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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


-El apellido Malfoy ahora depende ti, hijo.

Los labios de su madre presionaron su frente con dulzura. Todo lo que Scorpius Malfoy pudo sentir fue una abrumadora presión recorrer todo su pecho y producirle una mueca que quiso hacerse pasar por una sonrisa.

No sabía con certeza a qué se refería su madre con aquellas palabras. ¿Por qué se esmeraba en que su hijo recordara que él sería el reflejo de su familia para el público en Hogwarts? El Profeta no había llegado a la Mansión Malfoy desde que su padre murió -principalmente para evitar disgustos a su madre y artículos que recordaban las peores decisiones de su padre -, pero presentía que su madre había estado disfrazando algo bajo la pretensión de ser una familia ejemplar. Las visitas de Hugo Weasley en su sótano no habían aclarado nada, en tanto que acudía a su deseo de no entrometerse en los asuntos de Astoria Malfoy. La estancia de Peter Greenwood de una semana en la Mansión Malfoy aquel verano tampoco le fue de ayuda en ese ámbito, pues en su casa solo se leía The Guardian.

Tenía la corazonada de que se trataba de su abuelo. Lucius Malfoy. Era el único motivo por el que su madre debería sentirse en la necesidad de subsanar daños causados por el apellido que acarreaba. Debía ser aquello. Pero no habían oído hablar de él desde el funeral de su padre en el que le pidió que acceso a la colección de su padre. ¿Qué habría hecho Lucius para que su madre tuviera que reparar daños? ¿O qué creía la comunidad mágica que había hecho?

Suspiró.

Miró a su alrededor y supo que aquel sería un año muy largo. Siempre había sentido las miradas penetrantes en su nuca cada vez que acudía a King's Cross con su familia. Su nombre susurrado. Los flashes de los periodistas que querrían obtener algún jugoso rumor de una antigua familia de mortífagos reformada. La viuda de Draco Malfoy con la hija de dos años y el «apuesto y galán Gryffindor que robaría corazones en su quinto curso». Peter podía no tener El Profeta, pero ¿Corazón de Bruja? Era un ferviente suscriptor.

Dejó su baúl en el suelo cuando su madre se lo indicó con un gesto. Le tendió a su hermana en los brazos. Scorpius la acogió y su tensión se disipó en cuestión de segundos. Theia podía ser el único ser humano en el planeta que podía hacerle olvidar que el mundo era un cruel lugar para los Malfoy.

-Copi -Le llamó su hermana. Un ser inteligente que había comenzado a hablar al mismo tiempo que su primo lejano Remus, lo cual era un logro, teniendo en cuenta que ella era más joven. Peter había aplaudido y dijo que él había traído suerte. Scorpius se había sentido sumamente afortunado al escuchar que las primeras palabras fueron una especie de vocablos que imitaban su nombre. Por supuesto, era imposible que le llamara Scorpius. -Copi -Su hermana imitó la risa que se le escapó a Scorpius.

Vigiló por el rabillo del ojo a su madre, quien recolocaba bien el baúl de su hijo y ponía la escoba en una mejor posición -aunque él después la tirara donde pudiera, teniendo en cuenta que el Express de Hogwarts no iba a considerar el orden de su madre. Su madre puso las manos sobre sus caderas. Estaba agotada. Lo que fuera que la preocupaba estaba drenando sus fuerzas. Entornó sus ojos cuando esbozó la sonrisa cordial y educada que Astoria Malfoy utilizaba con sus invitados cuando hacía de anfitriona, y la dirigió hacia un punto por encima del hombro de Scorpius.

Su madre apretó el brazo de Scorpius. «El apellido Malfoy depende ti». Y eso significaba que debía ser el joven encantador que le había pedido que fuera. Incluso si aquello significaba tragarse el orgullo Gryffindor que había ido naciendo en su interior conforme se acostumbrada al escudo del león que tenía grabado al uniforme de la capa que llevaba puesta.

Scorpius exhaló una bocanada de aire y apretó fuertemente a su hermana sobre sus brazos. No podían ser los Potter, pues sabía que ya estaban en el tren -habían llegado tarde por una urgencia de última hora de su hermana Theia. Y tampoco era Greenwood, pues estaba con los Potter desde el día anterior. Cerró los ojos deseando que fuera cualquier amiga de la infancia de su madre.

-¡Señores Weasley! -La melosa voz de su madre confirmó sus sospechas.

-¡Ueasli! -Imitó su hermana con voz cantarina, llevando sus menudas manos a las mejillas de Scorpius.

Él sacudió la cabeza mientras susurró un «ssh» a su hermana pequeña, apretando su frente contra la de ella. Su madre le forzó a girarse lentamente y él fue obligándose a sí mismo a sonreír, tal y como su madre esperaba que hiciera. Si solo Astoria Malfoy supiera lo que la mitad de esa familia pensaba de ellos, no le impondría aquel espectáculo. O quizás sí para precisamente hacerles cambiar de opinión. Era en aquellos momentos cuando más odiaba ser un Malfoy.

