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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
[ Más información ]

(V) Capítulo 12: Explosión mental (I)

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)

-¿Otra vez? -Preguntó su hermana. Estaba intentando no reírse. Porque, bueno, estaban en el despacho del director. Y, si había aprendido algo después de aquellas semanas, era que Cornelia Brooks era la alumna ejemplar que jamás soltaría una risita en el despacho del director de Hogwarts. Ni cuando a su hermana se le desorbitaran los ojos. -¿Por qué estás haciendo eso otra vez?

-¿Tiene problemas mentales? -Pregunto la voz del cuadro.

O, más bien, el retrato que se movía. Y que podía ir de retrato en retrato. O sea. ¡Ni en la mejor ciencia ficción! Había que decir que saber eso y temer encontrárselo de noche había sido todo un panorama que afrontar… ¡Pero es que dormían de noche! ¡Los muy malditos!

Lola había cogido la manía de exasperarles. Porque, sinceramente, sabía que no podían lanzarle un hechizo de vuelta. Como podría hacerle un mago de verdad. Oh, definitivamente no era Gryffindor.

-Te lo he dicho un millón de veces, Lía -Le replicó a su hermana. -Me críe en el mundo muggle y tengo diecisiete años… ¿Cuadros vivientes? Es lo más parecido a ir a Disneyland -Le confesó. -Y aún no me has enseñado el resto de Hogwarts…

-Oh, Godric…

Supo que su hermana temía aquel momento. El día que saliera de Enfermería y tuviera que hacerse cargo de ella. Y no podía evitar sentirse culpable. ¡Pero tampoco podía evitarlo! ¡Ni controlarse! Supuso que  tendría a esos repelentes amigos como canguros. Se estremeció solo de pensarlo. Los McGregor. Quería escupir bilis solo de pensarlo.

Había consolado a su hermana cuando se enteró de que Susan Jordan -la única amiga de su hermana que merecía la pena en ese universo mágico -había muerto. No le dieron detalles y ambas intuyeron que no los querían saber. Y Lola maldijo para sus adentros cuando se enteró de que Fred Weasley tampoco estaba en Hogwarts. Sus dos posibles amigos allí. Porque el imbécil de James Sirius Potter no se había presentado para verla a ella -su amiga de la infancia -o a su hermana -fuere lo que tuviere con ela. Bueno, tan solo en dos o tres ocasiones. Pero era como que huía de allí. El director Longbotton lo excusaba diciendo que estaba muy ocupado. ¿Qué clase de amigo era ese? Además, cada vez que preguntaba su nombre delante de los repelentes McGregor tenía que escuchar un bufido. Frank Longbotton -quien Lola admiraba secretamente por ser el amante de Cross, la cual era el amor platónico de Lola, por si no lo había dejado claro -decía que Potter era un imbécil. A ver, Lola conocía a James y sabía que era un imbécil. Pero una cosa era que lo fuera y otra que lo demostrara.

Al menos, Lola intuía que había una muchacha en Hogwarts que podía acogerla bajo su ala. Después de todo ella -Lucrecia Brooks Donovan  -había  sido la que le había enseñado el alcohol. Lola sabía que esas cosas no se olvidaban nunca. Rose Weasley debía tenerla en un altar. Seguro.

Lola se giró hacia un anciano que parecía dominar al resto de retratos. Lo contempló. Y el hombre le devolvió la mirada analítica.  

-Joder, Lía… -Se llevó la mano a la boca. No encontró palabras para explicar lo que sintió al verle. Creyó reconocerle. Obviamente el resto de mortales no pudieron haber encontrado a una figura similar. Pero. Era indudable que era él. -Lía…-Le señaló con un dedo tembloroso. Su hermana frunció el ceño. Quizás pensando en cómo demonios iba a saber ella quién era ese mago… Pero, ¿¡cómo no iba a saberlo?! -¡¡¿ES GANDALF?!!

