Historia al azar: Segunda Oportunidad.
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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


Era algo innato de la naturaleza de los humanos. De los magos. De los muggles. De aquellos que respiraban magia. Y de los que no. Era algo inherente a su naturaleza disfrutar viendo la destrucción. Castillos de arena. Castillos de papel. Palacios de Hielo.

Vio cómo todo lo que tan cuidadosamente había planeado se derrumbaba. Sonrió ante la belleza que emanaba de la destrucción. Los trozos de hielo entrando en el agua gélida. Los gritos de horror. El olor a muerte. El sonido de la derrota.

Hizo levitar su cuerpo hacia fuera del Palacio de Hielo para contemplar su obra. Él había lanzado hechizos contra su propia casa. Él había hecho que se derritiera el hielo. Él hirió las alas de aquella dragona para que lanzara fuego con más ira. Los pilares derrumbados por sus propios miembros.

El acto esencial de la guerra era la destrucción, no necesariamente de almas, sino de las obras que construían en vida. La guerra era una forma de hacer pedazos. De verter en la estratosfera. De hundirse en las profundidades del mar. Materiales que de otra manera podrían ser utilizados para hacer a su súbditos demasiado cómodos con insultarle.  Por lo tanto, a largo plazo, demasiado inteligentes y capaces.

Y ahora se hundían con el Hielo.

Loring no podía dejar de sonreír.

Nadie le había visto aquel día. No había sufrido ni un rasguño. Vio cómo los dementores sacaban el alma de aquellos estúpidos aurores. Cómo aquel muchacho veía cómo una joven se suicidaba para salvarle. Cómo un licántropo ahogaba su dolor en el hielo. Sin nadie que pudiera hacer nada por salvarle. Cómo su joven primo derrumbaba a la gran Hermione Weasley. Se rio de ella mientras el hijo del maldito Malfoy intentaba salvarla. Huyendo como ratas. Sacó a su sobrino de allí. Estaba petrificado. Lo llevó con él. Suspendido e inconsciente a su lado. Contemplando desde las alturas la destrucción. Lo arropó con el artilugio que había utilizado para controlar que todos murieran.

La Capa de la Invisibilidad.

Oh, ¿por qué no había querido que nadie le viera?

La cuestión era que Loring sabía que iban a venir a por Imogen. Y no había nada que le molestara más que custodiar a una muggle. Incluso si era nacida maga y despojada de su poder por el estúpido Riddle.

Él tenía otros planes. Ser poderoso. Ser un mago oscuro. Como le prometieron a su sobrino.

Pero él lo sería de verdad.

Y, para seguir sus planes, primero debía liberarse de aquello que le había retenido todo aquel tiempo.

Su madre.

Zahra McOrez.

Recordó con una sonrisa en sus labios cómo, al utilizar la Capa de la Invisibilidad, no pudo ver quién le había lanzado un Avada Kedavra. Los testigos dirían que había sido fuego cruzado. Jamás se ganaría la confianza completa de Graham McOrez si confesaba que había matado a su mujer. Incluso si no se deseaban. Zahra era la que guiaba a aquel hombre sin cordura.

Su plan era ser la mano del Señor.

Para ello, debía asegurarse de que era bendecido con la muerte de todos los que se pusieran en su camino. Como así habían hecho los anteriores. Lo único que le importaba al Señor era que hubieran llegado a ser manos con sangre en sus manos. Matando al anterior. Y que fueran de sangre pura. Daba igual que fuera un bastardo. Él era la unión de familias que habían servido al Ojo. Él era una nueva estirpe. Era un antecesor. Un ancestro. El origen de una nueva dinastía. La que disfrutaría del Alzamiento.

Los magos más oscuros del mundo no eran la pequeña minoría que instigaba a actos malvados, sino aquellos que hacían los actos para ellos mismos. Actuar sin conciencia. Pero por un trofeo, convertía a cualquiera en una criatura peligrosa. El bastardo, callado por estar en el exilio del poder demasiado tiempo. Había aprendido a prosperar siendo odiado.

El Palacio de Hielo cayó lentamente. Vio haces de luces. Observó cómo algunos del Ojo desparecían huyendo de la destrucción. Agudizó su mirada. Vio luces debajo del agua.

Y un gran resplandor que le cegó. Un haz de luz que salió disparado del agua. Sintió el agua temblar. La magia sacudirse. El poder de los demás anulado por un momento. En el que Loring descendió del cielo y tuvo que coger la varita para evitar caer al agua.

Arrugó su frente.

Miró unas figuras que escapaban del edificio que se caía sobre ellos.

Entre Encantamientos para salir de allí.

Una bruja. Un mago. Y un licántropo.

Una magia poderosa. Sentía su poder. Sentía aquello que había oído relatar a McOrez que contaba el Señor cuando hablaba del Portador. La magia. Creyó que era algo espiritual. Una idea. Algo abstracto. Pero lo había percibido. Era una magia que muy pocos magos en la historia habían logrado alcanzar. Una magia superior al resto. La magia original. Una fuerza que se escapaba de su conocimiento y del de los demás. Una magia que sostenía la balanza entre el bien y el mal. Entre la luz y la oscuridad. Pero que, con el tiempo, se acababa inclinando hacia un lado u otro.

