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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
[ Más información ]

(IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)


El Refugio no servía solo para acogerla a ella y a su hijo.

Había sido la casa en la que sus padres habían vivido en la Guerra. A las afueras de Tinworth. Al lado de la costa. Solitario. Hermoso. Una casa de seguridad para la familia Weasley y la Orden del Fénix.

Era un punto de encuentro para el pasado que enlazaban las vidas de Victoire y Ted. Habían ido allí hacía dos veranos. Un fin de semana. Ella le contaba que allí sus padres decidieron pasar sus primeras Navidades como familia. Y le parecía precioso. Le confesó que ellos podrían hacerlo. Tonta e ingenua. Ted le contó que fue allí donde Remus Lupin anunció a su padrino que él había nacido.  Una de las historias que más le gustaba escuchar a Ted de pequeño. Había ocurrido allí. En el Refugio. Y era una lástima que Ted no sintiera que también podía ser su hogar. Pues había sido el hogar de ella. De pequeña, había vivido allí. Hasta que se mudaron a Londres. Primero a la casa de Notting Hill. Después a las afueras. En su fuero interno, había deseado criar allí a Remus con Ted.

También era donde yacía la tumba del primer elfo libre. A Victoire se le ponía el pelo de punta. Había frecuentado su lápida blanca. «Aquí yace Dobby, un elfo libre». Aunque para su familia fuera un recuerdo de un amigo que dio la vida por ellos. Y sus lágrimas se quedaran en la colina cada vez que rozaban con las yemas de sus dedos el trozo de piedra. Para Victoire Weasley significaba un augurio. Unos morirían por otros en una guerra. El amor les haría ser actos heroicos como dar la vida por amigos. Por amor. Por la familia. Le retorcía el estómago. Había decidido llevarle flores. Todos los días. Victoire no había conocido a Dobby. Pero lo admiraba. Siempre había llorado con su historia. Murió con libertad. ¿Y si esa era la única forma de escapar del destino?

El Refugio era protegido por el Encantamiento Fidelio. Cuyo guardián secreto seguía siendo Bill Weasley. Aquello le tranquilizaba. Pero a la vez la horrorizaba. Tanta responsabilidad caía sobre su familia.  

Y ahora, vivía ella con los protegidos por el Temple. Aquella Orden que ahora dirigía su tía Hermione. La sociedad que albergaba todo tipo de criaturas. Desde muggles, magos a cualquiera criatura mágica que pudieran imaginar. Cuya sede había sido destruida. Pero, pronto, habían encontrado en Grimmauld Place otro punto de encuentro. También en el seno del Ministerio de Magia. Incluso en Luperca. Dependía de con qué miembros quedaban. Tal y como le contaba Bastien Lebouf.

El Refugio se había convertido justo en aquello. Un refugio. Y no solo era para acoger a Victoire Weasley y a Remus Lupin II. En ese momento, convivía con dos personas tan diferentes entre ellos que, en ocasiones, era tan absurda la situación que parecía una comedia.

 Por un lado, la asesina de Minerva McGonagall. Ella no había presenciado aquel acto tan atroz. Más, estaba dando a luz en el instante tal y como predicaba la profecía. Gwendoline y ella era parte de unas mismas líneas que dictaban su futuro. No sabía nada de Remus. Más bien, de lo que la profecía quería decir. Había descubierto en ella, pese a que trataba de no acercarse mucho a una joven que había pedido a Aurores armas muggles para proteger el Refugio, una joven bastante astuta, serena y útil. Al parecer, el Ojo la había entrenado como Sanadora. Ella, para seguir con su coartada, le pidió ayuda. No pudo negar que Gwendoline le había enseñado varias cosas. Útiles. Solo hablaban por necesidad. Temía que Gwendoline la mirara con aquella expresión que le recordaba a la joven idiota que había sido en Hogwarts. Probablemente para aquella asesina, Victoire seguía siendo una chica irresponsable y solo preocupada por su físico y por Ted Lupin. Bueno. Ahora era madre, tenía el rostro cubierto de cicatrices y su relación con Teddy era inexistente. Como podían cambiar las cartas de un año para otro.

