Historia al azar: El Tablero a Vuelapluma
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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 13 de Enero de 2021, 10:53
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(IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)


Conforme habían ido bajando, el silencio se adueñó de los pasillos. La luz del exterior se desvanecía. Pronto, comenzaban a cruzar galerías en las que el hielo se hacía opaco y un azul brillante era el único foco de luz. La ausencia de ruidos, de maleficios o de gritos se fue acomodando con la incomodidad en el interior de James Sirius Potter.

No sabía si confiar o no en su oído.

Quería confiar en que no se dirigían imprudentemente hacia una trampa. Que el silencio no era señal de miembros del Ojo resguardados y a la espera de atacarles con Maldiciones Imperdonables. O que las visiones que les habían llevado allí no acabarían con un charco de sangre. ¿Confiaba en Brooks? ¿Confiaba en sus visiones? Siguiente pregunta.

El joven tenía, constantemente, la necesidad de abrir la boca para hablar. Sostenía su varita en alto. Siguiendo a Brooks. Pues era ella la que se había aprendido el recorrido de memoria. Habían permanecido en silencio desde que se separaron del resto. Algo que no llegaba como una sorpresa para James. Quería saber qué le pasaba a Brooks con él. Pues no le había hablado desde que tuvieron un cierto debate en la Casa de los Gritos porque James insistió en acompañarla. Desde entonces, Brooks lo había estado evitando. ¡Já! Como si así consiguiera hacerle cambiar de opinión.

Más, allí, en el silencio, no sabía que decir. Se había preparado un discurso mental. Había tenido hasta la tentativa de preguntarle a su hermano pequeño por consejo. Pero, oh, no, no le dejaría saber que pensaba que Albus era mucho mejor que él en ese ambiente. Él era James Sirius Potter. Y tenía una reputación que mantener. Nunca había sido rechazado. Ni ignorado. Ni por chicas ni por chicos, por supuesto, no se estaba referiendo a sus intactas capacidades de flirtear. Lo que ocurría con Brooks era otra de sus básicas nociones de llevar a cabo una misión y liderar un escuadrón suicida. Era algo que él estaba dejando que sucediera.

-¿No hemos pasado por aquí ya? -Dijo en voz alta. Era una broma. Pues lo cierto era que comenzaba a estar harto de que todas las galerías fueran iguales. Como si aquello fuera un laberinto infinito de paderes de hielo. Aunque quizás hacer una broma en mitad de una situación tan seria no era el mejor movimiento que podía haber elegido para romper el hielo. Que ojalá no se rompiera. El Hielo del Palacio. Pero sí el de ella. -¿Te ha comido la lengua un kneazle?

Oh, bien, James, perfecto. Le darían el premio al idiota del año. O de la década, pues no era como si hubiera empeorado con el tiempo en ser un completo imbécil. Por mucho que supiera que había madurado, sabía con certeza que había aspectos que la madurez no había conseguido conquistar. Y parecía que comportarse como una persona normal cerca de Brooks era un territorio desconocido para su madurez. Aún más con la variable de que Brooks le evitara a toda costa.

Al principio, creyó que no le iba a responder. Joder, ni siquiera miró atrás para ver si había hablado él u otra persona. Lo cual era estúpido, pues, ¿a quién se le ocurriría decir algo así en una situación tan dramática? A James Potter. Por supuesto. Habían pasado demasiado tiempo en silencio y los viejos hábitos comenzaban a renacer.

Brooks bufó.

-Intento recordar el recorrido, Potter. No estás ayudando -Dijo. Con cierta saña. Como la Brooks de hacía años sonaba.

Oh, parecía haberla olvidado. La realidad era la siguiente: Brooks tan solo se había comportado con él como una colaborado simpática para que él le ayudara. De hecho, ni siquiera él le prestó ayuda la primera vez que ella se ofreció. Tuvo que ser Sue la que insistiera. ¡Menos mal! No habían durado ni un segundo ante el basilisco sin la idea de Brooks de que se podría petrificar. Y, bueno, después quizás pensó que sus visiones sobre Hagrid ayudarían a Potter. Era Gryffindor. Era buena persona. Tampoco quiso que él muriera por culpa de un hombre lobo. Por supuesto, era todo por el bien mayor. Era Gryffindor, era lo que se suponía que debía hacer. ¿Le invitó a la cena de Navidad de su abuela? Bueno, James, mejor que no se hiciera ilusiones… Pues él iría en representación del equipo suicida que había contratado Ivonne Donovan. Claro. Ni le había contado que su novio era Tom McGregor en ningún momento. ¡Pues eran solo colegas de aventuras fugaces! ¡Ni siquiera eran amigos! ¿Qué amigos no sabían si su otro amigo salía con alguien? ¡Exacto! Incluso si era de mentira como con Longbotton. Y se lo tuvo que decir como si él fuera algún tipo celoso como McGregor. ¡Já! ¿James Potter celoso? Podría parecerlo. Pero no. Simplemente no le caía bien Longbotton.

