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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(V) Capítulo 8: Ser el héroe del día

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


La magia le había arruinado la vida.

Fue su madre la que le dijo que había perdido el brillo en su mirada. Porque supuestamente tenía un brillo. Asumió que todas las madres veían resplandecer el iris de sus hijos cuando estaban felices. Y Frank Longbotton había sido un muchacho muy feliz. No lo había tenido todo. Nunca se había considerado tan afortunado. Su familia no era acogedora. Sus padres discutían -en la mayoría de las ocasiones, por él. Y su hermana menor -pese a ser lo más comprensible y empática con él que podía -no le conocía por completo. Frank Longbotton siempre se había sentido un extraño en su propia familia.

Por esa razón, adoraba estar en aquel internado donde todo el mundo le adoraba. Donde todos los profesores sabían su nombre. Donde todos querían ser su amigo. Donde todos tenían claro que Frank Longbotton acabaría siendo un gran periodista deportivo. Donde, oh, todas las chicas suspiraban por él. Donde todos los días Frank Longbotton se levantaba con una sonrisa y se prometía a sí mismo que conquistaría su propio mundo. No pasaba un día que se olvidaba de que se existía la magia. Su madre había accedido a mandarle mensajes de texto. Y le transcribía las cartas de su padre por correo electrónico -pues Neville no se iba a adaptar. Alice no podía hacerlo, pues no se permitían dispositivos electrónicos en Hogwarts. Incluso si su padre era el director y, antes de eso, había sido profesor, y podría hacer una excepción. Frank Longbotton se había dado cuenta en su adolescencia que era feliz cuando no estaba rodeado de cosas que le recordaban a la magia.

Hasta que cumplió la mayoría de edad y comenzó a manifestarla. Y conoció a Gwen. Y el Ojo se interesó en él. E Ivonne Donovan. Y lo despojaron de su felicidad y lo arrastraron a ese mundo que odiaba con todas sus fuerzas. Estaba en un punto en el que era difícil encontrar un punto de apoyo. Si el año anterior había sido difícil para él en Hogwarts, aquel tenía pinta de ser una tortura. Tenía sentido que hubiese perdido la chispa de Frank Longbotton. Poco a poco se lo estaban arrebatando todo. Le habían quitado su vida. Su tranquila vida muggle. Le habían destrozado la idea que tenía de la chica que le comenzaba a gustar. Y que le gustaba contra toda recomendación de la comunidad mágica. Contra toda decisión. No la dejaban verla desde hacía meses. Desde que la sede del Temple sufrió un ataque. Afortunadamente sabía que estaba bien, como si no hubiera insistido para que se lo confirmaran. Había aprendido que para el Temple Gwendoline Cross era solo un soldado más. Deshechable. Como lo era él para Ivonne Donovan.

Oh. Ivonne Donovan. Por su culpa estaba en ese maldito castillo encerrado. Había tenido suerte de tener a Cornelia Brooks el año anterior. Fue un alivio. En su vida muggle habitual la habría ignorado, más después de vivir con ella uno de los momentos más extraños de su vida, se había convertido en algo parecido a su hermana pequeña. Según Gwen, Cornelia y él habían estado unidos por un hechizo que habían hecho sus madres cuando eran jóvenes para ocultar a las mellizas del Ojo. Aquello era lo que hacía que Ivonne no pudiera verle en las visiones. Y lo que hacía que Frank sintiera un cariño especial hacia Cornelia. Aunque él había escuchado una historia diferente al respecto. Pero supuso que daba igual. Lo importante era que debía proteger a Cornelia, si era ese su destino. Estando con ella en Hogwarts, había aprendido por qué era Gryffindor y qué razón tenía: no le importaba ponerse en peligro para salvar al resto. Estúpidos Gryffindor. ¿Qué le había pasado a Cornelia? Como si su padre fuera a decirle algo. Como si su padre de verdad le creyera cuando le decía que Cornelia era para él como una hermana. Por supuesto, el hecho de que trajera a casa en Navidad a una chica diferente en cada ocasión no había jugado en su favor. Pero tener una sentencia de muerte sobre su cabeza le había hecho madurar.

Y aquello derivó en su hermana. Alice. ¿Se podía saber por qué sus hermanas -de sangre o no -tendían a estar en peligro siempre y a no poder hacer él nada por ayudarlas? Estaba rodeado de mujeres que le hacían sentir como una hormiga. No era como si quisiera ser el héroe de la historia. No. No era eso. Simplemente les pedía un poco de paz: ponedse a salvo.

Gwendoline Cross era una mercenaria asesina. Cornelia Brooks era una vidente nieta de la bruja más buscada por la comunidad mágica. Y su hermana era una bruja fugitiva buscada por el Departamento de Seguridad Mágico.

Suspiró. Miró, de nuevo, hacia el techo estrellado. Había estado atrapado en sus pensamientos durante la Selección del Sombrero. Durante el discurso de su padre. No había prestado atención a nada de aquello. Sinceramente no le interesaba. Supuso que tenía una expresión que reflejaba sus ganas de que todo aquello acabara ya.

