Historia al azar: Mariposa
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La Tercera Generación de Hogwarts » El poder de la ambición
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
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El poder de la ambición

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)

Capítulo 14: El poder de la ambición

-James, no seas un crío. Él está con nosotros -anunció Alice Longbotton.

El tren se sacudió, haciendo balancear a los alumnos que volvían a Hogwarts después de vacaciones. A todos les había llegado una carta advirtiendo de que había una ronda de inspección en Navidad para garantizar su seguridad durante el resto del curso. Solo unos pocos, que costaba llamarlos privilegiados, sabían cuál era la razón por la que una patrulla de aurores se habían paseado por los pasillos durante las vacaciones de invierno.

El primogénito de los Potter dirigía una mirada hosca hacia Scorpius Malfoy, quien se encontraba, como era de esperar, dentro del compartimento que había escogido Albus Severus Potter para reunirles a todos. Aquello incluía a Peter Greenwood, quien había elegido el sitio al lado de la ventana para alejarse de las tensiones que auguraban un conflicto abierto. Alice Longbotton también estaba allí, defendiendo a Scorpius Malfoy, quien desafiaba al buscador de Gryffindor con la mirada. Y, claro estaba, Albus Potter al lado de su mejor amigo, poniendo los ojos en blanco ante la reacción infantil de su hermano.

Rose Weasley, que franqueaba la puerta junto con James, no tardó en secundar el rechazo hacia Malfoy con un resoplido. Tan solo Susan Jordan obvió aquella situación y entró para sentarse junto a Longbotton.

A regañadientes, Rose y James entraron y se apretujaron frente a Malfoy. Éste no hacía nada por evitar las miradas de odio y rivalidad ancestral que les dirigían los familiares más cercanos a su mejor amigo.

-¡Podría cortar la tensión con un cuchillo! - exclamó Peter Greenwood, tentando su suerte.

-Cuesta estar cerca de la persona que quiere usurparte tu puesto en el equipo de Quiddicht... -comentó James.

-Fue decisión de Roxanne, James. Scorpius no ha hecho nada por...

-¿Evitarlo? -inquirió con sarcasmo hacia su hermano.

-¿Quieres que rechace la oportunidad de ser el buscador? ¿Incluso cuando lo único que tienes que hacer para evitar que ocupe tu puesto es mostrar compromiso? -le dijo sin miramientos Scorpius. -Si con eso consigo que estemos en paz, considéralo hecho. Hay más en juego que coger una Snitch.

James Sirius Potter rugió para sus adentros. No le gustaba que Malfoy le tratara como si fuera un inmaduro... Incluso cuando sabía perfectamente que lo estaba siendo. Y le daba igual. Pero después de lo que le había pasado a su amigo Fred, y tras saber por lo que había sido, sus nervios y su temperamento estaban siendo difíciles de controlar. Por tanto, James Sirius Potter se había convertido en una bomba de relojería a punto de explotar.

-Trato hecho, Malfoy -le tendió la mano para pactar como solía hacerlo con Fred.

La mano de Scorpius Malfoy forjó el primer trato que aquellos dos muchachos harían para superar sus diferencias... Y las de sus familias.

-¿Podemos pasar a lo importante? -rogó Susan Jordan, mientras ponía los ojos en blanco. -Os recuerdo que Fred está ahora en una camilla y no estamos haciendo nada para remediarlo.

James se giró para encararla con fiereza.

-¡¿Crees que no lo sé?! -gritó ante la expectación de todos los presentes. Parecía como si hubiera perdido el control sobre sí. - No hay nada que me gustaría más en este momento que ayudar a mi mejor amigo.

-Tenemos que hacer dos cosas -intervino Rose Weasley, poniendo su mano sobre el hombre de James, posiblemente para tranquilizarlo. Éste, en respuesta, se echó hacia atrás y exhaló aire. -La primera es saber dónde está el basilisco.

-¿En la Cámara de los Secretos? -sugirió Susan Jordan.

