Historia al azar: La Luna en el viento
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La Tercera Generación de Hogwarts » << ¿Quién es el mejor Potter?>>
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
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<< ¿Quién es el mejor Potter?>>

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)

Capítulo 12: << ¿Quién es el mejor Potter?>>

El Gran Comedor albergaba a todos aquellos alumnos que desayunaban a finales de noviembre. Olía a huevos revueltos, a magdalenas y a pan recién horneado. Era imposible entrar allí y no tener hambre. Las alargadas mesas, atestadas en hora punta de la mañana, acogían a alumnos de diversas casas: cada vez la distancia entre las Casas se acortaba más.

Albus Potter había decidido ir a desayunar con sus dos amigos: Scorpius Malfoy y Peter Greenwood. Al lado del joven de cabello negro como el tizón, se había acomodado su compañera de Casa, Alice Longbotton. Y, al lado de esta, se sentaba Rose Weasley, lo más alejada posible de Scorpius Malfoy, y haciendo la tarea junto con su compañera de cuarto Janet Rossen.

-Tengo que reconocer que aunque al principio me quejara de que no estaban los cereales del supermercado que siempre como, estos bollos rellenos de chocolate no están nada mal...- comentó Peter Greenwood llevándose uno de esos dulces a la boca. - ¡Aunque sigo diciendo que es un peligro que la comida sea ilimitada! ¡Es un descontrol para la obesidad! ¿Cómo pretenden que niños de once años tengamos la suficiente conciencia como para saber cuándo parar? -Volvió a llevarse otro bollo a la boca. -Mi madre me pondrá a dieta en Navidad... ¡Adiós, turrones de la abuela! ¡Hola, magdalenas con trozos de chocolate de Hogwarts!

Sus dos amigos sonrieron, e incluso Alice esbozó una sonrisa de la que se quejó Rose Weasley con la mirada. Lo cierto era que aquella apología a la obesidad no concordaba mucho con la delgada y alta figura del joven Peter. Llevaba hinchándose a dulces desde el primer día y su cara seguía siendo fina y angulosa. Quizás aquello sí que era magia.

-Deberías probar las tartas que hace mi madre en Navidad... No tienen ni punto de comparación con las de aquí -aseguró Scorpius Malfoy mientras acababa de comerse la manzana. Scorpius miró de reojo a Rose Weasley. -Aunque hay algunas personas que han dejado de comer como si no hubiera mañana... Una prueba de superación personal inigualable, ¿verdad, Weasley?

Albus sabía que su prima lo había escuchado perfectamente y también sabía que no respondió como solía hacer porque Neville Longbotton se encontraba desayunando en la mesa de los profesores. Al parecer, su madre le había regañado por la simple razón de que había acumulado una serie de incontables puntos negativos dirigidos a Gryffindor por pelearse con Malfoy. Si conseguía uno más, se quedaría sin regalos de Navidad. Llevaba una semana mordiéndose la lengua, pero su amigo Scorpius Malfoy no lo ponía fácil.

-Deberías ponerte un poco de parte de tu prima, Albus -le sugirió Alice por lo bajini.

El joven se encogió de hombros.

-No me quiero posicionar en la rivalidad familiar de los Weasley y los Malfoy.

La joven puso los ojos en blanco.

-Tú no comes nada -le acusó Peter Greenwood hacia Longbotton.

-No te quejes, así hay más comida para ti -le respondió con una sonrisa.

-Hoy vamos a ir a ver a la "petrificada", ¿vas a venir, Rose? -invitó Albus. Alice tosió para hacer acto de presencia, pero Albus la ignoró. -Vamos a descubrir qué es lo que le ha pasado... Y necesitamos la Capa de la Invisibilidad, así que hemos pensado que si se la pudieras pedir a James...

-¡He escuchado mi nombre, hermanito! -exclamó James Sirius Potter, tras entrar en el Comedor y dirigirse a su hermano. -¿Por qué no te sientas en tu mesa? -le preguntó con cierto retintín. Acto seguido, fijó su mirada en Malfoy. -¡Cuántos intrusos tiene Gryffindor hoy! No lo digo por ti, Longbotton.

-Ya que está aquí, podrías pedirle la Capa de la Invisibilidad -sugirió Rose Weasley.

Albus, que en ningún momento se había movido, lanzó una mirada asesina a su prima.

-¿A qué se debe esa peligrosa petición? -preguntó mirando a la pequeña tropa que formaban aquellos seis niños. -¿Vais a robar comida de las cocinas? -inquirió, dirigiéndose hacia Peter Greenwood.

