Historia al azar: No hice mas que Extrañarte...
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
[ Más información ]

(IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)


Siempre había una primera vez para todo.

Estar a punto de cumplir quince años y que fuera la primera vez que traía amigos a casa le avergonzaba. Le había puesto nervioso. No quería que a sus amigos les gustara su casa. Simplemente quería que se sintieran cómodos. Habrían escuchado historias. Allí habían pasado cosas horribles. Y él no sabía ni la mitad de ellas. Había sido la antigua sede de los mortífagos.

Se corrigió a sí mismo. No era la primera vez que sus amigos iban a su casa. Habían estado allí para el funeral de su padre. Y Rose Weasley se había quedado allí cuando rescataron a Albus, para asegurarse de que estaban bien. Definitivamente, la Mansión Malfoy no era un pozo de buenos recuerdos.

Ojalá no lo trajeran a colación. Scorpius Malfoy odiaba hablar de su padre. Se le empañaban los ojos. Se le hacía un nudo la garganta. Y quería salir huyendo de allí. Había estado tan preocupado en todo momento, que, cuando llegó a su casa tras ver a todo el mundo llorar en Hogwarts, se percató de algo. No había llorado la muerte de su padre propiamente. No se había tirado ni un solo día acostado. Refugiado del mundo. Abranzando alguna fotografía de él. Y pensando en cuánto lo echaba de menos. Cuánto lo quería.

Había estado ocupado. Tenía que mostrarse fuerte para su madre. Y su madre se fortaleció. Debían arreglar la casa en verano. Y, para Pascuas, ya estaba terminada. Tenía que cuidar de Theia cuando su madre se derrumbaba o necesitaba un respiro. Si lloraba en su casa, su madre lo sabría. En Hogwarts tampoco podía. No quería mostrarse así en el cuarto que compartía con Peter. No quería decir nada a Albus para que pusiera su rostro compugnido y se preocupara por él, cuando acababa de ser secuestrado, cuando acababa de ser traicionadopor Alice o cuando su familia estaba destrozada por asesinatos a sus miembros o su madre era prisionera de Azkaban. No se sentía con ánimos de desnudar sus sentimientos ante nadie de su equipo de Quidditch. Incluso si eran una tercera familia para él. ¿Hablar de sus sentimientos con Potter o los Weasley? No era una opción. Inviable. Potter se lo contaría a Albus. Fred Weasley entendería tan bien su sentimiento que no quería recordárselo. Rose Weasley aún le decía que su pelo olía a cerveza. ¿Con Fenwick? Sería como terapia de choque. ¿Con Rogers? No querría una solución, simplemente alguien que le escuchara. ¿Con Carter? No podía sentirse tan vulnerable ante el miembro que mejor le caía. Solo había podido hablar de ello con Alice. Porque, aunque no llegara a entenderlo del todo, sabía exactamente lo que decir. Y Scorpius agradecía la calidez de su amistad. Por esa razón, nunca la puso en duda.

Y, sin embargo, ella no estaba allí.

En el sótano de su padre. Al que solo podían acceder aquellos con sangre de la familia Malfoy. O aquellos que los Malfoy dejaran entrar. Para contemplar la colección de artilugios de su padre.

Era algo que había querido enseñarles desde hacía tiempo. Sobre todo a Hugo Weasley. Sabía que sus amigos apreciarían lo que había allí. Pero solo Hugo Weasley o Rose Weasley lo llegarían a entender. Obviamente no iba a invitar a Rose Weasley. Pensó en hacerlo. Pero, tras ver la negativa tan directa y brusca hacia Trust y Carter, se lo replanteó. Él no iba a pedirle una cita ni una fiesta de pijamas. Pero, bueno, su ferocidad le intimidaba.

Cuando Astoria Malfoy se enteró de que Scorpius iba a invitar a cuatro amigos a su casa, se puso eufórica. No le gustó tanto que quisiera enseñarles sótano de su padre. Pero le dijo que de aquello se trataba. Scorpius estaba un tanto frustrado desde que su madre le dijo tajantemente que él era ahora el reflejo de lo que había sido Draco para su hermana pequeña y para el resto del mundo. Sin presión, ¿eh? Debía ser el mejor Malfoy de la historia. Hacerla orgullosa. Oh, para nadaScorpius estaba al borde de sufrir un infarto con tantas cosas en la cabeza. Por suerte, estaba su hermana. Aquel precioso bebé que le quitaba el aliento cada vez que reía.

