Historia al azar: Allen Remus Lupín
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La Tercera Generación de Hogwarts » (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
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(IV) Capítulo 24: Abrir las alas

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)


Por fin lo había conseguido.

Abrió el pico para aspirar todo el aire que la naturaleza.

Abrió sus alas y las batió para coger altura.

Planeó sobre la pradera. Su hábitat natural. Atisbó el océano en la lejanía. Los árboles. Las nubes.

Era una criatura mágica originada de  las hadas y de las sirenas. Mermada en el espíritu de las mujeres. De aquellas mujeres que habían sido frívolas en sus vidas. Y, por eso, ahora sus descendientes flotaban entre sus dos identidades. Cuando acogía su identidad humana, eran jóvenes encantadoras. Pero también eran guerreras feroces.

Su rostro era el de un ave. Alargado. Elegante. Un pico dorado. Filoso y largo.Unos ojos híbridos, entre humanos y rapaces.  Sedosas plumas del color del fuego nacían de sus hombros. Y caían de sus brazos y sus omóplatos. Con las que podía volar.

Llevaba un traje que se ajustaba a su pecho y que no tenía mangas para que pudiera dejar crecer sus sus alas. Con un tejido ignífugo. Rechazaba la propia combustión de sus manos. La protegía de su propio fuego.  Era algo que aún estaba tratando de controlar después del accidente -no tan accidente para ella -con Nicholas. Se habían asegurado de que, al menos ella, en sus entrenamientos, estaría a salvo de su propia chispa. Habían rescatado aquel traje de retazos de algún antiguo licántropo que trabajaba de bombero. Tala había mandado su costura. Lo hacía con cada uno de sus miembros de la manada. Se aseguraba de que cada uno tenía un traje acorde. Como si fueran todos miembros de Luperca. Y como si Luperca fuera una división de un ejército mayor desde que Wakanda anunció que la guerra se acercaba y ellos habían sido llamados a las filas.

Era así, ¿no era cierto?

Pero, ¿era Dominique miembro de Luperca? Lo dudaba. Ella no entraba dentro del requisitio principal para ser admitida allí. No tenía la licantropía en su sangre. Ni era Ajayu. Ni Nuna. Simplemente era la sobrina de Charlie Weasley que resultaba ser veela. Quizás era cierto que era un buen sitio para entrenar -pues las veelas de la rama de la familia de su madre no querían formar parte de aquello. Se sentía como una criatura de acogida.

Dominique Weasley miró a sus alas de nuevo. Orgullosa.

Exaltada por la transformación, había corrido por la pradera para alzar el vuelo bajo la supervisión de Onawa y de Umi. Gritaban de euforia. Sus chillidos y sus vitoreos se habían confundido con su propia exclamación y su graznido. Se detuvo en mitad. Y saltó hacia la enorme espesura azul que se extendía hacia ella. Se zambulló de lleno en el aire. Dejando sus alas hacia atrás. Moviéndolas hacia arriba. Después hacia atrás. El aire sobre su rostro. La gravedad tirando de ella hacia abajo. Mientras ella volaba.

En el momento en que se lanzó al aire en horizontal, por reflejo natural, sus alas comenzaron a batir. ¡Empezó a volar! Voló más allá de la pradera hacia las montañas rocosas. La vista de pájaro de todo lo que había debajo era una nueva experiencia. Graznó y sonó a una risa cantarina. Como si un jilguero cantara buenos días.

Luperca se apreció en la lejanía, los caminos parecían cintas de plata y los ríos eran tiras de cristal. Voló hasta las montañas. Al encontrar un pico que sobresalía, decidió bajar y descansar. Era la primera vez que lo hacía. Y debía volver. Se sentó sobre el suelo. Se recostó sobre sus rodillas. Contempló el paisaje. Se rascó la pierna con el pico. Una lágrima cayó por su plumoso rostro.

Era una hermosa vista con una espesura cubierta de bosque. La luz anaranjada del atardecer comenzaba a partir el cielo azul en dos. Bajó con mucho cuidado hasta un árbol y aleteó hasta que se sentó en sus ramas. Había unos deliciosos frutos colgando de las ramas; alcanzó uno y se lo llevó a la boca. Descansó, de nuevo allí, unos minutos allí disfrutando de la tranquilidad de la naturaleza.

Se olvidó de que aquellas semanas se había torturado. Evitaba su reflejo. Solo quería permanecer encerrada para no herir a nadie. Para que nadie le mirara como lo hizo su hermana Vic. Era un monstruo. Pero, ¿por qué se sentía tan bien? ¿Cómo un monstruo podría sentirse tan a gusto liberando su monstruosidad?