Silencio. Intriga. Lola se giró hacia Cornelia. Esperaba una respuesta y la quería de inmediato.

Su hermana ahogó una risa -de nuevo, despacho del director de Hogwarts, reírse y Cornelia Brooks.

-Ese es el director Albus Dumbledore, Lola -Dijo, escondiendo una sonrisa divertida.

Lola no pudo evitar sentirse engañada y malipulada por los malditos magos. Por supuesto que no serían tan nobles como para tener un retrato del mejor mago de todos los tiempos colgado en el despacho del director de un colegio. En su instituto, tenían a la Reina de Inglaterra… ¿Por qué allí no tenían a Gandalf?

-¿Y dónde está el retrato de Gandalf? -Preguntó, entrecerrando los ojos. Vio la decepción de que aquel gran mago no iba a existir y antes de que saliera de la boca de su hermana la detuvo con una mano. -Ya lo encontraré -Era de la Edad Media. Quizás se llamaba de otra forma. Quizás era Merlín. Sabía que Merlín había existido. Porque James y Cornelia maldecían en su nombre. Estaba segura de que eso no estaba bien visto. Su abuela Julie le decía que no estaba bien maldecir en el nombre de dios. A no ser que Merlín fuera un demonio. -¿Albus Potter se llama así por este viejo?

-¡Lola! -Le regañó su hermana. Se disculpó con la mirada ante el director Albus. Pero el director le guiñó un ojo. Lola hizo una mueca de disgusto. ¿Alerta pederasta? -Ayudó al padre de los Potter de joven a ganar la guerra.

Oh, claro que le ayudó.

Una figura se apareció ante ellas. Lola enmudeció. Aún no estaba acostumbrada a que la gente se apareciera en el aire. Neville Longbotton menos. Sinceramente este hombre era de lo más entrañable. Mientras que su hijo podría pasar por el dios del sexo -sinceramente entendía la razón por la que había derretido el corazón de una asesina; el padre era el dios de la ternura. Su hermana sabía rodearse de buenas personas. Sabía que tenía una hija. Se preguntó si también sería una diosa del sexo.

No supo qué expresión estaba poniendo -solo imaginándose a una diosa del sexo con los rasgos de Frank Longbotton -, pero su hermana le dio un codazo. Ella le sonrió. Tendría que darle unas lecciones a su hermana.

-Me alegra de que te hayan dado el alta, señorita Brooks -Dijo con esa voz que utilizaban los padres de las películas. Y que ella siempre había deseado que fuera de su padre. -Señorita… Brooks -Dijo refiriéndose a Lola. Siempre había sido Morgan. Y supuso que no estaba acostumbrada ni al apellido de sus padres ni a que distinguir cuándo se dirigían a ella o a su hermana. Aunque estaba claro cuando lo hacían. El tono para su hermana era mucho más dulce. Le indicó un asiento. Obedeció. No oponía resistencia a Neville Longbotton. No cuando se había convertido, en aquellas dos semanas, en la única figura paterna aceptable que había tenido en su vida. Su hija debía ser una diosa para desecharlo como figura paterna. -Voy a ponerle el Sombrero Seleccionador… Espero que su hermana le avisara del proceso como le previne.

-Oh, sí -Se adelantó Lola. -No hace falta -Dijo, mirando con recelo al Sombrero. ¿Un Sombrero que había pasado por todas las cabezas de todos los alumnos? ¿Qué clase de higiene era aquel? Resopló. Ni siquiera lo había limpiado antes de hacer amago de ponérselo. Pensó en todos los piojos que podrían derivarse de aquella pequeña interacción. -Ya he decidido qué quiero ser.

Cornelia volvió a regañarle con la mirada.

-Es el Sombrero Seleccionador el que Selecciona -Señaló dócilmente su hermana.

