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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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(IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)


El presagio de la luz del sol cuando se había despertado había sido bueno.

Era un gran día para un partido de Quidditch.

Ganar o perder. Daba igual. Los alumnos de todos los colores se dirigían al Campo combinando las distintas banderas de las Casas que aquel día se disputaban la entrada a la Final de la Copa de Quidditch. Hufflepuff o Gryffindor. Gritos de euforia. Nervios. Para muchos ya habían ganado, pues eran los equipos favoritos de Hogwarts desde hacía dos años. Y, dado que aquel año ambos equipos estaban integrados por jugadores que eran alabados por todos los alumnos del castillo, todos los seguidores de aquel deporte tenían el corazón dividido.

Por un lado, estaba el equipo Gryffindor. El GRAN equipo Gryffindor. El Diario del Castillo había tenido que hacer un reportaje de todos los equipos tras el éxito que había sido su enfoque sobre los jóvenes que portaban el rojo y el león con orgullo. Todo el mundo adoraba a James Sirius Potter. Era el joven del momento. La leyenda del Quidditch en persona. En cuanto saliera de Hogwarts harían tarjetas de las ranas de chocolate por todos los partidos que les había regalado a Hogwarts. Todos los momentos. Era el más ingenioso en el juego. Los demás buscadores siempre luchaban por que sus jugadas fueran tan contadas como las de James Potter. Licántropo, valiente, soltero de oro y, tras un pasado gamberro, reformado. Beatrice Fenwick era la veterana del equipo y Hogwarts le tenía el aprecio que todos tenían a su primera escoba. Rolf Rogers era el Premio Anual de Gryffindor. ¿Qué más podían pedir? Fred Weasley había recuperado la radiación de alegría -gracias a Susan Jordan y las hormonas, todo había que decirlo -y los espectadores ansiaban su interactividad con él. Por supuesto, querían ver a los cazadores. Al mejor trío de cazadores que habían conocido. La agilidad de Richard Carter. La destreza de Scorpius Malfoy. La tenacidad de Rose Weasley.

Huffelpuff no se quedaba atrás. Tenían a dos golpeadores que habían sido objeto de polémica tras anunciar que estaban juntos: Robert Sparks y Anjali Khana. ¡Todo el mundo quería ver cómo el amor también entraba en el juego! Era algo que nunca habían visto… Siempre eran hermanos o mejores amigos, ¡no parejas oficiales! Después estaban tres cazadores que llevaban siéndolo tanto tiempo que, inevitablemente, eran los más veteranos de Hogwarts. Patrick Bennet, Stephan Brands y Natalie Jones, la capitana del equipo. La nueva incorporación del equipo de aquel año era una de las grandes novedades -y también foco de cotilleos tras ir de flor en flor -Kyle Keegan. Todos estaban deseando ver qué tenía para ofrecer aquel guardián. Pero, muchos sabían que podía ofrecer un gran espectáculo era Lyslander Scarmander. ¡No la llamaban la luz de Hufflepuff por otra cosa!

Ella no quería engañar a nadie. Entró al vestuario con una idea muy clara en su cabeza.

Ganar.

-¡Bien, tejones! -les reunió Natalie Jones. Hicieron un círculo.  Juntaron sus cabezas. Pasaron sus brazos por los hombros. Lyslander tuvo que auparse. Kyle era relativamente alto. Anjali Khana también. Y ella no destacaba por su altura. -¡Tenemos una oportunidad para hacer dos Finales seguidas y teñirlas de amarillo!

-¡SÍÍÍÍÍ! -Vociferaron al unísono.

-¡Al campo, tejones! -les animó.

Se separaron.

Alzaron los puños al aire.

-¡HUFFLEPUFF! ¡HUFFLEPUFF! ¡HUFFLEPUFF! ¡HUFFLEPUFF! -Gritaron dando saltos. Sentían la euforia en su pecho desembocado.

Lyslander Scarmander recogió su escoba del suelo. Agarró su lomo con fuerza. Esbozó una sonrisa de satisfacción. Sus pasos fueron firmes cuando siguió a Robert Sparks hacia el Campo de Quidditch, cuyo ruido la acogió cuando la luz la atrapó. Barrió las gradas con la mirada. Nunca dejaría de asombrarse. La capitana se giró para asentir hacia ella. Ella asintió de vuelta.

Se puso sobre su escoba.

Y alzó el vuelo.

-¡LOS TEJONES HAN SALIDO! -Gritó el comentarista, David Morrit. - ¡POR FIN PUEDEN ENFRENTARSE EN EL CAMPO A LOS LEONES! ¡QUE DE COMIENCE EL PARTIDO! ¡AQUÍ VIENEN RUGIENDO Y ZUMBANDO…!