Creyó que los descendientes de Ivonne Donovan habían desaparecido.

¿Cómo había acabado alguno allí en aquella destrucción?

Se guardó aquella información. Si alguien supiera que había estado envuelto en la posible desaparición de uno de los posibles Instrumentos, no podría alcanzar su objetivo. Sonrió. Aquel conocimiento le daría poder. Pues McOrez creía que el Portador estaría desaparecido con Ivonne Donovan. Y, sobre todo, no sabía quién era. No había visto jamás el rostro y los ojos azules cómo el océano que le separaba de aquella criatura. Mientras él supiera quién era el Portador y nadie más en el Ojo, podría ascender a ser la mano del Señor. Y guiar al mundo hacia la Oscuridad.

Sonrió. El poder de dirigir a los demás era el poder de engañar. Y el poder de engañar era el poder de destruir.

El acantilado que sostenía el Palacio de Hielo colapsó.

Era hora de irse.

Apareció en la Mansión danesa de Graham McOrez.

Tiró el cuerpo inmóvil de su primo al lado de Graham McOrez. Este le miraba impasible.

-Ahí tienes a Octavio… Ha sido de poca ayuda -Dijo simplemente.

-¡LORING! -Bramó McOrez. Escupía su nombre como si fuera un insecto. Este intentó no sonreír. -¡¿QUÉ HAS HECHO?! ¡ZAHRA HA MUERTO! ¡VIVIAN MURIÓ! ¡LA MAYORÍA DE LOS RESIDENTES DE TU PALACIO HAN SIDO ASESINADOS POR EL TEMPLE! ¡EL MALDITO TEMPLE QUE NOS ENCARGAMOS DE MASACRAR HACE SIGLOS! ¿CÓMO SE SUPONE QUE DEBO DECÍRSELO AL SEÑOR?

Su puño temblaba.

-Ha habido doce bajas en Aurores, señor McOrez -Informó Loring. -Hermione Weasley está casi muerta. Harry Potter ha visto que podemos hacerle daño. Los que han podido huir, han sido gravemente heridos…

-¡NO ESTÁN MUERTOS! -Gritó. Exasperado. Nunca había visto a McOrez de tan mal humor. -¡Y NO TENEMOS AL SACRIFICIO! ¡DIME, BASTARDO! ¿QUÉ HAS HECHO BIEN?

Evitó ocultar una sonrisa.

-El Temple se dividirá… Unos querrán matar a Delphini Riddle -Recordó Loring. -Buscarán a Ivonne. Ahora que sabemos que Hermione Weasley es la líder del Temple... Debemos vigilarla a ella para que nos lleve a Ivonne… Y, si bien he obtenido información de los Aurores, se rumorea que la Sangre tiene una descendencia que coincidiría con la profecía -Anunció Loring. -Este es su momento, McOrez. Dísfrutelo mientras dure -Añadió.

-¿Dos semillas diferentes de la misma Sangre? -Inquirió McOrez. -Norman dijo que solo había una muchacha y su madre con Ivonne Donovan…

-Pues se equivocaron -Rectificó Loring.

McOrez se rascó la barbilla.

-Puedes retirarte -Le espetó.

Loring asintió.

Salió de la sala. Sabiendo que había hecho feliz a McOrez. Dándole una mísera pieza del puzzle cuyas piezas estaban en el dominio suyo. Ensanchó la felicidad de su rostro. Él sabía quién era la otra Semilla. El Portador. Había visto su rostro en el agua. Pero ella no pudo verle a él puesto que tenía la Capa de la Invisibilidad. Oh, así era como el mago ganaría poder.

Él mismo estaba cumpliendo profecías y nadie se estaba dando cuenta de ello.

El ser humano, por naturaleza, nunca sería merecedor de todo lo que quería. Más, cada vez que pensaba que automáticamente tenía derecho a algo, era cuando empezaba a caminar sobre los demás para conseguirlo.

Entró en la sala que habían acomodado para él. La más pequeña. Al lado del servicio. Para dejar claro que él era el menos deseado de aquella familia. Que nunca sería nada más. Que se quedaría en una habitación que estaba más cerca de los súbditos que del poder.

Oh, qué equivocados estaban.

Alzó su varita para iniciar la melodía del tocadiscos. Una pieza de Bach comenzó a sonar. Grabada del propia artista. La oyó mientras bailó por la sala al ritmo de aquella maléfica sinfonía cruda, dura y violenta.

Mientras su Palacio de Hielo se hundía.

Mientras sabía que su poder se alzaba.

Mientras cumplía otra profecía.

« Un tirano fruto de orgullo que bebe de la copa de la imprudencia y de la vanidad será la oscuridad más pura cuando observe desde el cielo un haz de luz sobre aguas turbulentas. Verá a los ojos al Portador. Y ahí comenzará su destino. ».

El preludio y fuga en C menor animaba su espíritu.

Bailó rápido. Al ritmo de los dedos de Bach sobre el piano. Un pie tras otro. Frenético. Deslizando sus pies sobre el suelo. De un lado a otro. Con los brazos sujetando a una pareja de baile que era invisible. Sabiendo que jugaba. Y sabiendo que ganaba. Pero la cual Loring conocía muy bien. La muerte.

Saber que estaba destinado a su pulso con la Muerte era el momento ideal para la apreciación musical.



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