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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
[ Más información ]

(IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


La sensación de leer un libro y no recordar que simplemente eran palabras debía de ser magia. Cuando estaba tan capturado por la tinta, que olvidaba que, en realidad, estaba leyendo. Todo lo que veía era descripciones de paisajes que habían comenzado a tomar forma en su mente como si estuviera viendo un documental. Ni siquiera se paraba a pensar en que lo hacía. Y, antes de que pudiera darse cuenta, ya se había leído más de cien páginas sin darse cuenta. Era la mejor sensación del mundo.

No le pasaba con las profecías.

Hugo Weasley era inteligente. Y, cuanta más inteligencia albergaba, más cosas podían darle miedo.

Le pasaba con las profecías.

Había recuperado el libro de Lily. No había sido complicado. Ella se lo había dado. Le había dicho que era lo peor que había visto en su vida. Era afortunada. No se las habría leído todas como él. No tenía anotaciones en pergaminos como él. Ni posibles nombres asociados a profecías que tenían un destino fatídico.

Se había dado cuenta de que, para descrifrar algunas, debía conocer mejor a todos.

Por esa razón, era más social.

Y le había gustado serlo. No podía engañarse. Tener más amigos era acogedor.

Pero también devastador cuando apuntaba sus nombres al lado de algunas profecías.

Por supuesto, no había descifrado casi ninguna. Tan solo las que ya se habían cumplido. O las que eran evidentes.

Por un lado estaba Roxanne. Y su muerte. "Busca la Sangre bajo las órdenes de ancianas y será la primera en causar verdadero terror. Su imagen será roja como la sangre, como sus cabellos, como su vestido que cuelga de un árbol». Bastante explícito. Ahora bien. La Sangre era Ivonne Donovan. Pero, ¿por qué las profecías la llamaban Sangre? Hugo Weasley tenía varias teorías. Podría referirse a que era descendencia. O que, simplemente, su sangre tenía algo especial. Como la de Molly Weasley. No lo sabía. Tenía que seguir aquella pista. Pues no había más profecías que se refirieran a Ivonne Donovan de forma tan evidente.

Remus era el fruto que se volvería oscuro si no seguía a sus luces. Una era su madre. Lógico. ¿La otra? Debían esperar a que se hiciera grande y pudiera mostrar aprecio por alguien. Tenía sus dudas con respecto a Theia. ¿Y si era hacia un hombre? No lo sabrían. Aunque le perturbaba pensar que deberían esperar tanto. Además, si  Remus no seguía a sus luces, las extinguiría. ¿El destino de Remus era matar a su madre y a la persona que quisiera? Muy dramático para un bebé.

Por otro lado, la que murió en el mismo día de su nacimiento fue Minerva McGonagall. Y Roxanne también era una de las profecías que iniciaban la tenebrosa lectura. Intuía que Charlotte Breedlove era la maestra. Y Victoire Weasley era el aprendiz. El aprendiz que les guiaría. No solo a Remus. La que no podría amar. Y había escuchado que Ted y ella definitivamente lo habían dejado. Bueno, la luz original que procedía del agua también tendría que «conducir al Rey Oso a su empuñadura». Y también, «llegada la paz, ofrecer el poder original al Elegido». Eso, por supuesto, si Remus no extinguía aquella luz. También había profecías para la alternativa. Y esas le producían pesadillas. «Sin luz original, la magia será oscura para siempre». Vaya.

Una de las cosas que más le perturbaba era la profecía que versaba sobre «aquellos que nacieron sin el don de la magia conocerán, por fin, el mundo que se les oculta». El libro que tenía ordenaba las profecías casi cronológicamente. De las primeras era la de Roxanne. Más adelante, se encontraba la del nacimiento de Remus. Y las del final se dividían en función de si vencían o no. Estaban contemplando las dos versiones. Y aquella profecía, estaba casi a la mitad. Era demasiado clara como para no asustarse.

