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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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(V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)


Eran de aquella clase de criaturas que le removían a uno las tripas en el mejor de los sentidos. Le quitaban el aliento. Y cuando sus escamas se retorcían a cada movimiento que hacían, el vello de uno se erizaba como si se tratara de un fenómeno electrificante. Habían sido sus compañeros durante todo el verano. Pero, sobre todo, eran su distracción.

Era fácil no pensar en otra cosa que en el reptil gigante y alado cuyo aliento de fuego podría abrasar a uno cuando lo tenía en frente y vivía rodeado de ellos en el santuario de dragones rumano. Harvey Ridgebit, su dueño, les había ofrecido a su tío Charlie y a él residencia y comida durante el verano allí. No gratuitamente, claro estaba. Debían «entrenar» a los dragones en la nueva guerra de la que todo el mundo era mucho más consciente fuera de los muros del castillo de Hogwarts.

La primera vez que Fred Weasley escuchó a hablar a expertos en las Relaciones Internacionales de la Comunidad Mágica sobre la Guerra Mágica -que, para él, era una mera hipótesis y una profecía de una vieja loca -sintió unas ganas irrefrenables de ir al baño a soltar todos los nervios que se le acumularon de pronto en el estómago. Incluso si había perdido a dos de las personas que más quería en el mundo, oír en boca de expertos que aquello era solo el comienzo era una sentencia de muerte para el resto de sus seres queridos que quedaban vivos le hizo que se cagara literalmente de miedo. Necesitó unas horas para recomponerse.

A ver, ya había oído que era una posibilidad. Sí. Pero, ¿inevitable e inminente? ¿Entrenar a dragones? ¿Reunir un ejército de criaturas mágicas? ¿Convocar una Asamblea de las diferentes tribus mágicas que apoyaban la causa templaria? ¿Cuándo se les había ido aquello de las manos de manera tan descarada? ¿Y por qué no les avisaron antes? Lo que hacían en Hogwarts era un juego de niños en comparación. Y entendió por qué les dejaban hacer lo que hacían. Era un juego de niños. Fred había visto llegar a una sola persona de quince que habían mandado en una misión para recoger información sobre el próximo ataque del Ojo. Un Auror de Australia le había dicho que si ellos habían sobrevivido es porque los necesitaban para algo: «Los habían dejado vivir». Bueno, amigo, no a todos.

Su corazón se saltó un latido al pensarlo. Borró todo pensamiento al respecto. No. Tenía una tregua con Susan. De día la abandonaba. De noche acudía a ella en sueños.

Fred había aceptado la oferta de Charlie, pues temía lo que podía generar su tristeza si no encontraba otra distracción. Y se lo debía a Susan. Aquella vez no la tendría a ella para sacarle del agujero negro en el que se escondió la última vez. Así que debía acoger la ayuda que le prestaran en cuanto antes. Estaba destrozado por dentro. Y las noches eran horribles. No dormía bien. Seguía soñando con ella. Y despertarse era una pesadilla. Más su tío lo arrastraba hasta aquellos seres destructivos con la misión de que lo fueran menos.

Era una metáfora de ayudarse a sí mismo. Conforme mejor controlaba la ira de aquellos dragones, con más certeza sabía que podía controlar su rabia. Fred Weasley se sentía identificado con aquellas criaturas mágicas. Eran seres milenarios que habían sufrido la pérdida de gran parte de su comunidad por parte de matanzas a manos del Comité de Exterminación de Criaturas Peligrosas. Mata dragones que aún seguían siendo legales para comerciar con su carne, con su corazón, con sus garras, con sus huevos, con sus pieles e incluso con su sangre. Se habían convertido en criaturas peligrosas para imponerse ante la muerte. Ante la desolación. Fred Weasley empatizaba con ellos. Y, por esa razón, sabía que Charlie había acertado al traerle allí.

No solo ofrecía la ayuda para calmar a los dragones con técnicas poco ortodoxas. Él no entendía de dragones per se -ni siquiera había acabado Hogwarts, pero ¡eh! A Newt Scarmander lo echaron y era el ejemplo a seguir en el campo de Criaturas Mágicas. Pero no hacía falta serlo para saber que la metodología de Charlie no había sido aprobada por el Ministerio -estrategias como contarle sus problemas a Norberta para que le aceptara, por ejemplo. Pero confiaba en que su tío Charlie no quisiera matarle, ¿no? También iba con Charlie a reuniones. Y aquello era lo que menos le gustaba. Porque era lo que le traía de vuelta a la realidad.

