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La Tercera Generación de Hogwarts » (V) Prefacio
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 13 de Enero de 2021, 10:53
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(V) Prefacio

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)


Londres. Calle Charing Cross. Un bar exclusivo para magos. Regentado en aquel instante por la familia Finch-Fletchley. En el bullicio del Callejón Diagón, nadie solía reparar en el lugar destinado a la intimidad y a habitaciones para dormir. El Caldero Chorreante. Era una instancia menuda. Frecuentada por viajeros. Y el lugar ideal para cazar rumores si no se solía estar al tanto de los revuelos de la comunidad mágica. Para ser un lugar conocido, no tenía mucha iluminación. Y estaba un tanto destartalado. Aunque así era todo lo mágico.

Unas ancianas -y le costaba asumir que eran ancianas, pues ella misma era una -estaban sentadas en un rincón bebiendo unas copas de vino, observando por el rabillo del ojo al resto de la clientela. Una de ellas fumaba una pipa. Charlotte Breedlove la miró con desaprobación. Las leyes muggles sobre el tabaco en los espacios cerrados aún no habían llegado a las reformas del Ministerio. Tampoco es que fueran de las más urgentes. Un hombrecito con sombrero de copa pidió algo a un camarero calvo que sería una recién contratación del señor Finch-Fletcheley, a quien Charlotte había tenido el honor de conocer aquel verano tras saber por Neville Longbotton que era un hombre de fiar.

Costaba encontrar personas de confianza en aquellos tiempos.

No dijo nada cuando el hombre de arrugas marcadas y pelo gris y largo se sentó a su lado sin decir una palabra. Casi cincuenta años atrás no había confiado en aquel hombre. Lo habría matado de tener una oportunidad. Y, sin embargo, le había tendido su ayuda sin más miramientos en cuanto acudió a su puerta unas semanas atrás. ¿Cómo la encontró? No quiso saberlo. No quiso saber quién de sus amigos había traicionado su promesa de guardar el secreto de donde había encontrado su nuevo escondite. Después de la muerte del señor Goshawk, había tenido que mudarse. Y solo había revelado su nueva dirección a Hugo Weasley, a Victoire Weasley, a Sullivan Hegarty y a Pomona Sprout. Intuyó de quién lo había obtenido. Incluso medio siglo después, seguían siendo los mismos.

-Llega tarde -Comentó simplemente el hombre con cierta reprobación.

No se refería a ella, quien llevaba allí media hora recapacitando sobre cómo encauzaría aquella reunión. Más se sintió igual de ofendida. Había tenido que hacer frente a la brusquedad y la impulsividad de aquel hombre desde que acudió a su ayuda. Ser hospitalario debería ser pagado con educación. No para Celius O'Smosthery. No cuando el hombre había sido encerrado en un espejo la mitad del siglo anterior.

-Está trabajando -Le excusó Charlotte Breedlove.

Pero era cierto. Llegaba tarde. Diez minutos. Sabía que Celius había querido llegar tarde para que no fuera lo que viera en cuanto encontrara la mesa. Nadie -absolutamente nadie -conocía el rostro de Celius O'Smosthery. Todos lo habían visto de joven. Nadie sabía que su nieta, Cornelia Brooks, lo había logrado sacar del espejo en el que le encerró su propio hermano. Ni que sobrevivió al hechizo. Ni que escapó y que Carla Marín le ayudó a sobrevivir el paso del tiempo en cuestión de horas. Solo una persona.

Y una persona a la que, por lo que ambos conocían de él, esperaban que escupiera fuego al ver el rostro de Celius O'Smosthery. Ninguno de los dos esperaba que se lo tomara bien, por supuesto. Por esa razón, Celius había tomado la precaución de llegar relativamente más tarde de lo que tenía previsto. No funcionó. Habían dado por hecho que sería puntual. ¿Por qué razón iba a serlo? ¿Por qué razón iba siquiera acudir a aquella reunión con ellos? ¿Con Charlotte Breedlove? ¿Y Celius O'Smosthery? Debían subir barreras de protección si se dignaba a ir.

Charlotte tragó saliva cuando vio el conocido rostro que aparecía en numerosos artículos. Un rostro que había tenido en sus propios expedientes. Desde hacía años. Lo llevaba siguiendo por intuición. Por la magia que le había delegado Miranda Gohawk. Por la fama que él mismo traía consigo. En El Profeta. Incluso había ojeado Corazón de Bruja para indagar un poco más acerca de aquella figura cuya profundidad emocional era difícil sacar a través de las palabras de Hugo o Victoire Weasley. Lo denominaban El Soltero de Oro.

