Historia al azar: enamorado de mi enemigo
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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 27 de Enero de 2021, 11:55
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(IV) Capítulo 29: Lo que no se dice

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)


Después de lo que aconteció en Hogwarts y que nubló la esperanza de la mayoría de sus alumnos, las vacaciones de Pascua fueron justo lo que necesitaban. Las narices rojas. Las cabezas caídas. Las risas apagadas. El miedo. La tensión. Ojeras. Y un extraño silencio había acompañado al Hogwarts Express aquel año hasta la estación de King Cross.

El Ministerio de Magia ya había comunicado que se estaban tomando medidas de seguridad extremas. Ningún alumno sabía cuáles serían. Había rumores de que no hablaban de aumentar los Aurores en el castillo. Sino de retirar los trozos oscuros que amenazaban todos los días a aquellos que portaban la luz. Los guardianes de Hogwarts sabían, inconscientemente, que tendrían un papel en aquellas medidas. Quizás para eso eran las rondas. ¿No estaban vigilando todos los alumnos que desparecían con trasladores? Gracias a ello tenían bien claro quién pertenecía al Ojo. Compartían clase con ellos. Casa. E, incluso, habitación. Debían seguir fingiendo que eran amigos. No podían revelar que sabían, a la perfección, quiénes eran. Eso era lo que habían hecho. Se habían asegurado de identificar a todo alumno de Hogwarts que fuera miembro del Ojo. Desaparecía en los sitios que había trasladores. Siempre los mismos días a la misma hora. Los tenían vigilados. Pero no habían hecho nada. Todavía. Quizás esperaban las órdenes del Departamento de Seguridad. O del Temple. En aquella guerra, el Ministerio estaba de su parte.

Pero ninguno de los Guardianes había dicho aquello en voz alta.

Todos querían pasar unas Pascuas tranquilas. Algunos de los Guardianes quedarían. En la última reunión habían dicho sus planes en voz alta. El equipo de Quidditch de Gryffindor, por ejemplo. Bárbara Coleman, Camrin Trust y Janet Rossen le habían dicho a Rose Weasley que si quería ir con ella a la casa de campo de las Coleman. Y ella lo había rechazado.  También rechazó a Carter. De nuevo. Monique Jordan iba a ir a la casa de Fenwick con Rogers como hacían cuando Roxanne estaba viva. Habían invitado a Nott. No sabía si podría ir pues había quedado con un tal Gilderoy Lockhart.  Lucy Weasley invitó a David Morrit, Claire Jenkins y Tim Marrs a la Madriguera para hacer la ausencia de su familia más llevadera. Invitaron también a Frank Longbotton. Este asintió animado Lucy, en tanto que pasaba más tiempo con los Ravenclaw, extendió la invitación a los hermanos McGregor. Pero Tom la rechazó. Peter dijo que se lo pensaría. James Potter, Fred Weasley y Susan Jordan también estarían allí. Como siempre habían hecho. Scorpius Malfoy invitó a Peter Greenwood y a Albus Potter a su mansión un día para enseñarles una cosa que también quería que vieran Sebastian McKing y Hugo Weasley. Lorcan Scarmander y Lyslander Scarmander pasarían sus vacaciones de expedición con su padre. Lily Luna Potter no había asistido a la reunión.

Cornelia Brooks no podría hacer planes. Sus vacaciones eran volver a estar encerrada. Todos sabían aquello. Sin que ella tuviera que haber dicho nada. Por lo que no insistieron en ofrecerle nada.

No obstante, sus Pascuas la sorprendieron.