Además, como si Brooks fuera a fijarse alguna vez en él por tener celos. O simplemente en James Potter, en lugar de acudir a él en calidad del hijo de Harry Potter que podía ayudarle con sus visiones y sus movidas como la nieta de Ivonne Donovan. Oh, tampoco olvidaba aquello. Desde que la conoció en el compartimento, dejó muy claro que era un estúpido y arrogante hijo del Niño Que Vivió. Oh, sí. La primera persona que conocío más allá de su familia en el Hogwarts Express fue ella. Definitivamente no causó la mejor primera impresión en Brooks cuando se rio de ella por no conocer a su padre y dárselas de entendida sobre la Historia de Hogwarts por leer un folleto en el tren. Fred y él se estuvieron riendo de ella durante todo el camino tras ver que no tenía ni idea de que ellos eran famosos en el mundo mágico. Cuando llegaron al Gran Salón, por primera vez, todos aplaudieron la llegada del primer hijo de Harry Potter. Como aquello apoyó lo que habían comentado en el tren, hicieron que el resto de alumnos a los que aún no habían adjudicado casa se rieran de los que no sabían quiénes eran ellos. Brooks incluida, por supuesto, James no tenía ningún tipo de filtro para distinguir cuando podría estar causando daño. Además, creía que sería una Ravenclaw. Pero, oh, se sentó en su mesa. Y en todas sus clases. La primera víctima de las bromas de James y Fred también fue ella. ¡Era tan fácil! No sabía cómo funcionaban los Sortilegios Weasley. ¿Cómo no hacerla objeto de broma? Se ganaron la primera detención de McGonagall y allí planearon otra broma mayor con Susan Jordan, la cual también estaba en detención por vender pastillas vomitivas a sus compañeras de cuarto diciéndoles que eran retenedores de memoria para los exámenes. Oh, era la incorporación perfecta. Para finales de primer año, Brooks se cansó de los Gryffindor. Era lógico, coherente. Razonable. Y comenzó a juntarse con los hermanos McGregor de Ravenclaw. ¿No debió haber notado algo ahí James? Era James. Y su mejor amigo era Fred. Ninguno tenía la menor idea de lo que pasaba más allá de su ombligo.  Y los siguientes años, Brooks quiso pasar desapercibida para el radar de los muchachos. Aunque no consiguió tener éxito. James hacía como si ni siquiera recordaba su nombre o su apellido. O, si lo hacía, solo era para seguir tomándole el pelo. Recordó la última broma de la que fue objeto Brooks. No fue hace mucho tiempo. Fue la noche en la que el Sombrero Seleccionador adjudicó Slytherin a su hermano.

«James Sirius Potter no podía permitir aquello. ¿Unos Ravenclaw mofándose de él? ¿Qué era lo siguiente? ¿Qué unos Hufflepuff le gastaran una broma?

James soltó su baúl y corrió a subirse en el carruaje antes que ellos. Tras conseguirlo, les indicó a sus dos amigos que corrieran y que ocuparan los puestos. Los tres muchachos que habían sido perjudicados miraron la situación incrédulos.

-¡Cómo se puede tener tan poca vergüenza!- soltó de pronto la muchacha de Gryffindor, la misma que estaba con ellos en el compartimento durante el trayecto. -¡Nosotros hemos llegado antes! ¡No puedes ir por ahí con esa caradura haciendo lo que te dé la gana molestando a los demás!

Hubo un pequeño silencio. Susan Jordan, Fred Weasley y James Potter se rieron de la muchacha en su cara, mientras esta se ponía roja de furia.

-Tú puedes venir, belleza.- le dijo James con sorna.

-En realidad...- comenzó a decir Fred.- No cabe, hay un asiento que es para mi baúl... Y con lo que me ha costado traerlo aquí, sería una pena dejarlo.

La muchacha rugió en su fuero interno.

-¡Aun así no me montaría con vosotros! ¡Panda de idiotas! ¡Deberías tener educación!