-Oh, Astoria, llámame Hermione, por favor -La saludó amablemente Hermione Weasley, fundiéndose en un abrazo con su madre. Scorpius Malfoy le sonrió con sinceridad.  Pudo ver que la madre de Hugo Weasley estaba algo débil. Tenía la piel más pálida que lo habitual. Estaba delgada. Pero seguía siendo la bruja poderosa que Scorpius Malfoy admiraba y la cual había salvado antes de verano. -Scorpius, enhorabuena por tu puesto como prefecto -Le dijo y él le concedió una breve reverencia.

Escuchó una tos del señor Malfoy. Disimuló una risa sarcástica. Y evitó la mirada de Ronald Weasley. Siempre la había evitado. Aquel encuentro no iba a ser menos.

-Oh, Hugo, me ha dicho que Rose también es prefecta… -Comenzó a decir su madre. Scorpius rodó los ojos. No pudo evitarlo. Se arrepintió cuando escuchó otra tos del señor Weasley. Quiso morir allí mismo. -No me extraña en absoluto -Añadió. -Eres una joven  con mucho talento… No paro de decirle a Scorpius que debe invitarte a nuestra Mansión, pero siempre dice que estás ocupada. Empiezo a pensar que no quieres venir… -Dijo su madre con toda la ignorancia del universo sobre sus hombros.

Debido a los antecedentes de Rose Weasley en cuanto a su trato con los Malfoy y a la tendencia de Astoria Malfoy a tomarse muy a pecho la crítica hacia su propia familia, Scorpius le lanzó una mirada de advertencia hacia la muchacha cuya persona había tratado de evitar durante esos tortuosos minutos. Supo que la amenaza fue trasladada cuando la joven dio un respingo al encontrar sus ojos azules con los suyos. Pero él no pudo aguantar mucho tiempo su mirada y la desvió hacia su hermana como si fuera más urgente -agradeció que Theia hubiera enredado sus dedos en su pelo y hubiera comenzado a jugar a intentar arrancárselo. Sus manos sudaron, de repente. Y quiso pensar que era de lo mucho que odiaba la presencia de Rose Weasley.

-Ha estado trabajando este verano en el Ministerio de Magia en nombre de su madre -Contestó Ron Weasley con orgullo de padre. Aquello sorprendió a Scorpius, pues, según Hugo, lo que había estado haciendo su hermana era «perder el tiempo con la política». Una forma de verlo.

-¿Podemos irnos? -Interrumpió, con demasiada impaciencia contenida, Hugo Weasley. -He quedado hace cinco minutos con Sebastian y Lorcan y me gustaría seguir manteniendo mi reputación como un Ravenclaw puntual, papá -Aclaró, carraspeando su garganta, para no parecer maleducado. Scorpius sonrió. Tenía que darle las gracias a Hugo por detener aquella conversación incómoda. Hugo le lanzó una mirada de comprensión. Y lo que parecía una sonrisa. -Además, los prefectos deben reunirse con los Premios Anuales -Recordó.

Como si de aquello no se acordara Rose Weasley, abrazó corriendo a sus padres y cogió su baúl rápidamente. Hugo Weasley también se dejó llevar por la despedida familiara de los señores Weasley.

Scorpius aprovechó para dejar a Theia, tras abrazarla y susurrarle lo mucho que la echaría de menos, con su madre y rodó los ojos cuando vio que su madre había hecho imposible que su baúl pesase como una pluma. Miró la mirada de disculpa de Astoria Malfoy -a la cual perdonaría incluso si le hacía pasar por momentos incómodos como aquellos todos los días. Scorpius la besó en la frente para que dejara de arrugar su expresión, pues su madre habría notado que Scorpius estaba tenso de más. Más le apartó fugazmente para centrarla en Rose Weasley.

Scorpius huyó de aquello, tan pronto como pudo, y se dirigió hacia la puerta del tren, seguido de un Hugo Weasley lleno del carmín de Hermione Weasley.

-Querida -La cogió del brazo. Scorpius quiso llevarse una mano a la frente cuando escuchó la voz de su madre detener a la hermana de Hugo. Sintió la mano de Hugo Weasley en su hombro para darle apoyo. Hugo le ayudó a subir el baúl en el tren. Escuchó de fondo las palabras de su madre. -Tus padres no me han contestado si tú vendrás al Baile de Año Nuevo de la Mansión Malfoy, ¿intuyo que también querrás pasar esa noche con tu familia y tus amigos?

Scorpius Malfoy rodó los ojos. ¿Era el propósito de su madre hundirle en la miseria? No era suficiente con que Astoria Malfoy le hubiera preguntado por todos los compañeros que podrían acudir a la Gala que quería acoger en la Mansión en Navidad para demostrar que podían confiar en los Malfoy. Tenía que asegurarse personalmente de que todos estarían allí.

Escuchó la risa de Hugo Weasley. Algo que ocurría en contadas ocasiones. Y, en esas contadas ocasiones, no solía entender el humor avanzado de Hugo Weasley. Se reía por casualidades. Por conexiones inteligentes. No porque Scorpius Malfoy tuviera una madre que quisiera hacerle la vida imposible.