Bueno aquello y la última propuesta de tío Charlie. De nuevo, cuando se lo dijo, tuvo que ir al baño. Normalmente, presumía de su regulación intestinal y de cómo, daba igual dónde estuviera, no le privaba de su habitual rutina… Pero había descubierto que las noticias las dirigía con bastante facilidad. Su tío Charlie quería que su sobrino Fred Weasley fuera animago. La primera pregunta que debía haberle venido a la cabeza debía haber sido « ¿por qué?». Ni la formuló. Y nunca lo sabría. No preguntó. Se adentró a la aventura. Porque intuía que era para mantenerle despierto más tiempo y sacarle de las sábanas mojadas de lágrimas y de los sueños que luchaban por atraparle, de los que despertaba gritando el nombre de Susan.

La primera pregunta que se le vino a la cabeza fue: ¿Qué es un animago? Y no es que Fred fuera un ignorante. Es que era algo que estudió en Tercer Curso -o eso le dijo su tío -y eso fue hace mucho (materia que se estudia para un examen, materia que se olvida al día siguiente, amigos). Por lo visto, un animago era un mago que podía convertirse en un animal. Como un hombre lobo pero sin la parte jodida de la licantropía. Es decir, una pasada. Además, Charlie le había dicho que se creía posible que pudieran adoptar las formas de criaturas mágicas. Pa.Sa.Da. Claro que los ejemplos dejan que desear. Minerva McGonagall -personalmente par Fred una de las grandes brujas de la Historia de la Magia -era un gato, o sea, un gato. Habiendo animales como los leones… Un gato. Lo cual Fred había visto con sus propios ojos, más había pensado que era un truco de magia para asustarles. Lo cual era. Pues, no había que olvidar que eran magos y brujas. El abuelo de James -el James original -era un ciervo. Meh. Y el Sirius original era un perro. Y otros eran una rata y un escarabajo. Tío Charlie le llevaba a ver dragones y le decía que podía convertirse en un animal… ¿Y esos eran los ejemplos? ¿Qué clase de incentivo era aquel? Lo peor de todo era que no podría saber cuál era su forma animal antes de la transformación. Era como… ¡Sorpresa! ¡Eres una mosca!

Por suerte, aún quedaba tiempo para saber en qué animal se convertiría, pues debían esperar a que fuera buen tiempo para el cultivo de mandrágoras para realizar la poción de animagos y recitar un conjuro. Un poco tedioso, si le preguntaban a Fred. Lo cual no habían hecho.

Suspiró. Pestañeó. Se sacudió la cabeza para que las gotas de sudor le cayeran de la frente. Se había recogido el pelo largo y rizado en una de esas trenzas largas que llevaba su tío Charlie. Lo cual hacía que pareciera como si él llevara un bulto tras  su cabeza enredado y entrelazado, mientras que su tío parecía tener inscripciones en su cabello pelirrojo. Los genes de Angelina siempre distinguiéndole del resto de Weasley. Charlie le había dicho que aquel peinado era típico de los cuidadores de dragones -ahora se suponía que él estaba relacionado con ellos -y debía llevarlo en aquella Asamblea del Temple.

Sí, sí, sí. Había estado en reuniones antes. Pero reuniones con algún que otro jefe de un tribu rara que tenía unos aros en el cuello. O un Auror de un país que nunca habría podido ubicar en un mapa. Y, sobre todo, representantes de Comunidades de Criaturas Mágicas. Pero, ¿una Asamblea del Temple? Uno nunca estaba preparado para una Asamblea del Temple. Creía que lo estaba. Pero no. Fred creía que lo estaba por lo que James le había contado de la Fiesta de Navidad en casa de Ivonne o del señor Crawford… Pero, amigo, eso no era una ASAMBLEA DEL TEMPLE. No. James, muy equivocado, amigo. Amigo, hermano, Fred le echaba de menos y solo pensar en él le partía el corazón. ¿Qué era lo que le había contado James? Ah, sí. Una reunión en un salón en el que había Aurores, magos, brujas de diferentes nacionalidades, algunas criaturas mágicas… Quizás uno podía disculpar a James porque estaba ocupado descubriendo que la chica que le gustaba era la hermana melliza de su ex. Y porque era un simple encuentro casual. No una ASAMBLEA.