James Potter le dirigió una mirada llena de sarcasmo.

-Pues tendrás que ir montada en tu educación.»

No quería que pareciera que Brooks era objeto de interés de James Sirius Potter. Por supuesto que no. James Potter encontraba particularmente divertido tomarle el pelo de vez en cuando. ¿Por qué? Eso le preguntaba Sue y Fred. Decían que ya no hacía gracia. Bueno él nunca supo responder con exactitud a esa pregunta. Así que… ¿Siguiente pregunta? Y el resto era historia, claro. Hasta que Susan le preguntó justo aquella mañana por sus sentimientos por Brooks. ¿Sentimientos? ¿Desde cuándo James Sirius Potter tenía sentimientos? Por supuesto su respuesta fue huir de la pregunta.

Se percató de que Brooks había empezado a acelerar el ritmo. No se había dado cuenta puesto que estaba muy ocupado ensimismado en sus pensamientos. Recuerdos. Y memorias que le hacían tener en mente que… Bueno, quizás se merecía ese tratamiento por parte de Brooks, ¿no? Brooks caminaba cada vez más rápido. Y, consecuentemente, le dejaba a él atrás. Oh, perfecto. No sólo le ignoraba, sino que ahora encima huía de él.

-Espera, Brooks -Pero recibió una negativa con la cabeza. Como si no se fuera a detener. Y aquello hizo que James se irritara. ¿Esa muchacha estaba loca? ¡Oh, cómo hubiera preferido que fuese Lola! La alcanzó con la mano y la detuvo. -¿Se puede saber qué te pasa conmigo últimamente? -Espetó. Estalló la pompa de aguantar el distanciamiento injustificado por la muchacha.

-Potter, no es momento -Dijo ella rápidamente.

Ni se atrevía a mirarle a los ojos. Bueno, quizás en el pasado no fue la mejor persona con ella… ¡Pero había mejorado! ¿Qué había pasado con las cartas en las que le pedía perdón por decirle que le había estado ocultando que era la nieta de Ivonne Donovan y todas las personas que habían muerto por su familia? Bueno, quizás la mejora era relativa.

-¿Entonces cuándo? -Inquirió.

Realmente estaba cansado de perseguirla. Literal y figurativamente.

-Nunca -Chocó con la mirada impasible de Brooks.

-Bien…-Resopló James. Oh, menos mal que no había nadie que pudiera grabar aquello o recordárselo. -Recuérdame que deje de seguirte a ti y a tus visiones la próxima vez…-Dijo. Soltó su mano con brusquedad.

-¿Perdona? ¡Eres tú el que has decidido venir!

James observó cómo la nariz de Brooks se arrugaba conforme sus ojos emitían una furia que estaba comenzando a ser parte de su rutina. Se engañaría así mismo si no lo encontrara un poco adorable. ¿Cómo? ¿Adorable? ¡Tenía el poder de convertirle en una maldita cucaracha si quería!

-Como comprenderás… ¡No puedo dejar sola a la nieta de Ivonne Donovan! -Escupió. Hizo un gesto con la mano al decir el nombre de su abuela. Como mofándose. Oh, sí, era imbécil.

-¿Entonces es por mi abuela? ¡Después de todo ese…! ¡"No, yo no le hago caso a Ivonne Donovan"!

James la miró. Un tanto dolido, debió reconocerlo.

-Deja de hacer eso, Brooks -Se puso serio. Pues estaba ya harto. Tensó su mandíbula. Y la miró con decisión a sus ojos.

Se hizo acopio de aire para mantener la seriedad.

Estaban quietos en mitad del pasillo. El silencio les inundó. Y la soledad que les rodeaba.

La joven tardó un momento en reaccionar. Probablemente le preocupaba más que hubiera alguien al final del pasillo que lo que James quisiera decir. No la iba a culpar. Estaban en una misión del Departamento de Seguridad Mágica. ¿El mejor momento para discutir con Brooks? Evidentemente.

-¿El qué?

-Evitar que la gente se preocupe por ti -Logró decir.

-¿No lo entiendes?

Estaba frustrada por el desconocimiento de James. Era visible.

-¡No! ¡No te das cuenta! -Exclamó.- ¡Te sigo incluso si no te entiendo! ¡Porque me preocupas!

-¡Es que te pido que no lo hagas! -Le contestó. Con la misma exasperación. - ¡No deberías hacerlo si quieres seguir vivo!

Hablar de sus visiones para escapar de una explicación debía denominarse «hacer un Brooks».