-Tu madre es la única persona a la que mi hermana no puede decirle que no -Susurró Hugo Weasley.

Él se encogió de hombros.

-Nadie puede decirle que no a mi madre -Puntualizó Scorpius Malfoy. -¿Algún consejo para evitar que tu hermana me lance un Avada Kedavra este año? -Le preguntó para que solamente Hugo pudiera escucharle, mientras avanzaban por el pasillo del Hogwarts Express.

Hugo Weasley volvió a reírse.

-¿Y perderme el espectáculo? -Inquirió en lo que parecía ser una burla. Vaya, Hugo Weasley tenía buen humor aquel día. Estaba claro que la vuelta a Hogwarts era un incentivo para ello. -Hay mucho dinero en juego como para dejar que eso ocurra…

-¿Dinero?

El joven Weasley le quitó importancia aquello con un gesto. Scorpius insistió con una ceja alzada.

-Oh, ya sabes, apuestas… Casi todos hemos apostado para ver quién será el primero en ir a Enfermería… Si te sirve de consuelo, soy el único que he apostado por que serás tú el que mandará a Rose…

Oh.

Scorpius Malfoy se detuvo en seco, mirando perplejo a Hugo Weasley. No sabía qué le sorprendía más, el hecho de que Hugo Weasley "apostara" por él o el hecho de que realmente Hogwarts estuviera al tanto de su rivalidad con Rose Weasley.

-¿Gracias?

-Sabes que pienso que eres mejor que mi hermana -Añadió, encogiéndose de hombros. Hugo miró hacia atrás, tal vez para comprobar que Rose Weasley no le estaba escuchando. Ni siguiendo. ¿Dónde se habría metido? ¿No iba a ir con los Potter? -Habrá ido directamente al compartimento de Prefectos… Ya sabes, no está Alice -Explicó Hugo Weasley.

Se preguntó si aquel genio podría leerle la mente. Si era así, debía aprender Oclumancia, pues iba a estar mucho tiempo con él aquel año.

El joven Gryffindor detuvo su baúl cuando encontró el compartimento de los Potter. Lo abrió delicadamente. Aún tenso por el encuentro con los señores Weasley. Y por ver a Rose Weasley después de su último encuentro en El Refugio, donde no solo despreció su apellido, su familia, le rompió la nariz, sino que le confirmó que era un ser despreciable.

-¡SCORPIUS!

Unos familiares brazos le atraparon en un abrazo fraternal. Peter Greenwood le cogió la cabeza con las dos manos, le miró con una sonrisa radiante y volvió a abrazarle. Scorpius Malfoy sintió el calor de la amistad de Peter recorrer todo su ser y transmitirle paz. No se había dado cuenta del cambio de Peter aquel verano, más era notable. Era casi igual de alto que él. Se había dejado el pelo lacio y algo largo por debajo de las orejas y desordenado. Su sonrisa traviesa y labios finos que le habían acompañado en la infancia, aún estaban presentes, junto con el brillo de su mirada que jamás de los jamases presagiaba nada bueno.

-Nos vimos hace una semana, Greenwood -Se quejó Scorpius, con falta de aire por el agarre. -Deja de ser un exagerado.

-Oh, imagina, cómo me he puesto al ver a Albus… -Dijo con un tono de burla que no podría llegar a igualar la realidad.

-Me ha dado un beso en la boca, Scor -Se quejó su otro mejor amigo.

Entonces, sin reparar en el resto de los presentes, Scorpius posó sus ojos en su mejor amigo. Albus Severus Potter. Se incorporó para unirse al abrazo de Greenwood y Scorpius -del que Scorpius tuvo que sacudir su cabeza para coger aire.

-¡Joder, Albus, te he echado de menos! -Adiós, modales de Malfoy. Greenwood se separó y Scorpius abrazó de nuevo a su mejor amigo. -¿Qué te ha pasado? -Señaló su ceja rota y Albus esbozó una mueca despreocupada.

Greenwood soltó una carcajada.

-Si te lo dijera, tendría que matarte -Fue la sorprendete respuesta de su amigo.

No era lo único nuevo en Albus. Su pálida piel había cogido algo de color en verano. Su pelo había crecido. Y tenía muchos más músculos. Seguía siendo más bajo que el resto de sus amigos. Pero sus pómulos estaban mucho más endurecidos.

En seguida, Albus le ayudó a colocar su baúl.

-¿No me vas a saludar, Scorpius? -Se quejó Lily Luna Potter.

El joven Malfoy se giró para encontrar al resto de los Potter que estaban en el compartimento. Lily Luna Potter reposaba sus largas piernas sobre el regazo de su hermano mayor, James Sirius Potter, quien presenciaba la escena con una triste sonrisa en su rostro. Por un lado, Lily parecía estar feliz por el reencuentro de los amigos de su hermano Albus. Seguía teniendo los rasgos dulces de Lily, más algo que había cambiado en su gesto desde que lanzó la Maldición Imperdonable aún residía en el brillo de sus ojos. Por otro lado, James Sirius Potter era todo un joven de diecisiete años cuya altura y atractivo no le hacían justicia en el Corazón de Bruja. Les miraba con envidia. Su mejor amiga estaba muerta, recordó. Y su mejor amigo ni siquiera volvería a Hogwarts. Había un haz de madurez sobre él que le sentaba bien.  Pero que Scorpius Malfoy no envidiaba.