Probablemente su padre le regañaría después. Cómo no. Había tenido el honor de poder sentarse en la alargada y presidencial mesa del personal docente de Hogwarts. Frank hizo una mueca de disgusto para sí, mientras se metió el trozo de carne en la boca y lo masticó rápidamente. Bueno, era eso o estar sentado con el resto de alumnos a los que les sacaba un par de años. Le habían dejado ponerse ropa muggle. ¡Menos mal! Vaqueros. ¡Al fin! El resto de profesores le había obsequiado una mirada bastante divertida al verle. Estaba a punto de cumplir veinte años y no tenía ganas de seguir teniendo que disfrazarse de mago.

Tampoco sería Francis Abbott. Su padre se había encargado de comunicar, poco a poco, quién era realmente. Intuía que muchos lo habían adivinado. El parecido era inevitable. Incluso si él había pasado por el dentista cuando era pequeño. Y había hecho un gran trabajo en currarse su atractivo. Absolutamente todo aquello irritaba a su padre. Como si esperaba que simplemente estuviera callado y asintiera a sus órdenes. Como si todo lo que Neville Longbotton quisiera era que su hijo hubiera ido a Hogwarts desde un primer momento.

Su padre siempre había preferido a Alice. Y ahora que Alice no estaba, parecía que la culpa la tenía él. Pues, después de todo, ¿quién fue el último en verla? Exacto. Frank Longbotton. Nunca lo diría en voz alta, pero sabía que su padre estaba un poco decepcionado con él por haberla dejado marchar. Como si él pudiera haber hecho frente a cuatro miembros del Ojo. La controversia entre su padre y él se suavizó cuando Albus Potter -sí, el irritable y el culpable de que su hermana hubiera sido abandonada por sus amigos durante todo el año anterior Albus Potter -les anunció que había sido él quién la había dejado ir. Y que confiaran en ella. Y Neville lo alabó como si fuera el héroe del momento. Si alguien no entendía por qué Frank Longbotton había mirado durante la mesa a Albus Potter como si quisiera que su cabeza explotara, ahí estaba la razón.

Dejó de comer cuando Albus Potter frunció el ceño hacia él. Había escuchado que se había unido a la caza de Whitehall de los miembros del Ojo. Y su padre le había adelantado -por si pensaba que Potter quería hacerle daño a su hermana y, si alguien se lo preguntaba, después del año que había dado, sí, maldita sea, era el hermano mayor -que lo hacía para adelantarse a Whitehall. ¿Qué se creía ese crío que parecía que no conocía el verbo peinarse? Lo había estado observando todo el año anterior. Era un muchacho reservado. Tenía dos amigos de los que no se separaba. Mucha familia. Y parecía -de verdad que lo parecía y de verdad que Frank había escuchado a todo el mundo hablar maravillas de Albus Potter - un muchacho razonable. Pero había escuchado cómo le habló a Alice. A la única persona en el mundo que sabía que nunca lo abandonaría y que se había metido en todo aquel lío por él.

Se levantó de la silla y se marchó al despacho de su padre. Dijo la estúpida contraseña -«Zumo de calabaza»- a la gárgola y subió las enresevadas escaleras. No era como si estuviera escapando de las miradas inquisitivas de los Guardianes de Hogwarts que aún no le aceptaban. O de los profesores que seguían preguntándose qué hacía allí exactamente. Se adentró en el despacho del director de Hogwarts.

Donde le había citado después de la cena para hablar con una serie de estudiantes. Pues ese era su trabajo. Ser ayudante del director de Hogwarts. Para eso había quedado. Adiós a su sueño de ser periodista. De acuerdo, estaba siendo egoísta. Había una maldita guerra mágica fuera y él seguía pensado en él mismo. ¡Pero nadie se la había explicado! ¡Nadie le explicaba nada! ¡Nadie confiaba en él para decirle qué estaba pasando! Su hermana estaba a saber dónde. Su mejor amiga estaba a saber dónde. Su padre estaba desquiciado con su trabajo y había pedido a su madre que volviera como Sanadora a Hogwarts, pues la antigua Enfermera había sido asesinada -¡JÁ! ¿Tenía que recordar cuántos alumnos habían muerto el año anterior?

Se hundió en el sillón. Lanzó una bocanada de aire. No supo cuánto tiempo estuvo allí.

Su padre llegó no supo cuándo. Había envejecido en muy poco tiempo. Su pequeña Alice estaba en peligro y él debía salvarla. Frank se incorporó para examinar los papeles que había tendido su padre sobre el escritorio del despacho. Se llevó los dedos a la frente y la arrugó. Se rascó la nuca. La nueva obsesión de su padre. Llevaban todo el maldito verano trabajando en aquello. Su madre, su padre y él. Bueno, él no tanto. Él era el chico de los recados.

-¿Te ha dado Slughorn el cuaderno? -Preguntó Frank.  Aquello era lo único que le unía a su padre en aquellos momentos. Alice. Salvar a Alice.

Neville Longbotton alzó la mirada para encontrar los ojos de su hijo y le sonrió con sinceridad. Frank se odió a sí mismo por toda la frustración que cargaba contra su padre. Como si él tuviera culpa de algo. Tragó saliva.