¡Veinte puntos para Gryffindor, hermana! O algo así le habían dicho. Fuera como fuere, iba a tener que ser de una Casa para participar de la vida del Colegio. Iba a dar clases que no fueran clases para que se familiarizara con el mundo mágico. Como hacían con el dios del sex…Frank Longbotton. Esperó fuertemente que el director no fuera de esos que leían el pensamiento.

-También me han dicho que escucha tus preferencias -Puntualizó Lola.

Neville Longbotton detuvo el Sombrero Seleccionador antes de posarlo sobre su cabeza y que se le traspasaran todos los piojos desde aquellos campesinos de la Edad Media que no se bañaban nunca. Se removió en el asiento.

-¿Qué Potter te ha dicho eso? -Cuestionó.

-No se lo diré para no meterlo en problemas -Respondió Lola.

Le puso el Sombrero y Neville suspiró. Miró atentamente a los ojos de Lola.

-Sé que ha sido James -Le confesó con un guiño. -Solo quería saber si alguien más sabía el truco.

Ella se mordió la lengua por dentro. Sintió algo en su estómago. Aquella era otra de las escenas de película de padre e hija. ¿Qué le pasaba aquel día? ¿No había tenido ya demasiadas escenas en su vida que le dejaban claro que no había superado que no tuviera padre? Ah, claro, que ahora sí que sabía que había sido asesinado por su abuela. Y había tenido una madre. Por unos meses.

-Bueno -Dijo una voz en su cabeza.

-¡JODER! -Gritó Lola, dando un salto.

Escuchó a algunos retratos reírse. Cornelia Brooks tuvo que mirar a sus zapatos. La muy educada tapando su risa.

-Oh, una squib… ¡Interesante!…¡Muy interesante! ¡Muy ambiciosa! ¡Pero mucho más inteligente! ¡Y curiosa! ¡Ingeniosa! -¿Lola? Inteligente. Sí. ¿Después de todo lo que había en ese castillo? ¿Curiosa? Solo necesitaba un mapa y una linterna y sería feliz. Muy feliz. Podía estallar la guerra que quisiera que ella estaría escuchando los cotilleos de esos retratos. Había escuchado que su hermana estaba en Gryffindor. Los valientes. Y los que tenían coraje. ¿Cornelia era así? La miró. Quizás aún no lo había demostrado. Pero tenía que protegerla y ayudarla. -¿Oh? ¿Quieres estar con tu hermana? ¡Pero en otras casas sacarías tu potencial! -Hufflepuff  era patético, recordó que James había dicho algo así. No sabía por qué. Ella quería ayudar a Cornelia como mejor pudiera. Sacando su mejor potencial. Que, si era sincera, no sabía cuál era. -¿Estás segura de que es eso lo que quieres? -¿Realmente estaba teniendo una conversación en su mente con un sombrero milenario? -Sí, lo estás. Pero si estás segura de que quieres sacar tu potencial… Te pondré en… ¡RAVENCLAW!

El director le quitó el Sombrero Seleccionador.

Lola arrugó su nariz. Y miró, preocupada, Cornelia. Ella parecía no esperar aquella decisión. Sinceramente, Lola tampoco. Neville Longbotton tampoco. Sería una gran espía. Ocultaba muy bien su intelecto. ¿Qué esperaban? ¿Slytherin?

-¿Sabes, Lía? -Dijo, con un tono de desaprobación. -No sé si quiero estar en la misma Casa que tus amigos los repelentes…

-¡Lola! -Le regañó de nuevo.

Ella sonrió y escondió una carcajada. Se levantó de un salto.

