Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
[ Más información ]

(IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)


-Parecía que estabais juntos cuando eráis amigos y… Ahora que lo estáis parecéis amigos -comentó James Potter.

Susan Jordan se sonrojó. Supo la intención de su otro mejor amigo. Era un alago. Era el mejor que una pareja que acababa de comenzar su camino podía recibir. Se encogió en el sofá de la Sala Común Gryffindor. Acomodó su espalda a los cojines mullidos. Observó a James acercarse a ella. Fred les contemplaba desde un sillón en frente de ellos. Había alzado una ceja ante el comentario de su primo.

-Somos amigos, James -dijo, sorprendido.

-Ya… Y eso es raro, ¿no? -se preguntó.

La miraba a ella. Exigiéndole una explicación de por qué sus dos amigos habían decidido seguir con su amistad. No sólo con él. Sino entre ellos dos. Susan tuvo que soltar una risa de desprobación. Nunca dejaría de ser amiga de Fred Weasley por mucho que besara sus labios. Negó con la cabeza. Señaló a James el libro que estaba leyendo para que siguiera con él.

La celebración del partido de Quidditch les había quitado tiempo. Más bien, la resaca les había quitado días de estudio.  Era increíble cómo Hufflepuff se había unido a ellos en la Sala Común. Era como si todos hubieran ganado. Una victoria en familia se disfrutaba como si fuera un aniversario de amistad. No querían ni imaginarse cómo celebrarían la Final. Ya podría ir preparándose Ravenclaw para la final que estaba por llegar…

 No sabían si celebraban el Quidditch o las ganas de vivir frente a la oscuridad que todo el mundo les prometía que se avecinaba. Por supuesto, se prometieron no desperdiciar ni un solo momento del tiempo que les quedaba allí. No sabían cuánto era.

Y, así, se quedaban sin tiempo para el verdadero motivo por el que estaban en un Colegio de Magia y Hechicería. Había cosas que afrontar. Las clases. Las rondas de los Guardianes de Hogwarts que se habían acrecentado. James les había confesado que quería tener todo bajo control. Quería asegurar a todo el mundo. Nada podía salirse de lo que habían establecido. La resaca.

-¿Por qué? -preguntó Fred. Tenía los ojos entornados. Así como James se preguntaba cómo aquella relación era posible, Fred se preguntaba cómo no podía serlo. Cada uno estaba convencido de su visión contrapuesta del mundo. -Tú sigues siendo amigo de Lola… -Le recordó. -¿Y no era Trust tu amiga?

Susan se rio para adentro. Tuvo que perdonar la inocencia de Fred para James y para ella. James le lanzó una mirada a Susan que hizo que la muchacha soltara una risa floja. Su amigo se mordía el labio ante la circunstancia. Fred era el tipo de persona que, pese a aparentar que sabía leer a las personas, no solía hacerlo en absoluto. Podía quererlas con todo su corazón. Y las personas lo amaban con toda su fuerza. Pero no prestaba atención a los detalles. Jamás. Eso fue lo que hizo a Susan tener que declarara sus sentimientos enfadada porque parecía no darse cuenta, ¿no? Lo mismo pasaba con todo lo que pasaba a su alrededor. Hasta el más mínimo detalle.

Siempre había sido su forma de evitar sus problemas. También lo fue la violencia. Pero, ya retenida, volvía a ser ausente ante el resto del mundo menos para Susan Jordan, sus padres o James. Para Fred no existían más personas. No necesitaba más. Aunque fuera alegre. Divertido. Hiciera bromas a todo el mundo y los quisiera incluir en su forma de ver el mundo con una sonrisa despreocupada. Olvidarse de lo que le decían o de lo que mostraban era su forma de no tener que preocuparse más de lo que ya lo estaba.

-Trust me cae bien, pero no es mi amiga…-James decía aquello como si no creyera cierto que Fred hubiera considerado a Camrin Trust como su amiga. Susan aguantó la risa. Como si Fred no fuera siempre así. -Y, Fred, Lola siempre ha sido mi amiga… Pero salió del armario… Por eso fuimos a la fiesta esa, ¿recuerdas? Estaba liada con la dueña de la casa…

Fred se encogió de hombros. Susan se tapó la boca con la mano.

-Vaya…

-Fred, te pusiste celoso porque le tiró los tejos a Susan -dijo James, fastidiado por que su mejor amigo no recordara aquello.

-No es cierto -dijo, aquella vez, Susan echando su espalda hacia atrás.