-¿Otra vez vas a venir con tus visiones de que ves mi muerte?

-Si solo fuera eso… -Resopló ella.

Hizo amago de seguir el camino.

De nuevo, James se lo impedió. Se puso en frente de ella. Para que no avanzara hasta que tuviera una respuesta.

-¿Cómo? ¡Llevas semanas evitándome! ¡Al menos dime que he hecho mal!

-Pues eso que haces, Potter…-Comenzó a decir. Vio que ni siquiera le miraba a los ojos. ¿Ahora el suelo de hielo era más interesante que un licántropo? ¿Y qué era lo que él hacía? ¡Era James Potter! ¡Podría ser cualquier cosa! - Preocuparte por mí… Eso es lo que haces mal.

-¿Por qué? -Definitivamente el mundo esta mal. -¿Qué tiene de malo?

Seguía mirando el suelo. Pero percibió un cambio en su rostro. Como un rastro de preocupación.

-Que si lo sigues haciendo… Te acabaré matando…

-¡Deja de decir estupideces! -Le gritó, más enfurecido de lo que le gustaría haber sonado.

-Oh, Potter, no son estupideces…-Dijo ella.

-O sea… ¿Me matarías? -Tuvo que reírse ante aquella situación.

-¡Pues claro que no! ¡Pero en mis visiones…!

-¿¡Qué?!

-O eres tú el que me mata a mí… O soy yo la que te mata a ti…

Aquello hizo que sus pensamientos cesaran por un instante. Brooks estaba seria. Seguía sin alzar la vista para que pudiera observar sus profundos ojos celestes. Se mordía el labio y encogía sus dedos en la varita.

James suspiró.

-Son estupideces, Brooks -Le aseguró.

-¿También fueron una estupidez mis visiones cuando nos avisaron de que te ibas a convertir en licántropo? -Inquirió.

-Pero esas otras visiones… No te mataría, Brooks -Quizás de las pocas cosas de las que estaba muy seguro y que podía decir en voz alta.

-Es… Complicado -Fue su respuesta.

-¿Por eso me has estado evitando? ¿Por qué tienes miedo de que te mate, Brooks? ¿Tienes miedo de mí? -Preguntó. Incrédulo por cómo Brooks había actuado tras esas supuestas visiones que eran estupideces. Sin sentido. - Creía que con tu inteligencia… Ya sabes…-La señaló a ella y se señaló a sí mismo. - Que yo soy James Potter… ¿Cómo me llamabas en primero? Oh, sí… El Bufón… No se me va a olvidar…

Se rio. Pero no le hacía nada de gracia. Aunque hubiera hecho durante años honor a aquel mote. Y hubiera actuado conforme a lo que Brooks esperaba de él. Siempre lo había hecho, si se paraba a pensarlo. Un bufón. O un hijo de un héroe. Incluso un líder de los guardianes que desobedecía a Ivonne por ir tras ella.

-No me retracto -Dijo ella. Alzó la barbilla con orgullo.

-Por supuesto que no -Espetó James con cierto sarcasmo.

-Pero no te tengo miedo. Tengo miedo de mí…

Entonces sus ojos se encontraron.

-Todos tenemos miedo de nosotros mismos… ¿Sabes? -Le dijo James. Como si ver aquel celeste no le hubiera hecho un nudo en el estómago. Gran actor. Peor persona. -Es algo natural… No solo tú por que tu abuela sea Ivonne has tenido que lidiar con dilemas de esos…-Su boca hablaba antes que su mente. - Soy un licántropo, ¿te lo recuerdo? -Claro, porque nunca era mal momento para echarle en cara su última aventura. - No quise venir a Hogwarts este año porque tengo miedo de descontrolarme… Pero claro Ivonne quería que fuera yo el que liderara a todos…-Tampoco pudo evitar recordar aquello.

En serio. Que alguien parara sus palabras.

-Espera… ¿No te ofreciste tú?

-¿Por qué motivo me iba a ofrecer yo a este escuadrón suicida de adolescentes? -Se mofó de aquella pregunta.

-Pues porque eres James Potter…-Sí, Brooks, James era consciente de lo que era. De quien era. - Te gusta ser el centro de atención…

Soltó una carcajada llena de amargo sarcasmo.

-Qué bien me conoces, ¿eh? -Ironizó.

-Me gustaría seguir esta conversación tan interesante contigo, Potter, te lo prometo… -Le interrumpió Brooks. Le empujó hacia atrás.  Se hizo a un lado para dejarla pasar. -Pero debemos encontrar al hombre del espejo…

-Cómo no -Murmuró detrás de ella. Sabiendo que le escucharía perfectamente.