-Le he estado echando un vistazo en la cena… -Respondió su padre, levantando un viejo cuaderno. El cuaderno de notas de Severus Snape, un antiguo director y profesor de Pociones. -Es prometedor, Frank, prometedor… -Se aventuró a decir su padre. -Por ahora, sabemos que no existe una pócima que revierta los efectos de un Juramento Inquebrantable -Declaró Neville. -Ni, como nos comentó Hermione, algo como matar al Unificador… Eso sería absurdo… No sé cómo llegó a esa teoría -Aquí Frank tuvo que tragar saliva de nuevo y mirar hacia otro lado. Si esa teoría era cierta, significaba que para salvar a Alice tendría que matar a Gwen. Y no sabía si estaba preparado para barajar esa opción. Se alegró de que fuera algo absurdo. Y de que Neville siguiera hablando. -Pero Snape tenía una teoría curiosa… Tenía notas que compartió con el Inefable Augustus Rookwood… -Su sonrisa se ensanchó para encontrarse con la de su hijo. -Ya sabes que Ryddle puso su alma en Horrocruxes para volverse inmortal… Evidentemente hay magia muy poderosa que se nos escapa… Y toda magia poderosa tiene su…

-¿Kriptonita? -Aportó Frank. Su padre le interrogó con la mirada. Oh, sí. Magos. -Eh, ¿talón de Aquiles? -Intentó. Su padre sacudió la cabeza. -¿Punto débil?

-Algo así… -Dijo Neville, como si su hijo hubiera perdido un poco la cabeza. Claro. -Los rompemaleficios están más acostumbrados a esto… Por supuesto… Pero cuando se trata de Maldiciones Imperdonables… O de Horrocruxes… La magia que debe utilizarse para romper este tipo de hechizos debe ser extremedamente poderosa…

-Porque el Juramento es… Inquebrantable -Acertó a decir Frank. Se rascó la nuca. Muchas veces intentaba seguir a su padre. Pero debía entender que no tenía siete años de formación mágica.

-Los Horrocruxes, por ejemplo, podían romperse con el veneno del Basilisco -Explicó Neville, con un tono que Frank intuyó que utilizaba para explicar sus plantas. -Severus Snape, hijo, tenía buenas intenciones en algunas situaciones… Igual que tu hermana -Frank asintió. -Y también tuvo que hacer un Juramento Inquebrantable… Se me ocurrió que quizás investigó acerca de la posible forma de romperlo… ¡Y efectivamente lo hizo! Ese hombre, muy a mi pesar, pues, aunque Harry diga lo contrario, fue un mortífago y el peor profesor de Hogwarts… -Frank alzó las cejas. Gratamente sorprendido. Era la primera vez que el jove oía hablar a su padre con ese tono de odio escondido sobre alguien. Sobre todo sobre un muerte. Que supuestamente había sido un héroe. Oh. Oh. Oh. -Snape sabía, como era lógico, grandes cosas sobre Horrocruxes… Un fragmento de alma escondido en un objeto o en una persona para alcanzar la inmortalidad… Aparantemente no hay similitud alguna entre un Horrocrux y un Juramento Inquebrantable… Pero, por supuesto, para el Principe Mestizo sí que la hay -De nuevo, ese tono de recelo. -El alma del mago está ligada al Horrocrux… Así como el alma del mago está ligada al Juramento Inquebrantable… Ahora bien, el Juramento Inquebrantable no es un objeto aparte, ¿no? Es decir, es el propio mago. Es el propio mago el que tiene su alma dividida en dos dentro de él… Una parte es libre y la otra no. En el caso de los Horrocruxes, la división es física… En el caso del Juramento Inquebrantable… La división es espiritual… Si la división se hace, es decir, si se lleva a cabo la ruptura del contrato y se divide, el mago muere… Que es la misma muerte que se necesita para el Horrocrux. Pero como el alma está dentro del mismo mago… El cuerpo no soporta la carga-Frank asintió. Sinceramente, podría estar contándole cualquier teoría que para él tendría sentido. Pues no tenía ni idea. -Así que para acabar con el muro que los separa… Como hicimos con los Horrocruxes… Hay que utilizar lo mismo que se utiliza para destruir Horrocruxes: veneno de basilisco, la espada de Godric Gryffindor, fuego maligno y la maldición asesina en caso de ser una persona.

Frank escondió una expresión de horror.

-¿No mataría eso a Alice?

Neville ladeó la cabeza. Se rascó la barbilla. Pero estaba sonriendo.

-La ventaja que tenemos sobre los Horrocruxes y… Lo que descubrió Snape… Es que esta división del alma es espiritual… Es lo que le ayudó a descubrir Rookwood… -El director de Hogwarts suspiró. -Si intentamos algo de esto con Alice, morirá… Es evidente -Frank miró hacia otro lado. -Pero… -Neville puso una mano sobre el hombro de su hijo. -Por suerte, Alice tiene algo que Snape no tenía -Le transmitió una sonrisa condescendiente a su hijo.

-¿A nosotros? -Inquirió Frank.

Su padre soltó una leve carcajada.

-También -Asintió. Frank frunció el ceño. -Pero me refería a esa magia poderosa que puede romper cualquier maleficio… Que puede detener un Avada Kedavara… Y que sigue siendo un misterio para el mundo mágico…-Su padre se mordió el labio. Sus ojos escondían algo que Frank no pudo entender. -El amor, Frank.

-¿Y eso funcionará? ¿El amor de un padre? ¿O de un hermano?

Volvió a reírse. Oh, no. No podía ser él. ¿No? Era su hermana pequeña de la que estaban hablando.