-¿Es de su agrado, Sebastian? -preguntó su madre dulcemente.

-Sí, señora Malfoy, muy bueno -Respondió cordialmente Sebastian McKing.

Había bajado al sótano para ofrecerles limonada. Scorpius conocía a su madre. Quería ver cómo eran sus amigos. Como si no se fiara del todo que Scorpius no tuviera buenos amigos. Ella conocía a Albus. Y a Hugo. De vista. Pero no a Peter ni a Sebastian. Quería saber a quiénes traía a casa. ¿Su madre era una escéptica? Naturalmente. Su marido había sido asesinado y tenía dos hijos a los que proteger.

Scorpius suspiró.

-¿Cómo están tus hermanos, Albus? -preguntó su madre a su mejor amigo.

-Bien, señora Malfoy -respondió educadamente Albus. -Mi hermana volverá a Hogwarts después de vacaciones y mi hermano está igual que siempre.

La señora Malfoy asintió. Como si Scorpius no se lo hubiera dicho ya. Su madre sabía que Lily Potter había lanzado un Avada Kedavra a su prima Molly Weasley. También le había dicho que estaba mejor de lo que cualquiera había previsto. «Una jovencita muy parecida a su madre», había dicho Astoria. Y también le había contado que James era el que lideraba a todos los Guardianes y que, además, era un licántropo. «Todo un Gryffindor», había dicho. No obstante, se habría quedado con las ganas de preguntar directamente a Albus.

-¿Y tu hermana, Hugo? -se dirigió con un vaso lleno de limonada hacia el joven Weasley. Este entornó los ojos. Scorpius se mordió la lengua por dentro. -Mi hijo me ha dicho que es una jovencita excepcional.

Hugo guardó silencio. Parpadeó. Perplejo. El resto también permaneció en silencio. Peter Greenwood dejó escapar una breve risa.  Sebastian McKing giró la cabeza hacia otro lado. Albus cerró los ojos.

Scorpius quería aclarar que lo que le había dicho a su madre era que le costaba superarla en las asignaturas, como siempre le preguntaba su padre. Y que, sin ella, no habrían podido batir récord en Quidditch. No había mentido. Pero su madre había tergiversado las palabras.

-Excepcional… -Dijo Hugo Weasley.  Un silencio de pausa. Tensión. -Podría decirse que sí.

-¿Por qué no ha venido? Creía que era de vuestro curso, ¿no, Peter? -Se dirigió hacia el joven. Este sorbió limonada para no responder. Oh, no se libraría del interrogatorio de Astoria. -Todo grupo de jovencitos necesita una mujer que los encauce…

-Tenemos a Alice -dijo simplemente Peter.

Astoria alzó las cejas. Oh. Sí. Su hijo también le había hablado de Alice. Le había contado absolutamente todo. Y pidió a Merlín y a todos los poderosos magos que no se dirigiera a Albus. Por favor.

-¿Por qué no ha venido, Albus?

Scorpius miró a la suela de sus zapatos.

Peter hizo que tosía. Hugo frunció el ceño. Oh, sí, el sabelotodo no lo sabía todo. Sebastian McKing soltó una risa. Peter le dio un codazo.

Albus se rascó la nuca.

-No ha podido venir, señora Malfoy -se excusó.

Sin más información. ¿Qué creía su madre? ¿Qué les sonscaría todos sus secretos de adolescentes? ¡Si ya los sabía! Les estaba haciendo sentir incómodos. Y era precisamente lo que Scorpius no quería.

-Hugo, tú que eres el más responsable -le dijo Astoria. -Asegúrate de que la próxima vez mi hijo invita a Alice y a Rose -Sentenció. Por si no había quedado claro que su madre quería conocer a las féminas que rodeaban la vida de su hijo. -Tengo muchas ganas de conocerlas -añadió.

Scorpius bufó. Tocó a su madre por el hombro. Le retiró la bandeja y la puso encima de una mesa.

-¿Alguna otra sugerencia, mamá?

Su madre entornó la mirada.

-¿Debería? -inquirió ella.

-Podría invitar también a Lily Potter -Scorpius rodó los ojos ante el comentario de Peter. -Es muy amiga de Hugo también…

-¡Oh, por supuesto! -Su madre se alegró de aquello.