No obstante, James asentía con vehemencia. Señaló al uno y al otro. Culpándoles de algo que no entendieron. O, quizás, revelándoles un secreto que desconocían. Levantó, posteriormente, como si se le hubiera encendido la bombilla caducada del cerebro, el libro que tenía en su regazo. Susan enfocó su mirada hacia el título. Disipar las nieblas del futuro. Fred se carcajeó. Susan rodó los ojos.

-¡Lo llevo sabiendo desde hace mucho tiempo! Cogí Adivinación de optativa en todo momento para asegurarme de que si el destino no os juntaba lo hacía yo…-les apuntó con el libro como si fuera una varita. Como si fuera una amenaza en caso de que se les hubiera pasado por la cabeza distanciarse. Como si alguna amenaza pudiera distanciarlos.

Susan volvió a poner sus ojos en blanco.

-Como si esa fuera la razón por la que estás en Adivinación, James -se burló la única muchacha que allí se encontraba.

Pasó la página del libro de Pociones. Esperó una discrepancia. Sin embargo, recibió dos miradas inundadas de ignorancia. Por supuesto, Fred era la persona que se ausentaba de las preocupaciones del resto. Pero su amigo James, damas y caballeros, era el muchacho que no aceptaba las batallas perdidas. No, la leyenda del Quidditch de Hogwarts, el capitán de Gyrffindor y el líder de los Guardianes de Hogwarts no llevaba bien la derrota. Y, si había una remota posibilidad de perder, ni se presentaba en el campo. Cada uno afrontaba sus problemas como podía.

-Me gusta Adivinación -contestó con firmeza James.

-¿Sí? -preguntó de verdad Fred. No con sarcasmo o ironía como lo habría hecho Susan Jordan. Sino de verdad. Sus cejas en forma de ola. Su cabeza girada. Sus rizos rojizos colgando sobre sus apuntes con faltas de ortografía de Pociones. Con la ignorancia respaldando su cuestión. -No sé, James, se te da bastante mal -añadió.

Susan corroboró aquella opinión dándole una pequeña patada a su amigo.

-¡No se me da mal! -se defendió.

Fred frunció los labios y alzó las cejas.

-Yo admito que soy un desastre en Pociones… No pasa nada, James -le aconsejó su mejor amigo.

Susan Jordan se rio sarcásticamente. Le hacía gracia aquello porque tenía siempre un debate con Fred. Era como si estuviera orgulloso de que fuera inepto en Pociones. Parecía que ser mal alumno era algo de lo que presumir. ¡No para ella! ¡Su padre no había dejado Hogwarts lanzando fuegos artificiales! Aquel año luchaba por ayudar a Fred a cumplir con los aprobados mínimos para pasar al siguiente curso. Había unido a James a la lucha. Por esa razón estaban haciendo los deberes juntos como nunca antes habían hecho. Instaban a trabajar a Fred. No querían perderlo. Bastante perdido estaba él ya.

Se escucharon unas zancadas bajar haciendo demasiado ruido desde los dormitorios de los muchachos Gryffindor. Los tres giraron la mirada. James cerró su libro de Adivinación y se lo tendió a Susan. Ella resopló.

Richard Carter salió del hueco de la escalera con peinándose el cabello hacia atrás.

-¿Cómo es posible que hayas tardado tanto? -le regañó Fred desde el sillón.

El joven puso los brazos en jarras. Señaló su rostro y rostro, el cual brillaba extrañamente.

-Esta cara no se cuida sola, Freddy…

-Me llamas Freddy otra vez y sí que vas a necesitar cuidados intensivos -le advirtió Fred. Suspiró. Negó con su cabeza con una sonrisa en sus labios. -Vais tarde para vuestra ronda…-Les recordó a James y a Carter.

James asintió rascándose la nuca. Sacó el Mapa de los Merodeadores. Se lo dio a Carter por detrás del sofá de la Sala Común. Buscó sus zapatos en la alfombra.  Se los había quitado para poner sus pies en él, como su amiga le había ordenado. Susan ayudó a su amigo a buscarlos entre los cojines y los libros que había traído para ayudar a Fred con sus suspensos.

-Me gustaría saber cuánto tardarías si tuvieras que hacer una ronda con Rose Weasley…-le preguntó con sorna Susan a Carter, mirándolo desde la alfombra.

-No tanto como si fuera una ronda contigo, Jordan -le guiñó el ojo.

Fred cogió un cojín y se lo tiró como si fuera una bludger.

-¡Cuidado, cazador! -avisó Fred, con una risa traviesa.

-¡Era broma! -le dijo Carter. Cogió el cojín que había tirado y lo puso en el sofá. James se incorporó. Se puso los zapatos. Se dirigió hacia la salida hacia donde se encaminaba Carter. -Vamos, James, dejemos a estos que hagan lo que no pudieron culminar en la Casa de los Gritos…

-¿¡Ahora no le tiras nada?! -se fastidió Susan.