Comenzó a oscurecer. Decidió que era de volver. Umi estaría preocupada y habría salido a buscarla. No la encontrarían en la copa de un árbol. Se puso de pie y se zambulló en la espesura del bosque. Aquella vez, planeó entre las sequoias. Admirando la luz que se colaba entre sus ramas. Persiguiendo los haces del atardecer. Serpenteando entre los milenarios troncos de madera rojiza.

Alcanzó el camino que conducía a Luperca. Descendió poco a poco. Posó sus pies descalzos sobre la hierba para frenar su aterrizaje. Cerró los ojos. Se concentró en volver a ser ella. La humana. La que tenía que enfrentarse al resto de licántropos. La sobrina de Charlie Weasley. La hermana de Vic. La hija de Bill y Fleur. La chica aquella que incendió al hijo de Woods.

Abrió los ojos.

Se miró los brazos.

Ni rastro de sus delicadas plumas. Se tocó el rostro. Su respingona nariz estaba intacta. Sus labios. Sus mejillas suaves. Suspiró. A veces era mejor seguir siendo un monstruo. Una no tenía que dar explicaciones.

Una figura salió del bosque y se abalanzó a su cuello. La besó en la mejilla con entusiasmo.

-¡Esa es mi chica! -dijo Umi.

-Vamos, Dom, Wakanda te ha llamado -le avisó Onawa. La empujó en la espalda hacia Luperca.

Ella suspiró y asintió.

Su amiga le pasó una sudadera y ella se la puso. A finales de febrero estar en la costa oeste no era lo mismo que en verano. Incluso si podía crear fuego de la nada, se podría resfríar fácilmente si no se abrigaba. Se la puso la sudadera de la Universidad de Standford, la cual no estaba muy lejos de allí, y olió a Onawa. Se preguntó si aquel licántropo habría ido a la universidad. ¿Qué habría estudiado?

-¡Vamos, Dom! -le apresuró Umi. La mujer, que pese a tener casi treinta años era aún más jovial que ella, la cogió de la mano y la zarandeó hasta la sede de madera oscura de Luperca.

La siguió.

Entraron al edificio cuyas luces comenzaban a encenderse. Onawa se marchó a su habitación y fue Umi quien la acompañó al despacho de Wakanda. Dominique no habló durante el trayecto. Umi respetó su silencio.

Abrieron la puerta.

Wakanda estaba sentada sobre su silla con un papel en la mano. Dominique quiso mirar hacia cualquier otro lado pero sus ojos se habían fijado en que tenía el sello del Ministerio británico de Magia en el sobre que tenía abierto sobre su escritorio. Había temido aquel momento desde el día en el que Moonlight la trajo de vuelta en Navidad. Antes de Año Nuevo. El día antes del cumpleaños de Remus. Vetándola de pasar el resto de días con su familia.

Suspiró.

-Ha llegado la demanda de Oliver Woods en nombre de su hijo por el delito de lesiones sobre Nicholas Woods, Dominique -le anunció.

Umi le apretó la mano para darle fuerzas. Ella alzó la vista hacia Wakanda. Se acababa de convertir en veela. Por primera vez en su vida. Aquello con lo que llevaba frustrada todos aquellos meses. Y lo primero que escuchaba de la líder de aquel lugar era aquello.

-¿Qué tengo que hacer?  -cuestionó.

-Nada -respondió simplemente Wakanda.

-¿Cómo que nada? -inquirió Dominique.

Wakanda se reclinó sobre su asiento.

-Yo me ocuparé de los trámites, Weasley -anunció. -Eres una criatura mágica que está aprendiendo a controlarse y fue la primera manifestación de tu poder… Jugaremos con eso -explicó. Pero aquello no convenció a Dominique Weasley. -Podrías pedirle perdón al padre, eso nos vendría bien para ver que no somos criaturas insensibles…

-No le pienso pedir perdón -interrumpió Dominique. -¡Él me atacó!

Se formó un silencio en el que Dominique tembló.

-Quemaste todo su cuerpo, Dominique -Le recordó Wakanda. -Tuvieron que dejarlo inconsciente durante dos semanas para poder tratarlo… Te creo, créeme, lo hago. Tu hermana testificó a tu favor… Pero ya está -Tiró el papel sobre su escritorio. -No hay más pruebas. Solo que tú abrasaste a Woods y lo dejaste como un pinchito a la parrilla -concluyó.