-Puedes irte si quieres con el resto -Declaró Brooks.

James suspiró. La siguió. Aceleró el ritmo para alcanzarla. Intentó tranquilizarse por dentro. Pero, después de no llegar a ninguna conclusión, tenía más adrenalina que antes.

-Si te pasa algo…-Lo dijo entre dientes. Pensándose, realmente, las consecuencias que podrían derivar de si le ocurría algo a Brooks. De si la dejaba sola. Enroscó su mano en un puño.

-Sí, sí, Ivonne y Lola no te lo perdonarían…-Completó ella con desdén. - Muy bien, Potter, te darán tu medalla del héroe del año…

De nuevo, aquello le dolió. Sentía una mezcla de sensaciones. Tristeza. E impotencia.

-De nada, Brooks, yo también aprecio que te preocupes por mí -Dijo con retintín.

-Gracias, es todo un sacrificio-Dijo ella con determinación.

James resopló.

Probablemente no era el mejor momento para aquello. Era consciente, ¿de acuerdo? Pero de solo pensar que alguno de ellos podría salir herido… Sabía que se arrepentiría de no decir lo que Susan le había instado a hacer. No lo haría. No merecía la pena quedar en tal ridículo.

Al recordar a Susan, su mejor amiga, se percató y fue consciente de dónde estaban.

Por un momento lo había olvidado.

El frío le recordó que no era Hogwarts.

Sus amigos podrían estar en peligro. Plantas arriba. Apretó sus dedos sobre la retorcida madera que portaba.

Y ellos… Podrían estar dirigéndose a un peligro mayor.

-Si este hombre… Supuestemanete según tus súper poderosas visiones…-Escuchó a Brooks chasquear la lengua ante el sonido de su voz. - Quiere salvarte la vida…-Más aquella pregunta que se hizo en aquel instante, fue más necesaria que su orgullo.- ¿Significa que puede ser malo para mí porque soy yo el mago oscuro que te va a matar?

-¿Quién dice ahora estupideces? -Se rió Brooks.

-Bueno, solo reflexiono… Deberías haber llegado tú a esa conclusión…-Lo dijo más suave que cómo sonaba en su mente. - Sherlock -Añadió. Se le escapó. No quería hacer nada similiar a instultarla. Pero, ¿lo era llamarle persona inteligente y frívola?

No obstante, pareció como si no se hubiera percatado de la intención de James. O lo hubiera ignorado, mucho más posible.

-Es diferente… No tiene nada que ver contigo…-Explicó Brooks. Un tono más seria que la conversación anterior. Bueno, hablaban de la posible muerte de James al doblar la esquina, no era como si hablaran de detenciones o algo así. - Creo -Añadió al final, como una nota final que crispó el rostro de James.

-O sea… Que puede querer matarme.

-Cuando me de las respuestas al porqué de mis visiones… Lo sabremos -Fue su diplomática respuesta. Porque no había nada como la incertidumbre de morir.

-Vaya, me dejas con la intriga de si saldré vivo de aquí o no…-Se mofó.

-Oh, Potter, vas a conseguir que te lance un Avada Kedavra y acabamos con todo de manera rápida…-Le amenazó arrastrando sus palabras.

-Vaya, Brooks, vas a conseguir que nos quiten puntos a Gryffindor con esas amenazas…-Se mofó de nuevo. No pudo evitar que formase una sonrisa socarrona. Era como si fuera acto reflejo.

-Iría a Azkaban solo para que te callaras -Dijo ella, siguiéndole el juego.

Pero James tensó sus labios.

-Azkaban no está tan mal…-Admitió.

No. Azakaban no estaba tan mal. Lo había visto con su madre. De hecho, esperaba que no fuera un lugar al que fueran las personas que asesinaban otras personas.  Porque su madre estaba allí. Y cada vez que lo recordaba, se le partía el corazón.

Genial, Brooks. Hacía que su compañía fuera agradable.

Se le había ensombrecido el rostro. Y consiguió que dejara de hablar. ¿No era una chica lista? Vaya, ella sí que podía conseguir lo que quería. ¿Y si tocaba la fibra sensible de James Sirius Potter recordándole que su madre era una traidora y había colaborado con todos aquellos que le habían hecho daño? ¿Incluso si era por salvarle a él? ¡Que más daba! ¡James solo se preocupaba por él mismo!