-Podéis aprovechar el almuerzo para ver el Gran Comedor… -Comenzó a decir el director. -Lola participará de todas las actividades y beneficios que ofrece la Casa de Rowena Ravenclaw y esta noche uno de los Prefectos le explicara todo lo que supone estar en esa Casa. Pero el Premio Anual…-El director se rascó la nuca. El Premio Anual era James Sirius Potter y el traidor que no iba a verlas, Buda sabía por qué. -Ha pensado que fuera cual fuera la Casa de Lola, se quedara en la habitación de Cornelia y ocupara la cama de la señorita Jordan… En caso de que la señorita Cornelia tuviera algún otro… Suceso o problema nocturno…

Lola presionó sus labios. Exactamente no sabía lo que eran los problemas nocturnos de Cornelia, pues dormía como un tronco gracias a una de las pociones de Madame Longbotton. Más, al parecer, su hermana había tenido un par de pesadillas -o visiones, según afirmaba ella -que despertaban a todo el mundo. Y de las que ella no recordaba nada. Eso decía ella. Pues Lola conocía a su hermana y sabía que las visiones que tenía se habían quedado impregnadas en su cerebro por el silencio que conllevaba al día siguiente. Pero Lola no preguntó ni un solo día. Le recordó demasiado al estado que tenía Cornelia cada vez que Ivonne Donovan estaba unas horas con ellas. ¿Qué clase de visiones tenía su hermana para sufrir de ese modo? Había otra pregunta que le rondaba la cabeza. ¿Por qué su abuela querría matar a Cornelia? ¿Por qué había llegado tan lejos incluso para matar a su madre por detenerla? Pero Lola las disipaba cada vez que las hacía. Sabía -lo sabía con certeza -que Cornelia estaba intentando averiguar por qué. O lo intentaría averiguar. Debía protegerla. Quizás no estaban preparadas para saberlo todavía.

-Muy considerado por su parte -Respondió de manera educada Cornelia. Lola no supo si, de verdad, pensaba aquello. ¿Qué opinaba Cornelia sobre James? Su hermana le había hablado un par de veces de él. Más cogía el tema con pinzas. Como si le diera miedo profundizar. Como si hablara de él por Lola y no por ella. Aún tenía una conversación pendiente sobre James con ella. Más siempre la evitaba. Y no quería presionarla. -¿Qué opinas, Lola?

Ella barajó las cartas. ¿Una habitación con desconocidas o una habitación con su hermana para protegerla? ¿Por qué le estaba preguntando?

-¿Esto va en contra de las reglas? -Inquirió al Director. Vaciló con la cabeza. Lo cual significaba que sí, pero que haría una excepción por las circunstancias. Ella sonrió. -Seré tu sombra, hermanita.

Evidentemente, no era lo que Cornelia quería escuchar.

Pero sonrió educadamente.

-Muchas gracias por todo, director Longbotton.

-Es mi deber cuidar de mis alumnos -Le respondió él.

Bajó la cabeza hacia Lola y les indicó las escaleras hacia fuera de su despacho.

Se dirigieron al Gran Salón. El camino fue corto. Cornelia la arrastró del codo por todos los pasillos. Decir que se le cayó la baba hubiera sido infravalorar la reacción de Lola al conocer Hogwarts. Por primera vez en su vida, Lola se había quedado sin palabras.

Los alumnos -vestidos con esas túnicas feas y con corbatas de diferentes colores como si aquello fuera un apartheid -la miraban a ella con curiosidad. Más por la cara de boba que por el hecho de que fuera nueva. Pues había tantos alumnos que posiblemente podría haber pasado desapercibida. Se había colocado la túnica de Ravenclaw. La corbata de Ravenclaw. Y vestía uniforme. Quien no conociera a Lola debería saber que aquello no duraría mucho.

Lola no supo cómo describir el Gran Salón cuando entró. Si tuviera su teléfono móvil, tendría que haber hecho una panóramica horizontal y vertical para incluirlo en su visión. Pero no era solo el tamaño. Entrar y ver el cielo -un hechizo mágico que simulaba el techo -era como entrar por primera vez al Hamleys. Solo que mil veces mejor. Si creyera en alguna religión, ese sería su Nirvana. Y, después, estaba esa sensación. Esa sensación de hogar. De risas. De niños. De olor a comida deliciosa. Empezó a salivar sin darse cuenta. Le habían dicho que la comida no dejaba de llegar. Oh, por Mark Zuckerberg, iban a tener que abrir un gimnasio solo para ella.