-No sé si funcionará… Aún tengo que hablar con el Departamento de Misterios… Evitar nombrar a tu hermana… La cual, para empezar, no sabemos dónde está… Y tampoco sé cómo decirle a Albus Potter que nos ayude sin hacerle daño a tu hermana…-Acabó con la confirmación de lo que Frank se temía.

Se le escapó un gruñido.

-Sigo sin saber qué tienen los Potter para que todo el mundo tire cohetes cada vez que pasan por su lado… -Se quejó.

Neville tensó su rostro.

-No sabes por lo que está pasando esa familia, Frank -Le recordó. -Ni siquiera les has dado una oportunidad para conocerles…

Una figura se adentró en el despacho del director de Hogwarts. Interrumpiéndoles con una tos que indicaba que no quería entrometerse en la discusión entre padre e hijo, más no tenía otro remedio que estar allí, al haber sido citado por el mismísimo director de Hogwarts. Frank Longbotton respiró profundamente. Recogió los pergaminos de su padre. Los puso rápidamente sobre una estantería. Vio por el rabillo del ojo cómo los directores Albus Dumbledore y Minerva McGonagall le miraban inquisitivamente.

Fue rápidamente hacia el sillón y se hundió en él. Las comisuras de sus labios se elevaron en una sonrisa de entretenimiento cuando observó la incomodidad que se entrevía en el rostro del muchacho que no sabía cómo empezar aquella conversación. Frank Longbotton sabía por qué estaba allí. Rodó los ojos. Bufó. De nuevo, el show de los Potter no acababa.

-Director Longbotton -Dijo James Sirius Potter, con una voz que probablemente utilizaría para dirigirse a los adultos a los que querría impresionar. Frank observó al muchacho. De nuevo, otro Potter que no se peinaba. Tenía el rostro serio. La capa con la insignia de Gryffindor no rozaba el suelo debido a alta estatura. Miraba de reojo a Frank. Probablemente deseaba que él no se encontrara allí. Tenían una enemistad pública desde el año anterior. -Creo que se ha equivocado.

El joven Potter le tendió a su padre una carta de Hogwarts que debió de haberle llegado antes de finales de verano. Su padre no la cogió. Miró a Potter con una expresión seria. Como cuando miraba a Frank y estaba a punto de regañarle. Aquello iba a ser divertido.

Frank sabía que Potter había estado en incontables detenciones en sus primeros años de Hogwarts y que lo habían nombrado uno de los grandes bromistas del castillo. También sabía que meterse en problemas e intentar hacerse el héroe era su pasatiempo favorito. El año anterior, en cuanto llegó a Hogwarts, supo que James Sirius Potter era exactamente igual que él. Pero peor. Era famoso. Su padre era el héroe de la comunidad mágica. Frank Longbotton había estado lo suficientemente aburrido como para leer El Profeta, Corazón de Bruja y El Diario del Castillo y aprender quién era James Sirius Potter. Y cuando Cornelia Brooks -sí, la que era como su hermana pequeña -le dijo que lo estaba evitando, su resistencia a que fuera de su agrado no hizo nada más que acrecentarse cada vez que en los Guardianes de Hogwarts se comportaba como si fuera el dueño del lugar.

-¿Por qué crees que me he equivocado? -Fue la respuesta de su padre.

Lo dijo con tanta suavidad que Frank tuvo que sentirse obligado a sentir pena por Potter. Él había estado en los zapatos de Potter tantas veces que sabía que la voz calmada de Neville solo hacía que uno se irritara más por dentro.

-Porque nunca he sido Prefecto… Y porque el Premio Anual es para un alumno ejemplar y… Yo no soy un alumno ejemplar -Frank estuvo de acuerdo con aquello. -Tom McGregor debería ser el Premio Anual, no yo.

Se hizo un silencio. Bueno, lo cierto era que Frank tampoco había estado de acuerdo con la decisión de su padre cuando se lo comunicó. Su padre volvió a darle el discurso de «los Potter son mejor de lo que piensas» y «no sé qué te han hecho». Pero debía admitir que James Sirius Potter rechazando su papel como Premio Anual fue un punto a su favor. Nunca pensó que su arrogancia podía llegar tan lejos.

-¿Tom McGregor ha evolucionado tanto desde que entró en Hogwarts que dejó las bromas en tercero para centrarse en ayudar a los alumnos con los problemas que ocurrían fuera y dentro de Hogwarts y unió a alumnos de todas las Casas, incluso cuando los problemas personales que tenía le permitían dejar la escuela unos meses, que nunca habrían estado juntos bajo el mismo techo de no ser por él? -Frank tuvo que admitir que el argumento de su padre era bastante sólido. Pero Potter no desvió la mirada desafiante de su padre. -Deberías saber que ser Prefecto no es requisito para ser Premio Anual… Tu abuelo James Potter fue Premio Anual… Una trayectoria bastante parecida a la tuya, por cierto.

De nuevo, el silencio se apoderó del despacho del director de Hogwarts. Frank observó el semblante serio de James Potter. El joven Longbotton se lo habría imaginado orgulloso. Con la barbilla alta. Y con una sonrisa de suficiencia. O sonriendo simplemente. Dando órdenes. Como si solo él supiera que era lo que tuvieran que hacer.