La sonrisa arrebatadora que había esperado no se correspondió al ceño fruncido que entró en el Caldero Chorreante, mirando de izquierda a derecha, con la túnica magenta de Sortilegios Weasley en una mano y el puño cerrado en la otra. Hugo le había advertido que estaba «relativamente susceptible» desde que «su mejor amigo estaba en rehabilitación con su tío, su mejor amiga murió y la chica que le gustaba fue secuestraba». Además, Victoire también le había hablado de su «temperamento licántropo exacerbado desde junio». James Sirius Potter era una bomba de relojería. Y ella le estaba regalando la mecha.

Le indicó con la mano que se acercara.

El joven no cambió de expresión. Malhumorado. Como si se acabara de despertar y fuera de esas personas que las mañanas le producían ganas de lanzar Cruciatus. Se acercó rápidamente a ella y echó un último vistazo al resto de la clientela. Las ancianas del fondo murmuraron el nombre del muchacho. A él no pareció importarle. Como si el eco de su nombre cada vez que entrara en un sitio fuera parte de su naturaleza.

Fue cuando se sentó cuando se percató de la presencia de Celius O'Smosthery al lado de Charlotte. Antes de que él hiciera nada, Charlotte sujetó la túnica magenta de Sortilegios Weasley que, como había intuido, escondía la varita del joven, y le amenazó con la mirada que no hiciera nada.

-Ambos queremos lo mismo, Potter -Comentó simplemente Celius.

-Dejaste a Cornelia sola en mitad del océano con un edificio de hielo cayendo sobre ella -Le acusó. Charlotte Breedlove parpadeó ante la ira y la rabia de sus palabras. Quizás había subestimado al joven. Quizás aquello no era una buena idea.

-No tenía ni fuerzas para desaparecerme yo…

-¡Es tu nieta!

Por suerte, Charlotte había realizado un hechizo no verbal para camuflar su conversación. Había supuesto que aquello era de interés para el resto de la clientela. Por eso también había hecho la ilusión de que eran unos jóvenes hablando con James Sirius Potter. Mucho menos sospechoso que dos ancianos hablando con el hijo del Elegido en el Calderón Chorreante.

-Por eso estamos aquí, ¿no? -Insistió Celius. La dialéctica nunca fue el mayor atributo de Celius. James se rio con sarcasmo. Charlotte Breedlove seguía sujetando su varita con la mano bajo la túnica magenta que indicaba que aquel joven se había encargado de llevar la tienda de su tío Weasley durante todo el verano para distraerse de sus penas. -Habría sido imposible salvarla con las pocas fuerzas que me quedaban… No sabía qué hacer.

-Y huiste… ¡Si no llega a ser porque yo estaba allí y me negué a separarme de ella…! ¡Habría muerto! -Exclamó, visiblemente irritado. Charlotte Breedlove podría trabajar con aquello. -Debería haberte dejado en ese espejo para que te pudrieras…

-Muy bien, Potter, ya has dejado claro tu punto de vista -Intervino Charlotte finalmente. -Muchas gracias por cuidar de mi sobrina nieta.

Por la perplejidad en el rostro de James Sirius Potter, aquello eran nuevas para él. El color de su piel era la nota disidente entre la genética de Cornelia y su tía abuela. Pero aquella sorpresa duró segundos. El joven tenía más cosas de las que preocuparse. Por lo que su ceño se frunció de nuevo. Sabía medir sus prioridades. No se sorprendía por qué Ivonne lo había elegido para liderar a los alumnos de Hogwarts. Era difícil evitar ver que tenía las cuatro virtudes que requerían del Rey Oso: la templanza, la justicia, la prudencia y el coraje. Incluso si él lo negaba. Y Charlotte estaba segura de que lo haría.

-No confío en usted -Le dijo deliberadamente el joven, aquella vez apuntando hacia la anciana mujer. Ella asintió. No se esperaba menos de James Sirius Potter. -Pero tengo fe ciega en Hugo -Añadió.

Era la razón por la que estaba allí. Hugo Weasley. Charlotte Breedlove no pudo evitar formular una sonrisa. Aquel joven Potter y ella acababan de comenzar una de tantas conversaciones que tendrían a Hugo Weasley como centro de huracán. Y él no tenía ni idea.

-Me es suficiente con eso -Terció Charlotte Breedlove.