Scorpius negó con la cabeza hacia su amigo. Pese a que Scorpius lo negara con sinceridad, Peter Greenwood estaba convencido de que Scorpius Malfoy sentía algo por Lily Luna Potter y no lo quería admitir para que sus hermanos no lo quemasen en una hoguera.

No perdía la oportunidad de dejar clara su opinión.

-Vale, mamá… Creo que Theia está llorando, ¿no la oyes? -le insistió Scorpius, aquella vez, empujándola con un dedo hacia la salida.

-Hijo, tu hermana no llora -le dijo claramente. -Pero os dejaré a solas… Portadse bien… Aquí hay muchas cosas que os incitarán a no hacerlo -La advertencia fue seria.

Miró a sus amigos. Se tensaron. Bueno, no se alejaba de un aviso real, ¿no? Su padre no coleccionaba sellos precisamente. Su madre, finalmente, se marchó. Y los dejó a los cinco en silencio.

Hasta que Peter se desternilló de risa y lo siguió Albus. Sebastian los miraba con una sonrisa. Y Hugo parecía querer que se callaran.

-Imagina cuando traigas aquí a una chica… -Dijo socarronamente Sebastian, ante la sorpresa de todos. Comenzaba a ser un chico con un poco más de luz. Como si la distancia en el tiempo desde la muerte de su hermano le fuera encendiendo paulatinamente.

-¡Eso lo tienes que grabar en video! -Se rio Albus.

-Me pregunto quién será -Scorpius le señaló con el dedo índice para que no siguiera con su broma. Peter alzó las manos en señal de paz y aguantando la risa. -¡Eh! Que ahora tengo mis dudas… No sé que pelirroja prefieres…

-Carter te matará si se entera -secundó Albus entre risas.

-Pues no tendrá ningún motivo -terció Scorpius.

-He de decir -Interrumpió Hugo Weasley. -Que te mereces algo más que Lily o que Rose… Ninguna está a tu altura -Añadió con solemnidad.

-¿Gracias? -inquirió Scorpius Malfoy.

Bueno, al menos aquel pequeño genio tenía las expectativas altas para él, ¿no?

-Bueno, en el Quidditch podría ser mejor que tú… -Advirtió Sebastian.

Peter se paseó por delante de Hugo y de Sebastian.

-Y vosotros… ¿qué? -Les interrogó. -¿Pelirrojas? ¿Rubias? ¿Gryffindor morenas de actividades sospechosas…?

-Yo no soy Albus Potter -respondió deliberadamente Sebastian McKing.

Este se atragantó con la limonada y tosió hasta que pudo respirar bien. Miró a McKing y se preguntó qué diantres le había hecho al hijo del Ministro para atacarle de aquella manera.

-Oh, pero lo de Albus es diferente, ¿verdad? -Peter corrió a pasarle el brazo por el hombro de su amigo. Lo giró ante Hugo y Seb. -Os presento a Albus Potter, sabe lo que siente, pero no sabe cómo hablar en los momentos más importantes de su vida…

-¡Peter! ¡No le digas nada a ellos!

-¿A quién crees que se lo vamos a decir? -Se encogió de hombros Seb.

Scorpius agradeció que el tema de conversación hubiera cambiado en detrimento de su amigo Albus Potter. Les había contado su último encuentro con Alice. No pudieron evitar soltar carcajadas. Albus estaba realmente preocupado. No podía hablar con Alice en otro sitio. Sus cuadrantes no volverían a coincidir. Y odiaba pensar que Alice creyera que no le correspondía. Simplemente no había sabido qué decir. Peter le contó que él había dicho «Te quiero» y nunca los había sentido. Entonces Scorpius le dijo que precisamente por eso, la situación de Albus era más complicado. Era difícil decirlo cuando verdaderamente lo sentías. O ese fue su consejo.

-Pues a Rose -suspiró Albus.

-Mi hermana y yo no hablamos de esas cosas -dijo extrañado Hugo. Como si solo pensar aquello fuera un insulto para ellos dos.

-¿Desde cuándo eres un cotilla, Hugo? -Le dijo, fastidiado, Albus.

Él sonrió con suficiencia.

-Soy curioso. Soy Ravenclaw. El editor jefe del Diario del Castillo es Ravenclaw…

-¡Lo pillamos! -Le interrumpió Peter. -Pero me tienen a mí para solucionar sus problemas de amor, ¿verdad, amigos míos?