-Yo no he pedido nada de esto, Neville -Respondió Potter. Oh, llamándole por su nombre. -¿Sabes qué? Todo empezó por una apuesta para ver si era mejor que mi hermano -Dijo, como si estuviera intentando demostrar que no se merecía ser Premio Anual. -Yo no quería unir las Casas. Yo no quería ser el que liderara a los Guardianes de Hogwarts. No quería ser el Capitán de Quidditch. Y, desde luego, no quiero ser el Premio Anual -Lo dijo deliberadamente. Frank alzó las cejas. Podría considerar que no conocía a James Potter tan bien como creía. -Podría haberlo dejado a todo porque mi madre está en Azkaban, porque Lily está mal, porque Albus está mal, porque mi padre está mal, porque toda mi familia está mal… Pero lo hice porque así me distraía de todo lo que está mal -Volvió a tenderle la carta a su padre. -Pero no puedo quitarle un puesto a otro alumno.

-Frank, dale la placa de Premio Anual a James -Su padre se giró hacia él. -Voy a decirle al profesor Lupin que el Premio Anual de este año no acudió a la primera reunión en el tren, esto quitará puntos a tu Casa, James… -Dicho esto, desapareció en el aire.

Frank tuvo que taparse la sonrisa con la mano. Y soltó una risa relajada cuando James Potter lanzó un puño al aire. No ocultó la diversión en sus ojos cuando la furia de Potter lo acribilló con la mirada.  

-Supongo que enhorabuena, ¿no? -Se mofó Frank.

Se incorporó y se giró hacia una estantería opuesta al sillón sobre el que estaba sentado para recuperar la insignia de Premio Anual que James Sirius Potter les había devuelto aquel verano.  Se la entregó. Potter la cogió con desgana.

-Es cierto que no quiero ser Premio Anual -Dijo Potter. Sonaba cansado. Frank se encogió de hombros. Sinceramente, a él era al que menos explicaciones debía darle. De hecho, ya había escuchado su justificación. No la entendía del todo. Quizás no se parecían tanto como creían. Quizás no eran tan iguales. Quizás lo había juzgado mal. -¿Por qué te caigo mal, Longbotton?

Aquello le sorprendió. Frank se metió las manos en los bolsillos. A través de sus pestañas, vio cómo Potter intentaba descifrarle. Buena suerte con eso. Frank Longbotton ya no era el alegre muchacho que era antes. Estaba totalmente seguro de que, en otras circunstancias, Potter y él se habrían llevado muy bien. Después de todo, tenían muchas cosas en común.

-Pues… -Se giró de nuevo hacia la estantería. Rebuscó entre algunos artículos que había escondido allí para cuando se aburría escuchando a su padre frustrarse. Sacó varias revistas. Y sacó una enconcreto. -No es que tengas muy buena reputación, Potter…

Vio la cara descompuesta de James Sirius Potter cuando cogió ese artículo.

«James Sirius Potter: Rompecorazones en paro.

Desde que llegó a Hogwarts, se convirtió en uno de los más deseados. Lo tenía todo, ¿no? Hijo de héroe. Jugador de Quidditch. Fantástica figura. Pelo desordenado. Incluso un proyecto de héroe él mismo. ¡Parecía ser el chico de oro del castillo! ¡Qué suerte parecía tener nuestra preciada Trust!

Y, sin embargo…Ha pasado de héroe a cero.

No nos gusta que a nuestra Trust se le trate como una novia trofeo. Las novias deben ser tus mejores amigas. Tus diosas. Lo que haga pierdas la noción del tiempo y del espacio. Lo que haga que te transformes en una planta carnívora y devores a cualquier persona que se meta con ella. Muy bien, James. ¡Fallaste! ¡No es tu hobby! ¡No es tu pasatiempo entre entrenamiento y tiempo con amigos! ¡No es una cita más en tu calendario! QUE SE OS QUEDE GRABADO EN LA CABEZA, TROGLODITAS DE HOGWARTS.

Después de saber que James Sirius Potter no es más que otro hombre que se deja llevar por los cánones antiguos de las relaciones que primaban en Hogwarts… Las chicas nos hemos alejado prudentemente de él. ¡Mil puntos para las mujeres hetero!

Al igual que cuando te echan del trabajo porque tienes un currículum desactualizado a estos tiempos, James Sirius Potter está en paro porque tiene que ponerse al día con las nuevas tendencias… ¡Y no sólo a lo que se refiere en cuanto al amor! ¡Estamos en el siglo xxi! Los héroes es muy medieval… ¡Y ya no hay gente famosa! ¡Ni Elegidos! Por favor, James Potter… No lo intentes tanto. No te necesitamos. Nadie te lo ha pedido. Mataste a un basilisco… ¿Y? En serio, podrías hacerte daño.

Te dejamos una serie de consejos para que dejes de estar en paro:

-Acéptalo: no eres tu padre.

-Acéptalo: no necesitas novia para ser guay. Tampoco eres Teddy Lupin. Ni tu abuelo.

-Acéptalo: no necesitamos que vengas a salvarnos a todos. De nuevo, no eres tu padre.

-Acéptalo: eres una persona normal.

Quizás alguien te acepte a ti siendo normal.

Nos vemos pronto,

Bárbara Coleman»

-No me puedo creer que esto siga persiguiéndome… -Se quejó y estrelló el artículo sobre el escritorio. Parecía sumamente derrotado. No era como si Frank no esperaba justo aquella reacción. Miró fijamente a Longbotton. -Obviamente he madurado.