Dominique gruñó.

-Pero eso no puede quedarse así…

-Se va a quedar así y no vas a hacer nada -amenazó Wakanda con un tono más serio. -Porque si haces algo, yo no podré protegerte una vez más -le advirtió. -Dominique… El mundo no está hecho para favorecer a las criaturas mágicas… Deberías haber aprendido ya esa lección -Le indicó la puerta. -Puedes retirarte.

Ella sacudió la mano de Umi.

Se dirigió a la puerta y la abrió bruscamente. Salió al pasillo hecha una furia. Lo cual no era buena señal. Todo el mundo sabía que las veela se convertían más fácilmente si estaban enojadas. Sus manos comenzaron a echar chispas. Se quitó la sudadera de Onawa antes asegurarse de que era inflamable.

Una mano se apoyó sobre su hombro desnudo.

Se giró para verla.

Era Umi.

-Tranquila, Dom -le susurró. -Ven a mi cuarto…-le pidió. Señaló el pasillo que dirigía a los dormitorios.

Ella negó.

-No creo que sea buena idea.

-Ven, Dom.

Tiró de ella y Dominique suspiró. La siguió por el mismo pasillo hasta el final. Giraron a la derecha. Podía ver por el gran ventanal la noche oscura abrazar el Parque de Redwood. Tenía la mandíbula encajada y los puños cerrados.

Umi abrió su dormitorio. Era la primera vez que Dominique entraba allí.

Estaba decorado con fotografías de ella y toda la mandada. Por toda la pared. Se dirigió hacia una en concreto. Relativamente reciente. Acercó sus dedos para tocarla, pero temió que las chispas incendiaran el lugar así que ocultó sus manos en los bolsillos del traje de Tala rápidamente. Sintió un escalofrío recorrer su espalda desnuda mientras acercaba su nariz para verla mejor.

Eran Umi y ella. Con una sonrisa. Tremendamente felices. El verano anterior. Cuando Dominique visitó Luperca y creía que podría convertirse en veela de un día para otro. Creyendo que aquello sería coser y cantar. Más bien, saltar y volar. Umi tenía una gorra y gafas de sol y la piel morena del trópico. Ella estaba tan blanca que parecía haber atrapado todo el sol que hacía aquel día. Llevaba una sudadera pese a la alta temperatura que hacía. Se estremeció. Nunca solía llevar tirantes. Siempre se aseguraba que algo cubría su espalda.

No como en aquel momento.

-Vaya -musitó Umi. -Nunca me había dado cuenta… ¿Es un tatuaje?

Ella no pudo evitar reírse ante la ocurrencia. Nunca le habían preguntado aquello. Nunca había dejado que nadie lo viera. Siempre se aseguraba de que sus compañeras de cuarto no lo veían. Y en la Madriguera todo el mundo sabía que era lo que escondía la espalda de Dominique.

-No, es una cicatriz…-respondió ella.

-¿Qué dices? -se mofó Umi. El silencio de Dominique le dio a entender que no bromeaba. -¿Cómo puede ser eso una cicatriz…?

-Son garras -aclaró. -De licántropo -añadió.

Ella se dio la vuelta. Le pidió con un gesto la sudadera de Onawa a Umi y esta se la tendió. La miraba como si la intentara descifrar por primera vez. Ella rodó los ojos. No era nada nuevo que Dominique Weasley fuese una persona reservada. Aunque no lo era con Umi.

Pero sí era raro que Umi no tuviera nada que decir.

Dominique frunció los labios.

Se acercó a ella. La dueña del dormitorio le indicó que se sentara en su cama. Obedeció. Ella se sentó en su silla giratoria de su escritorio, cuya luz encendió y apuntó, como si fuera un jefe de policía hacia Dominique.

-O sea que eres tú…

´-¿Dominique Weasley? -intentó completar ella.

Umi asintió entre risas.

-Y la única víctima de Moonlight -añadió Umi, con un tono entre serio y divertido.

Su amiga apoyó su barbilla en su mano mientras la contemplaba.

-No -dijo Dominique, perpleja ante lo que acababa de decir Umi. -Convirtió a Ted en licántropo -aclaró lo evidente.

Umi negó.

-Eso es diferente para nosotros -Dijo, reclinándose sobre el asiento con tranquilidad. -Eso los convierte en hermanos… Pero tú, Dom, tú te conviertes en su víctima.

Ella no supo qué decir. Se encogió de hombros.

-Él se convirtió en mi pesadilla, ¿supongo? -entrecerró los ojos.