Fred se encogió de hombros. Carter, James y él compartieron una risa socarrona.

La muchacha alcanzó rápidamente un cojín esponjoso y peludo con la mano y lo lanzó contra Fred como si fuera una de las bludgers que lanzaba contra él en los entrenamientos el año anterior. Y era tan diferente a aquello. Él, instintivamente, se rio. Se levantó. Quitó el cojín. Y se lanzó al suelo, rugiendo como un león, hacia Susan. La tumbó cuidadosa y torpemente sobre los cojines. Sobre los apuntes. Sobre los pergaminos. Su risa cantarina y escandalosa se confundió con su estrepitosa carcajada. Descubrió que le estaba haciendo cosquillas buscando su felicidad en su cintura antes de que sus lágrimas de felicidad encontraran la luz. Se retorció de alegría sobre la alfombra.

Fred buscó su cercanía. Se tendió sobre ella. Le dio un pequeño beso en la mejilla. Estiró sus dedos enredados en los rizos infinitos de Susan. Estrelló su sonrisa contra su frente. Posó sus labios sobre los de su mejor amiga. Sobre los de la persona que le robaba el aliento. Susan rescató sus manos del agarre. Cogió con ambas manos el enorme rostro y la enorme sonrisa que ocupaba toda la cara de Fred. Observó su tez de un color suave. Sus infinitas pecas. Sus prominentes labios y nariz. El pelo largo y rizado y rojo que era su señal como un Weasley con rasgos afrodisiacos. Y, esa sonrisa tan grande, torcida.

-Te quiero, Fred -le confesó.

Los ojos de él brillaron.

-Yo… Siento haber tardado tanto en darme cuenta de que yo también -le dijo torpemente. Ella sonrió.

Le atrapó con sus brazos. Se recostó sobre ella en el suelo de la Sala Común. Su parte favorita de estar con Fred era que nada había cambiado. No era raro que se abrazaran. No era extraño que se quisieran. Quizás que lo dijeran en voz alta. Pero era como si aquello siempre hubiera sido así.

Susan Jordan nunca supo en qué momento exacto se enamoró de Fred Weasley. Supuso que fue después de cualquier broma. Poco a poco se había dado cuenta de que le miraba diferente. Tenía cariño hacia James. Pero su estómago explotaba de emociones con Fred. Acabó siendo la primera persona a la que acudía a pedir consejo. Y él hacía lo mismo. Se había dado cuenta de que James no era el mejor en solucionar sus pequeños problemas. Eso sí, era el mejor en crearlos para ellos dos. James había sido el pilar de ellos dos. Siempre lo sería. Pero la conexión que tenían ellos dos era estratosférica. El primer verano sin verse fue llevadero. El segundo tuvieron que inventar cualquier excusa para no perder tiempo en cartas.

Pero eran amigos. ¿Qué hacía una persona cuándo sabía reconocer sus sentimientos? Se los guardaba, pues claro que sí. Esperaba que se disiparan tal y como habían aparecido. Más ese era el problema, ¿no? Que aparecieron al conocerle. Al introducirse en su mundo. Al ser el fruto de su risa. O el objetivo de ella. ¿Cómo podía extinguir aquel fuego? Se empezó a decir así misma que era un simple capricho. Que simplemente tenía muchas cosas en común con él. Que tenían el mismo rizo incansable y original que vibraba como si fueran tornados. Intentó negar sus sentimientos.

Había sido complicado para Susan. Estar enamorada de un mejor amigo no era para nada algo fácil. Pues, en ocasiones, parecía que los sentimientos habían sido correspondidos. Y, otras veces, era bastante obvio que eran sólo amigos. Le había dado vueltas a corazón de Susan Jordan todos aquellos años. Lo había revolcado. Una montaña rusa.

Hasta que Fred la necesitó, aunque no se lo dijera, tras la muerte de su hermana. Aunque intentara distanciarse de ella. La coraza de Fred parecía caer en ocasiones ante ella. Y los sentimientos de Fred, a flor de piel, eran bastante evidentes. Su hermana le dijo que aquel muchacho solo tenía ojos para ella. La cuidaba. Se correspondían. Se complementaban. Tenían una amistad honesta. Y la habían desarrollado en amor sin siquiera esforzarse como lo hacían los demás. Era auténtico. Honesto.