-Ya… -Chasqueó la lengua. -Pero cuando comienzas a mandar a todo el mundo y a asegurarnos de que nos vas a salvar a todos… No puedo evitar pensar en que todo eso que dicen es cierto… Y… Cómo tratas a las chicas… Uno tiene que proteger a…

Potter se rio sarcásticamente.

-¿Entonces todo esto es por Brooks? -Le espetó. Se pasó la mano por el pelo. -Creía que supuestamente no tenías nada con ella… Déjala en paz, Longbotton, ya tiene suficientes problemas…

-Cornelia es como mi hermana pequeña -Le interrumpió Frank, acercándose con cierto carácter intimidatorio. -Verás, por culpa de un Potter ya he perdido a una hermana… No quiero que la historia se repita.

Potter gruñó. Evidentemente sabía a que se refería. Y, si Frank fuera un poco más astuto, debería plantearse plantarle cara a James Sirius Potter -Premio Anual, licántropo bla bla bla.

-Al menos yo estoy haciendo todo lo posible para traer de vuelta a Brooks -Le declaró Potter. -Tú ni siquiera sabes qué le ha pasado… Buen intento de hermano mayor…

Frank estuvo a punto de enseñarle los entrenamientos físicos muggles que había aprendido en su antigua vida. Pero seguramente él tenía entrenamientos licántropos superiores. Solo por eso dejó pasar la oportunidad de enzarzarse en una pelea con Potter. Algo que tampoco era sensato en mitad del despacho de su padre.

-Quitando a una hermana inestable, Cornelia no tiene a nadie más y voy a seguir protegiéndola como voy a seguir intentando salvar a Alice… Porque ellas lo han hecho conmigo -No supo por qué razón le dijo aquello a Potter. Pero era la verdad. Cornelia le había protegido en Hogwarts. Y le había hecho Encantamientos de Protección cuando le contó que ya no tenía protección de Ivonne Donovan. -Incluso si eres tú el que trae de vuelta a Cornelia… -Avisó Frank. -Me aseguraré de aprender todas las Maldiciones Imperdonables contra ti…Porque lo último que necesita Cornelia ahora es un arrogante egocéntrico que solo quiere sentirse el héroe del día.

La lealtad de Hufflepuff tenía sus extremos.  Y aquel era el suyo.

Potter, ante sus palabras, parecía un tanto dolido. Simplemente asintió. Se acomodó la placa de Premio Anual. Y se marchó.

Fue su prima Dominique Weasley quien se lo explicó.

Curioso, ¿no? Verdaderamente nunca había tenido una conversación seria con ella. Más allá de lo que uno podía hablar con una prima mayor en la Madriguera. Estaban en círculos muy dispares en Hogwarts.  No eran ceranos -como con Rose Weasley. No les unía ni el Quidditch -como le había hecho inseparable de Roxanne Weasley. Ni los Guardianes de Hogwarts -algo que, por ejemplo, había hecho que agudizara su relación con Lucy Weasley. Ni era la pareja (o ex pareja) de una persona importante para él -como Victoire Weasley. Ni le había ayudado en su momento con Pociones en primero -como Molly Weasley.

Pero el destino había hecho que una de las conversaciones más profundas y extrañas de su vida la tuviera, precisamente, con una de las personas más profundas y extrañas que había descubierto en aquellos últimos años. Dominique Weasley.

James Sirius Potter había rebobinado aquel momento en varias ocasiones desde que ocurrió. A veces para entenderlo mejor. A veces para olvidarlo mejor. A veces para mejorarlo.

Él creía que que había entendido qué eran los Ajayu cuando llegó a Luperca: almas gemelas para los licántropos. ¿Fácil, eh? Al parecer era mucho más complejo que aquello. Sí, las almas gemelas existían -ah, y no solo para los licántropos, solo que al ser criaturas mágicas, eran más suceptibles a su interacción. En Luperca, habían descubierto que con los licántropos ocurría lo siguiente: los Ajayu podían convertir al licántropo en humano con tan solo decir su nombre, brillaban al rozarse cuando querían demostrar sus sentimientos el uno por el otro, podían comunicarse telepáticamente -si se practicaba-, sentían cuando el otro estaba en peligro, sufrían la muerte del otro como suya, podían transmitirse energía y magia el uno al otro y su poder era más fuerte si se aceptaban. Solía manifestarse con la mayoría de edad. Como tantas otras cosas. Y era imprescindible que se aceptaran para poder ser más fuertes. Y para poder ser Ajayu. Pues podían ser Ajayu y no aceptarse. Podían saber que eran almas gemelas y no aceptarse. Pues solo los licántropos sabían aquellas condiciones.

Como en el caso de James. Estaba claro que desde que Brooks lo transformó en humano al decir su nombre y le hizo brillar delante del resto de licántropos, la manifestación de lo que eran no podía ser más claro. Cristalino. Por esa razón, Dominique Weasley tuvo una charla con él. Brooks no sabía lo que había hecho ni lo que significaba aquello -además de que su abuela la había raptado, pero eso era otra historia. Y muy probablemente no sabía si sentía algo por él -aunque fueran almas gemelas. Y, después, estaba James. Sí, estuvo a punto de besarla. Sí, tuvieron un momento. Y, sí, era consciente de que sentía algo por Brooks desde hacía un tiempo. Pero se sentía abrumado. El año anterior quedó claro que no conocía tanto a Brooks. Y hacía unos días, tras la amenaza de Longbotton, quedó claro que si algún día Breedlove la traía de vuelta, no iba a ser un camino de rosas para él.