-¡Cornelia!

La mesa de Ravenclaw, su mesa aparentemente, estaba ocupada por los amigos repelentes de su hermana. Rodó los ojos y bufó. Y su hermana le pegó un codazo, que aquella vez dolió.

Había sido clara en decirle a su hermana que no le caían bien. Incluso si uno de ellos era su exnovio. Le daba igual. Los exnovios no eran amigos. Mucho menos un imbécil como aquel. Les había dicho que tenía el ojo morado por el juego ese que tenían con las escobas voladoras -por lo visto la idea de las escobas de los mortales tampoco era tan alocada. Pero Lola sabía que se lo había inventado, pues James había dicho que aún no había empezado la temporada.

¿Por qué Cornelia Brooks seguía siendo su amiga? Lola, después de meses conociendo a su hermana, había comprendido que era de esas almas caritativas que no sabían decir que no a sus viejas amistades. Se sentía en deuda con ellos por algún motivo.

Lola miró a su alrededor para encontrar algún rostro conocido y escapar de los tentáculos que Tom McGregor intentaba enroscar en su hermana. Porque su hermana era ajena al hecho de que su ex novio tenía las intenciones de dejar el prefijo ex.

En la mesa de las corbatas azules, vio una cabellera pelirroja cuyo rostro le recordó a Rose Weasley. Intentó llamar la atención de él sin éxito.  Muy ocupado leyendo un cuaderno. Oh, claro, esa debía ser la mesa de los inteligentes. Debía haber empollones también. En la mesa de las corbatas verdes, no vio a nadie conocido. Solo a una muchacha que la miraba con interés -y se guardó su rostro para sus futuras conquistas, aunque su hermana le hubiera avisado que tuviera cuidado, pues algunos querrían matarles. ¡Más divertido! De las corbatas amarillas no conocía nadie. Supuso que aquellos eran los patéticos Hufflepuff. Y después se encontró a las corbatas rojas. Pero no vio a James. Ni a Rose Weasley. Vio a una corbata verde infiltrada que le recordó mucho a James. Y le saludó. Era Albus Severus Potter. El hermano de James al que le intimidaba cuando eran pequeños -lo cual era su pasatiempo favorito cuando iba a casa de los Potter. Pero estaba demasiado distraído con su desayuno. Un muchacho muy apuesto de cabellos platinos estaba sentado a su lado hablando con otro muchacho también muy atractivo.  Debía beber agua de allí para transformarse una diosa del sexo como esos. Qué suerte no ser heterosexual, no sabría a quién elegir.

-Lola, vamos -Su hermana la cogió del brazo y la arrastró a la mesa del Pulpo McGregor.

Suspiró resignada.

Comenzó a echarse mucha comida en su plato. Cornelia rodó los ojos. Estaba dispuesta a llevársela si no se la comía. Pero dudaba que se dejara algo con lo hambrienta que estaba. Madame Longbotton -la madre del dios del sexo y, oh, bendita y afortunada era Cross- estaba preocupada por su dieta, le había preguntado que si solo se alimentaba de pizzas en los años en los que había estado viviendo con el doctor Morgan. La respuesta era vaga. Pues también había estado el alcohol implicado. Más, ¿era algo que debía saber la mujer del director? Nope. No, cuando pretendía experimentar las fiestas mágicas.

Ignoró por completo la charla superficial del Pulpo McGregor. Su gemelo la miró con curiosidad. Si les distinguía era porque uno no tenía una cicatriz en el uno. Se sentía observada. Y estaba harta. Una quería comer en paz.

-¿Qué? -Le espetó. Con la boca llena.

-¿De verdad eres la hermana de Cornelia?

Rodó los ojos. No iba a responder a esa pregunta.