-Lily, vamos, ¿no querías ver a Lyslander? -Preguntó con impaciencia Hugo Weasley, desde el pasillo.

Ella bufó. Retiró las piernas de James Potter y se incorporó.

-No rompas muchos corazones, pequeña Potter -Se burló Greenwood.

-Oh, no -Dijo ella con el dedo índice alzado. Encaró a su hermano Albus y a Scorpius. -He escuchado a varias alumnas en el andén decir qué es lo que os harían en los baños de los prefectos y os juro que necesito con urgencia acudir a un Obliviador -Se quejó suspirando.

Aquello dejó tanto a Albus como a Scorpius estupefactos. Se encendieron como bolas rojas de Navidad. Y Greenwood soltó una carcajada que acompañó James Potter. Como si para ellos aquel tipo de comentarios fuera lo habitual.

-Deberíamos ir al compartimento de prefectos -Dijo Albus sacudiendo la cabeza. Scorpius Malfoy asintió, aún ojiplático.

-Yo estoy esperando aquí a Carter para hablar de las pruebas de Quidditch -Anunció James. Lanzó una mirada a Greenwood, frunció los labios. -¿Quieres darnos ideas? Supongo que conocerás a los Gryffindor que tengan buen estado físico… -Se mofó.

Scorpius casi se atraganta con su propia saliva. ¿Habían esnifado Amortencia antes de que él llegara?

Greenwood lanzó una mirada ilusionada a sus mejores amigos. Como si hubiera abierto un regalo inesperado de Navidad.

-Tu hermano me cae cada vez mejor, Albus.

Albus rodó los ojos.  Salieron del compartimento, dejando a James y a Greenwood hablando de los posibles fichajes para el posible futuro equipo de Gryffindor. Scorpius seguía un tanto perturbado por la idea de que el sector femenino de Hogwarts se interesara en él de aquella manera. Creía que solo era un movimiento publicitario de una revista para adolescentes brujas que también leía su mejor amigo.

-¿Sabías que Rose va a ser tu compañera de rondas? -Cuestionó su mejor amigo, con cuidado de que Scorpius no saltara.

Intentó controlar su impulso de quejarse sobre lo que le había dicho en el Refugio. En cursos anteriores, siempre había acudido a Albus para que mediara entre ellos. Pero supuso que ya no era justo, puesto que Albus tenía otras cosas de las que ocuparse. ¿Habría apostado también?

-¿Quién es la prefecta de Slytherin? -Cambió suavemente de tema.

Su amigo ladeó la cabeza. Oh, no. Había ido justo al tema sensible de Albus. Scorpius Malfoy, mejor amigo, peor persona. Por supuesto que iba a salir el tema de Alice Longbotton en algún momento. Él también la echaba de menos. ¿A quién le contaría sus problemas? Si a Albus le pedía que mediara, era a Alice a la que acababa yendo a por consejos. Y, oh, la de consejos que iba a necesitar aquel año.

-Ewa Farley -Respondió finalmente. -Me mandó una carta a finales de verano preguntándome si yo era el prefecto de Slytherin -Añadió. -No es del Ojo. No se juntaba con McOrez. Es buena alumna, supongo que no estará mal.

Pero no era Alice. Los ojos caídos de su mejor amigo le decían aquello. En calidad de mejor amigo, debía hacer algo para distraerle.

Y, no obstante, la distracción vino de algo ajeno a ellos.

Del pasillo vacío, se aproximó corriendo una figura envuelta en una capa de Gryffindor. Una bola de fuego rojo que acudió a ellos en jadeos, tensión y un rostro prisionero de balbuceos. Sin pensárselo dos veces, agarró la mano de Scorpius Malfoy con tanta fuerza que le hizo daño. Lo arrastró hacia el sitio de donde procedía Rose Weasley. Sin mirar atrás. Gimiendo. Con respiración entrecortada. Soltando palabras sin sentido. Albus Potter pisándoles los talones. Pasando compartimento por compartimento. El corazón de Scorpius Malfoy se aceleró tanto que sintió que se le iba a salir del pecho. No quiso detener a Rose Weasley. Y tampoco quiso preguntarle qué pasaba cuándo se percató de que no podía articular palabra.

Se detuvo en frente de un compartimento que estaba abierto de par en par.

Una muchacha en el suelo se sacudía de dolor y se ahogaba en su propia respiración. Ponía los ojos en blanco y se arrastraba por el suelo. Se había llevado el puño a la boca para aguantar el dolor. Las lágrimas le caían de los ojos. Les miró con urgencia. Suplicándole ayuda con su expresión.