-No es de tu incumbencia -respondió Albus.

-Quiere decir que si nos la dejas, quizás podamos ayudarnos entre nosotros -dijo Alice.

-No he querido decir eso.

-¡Oh! ¡Os creéis el Trío de Oro! ¿O la Orden del Fénix?

Fred Weasley se les unió.

-¿Qué pasa, James?

-Mi hermano ya ha sacado el Harry Potter que lleva dentro y cree que va a descubrir qué atacó a Brooks.

Fred Weasley se rio.

-¿Albus cree qué? -volvió a reír. -Si ni siquiera tiene la Capa...

-¡Tú sí que no podrías descubrirlo! Lo único que haces es quejarte de todo y hacerte el superior... Pero hasta ahora no has demostrado que lo seas -le espetó Albus con fuego en los ojos.

James Potter sonrió. Habían atraído la atención de todos alumnos que se encontraban a su alrededor. Muchos ya sabían que los hermanos Potter no se llevaban muy bien. No obstante, aquel era el primer enfrentamiento en público.

-¿Y tú? ¿Tú sí que podrías descubrirlo? Todo el mundo dice que te pareces a papá, pero yo solo veo el físico...

-¡También tengo su valentía!

-Y por eso has acabado en Slytherin... -le recordó con saña su hermano.

Nadie dijo nada por un instante. Todo el mundo esperaba el siguiente argumento punzante que estaba por venir.

-Apostemos: ¿Quién es el mejor Potter? -propuso Fred Weasley entre risas que pretendían aflojar la tensión que había en la mesa Gryffindor.

-Vosotros estáis en ventaja -puntualizó Alice.

-Claro que estamos en ventaja -repitió con suficiencia James.

-Queremos la Capa de la Invisibilidad... Papá me la dio a mí -le recordó Albus mientras se levantaba para hacer frente a su hermano. Cara a cara.

-James, la Capa nos vendría de gran ayuda y si se la das...

-Trato hecho -respondió, sin tener en cuenta los comentarios de su mejor amigo.

-Pero vosotros sois más -añadió Fred, viendo la evidente desventaja.

-Nosotros tenemos también a Jordan -advirtió James, buscando con la mirada a su amiga.

-Y a mí -se presentó Rose Weasley. -No pienso estar en el bando de un Malfoy -aclaró.

James sonrió hacia su hermano.

-Me he llevado el cerebro de tu equipo...

-Os hará falta... Nunca me has demostrado que tú tengas uno.

Rose se levantó con ímpetu, seguida de Janet. Ambas con los libros en la mano y la pelirroja miró a Alice.

-¿Y tú qué?

-¿Tengo que elegir? Pensé que os ibais a pelear por mí. Es más fácil así.

-Longbotton va conmigo -sentenció Albus.

-¡Sí! Necesitamos algo de intuición femenina en el grupo -argumentó Peter Greenwood.

-Que sea así.

Aún no sabía cómo había acabado él allí. La biblioteca de Hogwarts era un sitio desconocido para Fred Weasley y tan solo lo había pisado para ir, solo por la simple adrenalina que le proporcionaba, a la Sección Prohibida. Miró a su prima Rose, que ojeaba con suma delicadeza un grueso tomo de algún libro sobre criaturas mágicas.

Se trataba de una medida de seguridad. Eso había dicho Jordan. Si tenían que buscar información en algún libro, la más indicada para ello era Rose Weasley. Pero, claro estaba, Rose Weasley no podría defenderse sola ante lo que fuera que había atacado a Brooks. Un escalofrío le recorrió la espalda sol de pensar en que tenía una mínima posibilidad de enfrentarse a lo que fuera que había hecho que la persona más inteligente -con perdón de Rose- se quedara sin hechizos frente a lo que fuera que estaba en contra de ellos.

O quien fuera.

Rose Weasley ya les había contado lo que ella había visto en el Bosque Prohibido con Albus. ¿Se arrepintió de haber gastado bromas a Gwendoline Cross después de aquello? Mucho. Aquella alumna jugaba en otro nivel. Se le encogían los miembros inferiores solo de pensar que podría vengarse de ellos.

Resopló. Al menos Rose Weasley sabría algún hechizo poderoso.

-Puedes irte si quieres, Fred. Ya le he dicho a James que sé cuidarme solita.

El joven negó con la cabeza.

-Ni hablar. Y no porque lo diga James... Son las doce de la noche, sobre esta hora nos encontramos petrificada a Brooks... Tenemos que ir juntos por precaución.

Rose cerró el libro con cuidado. Señaló su varita de color marfil.