Había otra que también era evidente. «El que ve lo que nadie más es capaz de observar será el canal que conduzca a la Era Más Oscura de la Historia del Mundo». Era Christopher Nott. Y lo sabía gracias a Charlotte Breedlove. Pero no sabía cómo ella lo sabía. También intuía que la referente al  «el bello pájaro se ahogará en el agua negra a los lomos del caballo», se refería a su prima Dominique. Había conseguido convertirse, ¿no? Más, en función de la cronología de los eventos, eso debió de haber ocurrido ya.

Había otra que le asustaba. «Las hermanas de sangre morirán el mismo día para pactar su amistad, a una le romperán el corazón y a la otra le quitarán el alma». Tenía varias posiblidades. Lucy y Molly las había tenido que tachar. Le dolió hacerlo. Aún había más hermanas. Dominique y Victoire. Su tía Fleur y la hermana de esta. Monique y Susan Jordan. Bárbara y Ellie Coleman. Cornelia y Lola Brooks.

Se había centrado en aquella profecía de las hermanas. Era horrible. Saber que Hugo podía avisar a todas esas hermanas. Y, al mismo tiempo, evitar hacerlo. Resopló. Las profecías podían tergiversar las palabras y no tenía por qué significar aquello.

Dos profecías parecían un cuento muggle. De hecho, eran historias muggle para niños. La señora Breedlove le había contado cómo aquellas profecías habían estado en la boca de numerosas culturas durante la historia de la magia. Y, por supuesto, en la de las muggles. Pero aquella era unos cuentos muggle. Nórdico. Danés. Precisamente de dónde eran los del Ojo. De Hans Christian Andersen. Que, por lo visto, fue mago.

Otro tenía un parecido innegable con la Reina de las Nieves. O quizás era lo que quería creer Hugo Weasley. Quizás era simple coincidencia. «La oscuridad se pinchará en los corazones de las personas de diferentes formas. Harán cosas horribles que ordenará el Inmortal. Irán quedándose sin vida. Pero el amor de los jóvenes entenderá que esos hechizos se pueden romper». Era como el cuento. Gerda salvaba a Kai con un beso por el poder del amor. El amor. Aquella fuerza que tenía una sala entera del Departamento de Misterios para su investigación. Había muchas profecías que abogaban por el amor como fuerza salvadora.

Y el otro era el cuento de La Sirenita.  Solo que al revés. No era una sirena la que se convertía en humana para salvar a su príncipe. Era, más bien, un humano -la profecía no especificaba el género- el que se convertía en una criatura marina. A cambio de que su alma perteneciera al mar menos en el ciclo lunar. Pues, como bien sabían en el mundo mágico, en el ciclo lunar era cuando ocurrían las transformaciones de todas las criaturas mágicas. Pero, ¿podría un humano convertirse en una criatura marina? No decía que fuera una sirena. ¿Podría hacerse aquello? Hugo Weasley se había empapado de leyendas para sustentar aquella profecía. Tenía claro que se trataba de una sirena. La gente del mar, como se les denominaba a la especie, era una especie sapiente y podrían haber alcanzado el estatus de ser junto con los centauros, sino lo hubieran rechazado por no querer formar parte del grupo al que pertenecían los vampiros. Por tanto, no eran meras criaturas mágicas. Tenían un lenguaje muy desarrollado. Creaban música. Se organizaban en comunidades altamente organizadas. Domesticaban a otras criaturas. Fabricaban armas. Y tenían la capacidad de comprender la comunicación humana. Algunas podían incluso hablar como ellos. Había una historia. Una bruja se enamoró de un sireno en el siglo XVII. Ahora bien, nunca un mago o bruja se había convertido en esa criatura mágica.

Resopló. ¿Y cómo se suponía que debía saber quiénes eran?

Les había contado, en confidencia, a Sebastian, Albus, Malfoy y Greenwood que para alcanzar la paz era necesario que el Ojo consiguiera lo que se proponía. Más bien, el inicio. «El alzamiento» lo habían llamado. Y, si antes había habido algo de guerra, después habría una gran batalla que decidiría el futuro del mundo. Se lo había dicho a sus amigos para que soportaran la carga con él. La idea de que debían luchar. Incluso sabiendo que parecía que todo estaba en su contra. Podrían detenerlo todo, incluso si el Ojo no llegaba a alcanzar su objetivo. Hugo Weasley creía aquello.