El resto de sus palabras se ahogaron en el rugido de la multidud.

-¡Sube, Scarmander! -le aconsejó Stephan Brands pasando por su lado.

Le señaló con su índice a James Sirius Potter. Ascendía con su escoba muy por encima de la zona de los aros. Quizás para concentrarse. Ella asintió. Era para concentrarse. Era lo que le había dicho el capitán de Gryffindor que solía hacer justo cuando empezaba el partido. Decía que el ruido de las gradas se le metía en los oídos y necesitaba calma para sentir la snitch. Le había dado el consejo de hacer aquello. Y Lyslander pensaba que era buena idea.

Acarició su escoba mientras alzaba el vuelo y sentía la gravedad arrastrarla hacía el césped.

Había una razón por la que amaba volar. Casi todo era más bonito desde la distancia. Hogwarts se convertía en un lugar más perfecto conforme ascendía y se acercaba a tener una vista de águila. El resto de personas desaparecían. El ruido se taponaba. Los picos y los valles de la geografía iban tornándose en un color más tenue. Desde lo alto, parecían brochazos de un pincel. Se desesperezó encima de la escoba y alzó los brazos. Observó el cielo que caía sobre ella. Deseó tener alas para poder volar. Sin necesidad de escoba. Sin sus piernas cruzadas sobre aquel trozo de madera y la fuerza de la gravedad empujándola al suelo.

-¡Brands! -Escuchó gritar a Jones, mientras le pasaba el quaffle. -¡Están volviendo a utilizar la estrategia de Moldavia! -le advirtió.

Richard Carter intervino cuando Brands le pasó el quaffle a Bennet. Una bludger iba directa a su cabeza.

-¡Bludger, Carter! -Avisó Malfoy.

El aludido descendió rápidamente con la escoba. Sacudió su cabeza. Balanceó el quaffle y se lo tiró a Malfoy. Malfoy recibió una bludger en la rodilla y lo desplazó hacia atrás tan fuerte que tuvo que agarrarse fuertemente de su escoba. Lyslander asomó una sonrisa al ver aquella casi estrepitosa caída.

-¡PERDÓN! -Gritó Khana. Los Hufflepuffs eran el único tipo de golpeadores que podían disculparse educadamente en el Quidditch.

Malfoy bufó. Voló rápidamente hacia el aro custodiado por Kyle Keegan. No obstante, se detuvo para toser. Bennet había aprovechado para ir a por la quaffle. Le pegó un codazo a Malfoy. Este dejó caer la quaffle.

-¡HA DEJADO CAER LA QUAFFLE! -Relató Morrit.

Como si fuera un relámpago, Rose Weasley cogió la quaffle debajo de Scorpius Malfoy y se alzó en el vuelo para asestar la quaffle en el aro con tanta fuerza que fue despedida hasta la Torre de Slytherin.

-¡Toma estrategia de Bélgica! -dijo Rose Weasley con saña.

Lyslander frunció el ceño. Los cazadores de Gryffindor se juntaron para chocar las palmas de las manos y reírse por haber burlado a los Hufflepuff.  Los cazadores Hufflepuff, frente a ellos, formaron posición de flecha. Una bludger de Rolf Rogers fue directa hacia la cara de Natalie Jones y gritó fastidiada. Fred Weasley se desternillaba desde la otra parte del campo.

La capitana de Hufflepuff recuperó la tenacidad y siguió una estrategia sencilla con la que consiguieron fácilmente un punto. Lyslander suspiró. Sería un partido ajustado. No obstante, los cazadores de Gryffindor estaban bastante excitados y estaban consiguiendo demasiados puntos en poco tiempo.

Entonces vio un destello bajo sus pies. Un centelleo en la esquina del aro de Gryffindor. Instintintivamente, se giró para ver se si James Potter lo había visto. Y se encontraba con una mirada sobre ella, atenta y seria.

La carrera hacia el aro fue vertiginosa.

Se lanzaron hacia él sin importar que Beatrice Fenwick estuviera detuviendo un quaffle.

-¡LOS BUSCADORES HAN VISTO LA SNITCH EN EL ARO DE GRYFFINDOR! ¡POR SUERTE, FENWICK HA DETENIDO EL QUAFFLE DE BENNET A TIEMPO! -Relató Morrit. -¡OH, NO! ¡LA SNITCH VA DIRECTA A LAS GRADAS DE RAVENCLAW!

Las gradas ovacionaron la llegada de los buscadores por encima de las cabezas.