Por su parte, Bastien Lebouf era todo lo que Victoire Weasley había esperado de él. En particular, lo mucho que le recordaba a Ted Lupin. No en personalidad, ni en físico. Bastien Lebouf era seguro de sí mismo y un genio. Y era rubio, no tan alto como Teddy y tenía los ojos siempre azules. Era, más bien, porque le hablaba de Teddy. Habían estado viviendo ese año en el mismo castillo, preparando a los mismos alumnos e, incluso, había cuidado a su hijo con Moonlight cuando Teddy no podía. Victoire evitaba a toda costa esas conversaciones. Aunque tampoco quería que pareciera que no había superado al profesor metamorfo y licántropo.

-¿Necesitas algo más? -preguntó Victoire.

Desde la habitación cuya cama era ocupada por Bastien Lebouf, sobre sábanas de colores cálidos y una colcha para el protegerle del viento que llegaba de la playa, Victoire pudo observar el mar. Su constante flujo.

-Puedes traerme a Remus… -Sugirió Lebouf.

Su rostro aún se crispaba cuando formulaba palabras. Había sobrevivido gracias a Gwendoline Cross. Por mucho que ella dijera que no había sido nada. Bien, aquella muchacha podía admitir sin tapujos que llevaba una daga en su cinturón. Pero, ¿aceptar que había salvado de un Auror? Parecía como si aquellas acciones no fueran con ella. No fueran parte de la personalidad que quería reflejar. En ocasiones, se hallaba a sí misma preguntándose cómo demonios podía estar en una complicada, enrevesada e incoherente relación con el hijo de Longbotton.

-Oh, no tienes por qué… Se lo llevaré a Teddy el fin de semana -Dijo, inmersa en su intriga sobre Gwendoline Cross.

-¿Este fin de semana? ¿Lupin te ha dicho que puede quedarse a Remus? -Cuestionó con cautela Lebouf.

Victoire se giró hacia él. Le escudriñó. ¿De dónde procedían las dudas de que no fuera así? Debía decírselo algún día. No quería escuchar más el nombre de Ted Lupin si no era necesario. ¿Nunca había tenido una ruptura aquel muchacho? Era de su edad. Y era bastante apuesto. ¿Por qué no se le pasó por la cabeza que quizás Victoire no quería anclarse a la figura de Ted? Una persona que parecía no conocer por cómo Lebouf hablaba de él.

-¿Por qué no iba a hacerlo? -Espetó ella.

-Bueno… Va a ir con los Aurores -Dijo. Oh, tenía esa mirada de arrepentimiento de una persona que se daba cuenta de que quizás Victoire no se suponía que supiera aquello. -El rescate de la muggle -Añadió.

La joven suspiró. Sacudió su cabeza. Apartó la mano del pomo de la puerta. Se sentó sobre la cama en la que estaba postrado Lebouf. Le miró con desafío.

-Sé que te refieres al rescate… -Señaló ella. Iban a utilizar el Refugio como casa de seguridad para cuando se aparecieran. En caso de heridas. Había sido avisada por su padre. Por esa razón, Gwendoline Cross seguía allí. Para asistirla con los posibles heridos. -¿Lupin va? -Inquirió.

Lebouf apartó la mirada. Suficiente como para tomárselo como una respuesta afirmativa.

-Le necesitan… Lo demostró el año pasado -Añadió Lebouf. Victoire parpadeó. -Pero no le pasará nada. También irá Moonlight y tus primos…

-Ted no es Auror -Puntualizó Victoire.

-Es profesor y debe proteger a sus alumnos -Recordó Lebouf.

-Es el padre de Remus -Terció ella. -Podría salir herido.

Victoire suspiró. ¿Al Palacio de Hielo? ¿Dónde la secuestraron a ella y a Albus? ¿Dónde Ted tuvo que convertir a su primo James? Resopló. Se llevó la mano a sus cicatrices. Se mordió el labio.

