Historia al azar: Amor mágico
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La Tercera Generación de Hogwarts » Invencible
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 27 de Enero de 2021, 11:55
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Invencible

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)

Capítulo 13: Invencible

-¡Cómo vuelvas a decir que soy como un pez con una bicicleta te meto la escoba por la nariz!

La amenaza de Alice Longbotton causó una sonrisa en el rostro de Albus. Era casi imposible que la joven Longbotton fuera mala montando en escoba incluso con la última de su madre hecha para principiantes, que había comprado con la ilusión de que Lily la montara. Sin embargo, su hermana pequeña se mostraba reticente. Albus había aprovechado la ocasión y se la había prestado a Alice para que practicara.

Acababan de dejar la escoba en el cobertizo y se dirigían a la entrada de la Madriguera. El hogar de los Weasley estaba repleto de gente, era el almuerzo del día 25 de diciembre y habían hecho gala de sus mejores manjares para sus invitados de siempre.

-Deberías llevarte esa escoba... Con ella tienes posibilidades de aprobar -reconoció Albus con una sonrisa.

La sonrisa se le esfumaría pronto, pues ninguno en la casa estaba feliz al tener a Fred Weasley en la Enfermería con los mismos síntomas que la chica Gryffindor. De hecho, a los invitados habituales se les habían unido un par de aurores que había traído su tía Hermione. Albus sabía que tanto alboroto solo podía significar que sucedía algo grave y que no iban a decirles nada a ellos.

Antes de entrar a la cocina, observó cómo su tía Hermione hablaba con Harry Potter y otro auror.

Sujetó a Alice por la muñeca y le indicó que se pegase a la puerta. Si forzaban el oído, podían escuchar qué estaba pasando allí. No solo en la cocina, sino en el castillo.

-... Los síntomas son los mismos que tuve yo, Harry -decía su tía Hermione. -Los medimagos coinciden en que solo puede ser eso y McKing no duda en que se deberían detener las clases. ¡Es demasiado peligroso!

-Pero mis aurores no han encontrado nada, Hermione -le contestó su padre. -Si detenemos las clases, cundirá el pánico entre los alumnos y es lo último que deseamos... ¡Con nosotros no se cortaron las clases! Si seguimos las medidas adecuadas...

-Sigue siendo arriesgado, Potter. Además, la última palabra la tiene el Ministro...

-La última palabra la tiene McGonagall y dice que no hay peligro mortal...

-No quiero ir en contra de McGonagall, pero estamos hablando de un basilisco... Implica peligro mortal, Harry. No sé cómo puedes pensar así teniendo allí a tus hijos.

-¡Deben ser unos "neomortífagos"! Los cazaremos de en seguida si no sale nada al público...-sentenció Harry Potter. - ¿Albus, estás ahí?

Al joven se le heló la sangre. Abrió la puerta y forzó una sonrisa. Afortunadamente, Alice sabía fingir mejor.

-Casi nos caemos de la escoba por mi culpa...- dijo entre risas.- ¡Es un exagerado! ¡No le creas si te dice que atento contra su vida!

Harry Potter forzó una sonrisa cordial. Hermione se acercó a Albus y le cogió por los hombros.

-Los Longbotton son torpes, pero no puedes, jamás, rendirte con ellos... Al final te sorprenderán y matarán a Nagini -Alice seguía sonriendo alegremente. Hermione los desvió y los condujo al salón.

Cuando la tía de Potter se hubo ido, ambos se miraron y resoplaron. Albus estaba temblando y Alice le cogió de la muñeca con brusquedad.

-Deja de hacer eso o no te dejarán volver a Hogwarts -le advirtió. -Hay que avisar a los demás.

-Voy a llamar a Scorpius...

-Me refiero a tu hermano, Albus. Y a Rose. Apuestas aparte, esto es serio.

-¿Qué es serio? -preguntó Rose Weasley, seguida de Lucy Weasley.

-Subo a por mi hermana y cenamos, ¿vale? -les dijo Lucy a todos.

Los tres asintieron.

-¿Está James arriba? -preguntó Albus recibiendo en seguida una respuesta afirmativa de su prima.

-Vamos -indicó Alice.