No llegaba entender por qué aquello le causaba tanto interés a su amiga. Creía que todo el mundo allí sabía que Moonlight la atacó cuando era pequeña. Cuando Moonlight tenía doce años y ella ni siquiera estaba en Hogwarts, perdió jugando su amuleto y se puso tan nervioso que se descontroló y huyó al bosque. Dominique no sabía lo que le pasaba así que había ido detrás de él, con Ted pisándole los talones diciéndole que parara. Al encontrarle, Dominique chilló. Se giró para huir de él. Moonlight destrozó su espalda en aquel laberinto. Ted se interpuso. Y Moonlight le mordió para apartarlo. Dominique pidió ayuda y Moonlight logró controlarse. La historia que toda su familia sabía de memoria. Que ella sabía de memoria.

-No sabía que eras tú, Dom… -se sinceró Umi. Miró con los ojos entrecerrados a Dominique. -Ted no tuvo ninguna primera víctima porque siempre estuvo controlado desde niño en Luperca. O en Hogwarts. Y, como sabía lo que le había pasado a su amigo, convirtió su amuleto en un tatuaje en la palma de su mano. Una luna… A tu primo James le ha pasado lo mismo… Pero él ni siquiera necesita amuleto -le relató. También sabía esas historias. -Pero no suele pasar eso… No… Yo maté a mis tres primeras víctimas… -Le recordó. -Moonlight siempre nos contó que la suya fue devastadora…Nos decía «Me he convertido en un monstruo después de esto»… ¿Te lo puedes creer? Nos decía que era un monstruo. ¡Un monstruo! Es lo más horrible que puede pensar de sí mismo una criatura mágica… Pero no nos daba detalles… La tiene oculta… Como si le doliera aún… Y resulta que son tres arañazos en tu espalda -dijo. -De la chica a la que ahora estamos entrenando para que se convierta en una criatura mágica de la hostia…

Se desternilló.

Dominique Weasley se quedó ojiplática.

-¿Bien por él? -acertó a decir. -A mí no me hace tanta gracia…

Umi negó con la cabeza.

-Lo siento… Es que… Solo corrobora el hecho de que Moonlight es el mejor licántropo que hemos tenido en mucho tiempo -Suspiró. La miró de arriba abajo. De nuevo, como si la viera por primera vez. -Ahora entiendo muchas cosas…

-Pues ilumíname, Umi -pidió ella, un tanto fastidiada.

La mujer negó ferozmente.

-Oh, no, me arrancaría la cabeza…

-Y yo puedo abrasarte con mis manos…-le recordó con una ceja alzada.

Le enseñó su dedo índice. Una lengua de fuego se mostró para evidenciar la amenza.

Umi ladeó el rostro.

-¿No es evidente, Dom? -inquirió Umi.

-¿El qué?

-Oh, Dom, creo que prefiero la hoguera…

Fred Weasley  estaba absolutamente seguro de que se iba a desmayar de los nervios.

Pero eran nervios de los buenos.

En concreto, como si estuviera poniendo en marcha una montaña rusa de nervios.

El beso fue rápido y casto. Luego, al darse cuenta de que lo habían hecho, una risa, manos torpes, y otro intento. Más largo, esta vez, mientras su espalda golpeaba la pared. Se besaron. Como si sus vidas dependieran de ello. Su lengua se deslizó dentro de su boca, suave pero exigente. No era nada que hubiera experimentado antes. Entendió por qué la gente decía que se derretían por dentro.  Cada centímetro de su cuerpo se disolvía  en el suyo. Sus dedos agarran su pelo, acercándolo. Sus venas laten y su corazón iba a explotar.

Nunca había querido a nadie así antes. Jamás.  La empujó hacia atrás y la recostó sobre el sofá, besándola. Sin importar que dentro de poco llegaran el resto de Guardianes de Hogwarts. No le importó, no le importaba nada de eso. Todo lo que quería era a Sue. El olor más delicioso que jamás podría imaginar. Quería respirarla. Sus labios sabían a miel. Sus rizos se enredaban con los suyos, pero no le importaba, no le importaba en absoluto. Se sentía genial. Sus manos estaban por todas partes.

-¡MIS OJOS! ¡MIS OJOOOOOS! -gritó Hugo Weasley.

Fred empujó del susto a Susan y la tiró al suelo.

-¡POR MERLÍN! -Chilló Rose Weasley.

-¡MIS OJOOOOS! -Siguió gritando Hugo Weasley.