Rose Weasley negó, muy segura de sí misma. Aquello sorprendió a los demás. ¿Cómo era posible que la muchacha supiera que el basilisco no estaba en el lugar que había sido construido expresamente para albergar a uno de su especie?

-Quitando el hecho de que es demasiado evidente, los aurores seguro que miraron allí en Navidad -explicó Scorpius Malfoy. -Hay más sitios en Hogwarts que no habrán mirado.

-¿Alguna sugerencia? Pareces entender de eso. Tu padre escondió un armario por el que vinieron mortífagos para asesinar a Albus Dumbledure. -Albus Potter le lanzó una mirada de reproche. -¿Qué? Lo digo en serio...

-¿La Sala de los Menesteres? -dijo Scorpius, obviando el hecho de que le acababa de lanzar un comentario hiriente.

-Pero si estuviera ahí, ¿no lo sabría la Directora? -inquirió Peter Greenwood.

-La directora es la primera que nos quiere ocultar que hay un basilisco en el colegio, Perry... Creo que tenemos que comprobarlo nosotros mismos -determinó Alice.

-Y eso nos lleva al segundo punto: cómo matar a un basilisco.

-La espada de Godric Gryffindor -anunció James Potter, ante la sorpresa de los demás, pues parecía como si se hubiera aislado de la sala. -Mi padre lo hizo con esa espada...

-¿Y dónde está ahora? -preguntó retóricamente Rose.

-¿Por qué no se lo preguntáis a vuestro padre? -preguntó inocentemente Peter.

Todos rieron secamente. Habían aprendido, y no solo porque le ocultaran que había un basilisco, que había cosas que sus padres jamás les revelarían. Conforme le contaban historias de su juventud, muchas preguntas habían quedado sin resolverse. La espada de Godric Gryffindor era una de aquellas.

-Quizás mi padre sí que tenga algo para eso... -propuso Scorpius, quien no había participado en la risa colectiva.

-¿Tu padre? -preguntó incrédulo Peter. -¿No era como Darth Vader o algo así? ¿Por qué no han pensado antes en él? Seguro que tiene algo así como la Estrella de la Muerte para vencer a los basiliscos...

-No exactamente... -le respondió Scorpius rascándose la nuca, visiblemente avergonzado por haberse referido a su padre.

-Lo siento, pero no me fio de tu padre. Bastante con que te tengamos aquí -sentenció Rose Weasley.

Ninguno fue capaz de interrumpir la mirada de odio que compartieron Rose y Scorpius.

-Eres libre de irte, Weasley -le invitó con cierto sarcasmo Scorpius.

La joven, claramente ofendida por tal comentario, abrió la boca sorprendida de que osara decir algo así. A ella, quien se había estado controlando todas aquellas semanas para que no le restaran puntos a su Casa. A ella, quien en ningún momento le había dicho a Scorpius que se fuera, sino que era siempre ella la que se iba para no tener que aguantarlo. Aquello superaba cualquier comentario hiriente que ella podía haber soltado.

No pudo más.

Se lanzó hacia Scorpius con las uñas.

-¡¿QUÉ HACES?! -se lamentó Scorpius intentando zafarse de ella.

Para su sorpresa, fue James Potter quien la cogió de la cintura y la retiró. Malfoy y él se miraron con confusión. Habían pactado llevarse bien.

-¡Suéltame, James, tengo que matar a este maldito Malfoy!

-Solo vas a conseguir salir tú mal parada...

Pero los movimientos bruscos de Rose eran muy decididos. Además, la comida de la abuela Molly en Navidad no hacía de la joven un peso pluma. Mientras tanto, Scorpius Malfoy se tocó un rasguño que tenía en la mejilla y del que brotó un fino hilo de sangre.

-¡Serás psicópata! -la acusó mientras ella rugía cual fiera.

-¡Te mataré! -le prometió.

James puso los ojos en blanco y se llevó a Rose del compartimento. Cuando los dos hubieron salido, Susan Jordan se incorporó y los miró a todos, que se habían quedado atónitos ante lo que acababa de pasar. Ninguno tenía palabras para describirlo.