-Siento ser yo quien te lo diga, Weasley… Pero Lupin ya no tiene por qué consultarte lo que haga -Ell asintió. Era consciente, por supuesto. Aunque a una le costaba preocuparse por la seguridad de Ted. Era una costumbre. -Además, está ocupando mi lugar… Si no me hubieran atacado… Igual no habría ido… Pero creo que lo habría hecho igualmente -Explicó. -Lo cual me fastidia bastante -Concluyó.

Ella le miró. Asintió. Frunció los labios.

-Ivonne Donovan tiene la culpa de todo esto -Sentenció Victoire Weasley.

Carraspeó.

-Haces bien en no confiar en ella, Weasley -Comentó Lebouf. Sorprendido.

-Bueno, tú estás aquí por su culpa, ¿no? Yo también. Indirectamente -Se encogió de hombros.

-Lo que ha pasado con el Temple… Tienes razón -Dijo de pronto Lebouf. -La culpa es de Ivonne. Debería haber más gente que desconfiaran en ella cuando pidió protección… Nos puso en peligro a todos. Más supongo que, después de todo, el Temple se fundó para buscarla y protegerla del Ojo, ¿no? Aunque desconfíen de ella… Es su propósito. Proteger la dinastía de Ivonne Donovan…Y ahora mismo está sola y desprotegida… Y, personalmente, desconfío de ella. El Temple no solo debe protegerla a ella… Por suerte, aún tenemos a su otra nieta. El Temple está hecho un desastre ahora mismo…

-No sabía que supieras mucho de la historia del Temple -Victoire se incorporó de la cama.

-Uno aprende rápido -Respondió simplemente Lebouf. -Aunque deberías hablar con Gwendoline… No la mires como si fuera a matarte de un momento a otro…

-No me fío de ella -Dijo abruptamente Victoire.

Lebouf asintió. Sonrió.

-Es en la que más deberías confiar del Temple, ¿sabes? Sabe mucho sobre la Orden… Dale una oportunidad -Le rogó. -Recuerda que podría haberme dejado allí y salvarse… Nadie tenía por qué enterarse de mi estado y ella podría haber mentido… Me ha salvado la vida, Weasley -Le recordó. -Y, si llegara el momento, no dudo que lo hiciera contigo.

-No se lo pediría -Dijo Victoire. -Yo sé cuidarme sola.

-Sí, Weasley -Se avecinaba un «pero». Ese aire de superioridad para con ella. Otra cosa que le recordaba a Ted. ¿Qué tenía ella que todo el mundo se creía con el derecho a darle una lección? -Pero a veces necesitamos un poco de ayuda de nuestros amigos…

-Yo no tengo amigos, Lebouf -Dijo ella.

Y lo dijo con seguridad. Firmeza. Sin dudar. No. No tenía amigos. Tenía a una hermana de la que llevaba tiempo sin saber nada de ella. La cual hablaba más con su ex que con ella. Siempre había tenido una relación más estrecha con Ted que con ella. Y Louis estaba desaparecido. Su madre lloraba cada vez que la llamaba para preguntarle cómo estaba y recordar que su hijo podría estar muerto. Lloraba con ella. Nunca sabría si estarían llorando su muerte o su supervivencia.

Lebouf volvió a sonreír. Aquella vez entornando los ojos. Sorprendido.

-Estar solos no nos hace más fuertes -Le guiñó el ojo.

Victoire se rió. Sólo si el supiera que ese era su destino, precisamente, para fortalecerse.

Llegaron todos a la vez. A la terraza. Se miraron entre sí. Asintieron. Estaban preparados. Ya habían estado allí. Más, aquella vez, sabrían que ellos llegarían. Les estaban esperando. Lo intuían. Alexis les había avisado.

Tragaron saliva.

BOMBARDA!

Destrozaron los cristales. Les salpicaron los retazos arañándoles la piel. Saltaron a través de ellos. Dejaron las escobas suspendidas en el aire. No podían haberse aparecido. Para rescatar a una muggle que el Temple debía proteger. Incluso cuando quién lo ordenó les había dejado tirados.