Saber aquello. Después de leer las profecías y estudiarlas. Le hizo dudar. De Charlotte Breedlove. Y de Ivonne Donovan. Había aprendido a no confíar en ninguna. Aunque las profecías llamaran a Charlotte Breedlove la guardiana y la maestra.

¿Qué pretendían exactamente cada una?

No confiaba en nada en Ivonne Donovan. Quería ir en contra de las profecías si su propósito era detener al Ojo en cuanto antes, ¿no? Suspiró. ¿Es que no quería hallar la paz? ¿Evitar alcanzar la paz? ¿Cómo pretendía conseguirlo? No entendía su enfoque. Pero sí el de Charlotte Breedlove. Puesto que era el enfoque que había adquirido él. Recordó que le dijo que haría todo lo que estuviera en su mano para conducir a la paz. Hablaba de llegar que decían las profecías. La otra realidad. La última profecía. «La paz en el presente, en el pasado y en el futuro. La luz inundando, de nuevo y por primera vez, el mundo».

-Hugo.

La voz de su madre le despertó de sus suposiciones. Estaba mirando a la nada. No obstante, pensando en todo aquello. En la biblioteca de Hogwarts. Con el libro de las profecías de Charlotte Breedlove abierto. Con la pluma manchando su camisa. Y con su ceño eternamente fruncido.

-¡Mamá! -dijo sobresaltado.

¿Qué hacía su madre allí? ¿En Hogwarts? Se recompuso sobre la silla.

-¿Dónde está Lily, cielo? -le preguntó. -Tengo que hablar con ella…

-Pues evidentemente no en la biblioteca -espetó, confundido y fastidiado porque su madre hubiera venido a Hogwarts para hablar con su prima.

Ella sonrió.

-Pero tú sí y esperaba que me dijeras dónde estaba Lily -explicó su madre.

Hugo se rascó la frente. Su madre aún creía que la amistad de Lily y él era tan íntima como lo había sido cuando eran niños. Sí, seguían siendo primos. Amigos. Pero él estaba siempre ocupado. Y Lily tenía problemas. No acudía precisamente a él para solucionarlos.

-Estará con Lyslander en la Enfermería -sugirió.

Hizo un gesto para que su madre le dejara seguir con las profecías.

Hermione Weasley decidió ir al sitio propuesto por su hijo.

Aunque su tía Hermione no lo supiera, Lily pasaba mucho tiempo en la Enfermería desde que volvió a Hogwarts. Sí. Al lugar donde todo ocurrió. ¿Por qué? Por la misma razón que lanzó un Avada Kadavra. Para proteger a su mejor amiga. Por supuesto. Su mejor amiga había perdido una pierna. Y estaba con los nuevos Sanadores probando la nueva. Y ella no se separaba de ella. Como un perro guardián.  La acompañaba a todas las clases. Le llevaba los libros. Aunque Lyslander tuviera una muleta para apoyarse y una nueva pierna mágica que tenía que aprender a utilizar, Lily se había propuesto ser su mayor apoyo.

La encontró, evidentemente, animando a Lylsander.

Su mejor amiga estaba feliz por haber sobrevivido. Pero había cosas que la inquietaban y se lo contaba a Lily. La principal era evidente: ¿podría jugar al Quidditch? ¡Era la gran promesa de Hufflepuff y de Hogwarts! Intentaba animarla. Y le había pedido a James que fuera algún día a darle consejos. Aunque su hermano tenía demasiadas cosas que hacer.

-¡Lily! -la llamó su tía.

Ella se echó hacia atrás cuando su tía la abrazó. Sorprendida. Perpleja. Confusa. Preocupada. Aquella sensación se oscureció. Lo primero que pensó fue en su madre. Porque Lyslander y su madre se habían convertido en su mundo entonces.

-¿Está bien mi madre? -soltó con brusquedad.

Su tía Hermione la contempló. Había preocupación en su mirada. Pero era por ella. Ella. Objeto de preocupación. Suspiró. Estaba cansada de serlo. Ella estaba bien. Debían dejar de preocuparse por ella.