-Bueno, creo que yo también me voy a ir... -dijo, pues, a decir verdad, no conocía realmente a ninguno de los presentes. -Me disculpo en nombre de esos dos rebeldes adolescentes por los daños...- Miró la cara compungida de Scorpius Malfoy tratando de no reírse. -... Que hayan podido causar.

-Tú te lo has buscado -le dijo Alice.

Susan Jordan cerró por fuera el compartimento. Albus Potter tragó saliva. Tampoco él sabía cómo disculparse por lo que su prima acababa de hacer. Peter Greenwood se sentía como público en un programa de televisión muggle de prensa rosa.

-Cuando mi padre me advirtió de que la mezcla de Granger y Weasley podría ser peligrosa, no creía que se estuviera refiriendo precisamente a esto...

-Bobadas, Malfoy. Es un rasguño.

-¿Pero no la has visto? ¡Parecía una loca salida de un psiquiátrico! ¡Me ha atacado!

Albus le lanzó una mirada de comprensión a Alice. Ambos sonrieron.

-Verás, Scorpius... A lo largo de nuestras vidas todos hemos sufrido un "ataque" de Rose Weasley.  A todos nos ha jurado que nos va a matar... Y mira, seguimos vivos.

-A su hermano pequeño una vez le rompió el tabique de la nariz.

La expresión de horror de Scorpius Malfoy fue un poema. Albus no pudo seguir aguantando la risa y soltó una carcajada.

-¿¡Qué clase de bestia han creado los Weasley?!

Había sido presionado por Harry Potter para dejar que los alumnos volvieran a Hogwarts. Ni a él ni a Hermione les pareció una idea coherente, dados los sucesos que acaecían paralelamente en otros puntos del mundo mágico y muggle. Podía reconocer que Potter tenía razón en que cerrar el curso escolar sería una catástrofe y que las quejas y el pánico proliferarían sin límites. Sobre todo cuando no sabían a qué se estaban enfrentando exactamente. No obstante, dejar que tantos niños indefensos convivieran posiblemente con un basilisco estaba fuera de los límites de la lógica. Aquellos años en los que el futuro del mundo se dejaba en manos de unos adolescentes habían acabado. Harry Potter no podía esperar que sus hijos y los hijos de los demás dieran sus vidas por una amenaza desconocida.

Richard McKing suspiró.

¿Por qué no se oponía? ¿Por qué no se imponía a los deseos de Potter? Porque él no era el Niño Que Vivió. Porque Richard McKing no derrotó a Voldemort. Y porque, si alguna vez sus opiniones se enfrentaban, el público y la mayor parte del Ministerio apoyaría a aquel adolescente encerrado en el cuerpo de un adulto.

Pese a ello, sabía que algún día tendría que imponerse. Él era el Ministro. Él tenía la carrera política y moral necesaria para entender cómo funcionaba la dirección de un gobierno. Él había visto la II Guerra Mágica desde fuera y sabía en qué habían flaqueado, y no temía en decirlo en voz alta: la fe ciega en algo incierto.

-Buenos días, Señor Ministro -le saludó su invitado.

Se sorprendió de que aquel muchacho de cabellos dorados y rizados no tuviera acento francés, como había esperado, siendo éste un auror del Ministerio de Magia galo. Quizás también le sorprendió su jovialidad y su frescura. Dada la historia de aquel joven, o al menos lo que de ella había llegado a sus oídos, no se imaginaba a un muchacho con una sonrisa de cabo a rabo.

-Buenos días, Lebouf -le saludó, ofreciéndole con una seña un sitio frente a él. El joven decidió seguir de pie. -Supongo que sabes por qué te he llamado.

Éste asintió, cruzándose de brazos y echando un vistazo a través de la ventana del Ministro. El despacho tenía vistas a la City empresarial de Londres. Pareció gustarle y se quedó satisfecho. Pese a su apariencia de auror experimentado, aquel joven tenía exactamente 17 años y había vivido más que el propio Ministro.