Entonces, Brooks se detuvo. James hizo uso de sus reflejos de Quidditch y frenó sus pies antes de chocar con su espalda. La joven se volteó. Buscó los ojos evasivos de James. Se mordió el labio. La escuchó resoplar.

-Lo siento, Potter -Musitó. Se había dado cuenta de que recordar a su madre había hecho que James perdiera el ánimo de la aventura. O la sonrisa traviesa que le había acompañado todo el camino.

James asintió hacia ella.

-No pasa nada… Estás nerviosa y yo no he ayudado en absoluto -Lo cual ambos podían reconocer y estaba fuera de debate.

-Es cierto… Pero… No quería decir muchas cosas de las que he dicho -Dijo finalmente Brooks. Como si le hubiera costado formular aquellas palabras.

-No te has equivocado en ninguna -Aclaró James.

-Entonces, ¿quieres ser el centro de atención? -Pudo oír su sonrisa.

Él esbozo aquella sonrisa torcida que siempre le había enseñado a ella.

-Bueno… Nunca conseguía la atención que estaba buscando realmente…

-¿Y ahora? -Cuestionó Brooks.

James bufó.

-Ahora no lo sé…Es difícil de conseguir -Acertó a decir.

Sintió que el rubor le subía por las orejas. Malditos genes Weasley.

-Debe ser muy inteligente para escapar de tus estupideces -Dijo Brooks.

James siguió la estela que parecía seguir Brooks hacia el final del pasillo y dobló la esquina. Vio algo que le hizo ponerse nervioso. Se giró para ver a Brooks, quien le seguía más lentamente. Arrastrando sus pies. Como avergonzada. Le miraba de reojo.

-Oh, no lo dudes -Dijo James en referencia a lo inteligente que era.

Alzó su varita hacia una puerta abierta. Había estado contemplando su interior mientras Brooks se acercaba a él. No era la primera que veían. Pero sí que era la primera que no estaba completamente vacía. Todas habían sido salas ocupadas por el vacío. Todos los miembros del Ojo habían acudido a proteger a Imogen. A combatir a los Aurores. Al Temple. A la Órden del Fénix. Al Ejército de Dumbledore. A sus amigos.

No obstante, Brooks y él estaban allí esencialmente por lo que había en el centro de aquella sala. O, al menos, esperaba que fuera aquello. Sabía que Brooks se decepcionaría si no eran las respuestas que quería encontrar. Y, aunque tenía la gran habilidad de irritarle en cinco minutos. Bueno… Él se preocupaba por ella, ¿no? Era lo que le había dicho. Eran colegas de aventuras.

El semblante de Brooks se oscureció.

De repente, sus pies se tambalearon. Como si los cimientos de aquel lugar no fueran suficientes como para sostener toda aquella construcción. Vio la ventana al otro extremo de la sala. Las olas nórdicas sacudían su cristal. El viento silbaba contra la ventana como si quisiera romperla.

Volvieron a tambalearse. El objeto que ocupaba el corazón de la sala lo hizo con ellos.

James lo miró con cierto temor. Sintió, entonces, los dedos de Brooks buscar su mano y apretarla con fuerza. Como si necesitara, después de todo lo que le había dicho, su presencia. Su fuerza. Como si le necestiara a él. O quizás no le necesitaba. Pero agradecía su compañía. Cornelia Brooks apretó su mano contra la suya. Sintió un calambre proceder del agarre. De nuevo, sintió un repentino nudo en el estómago.

Pudo ver en los ojos de Brooks que intuía lo que se escondía tras el suicio trapo que cubría aquel artilugio que les sacaba varias cabezas. Un cierto temor se acomodó en sus ojos. James le respondió el agarre.

-¿Crees que he hecho bien en venir aquí? -Su voz sonó como un hilo frágil.

-Por suerte, no has venido sola -Fue lo único que se le ocrrió decir.

Ella se giró rápidamente para robar una mirada de James. Este le guiñó el ojo. Y le sonrió. La razón por la que se hubiera distanciado de él, visiones o no, ya la había olvidado.

El suelo y las paredes volvieron a sacudirse. Aquella vez, el suelo se inclinó verticalmente a gran velocidad. Sus pies, inevitablemente, se deslizaron hacia el interior de sala, barridos por la superficie helada sobre la que se encontraban. El suelo se inclinó tanto, que, aún cogidos de la mano, se abalanzaron por la inercia hasta la pared que tenían enfrente, dónde estaba la ventana que, rápidamente les mostró cómo el edificio se hundía hacia las aguas gélidas del Oceáno Atlántico.