Ivonne Donovan había decidido que las pasarían en una casa en la costa. Cuando entraron, Ivonne utilizó magia para forzar la puerta. Cornelia y Lola se miraron. Escépticas. ¿Aquella era propiedad del Temple? William Crawford les había dicho que no. Era propiedad de Ivonne Donovan. ¿Pero de aquella Ivonne Donovan? Probablemente no, pensaban las hermanas. Su madre no había querido ir con ellas. Tenía un caso que llevaba ocupándole todo el tiempo desde que aquel día de junio llevó a Cornelia al Temple por primera vez. Y Crawford no podía abandonar la sede del Temple. Eran ellas dos e Ivonne Donovan. Quien desaparecía casi todos los días.

Había lanzado un conjuro para que no pudieran salir de allí con magia. Tampoco era como si Lola pudiera hacer algo. Y Cornelia Brooks no quería más problemas con Ivonne Donovan. Le había requisado a Cornelia Brooks la varita, recordándole que no podía hacer magia fuera de Hogwarts. A Lola le quitó todos sus dispositivos electrónicos. Incluso si allí no había forma de coger cobertura.

Oh, Ivonne Donovan confiaba ciegamente en sus nietas. Por supuesto.

Les dijo que aquel sería su nuevo hogar cuando lo reformara. ¿Dónde en el mundo estaba la casa de la playa? Ninguna pudo encontrar una forma de descubrirlo. Habían llegado al límite del territorio en el que no había una barrera protectora para que salieran de allí. Y no habían visto nunca a nadie.

Aunque el lugar era digno de visitar. La casa, pese a estar comida de polvo que limpió Ivonne rápidamente, era bastante acogedor. Estaba hecho de madera de alpino por dentro. De color blanco y azul. Por fuera era del color de la arena fina. Parecía como si quisiera camuflarse con el paisaje. La decoración era muggle. Estaba claro. Había cuadros de olas. De acantilados. De barcas. No entraba frío. Ni calor. Dormían con sábanas finas. Pero con una suave manta. Y escuchaban el rumor de las olas. Estaba en lo alto de un acantilado. De piedra marrón. Con la arena blanca cubriendo su loma. El acantilado se abría en una pequeña cala de aguas cristalinas. A la que solían bajar todos los días. Pasaban más tiempo allí que en la casa.

Lola y Cornelia se estaban conociendo. No era el mejor momento para hacerlo. Ambas lo sabían. Eran completamente diferentes. En todos los posibles sentidos. Pero las cosas que tenían en común eran suficientes para unirlas. No por ser distintas no podían llevarse bien. Las dos se habían criado pensando que eran hijas únicas. Confesaron que siempre habían querido tener un hermano o una hermana. Y, de pronto, la vida les descubría a una melliza. Sí, eran mellizas. Habían compartido el interior de su madre cuando les dio la vida. Eso era suficiente para unirlas.

Se hacían preguntas para descubrirse en la otra hermana. Se habían sorprendido. Se había reído. Y habían estado de acuerdo en que aquellas vacaciones estaban encima del ránking de sus mejores vacaciones de Pascua. Incluso si estaba Ivonne Donovan con ellas.

En aquel momento, en la cala, respiraban tranquilidad. Sal. Arena. El océano. Que podría ser un mar y ellas no lo sabían. No hacía calor como para bañarse. Pero si buena temperatura como para sentarse sobre la arena.

Lola estaba pintándose las uñas de los pies. Cantaba canciones muggles. Cornelia no compartía el gusto musical de su hermana. No obstante, si era ella la que cantaba las canciones sin la base electrónica del demonio, podía aceptarlo. Pues a Cornelia le gustaban los acústicos. Se adaptaban la una a la otra.

Cornelia estaba tumbada boca abajo leyendo un libro. Y no de magia. Otra cosa que le había prohibido Ivonne Donovan. Por esa razón, había pedido a Ivonne una lista de libros muggles. El arte de la Guerra, de Sun Tzu. Las 48 leyes del poder, de Greene. Y otros sobre el poder, la política y la guerra. ¿Era una declaración de intenciones? También. Lola le había pedido películas. Pero, al no tener cómo verlas, fue rechazada su petición. Entonces, pidió Canción de Hielo y Fuego. Aunque le dijo que solo sería para leer los diálogos, pues leer no era su pasatiempo ideal. Le dijo a Ivonne Donovan que le recordaba a Olenna Tyrell. Ivonne Donovan no sabía a que se refería. Mejor.