Rose Weasley se inclinó sobre el hombro de Scorpius Malfoy para inhalar oxígeno. Aspirando aire. Entonces, miró hacia arriba, encontrándose con la mirada de él. Y reconociendo los ojos grises del joven. Se separó abruptamente, como si acabara de darse cuenta de que era Scorpius Malfoy a quien había pedido ayuda. Tenía sudor en la frente arrugada. Scorpius estuvo tentado de quitarle los mechones que se le habían quedado atrapados en ella, pero ella se adelantó.

La joven miró a los dos con tanta preocupación su mirada que devolvió a Scorpius Malfoy a la realidad. Eran los únicos que se había cruzado en todo el pasillo. Y eran Prefectos. Debían ayudar a esa muchacha.

-Debemos avisar al Premio Anual -Sentenció Rose Weasley. Aún respirando entrecortadamente. Pero ninguno de los tres se movió. La joven seguía sacudiéndose en el suelo. -¡Albus! -Le apremió Weasley.

El aludido dio un salto. Y le miró extrañado.

-¡Voy! -Sin más dilación, siguió el camino hacia el compartimento de prefectos con el mismo ritmo que les había proporcionado Weasley.

Scorpius posó sus ojos sobre el cuerpo. Se agachó hacia la joven. Sintió su garganta tragar saliva con dificultad. No se esperó aquello. De todos los alumnos que podían recibir una maldición como aquella, no se esperaba que pudiera ser aquella alumna en concreto. Lanzó una bocanada de aire.

Isabella Zabini.

Era la primera vez que una de las personas del círculo de los McOrez, del círculo del Ojo, salía herida dentro de la protección de Hogwarts. Era la primera vez que alguien salía herido del Ojo. No era algo que Scorpius Malfoy hubiera deseado precisamente. Tenía sentimientos encontrados. Sobre todo, cuando vio el dolor en el rostro de Zabini. Había conocido a esa muchacha en su infancia. Sus padres habían sido amigos. Pero sabía que su familia había apoyado al Ojo cuando su padre les negó la entrada a su Mansión.

-Creía que la habían capturado con los demás -Confesó Scorpius Malfoy, agachándose a ella.

Vio los ojos de Zabini clavándose en Scorpius y aguantando un grito de dolor. Pero también se percató de que estaba dolida por las palabras de Scorpius. Aquello le extrañó. Aún más. Apartó la mirada y la fijó en Rose Weasley. Notó la sorpresa en las pupilas de Rose. Como si él debiera saber algo que claramente desconocía. De nuevo, tragó saliva. No le gustaba nada aquello.

-Haz lo que hiciste con mi madre, Malfoy -Le ordenó Weasley.

Oh, o sea que por eso le había llamado a él. O por eso no le había echado como a Albus. Por supuesto, por qué si no.

-Es una Maldición Cruciatus -Indicó. -No tiene nada que ver con…

 El sonido de exasperación de Rose Weasley estuvo acompañado por un gemido de dolor de Isabella Zabini. La joven Gryffindor apartó de un empujón a Scorpius Malfoy y se inclinó hacia Zabini. Scorpius contempló cómo Weasley examinaba el cuerpo de la Slytheirn. Entornó los ojos. Parecía preocupada por ella.

-¿Sólo puedes salvar a alguien para después presumir de ello frente a mis padres o qué? -Le espetó.

Sacó su varita y apuntó hacia el cuerpo de Isabella Zabini. Scorpius sintió la rabia crecerle en el estómago. Más no dijo nada. No era el momento. Escuchó a Rose Weasley formular un hechizo.

-Glyne… -Musitó Zabini. -Ha sido Peter Glyne -Declaró la voz de Zabini.

Scorpius alzó las cejas sorprendido. Peter Glyne. Su pesadilla desde que entró a Hogwarts. El Gryffindor que estaba en su mismo año y que, en todo momento, le había recordado que su familia había sido mortífaga y que él era heredero de las riquezas que habían acumulado matando a nacidos de muggles. Como su familia. No era la persona favorita de Scorpius Malfoy. Jamás lo había sido.

Se le escapó un gruñido. Y supo que Isabella Zabini no mentía. Aunque costaba creérselo, ¿no? ¿Cómo iba un Gryffindor a lanzar una Maldición Imperdonable en mitad del Hogwarts Express?

Miró la reacción de Rose Weasley.

-¿Alguien más estaba contigo, Zabini? -Fue lo que preguntó.

Por supuesto, Weasley jamás creería que un Gryffindor podría hacer eso. Y, probablemente, encontraría una justificación para aquello. A Scorpius se le escapó un bufido que no pasó desapercibido por la mirada amenazante de Weasley. Zabini negó con la cabeza. Su rostro más relajado.

La puerta del compartimento se abrió. Albus Potter entró con Thomas McGregor. Scorpius frunció el ceño. Albus estaba con los brazos cruzados sobre su pecho y tenía una expresión de insatisfacción en su rostro.

-¿Tú eres el Premio Anual? -Preguntó Rose Weasley con cierto escepticismo.

-No -Se adelantó Albus. -Pero el Premio Anual no se ha presentado y McGregor ha decidido que es un error porque debe ser él…

-Basta, Potter -Parecía ser una discusión que habían tenido previamente. -¿Has curado a Zabini, Weasley?