-¡Es mía! -le gritó Potter.

Ella, quien encabezaba la carrea, se mordió la lengua por fuera, concentrada en perseguir la estela de la pequeña bola de metal alada. Cruzó por la Torre de Slytherin. Desvió una bludger que le lanzaba Fred Weasley.

-¡EL ESTILO DE SCARMANDER, DAMAS Y CABALLEROS! ¡LA LUZ DE HUFFLEPUFF! -Le animó Morrit a través del micrófono. -¡ROSE WEASLEY ANOTA LO QUE ES PROBABLE QUE SEA EL RECÓRD DE LA HISTORIA DE GRYFFINDOR HECHO POR UN CAZADOR EN TAN POCO TIEMPO! ¡GRAN ESTRATEGIA CON CARTER Y MALFOY! ¡HACEN UN GRAN EQUIPO! ¡QUE ALGUIEN LE DE UN TRAGO DE AGUA A ESTA MUCHACHA! -Felicitó a la muchacha. -¡BRAVO, ROSE WEASLEY! ¡BRAVÍSIMA! ¡LAS MUJERES SON LAS QUE LLEVAN LAS ARMAS EN ESTA TEMPORADA! ¡KEEGAN ESTÁ SIENDO DESTROZADO POR DESTRUCROSE!

-¡Vamos, Weasley! -oyó a su amiga Lily desde la grada.

La atmósfera era fantástica. Hubo un rugido de aplausos. Vio por el rabillo del ojo cómo Natalie Jones hablaba con Kyle Keegan, probablemente sobre alguna estrategia. Frunció el ceño. Si asestaban tantos quaffles, ¿qué pasaba si no era suficiente? ¡Tenía que coger la Snitch sí o sí!

Pero aquello la despistó.

Su ritmo descendió.

-¡POTTER HA ADELANTADO A SCARMANDER! -Le avisó, de repente, Morrit.

Cerró su puño sobre la escoba. Se agachó sobre la escoba para coger velocidad.

La Snicht se dirigió al centro del Campo de Quidditch. En mitad del juego. Y comenzó a ascender verticalmente. James Potter la siguió volcando su cuerpo en vertical sobre su escoba. Lyslander lo imitó mientras la velocidad que habían tomado hacía que el viento arrugara su rostro. Tan sólo veía las ramas torcidas del extremo de la escoba voladora de James Sirius Potter. Y el destello en la lejanía de la Snitch.

Quiso adelantarlo.

Se posicionó a su lado.  A tanta velocidad que todo su cuerpo comenzó a temblar. Tenía que ganar. Por su equipo. Por Hufflepuff. Por los tejones. Por Gordon Townsend. Debía teñir Hogwarts de amarillo y que su Casa fuera motivo de victoria por él. Se lo debía a su Casa.

Se giró para mirar a James Potter. Este también se volteó para enfrentarla. Mientras el destello seguía sobre ellos como un lucero. Guiándoles hacia su subida en vertical.

Entonces, observó cómo James Potter extendió sus brazos con sus manos aún sosteniendo el lomo alpino de su escoba. Lyslander frunció el ceño. El viento sacudía sus cuerpos. El uniforme de Quidditch de Potter ondeó al encontrarse suelto. Extendió sus piernas. Lyslander sintió vértigo al vértigo. E incertidumbre. Se centró en la Snitch. Seguía sobre ellos. Volvió a contemplar lo que fuera que Potter pretendía hacer. ¿Qué demonios? Potter gateó rápidamente sobre su escoba en vertical sobre el vacío que le ofrecía la velocidad a la que iban. Las gradas estaban eufóricas. Expectantes. El comentarista relataba el momento sin aire en sus pulmones. Lyslander abrió la boca sorprendida. James se giró para verla y le guiñó el ojo.

Sacó su varita del uniforme.

De repente, giró su escoba en horizontal en su carrera hacia la Snitch y, como si fuera una se puso de pie sobre ella, como si fuera una tabla de surf.  Se balanceó. Miró hacia arriba. Tan serio que Lyslander se llevó la mano a la boca para ocultar su ovación.

Y James Potter saltó hacia arriba con la mano abierta para atrapar su trofeo.

Lyslander se sintió a cámara lenta. Pese a su vertiginosa velocidad. Asombrada por lo qué estaba haciendo James Potter. Siguió con su escoba hacia arriba conforme perdía lo que ansiaba ganar.

James Potter agarró la Snitch y se la llevó a su pecho para asegurarse de que no la perdía.

