias solo para demostrarle que tenía razón, procedió a ojear aquella mañana el libro.

Tenía razón en que no había una poción con esos objetivos. Pero había pociones poderosas que se apuntó en un cuaderno que podrían servirles en el futuro. Mientras manchaba con migas de pan su propia caligrafía, dos muchachos se acercaron a ella y se detuvieron, observándola unos instantes. Por un momento, pensó que podría tratarse de alumnos que solían sentarse justo allí y a los que les había usurpado el sitio. Cómo pudo ser tan ingenua.

-Solo queremos que sepas que hemos venido antes para no cruzarnos contigo y con tu careto -anunció Perry Greenwood con suma delicadeza.

-Aprecio vuestro gesto -dijo ella, sin apartar la vista del libro.

Alguno de ellos carraspeó. Rose finalizó de escribir la Poción de matalobos e hizo como si hubiera algo realmente interesante en la siguiente página del Libro de Pociones Avanzadas.

Perry exhaló aire e hizo ademán de irse. Scorpius le sujetó y se sentó justo al lado de Rose, haciéndola sentir bastante incómoda dada la cercanía de su enemigo y el pestoso hedor a perfume caro para hombres mayores.

-Mira, Rose -dijo haciendo acopio de la poca paciencia que tenía. O, al menos, esa fue la sensación que tuvo la joven. -Hay un basilisco suelto por el castillo con el potencial de matar a alumnos…

-Soy consciente de ello, Malfoy… -interrumpió.

-¡Pues no lo parece! -el grito ahogado alertó a unos Gryffindor que se habían sentado a unos metros de distancia. -Tú tampoco eres la compañía con la que deseo estar… Pero soy lo suficientemente maduro como dejar de lado nuestras diferencias y unir fuerzas para luchar contra ello.

-Qué insulto más gratuito -contestó ella.

-Lo que quiero decir, Weasley -el joven Malfoy hizo caso omiso del comentario de la muchacha. -Es que estoy dispuesto a convivir contigo si tú también lo estás. Mira tu primo James, ¿quién lo iba a decir?

-¿Crees que él no te arranca la cabeza en sueños porque hacerlo en la vida real sería asesinato? -le preguntó con dureza.

-Joder con la Weasley… -dijo Perry Greenwood.

-Algún día se saldarán las cuentas que nuestras familias tienen pendientes, Weasley -le advirtió Scorpius con una expresión tan seria que a Rose se le encogió el estómago y se quedó sin ganas de los dos bollos que le faltaban. -Pero hagámosle un favor a Hogwarts y seamos conscientes del verdadero problema.

-…Estás haciendo un pacto con el diablo, Scorp -le avisó serenamente su amigo.

-¿Lo aceptas? -le preguntó Scorpius Malfoy. Rose tuvo que mirarle a sus ojos de color gris para comprobar que no había trampa detrás de sus palabras. Al fin y al cabo, los Gryffindor eran nobles a su palabra y él, por mucho que a ella no le gustara, era uno.

-Solo con una condición -terció la joven, mientras los dos muchachos ponían los ojos en blanco. Scorpius asintió.

-Ya he aceptado retirarme del Quidditch. No creo que lo tuyo me duela más…

-Tienes que pedirme perdón por todo lo que tu familia le ha hecho a la mía.

Scorpius Malfoy la miró intensamente. Rose pudo ver cómo sus ojos se llenaban de llamas que la amenazaban de muerte. En el fondo, la joven sabía que aquello era una humillación para él y una falta de respeto por su parte. La Comunidad Mágica ya había perdonado a Draco Malfoy en público. Harry Potter tenía una relación con Malfoy más cercana e incluso tenían reuniones. Las únicas personas que seguían alzando la voz en contra de aquella familia eran Ron Weasley y su hija. De hecho, en una entrevista al Profeta, Ronald Weasley propuso que Draco Malfoy pasara una temporada en Azkaban para matar cualquier resto de oscuridad que albergara en su interior. Ante ello, la familia Weasley pidió perdón a Draco Malfoy personalmente por las declaraciones de su miembro más rencoroso.

Lo que ahora estaba haciendo Rose era una bofetada doble para Scorpius. No solo eso. Rose lo estaba probando. Quería saber si era lo suficientemente noble como para aceptar la condición de la joven. O si era tan orgulloso como ella y se negaría a ello, declarando la guerra. Ella quería que se negara, pues ceder significaría que él era mejor que ella, habiendo superado una rivalidad inducida por sus progenitores.