Rose Weasley miró a Scorpius, como si esperaba que él se llevara el mérito. O algo similar. Realmente no entendió ese cruce de miradas.

-Debería ir a Enfermería en cuanto llegue a Hogwarts -Dijo simplemente la joven. -No sé curar un Cruciatus.

-¿Un Cruciatus? -Cuestionó McGregor, escandalizado. -¿Qué ha ocurrido?

Scorpius, una vez comprobado que Zabini ya no temblaba, la ayudó a levantarla del suelo. Le dedicó una mirada de agradecimiento. Era lo más cordial y amistoso que habían tenido entre ellos desde que su padre repudió al Ojo. O desde que él fue elegido Gryffindor y entabló amistad con Albus Potter. Tragó saliva al ver los ojos llorosos de Zabini. Solo confirmaba que lo que preocupaba a su madre debía estar relacionado con aquello.

-Zabini dice que Peter Glyne le ha atacado -Respondió Rose Weasley.

Scorpius Malfoy se tensó. Vio a Albus encajar su mandíbula y pasar su mano por el pelo. No había dudas de que Albus creía que aquello podría ser cierto. McGregor chasqueó la lengua.

-¿El Gryffindor?

-No lo reportaré… No quiero tener problemas… -Dijo pausadamente Zabini.

-Ha atacado a una Prefecta -Intervino Albus Potter. -Si ha sido él, debemos comprobar su varita.

Aquel era el procedimiento, más si había sido él, muy probablemente le expulsarían y lo mandarían a Azkaban como mínimo por haber utilizado una Maldición Imperdonable.

-Hablaré con el director Longbotton cuando lleguemos y, si él lo considera, comprobaremos su varita -Explicó McGregor.

-Tú no eres el Premio Anual -Recordó Rose Weasley. -¿Quién es el otro Premio Anual, de todos modos?

-Claire Jenkins -Respondió Albus, frunciendo el ceño.

Scorpius se rascó la nuca. Aquello era nuevo. Claire Jenkins era la Slytherin amiga de Tim Marrs y David Morrit que habían conocido el año anterior gracias a las quedadas con los Guardianes. Relación que no podían desvelar delante de Zabini. Y, si Jenkins intervenía en favor de Zabini, podría resultar favoritismo para las Casas. Siempre se solía decir que intervenieran Prefectos neutrales de otras Casas en esos casos. Lo cual era estúpido.

-¿Por qué no ha venido ella? -Preguntó Rose Weasley, como si aquello le indignara.

-Porque, al ser ella la única Premio Anual que se ha presentado hoy, es la que está instruyendo a todos los Prefectos en el compartimento donde deberíamos estar todos… -Explicó Albus en un suspiro.

-Entonces nadie sabe lo que ha pasado aquí -Puntualizó Scorpius Malfoy. Todos se giraron para verlo. -Podemos hablar con Glyne y, cuando lleguemos a Hogwarts, contárselo a Longbotton… Para no causar pánico -Razonó. -Es una ofensa seria, Zabini, no sé por qué Glyne ha hecho…

-Malfoy -Interrumpió Zabini, con voz cortante. -No hace falta que te comportes como uno de ellos -Le pidió, suspirando.

Scorpius presionó sus labios. No sabía a qué se refería. Miró a Albus. Su mejor amigo negó con la cabeza, instándole a que olvidara lo que fuera que Zabini quería decir. Rose Weasley sacudió su capa de Gryffindor. Les miró a todos y exhaló una bocanada de aire.

-Voy a hablar con Glyne -Les anunció a todos. -Aunque no es algo de lo que esté orgullosa ahora, me llevo bien con él -Lo dijo suspirando.

Era cierto. Después de todo, compartían su odio hacia Scorpius. Y fue la pareja de Rose Weasley en el Baile. También compartía con ella algunos proyectos en Transfiguración. Scorpius entornó la mirada.

-Iré contigo -Declaró. -Yo soy el otro Prefecto Gryffindor -Aclaró. -Acaba de lanzar una Maldición Imperdonable… Puedes interrogarle mientras yo compruebo su varita.

Todos se miraron entre sí. Todos. Incluida Isabella Zabini. Definitivamente iba a cuestionar a Albus Potter al respecto. Rose Weasley frunció sus labios.

-No es una buena idea -Dijo.

-Es Glyne -Contestó Scorpius.

Se había enfrentado a miembros del Ojo. ¿Qué esperaba? ¿Qué le diera miedo un maldito alumno de Gryffindor cuya mayor amenaza era que le insultara? Eso ya lo hacía Rose Weasley.

-Odio decir esto, Malfoy, pero deberías hacer caso a Weasley -Aconsejó Zabini.

Scorpius no quiso escuchar nada más. Salió del compartimento. Albus le dio una mirada de advertencia.

-Me voy a hacer rico contigo, amigo -Le dijo en voz baja. Así que su mejor amigo había apostado también. -Ten cuidado, Scor -En un tono que, si no lo hacía en ese momento era por las circunstancias, le hacía recordarle que debía interrogar a su amigo en cuanto pudiera. ¿Qué diantres les estaban ocultando?