-Cornelia me ha dicho que eras amiga de Potter -Dijo Pulpo McGregor.

Ella resopló. Vio que su hermana comenzaba a estar molesta con su actitud. Era ella la que la había obligado a estar allí. De acuerdo, eran muchachos que podrían ser pasables. Pero sabía que las intenciones de su ex no eran las mismas que las de Cornelia. Sobre todo por cómo hablaba de su amigo James. Y por el tono que acababa de utilizar.

-No sé por qué utilizas el pasado -Espetó. -Es mi amigo. Mi mejor amigo.

-No lo veo aquí preocupado por su mejor amiga -Puntualizó. Ah, o sea que por estas cosas le habían pegado un puñetazo en la cara. -Suele pasarle eso… Solo mientras pueda parecer que se hace el héroe… Aparece… Es todo un espectáculo Potter -Podría darle un puñetazo en el otro ojo para que fuera a juego. -¿Verdad, Cornelia?

Lola dejó de masticar. El muy imbécil. Su hermana también dejó de masticar. Por supuesto, McGregor no sabía por lo que tenía que haber pasado Cornelia. Solo lo sabían los profesores. Y Frank Longbotton. Pero una alumna no se pasaba dos semanas en el hospital del Colegio porque estuviera un poco cansada del viaje.

¿Cómo se atrevía a hacerle hablar mal de su amigo? Lola arqueó una ceja. Cornelia parecía incómoda.

Lola frunció el ceño. ¿Cómo no lo había pensado antes?

Claro que tenía sentido.

Lola había dado por sentado que Cornelia y James eran amigos en Hogwarts. Había tomado por una broma cuando ambos lo habían negado. Pero era verdad. No solo era verdad, sino que el ex de Cornelia odiaba a James. Y ponía la mano en el fuego por el hecho de que a Cornelia no le había caído muy bien James antes -por supuesto tenía sentido, pues James había hablado de las bromas que había hecho y Cornelia era todo hastag santidad. Obviamente, Ivonne Donovan y sus batallitas habría hecho que se conocieran. En la cena de navidad de su abuela, James había ido de representante. No era la cita de Cornelia.

Lola abrió la boca. Sorprendida.

Obviamente todo lo que les había ocurrido y que Cornelia le había contado de James no lo sabía nadie más que ella. El Colegio de Magiay Hechicería de Hogwarts no sabía que James y Cornelia eran amigos- o, mínimamente, conocidos con tendencia a salvarse la vida el uno al otro. Para Lola, eran más que amigos y Cornelia no quería admitirlo porque era imbécil también. Pero, paso a paso. Tenía sentido, entonces, que James no hubiera querido acosarlas tanto en la Enfermería. Pues no sería lo que se esperaría de él -aunque al muy imbécil ya podría darle igual aquello. O quizás si estaba ocupado, pues ni estaba allí almorzando.

Bueno, bueno, la cosa era que ninguno de esos McGregor sabía que, en realidad, James Sirius Potter era todo lo contrario a lo que estaban diciendo cuando se trataba de Cornelia Brooks.

Y, sinceramente, Lola quería ver cómo su hermana salía de aquella antes de salvarla.

Hogwarts acababa de empezar para Lola y no estaba nada mal. Sonrió como cuando un villano sonreía porque su plan estaba saliendo justo como quería. Igual debería haber sido Slytherin.

-No sé a qué te refieres -Contestó Cornelia, mirando fijamente a su plato de comida.

¡Já! McGregor hizo una mueca de desaprobación ante aquella respuesta. Lola sonrió con suficiencia.

-Para empezar, cómo usó a Trust… ¡Ya viste el artículo ese! Ni siquiera la conocía realmente y… -Lola se rascó la barbilla. No conocía esa historia. Su conversación con James iba a ser larga. Cornelia Brooks rodó los ojos. -Es un niño mimado… Siempre va diciendo que es hijo de Harry Potter y…-Apuntó hacia Cornelia. -Solo se acercó a ti cuando descubrió que eras la nieta de Ivonne Donovan. Si no, no existirías para él.