Rose sintió cómo su amiga le cogía del brazo y la llevaba consigo escaleras arriba. Albus abrió la puerta y dejó que las dos muchachas pasaran. Allí estaban James y Lily, jugando a un juego de mesa.

-Lily, te está llamando papá abajo.

La niña lo miró con cierto escepticismo.

-Si quieres hablar con James y no conmigo, me lo puedes decir... -le dijo su hermana rápidamente.

Sin más dilación, la niña salió de la habitación y dejó la puerta cerrada. James les lanzó una sonrisa forzada.

-¿Qué queréis?

Desde que Fred había sido petrificado, el ánimo de su hermano había caído en picado y solo hablaba con Lily. De hecho, ni siquiera había salido de su habitación.

-James, hemos oído a papá decirle a la tía Hermione que lo que ha atacado a Fred ha sido un basilisco.

Rose soltó un grito que pronto fue ahogado por la mano de Alice. James tardó más en procesar la información. Se levantó y cerró sus manos en un puño. Miró a Albus y se mordió con saña el labio.

-¿Y ahora qué hacemos? -se lamentó Rose. -No podemos luchar contra eso... Es...¡Por eso mi padre no está esta Navidad con nosotros! Oí decirle que le habían llamado del Departamento para hacer una inspección... ¡Dios mío! El Ministerio ya lo sabe... Y nosotros...

-Hemos descubierto qué es, así que...

-Así que ahora tenemos que matar al basilisco -determinó James.

Albus le lanzó una mirada de advertencia.

-No creo que seamos nosotros los que debamos hacerlo, James...

-Papá pudo hacerlo, ¿no? Pues nosotros también.

-James -le llamó Rose.- Más vale ser cobarde una vez, que morir a los trece años.

-No le tengo miedo a una serpiente, Rosie... ¡Si nos descuidamos, podría matar a alguien! Y lo sabéis tan bien cómo yo.

Se hizo un silencio entre los cuatro.

-¿Cómo se mata a un basilisco? - preguntó Alice.

Era una ceremonia a la que poca gente asistía. Tenía lugar en un sitio hostil y a pocos le gustaba estar allí. No le habían dado tiempo a vestirse con sus mejores galas, algo que la ocasión merecía. Iban allí con el mismo aspecto con el que acabaron su última misión. En concreto, él tenía la camiseta rasgada, dejando visibles sus múltiples tatuajes que solían desagradar a sus superiores. Sus pantalones llenos de barro y una prominente barba que poco formal parecía.

Miró a sus dos compañeros de misiones. Los tres parecían haber salido de la guerra. Y no tan lejos, pues les habían mandado a un condenado destino que por poco acababa con ellos: el Himalaya. Ninguno de los tres sabía cómo se les ocurría a los superiores mandarlos allí. Había multitud de criaturas mágicas sumamente peligrosas que podían haberles despedazado. No obstante, su misión era encontrar el Refugio, un pueblo mágico milenario que acogía a aquellos valientes que se aventuraban a escalar y combatir aquella endemoniada cordillera.

No cabía duda de que Alexander Moonlight había tenido ventaja. Él era un hombre lobo y en la intemperie podía transformarse y entrar en calor. Quizás lo único por lo que envidaban sus compañeros su condición de licántropo.

Moonlight resopló.

A cada uno se le había asignado desde el principio a un auror como mentor. En su caso, orden expresa de Minerva McGonagall, había sido el legendario Ronald Weasley, que había acudido a su amparo cuando nadie más creía en él.

No estaba entre el reducido público que ante él se encontraba. Era más, no conocía a nadie. Y si lo hacía, no habían entablado una relación cordial exactamente.

La mayoría allí le repudiaba por su naturaleza.

El resto lo toleraba.

Ninguno se alegraría de que Alexander Moonlight hubiera superado las pruebas de auror y se hubiera convertido en uno contra todo pronóstico.