Cornelia alzó la vista hacia su hermana. Se recogía el pelo rizado en un moño. Miraba con los mofletes enrojecidos por el sol hacia las olas. Arrugaba su nariz. Quizás para oler el agua salada. Quizás para evitar que el hedor de la laca de uñas se le metiera en la nariz.

-¿Por qué siempre te maquillas y te pones esa ropa para bajar a la playa? -le cuestionó con la más pura inocencia.

Ella simplemente llevaba unos vaqueros y una camiseta de algodón blanca. Pero Lola parecía querer asombrar al dios de los mares con su conjunto. Todos los días se maquillaba. Lo hacía como si fuera una profesional. Aunque Cornelia le dijera que aquello debía de ser nocivo para la piel. Se pintaba pecas. Cornelia rodaba los ojos. Y se preparaba un conjunto. No sabía cómo el señor Crawford había accedido a comprarle tanta ropa. Lola le dijo que podía dejarle ropa para no seguir pareciendo la chica rarita de las películas de Netflix. No vivía en el mundo mágico. No tenía por qué vestir con el mal gusto como estilista.

- Desde que sé que existen los fantasmas intento vestirme lo mejor que puedo todos los días… Imagina que muero hoy, ¡este es el conjunto que va a llevar mi fantasma para el resto de sus días!

Cómo no. La respuesta siempre sería sorprendente. Algo que nunca en la vida pensaría Cornelia.  Se carcajeó mientras encogía sus ojos al reír. Volvió la vista a su libro.

-No sé si eso funciona así…- Le respondió Cornelia Brooks. Debía reconocer que era un misterio para ella. ¿Quién se habría detenido en pensar aquello? Los fantasmas que ella veía en el castillo siempre llevaban ropa de época. ¿Pero eso era lo último que había llevado puesto? Se miró a su camiseta de algodón. No le molestaría pasar así el resto de la eternidad. Al menos, estaba cómoda. -¿Has pensado en ser estilista o algo por el estilo?

Lola sonrió con orgullo. ¿Estaba acostumbrada a aquella pregunta?

-Si te soy sincera… Siempre pensé que mi trabajo ideal era convertirme en repartidor especial del Karma. Sería un placer -Dijo con sarcasmo. Cornelia sonrió. Tener una Lola para recibir el karma podría salir increíblemente bien o terriblemente mal. -Pero, honestamente, ¿crees que la vieja loca nos va a dejar tener un trabajo algún día? Seremos como Rapunzel…

-Nos tiene miedo -Musitó Cornelia. Suspiró.

-Claro, Lía, de ti puede… ¿Pero yo que puedo hacer? ¿Tirarle el móvil a la cabeza?

-No puede usar la magia contra ti… Si lo piensas, contra ella tendrías más posibilidad tú que yo -Razonó Cornelia. Era algo que se había planteado en varias ocasiones. Un plan de huida. En el que necesitaría a Lola. ¿Y si por eso les temía? Cornelia no sabía qué ocurría en las profecías que tanto maldecía su abuela. -Con lo segura de ti misma que eres, si te propones salir de aquí; creo que lo harías -la alabó.

Su hermana se rió. Sacudió el hombro de Cornelia. Le tiró el libro a la arena. Se disculpó con la mirada. Lo cogió y se lo llevó a su regazo.