Estaban todos en el Refugio. Bueno, más bien, en la playa del Refugio. Evidentemente, no se podía reunir a un MALDITO EJÉRCITO en el Refugio. No había Encantamiento Expandidor o como se llamara que pudiera acoger a un MALDITO EJÉRCITO en la casa de su tío Bill. No. Era algo positivo, ¿vale? Hasta antes de llegar, Fred había pensado que estaban destinados al fracaso. A perder. Pues, siendo sincero, ¿quiénes se creían que eran con cuatro magos contra todos los magos oscuros que estaba reclutando el Ojo? Que tenían a toda Europa -menos a Gran Bretaña y algunas comunidades individuales de magos. Europa. El lugar del mundo donde más magos había. Europa y parte de Asia claro: Rusia, China, la península Arábiga… Y, ¿qué era el Temple para Fred antes de aquella Asamblea? Pues James, sus amigos, su familia y cuatro magas viejas locas. Sinceramente condenados al fracaso para Fred.

Hasta que llegó al Refugio. Saludó a su prima Victoire, que subió a por Remus para que lo viera -sinceramente cómo había crecido tanto aquella criatura y por qué la voz de Fred cambiaba cuando se dirigía a él. Qué clase de magia era aquella. Fred cambió bruscamente de tema cuando Vic quiso hablar de Susan -pues no estaba preparado y seguía necesitando distracciones. Saludó al Auror Lebouf. Estrechó la mano de Cross -¿Cross? ¿Qué cojones? No quiso indagar más, pues, sinceramente después de que su tío Charlie le contara que su esposa era un agente doble para el Ojo ya se esperaba cualquier cosa. Y salió, pues los demás les esperaban fuera.

A ver, que fuera se esperaba a cuatro gatos. A su tía Hermione -le recordaron que había sido herida y que ya estaba mejor -, a algunos tíos más y a Aurores y criaturas mágicas de relleno. Ahora bien, ¿esperaba tener que entornar la mirada para ver hasta donde llegaban las personas que había allí reunidas en la orilla de la playa bajo la colina donde estaba el Refugio? No. Pues eso se encontró.

Su boca cayó estrepitosamente al suelo.

-Une a toda la comunidad mágica por la misma causa… El equilibrio y la paz -Anunció en su oído tío Charlie. Le tendió la cuerda para que guiara a Norberta hasta donde se encontraban los demás. Miró de reojo a Gwendoline Cross. La miró de arriba abajo. ¿Nadie más se había dado cuenta de que estaba llena de dagas y de que tenía dos pistolas muggles en un cinturón sobaquero? -Después del ataque a la residencia del señor Crawford, el Refugio se ha convertido en la nueva Sede…

-¿Todos estos son el Temple? -Preguntó, sin esconder su estupor, señalando a todos los seres mágicos que se habían amontonado en la orilla.

Escuchó la risa de Cross a su lado mientras bajaban por la colina. Se giró para ver que Norberta la iba a abrasar o algo por el estilo por tener la indecencia de reírse o de hacer algo amable en su presencia después de haber sido la pesadilla de Slytherin. Pero Norberta estaba tranquila y abriendo sus fosas nasales aspirando el aroma del mar. Le dedicó una mirada de indiferencia. ¿Dónde quedaba la conexión que había tenido aquel verano? Traidora.

-Algunos de ellos -Respondió tío Charlie, mientras les indicaba que se dieran prisa.

Su tío Charlie solía ser siempre el último en llegar a las reuniones. Fred creía que era por hacer una entrada triunfal con Norberta. Y siempre funcionaba. No obstante, ya había más dragones allí. Sus pupilas se dilataron al distinguir un Irobelly Ucraniano. El más grande de los dragones. Por los calconcillos de Merlín.

Sintió una presencia a su derecha. Su prima Victoire también bajaba de la colina, dejando en el Refugio a su hijo con el Auror Lebouf -extraña decisión, si le preguntaban, que le gustaría analizar con Susan y James. Mierda. Siempre le llegaban esos pensamientos. Se centró en Vic. Fred chasqueó la lengua. ¿Y ella que pintaba allí? Pareció que aquello no pasó inadvertido, pues le dedicó una sonrisa de suficiencia. Como si ella supiera algo que él no. No le extrañaba. Ella vivía en la sede del Temple después de todo, ¿no?