Scorpius rodó los ojos. Como si él tuviera problemas de esos. O, en caso de tener incertidumbre, como si fuera a contárselos a Peter. Él había creado el rumor de que a Scorpius le gustaba Lily. Todos los Guardianes de Hogwarts creían eso. «Tiene doce años, Malfoy», le espetó incluso James Potter. Por mucho que él lo negara, el rumor era más fuerte que la verdad.

-Tu experiencia la sacas de tus películas y dudo que hayas visto películas románticas como para poder darnos un solo consejo…-comentó Scorpius.

Peter arrugó el rostro. Scorpius asintió, convencido de que el momento de silencio de Peter le estaba otorgando la razón. Aún no podía nombrar una película romántica que hubiera visto y de la que sacara alguna conclusión real.

-El Imperio Contrataca -declaró finalmente Peter.

-¿El Imperio Contrataca? ¿La de Star Wars? ¡Eso no es romántico! -Se escandalizó Scorpius, quien había sido obligado por su amigo a verlo, una vez que les dejaron entrar tablets y otros dispositivos electrónicos a Hogwarts. Sin Internet. Pero él tenía algo que llamaba disco duro, que en realidad era una caja muggle en la que había mucha información.

Peter resopló. Alzó su vaso de limonada para apoyar su discurso.

-Au contraire, querido, es muy romántico -le corrigió. -La última escena, ya sabes, cuando están a punto de poner a Han en esa cámara de congelación… ¿Recuerdas?

-Mmmm -murmuró Scorpius.

-Y Leia se inclina y le dice «Te quiero» -siguió relatando Peter.

-Eso es cursi, no romántico -interrumpió Hugo.

Vio a Albus rodar los ojos ante la insensibilidad emocional de su primo.

-Han le dice «Lo sé» -le decía a Scorpius.

-¿Y?

Peter sonrió. Con suficiencia. Preparándoles para la conclusión final que arreglaría sus vidas.

-No tiene que decir nada tan trillado como «Te amo»…Porque eso ya se entiende. Y eso, queridos amigos, es romántico -concluyó.

Scorpius ladeó la cabeza. Se bebió un trago de limonada para no darle la razón.

-Yo no dije nada, Peter, salí corriendo -recordó Albus.

Peter asintió con una sonrisa.

-Tú no eres Han Solo, Albus -dijo su amigo. -Tú eres tonto -dijo simplemente.

-¿Te quedaste callado? -se burló Hugo Weasley. Se rio. Oh, Weasley con sentido del humor.

-¿No sentías lo mismo? -Intentó adivinar Seb McKing.

-Au contraire, queridos -Imitó Scorpius a su amigo Peter. -Pero ella ya sabe lo que Albus siente por ella… No hace falta que lo diga. Y eso también es romántico -Sonrió a su mejor amigo. -Aunque tu forma de decirlo sea huyendo -añadió.

Los cuatro se rieron. Menos Albus.

Bufó.

-¿Nos vas a explicar que nos querías enseñar o vamos a seguir riéndonos de mis errores? -preguntó un tanto enfadado.

-¡Por Merlín, Albus! -Exclamó Hugo Weasley. -¿Es que acaso no eres consciente de lo que tienes en frente?

-¿No?

Hugo resopló. Se acercó con paso firme hacia la vitrina que tenía Albus Potter en frente. La observó como si se tratara de un gran tesoro. Y era cierto. Scorpius sintió cierto orgullo por el hecho de que su padre hubiera logrado hacerse con aquella colección.

-Bienvenidos a la Colección de Reliquias Mágicas de Draco Malfoy -anunció con mucho orgullo el hijo del fundador de aquel lugar. Se paseó por las vitrinas. -Lo que Hugo señala es el Escudo de Lancelot… Y eso de allí es el Tamhlem, el cuerno de chacal, la Taza de jamshid y la Espada de Fragarach… -Los ojos de sus amigos se pasearon por algunas de las reliquias que veían en las vitrinas. Había tantas. -El inventario es el libro que está en la entrada.

Hugo se acercó rápidamente hacia una vitrina en concreto. Scorpius escondió una sonrisa.

-¿Es esto lo que creo que es? -Lo preguntó con precaución.

Seb, Albus y Peter se acercaron tras él para contemplar aquel objeto. Albus miró a Scorpius con una interrogación en el rostro. Seb alzó las cejas. Y Peter fingió adoración.

-La varita del Sauco -confirmó Scorpius

-Pero…-Comenzó Albus.