-No soy quién para pedir perdón, Rose Weasley. -Ella  sonrió con suficiencia. -Sí que puedo pedir perdón por prejuzgarte y pensar que eras una niña criada por un hombre arraigado en el pasado que aún cree que mi padre es un mortífago. Por creer que seguirías, sin más miramientos incluso cuando eres una persona inteligente, las directrices de tu padre. Perdón por haber pensado que no aceptarías que soy diferente a mi padre y que me han elegido Gryffindor por cómo soy. En eso si puedo pedirte disculpas… Pero mis postjuicios son exactamente los mismos. -Rose rugió por dentro. -También puedo disculparme por el pasado de mi familia, por haberse dejado llevar por las circunstancias, por escoger el bando dirigido por un tirano cuya varita no habría dudado en ningún momento en destripar el corazón de mi padre. Perdón también por el comportamiento de mi padre. Por ser, como tú, una persona criada en prejuicios que condicionan las relaciones que forja a lo largo de su adolescencia. -Scorpius la miraba con superioridad. Y Rose se mordía la lengua por dentro, con saña, sabiendo que aquel muchacho tenía razón, pero que jamás se daría. -Ya tienes lo que quieres, Weasley.

No era verdad. Pero tenía que conformarse.

-Vamos, Scorp, ya está allí Al -informó Perry, cortando la tensión que se había instaurado en el hilo que unía la mirada de los dos muchachos.

Pero Scorpius estaba esperando a que la Weasley dijera algo. Aunque fuera una palabra, le bastaba para saber que aquella batalla la había ganado con la verdad y con palabras. No con las garras que cicatrizaban en su rostro.

-Disculpas aceptadas.

Su mirada era sagaz, pero Montdark no la temía. Aquel hombre, sentado en un improvisado trono de hielo, parecía más joven de lo que realmente era y desprendía un olor a eucalipto que llenó sus fosas nasales y le dieron ganas de vomitar. No era ninguna noticia que Montdark no soportase a su superior. El nombre de aquella delicada figura de ojos azules y un pronunciado pico de viuda era Loring.

-Quien más peligro nos supone en Inglaterra tiene a su mayor debilidad desprotegida, Señor -informó, tras haberle preguntado por los avances en la misión que le habían encomendado.

-Perfecto -aplaudió él con una sonrisa que ocupó todo su rostro. Sus ojos eran tan inexpresivos que parecían postizos. -¿Sabes, Adolf? Lo que nos hace invencibles a ti y a mi es que no tenemos corazón. En el momento en el que amas a alguien, eres vulnerable.

El hombre de rostro desfigurado chasqueó la lengua. ¿Qué sabía aquel bastardo de él para hacer tal comentario? Asintió y miró hacia abajo. Ya había tenido problemas con su superior por llevar la contraria en incontables ocasiones. No era el único. Desde que Loring había alzado aquel Palacio de Hielo en la costa de aquel continente helado, se creía un dios. Montdark y sus compañeros se jactaban de él, deseando ver el momento en el que sus hermanastros le arrebataran el trono de pega que había creado. ¿Trono de qué? ¿Acaso se creía Rey? Todos eran sirvientes del Ojo. Loring era un súbdito más.

-¿Nos han dado luz verde, entonces? -preguntó con cierta impaciencia. No soportaba que aquel hombre comenzara a darle discursos filosóficos que a él le importaban una mierda.

-Claro -respondió él -, siempre y cuando la señorita Cross esté preparada.

-La señorita Cross lleva meses preparada, Señor. Fue entrenada para asesinar desde los siete años…

-Puedes retirarte -le ordenó tras hacer un movimiento con la mano que indicaba que lo estaba despachando con desprecio.

Montdark volvió a chasquear la lengua. Después se la mordió, refunfuñó y dio media vuelta. Si decía algo, lo mandarían a los lobos dos noches. O, peor aún, lo llevarían con Schneider y experimentaría con él. Mejor seguir vivo porque la sangre maga le fluía por las venas.

Salió por la puerta de madera de roble.

Entonces, sonrió.

Al fin podía hacer uso de su mascota. 



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