- Cuando cometo un error, nunca lo hago dos veces, hermanita… Lo hago cuatro, cinco, seis o siete veces, ya sabes, para asegurarme -le contestó ella. Cornelia se rio. En realidad, lo dudaba. Si decía aquello era para calmarla. Lo cierto es que era algo que tenían en común. No tenían miedo de ser ellas mismas. Se preguntó en qué Casa habría estado Lola. ¿Gryffindor? Dudó. Lola era exageradamente astuta. Extravagantemente creativa. O era Ravenclaw o Slytherin. -Aunque yo también pienso que nos tiene más miedo a nosotras que al Ojo… Contigo, al menos, habla… ¿Conmigo? Mejor me habría quedado con Hermione Weasley -Resopló. Ella no dijo nada. Para ella, era solo una semana y un par de días con Ivonne y su hermana. Pero para Lola era todo el año. Debió de ser un infierno. -Además, el Templo. ¿Qué clase de Orden súper poderosa es esa? No tienen una sede secreta como la baticueva ni nada… Es un piso en mitad de Londres… Y no tiene nada de especial por dentro. Ni plantas secretas. Ni una biblioteca escondida. Entiendo que a la abuela la persigan por lo que sea…Pero…  ¿Qué tiene de especial esa Orden para que tenga que esconderse del Ojo?

- La Orden era una asociación de criaturas mágicas, magos y muggles que el Ojo quería que dejaran de reunirse para evitar las profecías llevándolos a todos a la hoguera -le explicó Cornelia. Era algo que ella sabía. Y gracias a Hugo Weasley. Ese niño sabía demasiado. -Ahora solo están los descendientes que no pudieron quemar…

Se hizo un silencio.

Lola contempló el libro que leía su hermana. El arte de la guerra. Su hermana era rara. Pero supuso que tenía motivos para hacer todo lo que hacía. Confiaba en ella. Abrió el libro. Pasó las páginas como si fuera un abanico. Tenía un lomo delgado y desgastado. Lo detuvo en la mitad. Alzó las cejas y miró a su hermana. Oh, ahora entendía por qué estaba leyendo aquello. «Cuando existe un sentimiento subterráneo de aprecio y confianza, y los corazones de los soldados están ya vinculados al mando, si se relaja la disciplina, los soldados se volverán arrogantes y será imposible emplearlos. Por lo tanto, dirígelos mediante el arte civilizado y unifícalos mediante las artes marciales; esto significa una victoria continua». Le gustaría poder  leer la mente para saber qué pensaba realmente Cornelia de todo aquello. Sabía que había cosas que le ocultaba. Naturalmente. ¿Por qué iba a contarle a su recién descubierta hermana sus mayores miedos?

-¿Crees que vamos a ganar, Lía? -le preguntó.

No sabía con certeza si quería escuchar la opinión de Cornelia sobre aquello. Lola era la positiva. ¡Y eso era mucho que decir! Cornelia era la negativa. Incluso cuando no encajaba que aquello fuera así. Sabía que su hermana tenía visiones de un futuro oscuro…Pero nunca le hablaba mucho de ellas. Era como si tuviera miedo de que, al decirlas en voz alta, se hicieran realidad.

-No puede saberse aún -fue su respuesta.

Simple. Sencilla. Aparentemente sin mucha profundidad. Como era Cornelia a primera vista. Y, sin embargo, escondía demasiado. ¿Cómo que no podía saberse aún? ¿Cuándo podría saberse? Le asustaba qué era lo que tenía su hermana en mente.

-Yo creo que ganaremos -Respondió Lola.

Lo decía con seguridad porque tenía un fundamento claro. Había antecedentes no. El padre de James. Y la guerra de la que le hablaba el señor Crawford. Al final, siempre ganaban los buenos.