No obstante, había sido adelantado numerosos cursos e, incluso, había superado con creces las pruebas de auror aquel año en Francia. Todos parecían estar entre sorprendidos y orgullosos de él. Quizás debía de agradecer la flexibilidad de la educación de Beauxbattons, pues en Hogwarts habría cumplido rigurosamente los años que debía estar allí.

-Me ha llamado por la misma razón por la que me reclutó el Ministerio Francés y por la misma razón que Harry Potter también me ha pedido una cita: creen que sé algo sobre el Clan del Ojo -le dijo sin tapujos. -Ya se lo dije a Edward Whitehall en su momento: todo lo que quieren saber de mí, ya lo saben.

-Eres un joven extraordinario. Tu magia... Es asombroso cómo has logrado tener tanto poder en tan poco tiempo -le alagó el Ministro. -Supongo que sabrás que tanto talento es peligroso... Sobre todo en los tiempos que están por llegar.

-Descuide, sé cuidarme solito...

-No me refiero a eso... Si no a que te usarán como un arma, Bastien -le advirtió, llamándole por su nombre de pila.

El joven sonrió.

-Pongamos las cartas sobre la mesa: quieres saber quién ha introducido al Basilisco en Hogwarts -anunció sin borrar la sonrisa de su rostro.

-Es cierto.

-No es un movimiento típico del Clan del Ojo, atacar tan abiertamente...

-Entonces, ¿puede que no sea el Clan del Ojo? Los rumores son cada vez más convincentes y están asustando a mis funcionarios... Muchos aurores creen saber de qué hablan... Pero ninguno nos hemos enfrentado antes al Clan.

-Y afortunados sois por ello. Las únicas personas que dicen haberse enfrentado a ellos están muertos: aquel presidente de Estados Unidos y mi madre.

-Siendo sincero y teniendo en cuenta que las vidas de estos niños están en peligro... ¿Qué sugieres que hagamos?

Bastien Lebouf alzó las cejas sorprendido. Y asintió con satisfacción.

-Es la primera vez que alguien viene a mí a pedirme consejo, y no a que investigue no sé qué o  a interrogarme abiertamente... Me ha sorprendido, señor Ministro. Siento haberle subestimado -Richard McKing le lanzó una mirada de advertencia. Podía tolerar sus comentarios hasta cierto punto. - Si es cierto que han metido un basilisco, no lo encontrarás. Así que toda medida de seguridad es en vano. Y, por otro lado, si evacuas el castillo, sabrán que os sentís amenazados y es exactamente lo que están buscando.

-¿Para qué?

-No lo sé. Nunca he sabido cuáles son los objetivos del Ojo y... Eso siempre me ha preocupado. A lo largo de la historia hacen cosas horribles pero que no tienen conexión... Como palos ciegos... Pero realmente... Realmente todo tiene que estar conectado de alguna manera que se nos escapa. Y por eso no podemos jugar a su nivel.

-Entonces, ¿nos sugieres que no hagamos nada?

-Vivir en la ignorancia es lo que mejor nos ha funcionado con ellos hasta ahora.

-¿Crees que tiene algo que ver con los "neo-mortífagos"? -preguntó, recordando las teorías de Harry Potter.

El joven se rio abiertamente y con tranquilidad de aquella propuesta. Él también lo habría hecho de no haberlo sugerido.

-Sinceramente, no creo ni que existan... Y si existen, estoy seguro de que Harry Potter estará encantado de erradicarlos.

-¿Eso es lo que le piensa decir a él?

Bastien Lebouf le miró enigmáticamente.

-¿Crees que me creería? ¡Claro que no! Él vive encerrado en la Guerra... Todavía cree que es el Elegido para luchar en contra de algo... Pero su tiempo ya pasó... Las nuevas generaciones tienen que tomar el relevo.