Celius carraspeó. Charlotte le había pedido previamente quien fuera el que invitara al joven a su misión. Ella era simplemente la mediadora. Siempre lo había sido. Ella no movería ni un solo dedo. Solo se necesitaban a ellos dos.

-Te necesitamos, Potter -Anunció Celius. Breedlove examinó con curiosidad la reacción del joven. Alzó una ceja. Y simuló sorpresa. No era un necio. Sabía que si le habían llamado era para pedirle ayuda. Estaría acostumbrado a ello. A que le usaran. -Para encontrar a Ivonne -Añadió Celius.

El muchacho hizo una mueca y arrugó su nariz. Parecía reprochar aquel último nombre. La mujer que había «secuestrado a la chica que le gustaba», en palabras de Hugo Weasley. Si él lo veía de ese modo, sería un reflejo natural. Más había algo más tras sus ojos avellana. Temor. Y hacía bien en temerle. Era un joven sensato, por Odín. ¡Las profecías estaban poniendo buenas personas en los papeles correctos al fin!

-Cornelia y Lola -Dijo el joven. -Mi prioridad es traer de vuelta a ellas dos -Les clavó sus ojos como si fuera una amenaza.

Charlotte se encogió de hombros.

-Depende de ti, joven -Indicó la anciana.

-Son mis nietas… Yo también las quiero de vuelta…

-Pues no lo parecía cuando la dejaste morir en mitad del…

-¡Basta! -Charlotte dio un puñetazo en la mesa.  Celius se echó hacia atrás. James Sirius Potter no cambió su rostro amenazante. Se volvió hacia el joven. Este echó aire por la nariz. Rabia contenida. Bien, muchacho. -Necesitamos que utilices tu conexión con ella.

Aquello le sorprendió. Lo único que lo hizo en toda la reunión. Estrujó su rostro.

-¿Mi conexión?

-Tu prima Victoire me ha contado que…

-¿Vic? -Interrumpió. -¿Qué sabe ella de Luperca? Oh, dios, cuando la vea…

-Potter -Le detuvo Charlotte. -¿Quieres encontrar a Cornelia?

Ladeó la cabeza y asintió. Respiró profundamente. Crujió sus nudillos. Miró al techo. Charlotte supuso que intentaría explicarles lo que suponía su conexión con su sobrina nieta. Pero ella ya la conocía. Ya se había informado. Ya había hecho su tarea.

-¿Qué necesitáis? -Preguntó dócilmente.

Celius sonrió satisfecho. El joven apretó la mandíbula.

-Tu sangre -Dijo Charlotte.

Entonces, antes de que se le ocurriera oponerse -lo cual dudaba -, sacó rápidamente la daga para el ritual de rastreo y la probeta para meter la sangre del muchacho de su bolso. Escuchó el suspiro del joven mientras ponía las cosas sobre la mesa.

-¿Cuándo vamos a ir? -Preguntó Potter.

-No -Negó Celius. -Tú no puedes ir.

-¿Y tú quién eres para impedírmelo? -Le espetó.

Charlotte hizo una incisión en la palma de la mano que le tendió el joven. Aquel gesto sorprendió a Charlotte. ¿Habría hecho aquel muchacho algún ritual antes? ¿O habría sido pura intuición la que le guio a ofrecerle la mano para que le hiciera allí la raja? Quizás simplemente era un tanto astuto.

-Es Celius quien debe hacerlo, Potter -Explicó Charlotte. -Es el destino… Además -Añadió. -No puedo dejar que te pase nada a ti.

James bufó.

-Lo dice mientras me clava una daga en la mano…

-No sé qué planes tiene Ivonne para ti ni para Cornelia…

-Si hubiera querido matarme, ha tenido bastantes oportunidades para hacerlo -Dijo, mientras apretó los dientes al sentir la daga sobre su palma. -Aunque secuestrar a sus nietas…

-Las decisiones de Ivonne no son tan incoherentes como piensas, joven Potter -Le comentó Charlotte Breedlove.

-Lo sé -Coincidió James Sirius Potter. Charlotte compartió una mirada de desconcierto con Celius. El joven se encogió de hombros. -¿Pensabais que ibais a llegar aquí siendo los únicos que sabíais secretos sobre los Donovan? -Se rio. Apartó la mano. Se apartó de la mesa y se puso de pie. -Solo una cosa… -Charlotte frunció el ceño. Y esperó a lo que tuviera que decir. Algo que no planeaba hacer. -Cuando las encontréis, traedlas a Hogwarts. Me aseguré el año pasado de que fuera un lugar seguro y… Juro por Godric que lo es.



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