-¿Qué ganaremos? -Se cuestionó Cornelia en voz alta. Incluso con un tono de sarcasmo y acidez. Lola se giró para verla. Seguía boca abajo. Se había tumbado por completo sobre la arena. La escurría entre sus dedos. Pensativa - No lo sé… Nadie es invencible -Sentenció. Era cierto. Ella había burlado la protección de la gran Hermione Weasley. Aunque ella hubiera sido consciente del plan de huida.- Y no pienses que la abuela lo es -añadió, bajando la voz.  Lola ladeó la cabeza. -Nuestro error probablemente no será cómo vemos el conflicto o los recursos que tengamos… Aunque sean pocos -Oh, el libro la estaba inspirando demasiado. ¿Lo utilizaría para entender el presente o para el futuro? Su hermana no tenía pinta de liderar una guerra. Ella tampoco. Aunque quizás sí que podía comprenderla. Suspiró. - Estará relacionado con la confianza ciega en cosas que se consideran impecables, que están idealizadas… Porque cada fortaleza que tenemos es una debilidad si se explota.

Entonces sus ojos se conectaron.

Lola se estremeció. Su hermana se refería a algo que en concreto. Que Lola no pudo saber. Quizás era mejor así.

Ella asintió. Como si lo hubiera entendido. Aunque era evidente que no sabía a qué se refería.

El silenció incomodó a Lola.

-¿Entonces estás fingiendo que sales con Longbotton? -Cornelia resopló casi al instante. -Me lo ha dicho James… ¡Es el único que me manda cartas! Creía que tú lo harías, después de que en Navidad descubrieras que tienes una hermana encerrada en un piso muerta de aburrimiento…

Cornelia enterró su rostro en sus manos.

-Oh, lo siento, Lola -se disculpó en un hilo de voz. -Es que he estado muy ocupada. Y… Si te soy sincera no habría sabido qué decir… Pero lo haré. Te lo prometo -Se incorporó. Se sentó sobre la arena. -Además, he pensado en una cosa… Pero no se puede enterar la abuela, ¿de acuerdo?

La intrigó. Justo lo que necesitaba para alegrar su día.

Observó que Cornelia metía la mano en sus vaqueros. Se mordía la lengua mientras buscaba algo. Sacó un trozo de metal. Dorado. Una moneda extraña. No era una libra. No. Era de esas monedas raras que tenían los magos.

Lola bufó. Su interés decreció.

-¿En serio? ¿Me vas a decir ahora que me compre algo bonito?

Su hermana se rio.

-Es falsa -le anunció. Se la tendió. Lola se incorporó. De nuevo, intrigada. La cogió. Para ella era exactamente como aquellas que le había enseñado el señor Crawford. -Sirve para comunicarme con el resto de Guardianes de Hogwarts y está vinculada a Aurores y miembros del Temple y de la Orden del Fénix… Sólo se tiene que cambiar las letras de serie para mandar un mensaje. En caso de emergencia o, bueno, creo que sabes para qué quiero que la tengas tú…-Le comunicó. Se mordió el labio. Sonrió tímidamente.

-Lía, yo no soy maga -le dijo con brusquedad. Rascó las letras. Nada.

-Eres squib -le dijo Cornelia.

En serio. Vaya nombre más feo y ridículo tenía su especie. ¿Por qué su nombre sonaba a un calamar? ¿O a un deporte para niños? Squib, squib, squib. Era el sonido que haría un Pokemon de agua. Suspiró.

-¿Y? Es lo mismo.

-No, Lola -se rio Cornelia. Pues a ella mucha gracia no le hacía. -Los squib tienen algo de conexión con la magia…

-Lía -volvió a llamarla por el nombre que ella sabía que odiaba pero se negaba a discutirle aquello. -Que ni tu magia funciona conmigo y eres mi hermana…

-Inténtalo -insistió Cornelia. -La he cambiado… Es la mía… Supongo que tendré que pedir otra y decir que la he perdido… Pero inténtalo. No tienes que hacer nada manual… Simplemente piensa en lo que quieres que se escriba ahí…

-Si está conectada con el resto, ¿qué dirán? ¿No se creerán que sea una emergencia? O sea… ¿Me dejas poner algo como…?