-Claro, estoy totalmente de acuerdo. Pero debes entender que, en ocasiones, no se me recomienda contradecir al héroe de Inglaterra.

Ninguno le había hecho caso cuando propuso ir al Bosque Prohibido a buscar al basilisco. O a encontrarse allí con Gwendoline Cross y enfrentarse a ella, interrogarla y sonsacarle donde tenía guardada a la criatura mágica que tantos dolores de cabeza estaba dando.

Por aquella razón, se estaba encaminando a plena luz del día, pues por la noche todos se lo habrían impedido, hacia el Bosque Prohibido. Solo. Con la varita y el Mapa Merodeador, que poco le serviría una vez cruzada la linde. Había memorizado algún par de hechizos de combate que confiaba en que le salieran con naturalidad en caso de que tuviera que enfrentarse a alguien.

Su hermano había cruzado la linde con Rose una vez. Su padre lo había hecho en decenas de ocasiones. Cuando él la hubo cruzado, no se sintió extraño ni nada por el estilo. Sabía con certeza que estaba en peligro, pero confiaba tanto en sí mismo que ni siquiera se dio cuenta de que alguien le seguía desde el castillo.

James caminaba por el sendero que, según le había explicado Rose, les llevaba hasta una parte del Lago desde la que se veía el Castillo. ¿Cómo sabía eso su prima? Libros. No se imaginaba a Rose yendo allí sola sin permiso y sin protección. Aunque debía reconocer que su prima era de armas tomar.

Siguió decidido, recordando que quizás era un movimiento inteligente introducir al basilisco dentro del Lago... ¿No era una criatura propensa a las humedades? ¿Qué mejor humedad que un Lago? Se estremeció solo de pensar en la de criaturas de las que podría alimentarse allí. Por supuesto que estaba en el Lago, pero, ¿cómo lo vencían sin sumergirse? Porque... sumergirse era la muerte asegurada.

De pronto, junto a un árbol, como un espejismo, apareció un hombre que sobrepasaba los dos metros, cubierto con una capa y sin capucha, mostrando la mitad de su rostro desfigurado con orgullo. Tenía los labios carnosos cruzados por una cicatriz, los ojos como dos profundos pozos negros. Su pelo, escaso y de color castaño, era una maraña que le caía a mechones por la frente poblada de cicatrices que sustituían a sus cejas.

 James se paró en seco. Sacó su varita de la túnica y apuntó hacia él mientras se acercaba.

-¡No tienes nada que hacer! ¡No podrás conmigo! -le amenazó James. -¿Quién eres?

Aquel hombre se rio de él. James tembló de rabia. Aquel hombre había petrificado a su mejor amigo. Si recordaba eso, le daba fuerzas. Porque si recordaba que estaba solo en el interior del Bosque Prohibido frente al encapuchado que había introducido un basilisco en el castillo... Quizás no era sano pensar en eso justo en aquel instante. Se armó de valor y sostuvo la varita en alto.

Montdark, en lugar de una varita, sacó un reloj que colgaba de una cadena y comenzó a balancearlo frente a él. James le miró con confusión.

-Alguien que te ofrece un trato.

-¡Jamás pactaré con mi enemigo!

El joven siguió la estela que hacía el reloj, cuyo tic-tac le estaba poniendo nervioso.

-¿De veras? ¿Acaso no estás cansado de ser la sombra de tu padre y la antítesis de tu hermano? Sabes que todo el mundo prefiere a Albus porque es diferente, es igual que tu padre, ha aceptado a Malfoy... Es todo lo que se espera de un héroe.

Las pupilas de James se dilataron y su rostro se relajó.

-Pero yo ya soy un héroe.

-No, James... Tú no eres un héroe. Yo puedo hacer un héroe de ti. Piénsalo... Solo tengo que decirte dónde tengo al basilisco para que tú se lo entregues como trofeo a tu padre...

-No estaría mal...- suspiró James, con la voz adormilada.

-Ven conmigo, muchacho -Montdark le hizo una seña para que se acercara y el joven Gryffindor obedeció.