Llegaron a la orilla. Se posicionaron cerca de otros cuidadores de dragones y de dragones. Fred se tensó. Precisamente por haber estado tiempo con dragones había aprendido que eran más peligrosos de lo que uno creía saber. Más, si estaban allí, con tantas personas… ¿Mil personas? ¿Diez mil? La Aritmacia y Fred. Repulsión. No habría problema.

Reconoció alguno de los rostros. Charlie tenía un sistema para hacer contactos en las reuniones y parecer amable: un álbum de contactos. Se lo dejó la noche anterior. Recortaba fotos de artículos, fotos prestadas o tomadas por él mismo en sus reuniones de las personas que conocía o que podría conocer. Y apuntaba sus características. Así, siempre sabía con quién se encontraba. Eso funcionaba siempre que tuviera buena memoria. ¿Fred Weasley? Se había copiado en la mitad de los exámenes de los apuntes de Susan y de James. Chasqueó la lengua. Le escocía como una herida abierta.

Decidió centrarse en el presente.

Había algunos que conocía. Y a los que no podría saludar. Ya se lo había avisado tío Charlie: aquel día era formal. No podía correr a abrazar a nadie. Lo haría cuando tuviera una visita. Pero aquel día era formal. Era una especie de llamada a la batalla. Y debía demostrar que estaba preparado para ser un guerrero. Cruzó los dedos para demostrarlo y no convertirse en mosca en la transformación a animago.

-¿Esos son los de Luperca? -Susurró Fred.

Charlie dirigió la mirada hacia donde se dirigían los ojos de su sobrino. Tres representantes del sitio en el que se había recluido James en su verano licántropo. Su tío asintió. Bueno, tampoco había que ser vidente para adivinarlo.

-Wakanda es su líder -Le recordó su tío. Fred escudriñó la mirada. Era fácil distinguirla. Sobresalía por sus ropajes coloridos y artesanales. Tenía una tez morena y unos ojos rasgados. -A su lado, su mujer, Tala y Moonlight -Añadió Charlie.

Fred asintió. Los contempló. Sabía que Tala era bruja y no licántropo. Pero también vestía esos ropajes nativos americanos. E incluso Moonlight. Suprimió una risa por respeto. Pero era divertido ver a Moonlight en un vestuario que le hacía algo ridículo. No obstante, estaba tan serio que, pese al colorido, imponía. Moonlight siempre imponía, con su mentón prominente y cubierto de barba rubia y sus ojos profundos. Tenía un rostro serio. Y miraba fijamente en una dirección. La siguió.

Oh. Se rio por dentro. Su tío Charlie escondía un cierto gusto por los cotilleos del resto de sus primos que supo que el resto de ellos no habían podido conocer.

-Eh, Dominique está ahí -Le indicó a su tío.

-Representa a las veela -Le explicó su tío. Lo dijo con tanto orgullo que sintió cierta envidia. -Tu prima ha intentado ponerse en contacto con la Comunidad veela francesa y parece que con éxito… Aunque aún no tenemos una afirmativa definitiva…

Su prima llevaba una túnica de colores añil con bordado dorado. Le recordó a los colores que siempre había asociado a Beauxbatons y se mordió el labio en recuerdo de su primo Louis. Llevaba bastante tiempo sin ver a su prima. Seguía siendo una joven bastante atractiva, pero parecía tener mucho más fuego en su expresión. Hablaba con un joven alto y de piez bastante pálida que sonreía y la tenía cogida del brazo.

-¿Con quién está?

-Es Aurel -Anunció tío Charlie. -El líder de la única comunidad de vampiros que nos apoya.

-Oh -Se lamentó Fred.

Recordó que su tío le había explicado algo de política internacional de criaturas mágicas y que los vampiros estaban haciendo bastantes daños en la Europa del Este contra muggles. Aurel, ahora entendía, era el único cuya comunidad aún seguía fiel al Temple.

Barrió su mirada por aquello que le llamaba la atención. Se topó con lo que parecía un mono con ojos grandes, negros y un cabello largo y sedoso que le miraba con una sonrisa. Se sintió un tanto perturbado.

-¿Qué diantres es eso, tío Charlie?