-Lola -advirtió Cornelia. -Es algo que va a leer hasta el Ministro de Magia…

-Oh… Qué responsabilidad… -Le devolvió la moneda. -Gracias, Lía, pero no va a funcionar…

-¿Entonces cómo pretendes que sepa si estás en peligro…? Por favor -Cornelia cogió la moneda. La puso en la mano de su hermana y la cerró.

-¡NIÑAS! -Les llamó Ivonne Donovan desde lo alto del acantilado.

Ambas se giraron para verla. Miraron la luz. No sabían ni la hora. Pero no era de noche. ¿Qué querría su abuela? Lola metió, con cierta desaprobación, la moneda de su hermana en el bolsillo de su falda. Si su hermana era tan cabezona como ella, le acabaría pegando la maldita moneda a la frente para que se la quedara. Suspiró. Escuchó una segunda voz encima del acantilado. Se miraron con incertidumbre. Se incorporaron, ayudándose la una a la otra. Se sacudieron la arena de su ropa.

-Creo que es mamá -dijo Cornelia.

Lola alzó las cejas.

-Vaya, ¿tú para qué necesitas varita? -inquirió con cierta verdad tras sus palabras.

-Es mamá -dijo su hermana con total seguridad.

Agudizó su oído. Sí, bueno, ella también podía oír la voz de Penélope Brooks.

Empezaron su camino de vuelta a la casa. Sortearon hierbas que se quedaban enredadas en sus pies descalzos. Su madre. Siempre había pensado que era huérfana. Y resulta que era abandonada. No sabía que era mejor, si saber que sus padres la habían querido y habían muerto. O si saber que estaban vivos, pero no la querían tanto. Suspiró. Su madre no le había dado ninguna explicación. ¿Era porque Ivonne Donovan estaba siempre delante? Después de todo, la estaba ocultando de ella.

-¿Cómo era papá?

Lo preguntó para tener una conversación que las acompañara para subir la colina. Penélope Brooks le había dicho que su padre había fallecido en un accidente. Había preguntado a William Crawford y le dijo que pertenecía a la Orden del Temple. E Ivonne le había dicho que ambas habían sacado mucho de su padre. Pero no lo dijo con la alegría que a ella le hubiera gustado escuchar. No había escuchado nada de Cornelia. Quería saber la opinión de una hija. Como ella.

Vio que la espalda de su hermana se volvió rígida y tensa. Detuvo su camino. Respiró profundamente. ¿Había tenido Lola la delicadeza de pensar si su hermana había superado la muerte de su padre? Ella ya lo había hecho. Obviamente no había reflexionado sobre cómo se sentía su hermana al respecto. Era diferente. Ella lo había conocido. ¿Cuántos años tenía ella? ¿Diez?

-Neoyorquino -fue su respuesta.

Lola se detuvo.

-¡No jodas! -se rio. -¿Papá era americano?

Cornelia sonrió. Sus ojos estaban tristes.

-No exactamente… Sus abuelos eran británicos pero se mudaron a Nueva York para trabajar en el Departamento de Seguridad Nacional de allí… Coincidió con el tiempo de Grindelwald… Así que supongo que fueron Aurores -dijo. Suspiró. -No es algo que sepa con certeza… Papá nunca me dijo que era mago… Ni mamá tampoco.

-Oh -fue lo que dijo Lola. Quizás su hermana conocía tan poco a sus padres como ella.

-Pero era el mejor padre del mundo… Me recuerdas a él -le comentó.

Lola titubeó.

-Eso es bueno, ¿no? Es algo que Ivonne también me ha dicho…

-La abuela y papá no se llevaban nada bien, Lola -interrumpió. Suspiró de nuevo. Parecía que era cosas que quería evitar pensar. Miró a Lola. Preocupada. -Hay muchas cosas que nos ocultan, Lola. Cuántas más preguntas haces, más preguntas generas…

-¿Sabía papá lo de Ivonne Donovan y el Ojo?

Cornelia se encogió de hombros.