Fue entonces cuando alguien se abalanzó a por James y lo tiró de un placaje al suelo. La joven pelirroja se incorporó rápidamente y apuntó hacia Montdark:

-¡Expelliermus!- el reloj saltó de las manos de Montdark hacia el suelo y este soltó una maldición, acercándose hacia ellos mientras sus pasos resonaban como un elefante a galope.

-¡No! ¡Iba a decirme donde está el basilisco! -la joven le dio una bofetada y lo incorporó de un salto.

-¡Corre por tu vida, James!

El joven Potter sacudió su cabeza aturdido y vio a Montdark precipitándose hacia ellos. Su prima Roxanne Weasley acababa de salvarle y le estaba diciendo que tenía que correr, se dijo para sí. Sus pies se movieron antes que la orden saliera de su cerebro.

Cruccio! -conjuró el joven Potter apuntando hacia la figura que les perseguía con saña. Por desgracia, falló.

-¿Se puede saber qué haces lanzando Maldiciones Imperdonables, idiota? - le regañó Roxanne. Acto seguido alzó su varita hacia Montdark mientras huían hacia el castillo. -¡Bombarda Máxima!

Un tronco de un árbol se precipitó hacia el suelo cortando el paso a Montdark. Ellos siguieron corriendo a toda prisa. Montdark sacó un hacha, por arte de magia literalmente, y partió el tronco en dos para poder salir.

-¡Tiene una jodida hacha, Roxanne!

Ella asintió sin enloquecer como lo estaba haciendo James, que de vez en cuando tropezaba y se apoyaba en el suelo. ¿Cómo es que se había adentrado tanto en el Bosque Prohibido?

Bombarda máxima! -Aquella vez, Roxanne apuntó hacia el cielo, haciendo una especie de fuegos artificiales.

-Oh, dios mío... ¿Cómo puedes tener tan poca puntería? ¡Creía que eras la mejor bateadora de Hogwarts!

-¡Cállate, James!

Seguían corriendo, y Montdark seguía persiguiéndoles por todo el sendero. James pudo apreciar las luces de la cabaña de Hagrid encendidas a lo lejos. Miró hacia la mirada asesina de Montdark que se le había clavado en la nuca. Sentía la adrenalina correr por sus venas como nunca antes lo había sentido.

Accio Escoba de Hagrid! -formuló James hacia la cabaña. Roxanne asintió mientras se mordía el labio. Ambos corrían por su vida. Oyeron un cristal romperse y un gritó del semi-gigante. La escoba fue disparada hacia ellos.

La escoba estaba justo encima de sus cabezas.

James miró hacia Montdark y le desafió con la mirada. Este soltó una maldición y desapareció.

-¡Vamos, súbete, James!

-¡Se ha ido!

-¿Y quién te ha dicho que no se va a aparecer más cerca?

Eso fue incentivo suficiente como que subiera corriendo a la escoba y ayudara a su prima. Alzaron el vuelo y observaron cómo Montdark había desaparecido completamente. Ambos se miraron y observaron cómo Hagrid, desde su cabaña, llamaba con un conjuro a Minerva McGonagall.

-Tenemos que salir de aquí antes de que vengan los profesores.

Roxanne Weasley asintió.

Aquello había pasado muy rápido y no se había percatado de que su prima, desde ese momento, sabía demasiado.

-Así que un basilisco, ¿eh? -James tragó saliva deseando no haber ido nunca al Bosque Prohibido. -Tranquilo, puedes confiar en mí. Es mi hermano quien está pretificado y yo también estaba intentando descubrir qué era y eliminarlo para que nadie más sufra...

-¿Y el encapuchado? ¡Un mago oscuro dentro del castillo!

La joven se rio.

-¡Vaya novedad!

-¿Quieres decir que hay más?

-Querido primo... Cada vez que te digan que Hogwarts es un lugar seguro, recuerda que este es el segundo basilisco que introducen en el castillo, ¿vale? 



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