Antes de chocar con la pared, James vio que Cornelia agarró la tela que ocultaba el artilugio con una mano. Soltó la mano de James para agarrar al artilugio que había quedado en el suelo anclado y sujetarse a él.

La espalda de James se estrelló con la dura pared y lo sacudió. Vio las paredes eregirse verticalment sobre él. Sintió un temblor en sus pies. Mientras que el suelo se alzaba hacia él como una pared en picado hacia la profundidad de las aguas, el cristal de la ventana que separaba la habitación del océano estalló en mil pedazos.

El torrente de agua entró estrepitosamente hacia la sala. Cubriendo sus pies de un agua tan helada que le hizo temblar de frío. Suspiró. Alzó la mirada para ver cómo Brooks estaba colgada del artilugio. Separó la tela y la lanzó hacia dónde estaba James. Descubriendo el espejo que estaba, en ese momento, en vertical sobre una pared de hielo que descendía a gran velocidad.

James se estremeció.

Un joven se apareció en el espejo. Un joven rubio. Con rasgos suaves. Y una mirada profunda.

Al oír sus primeras palabras, James sintió cierto miedo.

-¿Ivonne? -Preguntó el hombre.

Vio que Brooks se tensaba. Quiso alcanzarla, pero ni siquiera podía rozar los pies que tenía suspendidos en el arie. Más ella estaba absorta en el espejo. Como si aquel joven la estuviera hipnotizando.

-No… Soy… Soy su nieta -Escuchó decir a Brooks.

Escuchó una risa. Su voz era grave. Parecía como si fuera algo mayor que ellos. Pero perteneciera a otra época por sus ropajes. James, no obstante, no podía distinguirlos bien.

-Oh, sí… Claro -Dijo, como recordando que Ivonne era una anciana y Brooks tenía dieciséis años.

-¿Usted quién es?

James estaba tan pendiente de que aquello no era una trampa que perdió la capacidad de percibir lo que le rodeaba. De que el agua gélida había alcanzado su cintura. De que el hielo comenzaba a gotear desde arriba. De que el estruendo del castillo y los gritos se hicieron más audibles.

CONFRINGIO! - Una luz salió disparada desde el marco de la puerta.

-¡PROTEGO! -Dijo rápidamente James, protegiendo el artilugio con el que conversaba Brooks.

Y, entonces, se le heló la sangre.

-Soy… Bueno… Tu abuelo.

Más James, pese a obligarse a sí mismo a escuchar la conversación de Brooks con aquel joven (¿Su abuelo? ¿Qué clase de brujería era aquella?), supo que tenía que hacer todo lo posible para protegerla del mago que comenzaba a lanzar hechizos hacia ellos.

Un mago que James, por desgracia, comenzaba a conocer bastante bien.

Montdark.

-¡EXPELLIERMUS! -Gritó James hacia la figura que se asomaba por el marco de la puerta. En vano.

-¿Mi abuelo?

-Celius O'Smosthery.

-Celius…

Montdark se abalanzó sobre la habitación y aterrizó en el agua sobre la que se intentaba estabilizar James. Su capa negra comenzó a flotar y sus pasos se hicieron lentos cuando intentó dar un puñetazo a James.

Este lo esquivó.

-¡DESMAIUS! -Pero Montdark esquivó su conjuro. ¿Cómo? Ya le gustaría saberlo.

-¡NO LO ENTIENDES, NIÑATO! -Le escupió. Dio un puñetazo sobre el agua.

-Ese mago de ahí me encerró en este espejo cuando ayudé a Ivonne a esconderse con aquella familia muggle…-Escuchó decir al tal Celius.- Los Morgan…

James miró hacia arriba. ¿La familia de Lola?

¿Distraerse en mitad de un duelo con Montdark? ¡Error!

El hombre hundió su cabeza sobre el agua. El agua entró por su nariz al haberlo tomado por sorpresa. Era como si trozos de hielo estuvieran pinchando su cabeza. El agua, no obstante, seguía subiendo. Por lo que, inevitablemente, James comenzó a flotar hacia arriba. Tanto, que le arremetió una patada en la rodilla a Montdark, y quitó la mano de su cabeza.

James subió a la superficie.

-¡CONFRINGIO!

-¡PROTEGO! -Siguió protegiendo a Brooks.

Estaba tan absorta en su conversación que ni siquiera se había fijado en que James peleaba a muerte contra Montdark. Bueno, para eso había ido con ella, ¿no?