-Supongo -dijo simplemente.

-¿Por qué no se llevaba bien con Ivonne? ¿Te lo dijo alguna vez? -le preguntó.

Quizás no debía indagar. Cornelia claramente no quería rebuscar en su propio cerebro. Parecía reacia a hacerlo. Como si Lola estuviera metiendo en una llaga que había escondido su hermana y no estuviera tratando.

-¿Crees que es el motivo por el que papá murió, Lola?

Oh, su hermana Lía. No se iba a andar con tonterías. Aunque aquello le puso nerviosa y tensa, lo cierto es que le gustó que su hermana pensara como ella.

-Teniendo en cuenta que a Ivonne la persiguen una sociedad milenaria de asesinos, pues… Algo de relación tiene que tener, ¿no? Aunque mamá lo habría sabido, ¿no? O quizás no… Esa es la razón por la que tú no confías en Ivonne, ¿verdad? Crees que tuvo que ver con la muerte de papá.

Cornelia se rio.

Hinchó su pecho de aire. Lo soltó tranquilamente.

Cornelia extendió su brazo hacia su hermana. Con la palma abierta. Lola frunció el ceño. Parecía querer darle la mano. Con cierta reticencia, Lola aceptó. Le estrechó la mano. La mano contraria. Estaban frente a frente. Cornelia un poco más hacia arriba en el camino que dirigía de vuelta a la casa donde les esperaban.

-Papá siempre decía… Pacto de familia -dijo Cornelia. Apretó su agarre. -Supongo que tú también cuentas como familia ahora… Como parte del Pacto de Familia de papá…En el que… Todo lo que digamos haremos como que no lo sabemos… No se puede decir a nadie, ¿entiendes?

-Eh, ¿qué?

-Papá y mamá tenían secretos, Lola -comentó Cornelia. -Cuando papá me contaba alguno, siempre me obligaba a no contárselo a nadie. Ni a mamá. Decía que era Pacto de Familia Brooks… Mamá trabaja en una clínica para un señor peligroso… Ahora supongo que sería un mago oscuro del Ojo en el que reciben víctimas del Ojo y ella las identifica… Lo lleva haciendo desde que ese método existe… Papá siempre creía que era porque quería encontrar a su padre. Aunque fuera muerto. Quería preguntarle por qué la abandonó. Que hizo que la abuela  nunca le quisiera hablar de él -Cornelia miraba con atención a Lola. -Papá me contó esto justo el día en el que murió -Sentenció. -Te preguntarás, ¿encontró a nuestro abuelo? ¿Fue el Ojo? ¿Fue Ivonne? Siempre he creído que papá murió en un accidente… Y por eso estoy enfadada con mamá y con la abuela… Me siguen diciendo que es un accidente.

Lola se mordió la lengua por dentro.

-¿Por qué no me lo has contado antes? ´

Cornelia retiro su mano.

-¿Crees que quiero que pienses que la abuela que acabas de descubrir que tienes podrían haber matado a tu padre? ¿Con la que tienes que vivir? Te lo he dicho porque me has preguntado y eres parte del Pacto de la Familia Brooks… Papá habría querido que lo supieras.

Lola se llevó la mano al moño. Se lo apretó. Oh, por favor. ¿En qué clase de familia se había metido?

-Cuando te pregunté que cómo era papá… No pensé que se derivaría en esto.

Cornelia sonrió. De repente, abrazó a su hermana. De improviso. Se rio.

-Lo siento, Lola -Se disculpó. Se separó. Puso sus manos en sus hombros. La miró fijamente. -Papá era como el capitán América.

-Pero… Yo es que soy más de Ironman -musitó Lola. Cornelia frunció el ceño. Desaprobando su comentario. Rodó los ojos. -Pero al menos lo has intentado… Podrías haber dicho Aragon o algo así.

-No me puedo creer que seas de Ironman -dijo Cornelia severamente ofendida.



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