-¿La ves? Con esto y los más de quinientos hechizos que he memorizado durante estos últimos meses, creo que no tendré problemas si me dejas sola...- Contempló la esquiva mirada de Fred. -Al menos que seas tú el que se encuentra indefenso.

-¿Yo? ¿Cómo te atreves a acosarme de cobarde?

-Vale, vale, cómo tú digas, Freddy...

-¡Te dejaré sola! ¡Pero si no vuelves en una hora... Vendremos los tres a por ti!

-No esperaba menos -sonrió y abrió otro tomo.

Fred se levantó de la silla y procedió a encaminarse hacia su cuarto. Le quedaba un largo camino. Y tenía tanto sueño que ni siquiera se dio cuenta de que había avanzado hasta la puerta de la biblioteca. Las ventanas que se encontraban a su izquierda mostraban el paisaje y la llovizna nocturna que a menudo caía por aquella época. Por la mañana, el suelo estaría escarchado y ellos tenían entrenamiento. Qué oportuno.

Entonces, sintió una presencia a su espalda. Su cuerpo se encogió instintivamente. No era la presencia de la bibliotecaria, ni de Rose... Era algo mucho más voluminoso.

Miró su reflejo en la ventana.

La expresión de horror que cruzó su rostro se quedó inmortalizada.

La secretaria del Ministro McKing interrumpió la reunión.

Estaban celebrando una vista extraordinaria por motivo de un atentado muggle que había acabado con la vida de un mago inglés en Francia, por el que tenía que responder el Ministerio de Magia. Había sido Hermione Weasley la encargada de lidiar con los efectos jurídicas de repatriación y había pedido una reunión con el Ministro por algo que había descubierto.

Al parecer, aquel mago inglés había sido advertido de un inminente atentado cerca del portal que comunicaba con el Ministerio de Magia de Francia. Lo que parecía ser una falsa alarma había acabado con la muerte de una decena de muggles inocentes y de él, un antiguo auror enviado por el antiguo Ministro Shacklebolt.

Éste había reunido a un grupo de antiguos aurores, con el simple propósito de comprobar si los rumores que vaticinaban una nueva guerra mágica eran ciertos. Roddy Martindale, el difunto mago inglés, había dado con la respuesta. Pero era una respuesta que abría la caja de Pandora de las preguntas sin resolver que les perseguirían durante años.

Hermione Weasley sabía aquello porque su marido, Ronald Weasley, pertenecía al grupo que había formado Shacklebolt. Era su deber informar al Ministro en cuanto antes.

No obstante, no era el único frente abierto que descubrirían aquella noche.

-Espero que sea urgente, Miss Hanley -dijo irritado Richard McKing.

La mujer carraspeó y con la mano temblorosa giró completamente el pomo de la puerta del despacho y se introdujo en el habitáculo. Los ojos de Hermione la contemplaban sin tapujos.

-Ha habido otro accidente en Hogwarts -conforme decía aquello, a Hermione se le encogió el corazón en un puño. -Esta vez ha sido Fred Weasley II.

-¿Petrificado o muerto? -exigió saber Hermione.

-Petrificado... Está siendo enviado de inmediato a San Mungo. Han decidido desplazar también a la otra víctima.

-¿Han informado a los familiares?

-Sí, están siendo enviados al hospital con su hijo...

-¿Qué medidas se han tomado en el castillo?

-Ninguna, señora. Aún no se ha dicho nada...

Hermione se giró desesperada hacia McKing.

-¡No podemos ocultarlo más! ¡Nuestros hijos están allí!

McKing suspiró. Miró hacia abajo y pensó. Sabía con certeza que no podía cundir el pánico y que, tomándose aquello con calma, reducirían al mínimo los daños.

-Aprovecharemos que las vacaciones de Navidad comienzan en unos días para mandar una patrulla de inspección al castillo...

-¿Y los alumnos que se quedan allí en Navidad?

-Me aseguraré de que ningún alumno se queda allí. Habilitaré casas y avisaré a todos los familiares... Tiene que estar desalojado en su totalidad. -Suspiró, en poco tiempo, la tensión le había subido por las nubes. -Si no logramos encontrarlo para la vuelta de Navidad, no podemos arriesgarnos a detener las clases. Lo que se hará es avisar a todos los docentes y poner medidas de seguridad exhaustivas.

-Pero no sabemos con certeza si es lo que pensamos... Puede ser...

-Con que sea una posibilidad me basta. Debo garantizar la seguridad de todos y cada uno de los magos, brujas y criaturas mágicas que viven allí.





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