Y se tumbó sobre el vacío en caída horizontal. Sobre la nada. Sobre el aire. Sobre su caída hacia el césped que se abría ante él. Las gradas gritaron, chillaron. El comentarista pidió paramédicos en seguida. El árbitro, Madame Hooch, pitó. Potter parecía calmado. Cayendo, miraba a Lyslander con una sonrisa de satisfacción. Le miraba como si supiera exactamente lo que iba a pasar y no le importara.

-¡POTTER! -Su voz sonó antes de que pudiera pensarlo. Horrorizada. Petrificada en su escoba, la cual se detuvo en su escalada hacia el cielo.

Potter sacó su varita y sus labios se movieron.

Su escoba subió rápidamente tras la orden del mago. Cómodamente, se sentó en ella. Suspiró.  Seguía mirando a Lyslander. Como un maestro que le había enseñado cómo se hacía un conjuro por primera vez.

-Y así es cómo te conviertes en leyenda, Lyslander Scarmander -le dijo James Potter. -Sé que lo harás la próxima vez.

Ambos podían escuchar las gradas rugir tan fuerte que sus oídos ya no pudieron oír nada más. Aquello era lo que convertía a las leyendas, ¿no? Parte de ellas era verdad. Parte de ellas habían saltado de una escoba voladora hacia el vacío sin temor y con coraje, arropando la Snitch en su pecho con orgullo. Pero ese residuo de verdad, se veía exagerado por el ruido de las gradas. Y Lyslander aprendería aquello.

Para un hombre acostumbrado a matar, sus ojos eran demasiado suaves.

No pudo evitar pensar aquello cuando sus pestañas se despegaron. Pesaban tanto que creyó tener gran peso sobre ellas. Cuando la luz artificial la cegó, se percató de que no se alejaba de la realidad. Blanco. Gris. Blanco. Negro. Blanco. Negro. Blanco. Negro. No podía mantener los ojos abiertos mucho tiempo. Podría ser algún Encantamiento. No descartaba que fuera una droga. Somnífero.

Y, aún cuando su intuición le decía que aquello era real, se aferraba a la idea de que era un sueño.

Parpadeó. Giró suavemente su cabeza para ver algo más que la incansable luz blanca. Fluorescente y alargada. Hacía suaves destellos y le cansaba la vista. No obstante, prefirió la visión de una lámpara alargada a lo que le ofrecía su panorámica derecha.

Se dio cuenta de que no podía gritar. Su voz se quedó atrapada en las cuerdas vocales. Su boca se quedó abierta. El aliento salió entre los dientes como el destello de un grito de horror. Soltó breves gemidos. Su pecho subió. Se hundió. Subió. Se hundió. Subió. Se hundió. Más rápido. Sintió su corazón palpitar. Subió. Se hundió.

El frío del metal que sostenía su propio cuerpo le estremeció. Estaba su cuerpo desnudo. Su tez morena reposaba como si fuera un trozo de carne sobre una camilla de operaciones. No tenía fuerzas para incorporarse y verlo. Y no quería hacerlo. Solo podía ver los rizos de su flequillo caer al lado de su rostro que chocaba con la gélida placa de metal. El aliento lo empañaba como si fuera un cristal. Su piel estaba tensa sobre ella. Sintió sus lágrimas nacer. Su pecho volvió a subir. Se hundió.

Veía el cuerpo que, como un reflejo en un espejo, se encontraba en otra camilla a su lado mirando a las luces fluorescentes. Su pelo moreno estaba mojado y pegado a su anguloso rostro. Tenía los ojos abiertos. La boca abierta. De ella salía un tubo. Un tubo por el que entraba o salía sangre. Hebras o venas de sangre se acumulaban en su rostro. Un rostro tensado. Con colmillos demasiado pronunciados. Nunca habían sido así. Sus hombros estaban en carne viva. Como su torso. Y la mitad de su rostro.

Era Nicholas Woods.

Tuvo que respirar profundamente para asimilar aquella escena que tenía ante ella. No era su persona favorita. No. No. No lo era. Le había llegado a odiar. Con todas sus fuerzas. Pero nadie se merecía aquello. Nadie, por muy cruel que hubiera sido como capitán de Quidditch, era merecedor de aquella tortura. Volvió a respirar. Su pecho subió. Se hundió. ¿Qué le habrían hecho a ella?

Al menos, no padecía ningún dolor en ese instante. Cerró los ojos con fuerza. Sabía que perfectamente podrían haber camuflado su dolencia con un simple encantamiento o inyectándole una poción.

No quiso abrir los ojos. Aquello debía ser un sueño.