Además, ese momento que habían compartido había sido un instante entre todo el tren de acontecimientos. No sabía qué pensaba Brooks. Podría haberse dejado llevar simplemente por la emoción. No era como si tuviera tiempo para… ¿Qué? ¿Qué exactamente quería James? James suspiró. No era como si él precisamente tuviera tiempo aquel año como para disipar las nieblas de los sentimientos que ocupaba Brooks.

Si Brooks volvía a Hogwarts, la rutina le aplastaría. Brooks volvería a sentarse a comer con Peter McGregor y con Tom McGregor porque esos eran sus amigos desde que empezó Hogwarts -no era como si James la hubiera ayudado en Primero a hacerla sentir como en casa en Gryffindor, después de todo. Además, si alguna vez había estado con él, ella siempre escogía el lado de Susan Jordan. Y solo de pensar en eso se ahogó en el llanto atravesado. Ni Fred le podía hacer compañía.

De todos modos, precisamente la rutina habitual que buscaría Brooks, era la que James evitaba a toda costa. Pues le recordaba dolorosamente a la ausencia de sus dos mejores amigos. Había aprovechado la oportunidad de estar soberanamente ocupado para no pensar. Hacía rondas extra de Premio Anual -para lo que Jenkins no ponía quejas. Pasaba tiempo de más en la Biblioteca -y Madame Pince tuvo que preguntarle en varias ocasiones si se encontraba bien. Los profesores le dieron la enhorabuena por su notable mejoría. Huía a la pista de Quidditch para practicar con Carter cuando este tenía un hueco. Con Rose cuando esta tenía un hueco. Sobre todo con Lily. Había acudido a Hugo Weasley -a quien había ayudado a completar alguna profecía, pues, después de todo, él sabía cosas que se guardaba para sí y que no quería que Hugo supiera todavía. En definitiva, intentaba estar lo más ocupado posible. Solo esperaba que empezara pronto el Quidditch para cargar a todos de entrenamientos. Y poder establecer las nuevas rutinas de los Guardianes. Había algunos que aún no habían podido convocar sus Patronus. Y tenían que hablar sobre los nuevos problemas de Hogwarts.

-Tres días más y perderé mi apuesta, Potter -James alzó la vista y se encontró con Tom McGregor.

Inspiró aire y lo exhaló. Un añadido a su rutina de Premio Anual eran las miradas de odio del resto de Prefectos de su año. Excepto por parte de Claire Jenkins -quien había confesado creer estar ocupando el puesto de Brooks -, el resto de Prefectos de séptimo año e, incluso, de años inferiores, miraban a James con desprecio. Como si no se mereciera ser el Premio Anual. Como si él no les hubiera dicho desde el segundo día que había ido a Neville Longbotton a abjudicar pero se lo había impedido. Las respuestas no fueron mejor «el amigo de su padre», «el hijo de Harry Potter», «si su madre está en Azkaban», «qué esperas de un director cuya hija… ya sabes». James daba gracias por que la Premio Anual fuera Claire Jenkins. Nunca había pensado que una Slytherin pudiera ser tan amable con él… Después de lo mal que debió haber sido sufrir absolutamente todas las consecuencias de Sortilegios Weasley hacía años. Al menos, James sabía que Rose y Albus le apoyarían en las reuniones de Prefectos. Y Malfoy. Pues el resto era una pandilla de snobs que -de nuevo, ¿por qué tuvo que ser así con doce años?  -evidentemente le detestaban.

Entre ellos, Tom McGregor. Quien, incluso, se había autoproclamado Premio Anual.

-No tengo tiempo para ti, McGregor… -Comenzó James.

¿Quién había sido el que más directo había sido en cuanto a su odio hacia James Sirius Potter? Oh. Sí. Bueno, no era como si James y él hubieran sido mejores amigos de toda la vida. Aprovechaba todos sus encuentros para recordarle todos los motivos por los que James no debía ser Premio Anual. Juraría que el Ravenclaw se había hecho una lista. Estaba seguro de que si algún día se unía con Longbotton, le harían el día.

-Oh, perdone, su majestad… -Se mofó McGregor. -Solo venía a preguntar si sabes algo de Brooks… Esto te sonará a dejavú, pero sigues siendo tú el líder… ¿No?

James bufó.

Estuvo tentado a decirle que le dejara en paz.

-Vendrá pronto -Dijo simplemente.

Con cero entusiasmo. Porque no le apetecía nada la idea de que McGregor supiera que Brooks iba a venir. Aunque intuía que alguien debió de habérselo dicho. Y muy probablemente Hugo Weasley. ¿Por qué Hugo Weasley creía que los Ravenclaw se debían algo entre ellos?

-¿También te ha dicho a ti que ve morir en unas de sus visiones y que por eso debe alejarse de ti? -Inquirió con una sornisa de suficiencia en su rostro. James encajó la mandíbula. Giró el costado de su rostro para encararle. -Vendrá a mí cuando vuelva, Potter, porque conmigo estará a salvo.