Vio a Rose Weasley rodar sus ojos detrás de Albus.

Avanzaron por el pasillo en silencio. Abrieron compartimentos buscando a Peter Glyne. Por suerte, Hogwarts ya se había enterado de que eran los nuevos Prefectos de Gryffindor, por lo que no era extraño verles juntos haciendo rondas. De hecho, era algo a lo que deberían acostumbrarse de ahora en adelante.

Scorpius estuvo, en todo momento, tentado a preguntarle a Rose Weasley la razón por la que todos parecían saber algo que él no. ¿Qué era lo que le ocultaba su mejor amigo? ¿Lo que le había ocultado su madre? Si el motivo era que la comunidad mágica le odiaba por ser Malfoy, había nacido para acoger esa idea. Ahora bien, que Rose Weasley no estuviera de acuerdo con aquel prejuicio era lo que le hacía estar escéptico. ¿Qué sabía ella? ¿Y por qué lo sabía? ¿Tal vez porque había estado todo el verano en el Ministerio de Magia?

-Tus pensamientos me están taladrando el cerebro, Malfoy -Le dijo con brusquedad. El joven parpadeó. ¿Ahora no podía ni siquiera opinar en su cabeza en presencia de ella? -Ya tengo suficiente con todo lo de los sangres pura por hoy -Exhaló aire.

Oh.

No. Podía decirle todo lo que quisiera a él. Pero sobre su madre no podía decir nada.

Se detuvo en seco. Rose se giró hacia él, haciendo una mueca. La cogió de la muñeca y la estrelló sobre la ventana del tren. Escuchó su nuca chocar con el cristal. Tensó su mandíbula. Se aseguró de que nadie los veía. Rose Weasley le ofreció una mueca de disgusto. Y sorpresa. Alzó sus cejas y sus pupilas se dilataron.

- Si tan harta estás de los Malfoy, ¿por qué no le dices a mi madre lo que me dijiste a mí para que te deje en paz? ¿Por qué no le dices a mi madre que lo único que seremos los Malfoy es unos mortífagos que merecemos morir más que los demás? ¿Que su marido debió de haber muerto antes que cualquiera de tus héroes? -Le dijo con toda la rabia que había acumulado hacia Rose Weasley durante aquel verano. Apretó su agarre. Frotó su frente con la de ella. Vio el brillo azul de Rose Weasley apagarse por un instante. -¿No me vas a decir nada? -Le espetó.

Soltó el agarre. Se separó de ella. Como si le quemara su cercanía. Tenía la sangre por todo su cuerpo revolucionada. Había perdido los estribos. Se pasó la mano por el pelo. Miró a Rose Weasley. Aún con fuego en la mirada gris que le culpaba por haber pensado, como había dicho Hugo Weasley, que jamás sería un mago digno de nobleza y valentía.

Ella negó con la cabeza, moviendo sus rizos rojos. Apartó su mirada. Como si le abrasara.

-No lo decía por tu madre -Respondió. En un hilo de voz. -Ni por los Malfoys… Ni por lo que te dije… -Inhaló aire. Parecía dolida. O arrepentida. -Lo digo porque Peter Glyne ha atacado a Isabella Zabini porque todas las familias de sangre pura que apoyaron a Voldemort han cortado sus lazos con el Ministerio este verano. Han huido de los Aurores y están dando cobijo a los miembros del Ojo -Declaró. Pero su voz sonaba más débil que lo que transmitía sus palabras.

Encajó su mirada con la de Scorpius. Este tensó su mandíbula. Las piezas del puzzle fueron formando la imagen que Astoria Malfoy había disfrazado en su cabeza del problema que tenían los Malfoy. Y el motivo por el que debían ser el ejemplo a seguir.

-No todas las familias -Dijo Scorpius, aún con toda la rabia que había acumulado en verano.

Ella soltó una bocanada de aire.

-Claro que no, imbécil -Le espetó. -Ni los Nott, ni Isabella Zabini, ni mi tía Ginny que está en Azkaban, ni siquiera los Malfoy… Pero las heridas de la última guerra están muy recientes y hay grupos de magos que no están de acuerdo con que Hogwarts admita a personas que pueden suponer un peligro para el resto…

Scorpius tragó saliva. Por esa razón Albus no le había dicho nada. Estaba casi seguro de que incluso Greenwood sabía algo. Y no ponía en duda lo que Rose Weasley le estaba diciendo. Weasley nunca le había mentido. Había sido desafortunadamente honesta en todo lo que decía. Incluso si su opinión eran prejuicios que destruían todo lo que su madre quería salvar.

Sintió la ira cubrirle el pecho.

-¿Creen que soy del Ojo? -Preguntó, atónito ante sus propias palabras.