-¡Oh, no os cortéis! -ofreció Peter Greenwood.

-Por Merlín… ¿Estás bien, Jordan? -Cornelia Brooks se acercó al suelo para levantar a Susan Jordan, quien no pudo mirar a su compañera de cuarto a los ojos.

-¿Esto es a lo que os dedicábais en las rondas? -les cuestionó escéptico Albus Potter.

-¡He cambiado de ídolo! -exclamó Richard Carter.

-¿Qué ha pasado? -preguntó Scorpius Malfoy entrando por el pasadizo.

-Fred y Susan estaban haciendo hijos -respondió Lily Potter.

-¡El sofá está mancillado! -exclamó Lyslander Scarmander entre risas.

-Ojalá pudiera poner esto en portada…-se lamentó Tim Marrs.

-Al menos algunos pillan cacho -se burló Lucy Weasley.

-Habla por ti, Weasley -se mofó Bárbara Coleman.

-¡SILENCIO! -Vociferó Beatrice Fenwick entrando con el resto de Guardianes de Hogwarts y posicionándose en el centro del salón. -Hemos pillado a Weasley y a Jordan dándose besos en el sofá y metiéndose mano. Punto. Sed adultos, joder -les espetó a todos.

-¡No tengo edad suficiente para esta clase de contenido! -se quejó Hugo Weasley.

Se escucharon algunas risas de fondo.

James Potter cogió un cojín de un sillón. Se lo pasó a su mejor amigo con una risa contenida.

-Creo que se refiere a que ocultes eso de ahí por ahora, hermano -le aconsejó.

-Por Merlín, Fred…-murmuró Susan.

Se llevó el puño a la frente y huyó a la cocina para alejarse de todos.

Fred se sentó con una sonrisa radiante en su rostro. Con un cojín en su regazo. E invintando a todos con las manos a que ocuparan sus sitios.

-Que comience la reunión -les animó Fred.

-No pienso tocar ese sofá -comentó Sebastian McKing. -No quiero quedarme embarazado a los trece años.

Fue James Potter, Richard Carter y Rolf Rogers los que se sentaron al lado de Fred Weasley. James negaba con la cabeza el comportamiento de su mejor amigo con una sonrisa.

-Deberíamos colgar a partir de ahora un cartel en el sauce por si estamos ocupados -sugirió Frank Longbotton.

-Esto es una sede de operaciones, Abbot, no un burdel -le espetó Tom McGregor.

-No soy ninguna prostituta, McGregor -interrumpió Fred Weasley, fingiendo estar ofendido.

-¡Niños! -les volvió a espetar Fenwick. -¡Dejad las hormonas!

-Debería haber hecho un test psicológico para elegir a los miembros…-se escuchó a Hugo Weasley decirle a Lorcan Scarmander en voz baja cuando los murmullos descendieron.

Todos se giraron con una mirada de desaprobación hacia ellos.

-Bueno…-Alzó la voz Albus Potter. -Como algunos sabéis… El tema de los basiliscos está un poco más controlado -Por la expresión en el rostro de algunos, no tenían ni idea de la incursión del Ravenclaw, el Slytherin y el Gryffindor en la Cámara de los Secretos. Y aquello no era ningún comienzo de ningún chiste de Hogwarts. - Hugo Weasley, Sebastian McKing y yo nos adentramos en varias ocasiones tras descubrir que podía hablar pársel para comprobar si podía controlarlos como dicen los manuales y…

-¿Hablas pársel, Potter? -interrumpió, intrigado, Chris Nott. -Lo siento, creía que sólo…

-… Las personas descendientes de hablantes de pársel podían hablarlo -completó Albus Potter asintiendo. -Mi padre hablaba pársel, Nott. Creía que lo sabían…

-¿Y tus hermanos?

Albus lanzó una mirada a James y a Lily.

-Estamos bien sin tener que enfrentarnos a basiliscos, gracias -se adelantó la muchacha.

-¿Le dejáis cuatro basiliscos a vuestro hermano? -inquirió Bárbara Coleman.- ¿Y vosotros sois los Gryffindor? -se mofó.

-Bueno, por algo él es Slytherin, ¿no? -recalcó Lily.

James resopló.

-Por el parecido razonable de Albus con nuestro padre era mucho más probable que él hablara pársel antes que nosotros -anunció James. -Si hace falta, Lily y yo lo intentaremos. Pero, por ahora, tenemos otras cosas de las que ocuparnos -añadió.

-¿Entonces está controlado? ¿Cómo? -Preguntó Camrin Trust.