Su pregunta pareció molestar a su tío. Bueno, la ignorancia de Fred siempre sorprendía a su tío para mal. A veces se preguntaba si en su cabeza su tío le estaba lanzando maldiciones o libros. De reformar a Dominique Weasley y convertirla en veela a tomar como futuro proyecto a Fred Weasley había un gran paso.

-Es un demiguise, Fred -Le dijo con impaciencia. Señaló al hombre que le acompañaba. -Viene con Yoshihiro Suzuki, el director de la escuela de magia de Mahoutokoro.

-¡El antiguo cazador del equipo nacional de Japón! -Exclamó emocionado Fred.

Charlie rodó los ojos. Le indicó con la mano que bajara el volumen de su voz.

Su tía Hermione se posicionó en frente de todos y tomó la palabra. Comenzó a saludar a todos y a nombrar a todos los representantes que allí se encontraban. Iba a tardar un rato. Como líder del Temple, tendría que pasar por aquellas formalidades que Fred odiaba y discursos que no había escuchado ni en ningún funeral. Hizo una mueca.

-¿Y qué hacen aquí un demiguisado y Suzuki? -Preguntó en voz baja a su tío para distraerse.

Esperó que su tío también encontrara tedioso aquellos discursos, pues él no tenía gana de estar de pie una hora escuchando a su tía Hermione. Esperaba, con total sinceridad, que alguien le hiciera un resumen.

-Vienen en representación de la Comunidad Mágica del Imperio del Sol que nos apoya…

-Ojalá pudiera pedirle un autógrafo… -Se quejó Fred.

Intentó hacer sonreír a su tío. Más bien, intentó hacerle ver que para él era un poco incómodo estar en mitad de una llamada a la batalla tan pronto. Quizás debía ir y no podía librarse. Pero sólo hacía tres meses desde que Susan había muerte. Y ya le había contado a Charlie que cada recuerdo del Ojo era un jarrón de agua fría sobre sus hombros. Necesitaba un poco más de tiempo.

-Esos de allí -Señaló Charlie para seguir introduciéndole diferentes culturas a Fred. -Son los Yoruba, los magos expertos en el arte del «voo-doo»… ¿Te acuerdas?

Fred se rascó la barbilla.

-Los que controlan a los vivos y el puente entre el mundo de los vivos y de los muertos -Respondió en un hilo de voz.

Charlie asintió. Fred enmudeció. Por supuesto que su tío Charlie quería que se callara. Pero no tenía que hacerlo así. Observó a aquella tribu de un rincón de África mejor. Les había hablado de ellos por una razón. Porque Fred, al inicio de su entrenamiento, se había empeñado en que le mostrara la magia que no fuera oscura que le permitiera poder comunicarse con Susan. Y su tío Charlie de dijo que solo conocía la magia de la Piedra de la Resurrección y la que contaban que podían hacer los Yoruba. Aquello se quedó en una conversación que había olvidado hasta entonces.

Iban en túnicas blancas. Su tez negra había sido pintada con inscripciones blancas sobre su rostro y tenían el…

-…Ya han cobrado demasiadas vidas. Ya se han llevado a demasiados seres queridos… -Decía la voz de su tía Hermione, rasgando el corazón de Fred Weasley en dos.

-¿Y ves a aquellos de allí? -Interrumpió en voz baja Charlie, señalando a una pareja que llevaba una corona de plumas de colores sobre su cabeza. Fred asintió con ojos empañados. -Son los Aymaras… Sus runas nos han ayudado han entender mejor la conexión entre las criaturas mágicas y los magos… Todos los miembros de su comunidad son animagos.

-Vaya… -Musitó Fred.

Charlie apuntó hacia una cabeza entre la multitud que Fred identificó al instante. El joven de cabellos despeinados miraba fijamente y absorvía las palabras de tía Hermione. Se alegró de verle. Pero no movió ni un músculo para acercarse a él. Por precaución, Charlie le cogió del antebrazo.

-James ha venido solamente él para representar a los guardianes de Hogwarts… Ya ha dicho que no quiere avisar a los demás hasta que no sea necesario… No quiere preocuparles.

-Suena a él -Dijo en un suspiro. -Está con los profesores, ¿no? -Charlie asintió. Fred ojeó a Neville Longbotton, quien tenía una mano sobre el hombre de su mejor amigo. A Poomona Sprout. Slughorn. Teddy Lupin. Flitwichk. Trewanely.