 Un hombre de pelo canoso y ojos ambarinos tomó la palabra:

-Me complace compartir con vosotros este acto de egreso. Tres ciudadanos que, sumados a los muchos otros aurores, forman las fuerzas policiales y de seguridad para proteger la vida, la integridad y los derechos de todos los magos, brujas y criaturas mágicas que habitan Inglaterra. El trabajo de auror es, posiblemente, uno de los más peligrosos y aterradores al que un miembro de la comunidad mágica se pueda dedicar. Sus pruebas, donde te dejan solo en los lugares más hostiles para filtrarte en posibles amenazas, te someten a la inmensa presión de lo que está por llegar: proteger a los demás sin acabar siendo asesinado. -Moonlight suspiró, la ceremonia no podía ser de otra forma tras un asesinato de un antiguo auror y Hogwarts en cuarentena por Navidad. Había acabado las pruebas y aquellas fueron las primeras noticias en llegar. - Es nuestra responsabilidad conducir políticamente la seguridad ciudadana. Es por ello, que al definir e implementar acciones contra toda forma de criminalidad, recurrimos a las mejores capacidades que la seguridad tiene para aportar. Ese es el horizonte que nos compromete a todos a quienes integramos el sistema de seguridad mágica. Jóvenes, a partir de hoy, su labor los identifica como Aurores. Hoy, han formulado un juramento que apuesta a estos valores. Los felicito y los convoco a redoblar sus esfuerzos y a que trabajemos juntos por una sociedad más justa, más segura y más solidaria.

Moonlight aplaudió, siendo secundado por, quizás, un par de magos más.

Ella era implacable. Desde que era demasiado pequeña, su entrenamiento había sido tan duro que los estragos y las cicatrices aún le dolían. No obstante, habían sido suficientes para crear a una guerrera imbatible. Así se sentía ella.

Las puertas del Palacio de Hielo se habían abierto ante ella y se sentía victoriosa. Había logrado su primera misión importante. No con el éxito que ellos esperaban, pero tampoco podía seguir todas sus pautas sin violar otra clase de principios.

Se paseó por los pasillos desnudos y vacíos. La soledad azotaba aquel lugar recién erigido. Sus pasos resonaban por todo el Palacio. El dueño ya era consciente de su presencia, pero no se dignaría a recibirla. Solo lo había visto en un par de ocasiones y le bastaron para calificarlo de compañía non grata. Al resto de habitantes de aquel lugar, los superiores directos para ella, también los calificaría así. No obstante, puesto que tenía que lidiar con ellos más a menudo, comenzaba a tolerarlos.

Se detuvo frente a una puerta de madera que contrastaba con la pared blanca como la nieve.

Tocó y, justo antes de volver a posar sus nudillos sobre la madera, la puerta se abrió suavemente.

-Enhorabuena, Cross -le felicitó Montdark.

Ella sonrió. No tenía que decirle gracias para que pareciera que ella le debía algo a él.

-Ha sido un placer... Estoy cogiéndole cariño a tu criatura.

El hombre sonrió y tapó con una tela un espejo que estaba viendo. Gwendoline Cross frunció el ceño y recordó que, como le había contado un hombre de allí, Montdark tenía una obsesión con ese artilugio. La alta figura con la mitad de la cara desfigurada le dirigió una mirada hosca.

-Ahora solo tienes que dar el siguiente paso...

-Tenéis que darme más tiempo -pidió, a eso había venido, al fin y al cabo. -Están registrando el castillo y por poco no me da tiempo a esconderlo.

-Espero que no hayas sido tan necia de esconderlo en la Cámara de los Secretos.

-¿Por quién me tomas? Hay muchos más sitios en Hogwarts que todos desconocen.

-Confío en ti, Cross. Pero no veo por qué no puedas darle uso como es debido. Siento cómo está deseando arrebatarle la vida a alguien...

-Creía que aquí no se premiaban a los imprudentes. Si es cierto que confías en mí, deja que proceda como creo necesario.

Montdark asintió.

-Octavio quiere verte.

La joven sonrió. Asintió y abandonó la habitación. Octavio Onlamein era otro miembro de su pequeño grupo dirigido por el dueño de aquel Palacio de Hielo. Decían que había nacido sin corazón y con una daga bajo el brazo. Él y su gemelo, Olivier, habían inundado las calles de París de terror hacía unos días.

En ese momento, era su modelo a seguir. 


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