Después de haber luchado tantos años al lado de Albus en el castillo, ¿cómo podía haber personas que creyeran que Scorpius Malfoy era del Ojo? Sintió que su respiración se hacía cada vez más pesada. Claro que podían pensarlo. Albus Potter, Rose Weasley y James Potter eran los que siempre se habían llevado el mérito. Claro que podían pensarlo. Incluso Rose Weasley se lo había dicho. « ¡Y tú eres exactamente igual que él! ¡Con esa prepotencia! ¡Y los estás engañando a todos! ¡Pero no! ¡A mí no me vas a engañar! ¡Yo sé que tú eres un Malfoy!». Ahora entendía la urgencia de su madre por remediar el pasado de los Malfoy. Por que Scorpius fuera un ejemplo a seguir. No era por alcanzar un estatus social, era por proteger a su familia.

Rose Weasley se encogió de hombros.

Sintió su corazón saltarse un latido cuando Weasley se acercó peligrosamente a él. Con un gesto cauteloso. Como si no supiera cómo reaccionar en su presencia.

-Vuelve al compartimento con los demás, Malfoy -Repitió. -No es buena idea que te enfrentes a Glyne.

-¿Y tú sí? -Inquirió. Su voz más grave de lo normal.

Ella se echó el pelo hacia atrás y le miró con impaciencia. Había dicho que se llevaba bien con Glyne. Claro que lo hacía. Eran iguales. Tenían los mismos prejuicios. La rabia acudió a él como si la hubiera convocado.

-Malfoy -Advirtió. Como si leyera sus pensamientos. Supiró. Como si estuviera cansada. Como si lo que él pensara no fuera cierto. Y aquello le irritó. -Comprobaré su varita y os diré qué me ha dicho.

-¿Y cómo sé que no le estás encubriendo? -Le espetó.

Se hizo una pausa. Rose Weasley soltó una risa desesperada y miró hacia el techo como si buscase paciencia.

-Soy Prefecta, no haría algo así -Respondió ella.

-Mi padre también era Prefecto cuando metió a mortífagos para que mataran a Dumbledore en Hogwarts -Señaló. -No es excusa, Weasley.

-¿No me crees?

No sonó ofendida. El color zafiro de Rose Weasley le buscó. Le transmitió incertidumbre. Como si el hecho de que él no creyera aquello le hiciera sentirse traicionada. Lo que le faltaba por ver.

Scorpius Malfoy gruñó.

-¿Cuándo me has dado una razón para creer que tú, Rose Weasley, no querrías lanzar un Cruciatus sobre un sangre pura descendiente de seguidor de Voldemort que podría ser también seguidor del Ojo? -Contestó con tanta saña que podría haberse arrepentido de no ser porque la rabia le estaba cegando.

Rose se acercó a él. Fijó sus ojos azules en el iris tormentoso de Scorpius. Sosteniendo la tensión. Scorpius encajó la mandíbula. Rose alzó una mano hacia él. Como si se dirigiera a sus mejillas. Scorpius sintió una mezcla de rabia y otros sentimientos indescifrables en su estómago. Se percató de que Weasley no tenía el rostro tenso como él. Sino que lo estaba intentando relajar. Tenía el ceño fruncido. Preocupado. ¿Por él?

-¿Te está molestando este capullo? -Preguntó la última persona a la que quería escuchar en ese instante.

Scorpius cerró su mano en un puño. Rose Weasley se echó hacia atrás en un suspiro y se giró hacia Peter Glyne. Le dedicó una sonrisa cordial.

-No es asunto tuyo, Glyne -Respondió con su voz grave y rasposa Scorpius.

Aquello hizo que Glyne se tensara. Evidentemente, encontrar a Scorpius Malfoy y a Rose Weasley tan cerca el uno del otro después de una discusión en mitad de un pasillo, solo significaba que iban a maldecirse el uno al otro, ¿no? Glyne se acercó peligrosamente a Scorpius. Weasley se interpuso inteligentemente entre ellos. Como si intentara defender a Scorpius. O a Glyne. O no causar un espectáculo entre todos los alumnos que habían salido al escuchar a Scorpius elevar la voz a Weasley. Estarían comprobando sus apuestas.

-Déjalo, Glyne, no merece la pena -Dijo despreocupadamente Weasley. La joven cogió la muñeca de Glyne. Scorpius frunció el ceño. Aquello le molestó. Pero intuyó que fue porque Glyne era un imbécil. - ¿Me dejas tu varita un momento?

Glyne no tardó ni dos segundos en sacar su varita y dársela a Rose Weasley. Y Scorpius sonrió con suficiencia. Oh, podía odiar a Rose Weasley, pero su hermano Hugo se equivocaba cuando decía que no era una bruja inteligente. Ante los ojos de Peter Glyne, los cuales estaban centrados en Scorpius Malfoy y retándole como si estuviera batiendo en duelo su ego con él, Rose Weasley estaba comprobando su varita. Algo que quizás no había visto hacer nunca y que, por esa razón, no era consciente de que estaba en problemas en ese instante.

-Dime, Glyne, ¿quieres una cita conmigo esta noche en el despacho de Longbotton? -Preguntó socarronamente Scorpius Malfoy, sin poder evitar dibujar una sonrisa de superioridad en su rostro.



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