-También está la profesora Akiho en representación de Japón, Maxime Olympe aunque Beauxbattons haya caído, Jack Quigley de Ilvermorny, la escuela estadounidense, y Babajide Akingbade de la Escuela de Magia Uagadou, la de Uganda y Benedita Dourado de Castelobruxo, la brasileña -Suspiró tío Charlie.

Fred asintió. Recordó las lecciones políticas al respecto, pues no sabía que había tantas escuelas de magia esparcidas por el mundo. La Comunidad Mágica era muy reducida y, en comparación con los alumnos que acogían las escuelas europeas, estas instituciones eran minúsculas, por lo que apenas hacía frente a la conglomeración que era adepta al Ojo: Beauxbatons, Durmstrang y Koldovstoretz.

-También veo a Aurores -Sonrió Fred, viendo a su tío Harry Potter, entre lo que parecían ser colegas de culturas muy diferentes por sus diferentes uniformes. -Y a los Scarmander.

-Oh, sí, son los representantes de los magizoologistas.

-¿Qué otras criaturas hay? Veo a centauros… -Paseó su mirada por un centauro que estaba cerca de su prima Dominique. Vio a algunas figuras menudas que reconoció por los artículos en los que aparecía su tía Hermione de joven en su carrera política. -A Elfos… -Carraspeó la garganta. -Veo… Por primera vez… A Thestrales… -Aquel reconocimiento no pasó inadvertido por su padrino.

Este suspiró.

-Vampiros, hadas, hipogrifos, gente del agua que es la razón por la que estamos en la orilla,…

-¿Y los basiliscos de Albus?

Su tío hizo una mueca.

-Creo que tu primo Albus deberá controlarlos muy bien como para poder llamarlos suyos… Y es muy peligroso. Me atrevería a decir que deberíamos usarlos en última instancia…

-Pues ojalá no lo hagamos nunca -Sentenció Fred.

-También hay un par de Bowtruckle, los guardianes de los bosques, Fwoopers africanos y algunos Muggles del Temple -añadió.

-¿Por qué mencionas a los muggles con las criaturas mágicas? -Se mofó Fred.

Charlie alzó una ceja.

-No me gusta tu insinuación, sobrino.

-Tío, para ti las criaturas mágicas están por encima de los seres humanos… Lo cual es un cumplido para los muggles -Se rio Fred, quitándole importancia. -También están la Orden del Fénix y el Ejército de Dumbledore, ¿no?

-Representantes de ellos, sí -Concedió asintiendo con la cabeza. -Y Rompemaldiciones, Inefables, Sanadores, Medimagos, fabricantes de varitas…

Fred descubrió una cara conocida que le transmitió una sonrisa tímida. A Fred se le congeló la sangre. Era como si hubiera visto un fantasma.  ¿Por qué era entonces cuando se daba cuenta de que Susan se parecía mucho a su hermana? ¿Por qué no se había dado cuenta antes? Sus personalidades eran tan diferentes que siempre las había separado. Pero ver a Monique Jordan, un rostro que había visto en miles de ocasiones, allí, con su tez morena, el pelo rizado, los pómulos redondos y la nariz respingona que ambas habían heredado de Lee Jordan no era algo para lo que Fred Weasley estaba preparado. Su reacción tuvo que haberse manifestado en su rostro, pues Monique Jordan bajó la mirada y se ocultó entre la multitud.

Su tío también sintió el cambio y la desolación que acudieron como una tormenta inesperada a Fred.

-Esa es Katie Bell, o Sanadora Bell… He oído que está trabajando en una Poción para curar a los afectados por los experimentos de Scheinder en la rama de la medicina mágica forense con algunos de sus prácticas…-Comentó su tío Charlie. Fred asintió. -Puede que la señorita Jordan pertenezca a ese equipo. Puedo informarme si quieres -Le dijo. Él negó. Si se había distanciado de su familia y de sus padres, aún más lo había hecho de los Jordan. Sabía que Lee le había mandado cartas. Y que Monique se había intentado poner en contacto con él porque compartían dolor por dos personas. Pero aún no estaba preparado. -Como quieras, Fred.