-Albus Potter y Sebastian McKing tendrán menos rondas para poder estar con los basiliscos y domesticarlos tras la autorización del Ministerio y bajo la supervisión de Bastien Lebouf -anunció Lorcan Scarmander. Sacó unos papeles de su mochila. -Aquí están los nuevos cuadrantes…

-¿Más horas de trabajo? -inquirió Ellie Coleman.

-Podéis retiraros cuando queráis -puntualizó James Potter.

-No… Yo… Está bien -dijo Coleman.

James asintió. Reconocía que les pedía un gran sacrificio. La recompensa era simplemente para ellos. Para su propio cerebro. Saber que estaban ayudando al bien.

-Otra cosa más -anunció James Potter. Se lamió los labios. -El Temple me ha adelantado que tendremos una misión… Una misión importante… Hablo de colaborar con el Departamento de Seguridad Mágica y… Muy probablemente sea contra el Ojo… Debemos estar preparados para entonces… Debemos saber lanzar Patronus… Tenemos que estar listos.

Les miró a todos.

Sintieron un escalofrío.

Aquello dejaba de ser un juego.

James se incorporó. Sacudió el pelo rizado y pelirrojo de su amigo Fred y este decidió quedarse sentado un rato más. Carter y Rogers comenzaron a hablar con él del entrenamiento antes del partido con Hufflepuff.

-James -le llamó su hermana Lily. -¿Puedo irme?

Su hermano entornó la mirada. Desde hacía unos días, su hermana evitaba el contacto con el resto de los mortales. Incluso con sus hermanos. No los repudiaba. Los evitaba. Aquello le preocupaba. Le recordó a cuando Albus fue secuestrado. Solo quería abrazarla y besarla hasta que se le pasara lo que la estuviera perturbando. Pero, probablemente, le empujaría y lo enterraría vivo si lo hacía delante de todos aquellos alumnos de Hogwarts.

-Puedes quedarte si quieres, Lily -le ofreció. -Lyslander está aquí…

-Es que tengo cosas que hacer -se excusó ella.

James no sabía si quería saber qué se traía su hermana pequeña entre manos. Se encogió de hombros. No podía hacer nada. Su hermana pequeña tenía casi trece años y no le dejaría entrar más en su mundo.

Sintió una mano en su hombro.

Fenwick, Monique Jordan, Chris Nott y Davi Morrit le miraban con una sonrisa.

-Vamos a utilizar la sala de entrenamientos para practicar unos hechizos del E.X.T.A.S.I.S que podemos utilizar contra las artes oscuras -anunció Fenwick. James asintió. -Tu hermano te estaba buscando…

James se giró para ver a su hermano. En el otro extremo del salón. Apoyado sobre la ventana que daba a la terraza. Con sus mejores amigos  a su lado. Le decía con la mano que se acercara a él.

Fue dando trotes. Malfoy y Greenwood se separaron de él y se acercaron a la cocina para dejarlo a solas con él.

-James… ¿Crees que Lily está bien? -Le cuestionó. Agradeció no ser el único en preocuparse por su hermana. -Mamá acaba de entrar en Azkaban y… Papá aún no nos ha mandado ninguna carta… ¿Crees que deberíamos pedir una visita para ir a verla con Lily? -le preguntó a su hermano mayor. -Lily estuvo toda la Navidad visitándola… Imagina cómo debe estar ahora que está en Azkaban…

-Oh, joder, es verdad…-James lanzó un puño al aire. Por esa razón su hermana estaba extraña. Su madre. En Azkaban. Lily era la que mejor lo había llevado. Pero porque creía que jamás entraría allí. -Hablaré con papá… Pero podrías hacerlo tú mejor. Papá y yo no nos entendemos últimamente…

Recordó que, desde que Harry utilizó a su hijo mayor para sacar información a Lola, James no había querido mediar palabra con su padre. El verano separado no curó las heridas. En septiembre le obligó a ir a Hogwarts. Y, en Navidad, despreció a su madre delante de ellos.

-Deja de decir eso, James -le pidió su hermano.

-¿El qué?

-Aunque yo me parezca más a él físicamente… Tú también eres su hijo, ¿sabes? Tú también puedes hablar pársel -le dijo seriamente. -No te subestimes. No me subestimes.

-No lo hago, Albus… Es la verdad. Papá y tú siempre habéis sido más cercanos… Y Lily siempre ha tenido a mamá… Yo siempre soy el más independiente. No me molesta -aclaró.