-Tu padre la trajo aquí cuando comenzó todo… Creía que si permanecía en la tumba de Dumbledore la acabarían encontrando -aclaró.

-Y aquí sólo se puede entrar por un vínculo de sangre -añadió, asombrado, Hugo.

-Yo puedo entrar sin sangre -corrigió Seb.

-No lo hagas -le ordenó Scorpius con una sonrisa.

-¿Cómo es posible que tu padre encontrara todo esto…? Son reliquias que los magos no han podido encontrar en siglos…-Se asombró Hugo. Se paseó por otras vitrinas.

-Eso es lo que os quería contar -Suspiró Malfoy. -Mi padre me dijo que había recibido indicaciones para encontrar algunos, hacía años, de una mujer… Y cuando comenzó el tema de la búsqueda de Ivonne, me dijo que estaba seguro de que era ella.

-Percibo un pero…-Se adelantó Albus.

-Mi padre me dijo que era una mujer de piel oscura -finalizó Scorpius.

Albus encogió su rostro.

-Habría que preguntarle a Brooks -se mofó Seb.

-Igual es adoptada, bien visto -corroboró Peter.

-¿Crees que fue el Ojo?

Scorpius suspiró. Aquello le había acechado todo aquel tiempo. Y, por fin, se sentía no tan mal diciéndoselo a alguien. No lo haría con su madre. ¿Decirle que aunque su padre hubiera muerto para protegereles, había ayudado al Ojo con objetos potencialmente oscuros que ellos mismos custodiaban? No era la mejor forma de recordar a su padre.

-Quiero pensar que no -se sinceró.

-No -declaró Hugo Weasley. -No fue el Ojo -Aclaró. -¿Qué más te dijo de esa mujer?

Scorpius se encogió.

-Se llamó a sí misma guardiana de la paz y del equilibrio de la magia… Pensó que fue Ivonne por lo evidente… Pero…

-Fue Charlotte Breedlove -anunció Hugo Weasley. Respiró profundamente. -Y creo que es hora de que os cuente yo algo.

-¿Por qué me suena ese nombre? -murmuró Albus.

-Porque es la misma mujer que protegió a Remus cuando Victoire fue atacada el año pasado -reveló. -Charlotte Breedlove es… Nuestra guardiana -Dijo, enigmáticamente. -Llevo conociéndola un par de años y… Me ha dado un libro con todas las profecías que se van a suceder para que ocurra el objetivo del Ojo.

-¿Cuál es el objetivo del Ojo? -cuestionó Seb.

-No lo he descifrado aún -se lamentó Hugo.

-¿Y ella lo sabe? -inquirió Albus. Hugo asintió. -¿Qué tiene que ver con Ivonne?

-Ivonne Donovan es clave, por supuesto… Pero…  Las profecías no se centran en Ivonne Donovan como el Ojo y el Temple piensa…

-¿Brooks? -Tanteó Peter.

Hugo sonrió.

-Todos nosotros -corrigió. -Cada uno de nosotros, de algún modo u otro, ayudaremos al objetivo del Ojo… Hay profecías sobre todos…

-¿Por qué haríamos algo que quiere el Ojo? -espetó Seb.

-Esto… Esto no se lo podéis decir a nadie -Les advirtió. -A nadie. Todavía no están preparados para saberlo… Pero debía contárselo a alguien -Se sinceró. -Lily… Lo que ha hecho ella… No es nada en comparación con todo lo que vamos a tener que hacer. Va a haber una guerra. Peor que todas las que hemos conocido… Peor que lo que nuestros padres se esperan… Y nosotros seremos piezas clave… Pero… Al contrario de lo que todos pensamos, para llegar a nuestra paz… Hay una profecía que dice que el Ojo primero deberá lograr su propósito.

Se hizo un silencio sepulcral.

-¿Qué? -espetó Albus.

-Las profecías se pueden romper -Dijo, sabiamente, Scorpius.

Hugo asintió.

-Sí… Si tienes fuerza de voluntad, sí se puede romper -cedió Hugo. -Pero no sabemos quiénes son los que nombran en las profecías… Y… Es muy difícil controlar a todo el mundo… Es el destino… Podemos variar algo… Pero no el futuro en su totalidad. No este destino. No estas profecías.

-¿Nos estás diciendo que vamos a perder? -inquirió Peter.

-Nadie gana o pierde en una guerra -respondió Hugo.



« (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice Comenta este capítulo | Ir arriba (IV) Capítulo 31: Dejar ir »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.