Pensó en su padre. Lee Jordan. Siempre había sido amigo de Oliver Woods. ¿Cómo iban a imaginarse las circunstancias en las que estaban sus hijos? Pensó en su madre. Se le partiría el corazón. Y sería demasiado para su hermana Monique. Casi se ahoga en su llanto interno al ver la imagen de Fred en su cabeza. No podía hacerle aquello a Fred. Tenía que salir de allí por él. Si aquello no era un sueño, no podía dejar que hicieran lo que fuera que estuvieran haciendo. Fred no soportaría aquello. Ahora que estaba bien. No podían darle otra noticia como que su novia estaba siendo torturada. No. Tenía que seguir su vida. Feliz. Sus padres estaban bien. Su hermana, por fin, parecía volver a tener contacto con más personas. Aunque fuera Chris Nott o Beatrice Fenwick y Rogers. Fred y ella estaban en el mejor momento. Lo que llevaba tanto tiempo esperando. Y estaba tan feliz por James. Su amistad con él también estaba en su mejor momento. Eran familia. Los tres. Eran familia.

Sentía la humedad rozar sus mejillas. No tenía fuerzas para retirar sus lágrimas.

Una fuerza hizo que su cabeza volviera a su posición original. La agarraron con fuerza de la barbilla. Desencajó su mandíbula. Quiso quejarse, mas su voz seguía apagada. Simplemente gimió.

-¿Cómo estás, Leopold? -dijo una voz.

Susan Jordan abrió los ojos.

Y vio los dulces ojos que ocupaban sus pesadillas. No era el hombre de la bata al que estaba acostumbrado. Era uno más joven. Con cejas rubias pobladas. Le sonrió con sarcasmo. Como si se estuviera burlando de ella. Pero se había referido a ella como Leopold. El vello de su nuca se erizó.

-Aún no está del todo completado, Tristán -oyó otra voz. La del hombre de la bata. Aquella voz la conocía perfectamente. Aquel hombre ocupaba todas sus pesadillas. Cerró los ojos para no verlo. Se repitió los nombres para sus adentros. Tristán. Leopold. Tristán. Leopold. Quería recordarlos al despertar y recopilar información para salvarse a sí misma. -No molestes a mi paciente…

Tristán soltó el agarre. Vio que tenía arrugas en las esquinas de sus ojos. Entradas y canas que se confundían con sus hebras doradas. Sus rasgos le eran muy familiares. Sintió un pinchazo en su estómago. No literal. Pero sabía quién era ese hombre. Tenía los mismos rasgos que Frank McOrez. Y conocía la reputación de su tío.

Aquello hizo que pensara en los rumores que había escuchado sobre Molly Weasley siendo un experimento del Ojo y quiso morirse en aquel instante. Su pecho subió. Descendió. Subió. Se hundió. Recordó que el año anterior habían compartido sesiones en Enfermería. Su rostro se crispó. Tristán McOrez le sonrió. ¿Asesinaría ella a alguien? Tragó saliva. Aquello sí lo podía hacer. Respiró profundamente. Recordó que después de aquellos sueños no recordaba las cosas con claridad. ¿Cómo iba a avisarse a sí misma del peligro?

-Mi hermano quiere saber cuando tendremos a la Potter… Está harto de tus experimentos…

-¡Esta es la prueba de que saldrá bien! -interrumpió el hombre de la bata. -¡Si esta muchacha sale bien… Tu sobrino podrá ocupar a la niña Potter sin problemas! Es exactamente lo mismo…

Susan Jordan abrió los ojos. Perpleja. Su corazón se aceleró.

No sabía qué planeaban con ella. Pero sí que podía salvar a alguien.

Debía avisar a Lily Potter. Debía decírselo a James.

Se lo repitió para no olvidarlo.

Deseó con todas sus fuerzas no olvidarlo.

Lily Potter.

Lily Potter.

Lily Potter.

Lily Potter.

Leopold. Tristán McOrez. Frank McOrez. Lily Potter.

Leopold. Tristán McOrez. Frank McOrez. Lily Potter.

Leopold. Tristán McOrez. Frank McOrez. Lily Potter.

Leopold.

Leopold.

Los ojos suaves volvieron a sonreírle. Le pusieron un trozo de plástico sobre su boca. Para ser un asesino despiadado, tenía unos ojos demasiado suaves. Pensó en aquello cuando respiró a través de aquel trozo de plástico. Sus pestañas se abrazaron. Tenía un peso sobre ellas que le obligó a entrecerrar sus ojos. Negro. Blanco. Ya no veía las luces fluorescentes.

No podía mantener los ojos abiertos. Definitivamente era droga.

Sintió una oscuridad cernirse sobre ella.

Y la atrapó.

¿Qué tenía que recordar?



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