Le había tocado el cometa. El meteorito. Aquella rareza de que un muchacho que era su mejor amigo, sin ninguna tara entre ellos dos, la besara en mitad de las Tres Escobas. Podría haber escogido cualquier lugar más íntimo. Una ubicación más perfecta como decían que había hecho Ted Lupin con Victoire en una barca robada en el Lago. O haberse declarado su amor en mitad de un partido de Quidditch tras la victoria de su equipo como Nicholas Woods a Dominique Weasley. Pero aquellas parejas no habían funcionado. Ellos no necesitaban grandes gestos de amor para saber lo que sentían. Ellos se tenían en su día a día y aquello era lo que importaba. Lo que significaban para ellos. No lo que contarían el resto. Ellos eran la historia auténtica y honesta. No un poema en un banco. Ellos eran los que se sentarían allí para reírse sobre aquellas parejas con grandes gestos que acaban destrozándose los unos a los otros porque se habían prometido la Luna y esta, como todo el mundo sabía, era inalcanzable.

El amor honesto sabía diferenciar las promesas que llevaban al desastre de las que llevaban a la autenticidad. No se podrían cambiar los defectos. Susan no podría cambiar la forma de ver el mundo desde una ventana opaca, como hacía Fred. Tampoco podría idealizarlos. Susan jamás idolatró la violencia de Fred. Se trataba de adaptarse. De girar. Poner tiritas. Limar las asperezas. Crear un camino para que pudieran andar los dos sin que se perdieran en él porque no reconocían el trazo inicial.

Habían preferido la cruda realidad de las Tres Escobas. El sabor a cerveza de mantequilla. El olor a humanidad. El rubor y la torpeza del primer beso tan honesto que solo podían significar que se habían elegido a ellos mismos.  

Y allí estaban, ¿no?

No supo cuánto tiempo estuvieron así. La chimenea les daba el calor que ellos reflejaban. El hogar que ellos eran para el otro.

Fred fue el primero en incorporarse.

Le tendió la mano.

-¿Y esas ganas de aprender repentinas? -se burló Susan.

Él se encogió de hombros.

-Alguien me importa me ha dicho que podría suspender y…Bueno…

-¿Ha sido James? -preguntó, cogiendo su mano para incorporarse.

Fred cerró los ojos y suspiró.

-También -reveló. Como si fuera un secreto que ninguno supiera. Susan se tuvo que reír. Se sentó en el sofá. Separó el libro de Adivinación de James y buscó su libro de Pociones entre los cojines. Fred alcanzó el libro de James. -¿A qué te referías con lo de Adivinación y James, Sue?

Susan se giró. Pestañeó. Oh, Fred no se había percatado nunca, de verdad.

-¿En serio, Fred? ¿Nunca te das cuenta de las cosas?

-Es que me dan igual… -se excusó con la verdad absoluta. Honestidad ante todo podría ser su mantra. -¿Es por su padre?

Susan Jordan arrugó el rostro.

-¿Su padre?

-Sí, ya sabes, James y su padre… Siempre ha estado esforzándose mucho por sorprender a su padre y… ¿Adivinación?

-Dime, Fred, ¿Qué haría Adivinación?

-¡No lo sé! -Dijo, riéndose al ver que Susan se había irritado por aquella tontería. -Por eso te lo pregunto -le dijo con más calma.

-¿No se te ocurre nada? -Él negó. Ella suspiró. Bajó la mirada. Quizás habían sido imaginaciones suyas. En ocasiones se imaginaba demasiadas cosas. Como sueños demasiado extraños que la perseguían de día. Pero de los que sólo podía recordar sensaciones. Nada más. No obstante, sí podía recordar lo que veía estando despierta en Hogwarts. -Lleva seis años intentando algo que cree que no puede conseguir…-tanteó Susan.

Fred miró con escepticismo a Susan.

-La aprobación de su padre -dijo.

Ella suspiró.

-¿Sabes? Me preocupa que tú te preocupes porque James crea que necesita tantísimo la admiración de su padre… Porque si es así…

-James lo quiere ocultar, pero es así… A mí no me engaña -dijo, preocupado.

-Pues a mí tampoco me engaña Adivinación -insistió Susan. -Prométeme que le ayudarás… Está claro que a mí no me lo va a decir -dijo ella con una sonrisa con la que intentaba conseguir siempre lo que quería de Fred. Y solía hacerlo.

-¡Ni sé a qué te refieres!

-Ya, ya… Pero lo sabrás… Es una chica -le dijo ella. -Prométeme que le vas a decir que no sea como tú con las cosas estas que se os dan tan rematadamente mal…

-No puedo hacer eso, Susan, yo soy espectacular -declaró Fred Weasley. -Debe ser como yo.



« (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa Comenta este capítulo | Ir arriba (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.