Albus rodó los ojos.

-El hermano mediano y problemático soy yo y no tú. No me quites el papel -se quejó en un tono con ciertos tintes de broma.

James le sonrió.

-Pero es que ahora yo soy el licántropo… No puedes competir con eso -le guiñó el ojo. -En serio, díselo tú a papá… -Le rogó.

Albus suspiró.

-De acuerdo…

-¿James?

El joven Gryffindor bufó. Aquel día le necesitaba todo el mundo. Y no tenía un humor precisamente elocuente. Había tenido que aguantar las peticiones de casi todos los miembros de los Guardianes de Hogwarts llegando hasta la Casa de los Gritos. Rose Weasley quería más tiempo para estudiar. Lucy Weasley quería ocuparse de las zonas de la Enfermería. Peter Greenwood había propuesto una fiesta para después de Pascuas. Bárbara Coleman quería hacer un reportaje de alguno de los miembros. David Morrit quería llevarse Sortilegios Weasley en Pascuas. Lyslander Scarmander quería consejos como buscador para el próximo partido. Tom McGregor no quería seguir haciendo sus rondas con Brooks. Y Tim Marrs le había pedido una exclusiva de «El corazón de un hombre lobo» para El Diario del Castillo.

Se giró cansado hacia la nueva solicitud.

-¿No puedo estar solo cinco minutos solo…?-dijo cansado.

-¿Es mal momento? -preguntó Cornelia Brooks.

-No es el mejor -se sinceró James. Aquella noche o mañana era Luna Llena. No era el mejor momento incluso para un licántropo controlado. Ninguno de allí lo sabía. No quería que cundiera el pánico. La muchacha parpadeó. Perpleja. Asintió. Y se giró. James la cogió del hombro. -Espera -suspiró. Se recompuso. -¿Qué quieres?

Ella miró a su alrededor.

-No molestarte -le dijo con sinceridad. Él soltó una sonrisa cansada. -¿Puedo hablar contigo?

-Adelante -la invitó James con un gesto. Como si hubiera una puerta invisible entre ellos.

-A solas -añadió en voz baja.

Él frunció el ceño. Miró su rostro preocupado. Sus pozos azules escondidos bajo los mechones que caían sobre su rostro.

-¿Y si se entera Longbotton? -preguntó con sorna.

La joven salió a la terraza vacía de la Casa de los Gritos. Aunque inicialmente fueran los gritos de un licántropo, en aquel momento, eran los gritos de unos adolescentes pasándoselo bien. James Potter la siguió afuera. Al cerrar la puerta, el Encantamiento de Silencio hizo que todo el gritería, las voces, los hechizos y el ruido cesara y hubiera solo el silencio de las afueras de Hogsmeade. Paz. Oh, James necesitaba aquello y ni lo sabía.

Brooks se posó en la baranda y se giró para mirar a James.

-No deberíamos hacerle caso a Ivonne Donovan -anunció. ¿Cómo no? Por supuesto que Brooks iba a decirle aquello. Tenía cara de buzón de quejas. Sería el Karma de James Potter y Sirius Black repercutiendo en su persona por llamar Quejicus a Severus Snape. Se odió a sí mismo por no tomar en serio a Brooks en aquel instante. Parecía realmente preocupada. -Una misión con Aurores del Ministerio… Por Merlín… Somos simplemente niños… Si nos quiere asesinar que lo haga ella…-Se quejó.

-Lo habríamos hecho sin que ella nos lo mandara -replicó James. -Además es la Orden del Temple, no Ivonne Donovan.

Ella resopló.

-Quizás antes eran cosas distintas, pero Ivonne ha conseguido que Crawford coma de su mano -comentó. -No puedes confiar ciegamente en lo que te manden, Potter -le avisó.

Él se sintió ofendido. Como si no tuviera ningún tipo de criterio y ella tuviera que avisarle de la dirección correcta. Por supuesto, porque ella era la inteligente. La que tenía visiones que le guiaban. Ella era la que organizaba a los demás. No dejaba que nadie entrase en su vida, pero podía controlar la de los demás. Oh, Merlín, cómo se odiaba por pensar siquiera eso.

-Nunca lo he hecho -espetó. -Te repito que es algo que haríamos y algo que ya hemos hecho… Igual que cuando fuimos a por mi hermano…

-¿Y cómo acabó eso? -interrumpió Brooks.

-Bien -contestó simplemente James.