Más, incluso cuando lo ordenara Ivonne Donovan, era lo que debían hacer. Tenía razón. Las profecías decían que era un instrumento clave. ¿Qué significaba que fuera el sacrificio de un mago oscuro? Ya lo descubrirían. No habían descubierto nada de aquella muchacha cuando la mantuvieron encerrada en el Ministerio de Magia. Lo harían entonces. Con la ayuda de todos los grupos de magos que se encontraban allí.

El Departamento de Seguridad Mágica unido a una Orden. Anteriormente, el Ministerio había salido mal parado de sus alianzas con magos ajenos a la política. Mas, en ese instante, la política era estar unidas. Ministerio de Magia. Hogwarts. El Temple. La Orden del Fénix. El Ejército de Dumbledore. Quince Aurores. Un profesor. Miembros del Temple, de diferentes partes del mundo. Wakanda, Onawa, Aurel. Charlie Weasley. Norberta. Hermione Weasley. Harry Potter. Gabrielle Delacour. Seamus Finnigan. Victor Krum. Ellos se encargarían del Palacio de Hielo. Mientras el resto estaría en el Castillo. Ellos entraron para romper la barrera de seguridad. Para que los guardianes de Hogwarts que se sumarían a ellos no encontraran problemas en aparecerse allí. El Ministerio les había quitado el rastreo y había permitido que lo hicieran quienes pudieran. Y habían accedido al uso de polvos flú.

Los haces de luces comenzaron a entremezclarse con los rugidos, los aullidos y los maleficios.

Tenían una misión. Que el Ojo no llevara a cabo su misión.

EXPELLIERMUS!

CRUCIATUS!

Disparos.

PROTEGO!

Dagas rompiendo la tela de los magos.

EXPELLIERMUS!

Garras. Colmillos. Alaridos. Gemidos. Gritos.

ARRESTO MOMENTUM!

Gruñido.

-¡ARGHHHH!

Algo derrumbarse. Más cristales rotos.

PROTEGO!

El fuego de una dragona sobre el hielo. Sobre los magos.

DESMAIUS!

Gritos. Manos apretadas sobre varitas. Disparos.

CRUCIATUS!

SECTUSEMPRA!

-¡NOOOO! -Se lamentó Wakanda. -¡PROTEGO!

Rugido. Garras. Sangre sobre colmillos. Apretón de manos.

BOMBARDA MÁXIMA!

El Palacio de Hielo tembló. Era un edificio formado del hielo del glacial. Eregido sobre un acantilado y que sobresalía de este. Cuyas paredes estaban siendo destrozadas por hechizos. Cuyos cimientos se hundían por el calor del fuego de una dragona.

Un sonido chirriante se oyó. Todo el mundo se detuvo.

El suelo volvió a temblar.

-¡LLÁMALOS, POTTER! -Gritó Aurel. Con el rostro cubierto de sangre.

-¡MOONLIGHT Y LUPIN HAN ENTRADO A POR LA CHICA! -Informó Hermione Weasley.

-¡LLÁMALOS! -Insistió Aurel.

El mago lanzó el Patronus como les pedían. Un ciervo salió de su varita.

En lugar de seguir en la lucha, algo captó su atención, a través de uno de los cristales reventados.

Harry Potter veía cómo una nube negra se acercaba a ellos. No obstante, una vez que sus lentes se agudizaron, pudo ver que no era ninguna nube. Ninguna sombra. El vello de la nuca se erizó. Se arrepintió de haber llamado a su hijo a aquella batalla.

Criaturas que habían desaparecido para las autoridades. Escondidas durante dos décadas. Rumores de que esperaban el momento oportuno para volver. Y vengarse de haber sido exiliadas. Destituidas de robar felicidad. Recuerdos alegres. Portadores de tristeza. Desolación. Y, en ese momento, obedecían al Ojo. Como todos los asesinos que sacaban dagas, pistolas y espadas para acabar con ellos si eran desarmados.

Habían subestimado al Ojo.

La temperatura cayó en picado. Si aún podía hacerlo más.

Una horda de dementores se acercaba.



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