Lola vio que aquello hizo mella en su hermana. ¿Era cierto? Oh, James, el que iba a tener un puñetazo a juego con McGregor iba a ser él. Quizás Lola no tenía fuerzas, pero estaba segura de que el dios del sexo Longbotton se uniría a ella. En fuerzas. Fuerzas de boxeo.

Ante el silencio de Cornelia, Lola, en calidad de hermana, debía actuar.

-¿Estás celoso de James Potter? -Le cuestionó.

Una no podía andarse con rodeos. Su hermana dio un respingo. Y la amenazó con la mirada. Y supo que si McGregor pudiera lanzarle uno de esos hechizos de matar, lo haría en ese momento.

-¿Por qué iba a estarlo? -Inquirió. Se encogió de hombros. Fingiendo estar despreocupado. -No es como si quisiera algo de él.

Lola sonrió con suficiencia. Era justo aquello.

-¿Tienes miedo de que ahora que es Premio Anual Cornelia piense que es más listo que tú? -Le cuestionó Lola con un puchero.

-¡Lola! -Su hermana, de nuevo, le reprochó con la mirada. -No hagas eso…

Lola quiso preguntarle el qué -aunque se refería a poner en evidencia a Pulpo McGregor diciéndole la verdad y más que la verdad: era un celoso y temía perder a Cornelia a manos de James Potter… Y era la misión de Lola Brooks que aquello se hiciera realidad.

 Una figura se alzó detrás de Cornelia. Lola supo cuándo no debía decir cosas -la diferencia, supuso, entre los Gryffindor y los Ravenclaw es que los Ravenclaw eran suficientemente listos como para decir las cosas que se debían decir en el momento oportuno. Y aquel no era un buen momento.  Había dejado de serlo en cuanto aquel muchacho llegó al Gran Comedor y se detuvo en la mesa de Ravenclaw. A la altura de las hermanas Brooks. No debía ni mencionar que estaban hablando de él. ¿Y aumentar su ego? Nope.

McGregor se giró con desgana. Y vio su ira crecer en sus ojos. O la envidia. Se convirtiría en un ser verde. Definitivamente había dado en el clavo. Ella era lista y Ravenclaw, ¿no? Lo acababa de demostrar. No hacía falta tener a un Sombrero que se desintegraría en diez años para que se lo dijera.

-¿Qué quieres, Potter? -Preguntó McGregor como si su presencia le aburriera.

Ocurrió algo de lo que supuso que James Sirius Potter no era consciente. Pues su expresión parecía completamente ajena a esa situación. Pero cuando su presencia se anunció, todos los alumnos se giraron para verle. Todos. Todos los de la mesa de Ravenclaw y alrededores. Como si alguien hubiera dicho que un famoso actor de Hollywood estaba allí. Vio que su hermana no estaba acostumbrada a ese tipo de atención y se hundió en el asiento.

James Potter se pasó la mano por el pelo, el cual lo llevaba desordenado como siempre. Tenía puesto el uniforme de Gryffindor. Las mangas del uniforme subidas por los codos. La corbata con un nudo completamente horriblemente mal hecho. Y su ingnia de Premio Anual, que prácticamente no se veía. Su mandíbula asomaba un poco de barba. Tenía un poco de ojeras. Y parecía como si llevara sin dormir varios días. Recordó que el día anterior había sido Luna Llena -en realidad, había sido una observación de Cornelia. Y que, pese a ser un licántropo de la hostia, seguía siendo un licántropo. Pero es que incluso en esa situación, lo podría exponer como dios del sexo -aunque no lo haría, ya que una no pondría como dios del sexo a su futuro cuñado.

-Buenas tardes a ti también, McGregor -Le saludó con falsa educación.





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