-Oh…¿Los Morgan? -Escuchó a Brooks.

-Sí… ¿No deberías salir de aquí con ese licántropo de ahí?

James sonrió para sí. Algo de reconocimiento no sentaba mal.  Siguió asestando puñetazos y rodillazos a Montdark. Mientras este se veía retenido, pues su cuerpo no era tan fácil de mover bajo agua. Y James estaba esquivando todos los hechizos. ¡Gracias, Quidditch!

-He venido a por ti -Oyó decir a Brooks.

-¿A por mí? -Preguntaba perplejo aquel joven.

«Sí, a por ti, y más te vale merecer la pena», quiso decirle James. No obstante, por esa distracción, recibió un hechizo no verbal que hizo que una incisión en su costado. Se miró la sangre rápidamente brotar y teñir el agua de su alrededor.

-Sí… En mis visiones dices que te necesito para vivir…

-¿Para vivir?

-¡Pensé que tú tendrías la respuesta… ¡ -Brooks sonaba irritada. James tensó su puño contra la mejilla de Montdark y le asestó un golpe. -¿Conociste a los Morgan?

-¡Claro! Pero… Tuvimos suerte… Antes de mudarnos con ellos… El Ojo… Bueno… Vino a por nosotros… A por mí más bien… Ya que Ivonne había salido justo en ese momento… Debes… Debes saber que no sabía que estaba embarazada.

-¿No te dijo que estaba embarazada?

Entonces, James pensó que ya era hora de convertirse en licántropo. Y, si no lo había hecho antes, era porque temía descontrolarse. Así que rezó a Merlín por no hacerlo.

Rugió para sus adentros. Alargó sus tendones. Y ensanchó sus músculos.

-No creo que entrara en sus planes de huir de este Clan, ¿no crees?

-¿Por qué buscan a Ivonne?

El vello rápidamente cubrió todo su cuerpo.

Sus ojos miraron a Montdark.

-¿De verdad no te lo ha dicho?

James se abalanzó sobre él.

-¡DEBES PROTEGERLA! -Le gritó Montdark para zafarse de James.

Le dio un zarpazo en el torso. Lo tambaleo hacia atrás y hundió su cabeza en el agua.

-No…-Decía Brooks. Sus pies acaban de rozar las gélidas aguas.

-Ella es la sangre… Tu familia… Los Donovan… Y su árbol genealógico… Es muy importante, ¿sabes? Sois descendientes de… Bueno… De personas muy poderosas en la historia de la magia… Y el Ojo y otros magos han luchado por teneros para forzar la balanza de la magia hacia un lado u otro…

-¿La oscuridad o la luz?

-Exacto.

James se impulsó de una de las paredes y acertó otro zarpazo a Montdark. Este lo cogió de las garras y lo estrelló contra el agua.

Montdark alzó la varita hacia Brooks, de nuevo.

James se lanzó hacia el brazo de Montdark y comenzó a moderlo.

-¡IDIOTA! ¡DEBES SALVARLA! -Le espetaba Montdark.

Más James estaba haciendo justo aquello.

-¿Qué lado quiere el Ojo? -Preguntó Brooks.

-La oscuridad, según las profecías, prometen mucho más poder…

-Oh… Pero, ¿por qué nosotros? ¿Por qué los Donovan?

-Bueno, no es vuestro apellido original…

-¡BOMBARDA! -Gritó Montdark.

Pero lo hizo hacia el suelo.

La pared que los separaba del océano se destruyó. Dejando entrar el torrente aún más fuerte. Cubriendo rápidamente al licántropo herido por los maleficios. Se convirtió en humano para alcanzar a Montdark y lanzarle un maleficio, pero este había desaparecido en el agua. ¡Maldita sea! ¡Iba a dejarles morir ahogados!

-¡Te sacaré de ahí! -Le gritaba Brooks hacia el espejo.

James nadó hacia ella.

La cogió de la cintura. Intentó separarla del espejo que iba hacia las profundidades del océano.

Trozos de hielo pertenecietnes a aparedes comenzaron a caer a sendos lados. El Palacio de Hielo desmoronándose sobre ellos.

-¡Cornelia! ¡Rápido! ¡Sal de ahí! -Tiró de ella, pese a su resistencia.- ¡Se está hundiendo!

-¡Tengo que sacarle de ahí!

Entonces, sintió algo tirar de él hacia atrás. Y le hizo desparecer.

-¡NOOOO! -Gritó James.



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