-¿Puedes venir conmigo un momento?

Lily se encogió de hombros. Si su tía Hermione había ido a Hogwarts para verla expresamente a ella, ¿tenía elección? 

Se despidió de Lyslander. Su amiga asintió entre los comentarios de los Sanadores que la atendían. Era la superviviente del ataque. Era famosa. Lily era el héroe trágico de aquel acontecimiento y la gente no sabía cómo acercarse a ella. Mejor. Que no lo hicieran.

-¿Cómo está mi madre? -preguntó.

Su tía sonrió.

-Como la última vez que la vistes -le contestó. Entonces, ni bien, ni mal. Sobreviviendo en una prisión mágica en mitad de un mar. Lily suspiró. Al menos no era peor que eso. -Pero he hablado con ella -añadió. Lily la miró. Intrigada. Entecerró los ojos.  -Tu madre cree que el Ojo ha puesto la mirada en ti… Y si tu madre lo creo, yo confío en ella -Expresó. A Lily se le encogió el estómago. -Queremos hacer todo lo posible para que estés protegida… Incluso si no podemos protegerte.

Bufó.

-Creo que he dejado claro que sé protegerme yo sola -le dijo con franqueza.

Su tía asintió.

-Queremos asegurarnos, Lily… Y tu madre me ha pedido que te proteja con algo que yo tuve casi con tu edad y que me sirvió… Pero debes saber utilizarlo en el momento oportuno -Advirtió. Le enseñó su mano cerrada en un puño. Lo abrió. Sacó un objeto que tenía la apariencia de un reloj de arena pequeño. Del color del oro. Lily dio un respingo. Había oído hablar de aquello. -Astoria me lo ha dado para ti. También está preocupada por tu seguridad y…Como tiene la colección Malfoy… Pensó que esto te podría proteger. Has demostrado que tienes una mente serena y que sabes actuar en los momentos más difíciles… Es tuyo, Lily.

La joven lo miró. Con sospecha. Temerosa del poder de ese objeto. Lo cogió con sus manos. Tenía una cadena dorada. Lo cogió. Se pasó la cadena por el cuello. Contempló el artilugio tan poderoso que tenía en sus manos.

-¿Qué hace exactamente?

Su tía sonrió. Satisfecha de que su sobrina no hubiera puesto resistencia.

-Es diferente al de los otros giratiempos… Al que yo tuve. Era del abuelo de Scorpius Malfoy. Los otros giratiempos fueron poca cosa para él… Y, sin embargo, tu padre, Ron y yo salvamos una vida con uno de esos… Pero este, Lily, este es más poderoso. Tiene la capacidad de desplazarse a prácticamente cualquier años, sin un límite de hora…-Su tía le acomodó el pelo alrededor del giratiempo. -Hay unos límites… Las leyes de Saul Croaker.

-¿Por qué no lo utilizó la señora Malfoy para evitar que muriera el padre de Scorpius? -preguntó con curiosidad Lily.

Hermione Weasley tensó los labios.

-Es un instrumento peligroso, Lily… No es una piedra de resurrección -Dijo con precaución. -Es importante que, si alguna vez llegas a utilizarlo, evites el contacto con tu ser del pasado… Podría atacarte, quitarse la vida por confusión o… podrías alterar tu propio futuro o con quiénes hayas interactuado, causando que el curso de su vida, la de los demás o incluso el destino del mundo vayan en una dirección completamente distinta a la que se conoce en una determinada línea del tiempo… Y podría ser imposible predecir cuál sería esta nueva dirección de la línea… -Lily tenía el rostro arrugado. Bueno. Al menos su tía y su madre confiaban en ella. Lo suficiente como para darle el poder de cambiar el destino del mundo, ¿no? Era una buena arma para la guerra. -Pero no te preocupes… Sé que sabrás cuándo utilizarlo.

Ella asintió.

Se guardó el giratiempo dentro de su camisa.

Ojalá nunca tuviera que utilizarlo. No querría crear otra línea temporal.



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