Aunque sabía que se refería al hecho de que él se había convertido en un licántropo. Pero todo había acabado saliendo bien. Nadie había muerto. Nadie había salido completamente herido. Él era un licántropo cojonudo. Agradecía ser licántropo. Si no era licántropo, ¿qué era? No sabría ni hablar pársel.

Brooks resopló.

-No quiero que Ivonne Donovan os pueda poner en peligro -le confesó.

James se rio con sorna.

-Oh, claro, como ahora es más personal para ti…

Ella rodó los ojos.

-No estoy con Frank, Potter -le reveló.

James frunció el ceño y se rascó la nuca.

Vaya. Bueno. No era como si no se lo hubiera planteado, ¿no? ¿Brooks y Frank Lonbgotton? Meh. Muy forzado. Además, conocía a Brooks -o lo poco que la conocía porque antes había estado con McGregor y aquello había pasado desapercibido para él-, y no encajaba. Además, no se iba a engañar. En el momento en el que Brooks propuso la entrada de Longbotton en los Guardianes de Hogwarts, a James no le hizo mucha gracia. Frank Longbotton lo despreciaba abiertamente. No era algo subjetivo. Sus amigos lo decían. Él no sabía qué le había hecho. Pero se convirtió en algo mutuo. Aunque intentó disimularlo, claro, no podía ser el líder de aquello y tener disidencias declaradas.

-Ah -dijo simplemente.

-Estoy cubriendo a Frank para que pueda estar con su verdadera novia… Que, supongo, no tardarás en conocerla… -Brooks suspiró. James alzó las cejas sorprendido. Encima haciendo que Brooks se hiciera pasar por su novia. Aquel chaval era muy turbio. Solo esperó que su verdadera novia no fuera alguien del Ojo. -Pero esa no es la cuestión. Es personal para mí. Sí, Potter. Por culpa de mi abuela, cualquiera de todas estas personas que están en esta casa puede morir… Maldita sea, ¿es que no lo entiendes? Os está dando la misión que el Ministerio le da a magos que hacen tres años de duro entrenamiento… Y se la da a niños que no soportan ver a dos adolescentes besándose…

Debía reconocerlo. Brooks tenía razón.

Pero Brooks no era descendiente de el Ejército de Dumbledore, la Orden del Fénix o el Trío Dorado. ¿Tener doce años y enfrentarse a un mago oscuro? Aquello estaba a la orden del día en su familia.

Dio un puñetazo en la baranda.

-Cuidado, Brooks, la parte de fuera no la reformamos y puede tener astillas…-le advirtió, señalando la madera sin pulir de la baranda de la terraza.

-¡Pues que se me claven! -le gritó. -¡Estoy ya harta de que me trate todo el mundo como si fuera de cristal!

James se echó hacia atrás. Levantó las dos palmas de las manos en señal de paz. La Luna Llena le estaba afectando más a ella que a él. O a los dos.

-¿Lo siento? -Alcanzó a decir James.

-¿Tú qué vas a sentir? ¿Acaso has hecho algo? -le espetó. Resopló. Se llevó la mano a la sien y suspiró.

James se lamió el labio. Sinceramente. En ese instante. No sabía si había hecho algo o no.

-¿Eso era lo que me tenías que decir? -preguntó, asustado aún por su reacción. Brooks le miró de reojo. No. Claramente había algo más. -Bueno, mientras no salga la Luna Llena…Supongo que te quedan tres horas para contármelo…

-Da igual -suspiró ella.

-¿Son visiones? -Adivinó él. Ella lo miró sorprendida por su deducción. De nuevo, ser James Sirius Potter no tenía por qué significar que era estúpido. Igual no era Tom McGregor. Un poco de fe. -Suelen serlo, ¿no?

Asintió y se dejó apoyar de nuevo en la baranda que había pretendido destruir minutos antes.

-Pero no sé lo que significa… Es bastante surrealista… Es un hombre en un espejo…

-¿Un hombre en un espejo? -James parpadeó.

E.U.R.E.K.A.

-Sí, lo hablé con tu prima Rose…

-¿Con Rose? -James sintió que la relación de su prima y Brooks aún estaba por definir.

-Tuve la visión con ella…Puede estar relacionado conmigo misma… Con mis deseos… Pero no tengo ni idea de quién es ese hombre…

-O quizás sea el futuro como siempre, ¿no? -inquirió James.

Tenía una acorazonada.

Brooks se rio.

-No creo que haya ningún hombre en ningún espejo, Potter -le dijo ella, escéptica.

-Creo que deberías hablar con mi hermano Albus.

 

 

 

 

 

 

 

 



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