Dicho esto, se marchó en la esquina del pasillo. ¿Cómo sabía McGregor aquello? Realmente esperó que Hugo Weasley no tuviera nada que ver o le colgaría de la Torre de Gryffindor y le importaba bien poco que fuera un niño prodigio. Suspiró.

Recordó hacia donde iba. Asintió cuando recordó que había quedado con hermano para ir a la Cabaña de Hagrid a reordenarla para que los Aurores pudieran acomodarse allí y recoger algunas pertenencias de Hagrid que quisieran quedarse. No obstante, Rick Carter le atrapó por los hombros al doblar la esquina.

Si bien se sentía solo durante todo el maldito día, debía reconocer que Carter hacía un gran trabajo para darle compañía. Sus amigos -que, al pertenecer al Diario del Castillo, eran una mezcla entre los reporteros, el equipo de Quidditch y los Guardianes -parecían no echarle de menos. Carter lo zaranderaba por el castillo entre las comidas con Jenkins y Coleman. Los descansos con Malfoy, Greenwood, Albus, McKing, Trust, Rossen y Rose.

-¡Te acompaño, Capi! -Le aseguró.

-No hace falta, Carter -Pidió James.

No quería ser un caso de caridad. Sí. Su mejor amigo estaba siendo distraído por su tío Charlie para que no cayera en depresión -o se metiera, de nuevo, en peleas callejeras. Su mejor amiga estaba muerta. La chica que le gustaba estaba desparecida junto con su otra mejor amiga. Sí, sí, se suponía que era popular y tenía muchos más amigos. Pero no era lo mismo.

-Tú siempre nos has ayudado, Capi, ahora deja que te ayudemos a ti -Le dijo Carter.

James sacudió la cabeza. ¿Cuándo había ayudado él a alguien?

Una melena rubia les detuvo.

-¡Tengo que hablar con él! -Su voz cantarina interrumpió los tormentosos pensamientos que se formaban en la cabeza de James. -¡Fuera, Carter! ¡No puedes enterarte!

Carter miró a Lyslander Scarmander como si fuera la primera vez que la veía. James asintió. Carter se encogió de hombros y se marchó. James miró a la joven. Observó que andaba con cierta dificultad. Había escuchado a Lily quejarse de que Lys había estado todo el verano en rehabilitación adaptándose a su nueva pierna. Y de que los Sanadores eran demasiado pacientes -lo que quería decir que no iban tan rápidos como a su hermana le gustaría. No obstante, a juicio de James, casi no se notaba que Lys cojeaba un poco al andar.

-¿Necesitas algo, Lys?

Ella alzó la cabeza para observar a James. Casi tiene que aguantar la risa. Si alguien los viera de lejos, parecería un humano con un elfo doméstico, dada la diferencia de altura. Era casi cómico. Ella era menuda. Tenía el pelo largo y rizado. Los ojos azules y la tez pálida. No obstante, sus rasgos eran los de una adolescente más madura. Había algo de fiereza que Lys siempre había tenido que nunca había visto en su hermano.

-A ti, James -Se sinceró. Suspiró. -Quiero jugar a Quidditch -Confesó en un hilo de voz.

James se estremeció. Aquello le habría hecho sentirse orgulloso. Y, bueno, lo hacía. Más también se sentía algo apenado. ¿Podría Lys jugar al Quiddicht? Miró -no pudo evitarlo- a la pierna que cojeaba. Le devolvió la mirada preocupada.

-Lily me ha dicho que los Sanadores te han dicho que podrás hacerlo algún día -Comentó James.

-Ya -Terció ella. -Pero me refiero a que quiero jugar este año.

-Oh -Así que por eso le necesitaba a él. -No soy Sanador… Pero creo que deberías hacerles caso a ellos…

-¡Soy Buscadora! -Exclamó. -¡No soy Cazadora! ¡A mí no me llegan las Bludgers! Además, estoy sentada…-Bufó. -He hablado con Nate Wadccok del Puddlemere United… ¡Pues tiene también un pie como yo! O sea… No es una pierna… Es un pie… Y él es cazador… Me ha dicho que perfectamente puedo jugar…

-No es Sanador…

-Pero es jugador de Quidditch -Sentenció. -James… -Suspiró. -Es lo único que se me da bien -Suspiró de nuevo. -No soy buena en duelos. Hugo no me deja ayudar en la investigación… Y si me pongo sentada de brazos… ¡Me pongo a pensar! ¡Pensé que tú me entenderías! -Se quejó. Suspiró. -Puedo conseguir que Madame Longbotton me deje jugar… Pero necesito que tú me ayudes a ser la mejor buscadora de Quidditch, James.

James no pudo evitar sonreír. ¿Estaba seguro de que aquella muchacha no era Slytherin? La miró. De nuevo, esa furia de Lys Scarmander. Le tendió la mano.

-Trato hecho, Lys. Te convertiré en la mejor buscadora de Quidditch de la historia.

A Lys le brillaron los ojos. Y James supo que lo conseguiría. Pero no porque él fuera buen entrenador. Sino porque el entusiasmo de aquella niña derribaría todas las barreras y alcanzaría todas las Snitchs. De hecho, aquella muchacha era lo más parecido a una Snitch dorada que había visto en su vida.

 



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