Fred tragó saliva. Volvió su mirada a su tía Hermione. Pidió que aquel momento acabara pronto. Respiró hondo. Taponó sus oídos para que no entraran las palabras de valentía, de dolor y de guerra. No las quería escuchar. Todavía no estaba preparado. Entonces, se percató de que había una figura detrás de su tía Hermione que observaba a todo el ejército peculiar con cierto orgullo. Una mujer de tez oscura y ojos saltones arropada en un chal violeta.

-¿Quién es esa, tío Charlie?

Su tío se estremeció. Vaya. Eso iba a ser interesante.

-No estoy seguro -Confesó. -Dice que se llama Charlotte Breedlove, pero estoy seguro de que ese no es su nombre -Añadió. Curioso. -Hablé con ella hace tiempo y… Es la guardiana de la paz y del equilibrio.

-¿No lo somos todos? -Inquirió, en referencia a lo que él mismo había dicho antes.

-Pero ella es… Diferente -Dijo, parecía que se expresaba como si tuviera que ir pisando huevos. -Tengo mi teoría de que es… una Heroide -Le dijo en voz tan baja que casi ni lo oyó. Como si no lo hubiera escuchado. -Oh, Fred, ¿en serio no sabes absolutamente nada? -Se quejó su tío. Él se encogió de hombros. -Las Heroides, que según los muggles son las veintuna mujeres cuyo amor insatisfecho escribía Ovidio en su obra, en realidad es una leyenda mágica sobre la bruja que en cada cincuenta años debe asegurarse del equilibrio y la paz de la magia. Las Heroínas… Las guardianas de la magia que en su soledad custodiaron la magia en sus diferentes santuarios -Fred ocultó una risa ante la alocada teoría de su tío. Más, frente a su escepticismo, su tío extendió su teoría. Así, al menos, le distraía del discurso de su tía y del rostro de Susan. -Las primeras fueron las brujas de los mitos que aparecen en la obra de Ovidio, claro, pero que… ¡Eran brujas! Medea, Dido, Ariadna, Safo… -Fred seguía con su sonrisa. Ni había oído aquellos nombres en su vida. Ni creía las historias de su tío. -O quizás te suenen brujas que estabilizaron el mundo mágico y muggle después como la Dama del Lago al detener el poder de Merlín, Juana de Arco al detener la masacre de los muggles contra los magos, la maldita María I, Rowena Ravenclaw, Miranda Goshawk que fue la líder del Temple antes de Crawford y ahora, estoy casi seguro, de que es esa mujer la sucesora de Goshawk…

-¿Y la sucesora de la Dama del Lago? -Se burló Fred. Era el único nombre que le sonaba, pues, aparecía en algunas ocasiones en las Ranas de Chocolate. No como el resto de nombres. Le habría gustado no quedarse dormido en las clases de Binns.

-Es algo más que eso es…

-¿Por qué no se lo preguntas?

Negó rápidamente con la cabeza.

-Si eso es así, será un secreto aún mayor que el Estatuto, sobrino -Concluyó. Le guiñó un ojo. -Mis teorías deben quedar entre jefe y ayudante, ¿de acuerdo?

Se encogió de hombros. Ni que pudiera elaborarlas de nuevo.

-¿Cómo has dado con esa teoría?

-Me gusta investigar a mis aliados… Y no es mi teoría -Reconoció. -Es la teoría que tenía Newt Scarmander sobre Goshawk cuando hice algunas prácticas con él -Confesó con una sonrisa tímida.

-Ah, es una sabiduaría de maestro a aprendiz.

-Algo así.

Fue entonces cuando su tía Hermione dejó de hablar. Y formuló sus últimas palabras.

-Pro anima.

La voz de la Asamblea retumbó en sus oídos cuando todos se unieron para secundar aquella llamada.

PRO ANIMA!

Se oyeron graznidos. Júbilos. Gritos. Como si se tratara del comienzo de una batalla. Quizás lo era.

Fred frunció el ceño. Se giró hacia su tío, quien estaba lleno de emoción contagiada por la alegría que se había disparado en el resto de los presentes. Incluso Norberta parecía sonreír. Incluso Gwendoline Cross les sonreía.

-¿Qué significa Pro Anima?

Su tío estaba rodando sus ojos, cuando Gwendoline Cross se acercó a él.

Pro Anima Artorius» -Recitó Cross.

Porque Fred sabía latín, claro.

Por el alma de Arturo» -Le explicó, aquella vez, su tío Charlie, con una sonrisa enigmática.



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